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No recomendado para menores de 13 años 14 de abril. La República - Capítulo 3 - Ver ahora
Transcripción completa

Llegas a tiempo.

Celebramos que Fernando y Mercedes se han comprometido.

Felicidades, Fernando, me alegro.

¡Alejandra!

¡Jesús!

¿Y padre, dónde está padre? Allí.

No me pidas que lo entienda. No se trata de política, sino de personas.

¡Se trata de hacer lo que es correcto!

No habrá siembra.

¿Es esto lo que buscabas?

-¿Crees que vamos a echarnos atrás?

-Atentar contra el presidente no es fácil.

Entenderías mal. ¡Con quién iba a casarse!

Con Mercedes.

A usted misma le convendría tener un policía amigo.

Sobre todo por quién es su pareja.

¿Andas metido en algún lío? -¿Por qué me preguntas eso?

-¿Por qué la policía te sigue?

Estoy con vosotros.

Con nosotros no está el que nos hace esto.

Quiero saber qué traman esos militares.

-¿Por qué piensas que traman algo?

-No han venido por las chicas. Están serios y hablan de política.

Traman algo.

¡Ay!

-Madre mía, usted perdone.

¿Qué es lo que buscas?

-Una cartilla militar.

-¿A nombre de quién?

-Gonzalo López.

El mismo que tú conociste.

Así que tú eres el señorito.

Y tú el que les dio la idea de quemar mi casa.

Verás como tu amigo te traiciona.

Suéltala o te mato.

-Tranquilo.

Tranquilo.

-No me digas cómo tengo que estar, cabrón.

-¡Ni se te ocurra!

Encarna, ¿estás bien?

-¡Ventura, no!

Empeoraría las cosas.

-Este desgraciado no merece respirar.

-Ella tiene razón. Si me matas, pronto te encontrarán.

Tirarás tu vida por la ventana.

-¡Cállate! -Deja que se vaya.

-Si te vuelves a acercar a mi mujer, te mato.

¿Me has entendido?

Amor mío...

Ya pasó.

Ya pasó.

No dejaré que te pase nada.

Ya pasó.

¡Ya has vuelto!

Pensaba que estaríais durmiendo.

Desde que te fuiste a la finca no pegamos ojo.

Necesitaba saber qué estaba pasando.

Había que tomar decisiones.

Ya te dije cuál era mi posición.

Papá,

habrá siembra.

He comprometido mi palabra.

Ve a decirle a tu madre que has vuelto, estaba muy preocupada.

Buenas noches.

Buenas noches.

"Si estas metido en algo, dímelo".

-Sabes que trabajo para el sindicato.

¿No confías en mí?

¡No confías en mí!

Cuando vinimos a Madrid, juramos empezar de cero.

Pero tú no lo has hecho, Encarna.

No consigues olvidar el pasado.

-Estás con los anarquistas, que defienden la violencia.

¿Y tú, Ventura?

-Llevo pistola por precaución.

Tu república tendrá muy buenas intenciones,

pero la realidad es otra.

Y tú no quieres verlo, Encarna.

-No estás conmigo.

No estás a mi lado.

-¿Cómo puedes decirme eso?

Por ti haría cualquier cosa.

Sería capaz de todo por ti.

¿Y sabes por qué?

Porque me da igual las ideas políticas que tengas.

Porque para mí estás muy por encima de todo eso.

Porque te quiero.

¡Por la igualdad de derechos!

Manifestación a favor del voto femenino.

Gracias.

Tome, compañero.

Todos estamos en esto. -Buenos días.

-Buenos días.

-¡Por la igualdad de derechos!

¡Manifestación!

-¡Dejad a este país en paz! -No hacemos nada malo.

-Esto es basura republicana.

Caballero, ¿cree que es necesaria tanta violencia?

¡Métete en tus asuntos!

¿Son formas de tratar a una mujer? ¡Quítame las manos de encima!

¿Y Fernando, no ha bajado todavía?

-Salió a primera hora.

-Después de la angustia de estos días,

esperaba disfrutar de un desayuno en familia.

-¿Beatriz sigue durmiendo?

-No he querido despertarla.

Lo que me tiene preocupada es su ánimo.

No me gusta verla así.

Quizá si celebráramos una fiesta...

-¿Una fiesta?

Hace poco fue su cumpleaños.

-Pero los jóvenes necesitan relacionarse con gente de su clase.

Y así no se desplazaría, como si todo fuera normal.

-No sé, no sé, Leocadia.

La situación no está para demasiadas alegrías.

-¿Tan mal estamos?

Dime si debo preocuparme.

Solo pido un poco de sinceridad.

Después de tanto tiempo, me he ganado ese privilegio.

-Organiza esa fiesta para la niña.

Haremos lo necesario para que todo salga bien.

Y ahora, si me disculpas,

tengo mucho trabajo.

Anda, pasa.

Se nos echa el tiempo encima.

Todo debe estar listo para cuando Fernando consiga las semillas.

Tranquilo.

Las cuadrillas de Carabanchel ya están contratadas.

Están llegando trabajadores de otras fincas.

Ya les hemos tomado nota por si hay alguna baja, no podemos hacer nada.

Está todo cubierto ya.

Bueno, yo voy a lavarme un poco.

¿Qué miras?

Desde que has llegado, solo hablamos de la finca.

Pero sé que ocultas algo.

Sigues mordiéndote el labio.

¿Esto se te queda pequeño?

¿Por qué dices eso?

Porque te vas a marchar.

No. ¿No?

No.

Entonces dime que esto no tiene nada que ver.

Dámela.

La guardas como un tesoro. ¡Jesús!

No puedo mentirte, ¿eh?

Nunca has podido. Ya.

Mi tutor del internado de París me ha conseguido

un contacto en el Ministerio de Agricultura.

Me ofrecen un trabajo y quieren que me incorpore en los próximos días.

¿Y por qué no nos has dicho nada?

No puedo dejaros tal y como están las cosas.

No puedes renunciar a tu futuro.

No renuncio, seguro que más adelante hay otro puesto.

Escúchame.

Si renuncias a tu camino, será un error.

Tú también has renunciado a mucho. No, yo hago lo que quiero.

Sé que mi vida está aquí, pero tú no.

París te ha cambiado, has aprendido.

Buscas otras cosas.

Nos hemos hecho mayores, hermanita.

¡Ay!

"El país reclama nuestro sacrificio y no podemos fallar".

"Confiamos en usted, mi general, y le pido que cambie de opinión".

Puerta

"El levantamiento en Sevilla será un éxito con su excelencia al mando".

"Pero deja huérfana la capital".

¡Adelante!

"Debemos tener Madrid apuntalado".

"Si Madrid no se rinde, el golpe fracasará".

-Mi teniente coronel, seguí la pista de la cartilla militar que me pidió.

(AGUSTÍN) "Necesito que rastrees ese nombre: Ramiro Villaseca".

-¿Y la cartilla militar?

-No me fío. Es un hombre habilidoso.

Suplantó una identidad durante años.

Cualquiera que hace algo así se ocupa de no dejar cabos sueltos.

-Blindaría su coartada.

-Pero no se puede tener todo bajo control.

-Eso es lo que debemos encontrar, Rafael.

Un resquicio, un detalle...

¡Un error!

Pruebe en las iglesias.

No hay nadie en este país que no haya recibido los sacramentos.

Sus datos estarán en algún registro parroquial.

-Pero en Madrid hay más de mil iglesias.

Hablaste con Francisco para que no pudiera sacar dinero.

-Descuide, me pondré con ello.

-¿Tanto te sorprende? Te lo advertí.

¿Se trata de eso? ¿De tu maldito orgullo?

Eres incapaz de admitir tu error y nos estás arrastrando a todos.

No estoy equivocado. Sé que hago lo correcto.

¡No lo haces!

Esa tierra tiene que sembrarse.

Muchas familias dependen de nosotros.

Papá...

Yo no quiero enfrentarme contigo por esto.

Debemos estar juntos. La siembra nos interesa a todos.

No lo entiendes.

Tengo un compromiso adquirido.

No tengo nada contra esos hombres, pero no puedo enfrentarme a los míos.

Medinaceli, Romanones... ¿Es que no lo ves?

Estar en un lado implica no estar en el otro.

Y te guste o no, tú estás en este lado.

¡Nuestro lado!

No.

¿Sabes qué va a pasar cuando los jornaleros se enteren

de que no habrá siembra?

La Guardia Civil

está preparada para actuar con la contundencia que sea necesaria.

¿Estás dispuesto a admitir una masacre?

Estoy dispuesto

a llegar hasta el final.

Muy bien, papá.

Yo también.

Mercedes... Leocadia.

¿Y Fernando?

-El señorito llegó hace un rato y pasó al despacho del señor.

-¿Pasa algo, Mercedes?

Mi padre me llamó desde el banco.

Fernando tenía una cita con él para tener acceso a su dinero

para la compra de semillas.

Y Agustín ha llamado al banco para impedirlo.

Un malentendido, Mercedes.

Cosas de padres e hijos, ellos lo aclararán.

Agustín me pidió que mediara.

Pero no me veo capaz de hacer cambiar de opinión a Fernando.

No va a ceder.

Pareces tenerlo muy claro.

Yo podría conseguir el dinero de las semillas

y dárselo a Fernando.

Pero colocarías a mi hijo contra su padre.

Si yo no puedo convencer a Fernando,

quizá tú sí puedas hacer cambiar a Agustín.

Me preocupa que el enfrentamiento llegue a mayores.

Y yo agradezco tu preocupación por esta familia.

Pero déjalo de mi mano.

Yo lo solucionaré, como siempre lo he hecho.

No te preocupes.

Voy a hablar con él.

¿Siguen ahí fuera?

-Ese Iturmendi

es como un perro de presa: cuando muerde, no suelta.

¿Qué hacemos ahora?

-Esperar a que se cansen.

-¿Hasta cuándo? ¿Sabes el dinero que estamos perdiendo?

-Recuérdamelo cuando nos metan en la cárcel.

No tiene pruebas de nada, pero hay que tener cuidado, y lo sabes.

-¿Y qué hacemos con la mercancía?

-Iremos a por ella cuando todo se calme.

-Pues espero que sea pronto.

Antes de que otros ofrezcan más.

-Saldré por atrás. No los quiero pegados a mí.

-¿Adónde vas?

-Estás demasiado nervioso, Paco, y eso no es bueno.

-Amparo,

ten cuidado.

El señorito ha dicho que conseguiría

el dinero para las semillas, ¿no?

Si lo ha dicho, lo hará. Si no, no nos habría llamado.

¿Y mientras tanto qué hacemos, padre?

Como los jornaleros no se fíen de Fernando,

se va a organizar una peor que la anterior.

De momento, lo mejor es callar y esperar a ver lo que pasa.

Corremos demasiado riesgo como para confiarnos a la suerte.

Tal vez Alejandra podría ayudar a Fernando.

¿Tu hermana? ¿Qué tiene que ver ella?

Ha recibido una oferta.

¿Una oferta de qué?

Una oferta de trabajo.

En Madrid.

Pasos

¿Es cierto lo que dice tu hermano?

¿Te han ofrecido un trabajo?

Sí, padre.

Se lo iba a decir.

¿Por qué llamaste a mi padre sin decírmelo?

No quería implicarte en esto.

Yo puedo hablar con él. Le explicaré la situación.

Te dejará acceder a tu dinero.

¿Quieres que mi padre también tenga algo en contra de ti?

Gracias.

No puedo quedarme al margen.

Si puedo ayudarte, lo haré.

Ahora estamos juntos en esto, ¿recuerdas?

Mercedes, me comprometí a tener las semillas antes de tres semanas.

Y lo voy a hacer.

Pero no quiero implicarte, ¿entendido?

Mercedes,

me voy a casar contigo porque te quiero.

No quiero que ningún interés manche lo nuestro.

A ver, repítelo.

Que no quiero intereses entre nosotros.

No, eso no, lo otro. Que te quiero.

El dinero no manchará lo único bueno que tengo.

Por Dios, Agustín, habla con él. ¡Recapacita!

Es tu hijo.

¿Y qué vais a hacer?

¿Dejar de hablaros?

¿Destrozar esta familia por orgullo?

-Eso no va a pasar.

Fernando entrará en razón.

-¿Y si no lo hace?

Es tan testarudo como mi hermano.

Nadie en la vida fue capaz de domarle.

-Con las cuentas bloqueadas, no tiene muchas opciones.

Verá que es imposible

y se olvidará.

En el fondo admiro que se esfuerce por ayudar a la gente de la finca.

Pero debe aprender a tomar decisiones difíciles.

-¿Y si esas decisiones son equivocadas?

-Tienes que confiar en mí.

Nunca te he pedido nada.

Necesito que estés conmigo en todo esto.

O no podremos hacer frente a lo que viene.

Yo quería contárselo, pero no sabía cómo.

¿Tan poca confianza me tienes?

¡Así que el Ministerio de Agricultura!

Sí.

Pero no lo voy a aceptar.

No me voy a ir tal y como están las cosas.

Usted me necesita aquí y aquí me quedo.

¿Tú quieres hacerlo?

¿Quieres aceptar ese trabajo?

Con la república todo está cambiando.

Este país nunca ha tenido una oportunidad igual.

No me has contestado.

Sí, padre.

Me gustaría aceptar ese trabajo.

Escúchame, hija.

Nada en este mundo me haría más feliz que verte feliz.

Si tu camino está en Madrid, es ahí donde debes estar.

¿De verdad?

Sí.

¡Gracias!

Gracias. Nada...

Alejandra, no seas zalamera.

¡Que te digo que no!

Cuando los señores están a la gresca, hay que irse.

O al final salimos trasquilados nosotros.

-Ya está, limpia como la patena.

-¡Pero si está mejor que antes!

No sé cómo agradecérselo. -No ha sido nada.

Y era lo mínimo que podía hacer.

Fui yo la que le tiró el café.

-Cuando lo pienso, me entran sudores.

Menos mal que estaba usted para arreglarlo.

Le debo la vida, María Pilar. Más que la vida, el futuro.

-Bueno, yo voy a ver si la señorita Beatriz necesita algo.

-Yo solo tuve la idea.

Agradézcaselo a ella, no a mí.

Ahí donde la ve,

tan menudita, con esa cara de ángel,

casi fue despedida por coger el traje del señor.

-¿Qué me está contando, María Pilar? -Lo que oye.

La señora estuvo a punto de pillarla. Imagínese lo que hubiese pasado.

-Calle, que me entra cargo de conciencia.

-Sin nadie a quien recurrir: ni familia ni novio ni nada.

Hubiera tenido que volver a Asturias con una mano delante y otra detrás.

Fíjese qué panorama.

-¿Cree que sería inapropiado que tuviera un pequeño detalle con ella?

Algo simbólico, por supuesto.

-Pues mire, no se me había ocurrido,

pero yo creo que lo recibiría encantada.

Siéntese.

Hilario Ayuso, en nombre de Acción Republicana,

pretendía que se concediese el voto a las mujeres

solo a partir de los 45 años.

-¿Con qué argumentos?

-Pues según él,

las mujeres sois deficientes en voluntad e inteligencia.

¿Puedes creerlo?

Hasta esa edad sois deficientes.

Como si el índice de analfabetismo no fuese mayor entre los hombres.

-¡Es increíble!

No paro de darle vueltas a lo que sucedió esta mañana en la calle.

¿Es que no vamos a tener paz en esta república?

-Sabíamos que sería difícil.

-Más lo será no responder a las provocaciones.

-Estás pensando en Ventura, ¿verdad?

-Tengo miedo de que vuelva a la lucha.

Y su lucha no es igual que la mía. ¿Qué ha sido de tantos anarquistas?

-Es difícil volver

a una vida tranquila después de años por los montes.

Se buscan nuevos enemigos...

Pero ese no es tu caso, Ventura te tiene a ti.

-¿Y si no me basto para retenerle a mi lado?

-Esa guerra todavía no ha estallado.

Ahora la lucha está en otra bien diferente.

-Es verdad. ¿Qué posibilidades tenemos de ganar?

-Dos diputadas en el Congreso, dos del partido.

Y una se opone al voto femenino.

-Todo está en manos del discurso

de Clara Campoamor.

Llegas tarde.

-He tenido que dar un rodeo.

Iturmendi tiene vigilado El Alemán.

-¡Joder!

Ese malnacido no nos va a dejar en paz.

-Si te relaciona conmigo, la misión fracasará.

-No. No creo que sospeche.

-Nunca menosprecies a tu enemigo.

Tú mejor que nadie deberías saberlo.

Será mejor que pospongamos la entrega de armas hasta ver qué pasa.

Y tú deberías desaparecer un tiempo.

-Ahora no puedo dejar sola a Encarna.

-¡El amor!

Es solo un obstáculo para nuestros propósitos.

Tenemos que tener todos nuestros sentidos puestos en la revolución.

-Ya.

Y cuando se acabe la revolución, ¿qué, Amparo?

¿Quién te esperará en casa?

-Yo soy libre.

No dependo de nadie ni nadie depende de mí.

Pero puede que algún día tú tengas que decidir entre el deber y el amor.

¿Qué harás entonces?

No vuelvas por El Alemán y espera a que yo me ponga en contacto contigo.

-Está bien. Mientras avisaré a los míos.

-Espero que sean de confianza.

No me gustaría que les temblase el pulso.

-Descuida.

Eso no pasará.

No hemos encontrado lo que buscábamos.

Las sorpresas nunca cesan

si el que conocí como marqués de Castro está por medio.

Es él. -¿Estás seguro?

-Jamás olvidaría su cara.

-¡Lo sabía!

-Es escurridizo como una serpiente.

Se adelanta a los acontecimientos. No llegó donde llegó por casualidad.

-Todo lo que encuentro se vuelve contra mí.

Solo he encontrado pruebas de que Gonzalo era quien decía ser.

-No sé quién te ha contratado ni me importa.

Pero ese hombre convirtió mi vida en un infierno y deseé su muerte.

Prométeme que encontrarás las pruebas que le inculpen.

-Quizá la clave está no en demostrar lo que no es,

sino quién es Ramiro Villaseca.

Nadie puede fingir que no ha existido.

Llaman a la puerta

Adelante.

¿Qué está pasando, Fernando?

Todo es un poco complicado, pero tú no te preocupes.

¡Estoy harta de que me protejáis!

Que esté enferma no significa que no pertenezca a esta familia.

¡Lo que me faltaba!

¡Beatriz, espera!

No te enfades tú también conmigo. Explícame qué pasa.

Lo que ocurre es que papá y yo tenemos

visiones diferentes de cómo llevar las cosas.

¿Qué visiones son esas?

¿Políticas?

Papá lo ve desde un punto de vista político

y yo desde un punto de vista más práctico: desde el campo.

Fernando,

¿te has hecho socialista?

Papá es conservador.

Tú te enfrentas a él por unas razones que considera políticas.

Y él no consigue convencerte.

Te has hecho socialista.

Beatriz...

Creo que lees demasiado.

No empieces con que soy una niña y no debo preocuparme.

¿Qué te crees, que porque yo no salga mucho no me entero de lo que pasa?

Tienes razón.

Lo siento.

A veces se me olvida que ya eres toda una mujer.

Lo que ocurre es que no estoy de acuerdo

en las decisiones que está tomando papá.

Sé que lo que hago es lo correcto.

Y no lo hago por cuestiones políticas, sino porque lo siento.

Entonces no puede ser nada malo.

Y papá terminará entendiéndolo.

Eso espero.

No se presenta nada mal la noche, ¿eh?

-¿Por qué tienen un doble fondo las cajas, Amparo?

-No digas tonterías, ¿cómo...? -¿Qué tenían esas cajas?

-Armas, ¿estás contento?

-Armas.

-Los anarquistas y los radicales de derechas

tienen altercados un día sí y otro también.

No tardarán en armarse. ¿Y dónde acudirán a comprar?

-Ese negocio es peligroso. -Y rentable.

-Por eso lo querías para ti sola.

-Si no te lo había contado antes, era para protegerte.

Con Iturmendi cerca, cuanto menos supieras, mejor.

-Odio que me mientan.

Ya lo sabes, ¿no?

¿Alejandra Prado? Soy yo.

Por favor... Gracias.

Pero ¿a qué viene ese antojo? ¿Para qué quieres ir tú a un café?

Tu madre no lo considera un lugar apropiado para una señorita.

Por ella no saldría de las meriendas en casa de sus amigas.

Tengo curiosidad. Dicen que están llenos de republicanos y escritores.

¿Quién te ha contado eso?

Escucho. Sí, demasiado.

Es lo único bueno de estar enferma.

Hablé con mi hermano sobre todo lo que ha pasado en la finca.

Mamá está nerviosa.

Fernando hace lo que cree que debe hacer.

Las tierras son muy importantes para él.

Igual que para mamá, claro.

Sí, lo sé.

Venga.

Tu madre fue muy generosa al costearle los estudios a Alejandra.

Siempre ha procurado que no le faltase de nada.

Pero solo es la hija del guardés.

Es raro que no hiciera lo mismo con Jesús.

Es extraño.

Música

Timbre

Señora...

-¡Alejandra!

¡Qué sorpresa tan agradable!

¿Qué haces aquí?

He venido a Madrid y no podía dejar de venir a verla.

Te hacía en la finca, al menos eso me contó Fernando.

Pero mírate.

No me canso de mirarte. ¡Has vuelto tan guapa de París!

Yo tengo algo que contarle, doña Leocadia.

Verá, he venido a Madrid porque he aceptado un trabajo.

¿Un trabajo? Pensé que te quedarías en la finca a cargo de tu padre.

Yo misma dudé, pero a mi padre le parece bien

y yo estoy muy ilusionada.

¿Y dónde vas a trabajar? En el Ministerio de Agricultura.

Mi tutor de París me buscó una recomendación

y esta misma mañana me han recibido.

Debería haberlo visto.

Me han tratado estupendamente.

Pero ¿en el Ministerio? ¿Estás segura?

Yo quería que usted fuese la primera en saberlo.

Porque todo esto se lo debo a usted: mis estudios y ahora este trabajo.

Le estoy muy agradecida.

¡Alejandra!

¿Qué haces aquí?

Fernando, Alejandra ha venido a traernos noticias.

Ha aceptado un trabajo en Madrid.

¿En serio?

Enhorabuena. ¿Dónde?

Alejandra va a trabajar para la república.

Bueno, ¿qué? ¿No tenemos nada que hacer?

-Al pueblo no ha llegado ni un saco.

Me lo han dicho en la estación.

El señorito prometió que en tres semanas sembraríamos

y aquí no se mueve nada.

-No os impacientéis, aún hay tiempo. -Sí.

-Los señores nunca han actuado a mala fe.

-Don Agustín nos quiere quitar el pan.

Fernando no es su padre.

Está haciendo todo lo posible por cumplir.

Me da igual lo que haga.

O traen las semillas o no le quedarán ni los cimientos de la casa.

Lo juro por mi madre, que en paz descanse.

Esto es lo que hay.

-¿Tenemos noticias de Alejandra?

¿Es para mí?

-Quería expresarle el agradecimiento que siento hacia usted

por todo lo que ha hecho para ayudarme.

-Perdón.

Es la primera vez que me hacen un regalo.

-No es gran cosa,

es solo algo dulce para mi ángel de la guarda.

-Casadielles.

-Yo también soy de fuera

y sé lo que es echar de menos la tierra, los amigos...

Por eso le traigo un pedacito de su tierra.

Me costó encontrar una pastelería donde los prepararan.

-¿Y no había otro dulce? -¿Eh?

-¿Tenía que regalarme casadielles?

-Como son tan típicos de donde usted viene...

-¿Qué bicho te ha picado?

-Para mí, que no le han gustado.

Trabajar para el Ministerio no es malo.

Es trabajar para el nuevo Gobierno y a mi madre le cuesta digerirlo.

Yo no pretendía ofender, y mucho menos a ella.

Ella lo sabe, por eso no debes preocuparte.

Tú sí que estás preocupado.

Bueno...

Me está costando trabajo conseguir el dinero para las semillas.

Y el tiempo corre en mi contra.

No sé qué pasará si no llego a tiempo.

Creo que puedo ayudarte.

Acuérdate de lo que me has prometido.

Si me olvido, sé que vas a recordármelo.

Tose

-Señorita Beatriz, debería tomarse sus aerosoles.

-Ya voy.

¿Y Ludi?

-Ha salido a hacer un recado. Yo la acompaño.

-¿Vienes conmigo? Pues claro.

Risas

¿Y Fernando?

-En el patio, con la señorita Alejandra.

Fernando ríe

Eres mi ángel, Alejandra. ¡No, no, no!

¡Eres mi ángel!

¡Alejandra, es estupendo!

¡Sí! Estupendo, ¿no crees?

¡Mercedes!

¡Qué bueno que estés aquí!

Intentará que el Ministerio nos suministre semillas.

¿Qué te parece?

¿Cómo? Va a trabajar en el Ministerio.

¿Aquí, en Madrid? Sí.

Esta tarde hablará con el subsecretario general.

Ha de tramitarse el proceso, pero...

Es increíble.

El Gobierno quiere que se siga produciendo

y así evitar que se devalúe la moneda.

Es... Es estupendo.

¡Por fin buenas noticias!

Esta noche hay que celebrarlo.

Ven. Vamos a llamar a Jesús.

(HUGO) "Podría haber algunos militares más partidarios al golpe".

Pero no estoy seguro.

Necesito tiempo para tantearlos.

-¿Qué debo hacer, mi teniente coronel?

-Por el momento,

reúna a los partidarios en el campo de tiro mañana después de la cena.

-Siempre trabajando sin descanso.

-¡Fernando!

¡Coronel!

Esto no va de quemar iglesias.

Todas las precauciones que tomemos son pocas.

¿Qué pasa?

Juan, dime qué pasa. -A ver si se nos va la mano.

¿Y si la república cae por los reaccionarios?

-Estaremos preparados para luchar.

¿Qué tenemos ahora?, dime.

Un Gobierno incapaz de llevar a cabo ninguna de las reformas que prometió.

Si quieres bajarte del tren, ahora es el momento.

Porque si te quedas,

no quiero más dudas.

Bien.

A partir de ahora, ya no hay marcha atrás.

Pasos

Será mejor que nos separemos aquí.

-¡Alto o disparo!

Tu cabo parecía nervioso.

-No todos los días ve a un héroe de Jaca.

-¡Qué recuerdos de esos días!

Y de los amigos que me ayudaron.

¿Cómo estás?

-Ella no está aquí, si es lo que quieres saber.

-No persigas recuerdos, Hugo.

Es mejor olvidar aquello.

-Entonces ¿a qué debo tu visita?

-No se trata de una visita.

Me destinan a Madrid a organizar un traslado de tropas.

-No sabía que hiciesen falta efectivos.

-La república está inmersa en la elaboración de la constitución.

Y los enemigos intentan desestabilizarla.

-¿Algún problema, Fernando?

-No.

No, Hugo. Ningún problema.

Nada que no se pueda solventar.

Quien cometa la estupidez de actuar contra la república

debe saber que se va a encontrar al Ejército alerta.

Y dispuesto a todo.

¿No crees?

-Por supuesto.

Y no esperaba menos.

-Ya.

¡Guapa!

-No me deja de picar.

Me pica.

Por más que me rasco,

no me deja de picar.

Rasque usted...

Esa oferta de trabajo ha llegado en el mejor momento.

En el Ministerio han dicho que harían lo posible,

pero sin asegurarme nada.

¿Qué queréis?

¿Aguarnos la fiesta?

¿Este es el famoso Alemán del que todo el mundo habla?

Señor De la Torre, últimamente nos tiene muy abandonados.

Te presento a Mercedes León, mi prometida.

Señora...

Seño... Señora...

Les preparo su mesa en un momento.

Tu amigo se ha puesto nervioso al saber que estamos prometidos.

La falta de costumbre. Supongo que te haces cargo.

Pues claro, tonto.

-Cuando veo un buen mozo no me para de picar.

Me pica con los calores,

me pica con las heladas.

Pero por más que me rasco,

no me deja de picar.

Rasque usted, ay, señor...

Gracias.

-Rasque usted con amor.

Líbreme de este ardor.

Rasque usted, ay, señor...

¡Fernando Alcázar!

¿No te salvó la vida en Alhucemas?

-Sí, pero de eso hace ya mucho tiempo.

Es un republicano convencido.

Héroe de Jaca.

Ascendido a coronel.

-¿Y por qué aparece justo ahora?

-Dice que por un aumento de efectivos para controlar los disturbios.

Pero...

Hay algo en su mirada,

en su forma de hablar...

No sé.

-¿Por qué no intervienen las autoridades?

Piensas que saben algo.

-No, puede que solo estén esperando saber qué generales secundan el golpe

para hacer una limpieza.

-Debes tener cuidado. No me gusta lo que está pasando.

-Ni Fernando Alcázar ni nadie

impedirá que cumpla el juramento que hice al tomar las armas.

-Todo se desmorona.

Piano

Canta en alemán

¡Bravo! -¡Guapa!

-¡Bravo!

-¡Bravo!

¡Bravo!

¡Guapa!

¡Bravo! -¡Bravo!

-¡Bravo!

-¡Guapa!

-¡Bravo!

Bueno, ¿qué? ¿Os ha gustado?

Maravilloso. Muy bien.

Tenemos suerte, no actúa todas las noches.

No, no.

¿Te lo esperabas?

Mejor. Te lo dije.

Ahora vengo.

Jesús no pierde oportunidad, ¿eh?

Brindemos por él.

Yo no puedo beber más.

Por favor, que no se diga.

¡Por Jesús!

¡Paco!

¡Otra!

Bueno, Alejandra, aún no nos has contado.

¿Cómo son los cabarés en París?

¿Son mejores que aquí?

No lo sé, el poco tiempo libre que tenía no lo dedicaba a ir a cabarés.

No te creo.

¿Me vas a decir que te quedabas las tardes en el internado rezando?

Claro.

Era mi penitencia personal después de posar desnuda para un pintor.

Muy graciosa.

¡Muy graciosa!

¿Sabes qué te digo?

Me voy a encargar personalmente

de enseñarte las posibilidades de esta ciudad.

No permitiré que quedes como una sosa ante tus compañeros.

Quieres que finja. Eres una sosa.

Soy una chica de campo, pensé que los sabías.

¡Por el campo!

Si me disculpáis, voy al baño.

Claro.

¿Dónde lo dejamos?

Eh... ¡Ah, por el campo!

¿Estás bien?

Sí. Sí, es que dentro hace mucho calor.

¿Y a quién quieres engañar?

¿Cómo?

Estás incómoda desde que hemos llegado.

Como si estuvieras en otro sitio. ¿Qué te pasa?

Querría perderme con Fernando

en algún sitio donde no hubiese nadie.

Solos él y yo para siempre.

Tengo tanto miedo a perderlo

que no sé si merece la pena soportarlo.

¿Te arrepientes?

No, no.

Por supuesto que no.

Es solo que

he tenido un mal día.

No me hagas caso.

No, no, claro.

Si me disculpas...

Sí, claro.

Llaman a la puerta

¿Se te ha pasado ya el disgusto?

-Lo siento.

-La verdad es que no hay quien te entienda.

Ese pan sin sal no es santo de mi devoción.

Pero ¿qué esperabas de él, una pulsera de diamantes?

-A mí esas cosas no me importan.

Yo solo quiero un hombre bueno que me quiera.

-¿Entonces?

-Le he visto ahí plantado con la caja de casadielles

y me he acordado de la señora.

Y de Adelina y de Vicenta. Y me ha dado pena.

¡Pobre Vicenta!

Perdió la cabeza por un hombre que no hacía más que regalarle casadielles.

Y así acabó, casada con él.

-Bueno, mujer, ¿cuál es el problema? ¿No es lo que queremos todas?

-El día de la boda la abandonó y se llevó todo lo que ella tenía.

Desde entonces no ha vuelto a ser la misma.

Siempre triste.

Yo no quiero acabar igual.

-¡Ay!

Ven aquí, calamidad.

¡Guapa!

Creo que ha llegado la hora de marcharnos.

Las chicas están cansadas.

¿Por qué brindamos?

Por ti.

Por un hombre nuevo.

He de confesar que nunca creí

que fueses en serio con lo de sentar cabeza.

Pues ya ves.

Aunque deberías tener más cuidado.

Fernando,

te conozco.

Sé cómo eres con las mujeres si quieres algo.

Pero mi hermana no está en ese juego.

¿Me entiendes?

Jesús, ¿Alejandra?

Si es como una hermana para mí.

Pero no lo es.

Y ciertas maneras se pueden malinterpretar.

¿Mercedes o tú?

Sí, muy bien.

Hoy he estado más pendiente de Alejandra, ¿y?

Como agradecimiento.

Por lo de las semillas.

Jesús,

he visto crecer a Alejandra, ¿de acuerdo?

Está bien, olvídalo.

Me da por pensar cosas raras.

Deja de beber y vámonos.

¿Y ese paquete?

-Lo ha traído un hombre, es para un tal Roberts.

¿Le conoces?

-El hombre que nos iba a comprar las armas ha caído.

Radicales y Radical Socialista quieren un pacto con los socialistas.

Estos conseguirían aprobar el voto masculino a partir de los 21 años

a cambio de condicionar el voto a la mujer.

Llaman a la puerta

Llaman a la puerta

¡Encarna!

Encarna, soy Amparo, ¿estás ahí?

-Voy, espera.

Pasa.

¿Cómo vienes tan tarde? ¿Pasa algo?

-Es Ventura.

Le han detenido, se lo oí decir a un cliente en El Alemán.

-¿Detenido por qué?

-Será mejor que vayas a comisaría.

-Pasa al salón, voy a cambiarme.

Pasos

¡Encarna!

-¡Ventura!

¿Estás bien?

-Sí.

-He tenido que esperar toda la noche para poder verte. ¿Te han hecho algo?

-No, no, estoy bien.

¿Cómo te has enterado?

-Por Amparo, la de El Alemán. Gracias a ella, he podido verte.

-Hubiera sido mejor que te quedaras en casa y esperaras.

No...

No quiero que...

No quiero que vuelvas a pasar por lo mismo.

-¿Por qué tenías que llevar esa maldita pistola?

Le has dado a Iturmendi la excusa perfecta.

-¿Desde cuándo necesitan una excusa?

Si no hubiera sido la pistola, habría sido otra cosa.

Les da lo mismo.

-¿Te das cuenta de la pena que puede caerte?

Ahora que todo iba bien...

-Lo siento.

Soy un animal.

Abren una puerta

-Es la hora.

-Voy a hacer todo lo posible para sacarte de aquí.

-Pase lo que pase, recuerda que te quiero.

¿Me has oído?

¿Eh?

¿Me has oído?

¡Ay!, y aún me quedan un montón de iglesias.

Es como buscar una aguja en un pajar.

-Bueno...

Tome esto.

Le aliviará.

-Rafael, ¡qué sorpresa! Pensaba que hoy no vendría por aquí.

-Es que quería pasar a informar al señor De la Torre.

-Bueno, voy a ver si la señora necesita algo.

-Yo

quería disculparme por lo de ayer.

-No tiene por qué hacerlo.

-Sí. No quiero que piense que fue por...

-No, no. Si no me pienso nada.

En serio.

Está claro que

no le gustaron las casadielles

y punto.

Pero...

Pero...

¡Ay!

Espero que esto sea más de su agrado.

-Las violetas siempre hacen

que el mundo sea de otro color.

¡Hugo!

-¡Hombre, pequeña!

¿Qué haces?

-Matar el tiempo leyendo.

-Antonio Machado.

Pues no conocía yo a este poeta.

-Hugo, ¿pasa algo?

Últimamente vienes mucho por aquí.

-¿Qué pasa, que no soy bienvenido?

-No. No, no es eso. -Asuntos que trato con tu padre.

Pero nada por lo que esa cabecita deba preocuparse.

Y además yo creo que ya me estará esperando.

-Hugo... -¿Sí?

-Mi madre está organizándome una fiesta.

Me gustaría que vinieras.

-No sé si podré asistir, además tampoco sería bienvenido.

No sé...

Pero gracias.

¿Sabes una cosa?

Estás muy guapa.

Sigue leyendo, ¿eh?

-Beatriz, ¿qué haces ahí parada?

-Nada.

Estaba hablando con Hugo.

Mamá, estoy muy preocupada.

Se le ve muy triste.

-Anda, no seas melodramática.

-Hablo en serio. Yo creo que se siente solo.

¿Por qué no llamas a la madrina y la invitas a la fiesta?

-Yo no había notado nada raro.

¿Estás segura?

-Sí. No está bien.

Será mejor que llames a la madrina.

-Bueno...

Ya veremos.

-Mamá...

¿Pasa algo?

-No, nada. Estaba pensando en Alejandra.

En su nuevo trabajo.

No me hace gracia que viva sola en Madrid.

-¿Y por qué no le dices que venga a casa?

Al fin y al cabo, hay espacio de sobra, ¿no?

¿Qué, sigues sin noticias?

¿Tú crees que cantará?

-Es un hombre curtido.

-La policía tiene métodos para ese tipo de hombres.

Si ese anarquista te delata,

te acusarán de tráfico de armas y nuestro negocio se irá al garete.

-¿Te crees que no lo sé?

Teléfono

¿Sí? ¿Sí?

Encarna, me tenías en ascuas. ¿Cómo está Ventura?

Quizá pueda hablar con algún compañero de Gobernación.

-Ya has hecho suficiente.

Tienes que descansar.

Al menos dormir un rato.

-¿Qué dijo Victoria Kent?

-Pidió que se retrasara unos años la aprobación,

hasta que la mujer estuviese preparada.

La suerte está echada.

-Tienes razón, la suerte está echada.

Voy a preparar café.

Alejandra...

¿Qué pasa?

No tengo buenas noticias.

Te dije que había un trámite. ¿Qué ha pasado?

El Ministerio tardará un mes en dar el dinero para las semillas.

No puede ser.

Necesitamos las semillas en tres semanas como máximo.

Se lo he explicado al subsecretario y no puede hacer nada.

Hay que ratificarlo, es el proceso.

¡Maldita burocracia!

¿No me puede salir nada bien?

Lo siento, pensé que sería más fácil.

¿Qué ocurre?

Todo está perdido.

(RADIO) "Señores diputados,

lejos yo de censurar y de atacar las opiniones de mi colega,

la señorita Kent,

comprendo, por el contrario, la tortura de su espíritu

al haberse visto hoy en el trance

de negar la capacidad inicial de la mujer".

"Las mujeres".

"¿Cómo puede decirse

que cuando las mujeres den señales de vida por la república,

se les concederá como premio el derecho a votar?".

A tu querida no le será tan fácil sacarte de aquí.

-No conoces a Encarna.

-Y tú tampoco.

-Me han dicho que anda de despacho en despacho dispuesta a todo.

En el fondo la compadezco.

-¡Hijo de puta!

-¿Te has creído que me voy a ensuciar las manos por un miserable como tú?

Yo no me mancho con la basura.

Ya sabes lo que hacer.

(RADIO) "¿No han luchado las mujeres

por la república?".

"No cometáis, señores diputados,

ese error político de gravísimas consecuencias".

"Salváis a la república, ayudáis a la república

atrayéndoos y sumándoos a esa fuerza

que espera ansiosa el momento de su redención".

-¿Eso es todo lo que sabes hacer?

¿Eh?

Llaman a la puerta

161 votos a favor. Hemos ganado, Encarna.

Las mujeres tendréis derecho a votar en este bendito país.

Tendréis derecho.

He de decirle a Jesús lo que ha pasado.

Quizá haya alguna posibilidad. Déjame seguir intentándolo.

No se me ocurre nada más.

Teléfono

¿Sí?

¿Está la conferencia lista?

De acuerdo, pásemela.

Jesús, soy Fernando.

Lo siento.

Te he fallado.

Tengo las semillas, pero no van a llegar a tiempo.

¿Cómo?

No, no, no.

En el Ministerio nos dijeron... ¿En serio?

Pero...

Pero si no las manda el Ministerio, ¿quién las manda?

Está bien, déjalo.

Sí. Llámame mañana en cuanto lleguen las semillas.

Gracias. Gracias, Jesús.

¿Es cosa tuya?

Dijiste que no querías acudir a mí para no involucrarme.

Pero es demasiado tarde. Mercedes...

Ya estoy involucrada.

En eso consiste el matrimonio.

¡Dios!

Alejandra...

¿Podemos hablar?

¿Ocurre algo? Voy a hablar con tu padre.

Esta no es una ciudad segura para una chica sola.

Supongo que no tendrás inconveniente

en venirte a vivir aquí, con nosotros.

¿Aquí? Sí.

Bueno, la casa es grande y...

Se puede ocupar cualquier habitación.

Revoca esa orden.

No puedo hacer eso.

Isabel, ¿por qué no me has avisado de que venías?

-Porque era una sorpresa.

Anda en líos y no quiere decírmelo.

-¿Por qué no iba a querer?

-Pensamos diferente.

La señora me ofreció la habitación de invitados.

Leocadia te adora.

Ya hice lo que me pediste. -Bien.

Lo correcto no siempre es lo mejor. Todo es complicado.

Te comprometiste a no sembrar.

Tu hijo no puede actuar por su cuenta.

Si te pillan cogiendo comida, te despiden.

¡Ventura!

No vuelvas a enfrentarte a tu padre. Somos una familia.

No lo olvides.

El Ministerio no nos dará las semillas.

Alejandra trabaja allí.

¿Necesitan algo? Debemos parar la siembra.

¿Qué, de qué te ríes?

Me gustas más con bigote.

Disparo

Alejandra no debería quedarse.

Alejandra es fuerte. Y estoy yo para cuidar de ella.

Me alegra trabajar para un Gobierno que da oportunidades

y cree en la igualdad.

Aquí no comulgamos con esas ideas.

No quiero que Hugo sospeche nada de esto.

¡Fuera de mi casa!

¡Menuda fiesta de gentuza! ¡Aquí la única gentuza eres tú!

¿A qué has venido a Madrid?

No hay vuelta atrás. -¿Me estás metiendo miedo?

Tu hijo ha conseguido esas malditas semillas.

No te vas a ir. No me lo pongas más difícil.

No porque no quieres irte.

  • Capítulo 3

14 de abril. La República - Capítulo 3

07 feb 2011

Fernando, dispuesto a cumplir su promesa, se enfrenta a su padre, lo que preocupa a Leocadia, angustiada ante la posibilidad de que padre e hijo se enemisten para siempre. Agustín, por otro lado, sigue la búsqueda de Gonzalo de Castro, o mejor dicho, Ramiro Villaseca.

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