En el capítulo 'Despoblados' de esta semana Escala humana se adentra en el fenómeno de "La España vacia". Una España desconocida e ignorada. Nos preguntamos ¿quién vive aquí y cómo?
Núria Moliner habla con el escritor y periodista Sergio del Molino. Juntos analizan distintos aspectos de esta despoblación y las posibles alternativas. Sergio considera que la sociedad española debe exigir a la clase política que no deje atrás a la España vacía por un tema económico.
Actualmente en España el 90% de la población vive concentrada en el 30% del territorio, sobre todo en la costa y Madrid. Es decir, un 10% vive dispersa en un gran territorio sin servicios ni recursos.
Una de las causas de la despoblación es el abondono rural. El último gran éxodo fue provocado por el franquismo: en 15 años España pasó de básicamente agrícola a urbana. Actualmente la gente marcha de los pueblos por la falta de empleo. Así el campo se vacía y envejece, apunta Abel, de Añón de Moncayo.
Esquema de estructura del pueblo de 'Vegaviana'
De la mano de Esther Abujeta, doctora en Historia del Arte e investigadora de la historia de estos pueblos de Extremadura, descubrimos Vegaviana.
Este proyecto fue ideado por el arquitecto y urbanista José Luis Fernandez del Amo con propuestas arquitectónicas innovadoras y modernas, plenamente vigentes. Fernandez del Amo creó el pueblo desde cero: conservó el paisaje natural y sustituyó las calles por espacios abiertos, con dos vías principales perpendiculares, que dividen el pueblo en cuatro superislas. En cada una, una plaza con los edificios públicos: ayuntamiento e iglesia.
¿Cuáles son las alternativas a la España vacía? Núria Moliner habla del "Anillo" en la población cacereña de Guijo de Granadilla. Con más de 5.000 metros cuadrados dedocados al deporte vemos que revitalizar estas zonas no es ninguna utopía. El proyecto útil aporta soluciones locales y reales, en la unión positiva entre arquitectura y urbanismo.
El arquitecto Tomás Marin ha estudiado el fenómeno de la despoblación y comenta que también ha habido situaciones paradójicas como seguir construyendo en la España vacía más de lo necesario.
Imagen de la España vacia
Pero con la ultíma crisis económica muchos proyectos se abandonaron. Markel Redondo es fotógrafo de esta España vacía. En Sand Castles muestra un paisaje desolador que da sensación de apocalipsis: como si fueras el último habitante de la tierra rodeado de ladrillos y elementos arquitectónicos destrozados. Quiere que tomemos conciencia de lo que hemos hecho en nuestro entorno.
Núria hace una última pregunta: ¿cómo integrar lo rural y lo urbano? Para dar respuesta, muestra el Auditorio de Plasencia. Una crisálida de piel y huesos que cierra la ciudad y se levanta prácticamente flotando sobre el campo extremeño. Una mirada diferente que ayuda a redescubrir el paisaje.
Núria Moliner nos muestra el Auditorio de Plasencia como ejemplo de sintesi de la arquitectura con el medio
Mira el programa completo de Escala Humana, 'Despoblados' completo, a continuación
28.24 min
Transcripción completa
El problema de la España vacía
quizá no es tanto que estuviera siempre vacía,
sino que no se llenó nunca,
que siempre se quedó al margen de la Revolución Industrial,
se quedó al margen de la Modernidad
y se quedó al margen de las tendencias urbanizadoras
que sí que estuvieron presentes en todo el continente
y que hicieron de la Península Ibérica
un lugar un poco atípico en términos demográficos.
A mí me ha interesado mucho más el discurso sentimental.
Una de las cosas que me sorprendieron
cuando empezó el libro a tener mucho éxito
y me empezaron a llamar de muchos sitios para hablar de él
es que en el encuentro con los lectores
todos hacían una lectura muy sentimental del libro.
Sentían que hablaba de una parte de ellos,
sentían que hablaba de una parte muy importante de su identidad.
Que habían dejado abandonada o que pertenecía a sus abuelos,
pertenecía a algo que era muy íntimo
y que se lo apropiaban.
Yo creo que lo que caló es ese concepto,
esa idea, esa conciencia
de que hemos perdido un mundo.
Y es un mundo que dice mucho de nosotros,
que nos importa mucho
y, entonces, hay un montón de gente
que siente que...
que lo siente como una pérdida irremediable.
Y creo que esa es la catarsis,
ese es el núcleo de todo lo que ha venido después.
Mi abuelo, que era aragonés,
nació en un pueblo pequeño llamado Ubierta
que va a desaparecer dentro de unos años
porque cada vez tiene menos habitantes.
Ya está en torno a los 50 habitantes, no lo sé.
No se sostiene y ya era un pueblo que siempre fue muy pequeñito.
Y él nació allí, pero nunca vivió allí.
O sea, él ya estaba desligado de esa España vacía,
pero le llevaron a nacer sus padres
porque quería que todos sus hijos tuvieran el certificado de bautismo
de haber nacido en ese pueblo,
de que todavía la familia mantenía esa ligazón,
aunque ya no vivían allí y ni siquiera tenían casa.
Y mi abuelo, aunque no vivió allí y no tuvo casa,
siempre sintió que su lugar en el mundo era ese.
Y ya, cuando se jubiló,
lo primero que hizo fue comprarse una casa
en ese pueblo en el que no había vivido.
Una casa nueva que no tenía relación con su familia,
pero que él fue llenando.
Si mi abuelo tiene esa relación tan intensa, ¿no?, tan vivida,
con un lugar que ni siquiera ha vivido
y del cual no tiene ni recuerdos ni infancia,
que solo es una cuestión meramente administrativa,
esto le tiene que pasar a mucha gente.
El último éxodo fue el gran trauma
porque hubo otros anteriores evidentemente,
pero el último fue en el año 59
y fue provocado directamente por el Franquismo.
Fue una decisión política,
una decisión de un plan que se llamó el plan de estabilización
del año 1959
que lo que hizo fue darle la vuelta al país como un calcetín.
España pasó de una economía de subsistencia
y de ser un país básicamente campesino
a en 10 o 15 años
convertirse en un país
eminentemente urbano, con clases medias
y con gente conduciendo un 600 por las carreteras.
Y eso fue un cambio brutal
que se percibió como el milagro español,
pero fue un milagro que dejó muchos muertos en el camino
y muchas víctimas.
Y las víctimas fueron los campesinos.
Mis abuelos paternos, Pedro y Eugenia,
llegaron a Vegaviana
procedentes de la localidad cacereña de Brozas
hacia febrero de 1956.
Aquí se conocieron mis padres y aquí están mis raíces.
Sí, sí, efectivamente.
Prácticamente, la esencia
y la característica más singular de Vegaviana,
de su conjunto histórico.
Fernández del Amo respetó el enclave natural
en donde hay un espléndido bosque de encinas,
alcornoques,
y decide salvarlo
adaptando la estructura urbana
al medio natural.
Vegaviana no tiene calles.
Son grandes espacios abiertos.
Sí, esta es una de ellas,
donde vemos ejemplares de encinas y alcornoques milenarios
que son casi un monumento perenne aquí en Vegaviana.
Sí, sí.
Es una arquitectura muy sencilla,
muy poco ornamentada,
donde lo más característico
es la utilización de la mampostería de pizarra encalada
que ofrece con la proyección de la luz
unos juegos de claroscuros
con un interés plástico muy representativo.
Blanca, encalada,
además se sigue realizando la tradición de blanquear
sus fachadas,
que es importante resaltarlo como pueblos blancos,
y fue la optimización de todos los recursos
que había disponibles en el lugar,
tanto la mano de obra como los materiales del entorno,
la pizarra.
Hay otro ámbito muy interesante
que es el que se refiere a las obras de arte
que decoran las iglesias de los pueblos de colonización.
Así como Fernández del Amo es muy conocido
como gran arquitecto,
él fue nombrado
el primer director del Museo de Arte Contemporáneo de Madrid,
el Museo Nacional, actualmente el Reina Sofía,
y decide, desde esa posición privilegiada
como director de museo,
reclutar a una serie de jóvenes artistas
para que viniesen a decorar estos espacios.
Llegué aquí con 20 años y me daban ganas de llorar.
Me daban ganas de irme a mi pueblo andando.
No había pueblo ni había nada.
Cuando llegamos aquí,
la parcela la dieron a los dos años
porque primero vinimos e hicimos el pueblo,
hicimos canales,
hicieron pantanos; nosotros no, pero hicieron pantanos
e hicieron todo.
El pueblo ha cambiado mucho.
En unas cosas bien y en otras cosas no ha cambiado tanto bien
porque antes, cuando yo era joven,
había cine, había baile y eso ya no existe.
Eso ya no existe.
Ven que su pueblo es muy bonito
y que cuenta con unos espacios habitables
que no son tan apreciados como en otros lugares.
Sin embargo, no son plenamente conscientes
de la multiplicidad de valores que tienen estos conjuntos
que los hacen como lugares únicos e irrepetibles.
Entonces, tampoco llegan a comprender
que una ley de protección del patrimonio o un plan especial
limite su libertad como propietarios
para decidir cómo deben realizar las obras
en sus viviendas.
Y, entonces, al recorrerlo,
visualizamos rápidamente infinitud de construcciones modernas.
En algunos casos, se altera sustancialmente la estructura
de la vivienda, ¿no?
Fundamentalmente, la crisis aguda que vive la agricultura
y ahí no hay relevo generacional
y la gente sale
a mejorar sus expectativas personales y profesionales
a otros lugares, a otras ciudades, ¿no?
Sí, porque serviría mucho
para recuperar la credibilidad perdida.
Los años de la burbuja se cimentó la España vacía
y se...
se asfaltó por completo.
Y está todo el paisaje lleno de aeropuertos sin aviones,
de estaciones sin trenes,
de autopistas de mil carriles por las que circula
un coche cada hora,
que no han servido para nada
y que además han dilapidado un montón de millones
que podían haberse usado para otras cosas,
con lo cual eso ha redundado en un descrédito
de los arquitectos y los urbanistas.
Y creo que una forma de ganarse otra vez
el respeto de esas comunidades
es plantear proyectos que sean útiles
para cada comunidad
y que sen realistas
y que vayan a lo pequeño y que vayan a lo local
y que vayan a lo útil.
Y que no vayan con cuentos de "Bienvenido Mr. Marshall".
Entonces, yo creo que es muy importante
replantear
e ir a lo pequeño
y demostrar que, evidentemente,
la arquitectura y el urbanismo pueden aportar algo útil
a estas comunidades.
Antes recuerdo pues que la gente vivía muy pobre
y todo el mundo tenía unas 'punticas' de ganado,
uno huertecitos para comer
y con algún un jornalico que se ganaba cada día
poco a poco se iba viviendo.
Malviviendo, malviviendo, pero bueno,
las cabras eran un buen sistema
porque las cabras las ordeñabas,
hacías quesos, los vendías,
vendrías la leche...
Ahora, ni te dejan vender leche
ni te dejan hacer queso.
Si te pillan haciendo un queso y lo vendes...
Ahora resulta que aquí no hay trabajo para nadie.
Pues ¿qué va a hacer la gente?
Tienen que ir a buscar perras, tienen que comer.
Y eso es lo que ha habido,
que la gente poco a poco se va yendo
y los pocos que quedamos son de la edad que tengo yo
y más mayores
y poco a poco nos vamos para el olmo.
El olmo, ¿sabes?
Antes, en la entrada del cementerio había un olmo.
Y dices: "Este pronto se va para el olmo".
Y eso es lo que va pasando,
que poco a poco nos vamos yendo todos.
Toda España ha creado una economía durante muchos años
basada en la construcción
y estos sitios no han escapado ni mucho menos.
Si uno mira las estadísticas,
pues se encuentra con que en tres cuartas partes
de los pueblos de lo que estamos llamando España vacía
se está construyendo a un nivel
parecido al que podría ser
Francia o Italia o Alemania.
Y no muy lejos,
un poquito menos de la media española
porque España en eso hemos sido muy campeones, ¿no?
Tenemos mucha y hemos construido mucho.
Tenemos un parque inmenso
de edificios construidos,
de viviendas y de lo que no son viviendas.
Lo primero que tenemos que pensar
es dar facilidades para que todo eso se pueda mover
porque lo vamos a tener ahí muchos años.
Al final, el espacio físico en el que vivimos
tiene que ser flexible.
Lo fundamental es que nos permita cambiar.
Las imágenes cuentan un poco
o tratan de ser una especie de documento
de lo que hemos hecho
con nuestro país, ¿no?,
con nuestro paisaje,
y resume muy bien lo que se ha hecho en los últimos 20 o 30 años,
que se ha construido muchas veces de forma desenfrenada,
sin control, sin planificación urbanística,
y muchas veces estos lugares están escondidos
o fuera de las ciudades, no se ven,
y era una forma de ponerlos otra vez sobre la mesa
y que la gente no se olvidase de ellos, ¿no?
Tomemos conciencia de lo que hemos hecho
con nuestro entorno, con nuestras montañas
y con el dinero, ¿no?
Quería cambiar la perspectiva,
quería mostrar un poco del entorno,
de los parajes naturales
donde muchos de estos sitios se encontraban.
Todo lo que ves desde el aire es nuevo, ¿no?
No lo has visto antes.
Te puedes acercar a ver una casa, un tejado desde arriba
y encuentras
para mí lo que son pequeños tesoros, detalles,
acercarme a las obras, ver un poco
ladrillos tirados en un tejado
o cualquier marca que hubiera dejado la construcción.
Este formato
de urbanización americana donde tienes todos los servicios,
supermercados, campos de golf,
spa...
O sea, que no necesitas salir de ahí para nada.
Este tipo de ciudades cerradas
enfocadas hacia un cliente
más o menos con dinero y que viniese desde fuera.
La sensación que he tenido trabajando en estos lugares
siempre ha sido la de ser el último habitante de la Tierra, ¿no?
Como si hubiera habido un Apocalipsis
y me hubiera quedado yo el último en el planeta, ¿no?
Y estar paseando entre un lugar donde no queda nada.
Y la sensación es esa, ¿no?
De inmensa soledad,
pero al mismo tiempo ves unas estructuras
y unos esqueletos
que se levantan del suelo
y que algo ha pasado aquí, ¿no?
No tiene pinta de que vaya a cambiar
la situación en los próximos años.
Por lo menos estos lugares parece que están ahí
para mucho tiempo
y viendo la situación de los alquileres en España,
de la vivienda,
a veces se habla de otra burbuja
que puede estallar en los próximos años
y, entonces, no me extrañaría
que esté trabajando en este tema unos cuantos años más, ¿no?
Y sí, ¿por qué no?
En diez años me gustaría revisitar estos lugares
y ojalá que fuera para encontrarme alguno de ellos habitado
o, de alguna forma, rehabilitado
para alguna forma de vida.
Esa era un poco también mi ilusión, ¿no?
Que alguno de estos sitios
renaciera o se le diera un uso
a pesar de lo que se ha hecho ahí.
Un pueblo guapo, ¿eh?
Es el más guapo de todo esto.
No hay otro pueblo más guapo que el de Añón.
¿Qué pasa? ¿Qué pasa?
Pues que mucha gente se ha ido del pueblo,
han dejado sus casas que se han hundido,
hay corrales por ahí de los del ganado
que no se han reformado nada...
Entonces, todo eso, si se pudiera reformar,
y luego con el hotelito que tenemos
y algo de turismo que hubiera,
pues esto funcionaría.
Pero es tan complicado...
Porque aquí en el Moncayo
no hay nadie, nadie que haga nada por el Moncayo.
Sino todo para el Pirineo.
Allí, en el Pirineo, todos los grandes.
Porque los grandes tienen allí todo.
Aquí, como estamos cuatro desgraciados,
no nos llega más que alguna migaja.
Nada.
Hay una historia de desprecio siempre
hacia la España rural
que es muy común, es un...
es un resorte y una mirada universal,
que está en todas partes.
Los franceses también tratan a los campesinos de paletos.
Pero en España está acentuado por lo árido del paisaje.
Nosotros, además de despreciar a los campesinos,
hemos despreciado el paisaje
porque tenemos un complejo de lo verde.
Un complejo de que este paisaje...
Hay incluso muchas leyendas
que se han considerado y se sabe que son totalmente infundadas
de que los propios españoles destruimos
una España que era un vergel,
esa leyenda que difundió Félix Rodríguez de la Fuente
de que en época de los romanos
una ardilla podía saltar la Península Ibérica
saltando de árbol en árbol
porque todo estaba tupido y todo eran bosques frondosos...
Nunca ha sido así España, nunca.
España siempre ha sido así.
Esto empezó a cambiar en el siglo XX.
Esta mirada empezó a cambiar gracias a los paisajistas
gracias a los ecologistas,
gracias a un montón de gente que ha cambiado
y que empezó a apreciar la belleza porque el paisaje es una mirada.
No es el paisaje.
Nosotros decimos que es bello porque dictaminamos que es bello.
Nosotros podemos ver la belleza aquí
cuando nuestros antepasados a lo mejor no eran capaces de verla.
Y eso ha generado un cambio social muy grande
y que ha ido mitigando ese desprecio.
Pero llega ya muy tarde.
Llega cuando toda esa cultura que sostenía estos paisajes
ha desaparecido por completo de España.
Con esto del clima,
que tanto en Madrid como en Barcelona
tienen que prohibir los coches
para que no funcionen por aquí y por allá,
aquí podemos tener la libertad de ir por todas partes
con una sanidad y una salud increíbles.
Aquí tiene que venir la gente a vivir.
Que vida no se tiene más que una.
Esto es una gozada, hombre.
Mira qué tarde más tremenda para estar aquí
en el huerto.
Esto es una felicidad.
Si no sucede nada
eh...
que ahora mismo no soy capaz de prever, sí.
Es verdad que hay algo,
no sé si la esperanza o que vaticina otro tipo de futuro.
Y es el hecho de que las grandes ciudades de Europa
se están convirtiendo... se están volviendo a amurallar.
Están volviendo a ser ciudades medievales
en el sentido de que los centros, al gentrificarse
y al crear un mercado inmobiliario
que expulsa a la mayoría de la población
y se vuelven centros donde solo pueden vivir millonarios,
como ya sucede en París, en Londres
y donde va a suceder dentro de muy poquito
en Madrid y Barcelona,
cuando suceda eso
eso va a provocar que la gente cada vez se tenga que ir más lejos.
Y, entonces, las áreas, sobre todo las áreas periurbanas,
van a revitalizarse.
Y lo que pasa es que esto
son formas también de exclusión social.
Eso no es construir un futuro bonito,
eso no es revitalizar
eh...
una sociedad moribunda o unas comunidades moribundas.
Eso es resignación de gente que no puede vivir de otra forma,
que querría vivir de una forma y no puede.
Es muy sencillo y a la vez muy complicado porque requiere...
Administrar un territorio que está muy disperso y muy envejecido
es un reto para la administración.
Es muy complejo dotar de servicios porque es muy caro.
Fundamentalmente, porque es muy caro y a ver de dónde sacas el dinero.
Y creo que la sociedad, la sociedad española en general,
en su totalidad,
debe exigir a la clase política
que no deje atrás a la España vacía.
Y eso es un imperativo democrático que hay que exigir
y que a partir de aquí dicen: "Bueno, apáñense como sea,
pero esto hay que conseguirlo".
No puedes decirle a esta señora o a este señor
que se muden a una ciudad para tener sus servicios.
Y no se puede alegar que es muy caro.
Sí, será caro, pero es que la democracia es cara.
Lo barato sale en las dictaduras.