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No recomendado para menores de 12 años 14 de abril. La República - Capítulo 6 - Ver ahora
Transcripción completa

¿Buscabais a Fernando? Sí, vamos a la ópera.

Eso va a ser imposible.

Fernando ha salido a la finca.

Es lo único en mi vida.

Fernando, yo también he esperado ese beso mi vida entera.

Pero no puede ser.

Alcalá Zamora bajará de su coche y le estaremos esperando.

-Todo listo. Esperan en el piso vacío.

-Alguien nos ha traicionado.

Cuenta con esos bonos.

Los utiliza ante el banco como aval.

-Entonces,

tendrás que contener a tu marido.

Ya te lo dije una vez. No juegues con Alejandra.

Alejandra es muy importante y no le haría daño.

¡Policía! -¡Mierda!

Disparos

¿Anular la propiedad privada?

Es una opción, sí.

Quiero que estés con Encarna.

Es una de las comisionadas.

Tendrás la reforma que esperamos en tus manos.

No te dejaré aquí. -No.

-¡No me iré sin ti!

¿Te ha besado?

Entonces, no es tu novio. Lo será cuando te bese.

Explosión

Unos segundos

y todo será como al principio.

No habrá dolor.

Adelantamos la boda.

Enhorabuena. Me alegro por los dos.

Estoy harta.

-¿Vas a ponerle una soga al cuello? -Sí.

Iturmendi, el policía. Encontraron su cuerpo el otro día.

-Entonces, lo sabes.

Encarna.

-¡Ventura!

He hecho lo que querías.

Nada te impedirá ganarte la confianza del gobierno.

-Eso espero.

Por nuestro bien, eso espero.

¡Oh!

-¿Qué ha pasado?

-Tuvimos un encuentro con la policía.

-Tiene que ver con Iturmendi.

-¡Aaaah!

¡Aaaah!

-Debemos llamar a un médico. -¡No!

Por favor, no llames a nadie.

No podemos llamar a nadie.

¡Aaaah!

Toma.

¿Y esas flores?

Las llevo a casa de Fernando. ¿En serio?

Pensé que estarías enfadada después de su plantón.

No, ya oíste a Leocadia.

La oí, igual que tú.

Por eso te lo digo.

Sé que Fernando no es santo de tu devoción.

Pero ha cambiado.

Estamos comprometidos.

Me parece que el compromiso no es solo contigo.

¿No querías que asumiera responsabilidades?

Pues eso hacía en la finca.

Espero que solo fuera eso.

No quiero que te haga daño.

Descuida, papá. Ya no soy una niña.

Sé lo que hago.

Eso espero, hija.

¿Se fue el señorito Fernando?

Sí.

Se fue esta mañana temprano.

Me lo dijo Sátur.

¿Ha pasado algo, os habéis peleado?

¿Por qué dice eso, padre?

No sé, me parece raro.

Después de irse los cómicos, no habéis cruzado palabra.

Se ha levantado temprano y se ha ido a las tierras.

Ya. Mira.

Léeme esta carta.

Sí. ¿Quién remite?

Hermanas clarisas franciscanas.

"Le comunicamos el fallecimiento de nuestra hermana

María de la Asunción el pasado día 7 del presente mes".

"Dios la tenga en su gloria".

"Comuníqueselo a la señora".

¿Quién es María de la Asunción?

Era una vecina.

Vivió hace mucho tiempo cerca de aquí.

Ingresó en un convento.

Tu madre y yo teníamos confianza con ella.

No le había oído nombrarla.

Es que hace mucho tiempo de aquello.

No le des mayor importancia.

Voy a preparar algo caliente.

(RECUERDA) "Dime que ese beso no significó nada para ti".

"Para mí sí".

"Yo he esperado ese beso mi vida entera".

"Pero no puede ser".

"¿No lo entiendes?".

¡Mamá!

No has desayunado.

No tenía apetito.

Es la moda de hoy.

Alejandra llegó temprano y no quiso tomar nada.

Ayer te excusé ante Mercedes y su padre por no ir a la ópera.

No sabía que ibas a la finca.

Pensé que era lo mejor. Necesitaba estar allí.

¿Te pasa algo?

¿Te ocurre algo con Mercedes? No, ¿qué va a pasar?

Tranquila.

Será mejor que me asee.

Siempre llego lleno de polvo. Te veo ahora.

Timbre

Timbre

Puerta

¿Quién es?

Soy su nueva asistente.

Buenos días.

Soy Alejandra Prado.

Perdone, pero don Luis me pidió que viniera para contarle.

¿Para contarme qué?

Han intentado matar al presidente.

Pasa.

Dicen que por eso no pronunció su discurso.

El ministerio está cerrado.

¿Se sabe quién ha sido?

Un grupo de anarquistas. Han matado a uno.

¿Qué quiere que haga?

Vuelve al ministerio y entérate de qué ha pasado.

Me llamas y me cuentas. Bien.

Encarna.

Es un honor para mí trabajar a su lado.

Haré lo posible para no desaprovechar esta oportunidad.

Será mejor que des un trago de esto.

No quieres llamar a un médico porque la policía te busca.

Intentasteis matar al presidente.

-Estoy en tus manos.

Échale un vistazo a las sillas, Antoñito.

-Muy bien, Paco.

Portazo

-¿Me das media hora de soledad?

No quiero hablar. -¿Has bebido?

-No me das ni cinco minutos. -Has bebido.

-¿Desde cuándo te preocupa?

-A ti te pasa algo.

Solo bebes cuando algo va mal.

-No digas tonterías.

Ayer estaba

un poco nostálgica.

Y sí,

bebí.

Y ahora, tengo resaca.

Pero, al menos, conseguí dormir.

Y ahora, hemos terminado la charla.

-¿Tiene que ver con ese hombre de anoche? ¿Quién era?

-No es de tu incumbencia.

Olvídalo.

(RADIO) "Estas zonas cercanas a la capital

y olvidadas durante siglos".

"El presidente quiere estar en la inauguración".

"Eso indica la importancia que el gobierno da

a cada obra que va a llevar el bienestar

a esta república".

¡Aaaah!

¡Aaaah!

¿Ya ha desayunado Beatriz? -Sí. ¿Puede venir?

-¿Qué pasa, Ludi? -Venga.

-Puedes retirarte.

Mercedes.

¿Y esto?

Me puse a cortar rosas y pensé que te gustarían.

Me encantan.

Este puede quedarse aquí.

No, mejor llévalo al salón.

Me alegrará la vista.

Claro.

Pensé que te habrías enfadado por lo de Fernando.

¿Enfadada?

Tenía cosas que hacer. Tú misma lo dijiste.

Creo que me equivoqué contigo.

-Señora, tiene una llamada. Es Antonio, de la finca.

-Voy ahora mismo.

¿Has avisado ya a Fernando? Sí, ahora mismo baja.

-Será solo un minuto.

Claro.

¿Antonio?

Sí, claro.

¿Cómo?

¿Estás seguro?

¿Seguro que era María?

Entiendo. ¿Cuándo falleció?

Alejandra no sabe nada, ¿verdad?

Bien, porque así debe seguir.

Gracias, Antonio.

¿Alejandra?

¿Alberto?

¿Qué haces aquí?

He venido al ministerio, pero la policía no me deja pasar.

¿Todavía está cerrado? Sí.

Tú trabajas aquí. Sabrás qué pasa.

Bueno,

el presidente venía a un acto y hubo problemas.

Ya.

Tampoco puedes ir a trabajar.

Parece que no.

Estando así las cosas,

tendré que invitarte a un café.

Debería ir.

No sé si... No vas a poder entrar.

Lo sé.

Después de lo mucho que me gustó tu representación, te invito.

No, sería la primera vez que me invita una mujer.

Siempre hay una primera vez. Eso es verdad.

Pero este café lo pago yo. De acuerdo.

Si ha traído estas flores, es porque algo quiere.

¿Crees que da puntadas sin hilo?

A mí no me la da.

Y a la señora tampoco.

Basta de chácharas, que te esperan en la cocina.

-Es el momento.

Él está solo.

-¿Estás segura?

-Nunca he estado más segura.

-Venga, anda.

¡Tira!

¡Ay, Señor!

Gracias por el detalle.

Te eché de menos en la ópera.

No mientas, me echaste de menos en casa de los Cerralbo.

Eso también.

No sabes la lata que me dio doña Virtudes con la gota del marido.

Pobrecita.

Te eché mucho de menos.

¿Pasa algo?

No, es que... no sé.

Fernando.

Estamos prometidos.

Tú me has besado más de una vez en tu casa.

Ya, pero no sé.

Me parece que no es adecuado.

Ya sé lo que es.

Necesitas dar un paseo.

Te conozco.

No puedes estar encerrado.

Sí.

Me conoces bien.

Hazme caso.

Vamos a dar un paseo.

Estarás mejor.

¿Hay alguien capaz de negarte algo?

Por supuesto que no.

Puerta

Sí.

-Disculpe, Rafael.

Le traigo un café.

-¿Por qué se ha molestado?

-No es molestia.

¡Ay!

¡Vaya! -¿Qué?

-Se me ha metido algo en el ojo.

-Déjame ver. -¡Ay!

Un momento.

Es pequeño, no veo nada.

-¡Jesús, María y José!

-¡María Pilar!

Esto no es lo que se piensa.

-Es un señor beso.

-No es lo que parece. -Quién nos lo iba a decir.

-No pasa nada. -¿Que no?

-Somos novios.

¿Verdad que sí, Rafael?

-Sí.

-Vaya par de mosquitas muertas.

Se acabó por hoy.

No van a bajar los angelitos a hacernos el trabajo.

¿He estado muy...?

-Has estado que ni María Guerrero.

-¡Por Dios!

Así que de Burgos.

De Hornillos del Camino.

Ni más ni menos, Castilla pura.

¿Y cómo llegaste a Madrid?

Mi madre y mi tío se empeñaron en que estudiara en la universidad.

Se creyera en Dios, le daría las gracias por esto.

Y terminé en Madrid

porque una tía mía regenta una portería.

Tiene un genio imposible.

Pero le encanta el teatro.

Eso está muy bien. ¿Trabajas para el ministerio?

Sí, se trata de llevar las obras donde no llegarían.

Y el gobierno nos mantiene. Tu ministerio también.

Agricultura, industria y comercio.

Bueno, eso quería decir.

Se me hacía muy largo.

No quería sonar pedante. No, hombre.

¿Esa no es Alejandra?

Sí, es ella.

Lo están pasando bien.

¿Quieres ir a saludar? No, mejor no molestar.

Sí. Sí, ¿no?

¿No es el señorito de la finca?

Sí, pero haz como si no lo hubieras visto.

Pero Alejandra... Por favor.

Está bien.

Rafael. -¿Por qué has hecho eso?

-¿El qué? -Eso de besarme.

Y decir que somos novios.

-Lo de decir que somos novios fue para evitarte un problema.

¿Querías que pensaran mal de ti? -No, claro que no.

-Y lo de besarte...

Hice lo que querías que hiciera. ¿O no querías que lo hiciera?

-No.

Quiero decir, sí.

-Si querías que lo hiciera, querías que fuéramos novios.

Una cosa sin la otra no puede ser.

-No, supongo que no.

-Sabía que lo entenderías.

Te voy a traer un chocolate.

Lo sabían.

Lo sabían.

Nos han traicionado.

-Ventura, estás ardiendo.

Hay que llamar a un médico. Necesitas penicilina.

-Amparo.

Amparo.

-¿Qué pasa con Amparo?

Portazo

Amparo.

-Encarna.

¿Qué haces aquí?

-Necesito hablar contigo.

-¿Qué pasa, es Ventura?

-¿Has oído lo del atentado contra el presidente?

-Sí, algo he oído.

-Ventura

llegó esta mañana, estaba herido en un brazo.

Dice que lo han traicionado.

-Herido.

-Le he sacado la bala, pero tiene fiebre alta.

Sé que tienes lo que necesita.

-Claro.

Escucha.

Espérame fuera, no tardo ni cinco minutos.

-Gracias.

-Tengo que salir. Encárgate de todo.

-¿Ventura?

-No está muerto.

-Ten cuidado.

Con todo lo que tenemos,

la noticia es que nuestro presidente

va a inaugurar un salto de agua.

¿A quién le importa?

A la gente de ese pueblo.

-Si no habláramos de política, estaríamos mejor.

-En casa de Maite, desayunan y cenan a la inglesa.

Mercedes lo hará en su casa.

¿Y cómo lo hacen los ingleses? Divirtiéndose.

Cada uno coge lo que quiere.

-Cuando estemos en Inglaterra, lo haremos.

En esta casa, haremos lo que siempre hemos hecho.

Antes de escoger un mal hábito, escojamos una de sus virtudes.

-¿Tienen virtudes?

-Beatriz, mañana vendrá tu padrino a buscarte

para dar un paseo.

A Beatriz le conviene pasear.

No me ha parecido mal.

Si me disculpáis, estoy un poco cansada.

Me gustaría retirarme.

Claro, Alejandra.

Alejandra, espera.

No podemos seguir así. Es verdad.

Lo que dijiste...

Olvídalo ya. No puedo.

Pues tendré que irme.

Por muy lejos que te vayas, no dejarás de sentir lo que sientes.

Te das demasiada importancia.

Crees que no veo más allá de ti.

Yo no soy como las demás.

Por eso estoy enamorado. Déjame.

Alejandra, te lo pedí.

Te pedí que me dijeras que no sentías lo mismo.

No fuiste capaz.

Me hiciste el hombre más feliz del mundo.

Soy muy feliz porque puedo sentir lo que estoy sintiendo.

Por primera vez, siento eso de lo que todo el mundo habla.

Pasos

Esto te hará bien.

Voy a preparar algo caliente. -Gracias.

-Nos has traicionado.

-¿Por qué crees que fui yo?

-Sabían el recorrido.

Nos has traicionado.

-¿Crees que estaría aquí salvándote la vida?

Me interesarías más muerto.

No, Ventura, no fui yo.

El que cuidaba la entrada de la alcantarilla conocía el recorrido.

Él os traicionó.

Se ha dormido.

-¿Azúcar?

-Sí.

Lo mejor es que descanse.

-¿Una o dos cucharadas?

-Una.

-Es un asesino.

¿Qué voy a hacer ahora?

-Calla.

Lo mejor ahora es no pensar más.

Beatriz.

¿Qué está pasando?

Estabas a punto de besarla. ¡Chist!

No he podido evitarlo. No puedo evitarlo.

¿Cómo que no puedes?

Estás comprometido con Mercedes.

Escúchame.

Esto no lo hemos planeado. Ha pasado.

¿El qué?

¿Qué ha pasado?

¿Alejandra y tú?

¿Engañáis a Mercedes? No.

No ha pasado nada más de lo que has visto.

Por tu parte, podría pasar.

Sí, podría.

Yo creía que querías a Mercedes.

Por Dios, Beatriz.

Las cosas no son tan simples como parecen.

Mercedes siempre ha estado ahí.

Y nuestra familia pasa por apuros económicos.

Pensé que el compromiso era lo mejor.

Pero, de repente, apareció Alejandra.

Y te has enamorado de ella.

Te juro por Dios que no quería.

Quería sentar la cabeza, quería aceptar el compromiso.

Es más fuerte que tú.

Si quiero ser honesto, no puedo negar lo que siento.

(RECUERDA) "Tu madre fue muy generosa con Alejandra".

"Mamá siempre se ha ocupado de ella".

"Solo es la hija del guardés".

"Lo raro es que no hiciera lo mismo con Jesús. Es extraño".

Mañana quiero mi coche preparado a primera hora.

Necesito que os hagáis cargo de ella. Solo puedo confiar en vosotros.

No os preocupéis de su manutención. Yo me haré cargo.

Tienes mi palabra.

Se llamará Alejandra.

Como mi madre.

-Sí, señora.

"Antonio".

"Antonio".

¡Señorita Mercedes!

No era mi intención asustarte.

Llamé, pero estabas dormido.

Sí. ¿Qué se le ofrece?

Tenía que ir al convento. Guardan mi ajuar.

Vine a hacer una visita.

Claro, faltaría más.

Le traigo algo caliente.

Siéntese, por favor. Gracias, Antonio.

¡Mercedes!

Hola, Jesús. ¡Hola!

¿Qué haces aquí?

Viene del convento

y nos hace una visita.

No te quedes como un pasmarote. Atiéndela.

Le voy a traer unos dulces que hacen las hermanas.

Gracias.

Toma.

Gracias.

Agustín, ¿sabes cuándo volverás?

Lo digo por ordenar la hora de la comida.

-No cuentes conmigo.

Tengo muchas gestiones que hacer.

-Dilo en la cocina.

-Por si fuera poco, tengo cita con el sastre.

¿Sabes algo del padre Elías?

-¿El padre Elías?

No, ¿por qué?

No consigo localizarle y quería hablar con él.

Lo intentaré.

Hasta luego.

Querría hablar con el Banco Central.

Sí, con don Francisco León.

Novios formales.

No me lo creo.

-Qué capacidad, llegar y besar el santo.

Nunca mejor dicho.

¿Y no se te rebeló?

-No, le expliqué bien las cosas.

Lo estaba deseando.

Es tan tímido.

Solo necesitaba un empujón.

-Ya. -Eso fue lo que le di.

-Aparte de un beso que no parecía el primero.

-No, el primero no era.

El primero con un novio formal sí. Y eso es lo que cuenta.

No veo el momento de contárselo a Rosalía.

Por fin tengo novio. -Ni que fuera lo más importante.

-¿A ti qué te pasa?

-Nada.

-Esta mañana has salido temprano y has vuelto con cara de funeral.

Y del mercado no venías.

-No, no fui a eso.

-¿Entonces?

-Estuve en casa de los Cerralbo.

Una de sus criadas me contó que necesitan un ama.

Y me pagaban más que aquí.

-¿Te vas a ir?

-No, no acepté.

-Bueno.

-Prefiero estar aquí.

Cuando se le coge cariño a una familia, no hay marcha atrás.

-Eso es verdad.

Hiciste muy bien, María del Pilar.

-Eso espero.

Portazo

¿Está la señorita Beatriz?

-Sí.

-Pequeña.

-Hugo.

-¿Has visto qué buen tiempo hace?

Hemos aparcado a un par de manzanas y me he venido andando.

-¿Andando? -Ajá.

-¿Y la pierna, no te duele?

-Pues no, la verdad es que hoy no.

Debe ser el buen tiempo. Y creo que va a durar.

Tendríamos que aprovechar este sol radiante.

Pasas demasiado tiempo en casa. Te vendría bien.

Además, me han encargado la misión de cuidarte.

Señorita.

Siempre me gustó este sitio.

¿Recuerdas cuando nos bañábamos de pequeños?

Me acuerdo de lo mucho que te hacíamos rabiar.

No haces justicia a la verdad. Erais insoportables.

No. Sí.

No he olvidado ni una de esas tardes de verano.

¡Qué bien lo pasábamos! Sí.

Todo era tan fácil

antes de que Alejandra se fuera a París.

Me pregunto por qué Leocadia la mandó allí.

Siempre tuvo debilidad por ella.

Regalos, atenciones.

Beatriz siempre estaba enferma y Alejandra es sana como un roble.

Supongo que eso le hacía gracia.

A mi padre no le gusta mucho hablar de eso.

¿Por qué?

Esto es pequeño. A la gente le gusta rumorear.

Con tantas atenciones de la señora, pasa lo que pasa.

¿Qué tipo de rumores?

Habladurías.

Decían que Alejandra no era hija de mis padres.

¿Y Alejandra lo sabe?

No.

En mi casa, no se ha hablado de esto.

Claro.

¿Y tanta curiosidad?

No, nada.

Es simple curiosidad.

Quiero hablar con Fernando.

Aprovecharé tu coche para ir a Madrid.

Si no te importa ir acompañada. Por supuesto que no.

¿Has cambiado de perfume?

Sí.

Rosas.

Espero que a Fernando le guste.

Hola. ¡Hola!

¡Qué sorpresa! ¿Qué tal estás?

Bien, iba a tomar café con mis compañeras.

No tengo mucho trabajo.

Pues os acompaño.

Claro.

¿Qué tal la entrevista?

Muy bien. Gracias por el contacto.

Nos piden una gira por Andalucía y Extremadura.

¡Qué buena noticia! Para la compañía.

Yo me quedaré en Madrid. ¿Y eso?

Quieren que me quede organizando. ¡Ah!

Por un lado, me parece interesante.

Puede ser. Sí.

Así podré invitarte a más cafés.

Ya sabes que no se me da muy bien aceptar invitaciones.

¿Te molestó mi invitación? No, no.

Si dije algo incorrecto o te hice sentir mal, te pido disculpas.

No, perdona, lo pasé muy bien con tus historias.

Es porque apareció el señorito.

Debo alcanzar a mis compañeras. Ya nos veremos otro día.

Claro. Adiós.

Ya lo creo que nos veremos.

Pensé que el paseo te gustaría.

-Y me gusta. -¿Y esa cara?

-¿Tú crees que el amor,

cuando es de verdad,

es más fuerte que todo?

-¡Vaya!

Pues...

-Déjalo. Mamá dice que hago preguntas incómodas.

-No, no, yo pienso

que por amor, somos capaces de hacer las mayores tonterías.

-¿Es lo que te pasó con la tía Isabel?

-No exactamente, antes que Isabel

hubo otra mujer que me marcó.

Terminé en África por ella.

-¿Por qué?

-Bueno, porque

pensé que así se fijaría en mí y me valoraría.

-¿Y qué pasó?

-Que se casó con otro del que no estaba enamorada.

-¡Vaya!

¿Fue feliz?

-Creo que al final, alcanzó la felicidad.

Igual que yo al lado de Isabel.

Aunque no fue fácil.

El amor,

el verdadero amor,

es difícil de encontrar.

A veces, aparece fugazmente y desaparece muy rápido.

Solo debes aprender una cosa.

-¿El qué?

-A saber reconocerlo.

-Creo que yo podría.

-Creo que nos estamos poniendo muy serios.

¿Vamos a montar en las barcas?

-¿Y si nos caemos al estanque?

-Volveremos a casa mojados.

Venga, vamos, perezosa.

A este paso se nos acaba el día sin que hagamos nada.

Venga.

Mucha urgencia para este encuentro.

-Tengo un día complicado.

-Por lo que veo, Agustín también.

No está, ¿verdad? -No, no está.

Lo que debo tratar contigo es un tema personal.

-Déjame adivinar.

Se trata de esos bonos.

-Las tierras pueden echarse a perder.

Si eso ocurre, volverá a pedirte el crédito.

-Sobre un aval que no tenéis. -Nunca hemos dejado de pagar.

Tú eres el entendido. Alguna solución habrá.

-Estás pagando el préstamo que te hice para cubrir los dividendos

que rendían esos bonos y ocultárselo a Agustín.

-No he faltado a mi compromiso.

-Porque has mantenido tus ingresos.

Pero las cosas han cambiado. No puedes disponer del dinero.

¡Oh!

¡Oh! -¿Te pasa algo?

-El tiempo acaba pasando factura.

Y mi hígado paga mis excesos.

-Quizá deberías dejar de beber. -¡Qué más da!

Por el momento, no debes preocuparte.

Me costará justificarlo ante el banco.

Pero también soy de la familia.

Sabes que estoy de vuestro lado. De tu lado.

Hasta que deje de estarlo.

-¿Qué quieres decir?

-Vigila a tu hijo.

Un jerez estupendo.

¿Y ahora?

¿Me llevarás a la casa de fieras?

Me encantan los osos.

-Será mejor que nos vayamos.

-¿Tan pronto?

Me dijiste que iríamos dando un paseo.

-Olvidé que tenía que resolver un asunto.

-Venga, Hugo, un ratito más. -¡Te he dicho que no!

Perdóname, pequeña.

Lo siento, lo siento.

Se me olvidó que tenía un compromiso urgente.

Es mejor que nos vayamos al coche.

Venga. -Claro.

Como tú digas.

(RECUERDA) "¿Puedo contar con tu discreción?".

-"Ya sabe que sí".

"Pero ¿y María?".

-"Ya me he ocupado de eso".

"Descuida, estará bien".

Canta

Tengo que hablar contigo.

Yo tengo un hormigueo, no sé lo que será.

Cuando veo un buen mozo, no me deja de picar.

Me pica por la mañana, me pica de "madrugá".

Sabía que estarías aquí.

Por tu perspicacia.

Nadie en tu casa sabe dónde estás. Y Mercedes se fue preocupada.

Estuvo en la finca.

Venía a ver vuestro ajuar.

Ya.

Fernando.

¿Qué está pasando?

¿De verdad quieres saberlo?

Estoy comprometido con una mujer a la que no amo.

No puedes echarte atrás, Mercedes no...

Cometí una equivocación.

Jugué a salvar a mi familia y me comprometí.

Quise creer que detrás de esa amistad había algo más.

Ella te quiere.

Pero yo a ella no.

Aplausos

No lo sé, María del Pilar.

Fernando no llegará a cenar. Mi marido no ha vuelto.

Y la niña no quiere tomar nada. Decide tú.

-Ordenaré algo ligero para Alejandra y para usted.

-Sí, eso me parece bien.

Perdón.

¿Me he retrasado?

No, hija, son los demás. Ven, siéntate.

Es su hermano, ¿verdad?

Sí.

Tenía los ojos negros y brillantes.

Y una sonrisa que lo llenaba todo.

Fernando la sacó de él, estoy segura.

Es muy guapo, sí.

Siempre con esas ganas de vivir.

Nunca he llorado tanto una muerte.

Ni la de mi propia madre.

A mi hermano no le tocaba morir.

Todo pende de un hilo.

Ya verá como todo sale bien.

Me gusta mucho tenerte aquí.

-Perdón, señora.

Señorita Alejandra.

Acaban de llamar de la finca, de la casa del padre de usted.

¿Qué ha pasado?

Llora

La rabia no es buena consejera.

Te arrepentirás de haberla roto. -No.

No me arrepentiré.

-¿Qué te pasa? Nunca te había visto así.

-¿Tú crees que todo merece la pena?

-Lo que queremos de verdad.

-Esta noche me siento tan sola.

Abrázame, Paco.

-No te preocupes.

Mientras esté aquí, no estarás sola.

Tienes que hablarlo con ella cuanto antes.

¿Qué te crees, que no lo sé?

Fernando,

¿esto no tendrá que ver con mi hermana?

¡Gracias a Dios que habéis llegado!

¿Qué pasa? Es padre.

Debéis salir para la finca.

Antonio ha sufrido un ataque.

Sátur lo encontró inconsciente. ¿Está bien?

No sabemos más. El médico está con él.

Tenéis que iros. Os llevo en mi coche.

Fernando.

Que no escatimen con Antonio.

Claro.

¿Cómo está?

Déjale hacer.

Está en buenas manos.

¿Desde cuándo te dolía la cabeza?

-Desde hace unos días.

-¿Y los mareos?

-Más o menos lo mismo.

¿Por qué no dijo nada?

No le di importancia.

No es importante, ¿no?

-La tensión juega malas pasadas.

Sube la presión y por algún lado debe salir.

Lo peor

queda aquí arriba.

¿Tendrá que ver con un golpe que le dio la Guardia Civil?

Puede, pero me inclino a pensar que es algo interno.

A ciertas edades...

¿Has tenido algún sobresalto?

-No, no, nada fuera de lo normal.

-Pues procura no tenerlos. Cuidad que no se altere.

Gracias, doctor.

Le acompaño.

Padre.

Quédese aquí. Voy a prepararle algo caliente.

-Gracias, hija.

Tengo mucha suerte.

Sí.

Mucha.

Te agradezco mucho lo que has hecho.

Tengo mucho que explicarte. -No.

-Pero Encarna... -Me has mentido.

-O te mentía a ti o me mentía a mí mismo.

No era fácil. -Era muy fácil.

Quiero que te vayas de mi casa.

-¿Estás segura?

-Mañana no quiero que estés aquí.

¡Vaya, cuánto honor,

mi teniente coronel!

-Explícame por qué mi cabo no es suficiente para ti.

-En esta casa, tenemos la costumbre de no tratar con intermediarios.

-¿Quieres humillarme?

-No, no, no.

No se equivoque.

Es solo cuestión

de seguridad.

Hágase cargo.

-Si mi cabo no es suficiente, quiero tratar con Amparo.

-No, verá, es que

de estos asuntos me ocupo yo.

Además, la señorita Romero no se encuentra hoy aquí.

Pero si prefiere esperar hasta mañana...

-Prepáreme las dosis que alcancen con esto.

-Tenga cuidado, mi teniente coronel.

Está jugando con fuego. -Prepáremelas.

No tienes de qué preocuparte.

Todo está bien.

Aquí me besaste la primera vez.

Sí.

Lo recuerdo.

Yo estaba leyendo.

Tú estabas con otra mujer.

Me pediste que no dijera nada de lo que había visto.

Te quiero.

Te dije que te arrepentirías.

¡Niña, qué guapa estás!

-¿De verdad te gusta?

-¡Es precioso!

-Me gasté la paga de dos meses.

Son unos patrones de París. -Se nota.

Me lo hicieron unas mujeres

que no se dedicaban a coser, pero tenían muy buena mano.

-Es muy bonito. Muy bonito, precioso.

-¿Le gustará?

-¿Cómo no?

-Me pondré los guantes. -Le va a encantar.

-¡Madre mía, casi no te reconozco!

-¿Te gusta?

-Sí, claro.

¿Cómo no me va a gustar?

-Pues vamos, ¿a qué esperamos? Hoy es mi día libre.

-Yo no puedo.

Don Agustín me ha hecho un encargo de última hora.

Me llevará todo el día.

Supuse que lo entenderías.

-Sí, claro, no te preocupes.

Además, no me hacía tanta ilusión.

-Muy bien.

Muchas gracias.

¿Ventura?

Llora

¡Oh!

¡Oh!

Papá.

Déjalo ya.

¿A mi edad qué voy a dejar?

¿Los apuros de los De la Torre son un hecho?

Más que nunca.

Nosotros nos convertiremos en imprescindibles para ellos.

No te preocupes, la carta llegó a nombre de Antonio.

-Mejor así.

-Hablaré con el convento. Nos haremos cargo del funeral.

-Sin hacer nada llamativo.

No interesa que se sepa la verdad. -Por supuesto.

No debimos dormirnos. Tengo que volver a casa.

Alejandra, no hagas como si esto no hubiera pasado.

¿Qué te dije aquí aquel día?

No sé, no me acuerdo.

Te dije que me casaría contigo.

Y si me aceptas, es lo que pienso hacer.

Ahora que te he encontrado, no quiero perderte.

¡Lo sabía!

Jesús, por favor.

¿No tenías suficiente? Jesús.

Espera, por favor.

No encuentro razones para no pegarte un tiro.

Acosta ha venido a buscarte.

Te buscaré un lugar, pero debes darme tiempo.

Nadie nos va a separar.

Has hablado con Isabel. -No.

Quería interesarme por la difunta hermana María.

¿Qué hombre exige esa condición?

¿Así buscas su felicidad?

Quiero limpieza total.

No quiero que se nos echen encima por una cuestión de forma.

¿Qué coño haces en mi negocio?

¿Si dejara de tomarme esto me moriría?

-Ricardo Antúnez será tu nombre. -Ricardo Antúnez.

Si sigues así, te señalarás y ni siquiera yo podré protegerte.

¿No me entero de lo que pasa?

Yo seré tu apoyo. Nunca te voy a fallar.

¿No has visto a este tipo?

-Los señores están preocupados hablando a escondidas.

Necesito saber qué pasa.

¿Cuántas cosas has hecho a mis espaldas?

¿Te has enamorado?

La cosecha se ha perdido.

No me digas que te cuente lo que no puedo.

¡Mamá!

Estás tú más colado por ella. -¿Tú crees?

Esos son.

Si no hay boda, no habrá crédito.

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14 de abril. La República - Capítulo 6

28 feb 2011

Tras la inesperada marcha de Fernando a la finca, Mercedes aguanta el tipo aunque es evidente que no le gusta la cercanía entre Fernando y Alejandra. Por su parte, Alejandra se reencuentra con Roberto, un viejo amigo. Ambas parejas coinciden y la tensión entre Fernando y Alejandra es palpable. Fernando termina confesando a Jesús que no ama a Mercedes mientras que ella investiga sobre el pasado de Alejandra haciendo acopio de ciertos rumores. El juego de intereses parece cerrarse cuando Francisco, padre de Mercedes, sujeta la concesión de cualquier préstamo que necesiten los De la Torre a la buena deriva de la relación entre su hija y Fernando. Jesús, Fernando y Alejandra reciben la notificación de que Antonio ha sufrido un desvanecimiento tras recibir una inesperada notificación que le ha retraído al pasado. Inmediatamente, los tres se trasladan a la finca y, una vez que Antonio supera el peligro, Alejandra no puede contener por más tiempo su tensión y su pasión por Fernando.

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