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No recomendado para menores de 12 años 14 de abril. La República - Capítulo 1 - Ver ahora
Transcripción completa

Subtitulado por Teletexto-iRTVE.

Justo Herranz.

-Manuel Suárez Fernández.

Las ciudades son republicanas. -Entonces...

-Lo hemos conseguido. La república es un hecho.

Alcalá Zamora exige al rey que deje el país.

Ya es oficial, señores. Estamos en una república.

El hombre que vive en el palacio de Castro

y que ha usurpado tu título tampoco se llama Gonzalo.

No podía ni imaginar

que detrás de su pasado se escondía un impostor

cuyo verdadero nombre es Ramiro Villaseca.

¡Maldita zorra!

-¡Suéltame, Ramiro!

Ramiro Villaseca.

El conde de Villahermosa tenía razones más que suficientes

para desenmascarar al impostor que le usurpó su apellido y su casa.

¿No crees? -Pero...

De momento tengo que anunciarles que he firmado una orden de arresto.

Una orden contra el marqués de Castro.

Adiós, Gonzalo.

Adiós para siempre.

¿Y si todo sale mal, Vicenta?

-Tranquila.

Todo irá bien.

Ya lo verás.

¿Y tu amigo Fernando?

¿Sabes cuáles son sus planes ahora que será destituido del cargo?

-No.

Y no he vuelto a saber más de él.

-El otro día vino a despedirse, se marcha a Madrid.

Podemos elegir y votar, como vosotros.

-Y el amor libre. -¡Y dale!

No para, ¿eh? -Si es libre,

alguna oportunidad más tendré.

¡Viva la república, compañera!

¡Viva la república!

(TODOS) ¡Viva!

¡Viva la república!

(TODOS) ¡Viva!

¡Viva la república!

(TODOS) ¡Viva!

"Ni siquiera se llama Gonzalo. En él se escondía un impostor".

-"No es ese su nombre".

-"Su verdadero nombre es Ramiro Villaseca".

-"¿Vas a detener a Gonzalo?".

-"Ramiro Villaseca".

"A partir de ese momento pasó a llamarse Gonzalo".

"Gonzalo López".

"Unos años después se casaba con Irene".

"De ella heredó el título de marqués de Castro".

-Ábranlo.

Llama al timbre

Buenas tardes.

-Buenas.

-Soy Ludi, la nueva.

-¡Dios mío! ¿Y entras por la puerta principal?

Ven conmigo.

La señora te esperaba esta mañana. ¿Dónde estabas?

-El tren se averió... -Lo importante es que estás aquí.

-¿Pasa algo?

-Es el cumpleaños de la señorita Beatriz.

Van a llegar los invitados y todo debe estar como a la señora le gusta.

Prefiere que los invitados cojan su copa y nosotros les sirvamos.

Ya te enterarás de sus gustos.

-¿Voy a verla? Tendré que presentarme.

-Ya habrá tiempo de presentaciones.

Tu habitación está junto a la mía.

Nos levantamos a las 6.00.

Tendrás que estar pendiente de la señorita siempre.

¿Tienes el sueño duro?

-No, me despierto con facilidad. -Mejor.

Tu habitación.

Tus uniformes. Eran de la anterior doncella.

Tenía mucho más que tú, pero con unas pinzas lo arreglamos.

Timbre

Los de la pastelería. Ponte el uniforme de gala.

Ahora te veo. -¿Siempre es así?

-Esto es Madrid, el que no corre vuela.

Bienvenida.

Llaman a la puerta

Ya están aquí.

-Francisco, Mercedes,

bienvenidos.

Leocadia, Agustín. -Perdonad el retraso.

Las reuniones en el Banco Central no parecen tener final.

Así es el futuro.

-Todo es complicado ahora. Al menos alguien saca adelante el país.

-No hablaré de política en el cumpleaños de mi hija.

Beatriz, felicidades.

-Gracias.

Ya eres toda una mujer.

Mamá no está tan segura.

-Son solo 17 años. Suficientes para lucir mi regalo.

-¿Qué es, Mercedes?

Algo que te va a gustar.

Mejor vayamos a tu habitación.

-Siendo de Mercedes, será sorprendente y caro.

-De un gusto exquisito, seguro.

Y ahora debo seguir atendiendo a los invitados.

-Por supuesto.

-Los León no podían faltar.

-Agustín tiene buen trato con Francisco.

-¿Quién lo ha puesto en duda, hija mía?

-Voy a ver cómo está la tarta.

¡Mercedes, es una maravilla!

Justo lo que quería.

Muchas gracias. Estás muy guapa.

Pronto tendrás más de un enamorado rondándote.

Mi madre los espantará a todos. Para ella siempre seré una niña.

Tu madre se desvive por ti.

Ella pensaba que jamás cumpliría los 17 y por eso me protege.

A veces es demasiado, me siento como en una cárcel.

Ya no eres una niña. Debes entenderlo mejor que nadie.

Sí, lo entiendo.

Pero Fernando también se preocupa por mí y no es como ella.

Es tu hermano, no tu madre.

¿Sigues sin decirle nada?

No hay nada que decir.

¿Te vas a dar por vencida?

Fernando y yo somos amigos desde siempre.

Pero tú lo quieres y eres perfecta para él.

Eso no importa. ¿Cómo no va a importar?

¡No importa porque él no me quiere a mí!

No lucharé contra lo que no se puede vencer.

¿Cómo puedes decir eso?

A veces los sueños se cumplen.

Pero hay que luchar.

Siempre.

Hasta el final.

¿No es eso lo que me decís todos?

Tienes razón.

Hay que luchar por lo que se quiere.

¡Mamá, no empieces!

-Está guapa la señorita, ¿verdad?

¿Y a ti qué te pasa?

-Me ha recordado a una fiesta de hace varios años.

La señora había vuelto de Madrid y también estaba muy guapa.

-El vestido es precioso, Mercedes.

Un poco atrevido para mi gusto, pero precioso.

Gracias. Lástima que Fernando no haya llegado a tiempo para verlo.

Sí, lástima. Hubiera sido muy de su agrado.

Pero Fernando es así.

A partir de cierta hora es difícil contar con él.

Debería estar en el cumpleaños de su hermana.

Sí, es muy importante para Beatriz.

Bueno, pero tranquila.

Él sabrá cómo resolverlo.

Traerá unas flores, la acariciará y después todo habrá quedado atrás.

Conoces a mi hijo mejor que yo.

Al que tampoco veo es a mi padre.

Creo que está con Agustín en el despacho.

Ya sabes cómo son los hombres, han de hablar de sus cosas.

Y les dije que nada de política.

No puedo ignorar lo que está pasando.

Ni tú ni yo ni nadie de bien.

-Tú debes velar por tus intereses, Agustín.

Esas tierras os han dado rentas durante generaciones.

-¿Crees que no lo sé?

Pero ahora todo ha cambiado.

Estoy comprometido, Paco.

Políticamente comprometido.

-Pero sin poner en peligro vuestro patrimonio.

-Esos partidos de izquierda, esos socialistas,

nos van a quitar lo que es nuestro.

Llevarán al país a la ruina.

Y tenemos que impedirlo.

Si no hubiéramos sido tan confiados...

-En el nuevo gobierno hay ministros conservadores.

Y conoces algunos.

-Maura, la vergüenza de su hermano.

-Sin embargo, algunas medidas,

como devaluar nuestra moneda en el exterior,

no dan los resultados previstos.

-Algo tendremos que hacer.

No podemos quedarnos esperando

a que los anarquistas vengan a nuestras casas a quitarnos

lo que nos ha costado años conseguir.

-Entonces sigues decidido a no sembrar.

-No cabe otra salida.

-Tú sabrás.

Pero un órdago así implica tener una red de seguridad.

O te puedes ver en un serio compromiso económico.

-Por eso necesito tu ayuda.

Si no siembro, no obtendré esos ingresos

y necesitaré que el banco me dé crédito.

Quiero que me garantices que si esa situación llega, tendré el dinero.

-Querido, a diferencia de ti, yo soy un hombre muy práctico.

No quiero decir que apoye la república ni a los socialistas.

Pero digamos que no comparto tu vehemencia.

-No vas a ayudarme.

-Yo no he dicho eso.

Pero la situación actual no es nada fácil, tienes que darme tiempo.

Me pregunto qué opina tu hijo.

¿Por qué nunca está presente cuando hablamos de estos temas?

Pasear por Madrid

derrochando al francés,

merendar en el Ritz

y en el Palace también.

Pretendientes lucir

en revistas de postín.

Viudita con dinero,

la más guapa de Madrid.

Viudita con dinero,

¿qué más se puede pedir?

Señoritas, tienen el privilegio de entrar

en el mayor santuario de Madrid.

Y como pueden ver, no es ninguna iglesia.

Y eso que fue educado en la fe.

No miento, El Alemán es el mejor cabaré de Madrid.

Es cierto, las cosas como son.

Se queja todo el tiempo,

pero no le hagan caso.

Esta pantomima es su estrategia para seducirlas.

Hay que disfrutar de la vida. ¿No es eso la república?

La república o la buena vida.

Hay que joderse, Antonio.

Dejan una cuenta pendiente

y encima piden champán francés.

Dile que por muy escritor que sea,

como no pague, no hay champán francés ni inglés.

¿Ya estamos otra vez?

Pero ¿a ti qué te pasa?

Eres un poquito duro de sesera.

Aquí solo hago negocio yo.

¡Venga, tira!

Mis amigas necesitan champán francés.

-Estupendo, caballero.

Bueno... ¡Fernando, cuidado!

-¡Hijo de puta!

Este hombre está loco.

No, no está loco.

-¿Estás bien?

Estoy bien, Paco, tranquilo. Gracias.

¡Por fin!

Estoy agotada.

¿Cómo ha ido con Francisco?

¡Valiente amigo!

No quiere darnos el crédito.

-No. Ha dicho que tratará de hacer lo que esté en su mano,

pero tenemos que esperar.

-Pero esa finca ha pertenecido a mi familia durante siglos.

Agustín, no puedo perderla.

-¿Crees que no lo sé?

-Escúchame, Agustín.

En su día, fuiste asesor de Antonio Maura.

Tu compromiso político está claro.

Se trata de no sembrar y correr el riesgo de arruinarnos

o de olvidar la política y sembrar, como siempre.

-¿Crees que es tan fácil?

-No permitiré que esto arruine a nuestra familia.

-Está bien.

Sembraremos.

¿Y sabes lo que pasará?

Yo te lo diré.

Que tú, como una Osuna, tendrás que explicarle a los Lara

y a los demás grandes de España por qué no estás con ellos.

Tu apellido y nuestro prestigio

quedarán comprometidos por esta decisión.

¿De verdad crees que no nos veremos afectados?

Cuando esos republicanos del demonio

pongan en marcha sus planes,

vendrán a quitarnos

lo que es nuestro.

Todo por lo que hemos luchado tantos y tantos años.

No importará que esa finca sea de tu familia.

Se la repartirán como una tarta.

Y a nuestros hijos no les quedará nada. ¡Nada!

¿Comprendes ahora, Leocadia?

-¿Qué vamos a hacer?

-Seguir velando por el futuro de esta familia.

Pero para eso te necesito fuerte, como siempre has sido.

Ahora nos toca esperar.

Puede que Francisco nos dé el crédito.

-Estamos en manos de Francisco León y no me fío de él ni de su hija.

No me gustan.

Otra botella, Paco.

Claro.

¿Qué tal ese brazo?

Bien, no duele.

Supongo que me lo tengo merecido.

Un marido despechado es peligroso.

No lo pensaba mientras estaba con su mujer.

Claro, claro.

Nada que no se olvide con una buena compañía.

Son guapas.

Y parecen divertidas.

Sí.

Uno puede estar siempre acompañado y sentirse solo.

Seguir buscando...

Una rueda eterna, un camino que nunca acaba.

Buscar, buscar... ¿Estamos hablando de amor?

"Hablamos de nuestra alma gemela".

"Esa que nos espera en algún lugar".

Llaman a la puerta

Hablan en francés

Niña...

Niña...

Niña, despierta.

¡Despierta!

Menos mal que tenías el sueño ligero.

Ve con la señorita.

-¿Qué pasa? -Está mala y han llamado.

-¿Mala?

-Sí, mala.

Tose

Señora, ¿necesita algo?

-Tiene algo de fiebre, trae más paños húmedos.

Habrá que hacer noche con ella.

-No se preocupe.

-Eres la nueva, ¿no?

-Sí, Ludi. No pude presentarme.

-Traes buenas recomendaciones de mi prima Isabel.

-Doy gracias a la Sra. de Viana.

-Necesito que alguien esté pendiente de Beatriz.

Esto pasa a veces. Hay que vigilar que no se ponga peor.

Que no coja frío, que tome sus medicinas y que beba agua.

Yo no puedo con todo.

-No se preocupe, voy por compresas.

-¡Ludi!

Bienvenida a mi casa.

Ya puedes irte a descansar. Se quedará Ludi.

-Gracias, señora.

Muchas gracias.

Llegas a tiempo, hijo. ¿Te caliento leche?

Ya lo hago yo.

Nosotros no estamos hechos para trajes.

Solo sabemos trabajar con estas.

Todo puede cambiar.

Eso dicen los del nuevo gobierno, ¿no?

Eso dicen.

Nada puede cambiar de un día para otro.

¿Qué ocurre, padre?

¿No te dijo nada el señorito?

¿Decirme qué?

¿Qué pasa?

No se va a sembrar.

¿Qué?

Padre, eso no puede ser.

El señor ya ha dado el aviso.

No quiere que se siembre y la noticia ha empezado a correr.

Gracias. Espero que esté bien cargado.

Encontrarte solo es una sorpresa.

¿Dónde te has dejado a tu gemelo?

Mercedes...

Por Dios, ¿qué te ha pasado? Nada.

Un accidente sin importancia.

¿Estás seguro?

No. Estuve a punto de desangrarme, pero...

¡Eres un tonto!

Un tonto de remate al que ayer echamos de menos.

A ver, ¿qué se supone que he hecho esta vez?

El cumpleaños de Beatriz, tu hermana.

¡Maldita sea!

Estuvo esperándote toda la tarde.

Al final pidió a las criadas que te guardaran

el trozo de tarta con más nata.

No puede ser.

Soy un miserable.

Solo un idiota.

Termínate ese café, adecéntate y ve a casa.

No le importará.

Tú siempre estás ahí, ¿eh?

Siempre que me necesites.

Y ahora me necesitas.

¿Qué pasa?

Le prometí a mi padre que no diría nada, pero...

Pero no puedo.

Fernando, tu familia tiene problemas.

Problemas económicos.

Tu padre le ha pedido un crédito al mío.

No sé de qué me estás hablando.

Precisamente de eso.

De todo lo que no sabes y deberías saber.

Esta vez no puedes quedarte al margen.

Es serio.

Teresa, hija, que parece que estás dormida.

Toma el café.

Que lo necesitas. -¿Esto es así todas las noches?

-No, solo cuando está mala.

Si la cosa empeora, llaman a un médico.

Y a temporadas la llevan a un sanatorio.

-Pobrecita. -Sí.

A la señora se la comen los nervios por este tema.

No te extrañe si está de mal humor.

Ya estoy yo aquí para que no te llegue.

-Gracias.

-De nada, yo sé lo que es llegar a una casa y no tener en quien confiar.

-¿Hace mucho que estás aquí?

-Pues va para cinco años.

Antes estuve sirviendo en casa de unos amigos de la señora.

Soy de un pueblo de Burgos, pero llevo mucho tiempo aquí.

Algún día volveré al pueblo.

Me casaré con un buen hombre y montaré una taberna.

-El señorito no llegó anoche.

La señora estaba preocupada por eso. -Sí.

Con lo que quiere a su hermana, es raro que no estuviera en la fiesta.

-¿Y cómo es?

-Pues...

No hay día que no te sonría si se cruza contigo por un pasillo.

Siempre con una palabra bonita, un buen gesto...

Y es tan guapo que no me extraña que todas estén locas por él.

-¿Y él por ellas?

-No, no. No ha nacido todavía mujer que lo cace.

O al menos él no la ha conocido.

La república cumplirá todas sus promesas.

Prometió la reforma agraria y la hará.

Prometió el sufragio universal y las mujeres votarán.

Es una deuda histórica.

-Darle el voto a la mujer es dárselo a sus confesores.

¿A quién votarán los curas?

-No tiene nada que ver. La república...

-Si la república permite a la mujer votar, ganará la derecha.

-Yo soy mujer y no tengo confesor.

Y votaré a la izquierda porque de ello depende

el futuro de este país y de mi hijo.

La derecha atenderá a los derechos de unos pocos.

Por eso soy miembro del Partido Socialista y apoyo a la república.

-Todos aquí apoyamos a la república.

-No los que queréis que solo la mitad opine.

La república es libertad,

pero para todos, no solo para unos pocos.

¿Qué pasa con las mujeres?

¿Quién va a decirme que soy menos que un hombre para decidir, usted?

La república debe escuchar todas las voces.

La tuya, la tuya,

¡la tuya!

Todas las voces formamos la república y tenemos derecho a ser escuchados.

Todos.

-Poco más se puede decir ante tanto fervor.

-Encarna...

Ya lo has visto.

Todos escuchándote, no se oía ni una mosca.

-¿Quién es esa mujer, Andrés?

-¿No lo sabes? -No.

-Amparo Romero.

Después de la noche que ha pasado, lo mejor es que descanse.

Lo siento, mamá. No tengo disculpa.

Al menos esta vez no hubo que llamar al médico.

No debes preocuparte. Está bien.

Eso dijeron en el último reconocimiento.

No me fío del médico. La infección puede ir a más.

La tuberculosis no se cura. No tiene tuberculosis.

Puede serlo. Y esa condena va a llevarla a la tumba.

Por favor, no digas eso.

Ven.

Fernando, prométeme que pase lo que pase,

siempre cuidarás de tu hermana.

Si yo faltara,

si tu padre o yo no estuviéramos, prométeme que te harás cargo.

Pero ¿qué estás diciendo?

Mamá, ¿qué ocurre?

Ya te lo he dicho, lo de tu hermana.

No me refería a eso.

Hay algo más, ¿verdad?

Nada. ¿Qué va a ocurrir? No hagas caso.

Últimamente todo es demasiado complicado.

Voy a organizar la cocina.

Si no, no tendremos la comida a punto.

El partido me pidió que viniera a Madrid.

Pero no me han dado ninguna dirección.

-No es tan fácil. El partido es cada vez más grande.

-Lo sé, pero yo he dejado a mi hijo y a mi familia lejos.

Y empiezo a pensar que no debería haberlo hecho.

-Ni hablar.

Lo he hablado con Olmedo y está de acuerdo.

Hay que pasar a la acción.

Ha llegado tu momento.

-¿Qué es lo que queréis de mí?

-Que hagas lo que has hecho antes.

Sobre lo del voto femenino no hay consenso en el partido,

ni entre las mujeres.

-Sí, claro que lo sé.

-Si queremos convencer a los demás, tendremos que ponernos de acuerdo.

Ya lo has visto. Tú consigues lo que otros no conseguimos.

Te daremos una tribuna.

Tienes que preparar un buen discurso.

Con tu voz, con tus palabras...

Como tú sabes.

Tienes que convencernos a todos.

¿Quién es?

Él dice que lo envía la CNT. ¡Anarquistas del demonio!

Siempre igual, solo piensan en ellos.

El amo y señor de estas tierras

no va a sembrar.

Perderéis el trabajo y tendréis que ir a casa

y explicar a vuestras mujeres, a vuestros hijos, a los tuyos,

¡a los tuyos!, por qué esta república no defiende vuestros derechos.

Por qué los que os prometieron no se cumple.

Por qué el señor dispone de vuestras vidas

como si fueran suyas

sin que podáis hacer nada para remediarlo.

No está claro que no se siembre. Don Agustín vela por nosotros.

Los señores juegan muy bien sus cartas, ¿sabéis?

Siempre tienen entre nosotros alguien cercano

para que no usemos nuestra fuerza.

Todos saben de qué palo estoy hecho.

Nadie me ha regalado nada, y menos tu sindicato.

Al igual que ellos,

yo solo tengo a estas para ganarme la vida.

Podéis esperar.

Esperar y esperar

hasta que os hartéis.

El resultado seguirá siendo el mismo.

No llegará un jornal a vuestras casas porque no habrá siembra.

Te equivocas de enemigo.

No, vosotros sois los equivocados.

Pregonáis por los campos sin importaros nada.

Estas tierras no pertenecen a ningún cacique.

Claro que pertenecen a un cacique.

Propietarios, terratenientes...

¡Caciques!

¿Y qué vais a hacer?

¿Matarlos a todos?

Los señores siguen siendo los mismos de siempre,

con los mismos privilegios y jodiendo a los de siempre.

Nada ha cambiado.

Quieras o no, te va a tocar decidir

de qué lado estás.

-Volveremos a verle.

Y habrá problemas.

No, ni rastro. En ese ataúd nunca hubo un cuerpo.

Ni de Ramiro Villaseca ni de Gonzalo López ni de nadie.

Por supuesto que la investigación continuará.

Daré con el hombre que está buscando e iniciaremos la causa contra él.

Muy bien.

Llaman a la puerta

Sí, le mantendré informado. Adiós.

¡Adelante!

¡Vaya, hombre!

¡Por fin te has dignado a venir por casa!

Tu hermana está decepcionada.

Lo sé.

Pero no quiero hablar de eso ahora.

Mamá está muy preocupada.

Es normal.

Sabes que lo de Beatriz siempre le altera.

No, no es por eso.

¿Por qué no me habías contado nada?

¿Contarte? Sí.

¿Por qué no me dijiste que teníamos apuros económicos?

¿Tu madre te ha dicho algo?

No, no ha hecho falta.

Es grave, ¿verdad?

A veces hay que tomar decisiones complicadas.

Corren tiempos difíciles.

Y dependemos del crédito que nos conceda Francisco León.

¿Y si no nos conceden el crédito?

Trataremos de buscar otras salidas.

No hay más salidas, ¿verdad?

No, no las hay.

No lo entiendo, papá.

Otros años con la cosecha hemos tenido suficiente.

Y va a ser un buen año...

¡He dicho que no hay más opciones!

¡Nunca has hecho nada!

Nunca te has interesado por nada.

Ni una responsabilidad.

Perdón, me equivoco.

Solo te preocupa salir por las noches, seducir mujeres

y emborracharte.

Envidio como los hijos de mis amigos

se hacen cargo de los negocios familiares

o toman las riendas de su propia vida.

¿Sabes lo que es ver el orgullo en los ojos de sus padres?

Algo que yo nunca he vivido.

Porque tú jamás me lo has dado.

Y no ha pasado ni un solo día

en que no me haya preguntado qué he hecho mal.

Dime cuándo dejé de ocuparme de mis obligaciones como padre

y permití que te convirtieras en esto que te has convertido.

Así que dime por qué.

¿Por qué crees que tienes derecho a pedirme explicaciones?

Demasiado tarde, ¿no crees?

Lo creas o no,

a mí también me preocupa lo que le ocurra a esta familia.

Timbre

¡Ludi!

-Señora...

Nadie cocina como Adelina.

¿Cómo se encuentran?

-Bien.

Pío dejó la Guardia Civil.

Rosalía le convenció para que comprasen una casita en la ciudad.

-Eso lo sé.

Hablo cada semana con Vicente y con mi hijo.

Así que al final Rosalía se ha salido con la suya.

-Bueno.

Si se casó con un vaquero y se dio cuenta de que odiaba las vacas.

Todos están bien, señora.

Su hermana se pasa todos los días por la casa.

Al niño no le falta quien le mire.

Marcelina siempre está muy pendiente de él y de Aurorita.

Pedro le hace muy bien a su prima después de todo lo que pasó.

-No hay día que no piense que...

Debería estar allí, Ludi, con los míos.

No paro de darle vueltas.

El partido me prometió que esto sería algo temporal,

pero este tiempo aquí se me ha hecho eterno.

-Marcelina decía que lo que usted venía a hacer era muy importante.

Y que todos nos acabaríamos beneficiando de ello.

La señora Vicenta dijo

que la señora Victoria la hubiera animado.

Y que el señorito Pablo estaría muy orgulloso de usted.

-¿Y Ángel cómo está?

-El padre...

El señor Ángel no ha levantado cabeza.

-Menos mal que está en la casa. Sé que no se separa de Aurora.

-Se desvive por la niña, como le pidió la señora Victoria.

Igualito que si fuera su padre y no el...

Usted ya me entiende.

-¿Nadie ha vuelto a saber nada de Gonzalo?

-El conde ocupa su palacio.

Va a casarse con la señorita Carlota.

Nadie sabe nada de él.

-Como si se le hubiera tragado la tierra.

Parece que ya no tienes fiebre.

-Entonces ¿puedo ponerme el vestido nuevo y salir de paseo?

-Ni hablar. -¡Mamá!

-Tienes que recuperarte. -Estoy bien.

-Leocadia...

-¡Hugo!

Cuando Agustín me dijo que venías me dio una gran alegría.

-Leocadia, es un placer, como siempre.

-Isabel nos dijo que te trasladaban.

-Estamos ante un teniente coronel.

-Mucho me temo que eso es... cierto.

-Te quedarás a comer, ¿verdad?

-Mis asuntos me reclaman.

Aceptaré gustoso la invitación en otra ocasión.

El rancho del cuartel es una tortura.

-Ya habrá tiempo.

Vamos a poder disfrutar de su compañía.

-Al menos un café sí nos aceptarás.

-¡Ludi! Veo que ya has empezado a trabajar en la casa.

No tendréis queja de ella.

-Trae las mejores recomendaciones. -Gracias, señor.

-Sirvió a una querida amiga a la que perdimos.

Una... gran mujer.

-Prepara café, lo tomaremos en el patio.

-Sí, señora.

-¿Beatriz?

Pero ¡no te hubiese reconocido!

La última vez que te vi eras una niña con coletas.

-El tiempo pasa y tu ahijada es toda una mujer.

-Mira.

Isabel me pidió que diese esta medalla bendecida.

Ten, te protegerá.

-Dele las gracias a mi madrina. -¿Vas a seguir tratándome de usted?

-No. No, claro que no.

-Vamos, hija.

Te acompañaré a vestirte. Si nos disculpáis...

-¿Cómo sigue?

-A ratos.

Los médicos eran mucho más pesimistas.

Ya estás en Madrid.

-Sí, y todo gracias a ti.

Si no hubiese sido por tu mano, me habrían destinado a Marruecos.

Gracias. -¡Marruecos!

Demasiado calor, ¿no crees?

¿Y quién piensa en África cuando aquí hay tanto por hacer?

-Sí, tienes razón.

Tenemos mucho por hacer.

Jesús, deberías hablar con Fernando

y decirle que no sembrar es un error.

Usted piensa que Fernando está al tanto.

Los señores toman sus decisiones por razones que se nos escapan.

Quizá don Agustín, pero Fernando no es así.

Si supiera algo, me lo diría.

Jesús... No, Fernando está fuera de esto.

¿Y si te equivocas? Pondría la mano en el fuego.

En cuanto se entere, nos lo dirá.

Y todo quedará en un malentendido.

Nosotros tenemos que ser precavidos. Ya has escuchado al anarquista ese.

Ellos no van a parar.

Si esto estalla, estamos en medio.

Fernando no dejará que eso ocurra.

Eso espero, por el bien de todos.

Porque dentro de poco vamos a volver a ser tres.

¿Alejandra?

Ha llegado esta mañana, es su letra.

Seguro que es para decirnos que vuelve.

Tu hermana dice que vuelve a casa, ¿verdad?

Dime que sí.

Sí, padre.

La niña vuelve a casa.

¡Lo sabía!

¡Lo sabía!

Anda, no te rías.

Que no me río de usted.

Venga, léelo, que quiero saber lo que dice.

Queridos padre y hermano...

"Os escribo para deciros que dentro de poco

me tendréis con vosotros".

"Hace casi tres años que me fui a París

y no he dejado de pensar ni una vez en vosotros y en el campo,

como ya sabéis por mis cartas".

"Ahora el colegio ha terminado y ha llegado la hora de volver".

"Volver a casa".

Los grandes propietarios hemos decidido no sembrar.

Y eso compromete nuestros intereses.

Estamos arriesgando nuestro futuro por este país y no es fácil.

-Los levantamientos de los jornaleros están a la orden del día.

Esos anarquistas calientan los ánimos y acaban quemando casas.

-¿Qué quieres decir?

-Que deberías vigilar tu casa de la finca.

-¿Estás seguro? -Ten a la Guardia Civil prevenida.

Estamos haciendo lo correcto.

Nadie dijo que iba a ser fácil, pero debemos hacerlo.

O todo por lo que hemos luchado desaparecerá en manos de esos rojos.

-Señores...

¿Tomamos ese café?

Espléndida.

Ponme un coñac.

¿Cómo es que hemos venido a este sitio?

-Un compañero del partido me habló de él y tenía curiosidad.

¿Tú habías venido?

-Pues no, la verdad es que no.

-Entonces no sabes quién es Álvaro Romero.

Es muy conocido en toda la ciudad.

Y nosotros no teníamos ni idea.

Desde que vinimos no hemos salido mucho.

-Supongo que no estamos para espectáculos.

-¿Un día duro?

-No, no demasiado.

Una reunión del sindicato.

Ya sabes, un trámite aburrido.

-Perdón, me piden que les invite y que le dé esta nota.

-¡Ah!

-¿No has dicho que no conocías esto?

-"A la salud de las mujeres con conciencia".

Música de piano

Canta en alemán

¡Bravo!

-¡Guapa!

Sabía que vendrías.

¿Qué excusa le has puesto, que ibas al baño?

-No me dijiste que la conocías.

-No la conocía y no sabía que era tu mujer.

-Te lo advierto: no me gustan los juegos.

-Y yo te advierto que nadie me advierte.

Fuiste tú el que vino a buscarme y no al revés.

Y lo hiciste porque me necesitabas.

No lo olvides, Ventura.

Porque todavía me necesitas.

¿Nos vamos?

-¿Tan pronto?

-Sí, tan pronto.

Sí, sí.

Sí, lo entiendo.

Bien.

Gracias por llamar.

Adiós.

-Ha llegado carta de Alejandra.

Dentro de poco estará de vuelta en Madrid.

¿Qué ocurre?

-Ha llamado Francisco.

Ya tenemos la contestación que esperábamos.

-No habrá crédito.

¿De verdad estás mejor?

Espero que estos caramelos te ayuden a recuperarte.

Tu vestido causó sensación. Todos me decían que estaba muy guapa.

Eso no es por el vestido.

Llaman a la puerta

Señorita, sus aerosoles.

Ya está todo preparado.

-Mi madre ha comprado un nuevo aparato en Alemania.

Tengo que ponerme una mascarilla y respirar durante una hora.

No te quejes. No sabes cómo huele.

¡Anda, ve!

Tú no vienes a mi casa por mi hija.

Le presté un libro a Fernando y pensé que lo tenía aquí.

¿Podemos ser sinceras?

Yo soy muy amiga de la marquesa de Osorio.

Sé que su hijo te pidió matrimonio y tu padre lo veía con buenos ojos.

¿Por qué lo rechazaste?

No estaba enamorada de él.

¿Y lo estás de mi hijo?

El tiempo pasa, Mercedes.

Y las mujeres no podemos correr ciertos riesgos.

¿Qué riesgos?

Quedarnos solas.

Tú ya tienes una edad.

Y mi hijo es un alma caprichosa.

Para bien o para mal, con él nada es seguro.

Para ganar hay que arriesgar.

O procurar ir sobre seguro.

Quizá Fernando no es el hombre llamado a ocupar tu vida.

Y creo que es mejor que seas consciente.

Por eso prefiero advertirte.

Creo que se me ha hecho tarde.

Debo marcharme ya.

¡Pilar!

¡Pilar!

¡Estos no son mis guantes, tonta! ¡Busca los míos, mema!

Los habré dejado en el salón.

Tonta, tonta.

Deberías controlar esa rabia.

¿Qué ha pasado?

Nada.

Se han equivocado con mis guantes.

Mercedes...

Tengo que hacerte una pregunta.

Tú siempre has estado ahí.

A mi lado.

Sin merecérmelo.

Sin que te haya dado nada a cambio.

¿Por qué?

¿Por qué sigues aquí?

Porque llevo años sin poder hacer otra cosa.

Porque toda la humillación del mundo no basta para que deje de hacerlo.

Porque no puedo evitarlo.

Quizá no tengas que evitarlo.

Risas

Vas a ser mi ruina.

Voy a ser lo que tú quieras que sea.

-¡Tina!

¡Tina! -¡Mi padre, escóndete!

¡Ya voy!

¿Tú qué haces aquí?

Leía.

Lo que has visto... No he visto nada.

Nada.

Algún día me casaré contigo.

Gracias.

Gracias por estar aquí y darme la respuesta.

¿Qué respuesta?

Tenías razón.

Ha llegado el momento de estar donde debo estar.

Bésame.

Que los señores sepan que esto no es una broma.

¡No pueden jugar con nosotros!

Basta ya de protestas vacías.

Hay que pasar a la acción.

El fuego está al alcance de todos.

Coged antorchas y metedlas en su casa.

Prendedla fuego.

Si ellos demuestran su fuerza, nosotros también.

Todos sabemos por qué estamos aquí.

En nombre del general Sanjurjo y en el mío propio,

les doy las gracias por haber acudido a la llamada del deber.

No queremos héroes ni locos.

Solo hombres que estén dispuestos a dar su vida por este país

y que lo amen por encima de todo, como cada uno de nosotros.

Allí donde estén los encontraremos.

Aunque sea debajo de las piedras.

Porque esta república tiene sus horas contadas.

Ya es suficiente.

-Fernando...

-¡Cuchicheos ahora no! No lo soporto.

-Le preguntaba si esta noche también iba a salir.

Y yo le decía que eso se ha acabado.

De hecho, tengo algo que deciros.

-¿Y bien?

Me voy a casar con Mercedes. Si ella me acepta.

-¿Cómo no te va a aceptar?

-Es una broma, ¿no? ¿Por qué iba a serlo?

Pero tú nunca

nos has hablado de ella.

¿A qué viene esto?

Mercedes es amiga de la familia desde que tengo uso de razón.

No sé por qué te extraña.

Me tomas el pelo.

No, no lo estoy haciendo.

¡Mamá!

Solo saco este whisky en las grandes ocasiones.

Y creo que esta noche

la ocasión lo exige.

Y ahora vas a explicarme el porqué de ese anuncio de compromiso.

Nos conocemos desde niños. Tarde o temprano tenía que pasar.

Sabes que Francisco no nos ha dado el crédito.

Mercedes no lo dijo abiertamente, pero era fácil deducirlo.

Y eso tiene relación con tu decisión, ¿no?

No tienes que hacer algo así. Sí tengo que hacerlo.

Tú mismo lo dijiste.

Nunca he hecho nada, solo abochornarte.

Fernando, lo que te dije fue en un momento de rabia.

No lo tomes en cuenta.

Pues lo tengo muy en cuenta, papá.

¿Y sabes por qué?

Porque cuando me lo dijiste, no pude negarlo.

Tenías razón.

Y yo no quiero reconocerme en un hijo así.

Estoy harto, papá.

Estoy harto de cerrar los locales nocturnos.

De estar con mujeres con las que no siento nada.

De ser el señorito rico bromista. ¡Hijo!

Papá, por primera vez

tengo la oportunidad de ponerme al frente de un problema.

Sabemos que Francisco adora a su hija.

Si entro en la familia León, tendremos ese crédito.

No consentiré que mis hijos asuman sacrificios que me corresponden a mí.

Ha llegado la hora de que asuma la realidad.

Déjame tomar mis decisiones

y después alégrate por mí y por esta familia.

Sí, necesito hacer una llamada, por favor.

¿Y si me equivoqué, Vicenta?

¿Y si no debí venir?

Yo he dejado allí mi vida y a mi hijo.

¿Qué madre deja lejos a su hijo?

-Porque eres una buena madre no te has llevado a Pedro.

El niño aquí está en su casa.

Con su prima, con tu hermana, conmigo...

En Madrid está todo muy revuelto.

Encarna, ¿has olvidado todo por lo que luchas?

"Te has ido a Madrid porque crees en lo que haces".

Porque es necesario que las cosas cambien para mejor.

Eso es lo único que le puedes dar a tu hijo, y a todos nosotros.

-Estoy tan sola, Vicenta...

-"No, no lo estás".

Nos tienes a todos.

Porque nos llevas en tu corazón y eso es más fuerte que la distancia.

Eso no se rompe.

Busca en ese lugar donde nos llevas y saca de ahí la fuerza que te falta.

"Muchos dicen que no amamos

este país".

"Que no respetamos las tradiciones".

"Que alentamos a los que matan y queman iglesias".

"Que la república será la ruina de la patria".

"Pero no nos van a dar lecciones los que solo quieren a unos pocos".

"Porque este país y la república somos todos".

"Y ya no caben más diferencias".

"Puede que pensemos de formas distintas".

"Pero esta república garantiza que todas las voces sean escuchadas".

"Porque todos tenemos derechos. Los mismos derechos".

"Yo vengo de una familia muy humilde

y sé lo que es la miseria y no tener voz".

"Eso es lo que la república va a cambiar".

Hace tiempo conocí a una mujer

a la que admiré profundamente.

Era una mujer fuerte,

luchadora, valiente, honrada.

Yo la vi colocarse al frente de su casa

y de su negocio.

Enfrentándose a todos con tal de defender lo que ella creía.

Ella no ha podido llegar a ver este momento.

Por eso estoy yo aquí.

Para alzar mi voz en su nombre como ella misma hubiera hecho.

Muchas gracias, de verdad.

Gracias, Andrés.

-Has estado magnífica, ¡magnífica!

-Muchas gracias.

-Felicidades por la actuación.

-Igualmente.

¿Te ayudo?

Hijo,

sabes que no tienes que hacer nada que no quieras, ¿verdad?

Escúchame, mamá.

Sé que Mercedes nunca te ha terminado de gustar.

Pero ella me quiere mucho, te lo aseguro.

¿Y tú a ella?

Sí.

La quiero.

Yo solo quiero que seas feliz.

Lo seré, mamá.

Lo seré.

Ya llega la novia.

Hija mía.

Te presento a Hugo de Viana, es de la familia.

Lo han destinado a Madrid.

-Encantado de recibirte en la familia. Bienvenida.

Encantada.

Beatriz...

-¡Lo sabía!

¡Qué lista eres! Serás la novia más guapa de Madrid.

-Parece que los chicos se han decidido.

Después de todo vamos a ser familia. -Así es.

-¿Y el novio?

-Todavía se está arreglando. Supongo que son los nervios y la emoción.

Mercedes...

Leocadia...

Felicidades. Eres muy afortunada.

-Señor, tiene una llamada.

-Si me disculpáis...

Muy bien, volveré a intentarlo.

¡No consiguen comunicarme con la casa!

Ni rastro del señor.

¡Maldita sea!

¿No han dado orden de sembrar? Seguro.

No puede ser.

Te lo dije.

Fernando no sabrá nada.

Si pudiera avisarle...

El que nos ha avisado ha sido Sátur.

Vienen para acá con antorchas.

Esto no puede ser.

Jesús...

-¡Abajo el clero!

-¡Abajo!

¡Abajo el cacique!

-La Guardia Civil tendrá la excusa que necesita.

Va a ser una sangría.

Cuando llegue la Guardia Civil se habrán ido.

¡No, Jesús, espera!

No te metas, esos no reparan.

Estamos atrapados, padre.

Usted tenía razón.

Estamos en medio.

Y no consentiré que la Guardia Civil cargue contra nuestros amigos.

Hijo... Padre, usted quédese aquí.

¡Quietos!

Si habéis venido a quemar la casa de los señores, marchaos,

que yo no me muevo.

No defiendas lo que no es tuyo. Aparta, no va contigo.

También me afecta no sembrar.

Pero así no se hacen las cosas. Hay otras maneras.

Apártate.

-Mi hijo no se va a apartar de ningún sitio.

Sí.

Sí, sí, sí.

¿Está seguro, sargento?

Según los guardias, los jornaleros están dispuestos a quemar mi casa.

-Hagalo que tenga que hacer para proteger mi propiedad, sargento.

Bien.

Es increíble.

Yo que me he desvivido por esa finca...

¿Cómo hemos llegado a esta situación? -Tranquilo.

La Guardia Civil se encargará de todo.

Ahora lo importante es que el orden se imponga.

Disparos

¡Fuera!

¡Fuera de aquí!

¡Salid de aquí!

¡Vamos!

¡Fuera, venga! ¡Vamos!

¡Vamos, corred!

¡Fuera!

¡Fuera!

Disparo

¡Fuera, fuera!

-¡Alto, alto!

¡No están haciendo nada, alto!

¡Padre, no! ¡No, quítese padre!

¡Padre!

¡Por la familia! (TODOS) Por la familia.

-¡Ejem!

Mercedes,

tengo algo para ti.

¡Fernando!

¡Es precioso!

Yo también tengo algol para ti.

Papá...

-Me temo que mi hija es un poco caprichosa.

Pero ya tendrás tiempo de enterarte de lo caros que son sus antojos.

Es precioso.

¿Has visto?

¿Fernando?

¿No te acuerdas de mí?

Soy Alejandra.

¡Alejandra!

¡Alejandra! Señora...

¡Se trata de personas!

¡Se trata de hacer lo correcto!

No habrá siembra.

Y si eso provoca altercados, volveré a llamar a la Guardia Civil.

Fernando ha ido a la finca. ¡Pero eso puede ser peligroso!

-¡Maldita sea!

¿Me observaba? -En parte, ese es mi trabajo.

Álvaro Iturmendi, inspector de policía.

Quiero saber qué traman esos militares.

-¿Por qué crees que traman algo?

-No han venido por las chicas ni por la bebida.

Traman algo.

Eso no lo digas nunca, ¿me oyes? ¡Nunca!

Eres mi hija y por ti daría mi vida.

-Yo no quiero tu vida.

¡Yo quiero la mía!

¡Madre mía, usted perdone!

¿Qué es lo que buscas?

-Una cartilla militar.

-¿A nombre de quién?

-Gonzalo López. El mismo que tú conociste.

Tienes un problema.

Tenemos un problema.

¡Muchachos!

¡A ver, por favor!

Desalojen el local.

¡Venga!

Así que tú eres el señorito.

Y tú el que les dio la idea de quemar mi casa.

Llaman a la puerta

¿Quién es?

¿Ventura?

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14 de abril. La República - Capítulo 1

24 ene 2011

En un cementerio de Madrid se procede a la exhumación del cuerpo de Ramiro Villaseca, el nombre del auténtico Marqués de Castro. A ella acude el prestigioso abogado de Madrid, Agustín de la Torre. El ataúd está vacío. La búsqueda del marqués, que un misterioso cliente ha encargado al abogado, debe continuar. 

Agustín es el patriarca de la familia De la Torre, una familia de la alta sociedad madrileña emparentada con la aristocracia a través de su mujer, Leocadia. A esa familia, recomendada por Isabel de Viana (prima de Leocadia), entra a servir Ludi el mismo día en que los De la Torre celebran el cumpleaños de la hija menor, Beatriz, una joven enferma que recibe los mimos de toda la familia. 

A la fiesta acudirán todos menos su hermano Fernando, amante de la noche y de las mujeres. Está en compañía de su amigo de la infancia, Jesús, hijo del guardés de la gran finca de sus padres, en 'El Alemán'. Este tipo de locales han surgido dando color a las noches de este nuevo Madrid republicano. Lo regenta Amparo, una enigmática mujer. Tras la proclamación de la República, Ventura y Encarna viven en Madrid.  

Ventura ve necesario un fuerte golpe de timón que haga triunfar realmente la revolución. Encarna está completamente comprometida con las reformas que traerán esa revolución paso a paso. Por su parte, Hugo de Viana, recién ascendido, y gracias a las influencias de Agustín, ha sido trasladado a Madrid. Desde este nuevo emplazamiento dará los primeros pasos para promover un alzamiento militar contra la República, en el que contará con el apoyo de Agustín. 

Fernando inicia un viaje hacia la responsabilidad y el compromiso que le hará, por una parte enfrentarse a su padre y tratar de evitar el conflicto con los jornaleros que trabajan las tierras, y por otro, comprometerse con Mercedes. El mismo día del compromiso llega Alejandra, la hermana de Jesús  y protegida de Leocadia que le ha costeado sus estudios de señorita en París.

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