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Catalina González Vilar, la revelación de la literatura infantil y juvenil

Catalina González Vilar

JESÚS JIMÉNEZ  

Catalina González Vilar es una joven escritora que en apenas unos meses ha ganado tres premios de literatura infantil y juvenil, entre ellos El barco de Vapor, el más importante que se concede en España por su cuento, El secreto del huevo azul (SM). Los otros dos premios han sido el III Concurso Internacional de narrativa juvenil de la Editorial Nostra, en México, por Miss Taqui; y el V Premio Villa de Pozuelo de Alarcón de novela juvenil por Los coleccionistas. Una interesante historia sobre la infancia, y el afán de coleccionar, de la que nos ha hablado.

Los coleccionistas es la mirada infantil sobre ese afán de coleccionar:  "Ha estallado la guerra y Belinda, de doce años, se encuentra inesperadamente a solas en la antigua casa familiar. No sabe si alguien acudirá a por ella, pero entre tanto no puede dejar de espiar el edificio que hay frente a su casa, un antiguo palacete que ha permanecido cerrado durante cuarenta años y que ahora está comenzando a recibir misteriosas visitas. En su interior, según ha oído contar, se esconden las fabulosas colecciones de Enzo Tortelloni".

"Ésta es una novela de personajes -asegura Catalina-. Está Belinda, nuestra protagonista, que trata de vencer su timidez para conocer el mundo y no perderse las cosas extraordinarias que pasan a su alrededor. Está en esa edad, saliendo de la niñez, en la que te asomas al mundo adulto casi como observador, pero un observador que poco a poco se ve involucrado en cuanto observa".

"Ante ella desfilarán toda una serie de individuos, cada cual con sus peculiaridades, y de los que no puedo hablar mucho, porque irlos descubriendo, conociendo, es parte del juego que encierra la trama".

Misterios e intrigas

"El Museo Cerrado y lo que encierra es un misterio, un gran misterio que ha intrigado a la familia de Belinda desde hace décadas -comenta Catalina-. Pensad que cada Navidad se han reunido abuelos, primos y tíos en el salón familiar, y desde la ventana han observado la puerta firmemente cerrada del edificio de enfrente. Entonces los más mayores han contado historias sobre el excéntrico dueño del palacete, sobre su extraña desaparición cuarenta años atrás, sobre cómo nunca más se ha vuelto a abrir esa puerta. Y que justo cuando algo empieza a ocurrir en el palacio, justo entonces, Belinda está completamente sola mirando a través de la ventana, preguntándose si será capaz de cruzar la plaza y tratar de averiguar si el Museo Cerrado ha vuelto a abrir sus puertas".

Los objetos misteriosos y mágicos son una constante en la obra de Catalina: "Me encantan los objetos únicos, extraños, misteriosos, bellos. Nunca he coleccionado nada, ni siquiera lograba terminar los álbumes de cromos, pero los objetos, y aún más los antiguos, guardan conexiones con otros lugares, otras personas, otras vidas, y esa pátina de tiempo me conmueve, me asombra. ¿Quiénes los crearon, los atesoraron, amaron, regalaron, perdieron...? ¿Qué historias hay en torno a ellos? Me gustan los objetos como contenedores de relatos o como precursores de los mismos. Y también siento un enorme respeto hacia el trabajo manual que hay en ellos, hacia la idea de belleza que encierran, las destrezas que requieren para su creación, para su construcción".

"En cuanto a qué tiene en común “Los coleccionistas” con otras de mis obras, creo que hay implícito en ella un juego que siempre ronda mis textos, los límites entre la realidad y la ficción. Esta vez no tanto respecto a lo que sucede en un primer plano sino en un segundo plano, el de los chismes, aventuras, anécdotas que se cuentan dentro del relato principal. Me gustan estas historias dentro de la historia porque creo que vivimos inmersos en este tipo de narraciones, ¡y nos encantan! Me gusta que esa exuberancia quede recogida en algunos de mis cuentos".

Una historia inspirada por el Museo Cerralbo

"Me encantan los museos -asegura Catalina-, y cuando me mudé a Madrid, hace algunos años, visité uno detrás de otro casi todos los de la ciudad, el Museo del Traje, el Lázaro Galdiano, el de la Marina, el de Antropología, el Museo de Ciencias Naturales... Pero había uno que estaba en obras, el Museo Cerralbo. Pasaron los años, uno, dos, tres, cuatro, y siempre seguía en obras. Me acercaba hasta allí o miraba en la web y una y otra vez me encontraba con el mismo cartel, "museo cerrado". Se convirtió en una broma llamarlo así y además hizo que desease desesperadamente conocer qué guardaba en su interior. Escribí la novela antes de que el Museo abriese, pero una vez lo hizo fui corriendo a visitarlo. También es fruto de un coleccionista excepcional y está lleno de tesoros, aunque es difícil igualar al museo que uno puede inventar".

"Hay otras colecciones que influyeron en la historia -puntualiza-. En Praga descubrí cómo me gustaban los museos de Artes Decorativas, ¡el que tienen allí es precioso! Pasé unas horas felices mirando sus vitrinas y abriendo los cajones que hay bajo ellas, con más y más piezas. Es una cueva de Alí Babá. En Madrid el Museo Lázaro Galdiano también tiene este tipo de muebles, llenos de cerámica, de armas antiguas, de monedas, y en Barcelona, el de Etnografía, tiene unos fondos llenos de piezas de lo más sugestivas. Hay un poco de todos ellos, de ese nerviosismo emocionado ante las cosas bellas, de ese no poder poseerlas más que escribiendo sobre ellas".

"Los niños quieren una buena historia"

Catalina asegura que los niños y jóvenes son un público muy exigente:  ¡Hay que tratarlos con respeto, como a todo el mundo! Los niños y los jóvenes son lectores, quieren leer una historia y quieren que sea buena. No hay mucho más misterio".

"Lo más importante cuando escribo, sea para quien sea, es sentir que estoy disfrutando con la historia. Si no la disfruto, si no estoy deseando mimarla y cuidarla para lanzarla luego al mundo, es que algo falla, y si algo falla el lector tampoco la va a saborear. No es que no haya momentos de agobio, de no saber cómo resolver ciertos temas, de sentirte frustrada frente a tus dudas y limitaciones, pero si estás enganchada a esa historia, si pese a todo quieres contarla, eso es lo importante para mí. Eso me asegura que la historia está viva y que con el trabajo necesario esa energía va a llegar a quien la lea".

Como en otros trabajos suyos, el protagonista es un niño que comienza solo la aventura y va conociendo gente: "Si, es verdad que a menudo comienzan su aventura solos -comenta Catalina-, pero en seguida empiezan a encontrar compañía, y eso les ayuda a comprender, conocer, afrontar. Pero sí, la aventura más apasionante la vivimos en solitario, en nuestro interior, ese tomar conciencia de nuestra mirada, de nuestra individualidad? A partir de ahí nos pasamos la vida conociéndonos, construyéndonos, y conociendo y construyendo nuestra forma de entender el mundo".

"Nunca he coleccionado nada"

Aunque hable de coleccionistas, Catalina asegura que ella, personalmente, nunca ha coleccionado nada: "No, al menos no recuerdo haberlo hecho. Hay un personaje de la historia que tampoco colecciona y que es el que se acerca más a mi relación con los objetos. Pero eso no significa que no me encanten las colecciones de otros, y todo lo que esas personas que dedican su tiempo y su entusiasmo a determinados objetos llegan a saber sobre ellos".

Lo que si confiesa es su pasión por la literatura: "Leo de todo y muy desordenadamente. Me emociona encontrar desafíos para mi propio trabajo en los libros que leo, y eso pasa continuamente con algunos autores. En el ámbito de la literatura infantil adoro el humor de Roald Dahl, la delicadeza y la capacidad de sugerir de Tove Jansson, la densidad de Kipling, la imaginación de Michael Ende, la riqueza visual y sonora de Miguel Ángel Asturias en un libro como El hombre que lo tenía todo, todo, todo. Pero también están Melville, Welty, Tolstoi, Faulkner, Ginzburg, Delibes, Mansfield, Foster Wallace, Ishiguro, Yourcenar... hay docenas y docenas de autores que me emocionan y con los que trato de dialogar en busca de respuestas, estímulo y compañía".

A pesar de acumular premios, Catalina asegura que no tiene el secreto del éxito: "Creo que no hay ningún secreto. Haces lo que te gusta de la mejor manera que sabes, luego lo envías y cruzas los dedos. Bueno, en realidad yo apunto los datos del envío e intento olvidarme. Me concentro en la nueva historia que tengo entre manos, de manera que si meses después no hay respuesta, que es lo habitual, no supone una decepción, porque ya estás ilusionada con el nuevo trabajo. Solo tienes que volver a leer el texto, pensar si merece otra oportunidad, trabajar sobre él si crees que puedes mejorarlo, y volver a enviarlo, cruzar los dedos, apuntar los datos..."

"Gané mi primer premio en 2003, fue una enorme alegría y me dio confianza y ánimos. Desde entonces he enviado muchas veces mi trabajos a premios, y durante años no hubo respuesta. Pero escribir es lo que amo hacer, así que seguí intentándolo y aprendiendo, y las historias mejoraron y afortunadamente fueron encontrando su sitio".

Sus proyectos

Catalina también nos ha avanzado sus nuevos trabajos: "Acabo de terminar una novelita sobre un par de personajes para los que ya escribí una historia más breve hace algún tiempo. Y estoy inmersa en un cuento en el que lo que más me interesa es el juego con el absurdo, con la pura invención, en combinación con el ritmo y la velocidad. Tengo mucho que aprender, pero intento que cada trabajo implique un reto, algo nuevo que no haya hecho o que quiera desarrollar".

"En cuanto a la literatura para adultos, sí, me encanta escribir y eso incluye cualquier registro que me pida la historia. Pero de momento las ideas que llegan, lo que estoy deseando contar, tiene más que ver con lo que se entiende con literatura infantil-juvenil, ¡aunque eso no excluye a los adultos! ¡Qué lástima perderse tantos buenos textos solo por que figure una determinada fecha en tu D.N.I.!"

Habrá que estar muy atentos a la carrera de esta escritora que consigue sorprendernos con cada nuevo trabajo.