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Paseando por un bosque de pelucas

  • Al teatro por los pelos, la historia de la peluquería de teatro y cine español
  • Rinde homenaje a Antoñita, jefa de peluquería del Teatro Español

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 Exposición 'Al teatro por los pelos' en el Teatro Español
La exposición recrea un taller de peluquería y posticería de los años cuarenta. Teatro Español/Andrés de Gabriel

"La idea fue de Mario Gas...Cuando Antoñita recibió el Premio Segundo de Chomón, en marzo de 2010, pensó que había que rendir un homenaje a esta mujer de 85 años que lleva toda una vida dedicada a la peluquería del Teatro".

Así explica Andrés Pelaez, coordinador de la exposicion cómo surgió la idea de la muestra Al teatro por los pelos, que el Teatro Español ha organizado como homenaje a su Jefa de Peluquería y a la vez, para mostrar a todo aquel que quiera acercarse hasta la madrileña Plaza de Santa Ana la historia del peinado en el teatro y el cine en la España de los últimos treinta años.

Lo dice mientras pasea entre las joyas de una muestra singular: pelucas de todas las formas y colores que a veces parecen confundirse con un paisaje vegetal en el que una peluca que un día coronó la copa de un pino en un montaje de El sueño de una noche de verano dirigido por Miguel Narros, hoy parece un frondoso helecho que decora, desde su pedestal, esta sala del Teatro Español.

No es la única pieza curiosa de esta muestra . Podemos ver también de cerca, el "casco duro"  (simulación de una tonsura) que un día utilizara un fraile en Don Alvaro o la fuerza del sino, la peluca que utilizó Rossy de Palma en Pelo de tormenta o la "peluca con poca picada (una cabellera un tanto rala) que utiliza Constatino Romero en el Beamarchais que actualmente dirige José Maria Flotats, en este mismo teatro.

Son las grandes protagonistas de esta exposición pero hay otras más pequeñas pero no menos interesantes: bigotes, patillas, moños, extensiones que también pasaron por la manos de Antoñita, Viuda de Ruiz, la Jefa de Peluquería del Teatro Español.

Kilómetros de pelo natural

"No era fácil montar una exposición de pelucas teatrales o cinematográficas", comenta Pelaéz.  Explica que la idea del homenaje se plasmó en reconstruir lo que era un taller de peluquería y posticería de los años cuarenta.

Por eso, aquí, además de las pelucas -todas hechas de pelo natural que hoy Antoñita sigue comprando en un único proveedor que existe en Madrid- se nos muestra todos los artefactos y pequeñas herramientas que se utizan en este desconocido oficio escénico: navajas, maquinillas de corte, cuero de facil o distintos modelos de tenacillas.

Y, además de todo ésto, nos hablan desde sus vitrinas, recuerdos tan personales como las libretas donde Antoñita apuntó las medidas craneales de personajes tan famosos como Omar Sharriff, James Mason o quien aparece descrita como "la hija de Forqué" (Veronica Forqué).

También el modelo en madera que Antoñita utilizó para diseñar los peinados de la conocida muñeca Mariquita Pérez. O los bocetos que decenas de figurinistas dibujaron para orientar el futuro trabajo de la peluquera a la hora de peinar a los actores.

Antoñita: historia del teatro y cine español

Julián Ruiz, prestigioso peluquero y maquillador teatral, no animó a Antoñita a finales de los años setenta del siglo pasado a trabajar de forma regular en el Teatro Español. Era su marido y conocía el ingente y delicado trabajo que suponía asumir el cargo de Jefe de Peluquería del este teatro público.

Con todo, Antoñita no le hizo caso y comenzó a trabajar. Su primer trabajo real: teñir una peluca, algo que no había hecho nunca antes. El primer espectáculo en el que figuró su nombre oficialmente fue La vida es sueño dirigida por José Luis Gómez, en 1981.

Desde entonces, cientos o, mejor dicho, miles de cabezas más o menos famosas han pasado por sus manos. Prácticamente, todos los actores del teatro y cine español, entre otros José Luis López Vázquez, Concha Velasco, Paco Rabal o Ana Belén.

Pero también, grandes figuras del cine internacional.  Hay que recordar que Antoñita trabajó para las grandes producciones de Samuel Bronston, como 55 días en Pekin, Doctor Zhivago y El Cid. Algo que también recuerda, a través de fotografía de rodaje, la exposición Al teatro por los pelos.

En el currículum de Antoñita, figuran prácticamente todos los grandes producciones teatrales de los últimos treinta años, en los que ha trabajado con directores teatrales como José Carlos Plaza, Mario Gas, Lluis Pasqual o Adolfo Marsillach.

Y, por supuesto, una larga de películas célebres de la historia del cine español, desde La aldea maldita, de Florian Rey (1943) hasta Los abrazos rotos de Pedro Almodóvar (2009), pasando por Los santos inocentes o Belle Epoque.

Un diccionario de la peluquería teatral

El catálogo de la Exposición Al teatro por los pelos , organizada por el Teatro Español, recoge en imágenes la extensa trayectoria de Antoñita, muchos de sus trabajos y artículos dedicados por quienes han trabajado con ella.

Artículos que nos cuentan lo importante que ha sido para ellos, firmados por, entre otros, Miguel Narros, Mario Camus, Ana Belén o el director teatral José Carlos Plaza quien retrata a Antoñita con la definición de la palabra "primor":  "destreza, habilidad, esmero y cuidado que se pone al realizar algo".

El catálogo se acompaña de un anexo titulado "Glosario o Catálogo de de palabras oscuras o en desuso sobre posticería, peluquería, prendas de cabeza y maquillaje teatral". En él descubrimos, por ejemplo, que una moña era un lazo que usaban los mujeres o que un mastic era un adhesivo que se utilizaba para para pegar piezas de pelo a  la cara del actor, como patillas, bigotes o cejas.

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