Dirigido por: Jordi Frades

Primavera de 1931. El pueblo de Madrid celebra la proclamación de la II República. La capital bulle ante los cambios y vive una nueva época de libertades sin precedentes. Mientras unos celebran el cambio de Gobierno, otros sectores se preparan para la lucha.

Ahí nace '14 de abril. La República', una nueva historia que rescata el espíritu de 'La Señora' para acercar al espectador una historia de amores imposibles condicionados por una época.

Un tiempo fascinante repleto de historias que se desarrollan en un periodo histórico clave en la historia de España y que abarca en su primer tramo el primer bienio del nuevo Gobierno hasta el invierno de 1933, cuando los partidos conservadores se hacen con el gobierno republicano.
'14 de abril. La República' llega de la mano de los creadores de 'La Señora', Jordi Frades, director de la serie, y Virginia Yagüe, directora argumental y coordinadora de guiones. La serie, que cosechó un gran éxito de crítica y público, se despidió de las pantallas por todo lo alto.

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Temporada 1

Temporada 2

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No recomendado para menores de 12 años 14 de abril. La República - Temporada 2 - Capítulo 19 - ver ahora
Transcripción completa

¿Pero quién demonios es usted?

¿Y... qué hace en mi casa?

-Sirvo a doña Mercedes.

-¿Cómo te has atrevido?

Has metido a una extraña en casa.

(RESOPLA) No es una extraña.

Se llama Elena, desde hoy será mi criada.

No voy a ceder por sistema ni voy a vivir bajo sus órdenes

en mi propia casa.

Mamá, tú misma me pediste que aprendiera a quererla.

¿Por qué no lo intentas tú también?

Mi madre te ha invitado a casa.

Tienes que ir a merendar a las 7.

-Bienvenido.

-Un honor que me haya invitado.

-No sabes cuánto me gusta.

-El amor es engañoso.

Ese chico que te parece maravilloso, puede no serlo.

-¿Tiene jerez?

-El mejor y para usted gratis.

-Me llamo Mateo

y me gustan las caras como la tuya, ¿qué más quieres saber?

¿Qué es eso de que el banco se ha quedado con la parcela de Jesús?

Mira, mira qué miseria le han dado, con lo que vale esa tierra.

¿Qué es esto?

¿De verdad que no lo sabes?

Cortesía de tu hijo.

O mejor dicho...

de los De la Torre.

-¿Eres tú el que robó a los De la Torre?

¡El dinero o te pego un tiro!

O te arrepientes...

de que has 'robao'

o te vas de esta casa.

En la calle Fuentes hay un hotel

te espero allí a las once.

¿Sabes en qué nos convierte eso? No lo digas.

Hugo y yo vamos a salir esta noche, ¿te unes?

No, no puedo, tengo un compromiso.

¡Fernando!

¡Mercedes!

Mercedes, estás sangrando.

Tenías razón,

merezco ser feliz.

Me temo que solo uno de los dos podrá salir adelante.

-En el cuerpo de tu esposa,

habita una vida inocente,

la de tu hijo.

Es a él

a quien debes salvar.

Yo no lo veo tan claro como usted, padre.

No eres quién para cuestionar el mandato de la Iglesia.

-No sé lo que hará Dios,

pero decidas lo que decidas yo siempre estaré a tu lado.

-Era una niña.

Tengo que darte las gracias, papá.

Me ayudaste a tomar una decisión.

(LLORANDO: Siento tanto haber perdido a nuestra niña)

(LLORA)

¿Qué hace la cuna aquí, Mercedes?

Cariño, esto no te hace ningún bien.

Era mi niña... Lo sé.

Pero tu padre está cuidando de ella.

Le voy a pedir a María del Pilar que suba la cuna al desván.

No, por favor...

Todavía no.

Está bien.

Tengo una reunión

y voy a venir muy tarde.

Hoy se reúne la Junta de Damas de la Caridad.

Mercedes, ¿por qué no te vienes conmigo?

Tus ideas para recaudar fondos son muy apreciadas.

Y te vendrá bien salir.

Piensa en todo el bien que puedes hacer.

No sé...

Ya veremos.

Ahora me gustaría estar sola.

Unos críos lo encontraron en la Ribera del Manzanares.

Llevaba allí varios días.

¿Estás segura de que quieres hacerlo?

Quiero ver a mi hermano...

No es él.

Alejandra, siento haberte hecho pasar este mal trago.

Por la descripción que me dieron podía haber sido él.

Tenemos que encontrarlo.

Shh, que viene, que viene.

A ver... Tú... Tú...

Tú...

Y tú.

Vamos.

Por favor, necesito el trabajo.

Puedo hacer cualquier cosa.

Anda este, pues como todos.

¿O tú piensas que esta gente viene de paseo?

Vuelve mañana, a ver si hay suerte. ¡Lo llevo haciendo varias semanas!

Yo podía haberte acompañado a ver la maquinaria nueva.

No creo que el coronel sepa mucho de campo.

No quería molestarlo.

Te quedas a comer, ¿no?

Pues sí, te lo agradezco, porque entre que vuelvo a Madrid y todo...

Ese es el sitio de mi hijo

y, mientras yo viva, no quiero que aquí nadie ocupe su puesto.

Voy a por una silla.

Perdón, no pretendía molestar.

-¿Y qué pretende usted, señor?

-Don Antonio, yo le doy mi palabra

de que mis intenciones con su hija son buenas.

-Yo conocí a otro que decía lo mismo y acabó rompiéndole el corazón.

Mi hijo está lejos y no puedo hacer nada por él...

Pero Alejandra está aquí y pienso protegerla.

Y le juro que antes mato que dejar que alguien vuelva a hacerle daño.

¿Me ha entendido?

Vaya tranquilo, padre.

Por muchos decretos que apruebe el Gobierno,

no podrán expropiarles los colegios.

-Gracias, don Agustín.

-El mérito no es solo mío.

Dé las gracias a los muchos amigos de su orden.

Ni se imagina cuántos están dispuestos a figurar en el registro

como dueños de los centros.

-Que Dios le bendiga.

-Gracias, padre.

-Buen día.

-Dame todo lo que tengas o te rajo.

Venga, que no tengo todo el día, señoritingo de mierda.

-No sabes con quién te estás metiendo.

-¡Me cag’en mis muertos!

-Suéltale o te pego un tiro.

-Cómo corría, el rufián...

-¿Qué ha ocurrido?

-¡Hemos oído tiros!

-Solo ha sido un disparo de advertencia.

-Un muerto de hambre quería quitarme la cartera.

Con este sindiós republicano, no hay más que delincuentes por las calles.

-¡Santa Madre de Dios! Ya no estamos seguros ni en nuestra propia casa.

-Gracias. Ha sido una suerte que viniera a ver a Beatriz.

-Siempre es un placer visitar esta casa, señor,

pero esta vez no es por Beatriz.

-¡Venga, daos vida, gandules!

¡Que esto tiene que estar en media hora en Cuatro Caminos!

Perdone.

¿Podríamos hablar en privado?

Tengo un acuerdo muy ventajoso para usted.

¿Siempre lleva pistola?

-Solo cuando la ocasión lo pide, señor.

He vendido mi pequeña colección de arte.

-No se le ve tan apurado.

-Bueno, es que no lo estoy.

A mi familia no le agrada la pintura moderna

y si los cuadros están guardados en un almacén, ¿de qué sirve tenerlos?

-Un día sentará la cabeza,

casa propia,

¿y llena de paredes vacías?

-Me gustaría invertir este dinero.

Algo seguro.

Por eso he venido a hablar con usted. ¿Puede ayudarme?

-En tiempos convulsos, solo hay dos cosas seguras: oro y bienes raíces.

Tierras, edificios...

Pero hoy en día...

-El oro parece mejor opción.

-Estoy de acuerdo.

-Lo dejo en sus manos, entonces.

-Le haré un recibo.

-Me basta con que me autorice a cortejar a su hija.

-Una hija que no me perdonará si no le invito a comer. -(SE RÍE).

-Cuando dijiste que me ibas a llevar a un sitio especial en mi día libre

pensé que era al estanque del Retiro.

No aquí.

-Es donde vengo cuando salgo de trabajar.

Me gusta echar una mano a los compañeros.

-¿Son anarquistas?

-Lo dices como si todos nos dedicáramos a poner bombas.

Mira, ese lo más peligroso que lleva en el morral

es un lápiz y un cuaderno para aprender a leer y escribir.

-Si María del Pilar se entera de que estoy aquí, me arranca los pelos.

-Pues no se lo digas,

ya eres mayorcita como para tener que dar explicaciones a nadie.

-¿Y esa mujer?

-Es Adela.

Es una de mis alumnas en el taller de carpintería.

-Pero una mujer no puede ser carpintero, eso es cosa de hombres.

-La madera no distingue si la mano que la trata es de hombre o de mujer.

Solo si lo hace bien.

-¿Y tú podrías enseñarme a mí también?

Yo a ti te enseño eso y lo que tú quieras, chata.

-Mateo, Mateo...

-Si adelantan las elecciones como se rumorea,

Fernando va a necesitar todo el apoyo de su mujer.

¿Hasta cuándo van a durar las caras largas?

-Agustín, por favor...

Hay que darle tiempo para que se recupere.

-Si Fernando me hubiese hecho caso,

ahora tendríamos una nieta y un banco...

Pero ya que va a seguir entre nosotros,

lo menos que puede hacer es cumplir con su deber de esposa.

-Hay veces que me pregunto cómo pude casarme con un hombre sin corazón.

¡Mercedes!

Perdona, no quería molestar.

Iré a mi habitación a leer.

Por favor, ven, quiero hablar un momento contigo.

Mercedes, sé lo que estás sufriendo,

pero no es bueno que te castigues de esa manera.

Hay un momento en que el luto debe llevarse por dentro

y seguir adelante.

Es lo mejor.

¿Lo mejor para quién?

Para ti y para tu marido, hazme caso.

Te estás hundiendo en un pozo de amargura

y vas a acabar arrastrarle contigo.

No olvides que Fernando sacrificó a su hijo,

lo más sagrado para un padre, por ti, para que tu vivieras.

Habéis pasado demasiadas cosas

como dejar ahora que vuestro matrimonio se venga abajo.

No eches a perder esta oportunidad.

-Tenía la mañana libre y quería pasarlo contigo.

Espero que a tu padre no le dé por coger la escopeta

y pegarme cuatro tiros.

Tienes que disculparlo.

La marcha de Jesús le ha afectado mucho.

Él no cree que yo sea la persona adecuada para ti.

Lo diferentes que somos,

la vida que hemos llevado, la edad...

¿Y si tiene razón?

¿Y si lo único que tenemos en común son las heridas de nuestro pasado?

Me da igual lo diferentes que seamos.

Yo sé lo que siento.

Y a ti se te ve todo en los ojos.

¿Te queda claro?

Pues para serte sincero, no... no mucho.

¿Podrías repetirlo?

No... no seas niña, devuélveme la gorra.

Ven a por ella.

Muy bien... Muy bien...

Tú lo has querido.

¡No! ¡Socorro!

¡No! ¡Socorro!

¡Alejandra! ¡Alejandra!

Fernando...

Yo...

Siento haber interrumpido.

Te vi desde el camino y pensé que...

Creí que te estaban atacando.

No se preocupe,

yo habría hecho lo mismo en su lugar.

¿Va todo bien en la finca?

Sí.

Es que...

¿Podemos hablar un momento?

Tranquila,

tómate el tiempo que necesites.

Yo te espero en tu casa.

-Mercedes,

siento tener que molestarte en estos momentos tan dolorosos,

pero ha surgido un problema en el banco.

Félix, muchas gracias por venir,

pero ahora mismo no tengo la cabeza para nada.

Así que lo que decidáis me parecerá bien.

¡Esto es muy serio!

El Gobierno está buscando el dinero negro del rey.

Investigan las cuentas de sus testaferros, allegados...

En fin, de toda su camarilla.

Van a hacer auditorías en todas las instituciones financieras del país.

Tarde o temprano nos tocará.

Y supongo que algunas de esas cuentas están en nuestro banco.

¿Me equivoco?

El problema no es que tengamos las cuentas,

sino que están vacías.

Cuando los titulares se marcharon de España,

tu padre decidió disponer de ese dinero.

Parte ha ido a parar a Renovación Española,

pero el resto...

ha volado.

¿Me estás diciendo

que hizo un desfalco?

No solo él...

Tu padre y yo

pensamos que nadie reclamaría ese dinero nunca.

Y si alguien lo hacía,

con aparentar que había servido para engrasar la maquinaria monárquica...

Todo por la causa, ¿no?

Hay algo más.

Como responsable civil del banco,

tienes la obligación de avisar a las autoridades.

Si lo hago y esto sale a flote,

la credibilidad del banco quedará en entredicho.

Podríamos perder muchos clientes... Los mejores.

Y si no lo haces, puedes acabar en la cárcel.

-¿A ver?

Tú...

Tú...

Y tú.

Los demás podéis volver mañana.

No me gustan los vagos ni los charlatanes.

Ahí tenéis la leña.

Cargad el camión y al final del día cobraréis vuestro jornal. ¡Vamos!

Gracias, le juro que no se arrepentirá.

Más te vale, porque hay un puesto fijo vacante.

Y si quieres dejar de esperar todas las mañanas, ya sabes lo que toca.

He trabajado muy duro toda la vida, no se preocupe.

Entonces, no habrá problemas.

Pasa a la oficina y deja tus datos para el papeleo: nombre, domicilio...

¿Qué pasa?

¿Qué no tienes dónde caerte muerto?

Pobre Jesús,

¿cómo ha podido vivir así todo este tiempo?

Lo he arreglado para que le dejen dormir en la nave

hasta que pueda pagarse una pensión. Gracias...

Si te pregunta mi padre, no le cuentes nada, anda muy delicado.

Con que sepa que está bien, basta.

Creo que es culpa mía.

Le prometí que haría su sueño realidad

y ha acabado vendiendo lo único que tenía y viviendo de la caridad.

Yo creo que debería... Alejandra, no es culpa tuya.

Él decidió vender y marcharse.

Perdona...

No, perdona tú.

Estás aquí consolándome después de lo que has pasado.

Siento lo de tu niña.

Gracias.

Quise llamarte pero, pensé que eran mejor dejar las cosas como estaban.

Creí que me guardabas rencor por no acudir a la cita.

Yo tampoco fui.

Entiéndelo, no podía aceptar lo que me ofrecías.

Merezco algo más que ser la otra.

Claro.

Supongo que fue una locura pensar que saldría bien.

Es hora de que lo asumamos, ¿no?

Quizás así dejaríamos de sufrir.

Espero que ese coronel te haga muy feliz.

Y si alguna vez me necesitas,

ahí estaré.

Siempre te llevaré en mi corazón.

No sé qué me pasa esta mañana que no doy...

pie con bola.

-Pues yo sí me hago una idea.

¿Cómo se te ocurre meter en esta casa al pelagatos con el que sales?

¿Tú estás loca? -Primero, no es un pelagatos.

Es oficial carpintero.

Y segundo, déjame que te explique. -¿El qué?

¿Que te has dejado engatusar

por uno que acabas de conocer hace cuatro días como quien dice?

-Pero bueno, ¿quieres escucharme?

Estas herramientas son mías.

Las he comprado en el Rastro.

Mateo solo me está enseñando carpintería.

Que yo no quiero ser una sirvienta toda mi vida.

-Vamos a ver, ¿y qué tiene de malo servir?

Esto es un buen trabajo y los señores nos tratan bien.

-¿De verdad que nunca has pensado en ser modista o poner una mercería

o una casa de comidas?

No sé, la gente que no tiene estudios va al ateneo y allí... -¿Al ateneo?

¿El muchacho ese es anarquista?

-Pero... de los buenos.

-¡Pero qué buenos ni qué ocho cuartos, Ludi!

Se enteran los señores y te despiden en un santiamén.

Tienes que dejar de verle. -¡Ni hablar!

María del Pilar, me gusta y yo le gusto a él.

Y creo que pronto me va a pedir que seamos novios.

-Pero, vamos a ver, ¿desde cuándo los anarquistas tienen novia?

¿Tú no te das cuenta de que ellos practican el amor libre, so tonta?

-Y tú siempre poniéndole pegas a todos los hombres.

¡Qué ninguno te parece bueno!

-Oye, que eso no es verdad, ¿eh?

-¿Ah, no? -No.

Entonces, ¿por qué no haces otra cosa más que darle largas al del Alemán?

-¡Shss! -Porque bien que te gustaba cuando te sacó de la comisaría...

-Lo hago para hacerme de respetar.

Que ese debe de estar acostumbrado a mucha fresca.

-Una cosa es ponerlo difícil y otra imposible.

Que, como no te espabiles, te vas a quedar para vestir santos.

De los que queman los anarquistas.

-Tu padre se ha marchado a la siega.

Volverá al anochecer.

No hacía falta que te fueras.

Te da miedo quedarte a solas con él, ¿verdad?

Alejandra, ¿a quién queremos engañar?

Tú sigues enamorada de Fernando de la Torre.

Eso no es cierto.

Escucha...

Nunca he utilizado a nadie para curar mis heridas

y no quiero que lo hagas conmigo. No es mi intención.

Al principio tuve dudas sobre lo que sentía,

pero ya no.

Créeme.

Por favor, no juegues conmigo.

Voy a perder la cabeza por ti.

Dígame, doctor, ¿cómo estoy?

Me gustaría intentar quedarme embarazada cuanto antes.

Será mejor que no se precipite.

Su cuerpo ha sufrido y debe recuperarse.

Lo sé, pero estoy dispuesta a seguir sus indicaciones.

Vitaminas, inyecciones...

Lo que sea, pero necesito un hijo.

Lamentablemente, las cosas no son tan fáciles.

¿Algo va mal?

No quiero que se alarme,

pero sería conveniente hacerle algunas pruebas

para tener un diagnóstico definitivo.

Vamos, doctor, no se ande con paños calientes.

¿Qué me pasa?

Su útero ha quedado muy dañado.

¿Y no puedo tener hijos?

¿Es eso lo que quiere decir?

Sí que puede,

pero corre el riesgo de morir durante el parto.

Hágame caso y cuídese.

Muchos matrimonios no tienen hijos y no pasa nada.

Doctor,

no le diga nada a mi marido,

tiene tantos quebraderos de cabeza...

Preferiría hacerlo yo.

¿Dónde vas con ese pañuelo rojo?

Pareces de la UGT.

¿No ves que llamas la atención?

-¿Tienes lo mío?

-Ya te avisaré si te necesito.

Aire.

-Un armañac, si tiene. Si no, coñac. Francés, claro.

-Según Hugo de Viana,

el hijo de Primo de Rivera está organizando una milicia

al estilo de los italianos.

-Lo que nos faltaba para el duro,

los camisas negras del barrio de Salamanca.

-Cuanto más se radicalice el panorama

más motivos habrá para empezar la revolución.

Moscú se pondrá muy contento.

-Claro...

-Te debía una visita y aquí estoy.

-¿Quieres que te enseñe el... el local?

No sé qué puedo hacer para ayudarte.

Dime qué quieres que haga...

Porque esto se tiene que acabar, no puedo más.

Perdóname, cariño,

sé que te estoy haciendo sufrir.

Pero es que me siento incapaz de seguir adelante.

Vámonos de viaje.

Nos vendrá bien para olvidarnos de todo.

Será como una segunda luna de miel.

¿Tú y yo solos? Sí...

Lejos de aquí...

Lejos de todo...

Pero está el banco...

Y tú tampoco puedes dejar tu trabajo en el partido.Me da igual.

Que se ocupen otros mientras estamos fuera.

Ahora lo único que me importa es que esos ojos dejen de llorar.

Y que tú y yo volvamos a ser tan felices

como lo fuimos en nuestra luna de miel.

Y que volvamos a reír juntos.

¿Qué me dices?

Te necesito, Mercedes.

Te necesito tanto...

¿El médico...?

Estoy bien.

Podemos intentarlo cuando queramos.

Y ya no hay nada más que contar.

Soy tan sosa como me ves.

-¿Me dejas soltarte el pelo? -No.

Y las manitas quietas, ¿eh?

Bueno, que ya es muy tarde.

Me ibas a enseñar el local y al final solo conozco la trastienda...

-Bueno, otro día.

Me gustaría volver a verte.

Hombre, no aquí, pero...

Yo vivo solo...

-Perdona, pero soy una mujer decente.

Yo no voy a casas de hombres solos.

-Bueno, no te preocupes, hoy mismo me busco un compañero de piso...

Perdóname, era broma.

Lo siento.

-Que sepas que no voy a consentir que me trates como a una de esas.

-Yo sé muy bien qué clase de mujer eres,

por eso me gustas.

Me tienes loco,

mosquita muerta.

-Pues muy bien.

Pero que no se te suba el pavo.

-No...

-Me voy.

Eh... quédate que no... no quiero me vean salir contigo.

-Sí, ten cuidado, que aquí la gente es... muy mal pensada.

-Pueden acusarte de falsedad en documento público.

Confía en mí y haz lo que te he dicho.

He heredado las acciones de mi padre, no sus enredos.

Y no pienso ir a la cárcel por su culpa.

Por cierto, León va a llevarme al teatro.

¡Mercedes!

Tenías razón, Leocadia.

Es hora de seguir adelante.

Me alegro mucho, hija.

¡Ya tengo los billetes!

¿Qué billetes?

Mercedes y yo nos vamos de viaje por Italia.

¿Italia?

¡Qué envidia!

Cuando me case, pienso recorrerla entera.

-¿Podéis marcharos tanto tiempo?

Había pensado que podías ocuparte del banco mientras estamos fuera.

Lo que decida mi mujer, por mí está bien.

Sé que hemos tenido diferencias,

pero somos familia

y estoy convencida de que puedo confiar en ti.

El consejo de administración está de acuerdo.

Puedes contar conmigo. Para mí será un honor.

Solo intento devolveros una mínima parte

de lo que me habéis dado desde que llegué a esta casa.

Si nuestros objetivos han de lograrse por la violencia,

no nos detengamos ante ella.

¿Quién ha dicho que cuando insultan nuestros sentimientos,

antes que reaccionar como hombres, estamos obligados a ser amables?

No hay más dialéctica admisible que la de los puños y las pistolas

cuando se ofende a la justicia o a la Patria.

Nosotros levantaremos este fervoroso afán de España;

nosotros nos sacrificaremos; y de nosotros será el triunfo.

-¿Qué te ha dicho José Antonio?

-Que acepta presentarse en las listas monárquicas de Cádiz.

Tenías que haber estado allí, Agustín.

Ha puesto en pie a todos con su discurso.

-España clama por un nuevo orden.

Y las elecciones son nuestra oportunidad para conseguirlo.

¿Crees que es nuestro hombre? -Es joven.

Puede que no sea un político fino,

pero es el líder que estábamos buscando,

alguien dispuesto a todo por defender a la patria de este caos.

-Entonces, estamos preparados.

Tenemos la fuente de financiación.

-Y una milicia dispuesta a devolver los golpes.

¿Qué dirá tu hijo cuando se entere

de que Renovación Española va a presentase en coalición con la CEDA?

-El acuerdo se selló con una gran ovación,

pero afortunadamente no creo que se oyera en Italia.

¿Y qué hay de tus antiguos compañeros de armas?

-Están preparando algo, pero nadie suelta prenda.

Desde luego, no quieren otra Sanjurjada.

-Con tal que sus armas hablen cuando llegue la ocasión...

-Lo harán.

-Pronto recuperaremos el poder.

Y ese día la República...

será solo un mal sueño.

-Sí que te escondes bien, sí.

Me ha costado meses encontrarte.

Acércate a por unos sacos, que se están acabando.

¿Qué quieres?

Que dejes de perder el tiempo aquí y te unas a nosotros.

El sindicato necesita ahora más que nunca gente decidida.

Con cojones para luchar, como tú.

Este Gobierno ha traicionado a la clase obrera

y la derecha se presenta unida a las elecciones.

Si las gana, estamos perdidos.

¿Y qué piensa hacer el sindicato?

Ha llegado la hora de la revolución, compañero.

O luchamos ahora por nuestros derechos a muerte

o nadie lo hará por nosotros.

Ya, pero es que mi lucha ahora es otra,

la de ganarme el pan, honradamente, como decía mi padre.

Como cuando robaste el dinero al pagador de los De la Torre, ¿no?

-¡Jesús!

Entra, que quiero hablar contigo.

-Anda ve,

que te llama el amo.

Ya nos buscarás cuando te vengan mal dadas. Todos hacéis lo mismo.

He ido a ver a Jesús a la leñería.

Me he quedado lejos, no me ha visto.

Sé que me vas a decir que tengo que respetar su decisión.

No sé, me apetecía tanto abrazarlo...

y decirle que la cosecha ha sido buena,

que estamos haciendo una escuela...

Hablarle de nosotros, no sé...

¿Eres feliz?

Nunca pensé que volvería a ilusionarme así.

¿Y si me trasladaran?

¿Qué pasaría con nosotros?

¿Por qué dices eso?

Porque, si gana la CEDA, cambiará la cúpula militar.

Pero tú has servido con lealtad a la República.

Nadie puede reprocharte nada.

Precisamente por eso me destinarían a Marruecos.

Para que siga sirviéndola desde allí.

Eso no va a pasar.

Ya verás.

-Les va a votar su madre. Mucho prometer que todo iba a cambiar

y desde que están en el Gobierno no han hecho nada.

Si todos los días en la puerta de la fábrica

hay un montón de obreros con más hambre que el copón,

a ver si pillan alguna peoná.

-Y tanto jaleo para echar al rey, ¿y para esto?

Es el mismo perro con distinto collar.

Señores,

yo también esperaba más de este Gobierno.

Han cometido errores, pero dándoles la espalda no ganamos nada.

¿Llama error a lo de Casas Viejas?

El ministro de Gobernación debería de estar ahorcado desde enero.

Si dejamos que los enemigos de la República lleguen al poder,

todos los intentos de sacar a este país de la miseria y el atraso,

habrán sido en vano.

¿Es eso lo que queremos?

Los rendimientos de tus inversiones en los últimos meses.

-Vaya,

los beneficios son mayores de lo que esperaba.

-Cuestión de suerte,

y de estar en el sitio oportuno.

Desde el banco puedo acceder a información muy valiosa

para nuestros intereses.

-Entonces, habrá que aprovechar el momento

antes de que regrese su nuera.

-He de reconocer que me había equivocado contigo.

Te había tomado por otro de esos jóvenes

cuyo único oficio es dilapidar el patrimonio familiar.

-Aunque no reniego de las buenas costumbres de nuestra clase,

me tengo por un hombre emprendedor.

-Muy bonito,

yo esperándote y tú aquí con mi padre.

Al final, me voy a poner celosa. -Perdona, hija, ha sido culpa mía.

Quería tratar con León algunos asuntos que no podían esperar.

¿Vais a salir?

-Pensaba llevarla a un concierto en el Retiro.

Si a usted no le importa.

-Tráela de vuelta pronto o Leocadia se preocupará.

No están las cosas para andar de noche por la calle.

-Papá... Ya soy una mujer.

-Para nosotros siempre serás nuestra niña.

-No se preocupe, jamás dejaría que le pasara algo a mi tesoro.

-Vamos.

Adiós.

-Adiós.

# De Mallorca lo sé. Viuda de un gran marqués.

# En palacio viví #.

¡Por el nuevo encargado!

¿Quién te ha visto y quién te ve?

Deberías darle las gracias a tu ángel de la guarda.

Yo no creo en esas cosas. Yo creo en el trabajo duro.

¡Un hombre hecho a sí mismo! Sí señor.

Tú sigue así, que muy pronto igual tienes tu propio negocio...

Eso se merece otro brindis.

¡Paco!

¡Otra de lo mismo!

Se van a enterar todos de lo que soy capaz.

Sí, señor.

Perdona, pero no puedo poner nada más hasta que no me abonéis la cuenta.

Invito yo, ¿eh?

Faltan seis pesetas.

Apúntamelo, y yo te lo pago. Tú sabes que aquí no se fía.

-Si es que pa’ tan pocos cuartos, frecuentas unos sitios mu finos.

-No te amargues, ya me devolverás algún día.

Mejor vámonos, Pedro.

Hay sitios por ahí con mucha más clase.

¿Pero cómo no habéis avisado de que llegabais?

-Hubiésemos enviado el chófer a recogeros.

Fernando insistió en daros una sorpresa.

¿Qué tal todo por aquí?

Las cosas en el banco van muy bien.

He supervisado personalmente todas las operaciones importantes.

No tenía la más mínima duda de que lo harías, gracias.

Papá, no les aburras con el trabajo.

¿Cómo es Italia? ¿Es tan bonita como dicen?

Nos hubiera gustado quedarnos más tiempo,

pero con las elecciones tan cerca era imposible.

Con que al final nuestros partidos se presentan juntos...

Por encima de nuestras diferencias,

algo de la máxima importancia nos une: salvar a España de los rojos.

Siempre y cuando se respeten las reglas, jugaré con el equipo.

Entonces, pongámonos a ello cuanto antes.

Y yo pienso ayudar a mi marido durante toda la campaña,

si mi estado me lo permite, claro.

¿Te encuentras mal?

¿Estás embarazada?

Sí...

¡Enhorabuena, hija! ¿Ves como yo tenía razón?Sí, gracias.

Me haces el hombre más feliz del mundo.

¿Cómo ha dejado que pasara?

Lo siento.

Sé que prometí esperar abajo, pero no podía aguantar los nervios.

¿Cómo está?

Deberá guardar reposo.

Puede levantarse, dar un paseo... pero nada de salir a la calle.

Y evite cualquier disgusto.

¿Por qué?

¿Pasa algo?

Doctor, por favor... Son unos irresponsables.

Dije claramente que la vida de su esposa corría peligro

si se quedaba en cinta.

Pero si no van a hacerme caso, deberían buscarse otro médico.

¿Lo sabías y no me dijiste nada?

Tenía miedo de perderte.

Sé lo mucho que deseas un hijo

y estoy dispuesta a todo por hacerte feliz.

Ya lo soy, Mercedes, y no necesito un hijo para eso.

Mercedes, soy muy feliz

y siempre voy a estar a tu lado.

¿Qué tengo que hacer para que me creas?

No te preocupes,

todo va ir bien.

Lo presiento.

Menuda resaca, ¿eh?

Quien es hombre para juergas, es hombre para trabajar,

así que espabila.

¡Y con brío! ¡Aún hay que ganarse el sueldo para pagar las cuentas!

¡Pero ¿qué has hecho, animal?!

Lo siento... No la he visto.

¡Te has cargado mi moto! ¡La has dejado pa la chatarra!

¡Esto lo vas a pagar con tu sueldo! ¡Inútil!

Pero cómo.. ¡Tendría que trabajar meses trabajando!

¡Que ha sido un accidente! ¡Lo que hay que aguantar!

¡Te invito a las copas, me jodes la moto

¿y quieres que yo apoquine?! Bueno, el camión está asegurado...

¡Ya salió el listo! ¡O pagas o te largas!

¡Pues me largo!

¡Pero yo de aquí no me voy sin que me des mi liquidación!

¡Me 'cagüen'! ¡Lo que te voy a dar es una manta hostias...!

¡Miserable! ¡Miserable como todos los patronos!

¡Me 'cagüen'! ¡Eres un miserable!

¡O pagas o te largas! ¡Lárgate de aquí! ¡Fuera! ¡Vete ya, coño!

¡Esto no se se queda así! ¡Fuera!

¡Por mis muertos que esto no se queda así!¡Fuera, coño!

A ver, un momento.

Esa mano ahí.

Un poquito más adelante.

Y fuerte.

Así.

¿Ves cómo queda mejor ahora? -Sí.

-Vas a ser un carpintero de los buenos.

-Mateo, por favor...

-Llevamos meses así.

Estoy harto de que me tengas a pan y agua.

-Bueno, pues te aguantas.

Yo solo me beso con mi novio.

Y como tú y yo no lo somos...

-¿Ya estás otra vez?

A ver, ponerle nombre a lo nuestro es reaccionario.

Disfrutemos del amor sin convencionalismos clericales...

-¡Mira, dichosas frasecitas, eh! A mí no me vengas con consignas.

Si no hay noviazgo, no hay besos-besos.

-No sé por qué insisto.

-Pues porque soy estupenda y maravillosa

y no vas a encontrar a otra como yo.

-Eso seguro.

¿Qué quieres que hagamos mañana?

¿Quieres ir a un mitin del Partido Radical Socialista? -Sí.

Tengo que pensar bien a quién voy a votar

y hay tantos partidos que no sé... ¿Me acompañas?

-¿Para qué?

¿Para qué? ¿Para qué? Si las elecciones no sirven de nada,

si al final los que acaban gobernando el país siguen siendo los mismos,

¿para qué? -Pero, entonces, ¿qué hay hacer?

-Organizarnos para cambiar las cosas en vez de votar.

Cuando la madera está carcomida, no vale con echarle una mano de pintura.

Hay que sanearla.

-Pero a mí me hace mucha ilusión.

Es la primera vez que puedo hacerlo y me iba a poner de tiros largos.

-Tanto venir por aquí estos meses, ¿y no se te ha pegado nada?

Hay cosas más importantes

que pensar en el vestido que te vas a poner ese día. -¿Ah, sí? -Sí.

-¡Pues que te den!

Esos son sus votos.

El día de las elecciones dispondrán de dos horas libres

para depositarlos en las urnas.

Hagan uso de ellas cuando consideren.

-Muchas gracias, señor.

-Me gustaría tanto tener edad para votar.

Es tan emocionante...

-No veo por qué.

Yo nunca lo he hecho

y la verdad es que no tengo la sensación

de haberme perdido gran cosa. -Los tiempos han cambiado.

Y el voto de las mujeres vale lo mismo que el de los hombres

para acabar con el marxismo.

-Ya, pero la política siempre ha sido cosa de hombres.

No creo que vaya a cambiar ahora porque nos dejen votar.

-O sea que, aunque votemos, no contamos para nada...

-Cariño, nosotras tenemos la tarea más difícil e importante que hay:

cuidar de nuestras familias.

-Entonces, ¿no piensas votar?

Si no lo haces, es como si apoyaras al Gobierno

que aprobó la ley del divorcio, la reforma agraria,

la expulsión de los jesuitas...

¿Es eso lo que quieres?

-Agustín, nunca he rehuido a mi deber.

Haré lo que tenga que hacer.

-Lo que se necesita es que alguien ponga un poco de orden en España.

¿Dónde se ha visto que no dejen enseñar a los curas y a las monjas?

Si no llega a ser por ellos,

a ver quién sabría leer y escribir en este país.

Y a ti, ¿qué te pasa?

¿No discutes conmigo después de todo lo que he dicho?

-Me da igual.

Total, no sé si voy a votar.

-¿Cómo que no?

-Pero, con la ilusión que te hacía...

-Es que llevo toda la noche dándole vueltas...

y me hace más ilusión tener novio.

Es que nos hemos peleado porque no quiere que vote.

-¿Y tú vas a hacer lo que él diga?

-Venga, mujer, anímate.

-No, es que mucha libertad, mucha CNT y al final siempre igual:

ellos son unos brutos y nosotras unas tontas.

-Bueno, pues seré tonta, pero no quiero perderle.

Con lo que cuesta conseguir un hombre como Dios manda...

-Si alguien pregunta por mí, dile que he ido al mercado. -Vale.

Es un gran discurso.

El que entre indeciso, saldrá convencido.

No voy a darle más vueltas.

Lo voy a enviar así. ¿Para qué?

¿Tienen que aprobarlo o algo así?

No, es que... no voy a ir al mitin.

Un compañero lo leerá en mi nombre.

Gil Robles y la plana mayor van a estar allí.

¿Quieres que otro se lleve el mérito?

No pienso dejarte sola.

Fernando,

sabes que no me perdonaría que te vieras perjudicado por mi culpa.

Has arriesgado mucho por mí.

Ahora me toca cuidarte.

¿Y qué vas a hacer?

¿Estar pegado a mí los nueve meses?

Cariño, te quiero mucho, pero no creo que pueda soportarlo.

Ya está decidido.

No hay nada más que hablar.

Adelante.

Perdón.

Don Félix Urbaneja está abajo. Y ha pedido verles.

Dile que todos los asuntos relacionados con el banco

los lleva mi padre.No, espera... Puede que sea importante.

Dile que ahora bajo.

Recuerda lo que dijo el médico: tranquilidad.

Pues ven conmigo.

Por si me pasa algo de aquí al salón.

Te creía capaz de muchas cosas, pero... ¿de un desfalco?

Agustín, ¡por Dios!

¡Vas a ir a la cárcel, papá!

Tiene que haber un error. ¡No he hecho ningún desfalco!

¡No mientas más! Tus firmas están en los documentos.

¡Has desviado fondos de varias cuentas del banco

a cuentas de Renovación Española! ¿Cómo has podido? ¡Yo confié en ti!

Cálmate, piensa en el niño.

¿Qué va a ser de esta familia si te condenan?

¿Has pensando en las consecuencias?

-¡No he autorizado estas operaciones!

Me han tendido una trampa.

Nadie va a ir a la cárcel,

esto no va a trascender.

He dado la orden de que cubran la pérdida con parte de mi herencia.

Mercedes...Lo haremos pasar por un error contable.

En cuanto vendamos la cosecha, te prometo que te compensaremos.

-Leocadia...

No lo hago por ti,

sino por la credibilidad del banco

y, sobre todo, por Fernando:

un político honesto como él no merece que le salpiquen

los manejos de su padre.

Me la has jugado bien, ¿eh? ¡Papá!

¡¿Es así cómo agradeces no ir a la cárcel?!

No la defendería tanto.

No sabes de lo que es capaz tu mujercita.

No me encuentro bien.

Concedió un crédito a Renovación Española a tus espaldas.

Favoreció a tus rivales políticos

a cambio de asegurarse la presidencia del banco...

¿A que eso no te lo había dicho? ¡Llama al médico, por favor!

¡Ludi! ¡Ludi! ¡¿Qué has hecho, Agustín?!

-¿Qué tal, María del Pilar? ¿Cómo estás? -Bien.

-Eh... ¿Puedo ayudarte en algo?

¿Quieres apuntarte a algún curso o algo?

-¿Para qué? ¿Para que me metas en la cabeza que hay que ser libres

y no sé cuántas pamplinas más y luego no dejarme votar, como a Ludi?

-¿Eso te ha dicho?

-Anda, que tienes un cuajo...

Pues mira, ella es una mujer honrada y trabajadora

y tiene un corazón que no le cabe en el pecho, ¿eh?

Y si la dejas escapar, es que eres tonto.

-Fue ella la que me mandó a paseo a mí.

-Pero porque estaba enfadada, pero ella te quiere.

Si está dispuesta a renunciar a todo por un pelagatos como tú...

Vamos, que si llego a ser yo...

¿Entonces qué?

¿Vas a dejarlo o eres un hombre como Dios manda?

-¿Pero que no era un pelagatos?

-¡Qué a mí no me líes, ¿eh?!

Que dándole a la mui igual me ganas, pero a mala leche no.

-A ver, si me tienes ojeriza, ¿por qué has venido?

-Porque no quiero ver sufrir a mi amiga.

Así que tú verás, ¿eh?

-¡Ay!

Hola, María del Pilar. Hola, señorito Jesús.

He venido a ver a un familiar... Perdona, que tengo prisa. Lo siento.

Hola.

Si vuestra oferta sigue en pie podéis contar conmigo.

Ahora vienes buscando el paraguas del sindicato.

Pronto han llegado los malos tiempos...

-¿Cómo está?

-El médico sigue con ella.

-Dilo ya. Dudas de mí.

-Dime la verdad, por una vez.

¿Te has llevado ese dinero?

-Pacté con Mercedes un crédito

a cambio de no enfrentarnos por la presidencia del banco.

Así conseguí la financiación para Renovación Española.

-¿Y ella se lo ocultó a Fernando?

-Sí. Como comprenderás, yo no podía ser menos.

Pero no he hecho ningún desfalco.

Tienes que creerme.

-Pero, ¿y qué consigue Mercedes acusándote?

-Nos odia.

Se ha propuesto acabar con esta familia.

Esto no es como cambiar un par de cortinas

o contratar una criada sin consultarte.

Leocadia, esa mujer es peligrosa.

-No seré yo quien la defienda, pero creo que estás exagerando.

-Piénsalo. Siempre está cerca cuando hay algún problema;

siempre detrás de Fernando, metiendo cizaña...

El paripé de antes era para que lo viera nuestro hijo.

Para ponerlo en contra nuestra.

-Tú se lo pusiste fácil.

-Puede.

Nos equivocamos al presionar a Fernando.

Alejandra es una bastarda, pero más manejable.

Eso ya no tiene arreglo.

-¿Y ahora? ¿Y ahora qué vamos a hacer?

-No lo sé.

Cuanto más tiempo pase esa serpiente venenosa en esta casa,

más peligro corremos.

Gracias, doctor, por todo.

Sé que es un momento muy difícil, pero créanme...

Perder ese bebé es lo mejor que podía haberles pasado.

¡Shh! Eh, estoy aquí....

Dime ahora que no necesitamos hijos para ser felices. Dímelo, por favor.

Mercedes, descansa,

no hay que hablar de eso ahora.

Vas a ir a buscarla, ¿verdad?

No...

¿Pero por qué sigues dudando de mí?

Alejandra no es nuestro problema,

es lo que haces, Mercedes.

La posición en la que me colocas.

Hemos sido muy felices

y quiero que sigamos siéndolo.

Pero no puede haber más secretos entre nosotros.

Nunca más los habrá, porque si tú me dejas me muero, Fernando.

Te lo juro.

Hija, qué desgracia, ¿eh? Perder dos niños tan seguidos...

-Yo creo que les han echado mal de ojo.

-¿Tú crees en esas cosas?

-¡Qué va! Pero en mi pueblo pasa mucho.

-¿Quién será a estas horas?

-Bueno, yo voy a ver si la señora necesita algo antes de retirarme.

-¿Se puede saber qué haces aquí?

-¿No querías ir al mitin?

Pues venga, arréglate...

-Si las elecciones no sirven para nada,

el sistema está podrido y no sé cuantas cosas más...

-Que yo no vote no quiere decir que no acompañe a mi novia.

-Repítelo.

-Que no tienes por qué hacer todo lo que yo diga si no estás de acuerdo.

-Me refiero a lo otro.

¿Has dicho novia?

-Mucho no me gusta la palabra,

pero si así te quedas más contenta...

-Si vamos al mitin, tenemos que irnos ya.

Bueno...

Podemos llegar un poquito más tarde.

Mercedes duerme.

En cuanto se recupere de la hemorragia se pondrá bien.

Me alegro.

Vas a dejar la presidencia del banco.

Lo daba por hecho.

Mercedes no pretende que salgas por la puerta de atrás.

Dimitirás, por escrito.

Tú mismo eliges los motivos.

Qué considerada, teniendo en cuenta que me acusa de algo que no he hecho.

Me da igual si te has quedado con el dinero o no.

Lo que más me preocupa es que, a estas alturas,

de ti me puedo creer eso y cosas peores.

¿No te parece terrible

oír eso de la boca de tu propio hijo?

Todo lo que hago, esté bien o mal,

lo hago por el bienestar de esta familia.

No, ya no sirve, papá.

No nos utilices como coartada.

Buenas noches.

No ha sido fácil camelarme a Agustín, pero ha merecido la pena.

Ya le tengo entregado.

-No hay como ponerles un montón de dinero delante

para que no vean más allá de sus narices.

-Si el panoli supiera de dónde viene...

¿Y qué vas a hacer con la hija?

¿Piensas seguir con la farsa hasta el final?

-¿No me ves como un De la Torre?

A esa familia le vendría bien sangre nueva.

-¿Vas a casarte con ella? -Mañana mismo, si hace falta:

la tengo babeando como una perra en celo.

Pobrecilla...

-Yo que tú acababa con esta y me iba buscando otra.

Mucho no creo que le saques.

Se dice que han perdido la mitad de su fortuna en los últimos años.

-Eso puede cambiar pronto.

Si la derecha gana las elecciones, ellos tendrán influencia.

La influencia llama a dinero.

Y allí estaré yo para llevármelo todo.

Lo mismo ha llegado el momento de que siente la cabeza.

-¡Amigo, eres grande!

-¿Sabes quiénes son?

-¡Qué no encuentro el voto!

-¿El que nos dio el señor? -¿Cuál va a ser?

-Ah, yo lo tiré.

No pienso votar a esa gente.

-¿Abriste el sobre?

-¡Pues claro! ¡Soy yo la que vota! Y me niego en redondo.

¡Qué ‘Renovación Española’ ni que ocho cuartos,

si lo que quieren es ir para atrás!

-Entonces, ¿a quién piensas votar tú? -Eso es un secreto...

-Hija, secretos entre tú y yo a estas alturas. -¡Ay, qué no!

-¿Vas a votar a los revolucionarios?

-No te lo voy a decir.

-Muy bien...

-Mujer, no te enfades.

Mira, si no sabes a quién votar

y no quieres hacerle un feo a los señores, pues vota por el señorito.

-¿Y cuál es su partido?

-Yo te lo digo.

-Y ahora a votar con la frente bien alta.

¡Que para eso valemos lo mismo que un marqués!

-Buenos días.

Luz Divina Sánchez García.

-Luz Divina Sánchez García.

-María del Pilar Hermosa Rodríguez.

-María del Pilar Hermosa Rodríguez.

-Esto no me gusta.

Tu hijo debería haber vuelto ya con el resultado de las elecciones.

-Estoy segura de que Fernando va a ganar.

¿Tú no?

-Eso espero, porque todos nos jugamos mucho.

¡Mercedes! ¿Qué haces levantada?

Ya no aguantaba más ahí arriba. ¿Se sabe algo?

Ahí llega.

¿Qué ha pasado? ¿Quién ha ganado las elecciones?

Entiendo...

Gracias por llamar.

¿Quién era, el coronel?

Los han acuartelado por si hay incidentes.

La CEDA ha ganado las elecciones.

Han conseguido 115 escaños.

Madre... Entre unos y otros la van a liar.

-¡Por fin España va entrando en razón!

-¡Felicidades, hijo! Estoy muy orgullosa de ti.

Prométeme que me llevarás al Congreso para escuchar tus discursos.

Por supuesto, hermanita. Solo espero estar a la altura.

Esperad,

brindad con nosotros.

¿A que ahora te alegras un poco de que el señorito haya ganado?

Al fin y al cabo, sois de la familia.

Enhorabuena. Gracias.

-Hemos conseguido pararles los pies.

Y con la ley en la mano, como tú querías.

Si te dirijo la palabra es solo para no disgustar a mamá, pero nada más.

¡Familia!

¡Por el futuro!

¡Por España! ¡Una y libre!

-Hija,

gracias a Dios ya no trabajas para el ministerio.

No tienes por qué preocuparte...

No es por mí, es por Fernando.

Cree que lo van a destinar a Marruecos.

Me preguntó si me iría con él.

¿Tanto os queréis?

Entonces, no le dejes escapar, hija.

Vale, yo podría hacerme cargo de la finca mientras estáis fuera.

Como cuando trabajaba para los De la Torre.

Y cuando vuelva Jesús, pues estaremos los dos.

Tú solo tendrías que venir de visita de vez en cuando

para ver cómo van las cosas.

Creía que no le gustaba mi coronel.

Bueno, eso era para que no se confiara.

Y que supiera que alguien vela por ti.

Yo solo quiero que seas feliz, hija.

Y ese Alcázar es un buen hombre.

Bueno, bueno, bueno, que es que... tengo que salir un momento... sí...

Ah, y creo que ya sé dónde vamos a montar la escuela.

-¡Está cerrado!

¿Qué haces aquí?

Te dije que no quería volver a verte.

Vengo a por lo mío.

Me debes la última semana de paga.

¿Me destrozas la moto y encima quieres que te pague?

Anda, vete a dormir la mona a un portal.

Yo de aquí no me voy hasta cobrar.

El sindicato dice que tengo derecho... ¡Ah...! ¿Ahora eres sindicalista?

Nos ha jodío... ¿Lo sabe ya el señorito que te mantiene?

¿Qué coño dices?

Fernando de la Torre me obligó a contratarte.

Y ha estado pagando tu sueldo.

¡Eso es mentira! ¡Eso es mentira!

¿Por qué crees si no que te hice encargado, por tu cara bonita?

¡Pedazo de inútil!

A saber los favores que le habrás hecho al finolis ese.

¡Hijo de puta!

(Teléfono)

¿Sí?

¿Oiga?

¿Quién es?

Es... es que no oigo nada...

Bueno...

Jesús...

Jesús, eres tú, ¿verdad?

¿Cómo estás?

¿Estás bien?

¿Qué te pasa, hijo?

¿Por qué no vuelves a casa?

Yo no quise decirte todo aquello.

Lo que hiciste, lo hiciste por desesperación...

... porque tú eres un buen hombre y un buen hijo,

no has hecho nada que no tenga arreglo.

Vuelve.

Vuelve, hijo...

Y lo solucionaremos juntos.

¿Jesús?

¿Qué ocurre?

Habría que encontrarle antes que la Guardia Civil

si queremos demostrar su inocencia. A mi marido no me lo van a devolver.

Pero quiero que ese anarquista malnacido

pague por lo que ha hecho.

-¿Vuelves al ejército?

Y con el grado de coronel.

-Se lo suplico, ayúdeme. -Jesús ha ido por el mal camino,

está condenado, y yo no defiendo causas perdidas.

Me gustaría pedir permiso a tu padre para formalizar nuestra relación.

Si estás de acuerdo, claro.

¿Mercedes? Quería decirte...

que siento mucho por lo que estáis pasando.

Yo no quería matarle, yo solo quería que me pagara lo que me debía.

Y si eres inocente, ¿por qué no te entregas?

-Estamos buscando una modelo para un cartel y tú nos vienes al pelo.

-Don Agustín puede adquirir una parte según los recursos de que disponga,

yo adelantaré el resto.

-Pronto nos hará falta gente y el chico puede venirnos bien.

-¡Vaya! Qué mala suerte.

He venido buscando a un amigo

y aquí me voy a quedar.

Es mi vida.

Y es el hombre que quiero, voy a ser feliz con él y no vas a impedirlo.

-Confieso que he tenido pensamientos impuros con un hombre.

Les aseguro que a la familia De la Torre no le une

ningún vínculo con Jesús Prado.

No sé dónde está.

Y aunque lo supiera no te lo diría.

Subtitulado por Accesibilidad-TVE.

14 de abril. La República - Temporada 2 - Capítulo 19

08 dic 2018

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