Felipe VI representará a una nueva generación que tiene una visión más moderna del papel de las relaciones internacionales. Hereda un legado de política exterior exitoso en su conjunto, según el consenso de la mayoría de los analistas, que tratará de preservar y enriquecer pero con un perfil biográfico diferente y un escenario cambiante.
1. Impulsar las relaciones con EE.UU.: Washington ha perdido interés por Europa y Felipe puede hacer valer su especial ligazón con el país, donde vivió y estudió, para mejorar las relaciones. También con la cada vez más numerosa minoría hispana.
2. Recuperar brío con el Nuevo Continente: Felipe deberá continuar la relación cultivada durante años por el rey Juan Carlos I, artífice de las cumbres iberoamericanas. Y ya tiene mucho camino ganado porque lleva desde los 27 años representando a la Corona en las tomas de posesión de los líderes latinoamericanos. Iberoamérica es su segunda casa.
3. Acercamiento al mundo árabe: su padre ha sido el gran valedor de la relaciones con Oriente Medio y Marruecos, un país “hermano” para la Casa Real española y del que depende mucho la seguridad de nuestra frontera sur. Deberá decidir si continuar con esta aproximación al mundo árabe o dar un giro ante el los cambios ocurridos en los últimos años.
4. Consolidar las relaciones con Asia-Pacífico: la lejanía y falta de idiosincrasia el continente más extenso y poblado de la Tierra es un importante desafío. Felipe deberá mirar más al este para que España sea más tenida en cuenta por el gigante asiático.