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No recomendado para menores de 13 años 14 de abril. La República - Capítulo 2 - Ver ahora
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Subtitulado por Teletexto-iRTVE.

Ha llegado carta de Alejandra.

Dentro de poco, estará de vuelta.

¿Qué ocurre?

-Ha llamado Francisco.

-No habrá crédito.

Tienen el privilegio de entrar en el mayor santuario de Madrid.

No es una iglesia.

El Alemán es el mejor cabaret de Madrid.

Canta

¿Por qué lo rechazaste?

No estaba enamorada de él. ¿Lo estás de mi hijo?

Dan el voto a sus confesores.

-No tiene nada que ver. La república...

-Si la república permite a la mujer votar, ganará la derecha.

-Yo soy mujer y no tengo confesor.

Y votaré a la izquierda porque de ello depende el futuro de este país.

Me caso con Mercedes. Si me acepta.

¿Cómo no te va a aceptar? -Es broma, ¿no?

Vamos a volver a ser tres. ¿Alejandra?

Ha llegado esta mañana. Es su letra.

Seguro que es para decirnos que vuelve.

Papá, por primera vez, puedo ponerme al frente de un problema.

Francisco adora a su hija.

Si entro en su familia, tendremos el crédito.

No me has dicho que la conocías. -No sabía que era tu mujer.

-Te lo advierto, nada de juegos.

-A mí nadie me advierte.

¡Quietos, quietos! ¡Dictadores!

Si habéis venido a quemar la casa, podéis iros. De aquí no me muevo.

Ten a la Guardia Civil prevenida.

Estamos haciendo lo correcto.

¡Venga!

¡No, padre, quítese, padre!

¡Padre! ¿Fernando?

¿No te acuerdas de mí?

Soy Alejandra.

¡Alejandra!

Has vuelto hecha toda una mujer.

Gracias a usted, señora Leocadia.

Lo que buscábamos, hacer de ti una señorita.

Después de lo que han hecho por mí, debía venir a saludarles.

No te lo perdonaría. Espero no haber interrumpido.

No, llegas en el momento perfecto.

Celebramos que Fernando y Mercedes se han comprometido.

Ah.

Felicidades.

Gracias.

Felicidades, me alegro por ti.

Gracias. Muchas gracias, Alejandra.

¿Pasa algo? -Era la finca.

Han cargado contra los jornaleros.

¿Qué? ¿Qué ha pasado?

Querían quemar la casa. -¿Adónde vamos a llegar?

¿Y mi padre y mi hermano? Tu padre ha resultado herido.

Debo irme, lo siento.

Avisaré a Saturnino.

Tranquila.

No habrá sido nada.

-¡Nuestra casa! Pero ¿qué ha ocurrido?

Ya sé que no le da señal, pero siga intentándolo.

Necesito hablar con la finca hoy. ¿Lo entiende?

Sí.

Sí, quedo a la espera.

He pedido que preparen una tila para tu madre, está muy nerviosa.

Bien, muchas gracias.

¿Has sabido algo más? No.

No consigo hablar con Jesús, no hay señal y no me entero.

La rabia y la desesperación no harán

que la centralita consiga antes esa comunicación.

Tu madre está nerviosa y tu padre se ha encerrado en su despacho.

Tú debes mantener la calma que los demás no tienen.

Lo siento.

Tienes razón.

Siento haber perdido los nervios.

Y siento este fiasco de celebración. Todo se ha torcido.

Las celebraciones me dan igual si estoy a tu lado.

Tómese esto. Le irá bien.

Gracias, hijo.

Estoy bien, ¿eh?

Muy bueno.

Bueno.

Voy a casa de Modesto a ver cómo siguen él y su hijo.

No, siéntese y descanse.

Hay que enterarse de cómo están las cosas.

Habrá tiempo mañana. Lo importante es usted.

Bien.

Puerta

Quédese aquí, padre. Sí.

¿Quién es? Jesús, soy yo.

¡Alejandra!

¡Jesús!

No sabía que llegarías tan pronto. ¿Y padre?

Allí.

No se mueva.

Estoy bien.

Cuando nos lo dijeron, casi me muero.

Tranquila, estoy bien, estoy bien.

Mejor desde que estás a mi lado.

Ya estoy aquí, estoy con usted.

¡Otra vez por fin todos juntos!

He intentado ponerme en contacto con Jesús. No hay manera.

He logrado hablar con el cuartelillo.

El sargento tenía órdenes tuyas.

Ya lo has oído.

Querían quemar nuestra casa.

No, los obreros se han levantado tras recibir órdenes de no sembrar.

Explícamelo.

Te juro que no lo entiendo.

Dime que ha habido algún error, que es un malentendido.

O que hemos tenido un problema. Era lo que había que hacer.

Este año no será como todos los años.

Este año no habrá siembra.

¿Qué estás diciendo, papá?

Son nuestras tierras, somos los primeros interesados.

Hay que atacar al gobierno. El gobierno.

Eso es como dispararse en un pie.

Los que salimos perjudicados somos nosotros y nuestros trabajadores.

No meto a Jesús y Antonio en ese saco.

Pero esos anarquistas no se van a quedar parados.

Tenemos que velar por el futuro de este país.

¿Me estás hablando de política?

¡Todo es política!

Tienes que entenderlo.

Antonio está herido.

Y hay más gente como él.

Gente que trabaja para nosotros, con la que tenemos un buen trato.

No me pidas que lo entienda.

Se trata de personas.

¡Se trata de hacer lo correcto!

No habrá siembra.

Y eso provoca altercados, volveré a llamar a la Guardia Civil.

No me quedaré quieto.

No harás nada. Ya lo veremos.

Fernando.

¡Fernando!

-¿Qué es lo que ha pasado?

Tú lo sabías, ¿verdad?

¿Saber, el qué?

Que papá había dado orden de no sembrar las tierras.

Tu padre piensa que es lo que hay que hacer.

Han intentado quemar nuestra casa.

No me dijiste nada.

Pero hijo. ¡Mamá, no! Ahora no.

¿Y tu socio?

-Él está fuera de esto y así debe seguir.

-¿Estás segura?

-Tienes que confiar en mí.

No te queda otra salida.

Es esto lo que buscabas, ¿no?

-¿Cuántas podrías conseguir?

-¿Cuántos seréis?

-Una célula.

No más de cuatro hombres. Mejor tres.

-Podré conseguirte las necesarias más las de repuesto y la munición.

Siempre que el plan siga en marcha.

-¿Crees que montamos esto para echarnos atrás?

-Atentar contra el presidente no es fácil.

-No somos niños. Sabemos a lo que nos enfrentamos.

-Eso espero.

Hace falta dar un paso más.

Algo definitivo, apuntar a lo más alto.

"Se acabó el arengar a jornaleros en los campos".

"O quemar iglesias y emprenderla contra curas y monjas".

"La república se tiene que derrumbar desde lo más alto

para que todo el mundo entienda que solo vale un nuevo orden".

¿Ya estás aquí, mi amor?

-Sí.

Duerme.

Ven.

-"El futuro espera y no podemos quedarnos quietos".

"Ha llegado nuestro momento".

"La revolución cuenta con nosotros".

Canta el gallo

¡Vaya, sí que huele bien!

Siéntate, por favor.

Tus modales y tus ropas han cambiado.

Ya no eres una chica de campo.

No he cambiado tanto.

¿Cómo se ha llegado a esto?

¿Quién les ha metido en la cabeza

que la solución es quemar la casa?

Mientras estabas fuera, las cosas se han complicado.

No es tan sencillo.

Se ha proclamado la república.

Eso significa igualdad, hay reformas.

Que no llegan. Hay que dar tiempo.

Mientras, la CNT y la FAI levantan los ánimos.

Tienen razones.

Nadie habría movido un dedo si don Agustín no les hubiera fallado.

Los señores estaban a favor de estas tierras.

¿De dónde sale lo de no sembrar?

Ni siquiera Fernando me ha dicho nada.

Los señores estaban de celebración.

¿Mientras nos partían el alma?

Celebraban que Fernando se va a casar.

No me hagas reír, hermanita. ¿Casarse?

¿Fernando?

¿Con quién iba a casarse Fernando?

Con Mercedes.

Pensé que lo sabías.

Vamos, Beatriz, es por tu bien.

-¡Puag!

¿Qué está pasando?

¿Por qué han intentado quemar nuestra casa?

-Son cosas que pasa. Todo se arreglará.

-¿Fernando no va a desayunar?

Ha ido a la finca.

-Buenos días.

-Se levantó pronto y me pidió que no les dijera nada.

Quería saber de primera mano cómo estaba Antonio.

-Pero eso puede ser peligroso.

-Debería haber esperado.

Dijo que no le pasaría nada.

¿Y quién se lo asegura?

Hablaré con la finca.

-Saldrá todo bien. Fernando sabe lo que hace.

-Eso espero.

Mercedes, siéntate a la mesa.

Seguro que quieres café. Por supuesto.

Risas

Bueno.

¡Vaya!

Trabajando en tus discursos.

-Queda poco para la votación en el Congreso.

-¿Crees que ganaréis?

-Eso espero.

-Yo también.

-¿No decías que nuestro voto traería problemas?

-Digamos que he empezado a considerar otras opciones.

Por culpa de determinados discursos.

Soy una sentimental.

Las puertas de mi local están abiertas incluso para políticos.

Nos vemos.

-Una mujer fascinante, ¿no cree?

-¿Perdón?

-Amparo Romero, la mujer que se acercó a usted.

-¿Me estaba observando?

-Es mi trabajo. Álvaro Iturmendi, inspector de policía.

Y estoy al tanto de sus avances político, señorita Alcántara.

-Señora, si no le importa.

-¿Sí? Debe disculparme.

Aunque usted no está oficialmente casada.

¿No?

Bueno, sí oficiosamente.

Supongo que es lo mismo.

No se haga una idea equivocada. Estoy aquí

para ofrecerle mis servicios.

Como buen político, seguro que tiene enemigos y le será útil

tener un aliado en la policía. ¿Me comprende?

-Perfectamente.

-Yo tengo contactos.

Sé cosas.

Debo advertirla que ande lo más lejos posible de Amparo Romero.

-No entiendo por qué me dice esto.

-Los periódicos anunciarán su detención y yo seré responsable.

Y usted hará que mi nombre llegue a sus compañeros del partido.

-Ya no cuenta con los contactos del pasado y busca nuevas alianzas.

-Como cualquier persona en tiempos inciertos.

A usted misma le convendría tener un policía amigo que le esté agradecido.

Sobre todo, teniendo en cuenta a su pareja.

Puerta

¿Sí?

Alejandra, abre, soy yo, Fernando.

¿Qué tal? ¿Cómo está Antonio?

Se encuentra bien. Algo magullado, pero nada más. Pasa.

Gracias.

¿Cómo estás?

¿Qué ha pasado, Jesús? ¿Por qué tu padre dio esa orden?

Les aseguré que eso no podía ser verdad.

Yo no sabía nada.

Mi padre tomó la decisión y no me la comunicó.

Nos pusimos delante de la casa para defenderla.

La guardia civil cargó contra nosotros y traían órdenes de Madrid.

¿Crees que lo sabía?

Ese es el problema, que no lo sabías.

Escúchame. Por eso estoy aquí.

Para intentar solucionar esto.

¡No me hagas reír, hombre!

¿Nunca has querido atender estos asuntos y ahora sí?

Lo sé. Solo necesito que confíes en mí.

He comprometido mucho por tu familia.

Estamos en medio. Saldremos mal.

Jesús. ¿Qué forma es esa de hablar al señorito?

No le haga usted caso.

Hicimos lo que teníamos que hacer.

No se lo tenga usted en cuenta.

Sabes que no. ¿Cómo te encuentras?

Bien, no se preocupe, no ha sido nada.

Llevamos desde ayer intentando hablar y no hay manera.

Ya sé que usted no tiene la culpa, déjelo.

¡Maldita sea!

Pasa, Mercedes.

¿No hay noticias de Fernando?

No logro hablar con la casa. El teléfono no va.

Leocadia está muy preocupada.

Leocadia es fuerte.

Pero es su hijo, es la casa, son sus tierras..

Todo eso la altera mucho.

Y es importante para Fernando.

Mi hijo se equivoca si piensa que hay otra salida.

¿Te refieres a la decisión de no sembrar?

Mi padre me lo contó.

Y tú se lo contaste a Fernando.

No hizo falta.

Se enteró por sus propios medios. No era algo que pudiera esconderse.

Pero sí una decisión que nos trae quebraderos de cabeza.

Él busca lo mejor para todos.

Pero somos una familia.

Una familia con un apellido y una posición que mantener.

Es lo que traté de explicarle.

Mis decisiones deben ser consecuentes con lo que somos.

Y también las suyas. Él es un De la Torre.

Y vuestros hijos

también lo serán.

Trataré de convencerle de que tu decisión es la mejor para nosotros.

Gracias, Mercedes.

Ahora sí que podemos contar contigo.

Esta familia siempre contará conmigo, Agustín. No lo dudes.

Señora.

¿Sabe si el señor quiere que recibamos a los candidatos

y los pasemos a su despacho o prefiere verlos en el salón?

-¿Candidatos?

-El señor está buscando un pasante para su despacho.

-Eso pregúnteselo al señor, María del Pilar.

Yo no tengo cabeza para esto.

Date prisa.

-Faltan tres botes de morfina.

-Los intermediarios se quedan cosas.

Hasta el más leal contaría lo que no nos interesa.

-Nadie se la juega por nada.

-¿Me cuentas de una vez qué te pasa?

-Que todo está revuelto, Amparo.

Hay nuevo padrinos y ya no conocemos a nadie.

-No nos ha ido tan mal.

-Conseguiste El Alemán por los militares y ya no hay.

-Hay republicanos. -Nos joderán bien.

-¿Paco el Rubio, miedo?

-A mí no me hace gracia.

He puesto mi vida en este local y no lo pederé.

-¿Cuándo te he fallado yo a ti, Paco?

Te recogí cuando estabas más muerto que vivo

y te hice mi socio.

Sabía que contigo llegaría lejos.

Cálmate, que no va a pasar nada, ¿me has oído?

Quédate con estas y tendrás a la corista que más te guste en tu cama.

Llévate la caja de Brandy y mézclalas con las botellas de siempre.

¿Ventura? -Sí.

-Ah, estás aquí, menos mal.

-¿Por qué? ¿Pasa algo?

-¿Estás en algún lío?

-¿Por qué me preguntas esto?

-Algo por lo que la policía te siga.

-Cuéntame qué ha pasado.

-Un policía se acercó a mí en el café.

-Ajá.

-Un tipo despreciable.

Creo que andaba buscando contactos políticos.

Me dijo que tuviera cuidado.

-¿Cuidado con qué? -Con acercarme a Amparo Romero.

Dijo que acabaría en la cárcel con su socio y me habló de ti.

-¿De mí? -Sí.

Ventura,

si andas metido en algo, por favor, dímelo.

-Ese hombre quiere meterte el miedo en el cuerpo,

pero solo eso.

Es un policía corrupto que diría cualquier cosa para sacar tajada.

Nada más.

-Es verdad, tienes razón.

Es que consiguió ponerme nerviosa.

(SUSPIRA) Ay.

A veces tengo miedo.

Es por culpa de esos radicales de derecha.

El otro día detuvieron a uno y llevaba una pistola.

Y ahora mismo,

acabo de ver unos carteles pintados con amenazas.

-¿Hice bien dejando al niño a Vicenta?

-Ajá.

Vamos, vamos.

No tienes de qué preocuparte.

Es mejor que se marche, señorito, las cosas no están bien.

He venido para hablar con ellos.

No querrán con lo que pasó. Por eso.

Es mejor que Fernando hable con ellos.

O pensarán que son culpables.

Puede ser peligroso. -¡Antonio!

¡Venimos a ver

al señorito!

Antonio. -¿Qué es lo que quiere el señorito?

Hablar con vosotros y aclarar lo que pasó ayer.

-Lo que pasó está muy claro.

Estoy con estas tierras y con los que la trabajan.

De vuestro lado. No quien no siembra.

-De nuestro lado no está el que hace esto a nuestros hijos.

Lo siento. Yo no di esa orden.

Habrá una reunión, hablaré con todos y llegaremos a un acuerdo.

Usted no toma decisiones, señorito.

No le creerán. -Le advertimos.

No nos quedaremos quietos. -Es mi casa.

Tranquilo, Antonio.

Aquí no va a pasar nada, ¿verdad?

¿Pasante? ¿Qué es?

-Dios mío. Casi me abraso.

Un ayudante que se pasa el día con los papeles del señor.

Ah, por cierto.

Ha dicho que los recibamos y los pasemos a su despacho.

-Pero ¿son abogados?

-Es lo que quieren ser.

Están recién salidos de la Universidad.

A lo mejor tenemos suerte.

-¿Qué quieres decir?

-Soltero, con carrera y educado, pues suma tú misma.

-¿No querías casarte en tu pueblo?

-Es una idea. Pero si es buen partido, hay que considerarlo.

Y el señor se quedará con los que mejor facha tengan.

¡Vaya!

-¿Qué?

-¿Sabes lo que es esto?

Una invitación

para la señorita Beatriz.

-¿Para qué?

-Para una merienda, una fiesta,

una puesta de largo.

¡Qué más da!

Es la primera.

Y tú, como eres su doncella, se la vas a llevar en mano.

Verás qué ilusión le hace.

A ver si empieza a respirar bien y se nos espabila.

"Mi querido teniente coronel: estoy con usted".

"La República atenta contra la santa Iglesia católica,

los intereses de los propietarios

y contra nuestras instituciones militares,

pilares del orden en este país".

"No podemos permitirlo".

"Es tiempo de levantar nuestra fuerza contra el nuevo gobierno".

-¡Jiménez!

¡Jiménez!

Prepare mi coche.

-¿Se encuentra bien? -Sí, sí.

Prepare mi coche.

Puerta

Desesperarse no conduce a nada.

-Fernando, nuestro hijo, está en la finca.

Y los jornaleros casi queman nuestra casa.

Tengo derecho a preocuparme por él.

-He intentado hablar con Antonio, pero nada.

Con el cuartel he hablado.

Saben que Fernando está ahí, por si pasara algo.

-Dime que no nos hemos equivocado, que no sembrar no ha sido un error.

-Comienzo a estar harto de que todos me cuestionéis.

-Pero Fernando no lo ve como tú y esta familia tiene que estar unida.

Y si hace falta, renunciaremos a las ideas.

-¿Y vas a renunciar a lo que significa tu apellido?

Mi decisión no es un capricho de mis ideas.

Tiene que ver con tu apellido y tu dichoso linaje.

-Que nos lo ha dado todo.

-Está bien, tranquilicémonos.

Además, Mercedes me ha prometido que hablará con Fernando.

Y tratará de hacerle entrar en razón.

-Es la segunda vez que los León vienen a solucionarnos los problemas.

Como si no pudiéramos decidir sin ellos.

-Eso querías.

Que Fernando pensara como yo en este asunto y la familia estuviera unida.

-Sí, pero no por otros.

Nuestros problemas los soluciona nuestra familia.

-Leocadia,

no sé qué esperas de mí.

Mire lo que ha llegado. Una invitación para una fiesta.

-Ludi, tienes que ayudarme.

-¿Qué pasa? -Necesito los aerosoles.

-Aviso a su madre. -¡No!

Ludi, tráeme los aerosoles, por favor.

-Tranquila.

Acuéstese, que no tardo ni un minuto.

Descanse.

Tose

Ya sabía que te conocía de algo.

De la fiesta del cumpleaños del general.

No me he olvidado de ti.

-¡Qué tiempos aquellos!

Al general le gustaba mi voz.

Le gustaba mucho.

No solo mi voz, sino mi compañía.

Hice de intérprete con el embajador alemán

y me regaló un broche de oro.

Era un hombre muy generoso.

-Sobre todo, con las mujeres bonitas.

-Me lo tomaré como un cumplido, teniente coronel.

-Todos vivíamos mucho mejor entonces.

La falta de orden que se respira hoy día es intolerable.

Una infección que alguien debería parar.

-¿Se encuentra bien?

-Sí. Una vieja herida que me acompaña siempre.

-¿Un amante fiel?

-Y perversa.

-Si me disculpan, debo cambiarme para mi actuación.

No quiero que digan que les aburrí con mi conversación y no con mi voz.

-Por favor.

-Teniente coronel. -Señorita.

¿Qué pasa?

-Te esperan.

-Ese teniente coronel...

Mándales una botella, que se les suelta la lengua.

Quiero saber lo que traman y, sobre todo, él.

-¿Por qué piensas que traman algo?

-No vienen ni por las chicas ni por la bebida. Hablan de política.

Traman algo.

-Tienes un problema.

Tenemos un problema.

Tu habitación está preparada.

Pero hace mucho frío.

No te preocupes.

Te he puesto más mantas en la cama.

No puedo irme.

Ahora no.

Lo sé.

Pero ve con cuidado. Los ánimos están alterados.

¿Tú también crees que debí estar más presente?

Yo no soy mi hermano.

Pero sí.

Sí que lo pienso.

¿Cómo no pensarlo? Siempre has dejado claro qué te preocupa.

Todos tenemos derecho a cambiar, ¿no?

Nadie cambia de un día para otro.

No me crees.

¿Te extraña que no te crea o que no lo haga mi hermano?

¿Que no crea nadie?

Un converso no puede ganarse a sus fieles de un día para otro.

Todo esto me preocupa.

Os demostraré que estoy comprometido a tu hermano y a ti.

Por el bien de todos, espero que lo que dices sea cierto.

Tenías razón. No eres como tu hermano.

Eres mucho peor.

No te haces una idea.

Buenas noches,

señorito.

Buenas noches.

Señora, iba a llevarle comida como usted me dijo.

-Deja, ya me encargo yo misma.

Puedes irte.

Debes comer algo.

-No tengo hambre.

¿Sabéis algo de Fernando?

-No, pero no tienes que estar nerviosa por eso.

Sabes que te afecta demasiado.

Has recibido tu primera invitación.

¿No estás contenta?

-No podré ir a fiestas.

Nunca seré normal.

-Beatriz, no digas eso.

-Estoy harta de ser una enferma.

A veces me gustaría que todo acabara.

Así descansaría.

Y vosotros también.

-¡Eso no lo digas nunca!, ¿me oyes? ¡Nunca!

Eres mi hija y por ti daría mi vida.

-Pero yo no quiero tu vida, mamá. Yo quiero la mía.

-Vamos.

Vamos.

Todo va a pasar.

Tranquila.

Tranquila, mi amor.

Lo siento, señor. Creí que estaba en la habitación.

-Ahora iba.

Deja, ya apago yo.

-¿Quiere darnos instrucciones para recibir a los candidatos?

-Que esperen hasta que yo dé aviso.

-Muy bien.

Buenas noches.

-María del Pilar.

-¿Sí?

-¿Crees que soy un buen señor?

-Claro, señor.

-Gracias.

Puedes retirarte.

Lleva mucho esperando. Le traigo café.

-¿Lleva tanto el señor con un candidato?

-Tiene una visita. Cuando termine, le atenderá.

Tenga paciencia.

-Sí, por supuesto.

Pero antes que yo han venido otros, ¿no?

-Pues sí.

-Y según su criterio, ¿qué tal ha ido?

-Pues

verá usted.

A don Agustín no le ha gustado ninguno.

-¿No? ¿Y eso por qué?

-Porque tres eran muy ligeros, poco acostumbrados al trabaja duro.

Y el señor quiere un buen trabajador. -Ajá. ¿Y los otros tres?

-Estaban casados.

Y don Agustín no quiere un casado.

Eso roba dedicación al trabajo.

-Claro, claro, claro está.

¡Aaa! -¡Ay!

¡Perdone! ¿Le he quemado? -No se preocupe.

No se preocupe.

-¡Cómo le he puesto!

¿Sanjurjo? ¿Está seguro?

-El general ha mostrado su disposición.

-No es la primera vez que lo intenta.

Ha participado en más de un levantamiento.

-¿Cuál es el problema?

-Escúchame, Hugo. Lo que pretendéis hacer es muy noble.

Y hasta lógico si me apuras.

Pero hay que planificarlo.

Y, sobre todo, contar con gente adecuada para realizarlo.

-¿El general no sirve?

-¿Sanjurjo? No. Nunca podría liderar esta empresa.

-Tiene honor y cree en lo que defiende.

-Es un loco que cree en causas justas.

Pero un loco al fin y al cabo.

Y ningún loco en la historia ha logrado nada de lo que ha emprendido.

-Algo hay que hacer. -Claro, Hugo.

Pero no con Sanjurjo a la cabeza.

-Yo le buscaré apoyos.

-Pues procura que uno de esos apoyos le quite el puesto a Sanjurjo.

Necesito pedirte un favor, por eso te llamé.

-Tú dirás.

-Llama a los registros militares.

-Pero ¿qué es exactamente lo que buscas?

-Una cartilla militar.

-¿A nombre de quién?

-Gonzalo López.

Sí.

El mismo que tú conociste.

-Creo que ese no era su nombre real.

-Eso tratamos de aclarar.

-¿Quién te ha contratado? ¿Alonso?

-No puedo decírtelo.

Pero mi cliente desea que el peso de la justicia caiga sobre ese hombre.

-Está bien.

Daré con esa carilla militar.

Pero prométeme, Agustín, que serás implacable con él.

-Descuida.

¡Cómo le he puesto! Lo siento mucho.

-Si lo tapo así...

¿Qué hago ahora? Don Agustín me verá así y me descartará.

-No se ponga en lo peor. Se fijará en su experiencia.

-Sí, seguro.

-Lo siento mucho.

-¿Qué hace este aquí?

¡Con lo que le importa al señor esto! ¿No aparecerá así?

-Listo, mejor me marcho.

-Le he derramado todo el café por encima.

-No hace falta que lo jures.

-Y perderá el trabajo por mí.

¿Cómo me pasa esto?

-Bueno, mujer, tranquilízate. Pensemos algo.

Y rápido.

Llanto

¿Por qué estropear una cara bonita con esas lágrimas?

Ten, ponle remedio.

¿Mejor?

Y ahora

creo que

debe usted saber una cosa, señorita.

No pienso moverme hasta que me cuentes por qué lloras.

Es mejor que no vaya, señorito.

Tengo que ir, Antonio.

Entonces, lleve esto con usted.

No puedo convencerles con una escopeta en la mano.

Pero muchas gracias.

¿Un traje del señor? Pero se dará cuenta.

-Hay que coger uno del fondo del armario.

Lleva mucho sin ponérselo. No lo notará.

-¡Ay, madre mía!

(SUSURRA) La señora.

-Entra y cógelo.

Yo la entretengo.

-¿Y si me pilla? -No lo hará. Cógelo.

El del fondo, acuérdate.

Señora.

¿Puede ir a ver si está todo correcto para la comida?

-Ahora voy. Voy a coger mis pendientes.

-Es que no sabe la que hay liada.

-Cojo los pendientes y bajo. -No hace falta.

Dígamelo a mí.

¿Que si quiere coliflor o repollo?

-¿Quién ha comprado repollo?

Odiamos el repollo.

-Sí.

Yo ya lo sabía.

Pues coliflor.

-Eso es.

Dije coliflor.

No sé dónde está el secreto.

-¿Seguro que es este?

-Sí, venga, llévaselo a ese.

Habíamos sido sitiados.

Los soldados caían como moscas.

Solo nos quedaba la retirada.

Poco honroso, pero el único camino que podíamos tomar.

-¿Entonces?

-Corría junto a mi amigo el capitán Alcázar cuando estalló esa granada.

Explosión

"Noté el dolor

en la pierna".

"Como si hubiera reventado".

"Las granadas seguían explotando a nuestro lado".

Explosión

"Pedí a Fernando que se fuera de allí".

"Que se salvara".

"Pero no lo hizo".

"Me dijo que no se iría sin mí".

"Me cogió en sus hombros y me sacó de aquel infierno".

-Tu amigo te salvó la vida.

-Sí, me salvó.

Pero también me condenó.

A sufrir un dolor de por vida.

Y a no poder llevar una vida normal.

Pero también me enseñó

que el dolor nos hace ver las cosas más claras.

Y a distinguir con mayor facilidad lo verdaderamente importante.

Ese baile o todas las fiestas a las que no podrás ir

no son importantes.

Porque lo verdaderamente importante, Beatriz, eres tú.

Muchachos.

Pensábamos que se habría ido, señorito.

Escuchadme bien.

Os aseguro que lo del otro día fue un error.

Un desgraciado error.

Os juro que mi padre no sabía nada.

En Madrid solo recibimos la noticia de que intentaban quemar la casa.

¿Vosotros no defenderíais lo vuestro?

-Defendemos nuestro trabajo.

-Y si hay que incendiar su casa, lo haremos.

Me conocéis bien.

Yo también me he criado aquí y aquí vengo cada vez que puedo.

-Sí, señorito, claro que le conocemos.

Os aseguro que no pararé hasta ver sembradas las tierras

y asegurado vuestro trabajo.

-Así que tú eres el señorito.

Y tú el que les dio la idea de quemar mi casa.

No deberías prometer cosas que no vas a cumplir, señorito.

¿Me estás llamando mentiroso?

¡Señorita Mercedes!

Hola, Antonio. Busco al señorito Fernando.

No está aquí.

¿Está en la casa?

No, verá usted...

Salió a los campos. Tenía cosas que hacer.

Iré a buscarlo.

No, no, no.

Es mejor que no. No es seguro.

Su coche llamaría la atención por esos caminos.

No está la cosa como para tentar a la suerte.

Entiendo.

Si no tiene inconveniente, puede quedarse aquí a esperar al señorito.

Cuando termine,

volverá aquí.

Tú no trabajas las tierras.

No puedes decidir por nosotros.

Ya lo habéis oído.

Tenéis dos opciones.

Confiar en un desconocido que os aconseja mal

o confiar en Fernando, al que ya conocéis.

Sabéis que bebe y habla demasiado, pero uno puede fiarse de él.

Cuando da su palabra, llega al final para cumplirla.

Y pocos pueden decir lo mismo.

¿Qué decís?

Si no sembramos en tres semanas, no servirá de nada.

Tiene tres semanas, señorito.

-¡Esperad! ¡Os estáis equivocando!

Es un error.

Te equivocas.

Vivirás lo suficiente para ver cómo tu amigo te traiciona.

Ya lo verás.

Gracias.

Llevo media vida salvándote el culo.

La costumbre no se pierde de repente.

Gracias.

Espero que lo cumplas o nos la jugamos.

Tengo tres semanas para conseguir las semillas.

Tres semanas.

Yo ahora me voy con esos.

Deben olvidar el discurso del de la chaqueta de cuero.

Venga, vamos, vamos.

-Sí, ya voy. ¿De quién es el trajo?

-De don Agustín. -¿Qué?

¿Y si lo reconoce? -Descuide.

Tiene muchos. Este lo tenía descartado.

-Esto va de mal en peor, de mal en peor.

-Mire.

Su corbata está bien.

-Con el lío que llevo, la acabaré metiendo en una guillotina de papel.

-No se preocupe. Tranquilo.

-Yo estoy tranquilo.

Yo estoy tranquilo.

-Déjeme ayudarle. -Sí.

¿Qué?

¿Cómo va? -Pues...

Perfecto.

-Perfecto.

-Perfecto.

-El día perfecto.

-Vamos, el señor le espera.

Llaman a la puerta

Adelante.

-Señor, el siguiente candidato.

-Ah, sí.

Buenas.

-Señor De la Torre, Rafael de Mesa.

Encantado.

-Lleva un bonito traje. Eso está bien, las formas son importantes.

-Sí, señor.

-Pero siéntese.

Eso es todo, Ludi.

Puedes retirarte. -Sí, señor.

Tenías razón.

No se puede pretender ganar la confianza en un día.

Ellos te la han dado. Son generosos.

Ahora demuestra que es cierto.

Lo haré.

Estas tierras van a sembrarse, Alejandra, descuida.

Tú también tenías razón con eso de que la gente puede cambiar.

Según Jesús, el Fernando de siempre jamás pasaría por el altar.

Y te has comprometido.

Sí.

Estoy sentando la cabeza.

Ya era hora, señorito.

¿La quieres?

¿Te has puesto de acuerdo con mi madre para hacerme esa pregunta?

Sí, la quiero.

¿Y sabes qué?

Estoy harto de andar.

Venga, sube.

Nos caeremos. No seas cobarde.

No soy cobarde, pero el camino es difícil. Nos caeremos.

Hasta luego.

Fernando. ¡Fernando!

Serás...

¿Decías?

Nada bonito.

Venga, sube.

¡Mira que eres pesado!

Venga, sube.

Cuidado, ¿eh? Sí.

Mucho cuidado.

Tranquila.

Fernando. ¿Qué?

¡Cuidado, cuidado, cuidado!

¡No, cuidado!

Risas

¡Cuidado, cuidado!

¡Aaa!

¡Mercedes!

Hola, Jesús.

¿Qué haces aquí?

He venido a buscar a Fernando. Tu padre me ha aconsejado esperar aquí.

Supongo que no tardará.

¿No habrá peligro para él?

Si lo hubiera, ¿estaría yo aquí? Sabes que nunca le dejo solo.

Eso es verdad.

Supongo que debo felicitarte.

Nos vamos a casar.

¿Te lo puedes creer?

Me alegro mucho por ti, Mercedes.

Gracias, Jesús.

¡Gracias!

¡Ay!

¿Ya has llegado, Jesús?

¿Y el señorito Fernando?

Me adelanté. No tardará.

Bueno, pues eso espero.

La señorita Mercedes lleva un rato aquí.

Fernando, las ovejas.

¡Las ovejas, para!

¡Para!

¡Nos vamos a caer!

¡Para!

Muchas gracias. -De nada, hombre, de nada.

-Gracias a vosotras, he conseguido el puesto.

-De usted es el mérito.

-He hecho lo que he pedido. -Tiene matrículas de honor.

-Tampoco es para tanto.

En fin, señoras...

Tengo mucho que hacer.

Debo buscar habitación en la pensión.

-Pues dese prisa o le confundirán con un golfo que vive más de noche.

-¿A mí? -Sí.

-No haga usted caso, Rafael, y marche ya, que bastante ha tenido hoy.

Mañana, a primera hora.

Ya sabe, sea puntual.

Y yo le limpiaré el traje.

-Gracias, señorita Luz Divina. -De nada.

-Buenas noches.

¿Qué ha dicho?

¿Luz Divina o luz de mi vida?

-Anda, deja ya tus bromas.

-No haga caso, Rafael. Mañana le esperamos a primera hora.

Yo le limpiaré el traje. -¿Qué?

-Que te hace tilín el pasantillo eso.

¡Hija, qué rapidez!

Visto y no visto.

-Tengo mucho que hacer

como para escucharte.

-Al menos, dime qué le ves. Yo no le encuentro la gracia.

Le falta un hervor.

Risas

Me ha encantado. No iba ahí desde niño.

Ha sido muy mala idea. ¿Por qué?

Porque sí. Ha sido maravilloso.

¡Mercedes!

¿Qué haces tú aquí?

Estaba preocupada.

En tu casa no sabían nada y no pude aguantar.

Tu madre estaba asustada.

No tiene por qué. He hecho lo que venía a hacer.

Pues te espero en el coche.

Antonio.

¿Señorita?

Gracias.

Jesús, espero verte pronto.

Adiós, Mercedes.

Alejandra.

Adiós.

Antonio, gracias por todo.

Bien está lo que bien acaba. Que así sea.

Descuida. Haré todo lo que esté en mi mano.

Jesús.

Recuerda lo que les has prometido.

No les falles.

Descuida.

Alejandra.

Puerta

Espero que tenga razón.

Tengo algo de hambre. ¿Vosotros no?

Yo preparo algo, padre.

¿Crees que la quiere?

No lo sé.

Quiero un hombre que me quite el sentido.

No quiero amores para toda la vida.

Prefiero un mozo que me dé alegría.

¡Guapa!

-¡Si te pillo...!

-¡A ver, por favor!

Vamos desalojando el local.

Venga.

Venid vosotros. -Esperad aquí.

-Vamos. -Venga, moveos.

Buenas noches.

-Para unos más que para otros.

Ha echado a la clientela.

Y hoy era noche de caja.

-¿Ud. nos va a pagar las cuentas?

-Registradlo todo.

Estás radiante con ese vestido.

-Me lo pondré para la fiesta.

-Y serás la envidia de medio Madrid.

-Mamá.

Perdón por lo que te dije.

-Beatriz, hija, te quiero por encima de todas las cosas.

Y no soporto verte sufrir.

Yo estaré a tu lado siempre.

Me siento orgullosa de ti.

De cómo te levantas cada mañana y enfrentas un nuevo día.

Estaré a tu lado siempre.

Eso es lo que tiene que hacer una madre.

La sangre que corre por nuestras venas hace que sigamos luchando

pase lo que pase, hija.

Vamos.

¿Me tomáis por imbécil?

-Le dije que no encontraría contrabando.

-Está aquí. Lo sé.

-Inspector.

-Un lugar muy extraño para dejar los zapatos, ¿no?

-España está llena de ladrones y maleantes.

Tengo mis cosas a buen recaudo.

-¡Mientes!

Engañarás a muchos.

Pero, te lo advierto, yo sé de qué pie cojeas y te pillaré.

Vámonos.

No me gusta viajar de noche.

No tengas miedo.

No tengo miedo.

Llaman a la puerta

Llaman a la puerta

¿Quién es?

¿Quién es?

¿Ventura?

-¡Cállate!

¿Qué te creías?

¿Que ibas a ir a cantar a esa zorra y yo me iba a quedar quieto?

-No acepto chantajes.

-Me parece muy bonito.

Nos ha salido digna la roja. Vamos a ver hasta dónde llega tu valor.

-¡No, no! -¡Cállate!

-¡Déjame! -¡Hija de puta, cállate!

-Suéltala o te mato.

Estás con los anarquistas y ellos defienden la violencia.

¿Y tú, Ventura?

-Llevo pistola por precaución.

Tu república tendrá buena intención, pero la realidad es otra distinta.

Y tú no quieres verlo, Encarna.

¡No me toque!

Dispara

¿Te lo advertí? ¿Es eso, tu maldito orgullo?

No admites que te equivocas

y en tu equivocación nos arrastras a todos.

No estoy equivocado.

Hago lo correcto. No lo haces.

No tienen pruebas, pero hay que tener cuidado y lo sabes.

-¿Qué hacemos con la mercancía?

-La recogeremos cuando las cosas se calmen.

¿Y qué vais a hacer?

¿Dejar de hablaros?

¿Destrozar esta familia por vuestro orgullo?

Mi tutor del internado de París me consiguió un contacto.

El Ministerio de Fomento.

Me ofrecen trabajo.

Empezaría en unos días.

Si Iturmendi te relaciona conmigo, la misión fracasará.

-No, no creo que sospeche.

-Nunca menosprecies a tu enemigo.

Tú mejor que nadie deberías saberlo.

Prométeme que encontrarás las pruebas que lo inculpen.

-Quizá la clave está no en demostrar lo que no es,

sino quién es Ramiro Villaseca.

Alejandra intentará que el ministerio nos dé semillas.

Siempre trabajando sin descanso.

¿Pasa algo? -Es Ventura.

Le han detenido. Lo oí decir en El Alemán.

¡Mírame!

  • Capítulo 2

14 de abril. La República - Capítulo 2

31 ene 2011

Alejandra acaba de encontrarse con la sorpresa de que Fernando se casa cuando llegan noticias de que en la finca se ha producido una revuelta. Los jornaleros están muy nerviosos y el hecho de que los de la Torre hayan decidido no plantar la cosecha puede acabar en tragedia.

 

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