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"Pasé de estar jugando en el parque a estar en una cama, casi sin poder moverme"

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“Era una niña que nunca caía enferma. Era verano, había terminado el curso y empezó a adelgazar, tenía dolores de cabeza, se mareaba. En un mes la llevé tres veces a urgencias. La primera vez nos dijeron que tenía un virus, la segunda que era una contractura, y la tercera ya casi se estaba muriendo”. Son palabras de Diamantina. A su hija, Rebeca, le diagnosticaron un tumor en la cabeza cuando tenía 10 años.

Ahora, varios años después y con motivo del Día Internacional de los Niños con Cáncer, Diamantina recuerda cómo vivió la enfermedad de su hija, una adolescente que está a punto de cumplir 15 años y que logró vencer al cáncer, aunque debe seguir bajo control médico.

Reconoce que sintió mucho dolor e impotencia cuando le comunicaron que Rebeca tenía un tumor. “De la noche a la mañana te levantas un día y te dicen que tu hija tiene cáncer. Te enfrentas, lo escuchas y te dejas llevar. Va todo muy rápido y ves que tienes que estar al lado de tu hija”, comenta a RTVE.es.

Los médicos le aconsejaron contar claramente a Rebeca lo que le pasaba porque, según ellos, para los niños es mejor saber a qué se enfrentan. “Le dijimos que tenía algo malito, que tenía un tumor y que teníamos que luchar mucho”, añade.

“Yo estaba malita, en la cama, me lo dijeron con delicadeza, despacio, para que lo asimilara bien, porque yo pasé de estar jugando en el parque a estar en una cama, casi sin poder moverme”, cuenta Rebeca.

Diamantina reconoce que su hija reaccionó mal, con mucha dureza hacia los médicos y las enfermeras, pero al mismo tiempo también con fuerza. “Creo que sentía impotencia”, explica. Rebeca no quería hablar con nadie, tampoco con la psicóloga del hospital de Oviedo en el que estaba ingresada. Solo quería estar rodeada de su familia.

“Ella siempre mantuvo esa actitud. No quería estar enferma. Quería estar en casa. Cuanto menos tiempo estuviera en el hospital, mejor. Fue bastante madura”, comenta su madre.

Rebeca no quiso recibir ayuda psicológica durante el tratamiento e, incluso, en algunas ocasiones tuvo que animar a su propia familia. “A veces veía que estaban tristes y les tuve que dar ánimo para salir adelante. Les decía que me encontraba bien”, apunta.

Diamantina explica que su hija tuvo que someterse a 30 sesiones de radioterapia y a ocho de quimioterapia, un tratamiento que la dejó físicamente muy destrozada. Después comenzaron los controles. Sus resonancias salían limpias y sus analíticas también. “Eso a día de hoy todavía lo seguimos viviendo. Durante unos 10 años hay que seguir con ellos. De momento, hasta hoy, todo está bien”, cuenta.

Rebeca considera que hay que ser muy fuerte y hay que confiar plenamente en todo lo que te rodea para superar la enfermedad. “Nunca hay que rendirse porque, si no, la enfermedad te puede. Con fuerza moral consigues todo lo que te propongas y más”, asegura. “Fue muy luchadora. Ella quería salir y salió”, sentencia su madre.

‘La actitud de los niños es muy importante’

Pilar Herreros es la supervisora de enfermería del Hospital Niño Jesús de Madrid. A diario trabaja con niños enfermos de cáncer y afirma que ellos tienen mejor capacidad de adaptación a esta enfermedad que los adultos porque no tienen conciencia de lo que es.

“Es mucho más fácil paliarles el dolor, las náuseas o cualquier sintomatología. Un adulto está esperando para ver si esa medicación que le has puesto realmente le va a hacer efecto o no. Es muy importante la disposición y predisposición del paciente”, explica a RTVE.es .

Herreros afirma que cuando una enfermedad tiene un pronóstico terrible, eso prima ante cualquier cosa, pero la visión que el paciente tenga del tratamiento le va a beneficiar para sobrellevarlo con resultados distintos.

También es muy importante la actitud de los padres, quienes suelen reaccionar de diferentes formas al enterarse de que sus hijos tienen cáncer. “Sus reacciones pasan por todo un proceso: de una noticia, del dolor más absoluto, la ira, la aceptación del dolor y luego la esperanza, que es lo que les tiene que mover para poder solucionarlo”, explica Herreros.

El estado emocional de los padres es determinante para el niño porque ellos necesitan seguridad de los padres. “Los padres siempre son el espejo de los niños. Siempre van a mirar cómo están los padres porque para ellos, es como la información más real”.

Diferencias entre niños y adolescentes

Herreros afirma que hay diferencias a la hora de tratar a un niño y a un adolescente porque los últimos son más reticentes. Por eso, tratan que los adolescentes se relacionen entre ellos para que vean que todo sigue y que las cosas se resuelven. También es importante normalizar sus relaciones, que puedan recibir visitas de sus amigos.

Es muy importante la conexión emocional entre los adolescentes. Es distinto que cuando tratas a un niño, que le das una carantoña. A un adolescente lo tienes que tratar como a un adulto”, comenta Herreros.

Según la supervisora de enfermería del Hospital Niño Jesús, cuando tratan a un niño, tienen que tratar también a su madre, algo que resulta fundamental. “Un niño no tiene la confianza en ti si antes no te has ganado la de sus padres”, dice.

Sin embargo, en el caso de los adolescentes enfermos de cáncer, los primeros son ellos; las madres pasan a un segundo plano.

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