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No recomendado para menores de 13 años 14 de abril. La República - Capítulo 4 - Ver ahora
Transcripción completa

Necesitaba saber qué pasaba. Ya te dije cuál era mi posición.

Habrá siembra. -¡No!

Solo lo empeoraría.

-Si te acercas a mi mujer, te mato.

Ha aceptado un trabajo en Madrid. ¿En serio? Enhorabuena.

¿Dónde?

Trabajará para la República.

Solo tengo pruebas de que Gonzalo era quien decía ser.

-No sé quién te contrató, ni me importa.

Prometa que hallará pruebas que lo inculpen.

No es más que basura.

Podría conseguir el dinero. Colocarías a mi hijo contra su padre.

Si no puedo hacer entrar en razón a Fernando,

quizás puedas hacerlo tú con Agustín.

¿Qué posibilidades hay?

-Dos mujeres en el Congreso y una se opone

al voto femenino.

-Todo está en manos del discurso de Clara Campoamor.

¡Suéltame! ¡Quítame las manos de encima!

Estoy harta de que me protejáis.

Estoy enferma, pero soy de la familia.

Con las cuentas bloqueadas, no tiene opciones.

Verá que es imposible

y se olvidará.

Los anarquistas y los radicales tienen altercados cada día.

No tardará en armarse.

-Puede ser peligroso. -Y rentable.

-Y lo quieres para ti.

Debemos estar juntos, la siembra nos interesa.

No tengo nada contra ellos, no puedo enfrentarme a los míos.

Ese malnacido nos va a dejar en paz.

-Si te relacionan conmigo, corremos peligro.

Intentará que el ministerio nos dé las semillas.

Quien cometa la estupidez de actuar contra la República,

se encontrará al ejército alerta.

"Es Ventura, lo han detenido. Se lo escuché a un cliente".

Sé cómo eres, pero ella está fuera de ese juego.

Es como mi hermana. Pero no lo es.

Y se puede malinterpretar. ¿Mercedes o tú?

No me mancharé. Sabes qué hacer.

El ministerio tardará un mes en dar el dinero.

Lo necesitamos en tres semanas.

¡Las mujeres tendréis derecho a votar!

Si no las manda el ministerio, ¿quién?

Está bien, déjalo.

Hablaré con tu padre.

Grita

No tendrás inconveniente

en venirte a vivir con nosotros.

¿Aquí? Sí.

Campanadas

A la paz de Dios, padre.

Disculpe, ando buscando la partida de nacimiento de un hombre.

-Dios tiene muchas peticiones que atender.

-Se llamaba Ramiro Villaseca. Pudo ser registrado aquí.

Necesitaría que lo mirara en las partidas.

-Y la generosidad es cada vez más escasa.

Descuide usted, buscaré lo que me pide.

-Gracias.

Llaman a la puerta

Adelante. -Señor, tiene visita.

-¡Agustín!

-¡Andrés!

Qué sorpresa. -¿Necesita algo el señor?

-Sí, prepara algo para tomar con el conde.

-Espero que me perdones

el atropello. No es mi estilo

presentarme sin avisar. -Lo sé y me hago cargo.

Suspira

-Sabes que mi cruzada no descansa.

Me quita el sueño, me da sinsabores.

Mis preocupaciones aumentan desde que sé que sembrarás.

-Traté de avisarte. -Ahórrate las explicaciones.

Sé de las idas y venidas de tu hijo. Por primera vez,

me alegro de tener solo hijas. Serán menor quebradero de cabeza.

-¿Qué quieres que haga?

-Imponerte.

-No es tan fácil, Andrés.

A vosotros os sobra, pero yo veo todo lo mío comprometido.

-Pero por Dios.

Si necesitabas ayuda, ¿por qué no la pediste?

¿Para qué estamos los amigos?

Te comprometiste a no sembrar para combatir al gobierno.

Debes seguir. Si tu hijo actúa,

buscaremos una solución.

La Guardia Civil está a tu disposición.

-¡Andrés!

¿Hace meses que no te veo y hablas de eso?

Por Dios, ¿no tenemos suficiente con estos tiempos

como para hablar de cosas desagradables?

-Leocadia, me preguntaba cuándo vería a la mujer más elegante

de Madrid. -Eres tan zalamero como tu padre.

Ríe

Llaman a la puerta

¡Ventura!

¿Estás bien?

Dios mío, ¿qué te han hecho?

Se queja

Igual tienes las costillas rotas.

-No. -¿Te duele al respirar?

-No, las costillas están bien.

Son solo unos golpes.

-De todas formas, debes descansar.

¿Cómo han podido hacerte esto?

-No hace falta si ese cerdo de Iturmendi está detrás.

Sabes de lo que es capaz.

-Ventura, ¿qué vamos a hacer?

-Aguantar.

Resistir.

Eso es lo que podemos hacer.

Los curas nunca tienen suficiente.

Debí darle todo lo que llevaba.

-Eran monedas. -Era lo que me quedaba.

-¿Por qué no se lo dice al señor? -Quedaré como un desharrapado.

Prefiero mantener mi dignidad aunque deba no cenar.

-Por eso no puede ser.

Aquí hay comida de sobra. Solo debe pasar por aquí.

-Siempre pendiente, siempre atenta a todo.

Es usted un ángel.

-No diga tonterías. Ande, que el café se le quedará frío.

Un café frío no hay ni ángel, ni Cristo que lo solucione.

Andrés ya se ha marchado.

-Mejor así.

-Tu hijo ha conseguido esas malditas semillas.

¿Cómo? -Mercedes habló con su padre.

-¿Mercedes?

-Andrés tiene cubiertas las espaldas.

No mira más que por lo que le interesa.

Nos usa como arietes.

No deberíamos hipotecar el futuro en función de lo que diga.

-No es una cuestión de apariencias. Además, no hipotecamos el futuro.

Siempre nos quedarán los bonos como aval para un posible crédito.

-Nuestra familia es la que está en juego.

Por mucho que Andrés te presione, deberíamos mantenernos al margen.

-No.

-Muy bien.

Tú lo has querido.

-Leocadia.

¡Leocadia!

Jamás hubiera pensado esto de ti.

Me prometiste estar de parte de esta familia.

Yo

evité un mal mayor.

El mayor mal que conozco

es hacerle juego a este gobierno.

El ministerio iba a dar semillas.

El gobierno hubiera dicho que controlaba vuestra finca.

¿El ministerio?

¿Por qué iba a querer darnos las semillas?

Alejandra trabaja allí.

¿Alejandra?

Si vas a pedir

explicaciones, mejor pídemelas a mí

y no a mi prometida.

Déjanos solos, por favor.

Sí, será mejor que te vayas a casa.

Luego iré a verte.

Va. Venga.

Con cuidado, ¿eh?

Cuidado, no quiero ver sacos en el suelo.

-¿Están hechas las cuadrillas?

-Sí, sí, ya están. -Bien.

-¡Joder!

-¡Jesús!

¡Jesús! ¿Qué?

-¿Qué querrán estos ahora? Vaya hombre.

Relincho

¿Necesitan algo?

-Han ordenado que paremos la siembra. ¿Qué?

-Ya lo han oído. Así que recojan

los sacos y a casa.

¡Alejandra!

La señora dijo que podía ocupar una habitación mientras estaba aquí.

Acabo de dejar la maleta. Mi futura suegra te adora.

Fue muy insistente, no pude negarme.

¿Por qué ibas a hacerlo?

Mi trabajo no es de su gusto. No haces nada malo.

Mercedes, sin tu ayuda, las semillas no habrían llegado a tiempo.

Gracias.

Cualquiera hubiera hecho lo mismo.

Tú misma te movilizaste para ayudar.

Me crié allí, mi familia trabaja allí, no podía quedarme quieta.

Bueno, si me disculpas, me voy.

Yo también me marcho, me esperan en el ministerio.

¿Vamos?

Sí, claro.

No se sembrará.

Demasiado tarde, las semillas están allí.

No se sembrará. ¿Llamaste a la Guardia Civil?

Sigo siendo el cabeza de familia.

Los jornaleros no aceptarán la orden. ¿Sabes qué has hecho?

Créeme, lo sé perfectamente.

Por favor, revoca esa orden.

Sabes que no puedo.

Será una sangría.

Eso pesará

sobre tu conciencia.

Ellos son trabajadores.

Estamos trabajando. Necesitamos sembrar.

Pero ¿os habéis vuelto locos? ¿Queréis que nos maten?

-¡Fuera! -Dejadlo o abrimos fuego.

Disparos

-¡Quietos!

¿Qué hace aquí?

-Pueden marcharse.

-Su marido ha dicho... -Sé lo que les dijo,

pero las cosas han cambiado. Se va a sembrar

por mi expreso deseo

y bajo mi responsabilidad. ¿Ha entendido, sargento?

-Sí, señora.

-Ya lo habéis oído.

Venga, a trabajar.

Muchas gracias, señora.

Muchas gracias. -No me debe dar las gracias.

Esto no será bueno para nadie.

Te agradezco que me avisaras.

-Era lo menos que podía hacer.

No todo son malas noticias.

El Congreso ha aprobado el voto femenino.

-Lo conseguimos.

-Lo conseguiste.

-Bueno, déjame que te ofrezca al menos un café.

-Encantada.

-No tardo nada.

Tose

-Debo reconocer que me puse hasta nerviosa.

-¿Crees que con unas palizas me van a convertir en delator?

Todo sigue en pie.

-Pero Iturmendi sigue dando problemas.

Huele que planeamos algo. -No, no.

No podemos parar.

-Pero el riesgo es alto.

-Amparo, sabes que debemos hacerlo.

Hay que seguir adelante.

-Bueno, aquí está el café. -Deja que te ayude con la mesa.

Resopla

Señorita, ¿me puede comunicar con el 6653?

¿Alba? Soy yo, Rafael, sí.

Ya, ya sé que no te he llamado antes, pero las cosas funcionan aquí

de un modo distinto, demasiado deprisa.

Sí, en Madrid es todo muy caro.

Por eso te llamaba, por si me pudieras ayudar

mandándome dinero.

Está bien.

Ya te llamo yo y me dices.

¿Tú estás bien?

Bueno, cuídate.

Gracias. Un beso.

Resopla

Llaman a la puerta

Adelante. -¿Mucho trabajo?

-Lo normal.

-Le traigo pollo con setas

que ha sobrado. También hay embutido y pan.

-Gracias, acabo de comer.

-No, es para la cena.

-Ay, bastante ha hecho por mí ya.

Si no fuera por usted, no habría conseguido el trabajo, ni el pollo.

-Bueno, si no quiere nada más,...

-No, gracias.

-Pues ya me marcho.

-Sí, ya se marcha.

-Si necesita algo, no tiene más que decírmelo.

-Claro.

Ríe

Dicen que vienen lluvias.

Desde que trabajas

en el ministerio,

te interesa mucho

lo que tiene que ver con el campo.

Solo ha tratado de ayudarnos.

Tal vez Alejandra, tú y tu madre tengáis una idea equivocada

de ayudar. Mamá ha hecho lo correcto.

Me ha desautorizado.

-Solo hice lo que debía hacer.

-Si me disculpáis.

Gracias, mamá.

-Es la última vez que haces algo enfrentándote a tu padre.

Somos una familia, Fernando.

Que no se te olvide jamás.

Fernando,

¿estás bien?

Él siempre ha querido a alguien que siguiera sus pasos,

que se encargara de los negocios.

Ahora que me preocupo,

que hago lo correcto, parece que hago lo peor para mi familia.

Lo correcto no siempre es lo mejor para todos.

Debemos luchar

por lo que creemos y encontrar nuestro sitio.

No es fácil, pero no puedes venirte abajo.

Menuda bienvenida te estamos dando.

Creo que tu padre habría preferido otro trabajo para mí.

Sí, esa ha sido la puntilla.

Ríen

Buenas noches.

Buenas noches.

Pero ¿qué me está usted contando?

¿Se sabe quién lo ha hecho?

Suspira

Claro, claro, por supuesto.

Gracias, adiós.

-¿Por qué no ha llamado a la puerta? ¿Qué formas son esas?

-Señor, ha ocurrido algo grave.

Dicen que han sido los anarquistas.

No sería la primera vez.

-¿Y los libros? -Todo quemado.

-Demasiada casualidad.

Fernando, me alegro tanto de verte. -Y yo a ti.

Estás guapa, como siempre, aunque se te ve cansada.

-Conseguir el voto femenino ha sido duro, más de lo que creía.

-Pero salió bien, enhorabuena.

-Perdona que te llamara así, estaba desesperada.

Necesitaba alguien que intercediera para sacar a Ventura.

-¿Cómo está?

-Ha sido un error, un policía que anda obsesionado con él.

Parece mentira

que, después de todo lo que hemos luchado,

haya gente dispuesta a destrozar todo.

-Mira, este gobierno tiene enemigos por todos los frentes.

Los conservadores, los anarquistas,

todos quieren acabar con él.

Encarna,

nosotros tenemos la obligación de impedirlo.

-¿Qué insinúas?

-Ventura está sindicato a la CNT y siempre ha sido muy activo.

¿Crees que está metido en algo?

Todo sigue según lo planeado.

¿Estáis preparados?

El general Ponte,

Godet y Barrera están de nuestro lado.

Sí, mi general, se trata de cambiar el rumbo de España.

Solo le pido que se lo piense.

Está bien, espero su respuesta.

Maldito Franco, nos dejará en la estacada.

Llaman a la puerta

He dicho que no me molesten.

-Deben tratarte muy mal aquí

si estás así. -Isabel, ¿por qué no me avisaste?

-Porque era una sorpresa y no se avisa.

-Mi niña, te he echado tanto de menos.

Ni te muevas.

¡Lo tengo!

-Ha sido más fácil de lo que creía.

Vamos, adentro.

Llévatelo a la sala. -¿Para qué? Matémoslo aquí mismo.

-Guarda esa pistola.

Aquí nadie va a matar a nadie. Llévatelo.

-Ese era el plan, ¿no? Muerto el perro, se acabó la rabia.

-Nos puede servir.

Podemos sacarle información. Si las cosas no salen bien,

negociaremos con él.

-¿Negociar? Si no vale ni el aire que respira.

Te revienta y quieres salvarle.

-Si fuera algo personal, le habría matado. No es eso.

He dicho que nos servirá.

-Te equivocas. Este tío solo traerá problemas.

-Ni una palabra más. ¿Entendido?

¿El señor no dijo si llegaría a tomar café?

-No, no dijo nada.

-Está bien, gracias.

Fernando dijo que no le esperáramos.

Beatriz, Mercedes dice que sería apropiado

tener música en directo en la fiesta.

No sé, me parece

que puede resultar molesto. -Como tú creas, mamá.

Me parecerá bien igualmente. -Señora,

tiene visita. -¡Isabel! ¡Prima!

Qué alegría.

-Cuánto tiempo. Estás preciosa.

-Y más vieja. Los disgustos

hacen estragos. -No digas bobadas. ¡Beatriz!

Pero qué mayor.

Estás guapísima.

Hugo no exageraba.

-Qué bien que has venido, madrina. -¿Me esperabas?

-Celebramos una fiesta mañana. ¿Te quedas?

-Claro. -Isabel,

Mercedes León,

la prometida de Fernando. -Encantada.

Igualmente.

-Es más guapa de lo que dijiste.

Ríen

-¿Para mí?

-Tiene sombra de ojos de seis colores diferentes.

Dicen que se lleva el verde París.

¿Te gusta? -Es precioso.

Muchas gracias.

-Me dio pena no venir a tu cumpleaños. No me lo perderé más.

-Debes traernos al niño, tenemos ganas de conocerlo.

-Es lo menos que puedo hacer por cómo tratáis a Hugo.

-No podría ser de otra manera. -Señoras,

harán que me ruborice y estoy en clara desventaja.

Hola. Pensé que te habías olvidado.

Llegaron Hugo y su mujer. ¿La prima Isabel?

Sí. Bien. Eso mantendrá

tranquila a mi madre.

¿Siguen sin hablarse?

Sí, él sigue en silencio durante las cenas.

Es su forma de hacerle pagar

lo que hizo. Espero que no me hagas eso nunca.

Tranquila.

Al menos, la decisión de no hablar impide que discuta con Alejandra.

Después de todo, no se lo merece.

No sé si es buena idea que Alejandra esté en vuestra casa.

Él podría ponerle las cosas difíciles.

Alejandra es fuerte. Además, yo cuidaré de ella.

También fue injusta contigo, no te lo merecías.

Solo intentaba proteger lo suyo. Yo lo entiendo, Fernando.

Eres demasiado buena.

Piano

Canta en alemán

Aplausos

¡Bravo! ¡Bravo! -¡Bravo!

-¡Guapa! -¡Bravo!

-¡Muy bien!

-¡Bravo! -¡Bravo!

Carraspea

¿Qué pasa?

-No sé dónde está Ventura.

No está en casa, llevo horas buscándolo.

Temo que le haya pasado algo.

-Bueno, mujer, tranquila.

Quizás haya salido a dar un paseo.

-Un paseo. Es muy tarde y después de lo que pasó,...

¿Tú sabes algo?

-No. No debes preocuparte, de verdad.

Seguro que salió a tomar algo.

-Sé que anda metido en algún lío y no me lo quiere decir.

-Anda. ¿Por qué no iba a decírtelo? -¿Porque pensamos diferente?

-Creo que lo que necesitas es beber y no pensar.

No es bueno tener tantos miedos.

-¿Sabes lo que me da miedo de verdad?

Que un día llamen para decirme que vaya a reconocer su cuerpo.

Ya perdí una vez al hombre del que estaba enamorada.

No volveré a pasar por eso.

-¿Has hablado con Ventura de eso?

Pues por ahí debes empezar.

Y ahora,

respira, bebe

y suelta.

Te quitaré la mordaza. No grites.

Voy a soltarte.

-¿Por qué haces esto?

-Bueno, no comulgo con las ideas de esos rojos. Ven aquí.

Sal cuando yo te diga. Hacia la derecha.

Venga.

Disparo

¿Qué coño ha sido eso?

¿Qué ha pasado? -Intentó escaparse.

-Pero ¿qué cojones has hecho?

Está muerto.

"Vicenta me regañó porque me empaché con los dulces".

"Sé que a ti también te gustan los dulces".

"A ver si vienes pronto, mamá".

Suspira

Se abre la puerta

¿Se puede saber dónde estabas?

Casi me vuelvo loca.

-Perdona. Me fui a tomar algo y se me echó la hora encima.

-No me vuelvas a hacer algo así.

Pensé que te había pasado algo.

-Tranquila.

Ya estoy aquí.

No va a pasar nada.

No me va a pasar nada.

-¿Y esto?

-Eso es de Juan.

Al final, los compañeros se pusieron nerviosos

y se rompió una botella.

Tuve que llevarlo a la casa de socorro.

-Ni es la sangre de Juan, ni has estado en la casa de socorro, ¿no?

-¿Ya estamos con las mismas?

-Solo te pido que seas sincero conmigo. No me mientas.

-No te miento.

Sí, yo mismo fui. La iglesia donde estaba la partida de nacimiento

del señor Villaseca está calcinada. Así que, de momento,

la pista se ha perdido.

A partir de aquí, será complicado seguir adelante.

Sí, sí, claro, le prometí que le encontraría y así será.

Muy bien. Sí. Adiós.

-¿Hasta cuándo estarás así?

Esto es ridículo. ¿No te das cuenta?

No me des la espalda, por favor.

-La espalda me la has dado tú a mí.

-Mis padres me educaron para tomar decisiones en momentos difíciles.

Es lo que hice.

-Sin consultarme.

¡Por Dios, Leocadia!

Soy tu marido. -Sabía

que no me apoyarías. Las cosas habían llegado demasiado lejos.

-¿Qué te crees? ¿Que esa gente no me importa?

Claro que sí.

Pero por encima de ellos,

está mi familia y España.

Así que si además de ayudar

a los míos, puedo hacer algo por mi país,

mejor que mejor.

-Los demás tienen dinero para afrontar un parón en la siembra.

Nosotros no.

Además, tú mismo lo dijiste.

Si no sembramos, lo perderemos todo de cualquier forma.

Siempre he confiado en tu gestión.

Me enfrenté a mis padres,

a mi familia entera por casarme contigo.

Y sigo confiando en ti, Agustín.

Pero es un momento difícil.

Y hemos hecho lo mejor.

Yo misma hablaré con Andrés.

Se lo explicaré todo.

Grita

¡Chist!

Qué susto. Soy yo.

Son las 3 de la mañana.

¿Se puede saber qué buscabas ahí? Chocolate. No puedo dormir.

Imagino que sé por qué estás así de triste.

Es por lo que ha dicho mi padre, ¿no?

Mira, creo en la República,

pero no quiero enfrentarme a tu familia, se han portado muy bien.

¿Uno? Deja.

No le gusta tener a una republicana aquí, pero deberá aguantarse.

Y mi madre te adora desde que eras pequeña.

Así que no debes preocuparte. Supongo que no.

Las tensiones son normales en épocas de cambio.

Demasiados en muy poco tiempo.

Sí, demasiados.

Pero supongo que para bien.

Debemos ser fuertes, tú lo dijiste.

Ríe

¿Qué? ¿De qué te ríes?

Me gustas más con bigote.

Ríe

¿Ya? No.

Ahora.

Bueno, es muy tarde.

Me voy a descansar.

Yo me quedo con mi chocolate y luego voy.

Gracias por el apoyo.

Igualmente.

Buenas noches. Buenas noches.

Pues esto ya está.

Mejor que unas buenas manos, son buenas ganas de trabajar.

Al final, ha salido todo bien.

No cantemos victoria. Las cosas pueden cambiar en cualquier momento.

No sea agorero, padre.

El señor Agustín no era partidario de sembrar.

Pero su hijo sí. Ya.

Y gracias a él, bueno, gracias a Mercedes, hemos podido sembrar.

Eso es lo que importa.

Pásame un poco de vino, padre.

Las cosas buenas hay que celebrarlas.

Anda, toma.

Este le queda

muy bien, señorita. -¿No me queda holgado?

-Eso se arregla rápido.

Trae unos alfileres, por favor. -Ahora mismo.

-Estoy nerviosa. Es la primera vez que soy la anfitriona. ¿Han llegado

los canapés?

-Sí, tu madre está abajo organizando todo.

-Aquí tiene.

-Gracias. Ya me encargo yo. -Bien.

-¿Aquí? -Sí.

-Ay.

-Voy a salir de compras antes de la fiesta. ¿Vienes?

-Gracias, pero aún tengo muchas cosas que preparar.

No sé si los nervios me dejarían ver los escaparates.

¿Has metido el champán con hielo? -Sí.

-Pon el queso junto a la ventana, que esté fresco.

-¿Y esto? ¿Qué es?

-Una "fondue".

Está de moda en Saboya. Se mete el queso, se funde

y se va comiendo.

-Si vas a fundirlo, ¿para qué ponerle al fresco?

-Me tienes la cabeza loca.

-Madre mía, qué de cosas.

¿Cuánta gente va a venir?

-No sé, unos 30 o así.

-Pero entonces, va a sobrar comida, ¿no?

-Si te pillan cogiendo comida, estás despedida.

-¿Yo coger comida? Qué cosas. ¿Por qué iba a hacerlo?

-Para dársela a tu pasante. No nací ayer, esta cocina es mi casa.

Sé todo lo que entra y sale. Has estado cogiendo pollo, embutido,...

-Por favor, no lo cuentes.

Solo quiero ayudar a Rafael. Apenas le llega para cenar.

Para que las cosas se echen a perder,...

-Conque no lo vuelvas a hacer,

basta. -Gracias.

Prometo por lo más sagrado que no lo volveré a hacer.

-Robar, aunque sea por amor, está mal.

Además, es una tontería que arriesgues tu trabajo por ese muerto

de hambre.

-No, no tiene gracia.

-Anda, sube a ayudar a la señora con las flores.

Venga, que parece que se te pega el cuajo del pasante.

Por favor, lleva este jarrón al salón.

Alejandra, ¿ocurre algo?

Quisiera hablar con usted.

Usted sabe que les estoy muy agradecida.

Con los recursos de mi padre, no habría podido tener

esta educación, pero es que me siento muy confusa aquí.

Creo en la República, no lo puedo negar.

Estoy orgullosa de trabajar para un gobierno que da oportunidades,

que cree en la igualdad. Sabes que no comulgamos con eso.

Sí, lo sé.

Entonces, apelo a tu sentido común.

Por mal que me parezca, y te aseguro que la República no es santo

de mi devoción, nadie te dirá aquí cómo debes pensar.

Solo te pido que, mientras estés aquí,

te guardes tus opiniones.

Si lo haces, no pasará nada.

Sí, señora.

Gracias.

Y pensar que, cuando te mandé a París,

quería convertirte en una señorita

para que tuvieras un buen matrimonio.

Ludi. -¿Sí?

-¿Sabes de quién es el libro? -No es de los míos.

Creo que de la señora Isabel.

-Gracias.

-Vaya.

-¿Qué? -Nada.

Por un momento, me has recordado a otra persona

bajando otra escalera.

Por cierto, una vez más, estás guapísima.

¿Está mi mujer aquí?

-Estuvo aquí, pero salió.

Por cierto, creo que se ha dejado esto.

-Cosas de mi mujer.

¿Hace mucho que salió?

-Hace unas horas. ¿Pasa algo?

-¿No te dijo adónde iba?

-No sé, creo que de compras.

Hugo, me asustas. ¿Qué pasa? -Nada, cosas mías.

No te preocupes.

Tengo asuntos que resolver.

Nos vemos en la fiesta.

Está cerrado.

-¿No me invitas a un trago?

-Te esperaba anoche.

¿Qué pasó?

-Hice lo que me pediste.

-Bien.

-Pero ese anarquista no me gusta.

-¿Ventura?

-No quería matar a Iturmendi.

Amparo, no sé,

pero creo que nos estamos metiendo en un agujero con esa gentuza.

No me gusta mezclar la política y los negocios.

-¿Desde cuándo te importa la política?

-Desde nunca, por eso prefiero mantenerme al margen.

-Este negocio es seguro

y vamos a ganar mucho dinero.

No es momento de andarse con remilgos.

-Claro.

-Anda, ve a cambiarte de ropa.

Teléfono

Casa de los señores De la Torre, ¿dígame?

¿Rafael? No, no está. ¿De parte de quién?

Un momento, ahora se pone. Es para usted.

-Muchas gracias.

¿Sí?

Alba, te dije que no me llamaras aquí.

Sí, estoy tranquilo.

Lo siento, es que no quiero que me llames

en horario de trabajo.

Bueno, no te preocupes, me las apañaré.

No, ahora no puedo volver, acabo de empezar a trabajar aquí.

Que sí, seguro.

El señor De la Torre me adelantará el primer mes.

Sí, no te preocupes.

Bueno, ya te llamo la semana que viene.

Cuídate.

Yo también. Adiós.

Margarita, Diego, qué alegría veros.

-Luisa, qué bien que has venido.

Espérame ahí, ahora voy cuando terminen las presentaciones.

Ha quedado todo perfecto.

-Recuerda que debes salir al patio.

El humo no es bueno para ti.

¡Hugo!

¿Dónde está mi prima? -Bueno, ya sabes, de compras.

En Asturias, adoramos las tiendas de Madrid.

Me ha pedido que la excusara. No tardará en llegar.

-Hugo, bienvenido.

Si me disculpáis, os lo robo un instante.

-Por supuesto. -Señoras.

-No sé, mamá,

sigo pensando que Hugo está como triste, preocupado.

Al final, no ha servido de mucho llamar a la madrina.

-¿A Isabel? Yo no la llamé, no tuve tiempo.

Ah, Marisa, Eloy.

Bien, ya estoy aquí.

¿Por qué esa urgencia en querer verme?

-Estás preciosa.

Como siempre.

-Fernando, no tengo mucho tiempo.

Mi ahijada celebra una fiesta y no puedo faltar.

No quiero que Hugo sospeche nada de esto.

Andrés. -Leocadia.

-Bienvenido. -Gracias. Beatriz.

Agustín. -Andrés, me alegro de verte.

-Lo mismo digo. -Te presento a Hugo.

-Encantado. ¿Podemos hablar a solas? -Por supuesto.

Hugo, si me disculpas. -Claro.

-Hugo, ¿me acompañas al patio a tomar un poco el aire?

-Sí, por supuesto.

-Mi madre se cree que bebiendo zumo me curaré.

-Seguro que mal no te hace.

Lo que importa es lo que tu madre se preocupa por ti,

lo mucho que te quiere.

Eso es lo que importa en la vida.

Lo mucho que te quiere.

-¿Te duele la pierna?

-Sí, sí, un poco.

-¿Pasa algo?

-No. -Te has enfadado con la madrina.

Por eso no ha venido.

-No, qué tontería. No, está a punto de llegar.

Ya no me gustan las fiestas. Me estaré haciendo viejo.

-Eso sí que es una tontería.

Hugo,

sabes que si pasa algo, puedes contármelo.

-Claro, claro.

Eres un sol, pequeña, y cada día estás más radiante.

Creo que tus amigas te deben estar echando de menos.

Venga, vuelve con ellas, anda.

Diviértete.

¿Te gusta montar?

Sí, mucho.

En Sevilla, tengo cuadras. Podrías venir a visitarme.

Parece que Lizana está interesado en Alejandra.

Sí, eso parece.

Silbido

Mi cometido es velar por los intereses de la República

que están siendo amenazados.

Este grupo de militares planea un golpe de estado.

Y Hugo está con ellos.

-No, no puede ser.

-Si siguen adelante con sus planes, no tardarán en detenerles.

Ya sabes cuáles son las consecuencias.

Sé que me debo a la República,

pero esto te lo debo.

Aunque solamente sea por lo mucho que recuerdo

lo felices que fuimos.

Advierte a Hugo por su bien

y por el tuyo.

-Gracias, Fernando.

-¡Dios!

Estás preciosa.

Si de verdad te sientes

con las manos atadas, deberás pedir ayuda.

-Ya te lo he explicado, la decisión la tomó Leocadia. No hay opciones.

-Si tu compromiso con este país es firme, siempre quedarán opciones.

Déjalo de nuestra cuenta.

Sí que lo he visto.

¿Dónde te has metido?

¿Yo? He estado aquí toda la fiesta.

Eres tú la que no para de ir

con jóvenes apuestos. Ah, gracias por lo que me toca.

¿Estás celoso?

Pues un poco.

¿Todo bien? ¿Y Andrés?

-Ya se ha ido.

-Señora. -Gracias.

-Pensé que no vendrías.

-Disculpa, me encontré con una vieja conocida.

Lo siento.

-Hugo está preocupado.

-Voy a hablar con él.

¿Te duele mucho?

-Llevo una hora esperándote. ¿Dónde has estado?

-Me encontré con María Angustias Ochoa.

-Isabel, dime la verdad.

¿A qué has venido? -A estar contigo.

Y a decirte

que quiero que tengamos otro hijo.

Julio necesita un hermano. No está bien que crezca solo.

Hablé con las monjas. Dijeron que no había problema.

Me vuelvo mañana a Asturias. -Mañana.

Pensé que querías quedarte unos días.

-¿Por qué no te vienes? -Porque no puedo.

No sé a qué viene eso ahora. -Por favor, ten mucho cuidado.

He oído rumores acerca de un golpe de estado, no quiero que estés envuelto.

Sería nuestra ruina.

-¿Qué tontería es esa de un golpe de estado?

-Prométemelo.

Prométeme que te mantendrás al margen, por favor.

Hazlo por mí.

Por mí y por el niño.

-No sé qué idea se te ha metido en la cabeza.

Pero ¿es eso lo que quieres?

Te lo prometo.

¿Qué tal está? Bien, estudiando mucho.

-¿Te apetece dar un paseo?

No, gracias. Venga, lo estás deseando.

Te he dicho que no.

¿Quién te crees que eres?

No eres más que una vulgar campesina.

Fuera de mi casa.

Llenáis la fiesta de gentuza.

La única gentuza eres tú.

Esto no va a quedar así.

¿Estás bien? Sí.

¿Qué ha pasado?

Nada. ¿Qué pasa?

Nada, un malentendido.

Tranquilo.

¡Mercedes! ¡Mercedes!

¿Qué pasa? ¿Por qué te vas así,

sin despedirte? Hazlo por mí. Me asfixio aquí.

Pero ¿qué te pasa?

Fernando es el hombre de mi vida, nunca he querido a nadie como a él.

Pero no he nacido para que me humillen.

¿Por qué dices eso? Tú le conoces mejor que nadie.

¡Mercedes! ¡Mercedes!

Toma.

Para tu pasante.

-Gracias.

-Pero que sepas que no me gusta. -Prometo no decir nada.

-Me refiero al soso, me da mala espina. No es buen pescado para ti.

-¿No? ¿Y eso por qué? -No es trigo limpio.

Cuando salgas, mete las botellas vacías en la caja.

-No entiendo nada. Hace dos días, te parecía de regalo,

para envolverlo y llevártelo a casa, y ahora me vienes con esas.

-No te quería decir nada para no disgustarte.

Antes le llamó una mujer y parecía un poco nervioso.

-¿Qué insinúas? ¿Que tiene novia?

Me lo hubiera dicho.

Puede que sea su madre. Rafael es de fuera.

Seguro que su familia se interesa por él.

Y si estuviera comprometido, Agustín no le contrataría.

Solo quería gente soltera. -Es verdad.

-Ay. Será un sinsangre y lo que tú quieras,

pero cada día me gusta más.

-Ay.

Aquí tenéis las armas. -Comprobadlas.

Va, rápido.

-¿Estás seguro de seguir adelante?

-Más que nunca.

-Sabes que después de hoy, no hay vuelta atrás.

-¿Me estás metiendo miedo?

-Tú tienes familia, yo no.

-Están todas.

-Comunicad al grupo que ahora nos dividiremos en parejas.

Cada uno estará en contacto con su pareja.

El resto no nos volveremos a ver.

Dejaremos todo dormir unos días

para que no haya sospechas y no puedan seguirnos.

Cuando llegue el momento, cada pareja recibirá un mensaje con su cometido.

¿Está todo?

Vámonos.

(LEE) "El pasado martes se halló el cuerpo de un varón de mediana edad

a las orillas del Manzanares".

"Tras las labores pertinentes, se pudo identificar el cadáver

como el de un agente de policía, Iturmendi".

¿Qué haces?

-Debo irme a Barcelona.

-¿Por qué?

-Hay un mitin, me han pedido que participe.

-Si aún estás convaleciente, ¿por qué tanta urgencia?

-Será cuestión de un par de semanas.

-Iturmendi ha muerto.

Llora

Señorita, ¿me puede poner con el 10341, por favor?

Fernando Alcázar.

-"¿Sí?".

"¿Hola?".

"¿Sí?".

Llora desconsoladamente

"Algún día encontraré la forma de agradeceros lo que habéis hecho

por mí. Hasta entonces, espero que me disculpéis

si os he ocasionado malestar. No era mi intención".

¿Qué haces aquí?

Me voy, Fernando.

¿Por qué? Es lo mejor, hazme caso.

Ni hablar. Es lo mejor y lo sabes.

No, Alejandra. Dámelo.

No es un juego. No estoy jugando.

No me lo pongas más difícil.

No me lo pongas más difícil.

Alejandra, no te vas a ir. No me lo pongas más difícil.

No te irás porque no quieres irte. Por favor.

No me lo pongas más difícil, por favor.

No, no, no, no.

No puedo. ¡Alejandra!

Señorita, perdone,

¿va a salir?

No, María del Pilar.

Voy a mi habitación.

"Se han levantado sospechas en militares afines a la República".

"Deberíamos suspender temporalmente nuestro objetivo".

"El verano del año entrante puede ser un buen momento

para nuestro alzamiento y recuperar esa España con la que soñamos".

"El verano, habrá que esperar al verano".

Buenos días, dormilón.

Me habría quedado

hasta el mediodía. Tengo agujetas en los brazos.

¿Agujetas? De anoche, ¿no?

Los jóvenes de hoy no sabéis

lo que es el trabajo.

Bueno. -¡Antonio!

¡Jesús! ¡Antonio!

Han echado cal en las tierras.

-¿Qué?

-Que está todo lleno de cal. Nos han destrozado la siembra.

Problemas. ¿Qué ha pasado?

Han echado cal.

Solo buscan arruinarnos. O meternos miedo.

Si me entero de algo, te digo.

Si está detrás de todo esto,... Me encargaré yo.

Quiero solucionar esto.

Tendrás la reforma que España esperaba en tu mano.

Está listo. Adelantamos la boda. Enhorabuena.

¿Crees que Ventura mataría?

¡Los cómicos! ¿Cómicos?

Vienen a levantar la moral. Promete que la cuidarás.

El juego es peligroso.

Son tus tierras, soluciónalo tú.

-Andrés, me voy, vuelvo a casa con mi familia.

¡Traidor!

Si no juegas con una, con otra. Debe ser

muy difícil eso. París no me ha cambiado.

¿Has estado con hombres antes?

Atiende a mi consejo, Rafael.

No se case.

La quieres para ti.

¿Hablamos de anular la propiedad?

Yo también he dado mi palabra.

Promete que dejarás que todo siga.

Dime que no sientes nada.

Debemos estar listos.

Salud y disfrutad.

La representación va a comenzar.

  • Capítulo 4

14 de abril. La República - Capítulo 4

14 feb 2011

A instancias de Leocadia, Alejandra se traslada a vivir a casa de los De La Torre, pero su llegada no hace más que tensar el ambiente. Por su parte, Fernando se siente cada vez más atraído por Alejandra, no puede evitar sentir celos cuando le presenta a varios pretendientes durante la fiesta de Beatriz. Es en esta fiesta donde Beatriz se da cuenta de que las cosas no van bien en el matrimonio entre Hugo y su madrina, Isabel que aparece por sorpresa con la intención de comunicar a Hugo que quiere tener otro hijo. Sin embargo, descubriremos que el verdadero motivo de la visita de Isabel es quedar con Fernando Alcázar, quien le advierte sobre el golpe de estado y la implicación de Hugo en el mismo. El gobierno vive amenazado no sólo desde el lado más conservador, también los anarquistas, liderados por Ventura, pretenden atentar contra el Presidente de la República.

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