Luis Candendo Pérez era militante de Unión de Centro Democrático (UCD). Orensano de nacimiento, llevaba más de media vida en Gipuzkoa. Tenía 43 años, estaba casado y era padre de tres hijos. Trabajaba en la empresa Altos Hornos y su horario laboral terminaba poco antes de las siete de la tarde. Cuando salía de la fábrica, acostumbraba a ir a su casa, en Antzuola, para recoger la merienda y marchar a la sociedad donde pasaba el resto de la tarde con un grupo de amigos.
El 9 de noviembre de 1978, Luis paró el coche frente a la puerta de su casa, tocó la bocina y, como de costumbre, su esposa, María Luisa Zabala, salió para darle el bocadillo. Entonces un encapuchado se acercó y le disparó a través de la luna delantera del vehículo. Luis intentó salir del coche para ponerse a salvo, pero un segundo terrorista disparó a través de la ventanilla del conductor y lo mató. Los agresores huyeron en un vehículo que fue localizado poco después en Bergara, a unos 3 km del lugar de los hechos.
ETA militar se atribuyó la autoría de este asesinato. Un día después del atentado, miles de personas se manifestaron contra del terrorismo en toda España.
Mariano Román tenía 37 años era gaditano, de Algodonales. Estaba casado, era padre de cinco hijos –tres chicos y dos chicas- y llevaba veinte años destinado en la Comandancia de San Sebastián. El 5 de junio de 1975 estaba de servicio con su compañero Higinio Martín Domínguez en el tren correo número 14 de los Ferrocarriles Vascongados. A las 7:00 horas vieron subir en la estación de Añorga a dos hombres que les llamaron la atención, pues llevaban gabardinas a pesar de estar en junio.
Higinio se acercó para identificar a los dos sospechosos con el tren ya en marcha. Los individuos retrocedieron y uno de ellos abrió fuego con una metralleta contra los agentes. Los impactos alcanzaron una ventanilla y sus cristales dieron en los ojos de Higinio. Los dos etarras aprovecharon para cambiar de vagón mientras los agentes se colocaban en las puertas para cubrir la posible salida de los terroristas. Desde allí, Mariano Román Madroñal salió despedido del tren fracturándose la base del cráneo en la caída, y murió en el acto. Los dos etarras saltaron del tren en Recalde, donde les aguardaba un vehículo en el que se dieron a la fuga.
Miguel Hernández Espigares, de 23 años, natural de Guadix (Granada), estaba soltero. Su destino era la III Compañía Móvil de Barcelona, pero se encontraba en el País Vasco como refuerzo a las plantillas de la zona.
Miguel fue asesinado por ETA el 20 de septiembre, cuando estaba comiendo con tres compañeros de trabajo, Antonio García Argente, Mariano González Huergo y Alfonso Martínez Bellas, en el restaurante Arrieta de Marquina.
Véase el relato completo del atentado en Antonio García Argente.
Véase también Mariano González Huergo y Alfonso Martínez Bellas.
La casa de Margarita González, de 69 años, estaba en la calle José Silva, cerca de donde, a las 8:05 horas, explotó un coche-bomba colocado por ETA, el 19 de abril de 1995. El atentado iba dirigido contra el entonces líder de la oposición y presidente del Partido Popular (PP), José María Aznar. Margarita murió el 22 de julio por las heridas de aquel día. Quedó sepultada entre los escombros de su casa.
Agustín Mansilla, marido de Margarita, y una veintena de personas también resultaron heridas. El SAMUR logró reanimar a Margarita y la trasladaron de urgencia al Hospital Ramón y Cajal, donde permaneció en coma hasta morir. Fue enterrada tres días después de su fallecimiento en Puebla de Alcocer (Badajoz). Margarita tenía una hija y un hijo, agente del Cuerpo Nacional de Policía.