Cinco contra uno o el Tea Party contra Romney

  • El exgobernador de Massachusets es el principal favorito de la contienda
  • Los otros candidatos luchan por hacerse con los favores del Tea Party
Programas para todos los públicos
ALBERTO FERNÁNDEZ 

Un mormón multimillonario, un ultraliberal antibelicista, un expresidente del Congreso divorciado en dos ocasiones, un conservador contrario a la homosexualidad y partidario acérrimo de George W. Bush, una partidaria del Tea Party que dijo que Corea del Norte era aliada de Estados Unidos y un gobernador del estado campeón en la pena de muerte que no recuerda el nombre de agencias que supuestamente quiere eliminar.

Los seis candidatos que se enfrentan por ser el candidato republicano a la Casa Blanca se conocen muy bien, no en vano han estado en múltiples debates previos a las primarias de Iowa en los últimos seis meses.

Sin embargo, hasta ahora ninguno ha logrado convencer como una opción creíble contra un Barack Obama que, paradójicamente, se encuentra en uno de sus momentos más bajos en valoración popular debido a la mala situación económica.

Con un Congreso altamente impopular y escorado a la derecha del Tea Party, los seis contendientes no han mostrado hasta ahora capacidad para adoptar un discurso propio y diferenciado del Partido Republicano que, tal y como resume en declaraciones al Washington Post Pete Wehner, estratega del partido y antiguo asesor del expresidente Bush, "es el sol y los candidatos los planetas".

Paradójicamente, como señalaba el semanario The Economist, esto deja a los candidatos ante un singular dilema: mientras hay cada vez más electores independientes -los que hacen que la balanza caiga de un lado u otro en los estados decisivos (los llamados swing states)- deseosos de un candidato centrista ante el descontento con Obama, el Partido Republicano se desliza hacia ideas que le alejan de esos electores.

"Este es un partido que se ha definido mucho a través del Tea Party y los candidatos lo han apostado todo a eso", resume un sociólogo próximo a los demócratas, Geoff Garin.

Dado que el principal favorito, Mitt Romney, no es del gusto del Tea Party por su origen mormón y sus coqueteos con la reforma sanitaria cuando era gobernador del progresista estado de Massachusetts, el resto del elenco ha ido subiendo o bajando en las encuestas en función de las preferencias que suscitan en la base más conservadora y movilizada del partido.

Bachmann primero

Así, la favorita en agosto fue Michelle Bachmann, líder del grupo del tea Party en el Congreso, que consiguió arrebatarle a Sarah Palin el protagonismo como símbolo femenino del movimiento.

De 55 años, Bachmann ha hecho historia al ser la primera mujer republicana en representar a Minnesota en el Congreso, desde donde ha capitaneado iniciativas para reducir el gasto gubernamental, revocar la reforma sanitaria de Obama y reformar el sistema fiscal.

Sin embargo, la controvertida actividad de su marido -hay denuncias de que su clínica suministra tratamientos para curar la homosexualidad- y diferentes lapsus en debates como pedir el cierre de una embajada de Estados Unidos en Irán que ya no existe la dejaron fuera de juego.

Perry después

Le sustituyó como favorito Rick Perry, gobernador de Texas con todas las bendiciones del Tea Party. Tenía todo a su favor: nunca ha perdido una elección, es un fervoroso cristiano social contrario al aborto y al matrimonio gay y ha estado ajeno a Washington porque siempre hizo política desde Texas.

Sin embargo, sus pésimas intervenciones en los debates -donde llegó a tener un famoso lapsus sobre las agencias que quería eliminar y a comparar la Seguridad Social con un fraude- hicieron que se perdiera su pujanza.

El factor Gringich

El relevo lo tomó el polémico empresario afroamericano Herman Cain, que con una atrevida propuesta fiscal consiguió monopolizar el debate, pero las continuas historias sobre sus infidelidades le hicieron retirar la candidatura.

Le siguió la estrella fulgurante renacida de las cenizas -al menos por unas semanas- del expresidente del Congreso durante la época de Clinton Newt Gingrich.

Gingrich fue el arquitecto de la victoria republicana en el Congreso en 1994, lo que puso contra las cuerdas a Bill Clinton que incluso tuvo que decretar el cierre parcial del Gobierno federal ante el desacuerdo presupuestario con la cámara baja.

Durante su mandato también impulsó el proceso contra Clinton por mentir acerca de su aventura con la becaria Monica Lewinsky.

Después de que su equipo de campaña le abandonase en junio al cuestionar su compromiso con la campaña por marcharse dos semanas de crucero al Mar Egeo con su esposa en vez de empezar la precampaña, se convirtió en la alternativa conservadora a Romney al redescubrir los republicanos a un nuevo Gingrich.

Tras abandonar su tono abrasivo y condescendiente y confesar su reencuentro con la fe cristiana tras dos matrimonios fracasados, se convirtió en flor de unas semanas tras los ataques que le propinaron sus adversarios, que pronto recordaron su polémico pasado en Washington, que le hizo abandonar el liderazgo de los republicanos en el Congreso tras perder las legislativas de 1998.

Paul y Santorum, los outsiders

Por último, dos outsiders como el congresista Ron Paul y el exsenador por Pensilvania Rick Santorum han atraído de repente la atención de los medios al ser los principales rivales en las primarias de Iowa frente a Romney por su campaña puerta a puerta con la base republicana y la obvia sintonia de sus ideas conservadoras con los postulados del Tea Party.

Santorum se precia de ser un "chico del Tea Party antes de que fuese el Tea Party".  De hecho, es conocido por su afán por recortar el gasto público, su rechazo al aborto y sus críticas a la homosexualidad, que en 2003 llegó a comparar con la bigamia, el adulterio y la poligamia. También está en contra de enseñar la evolución en las escuelas.

Este exsenador por Pensilvania que perdió su escaño por su apoyo radical al expresidente Bush ha hecho campaña en los 99 condados de Iowa y tiene el apoyo de diferentes grupos cristianos que le dejan en buena posición. Incluso un tercer puesto le puede dar energía para continuar y llegar a las primarias de Caroina del Norte, donde es el candidato conservador mejor situado.

Paul, el más veterano con 76 años, se enfrenta a sus terceras primarias y cuenta con una base leal de seguidores de su filosfía del pequeño gobierno y menos impuestos. Padrino del Tea Party, su posición liberal extrema hace que también adopte una postura antibelicista, contrario a la intervención en países extranjeros y partidario del aislacionismo.

Romney, el favorito inevitable

Frente a todos, el exgobernador de Massachusets, de 64 años, es el gran favorito para competir con Obama en noviembre y el más temido por el presidente debido a su carácter centrista, su potencial recaudatorio y su imagen de hombre de negocios de éxito, útil en un momento de crisis económica

Romney es consciente de que ser mormón de quinta generación no le deja en buena posición en un estado como Iowa, donde hay un gran electorado conservador cristiano, ya que muchos cristianos no consideran su corriente como parte del Cristianismo.

Además, aprobar una reforma sanitaria en Massachusets bastante parecida a la aprobada por Obama a nivel federal, que es rechazada radicalmente por los republicanos, tampoco le dejan en buena posición.

Por este motivo, su equipo ha querido calmar expectativas acerca de una posible victoria. En las pasadas primarias republicanas, que ganó John McCain, Romney quedó segundo en Iowa tras gastar muchos de sus millones de campaña y solo fue superado por cristiano conservador Mike Huckabee.

Una posición similar no dañaría su posición de cara a la segunda parada del proceso, el estado de New Hampshire, en el rico e ilustrado nordeste, donde parte como claro favorito.

Su principal fuerza, su poderío económico y ser un empresario hecho a sí mismo, también es su talón de Aquiles, ya que muchos votantes consideran que no entiende cuáles son sus preocupaciones ante la actual crisis económica por ser multimillonario. Su oferta al candidato Rick Perry de apostarse 10.000 dólares en pleno debate no ayudó en este sentido.

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