www.rtve.es /pages/rtve-player-app/2.17.1/js/
5367496
No recomendado para menores de 12 años Víctor Ros - T2. Capítulo 5: El misterio del Palacio de Linares - ver ahora
Transcripción completa

¿De verdad que prefieres volver a la sierra

en vez de recuperar a tu hijo?

Están buscándome, Víctor... ¿Pa qué le voy a decir quién soy?

¿Pa que llore mi entierro?

No si dejas de ser la mujer que ellos conocen.

Papeles a nombre de Elena Guzmán.

Nació en el 73 y es de Cartagena,

en homenaje a una enamorada que tuve...

-Víctor, lo que te ha traído hasta aquí... No...

no es un caso más, ¿verdad?

Ese hombre, el de la máscara...

orquestó un golpe en Madrid... atracó una joyería

y se llevó todo el oro del Banco de España.

Juana, ¿de qué manera se veían el Estepeño

y el hombre de la máscara?

A veces, alguien le traía un mensaje al Estepeño...

No sabíamos quién era ni lo volvíamos a ver...

-Hay que sacar el cargamento.

-¿Desde cuándo das tú las órdenes, Zíngaro?

El oro lo sacaremos cuando yo diga;

ahora, debemos ocuparnos de mi buen amigo Víctor...

-Yo no soy un asesino.

-Tu serás lo que yo te diga, Marcos.

¿O prefieres que todo el mundo sepa lo que has estado haciendo?

-A estas horas, Víctor Ros debería estar muerto...

-Y debe estarlo...

-Si de verdad estuviera muerto, ¿me puedes explicar

qué es lo que está haciendo aquí?

(Disparo)

-¡Corra, Ros!

-Le felicito por haber llegado tan lejos, señor Ros.

Al menos, ¿voy a tener el privilegio

de saber quién se esconde debajo de esa máscara?

Dudo que me recuerde.

De la Rubia...

Lo organizaste todo, ¿verdad?

(Truenos)

¿No puede hacerse mañana, señora?

-Haber espabilado,

la señora marquesa pasa revista a primera hora,

y la cubertería debe estar impoluta.

(Estruendo)

¿Es usted, Gabriela?

¿Quién anda ahí?

-¿Quieres jugar conmigo?

(Gritos)

Angele Dei, custos es mei, tibi commissum pietate superna...

(Gritos)

(Gritos)

Doña Rosario, deje ya de traer manduca,

por el amor de Dios.

Usted coma y calle.

Que no se piense su esposa que no le alimentamos bien, ¿eh?.

Venga, que ahora,

un poquito de pipirrana, ahí, un poquito más.

Y ahora saco el gazpacho...

Nuestra única esperanza es el Zíngaro.

Tiene una diana en la cabeza y nada que perder...

Primero tenemos que encontrarlo...

Está malherido.

Así que supongo que no habrá salido del pueblo...

Aunque aquí también le buscan.

Supongo que intentará huir.

Si hay alguien ayudándole a recuperarse de sus heridas,

nadie sabe quién.

Y si lo saben, no dicen ni pío,

y eso aún es peor...

Yo puedo enterarme dónde está.

¿Desde cuándo es usted policía?

Justo porque no lo soy, es más fácil

que la gente hable conmigo.

No tienes que ponerte en peligro para ayudarnos...

Víctor, ¿tu me has visto cara de buena samaritana?

No quiero ayudar.

Solo quiero ver cómo lo sacáis de su escondite

con las piernas por delante.

Deduzco que se conocen...

Una larga historia...

La más vieja del mundo.

-Era tan fea, tan fea, tan fea,

que, aunque era coja, le llamaban la fea.

-No hace falta que se quite el sombrero, Ros.

Nos esperan en el palacio de Linares...

Una doncella apareció anoche muerta al pie de las escaleras.

Parece ser que se cayó del piso de arriba...

Un desafortunado traspiés.

Encuentren al Zíngaro.

Yo ya no sé a quién preguntar...

Yo volveré a Cantarranas.

Usted podría darse un paseo por los cafés,

no sea que lo hayan visto merodear por alguno de ellos...

O lo encontramos nosotros primero

o el Zíngaro me va a echar a los pies de los caballos.

-Tallos hervíos de crujía...

Es mano de santo para las heridas.

No me han salvao veces el pellejo...

-No es mi vida lo que me preocupa...

-Pegamos fuego al cortijo.

Ese Ros será mu listo,

pero quedaron cuatro piedras... no hay na que sacar de allí...

-¿Y el Zíngaro?

-Habrá encontrao quien le dé techo...

Muchos le deben favores en el pueblo.

-¿Y por cuánto se olvidarían de esos favores

y le pegarían un tiro en la cabeza?

-El Zíngaro ya sabe que está de más.

En cuanto pueda, desaparece y no lo vuelves a ver más por Jaén.

-¿Por cuánto? Di un precio.

-Por cuatro duros tienes a más de uno dispuesto...

-Te daré uno de los lingotes si me traes al Zíngaro.

Muerto. No tengo nada que hablar con él.

Si no, ese lingote se lo daré a quien te mate a ti...

Es difícil caerse por ahí.

Al menos de forma involuntaria.

Tropezó o se quitó la vida, tanto da...

Los marqueses son un matrimonio temeroso de Dios...

No quiero ni imaginar lo que están sufriendo con todo esto.

Vamos.

Señores marqueses, muchas gracias por recibirnos.

-Bienvenidos a nuestra casa.

Lamento enormemente que el motivo de su visita sea tan trágico.

-Aún no me lo puedo creer... Alicia era una chica tan dulce.

Yo le ordenaba limpiar la cubertería dos veces a la semana.

Si no hubiese estado sola anoche, tal vez...

-No, no Raimunda, no te culpes.

Alma mía, en Dios solamente reposa...

-...porque en él está mi esperanza.

-Una desgracia, sin duda.

Reciban nuestra más sinceras condolencias.

Fue un accidente desafortunado.

La barandilla es firme, y bastante alta.

Y la doncella era de estatura baja,

es imposible que se cayera por encima de ella.

Entonces...

¿se ha quitado la vida...?

Ave María Purísima.

-No creo que los marqueses tengan la necesidad

de escuchar esos detalles tan desagradables...

No creo que se quitara la vida, señora.

Si quisiera haberlo hecho,

no tendría un hematoma en la muñeca,

ni restos de sangre en sus uñas. Se defendió.

Luchó para no ser arrojada al vacío.

Pero alguien la agarró con fuerza.

Alguien le dejó el miedo grabado en su rostro...

¿Está usted diciendo que Alicia fue asesinada?

¿Podríamos hablar con el resto del servicio?

Desde luego.

-Era buena muchacha. No se enredaba en jaleos.

¿Y nadie tenía nada en contra de ella?

¿Qué iban a tenerlo?

Porque alguien le quitó la vida.

Y aquí todos sabemos quién fue.

El fantasma.

El fantasma de la niña.

Yo una noche la vi con mis propios ojos.

La niña tiene ojos de demonio.

Y el pelo blanco como si hubiera vivido mil años.

-¿Está seguro?

-Pensaría que son imaginaciones mías,

si fuera el único que la ha visto. Pero todos lo hemos hecho.

Si no, pregúnteles a ellos y verá.

Muchas noches se oyen crujíos,

como de alguien paseando donde no hay nadie,

y golpes...

Hasta el padre Cetina se santigua cuando hablamos de ella...

Y no es la primera sirvienta que mata.

¿Cómo que no es la primera?

La anterior cocinera.

Desapareció sin dejar rastro.

Una mañana ya no estaba, como si se la hubiera llevao el viento.

-Ni fantasma ni fantasmo. El Palacio es muy grande.

Buena parte, está vacío. Lo raro sería que no crujiese nada.

Y allí no hay ninguna niña, ni rubia, ni morena,

ni pelirroja.

-Todas las sirvientas han corroborado también que vieron a una niña.

Y las mujeres se entiende que son más impresionables,

pero el jardinero también ha...

-Con lo que bebe ese hombre, debe ver fantasmas

a toas horas...

Se habla de que también había otra cocinera

que desapareció sin dejar rastro.

La Francisca. Se fue con el afilador.

Y le aseguro que él era de carne y hueso,

como la barriga que le hizo a la pobretica.

¿Y qué relación tenía el jardinero y la víctima?

Bebía los vientos por ella,

pero la chiquilla...

No le hacía ni caso.

Él se ponía muy pegajoso a veces...

¿Por qué?

¿Qué cree usted que ocurrió?

Creo que en ese palacio hay un asesino.

Pero no se trata de un fantasma.

Señor Blázquez...

Gracias.

Madame de Suberwick; que sorpresa.

Tenía entendido que había partido de viaje.

En Linares hay más información para mis artículos.

Igual que personajes dignos de una semblanza,

como el Zíngaro...

En este pueblo las respuestas escasean,

en cambio, las preguntas van de boca en boca...

Me temo que usted no está haciéndoselas a quién debería.

¿Se le ocurre alguien más?

Bueno, se me ocurre una persona.

Una señorita extranjera que está escribiendo sobre los más pobres...

Ella podría contarle que el Zíngaro pasó su infancia en Zamora,

y todavía conserva familia ahí...

Tenía usted razón. No he preguntado a quién debía...

La risa es la mejor medicina...

La risa y este reconstituyente del Doctor Breuer;

recién traído de Viena.

Nunca falla, garantía de fuerza y gallardía.

Por solo cuarenta céntimos...

-Anda, coge las monedas y lárgate de aquí por peteneras,

pero ya.

Imagino que servirá para matarratas, digo yo...

-Esto siempre viene muy bien, ¿eh?

¿Ha sabido usted algo del Zíngaro...?

Si ese tío, que es más feo que Picio no lo ha metido ya

en un hoyo, se ha debido esconder pero bien...

Porque me he dejao los nudillos por Cantarranas

y no he averiguao na...

A veces, es mejor indagar con menos ruido...

Ya, pero no es mi estilo.

Lo primero que tendríamos que... que olvidarnos del Zíngaro

y centrarnos en el pez gordo, que es el qué tiene el oro...

Sargento, sargento, por Dios, discreción...

He sabido que el Zíngaro tiene familia en Zamora,

si quiere escapar, lo más seguro es que se dirija hacia allí.

Quería pedirle permiso para alertar a los guardias

de la estación de tren.

Por supuesto...

Y, ¿cómo lo ha averiguao?

La señorita de Suberwick es una escritora muy bien informada.

Hay que ver,

que a los gabachos no te los quitas de encima ni con agua caliente...

-No se deje llevar por el tópico, sargento.

A los españoles se les cree fogosos,

pero resulta que, si no tienen la ayuda de algún complemento...

-Señores...

les presento al padre Cetina, amigo y confesor de la familia.

-Muchas gracias señores,

a los dos por haber venido.

Y créanme que lamentamos, profundamente,

las molestias que les hayamos podido causar.

Pero les podemos asegurar que no han sido en balde.

Tenemos un sospechoso.

¿Un sospechoso?

Su jardinero.

Ha sido el primero en sacar a relucir un supuesto fantasma

que habita en su Palacio.

Verá, señor Ros...

Me temo que Don José,

con la mejor de sus intenciones, no ha sido sincero

del todo con ustedes.

-No les hemos contado toda la verdad sobre lo que ocurre en esa casa.

Los extraños sucesos que en ella acontecen...

¿El fantasma?

En efecto, por el pueblo corren rumores,

pero intentamos acallarlos, por eso no le comentaron nada.

Sin embargo,

ahora que el servicio ha destapado todo este asunto...

-No, no es algo que uno desee que salga a la luz.

Aunque haya provocado un suceso tan terrible.

¿Ustedes creen de verdad que ese fantasma es...?

Yo solo creo lo que muchos han visto con sus propios ojos.

-Por eso les pedimos compresión. Y discreción.

-Para su tranquilidad, señores, el caso está cerrao.

Ha sido una caída desafortunada.

Tampoco tenemos pruebas de lo contrario.

Se lo agrademos mucho.

Señor...

Ros, ha sido un triste accidente...

Señor, pero no po...

Es una orden.

Será lo mejor para la familia de la muchacha,

para los señores y para nosotros mismos.

¿Y será mejor para los marqueses que un criminal

esté bajo su mismo techo?

Ros...

-¿Algún problema, Inspector?

No, Don José.

Solo que,

si ustedes creen que ese fantasma es el responsable de esta muerte...

No entiendo cómo no están haciendo las maletas hoy mismo.

El Palacio significa mucho para mi esposa

y para mí...

No queremos abandonarlo.

Los dos rezamos para que Madame Paladino ponga fin,

de una vez por todas, a ese alma en pena que nos atormenta...

¿Una espiritista?

Madame Paladino no es una espiritista cualquiera.

Es la más conocida de Europa.

De hecho nosotros, solamente hemos podido acceder

a ella gracias a la mediación de una buena amiga,

la marquesa de Vaula.

Que sorpresa, Señor Ros.

Me alegra verte bien.

La última vez que te vi pensé que no lograrías recuperarte.

No olvido lo que hiciste por mí.

En cambio, yo te veo tan feliz como el día que te casaste.

Y lo estoy.

Tengo una vida muy dichosa junto a Ernesto.

¿Y dónde está él?

De viaje de negocios...

¿Con algún "socio"?

Hay apetencias que no cambian.

Ernesto vive su naturaleza de un modo muy discreto.

El no me tiene que dar ninguna explicación

y yo tampoco me siento engañada,

lo cual nos convierte en un matrimonio mucho más sincero

que el resto de los que conozco.

Claro

¿y dónde quedan tus apetencias?

También las satisfago,

siempre y cuando no afecte a nuestro buen nombre

ni a la armonía de nuestro matrimonio.

¿Hasta cuándo te quedas por Linares?

Hasta aclarar lo que pasó...

Víctor, nadie podrá sustituir a Clara,

pero la tristeza también es un vicio.

Y, mientras siga corriendo la sangre por tus venas,

necesitas vivir.

¿Por qué no te vienes esta noche a Palacio?

Los marqueses van a preparar una cena de bienvenida

a Madame Paladino...

Tal vez la puedas ver en acción.

No me lo perdería por nada del mundo.

Volveré antes de que te des cuenta...

-Tú mejor quédate a mi vera, ¿eh?

-A ver, Elena, no quiero ser grosero,

pero es que...

¿Quién eres tu para decirme lo que tengo qué hacer?

Si me quieres bien, no le digas nada a Víctor.

Además, voy bien protegido...

-Venga, anda...

-No te quedes ahí parado, me espantas a los lechuguinos.

-Pues muy lechuguinos tienen que ser para que tú les quites nada.

Que por aquí ya te conocen...

-¿Y qué quieres que haga pa sacarme unas perras?

-Pues,

dejarte ayudar por un señoritingo

al que no le conoce nadie y del que nadie va a sospechar...

-Este es un producto milagroso para recuperar el brío y la energía.

Recién traído de tierras germanas,

solo dos pesetas...

-A ver, si es muy fácil:

sólo tienes que darle palique... Y, mientras, yo abro el cajón

de las monedas...

-A ver, yo le pregunto algo para que él te dé la espalda...

Buenas, ¿podría comprarle algo todavía?

-Este negocio no conoce horarios, mozalbete.

¿Qué necesita?

-Ese frasco de ahí.

-¿El reconstituyente del doctor Breuer?

Es usted muy joven para tomarlo... Pero puedo observar en usted

otras necesidades, cierta inquietud...

¿Es usted tímido, quizás?

No se preocupe, para ello tengo la mejor solución...

-No, no, no, pero,

no es para mí, es para mi padre, me lo ha encargado el.

Que se ve que se está haciendo popular el remedio...

-La ciencia del Doctor Breuer obra milagros.

Su padre verá brotar de nuevo la fuerza de su juventud,

se lo puedo asegurar.

¡Eh, las manos quietas, ladrona!

-No vales ni de cebo, lechuguino...

-¡Mi navaja!

-¿Me tomas por lelo? ¿eh?

¡Sí, ahora me dirás que no estabais conchabados!

¿verdad? ¡Vamos, a comisaría!

¡Vamos! Vamos, a com...

¡Eh! ¡Ladrón!

¡Al ladrón! ¡Al ladrón!

Ey, ey, ey, ey, ey, ey, ¿qué ocurre?

Gracias a Dios,

gracias a Dios que lo ha detenido, inspector.

Este ladronzuelo debe ir de cabeza al cuartel...

¿Ladronzuelo?

No, no se deje usted engañar por su aspecto

de joven de buena familia...

¿Qué clase de educación habrá tenido de sus padres?

La mejor... o eso creía yo...

Le presento a Juan, mi ahijado.

Mis disculpas, inspector...

Quería decir que... que está claro que es un joven astuto, ¿eh?

...En eso se parece a usted.

¿Podríamos pasar por alto este incidente?

Le aseguro que el castigo que le iban a imponer en el cuartel

no va a ser peor que el que yo tengo pensado...

¿Cuánto le debo?

No, no, por favor, señor Ros...

Para mí es un honor haber sido esquilmado

por un miembro de su dinastía...

Aunque del honor no se come,

y con esas cinco pesetas que me han arrebatado,

podía haber comido varios cocidos...

Gracias.

-Víctor... No he sid...

Ni me hables.

Tengo una cena a la que asistir

y ya aclararemos todo esto... Anda, tira, tira...

A las buenas...

Me han dicho que vosotros sabéis dónde anda el Zíngaro.

Quiero verle pa que me dé faena.

El Zíngaro no está pa nadie...

-Pa mí siempre está... Si es que sigue en Linares.

-Poco le quea... Si consigue entrar en el pellejo.

Tienes la lengüita tan larga que tampoco se notará mucho

si te la rajo... ¿no?

¿O te crees que no sabemos que te juntas con guardias civiles

y policías, eh, Elena?

-Me he tenío que escapar...

por eso voy disfrazá... le he robao este vestido a una madrileña...

-Y será verdá...

Pero, ahora vamos a darnos el caprichito...

-Pero si sigo siendo la misma.

He rajao el cuello a hombres por menos de esto...

-Llevo años con los marqueses

y me gusta pensar que ya soy más su amigo

que un consejero espiritual.

-Nos conocemos desde niños...

Jugábamos al escondite en la plaza de Lavapiés.

¿Podría preguntarles qué motivo les llevó a dejar Madrid?

Linares está un poco lejos de la capital...

Disculpen la impertinencia del señor Ros.

La curiosidad es un gaje de su oficio...

Verá, teníamos la ilusión de construir un palacio

que posteriormente pudiera servir como Hospital.

Y qué duda cabe,

que los aires de la sierra jienense,

son mucho más puros que los de Madrid.

-¿Le ocurre algo?

No, no, disculpe.

No he podido evitar fijarme en sus pendientes.

Son de un gusto exquisito, marquesa.

Oigo gritos.

Los gritos de esa pobre joven muerta...

Un rostro le mira.

Es una niña.

Una niña de cabellos blancos, y ojos de hielo...

Veo que ha podido hablar con el servicio, Madame Paladino.

¿A qué se refiere?

Que sus palabras recuerdan a los testimonios

de los criados sobre el "fantasma"

que vive entre estas paredes.

La ironía no es más que la enfermedad del incrédulo...

Reconozco que la fe ciega no es una de mis virtudes.

Sin ofender, padre.

Son muchos los que, con mi ayuda,

lograron cerrar heridas abiertas en el otro mundo...

El esposo de la marquesa de Vaula, por ejemplo,

pudo comunicarse con su fallecida madre...

Yo tampoco era creyente,

hasta que mi esposo me llevó a ver una sesión de Madame Paladino.

Mi única recompensa, señor Ros,

es reconfortar las almas afligidas.

Escucho a los espíritus atrapados aquí...

Me dicen que esa doncella ha sido la primera,

pero no será la última muerte que suceda en este Palacio.

Tenemos que liberar a ese ánima demoníaca,

antes de que sea demasiado tarde.

Mañana mismo.

¿Le gustaría asistir, inspector?

Estoy convencida de que hasta un materialista

como usted puede encontrar la luz...

De momento, me conformo con encontrar el excusado.

Si me disculpan.

Gabriela le acompañará.

Gracias.

Al fondo a la izquierda, señor.

No, no, no.

No, no, no.

¡Espera, espera, espera, espera. No te vayas, espera!

¿No te parece que has sido demasiado duro con Juan?

Por poco estrena su historial en cuartel...

Ha intentando robar a Cavestany.

Víctor, es una chiquillada.

¿No te das cuenta? Qué quieres, ¿que siga tu camino?

También era el tuyo. Hasta que te pasaste al otro lao.

¿Qué es esto?

¿Quién te lo ha hecho?

¿A ti que te importa?

Disculpen.

Jefe, jefe, le he oído llegar y hay algo importante que quisiera...

Te has echado a la calle a buscar al Zíngaro...

Sí, y por poco se lo saco...

Han dicho que el Zíngaro se iba a marchar pronto,

y algo de un pellejo...

¿Pellejo?

Sí, que si cabía en un pellejo...

¿Qué está pensando?

El pellejo de una cabra sirve para transportar aceite.

Si es de buen tamaño, un ser humano podría caber dentro

o camuflarse entre ellos.

Es decir, que un hombre puede coger un tren sin ser visto,

como si fuera mercancía.

Pero también tiene que haber varios cargamentos durante el día

en distintas direcciones.

Si supiéramos, al menos, dónde se dirige...

¿Puedo hablar ya?

¡Alto!

Policía.

¿A Zamora, no?

Sí, señor.

Enséñenos la carga...

¡Eh, eh!

Las manos donde las pueda ver...

Si no, el próximo no será al aire.

Un rabo de lagartija,

eso es lo que eres... Como decía tu padre...

-¿Cómo sabes eso?

-Porque conocí a tus padres.

-¿En serio?

-En La Latina. Hace un montón de años.

Tu padre era el hombre más valiente y noble que ha nacido.

-¿Y mi madre?

Víctor nunca me habla de ella...

-Ay, tu madre, tu madre te adoraba.

Se desvivía por ti.

Pero los dos tuvieron muy mala suerte,

una vida llena de calamidades y penurias.

Pero no se te ocurra olvidarlo, ¿eh?,

tus padres te querían más que a su vida.

-Pero... Eran ladrones.

Debo haberme equivocado de habitación...

¡Lola!

¡Juanito! ¡Pero ven aquí!

Pero bueno, ¿cómo estás? Yo te hacía en Lisboa...

Venía buscando a Víctor...

Ha tenido que salir hace un rato.

¿Y sabe dónde puedo encontrarle?

Me imagino que estará en el cuartel.

Muy bien.

¿Dónde está De la Rubia?

Y no diga que no lo conoce.

Yo conozco a mucha gente.

Es De la Rubia quién nos interesa.

Y saber dónde ha podido esconder el cargamento que tiene en su poder.

Te ha dejado atrás, Zíngaro.

Le has fallado y no te va a perdonar la vida...

No le debes nada.

A él, no. Pero hice un juramento, señor Ros.

Y juré no revelar ciertos secretos,

a no ser que sea con los míos, en voz baja

y siempre que la persona más cercana esté a más de cuarenta pasos.

¿Pero qué leches está diciendo?

Yo creo que el aceite se le ha metido en las orejas

y está perdiendo el razonamiento...

Déjenlo que pase la noche entre rejas.

El olor a pellejo le va a parecer perfume del caro

cuando tenga que hacer sus necesidades en un rincón.

Entonces, verá como habla.

-Inspector, una señorita pregunta por usted...

Supongo que anoche te entendí mal...

Pensé que seguías de luto.

Esa mujer no es mi amante, Lola.

Víctor, no hace falta que me des explicaciones.

Es que quiero dártelas.

Esa mujer es la esposa de Luis el Conquense.

¿Elena es la madre de Juan?

¿Pero no había muerto ella?

Todos lo creíamos.

En realidad, se llama Juana

y está perseguida por la justicia. Por eso se cambió de nombre.

Una historia muy complicada...

¿Y eso lo sabe Juan?

Lola, ¿qué opinión tienes de los marqueses?

Son de las dos mejores personas que he conocido

en la alta sociedad. Amigos leales.

No sé, Raimunda creo que es la única persona

que me ha acogido con cariño verdadero.

Tal vez sea porque ella tampoco nació siendo marquesa.

Sí, en la cena comentó que se había criado en Lavapiés.

Eso es. Es tan humilde como yo.

Cigarrera.

Don José se enamoró perdidamente de ella.

Imagínate el escándalo que montó en la corte de Madrid,

tan provinciana para algunas cosas...

Y por eso supongo que acabaron viniendo a Linares.

Víctor, son sólo una pareja feliz

que quiere vivir a salvo de murmuraciones.

Son buenas personas y, sobre todo, buenos amigos...

Claro, y tú les ayudas de una forma muy generosa

presentándoles a Madame Paladino...

El espiritismo ayuda a muchas personas.

No veo qué hay de malo en ello.

¿Aunque sea con engaños?

¿O me vas a decir que tu marido se comunicó con su madre muerta?

El espíritu de esa mujer hablaba pestes de mí hasta en el más allá,

así que sí, era ella.

Ernesto lo creyó,

y le ayudó a cerrar una herida del pasado.

Con eso me basta.

A veces, un consuelo así, es necesario.

Gracias.

Disculpe. Por favor, las luces.

Señores, la sesión va a comenzar.

Madame Paladino les ruega que permanezcan en silencio.

-Señor marqués, por favor.

Lola... No me suelten para comprobar que los sonidos no provienen de mí.

Buenos Espíritus que os dignáis a venir,

dad al médium,

la conciencia de la santidad

del mandato que le ha sido confiado...

Contestad con un golpe para decir SÍ.

Dos golpes serán NO.

¿Hay algún espíritu en esta sala?

(Golpe)

¿Eres el espíritu de Alicia, eres tú la doncella?

(Golpe)

¿Fuiste asesinada?

(Golpe)

¿Quién te apartó de los vivos? ¿Un ser terrenal?

(Golpe dos veces)

¿Te dio muerte un espíritu encarnado?

(Golpe)

¿Conoces a este alma perdida?

Bravo,

un truco muy bueno.

Pero un truco, al fin y al cabo.

Señor Ros, ¿cómo se atreve?

Solo quiero no hacerles partícipe de esta burda manipulación, padre.

¿Si me permite, Madame Paladino?

Las luces bajas para impedir ver con claridad.

El incienso, mezclado con hachís marroquí,

para atontar las voluntades.

Una silla principal

y unos voluntarios sujetando las manos de madame Paladino...

¿Y cómo explicas los ruidos que venían de la nada?

Es muy fácil darse cuenta que hay un dispositivo especial en esta silla.

Sólo es necesario mover la cadera

y que no parezca que mueves ningún músculo.

Espíritu de la sala,

¿es todo esto una farsa?

(Golpe)

Burlarse de los muertos puede ser peligroso, señor Ros.

He recibido un mensaje del más allá para usted.

De una mujer que le amó.

Una mujer de cabellos dorados, y sonrisa de ángel...

Algo no va bien...

Es aquí, entre nosotros...

No...

Me está hablando.

¿Sabe lo qué me dice? Que murió por su culpa... que usted convirtió

la fecha de la medalla en la fecha de su entierro.

23 de Febrero de 1898.

"Al mejor policía"...

¡Basta! Basta....

Víctor...

No, no...

Víctor... Víctor, ¿estás bien?

Víctor...

Tu le hablaste de Clara, ¿verdad?

Pero ¿cómo puedes pensar eso? Yo no le he dicho nada.

Entonces, ¿cómo sabía lo de la medalla?

¿Es así como te vengas de mí

por haberla amado a ella y no a ti, Lola?

Perdona, perdón...

A Gabriela no le importa que ocupe su cuarto...

No, estoy mejor, de verdad, que no se preocupe...

Siéntese.

-Señora, tengo la habitación manga por hombro.

Qué apuro...

-El señor Ros no se encuentra bien...

Me sentiría mal si se marchara en estas condiciones.

Ahora descanse y no piense en nada más.

-Lo siento mucho.

(Golpes)

(Golpes)

(Golpes)

(Sollozos)

No, tranquila, tranquila, no voy a hacerte daño...

Dios mío... Gabriela...

-Lo advertí... Advertí que eso sucedería.

Los espíritus no mienten...

Avisaron de que habría otra muerte.

¿Ha sido la niña, verdad?

¿Acaso la ha visto usted por fin, inspector?

-Ya era hora...

-¿Nos estabas esperando?

-Si vienes a hacer lo que yo creo, sí.

-Suéltame, es lo menos que puedes hacer

después de la puñalada trapera que me diste...

-Estarás echando de menos Zamora, ¿no?

-Como yo amanezca aquí, igual me da por contarle cosas

a ese tal Ros... Y entonces serás tú el que cague en un rincón,

detrás de unos barrotes.

(Campanas)

¿Qué ocurre?

No lo sé.

Honestamente, espero no estar perdiendo la cabeza...

Vamos jefe, no diga eso.

Aquí el único que está perdiendo la cabeza es el Zíngaro,

que no sabe ni lo que dice... Y a usted,

de momento, se le entiende casi todo.

Mayormente.

¿Qué es lo que dijo el Zíngaro?

Pues, algo de voz baja y... y cincuenta pasos.

Cuarenta, cuarenta pasos.

Yo había escuchado esto...

Lo he leído en alguna parte.

Reglamento, reglamento, reglamento...

esto tiene que estar por aquí...

"No sé hablará de ningún hecho, en las plazas ni en las calles,

como no sea entre los del núcleo, y en voz baja,

y que no haya gente en cuarenta pasos lo menos".

Pero, ¿qué dice?

El reglamento de la Mano Negra.

¿Recuerda? Formaba parte de los documentos en el juicio

contra esos anarquistas, en nuestro último caso.

Un momento, ¿no habíamos quedado que todo esto de la Mano Negra

era una patraña?

Y puede que lo fuera. Pero ahora,

alguien lo está convirtiendo en realidad...

Esperemos que el Zíngaro nos lo aclare.

¿Cómo ha podido ocurrir esto?

Hombre, de todos es sabido que el Zíngaro es una bestia...

Y, viendo la cerradura, un potro salvaje.

Debió de estar dándole patadas, hasta que cedió...

O alguien vino y le ayudó...

Ya ¿Y los guardias?

Aquí presente.

Con los ojos abiertos, menos anoche...

¿Y los ruidos no le despertaron?

Lo único que recuerda es que se estaba tomando un chato de vino

mientras cenaba.

Quizá algún compinche del Zíngaro lo envenenó

o se pilló una tajá como un mulo.

Lo despertaron con el cambio de guardia

y no se acuerda de nada...

¿Es eso cierto, Martos?

Tú no tienes conciencia, ni la vas a tener en tu vida...

¿Pero qué demonios está haciendo?

Evitar que lo expulsen del cuerpo.

Así le podrá contar al capitán que intentó evitar la fuga del Zíngaro,

y con el puñetazo lo demostrará. Anda...

Señores, no hagamos de esto una montaña,

el pobre Martos mantiene a sus dos hermanos pequeños...

¡Mecagüendiez!

El Zíngaro debe estar cerca de las Indias ya...

El sargento tiene razón. Deberíamos reemprender la búsqueda,

pero no confío en que le encontremos...

Ven, pa acá, ven pa acá.

Ven, ven, ven. Ven pa acá.

Tengo la navaja en el corazón.

Dime dónde está el Zíngaro o te juro que te lo atravieso...

-Lo cogieron... los guardias...

-Y se fugó.

¿Pero quién le está dando refugio ahora?

-No lo sé...

-Venga, haz por pensar. Que no te quiero matar por na.

-Te lo juro... La ramera ésa, la Elena...

estuvo preguntando por él antes de que lo cogieran preso...

-Elena no le daría ni agua al Zíngaro...

-Por mis muertos que es tó lo que sé...

-Búscate un mulo y vete del pueblo.

Las cosas no van a ir bien para los amigos del Zíngaro...

El candado de la puerta del Zíngaro estaba aplastado

y, sin embargo, el gancho estaba intacto.

Eso quiere decir,

que antes de que lo golpearan, ya estaba abierto.

De otra forma, el hierro no estaría deformado.

Lo abrieron antes con una llave.

Y luego, destrozaron el candado y simularon una fuga.

¿Usted cree que es cosa de Giralda?

Entonces, ¿por qué dio pábulo a toda esa historia que nos contó

sobre la huida?

Nos conviene que el sargento piense que le hemos creído.

Así le podrá seguir, sin levantar sospechas...

Cálmese, está muy nervioso...

Está alterado...

-No estoy alterado.

-Sí, cálmese...

Dos pájaros de un tiro.

¿Por qué siempre me toca bailar con la más fea?

...Eso es lo que tiene que hacer.

-Pues lo siento mucho, sargento.

Pero en este negocio, no se aceptan devoluciones...

Y, menos aun, cuándo usted se ha acabado el reconstituyente...

-Mira, mamarracho, lo tiré a una alcantarilla

y, por poco no me lo escupen a la cara,

de lo malo que es... Así que dame los cuarenta céntimos

o te cruzo la cara aquí mismo.

-Señor Ros, señor Ros, dígale usted aquí

al sargento que no es culpa del vendedor

si el cliente no hace un buen uso del producto...

Prefiero no meterme en este asunto...

¿Mal uso?

Vamos a ver, yo, a mi criatura, se lo di con una cuchara,

no le metí la botella por el culo, carajo.

-¿A su hijo?

-Sí...

-Sargento... -Qué...

-Creo que es obvio cuál era el propósito de este compuesto:

y no es algo que suelan hacer los niños...

Debería haber leído la presentación.

¿Qué dibujaría en una etiqueta de un ungüento

que sirviera para proteger de los rayos del sol?

No lo sé... pues... a una bella dama...

o, quizá, ¿un sol?

Un sol, señor Cavestany. Es usted un genio.

Aunque, a veces, no lo parezca.

Si me permiten, tengo que volver al Palacio de Linares.

Espere fuera.

¿Se puede saber qué quiere ahora?

Acabar con este misterio de una vez, capitán.

Ahora sabemos que ustedes tuvieron algunos obstáculos

para su relación.

Por diferencia de clase...

¿No es así?

¿A dónde quiere llegar con eso, Ros?

El padre de don José no quería que se casase con Raimunda,

no porque fuera pobre,

sino por un motivo mucho más importante:

son hermanos.

Lo intuí la primera noche.

Ciertos rasgos,

sólo pueden ser idénticos en dos personas

si existen lazos sanguíneos. Como la aurícula.

¿Y solo con eso puede afirmarlo?

No.

La noche que me quedé en la habitación de Gabriela,

se apresuró para esconder un fármaco.

Un aceite, hecho a base de extracto de castaño de Indias.

Sirve para proteger las pieles delicadas del sol.

Como las pieles albinas.

Una enfermedad que, según Darwin,

puede ser la consecuencia de una relación consanguínea.

¿Y qué tiene que ver todo eso con lo que ocurrió en el Palacio?

La niña fantasma que se pasea por los pasillos del palacio...

No es un espíritu. Es una niña albina y es su hija.

Por qué ustedes, que son tan religiosos, ¿decidieron casarse?

El Santo Padre nos concedió una bula...

El Padre Cetina puede confirmarlo...

Claro, y todo eso bajo una condición, ¿no es así, padre?

En efecto.

Que no se consumase el matrimonio.

"Castis convivere".

Sin embargo, ustedes no pudieron respetarlo.

Y la marquesa dio a luz un bebé, a una niña albina.

Una niña que tenía que ser escondida,

porque, si no, les hubiesen excomulgado.

Además, no podía darle la luz del sol...

Jamás le ha faltado de nada a nuestra niña...

Gabriela se encargaba de ella.

Supongo que se comunicaba por la noche,

dando golpecitos en la pared.

Y, supongo que Alicia, la doncella,

se dio cuenta.

Así que alguien tenía que terminar con su vida

para que no contara la verdad...

Nosotros nunca le hemos hecho daño a nadie.

No le estoy acusando de nada, señor marqués.

El asesino tiene que ser el mismo que me envenenó

a mí la noche que estuve aquí, la noche de Madame Paladino.

Con estramonio. Un potente alucinógeno.

No fue Gabriela, por supuesto.

Ella solo recibía órdenes, se encargaba de cuidar a la niña,

por ejemplo. Y, por eso, se arrepintió.

Lo siento mucho...

E imagino que, cuando la obligaron a servirme esa única copa,

se dio cuenta de quién había matado a Alicia;

se enfrentó a él... Pero también la arrojó por el hueco

de la escalera.

¡Quiere soltarlo de una vez, Ros!

Alguien se ha acostumbrado a vivir una vida de lujo

aprovechándose de la fe de los marqueses.

Imagino que sacó el estramonio del jardinero.

Gabriela sabía que era un borracho,

pero, además, tenía otras aficiones...

¿Se acuerda cuando le interrogamos?

tenía los mismos síntomas que tenía yo:

pupilas dilatadas, sequedad en la boca, picores.

Él era la otra persona que sabía toda la verdad.

¿No es así, padre?

Ningún varón se allegue a ninguna mujer cercana de su carne.

Yo soy el Señor.

Fíjense, aún tiene los arañazos de la doncella...

La Iglesia nunca admitirá a esa niña en su seno.

Es el fruto del pecado, basta con mirarla,

Dios la ha marcado...

-Es usted la vergüenza de la curia...

-¡Por favor! ¡Por favor, ayúdeme!

Debe haber ido a por la niña...

José siempre dijo que, si alguna vez se descubría la verdad,

la llevaría ante Dios...

¡La va a matar...! Por favor.

Vamos.

No, por favor, por favor,

tranquilícese Don José,

por favor...

Dios proveerá para sí el cordero del holocausto...

-No lo hagas, José...

-El padre lo ha dicho muchas veces:

es mejor morir

que darle la espalda a Dios.

La Iglesia no la reconocerá nunca...

está condenada por nuestros pecados...

-No lo hagas, por favor...

Escúcheme marqués...

A estas alturas ya es sabido que yo no soy creyente.

No sé si existe el más allá. Nadie lo sabe.

Pero lo que sí sé,

es que este mundo se puede convertir en el peor de los infiernos,

si perdemos a lo que más queremos.

Créame.

Mientras se tengan los unos a los otros,

también tienen la oportunidad de ser felices.

Hasta un descreído como yo

sabe que eso es lo más cerca del cielo que se puede estar.

Y luego, tras la muerte, pues...

ya veremos.

Pero si existe su Dios, estoy seguro que no les condenará por amar

a su hija...

¿Cómo va a ser pecado el mayor sentimiento del hombre,

Don José?

¿Puedo quedarme a jugar?

-Claro que sí, mi amor.

¡Sargento!

Me gustaba más el otro picadero.

Por lo menos tenía más colorido

¡Qué leches está haciendo!

¿Qué cojones cree que estoy haciendo?

Interrogo a un sospechoso...

Pues yo diría que le está dando una paliza.

Los que no somos de ciudad nos cuesta ver la diferencia.

¿Y por qué lo ha traído hasta aquí?

¿Desde cuándo le importa usar los puños en el cuartel?

¿No será que tiene miedo de lo que pueda decir?

Que hable de los negocios que tienen a medias...

Yo también quiero coger al gachó de la careta...

Deme cinco minutos con el Zíngaro y me lo contará todo y, si quiere,

después, me pone las esposas.

-¡Quietos!

Te devolveré cada puñetazo que me has dao, Giralda...

¡Quietos!

¡Ya nos veremos, Giralda!

¿De paseo?

Es de las pocas aficiones que nos podemos permitir

las que no tenemos un real.

Que no te engañen estas ropas caras.

¿Sabes?, las dos crecimos muy cerca:

en la Latina. Soy tan humilde como tú, Juana.

Víctor me lo ha contado.

Y no te preocupes, que tu secreto está a salvo conmigo.

¿Y qué más te ha contado Víctor?

Que Juan es tu hijo y que él todavía no sabe nada.

Se merece otra madre.

No, no, digas eso.

Sea lo que sea que pasara con tu hijo,

seguro que había alguna explicación.

¿Zíngaro? ¡Zíngaro!

-Calla, mujer...

-¿Qué pasa, que ya no me reconoces? ¿eh?

-Tú eres una de mis putas...

-Ya no...

-Eh...

-Yo ya no soy tu puta.

-Tranquila...

Quieta... ¡Ven aquí!

Le meto un tiro en la cabeza....

-Ros, le debo una disculpa.

Debo reconocer que si no llega a ser por usted,

ese hombre habría salido impune de sus crímenes.

¿Qué pasará ahora con la niña?

Supongo que pedirán un nuevo permiso al Papa

para que la niña sea reconocida por la Iglesia.

Si es así, vivirá feliz, bajo su propio nombre.

Y si no, supongo que los padres tendrán

que buscar una nueva identidad.

Y así no vivirá más como un fantasma.

Víctor,

el Zíngaro tiene a Lola... Va a matarla.

Vamos.

Los guardias echaron a los huéspedes de arriba...

Dejen paso...

Pide un caballo y armas. Si no se lo dan, le pega un tiro...

Apártense de la entrada, apártense, ¡vamos!.

Si se siente atrapado puede cometer cualquier locura.

Juan, Juan...

Madre de Dios, menos mal que el chiquillo estaba fuera...

El patio da a una escalera de servicio, ¿verdad?,

que sube al primer piso...

Sí...

-Víctor, yo lo he visto todo desde mi ventana;

está atrincherado en la entrada, con todo cerrado...

Si subes, te va a oír...

-A mí se me ocurre algo.

Que tú y yo hagamos el palo al prestamista de La Latina.

"¿Dónde vas buen caballero?", ¿Te acordarás?

Limpio y sin heridos.

Bien, quedaros aquí.

¿Me permite? Gracias.

Vamos.

Tu irás por la escalera de servicio, ¿de acuerdo?

Entraré en "No te asustes de mí".

Bien.

Ten cuidado.

Por los viejos tiempos.

¿Vamos?

Vamos.

Uno, dos, tres.

¿Dónde vas, buen caballero? ¿Dónde vas tú por ahí?

Voy en busca de mi esposa...

...hace tiempo no la vi...

...Tu esposa ya se ha muerto,

muerta está que yo la vi,

y las señas que llevaba, yo te las puedo decir...

...llevaba un vestido blanco, con estrellas de marfil

y el velo que la cubría era un rico carmesí...

...Cuatro duques la llevaban por las cortes de Madrid.

Y al pasar por un barranco, una sombra vi salir...

...No te asustes, caballero...

...no te asustes tú de mí...

Suelta el arma.

¡Suelta el arma! ¿Estás bien?

Sí, sí...

Como en los viejos tiempos...

-Aunque la mona se vista de seda...

Zorra se queda.

¿Tienes ganas de hablar, Zíngaro? Pues vas a hablar.

¿Dónde está De la Rubia?

¿Qué importa? Un hombre solo no es nada...

No somos uno, somos muchos.

Estate quieto y no me obligues a dispararte.

Puedes acabar con cualquiera. Aparecerán otros dos.

Dile a tu amigo Giralda que somos como los gusanos...

Aunque nos cortes la cabeza, vuelve a crecer.

¡He dicho que te quedes quieto!

Antes mártir que confesor...

-Antes mártir que confesor...

-¿A qué espera, inspector?

"Quien dejara de cumplir con su deber

sería considerado inmediatamente un traidor,

y pagará con su vida si es necesario".

Es lo que dice el reglamento de la Mano Negra, ¿no es así?

Tu deber era acabar conmigo,

por eso De la Rubia te expulsó, por eso estás fuera.

Ellos te consideran un traidor y nunca más vas a volver.

Pero todavía puedes ser un hombre libre.

¡No! No, no, no, no, no....

Tendrías que haberle disparado tú, Víctor.

Pero no habría sufrido tanto.

Se la debía, Víctor.

Se la debía.

Tranquilos, tranquilos.

No quiso entregarse y no tuve más remedio...

Su pistola, pueden llevarse el cuerpo...

¿Y Lola?

Está bien, está bien.

Sólo tiene una herida superficial...

Ya está.

Ahora soy yo quien te debe la vida a ti...

Debería marcharme...

Tengo un largo viaje por delante.

¿Tan pronto?

Bueno, por lo que cuentas,

los marqueses tienen cosas más importantes

que atender a unos invitados. Y todo gracias a ti.

Permíteme.

Eres un hombre diferente, Víctor Ros.

O tal vez sea porque eres el único al que he querido tener

y no he podido.

Primero fue Clara, y ahora...

a mi no me engañas Víctor Ros,

nos conocemos hace mucho tiempo.

He visto como la miras.

Puede que lo que sientas por ella tal vez ahora no sea amor,

pero pronto lo será.

Ojalá a mi me hubieras mirado alguna vez así.

Pero he aprendido a convivir con ello...

Adiós, Víctor Ros.

Lola...

¿Por qué Madame Paladino sabía lo que ponía en la medalla?

Hay misterios que ni siquiera el señor Ros puede resolver...

Venga Perlita, anda, ponme otra.

-Venga Marcos.

El alcohol no va a arreglar nada, hombre.

-Ponme otra, que no sé cuándo será la próxima,

anda, venga mujer.

¡Inspector Ros!

¿Quiere usted un aguardiente?

Blázquez me ha informado.

Es hora de rendir cuentas, sargento:

usted sabia de la importancia del caso que nos ha traído hasta aquí

y ha seguido más preocupado de sus trapicheos.

Como comprenderá, Barrera tiene que ser informado...

¿Me lo puedo terminar?

Hasta los condenaos a muerte

tienen derecho a su último deseo, ¿no?

Le espero fuera...

¿Un trago, inspector?

No, gracias.

¿Qué, no tiene usted vicios? ¿Que mea perfume?

Yo sí tengo vicios.

Y algún secretillo que otro, también.

Yo antes no me ganaba la vida aquí, sirviendo vinos, ¿sabe?.

No, me abría de patas.

Cuando mi padre murió, no me quedó otra.

Era guardia civil. Y esa gente no ganaba un real.

Así que no me quedó nada, ni nadie.

Me convertí...

en propiedad de unos cuantos

que me trataban como a una mula de carga.

Lo siento...

Al único al que le importé fue a un muchacho, a uno,

un guardia civil que lo había aprendido todo de mi padre.

Quería sacarme de ahí,

pero claro, él solo no podía liarse a tiros

con todo lo peor de Linares. Así que hizo un trato.

Si yo me iba, él le ayudaba a ellos con sus trapicheos.

Primero, fue uno, luego, dos.

Y al final, si no seguía, lo contaban todo.

Es un chantaje, señor Ros.

Lo único que quería era quitarse al Zíngaro de encima,

al Zíngaro y a toda su gente, a su manera, para siempre.

Váyase a casa.

Si es que puede, en su estado, encontrar el camino.

Mañana hay que estar fresco... Tenemos trabajo por delante.

Aún tenemos que atrapar a De la Rubia.

Vamos.

-El Zíngaro ha muerto...

-Supongo que no vendrás a cobrar.

Porque lo que ha ocurrido, ya lo sé...

-He venido a decirte adiós.

Siempre dijimos que si la cosa se torcía, cada uno por su lao.

Y a mí no se me ha perdido nada en esta guerra...

-Con Dios, pues.

-No veré un real por el Zíngaro,

pero hemos hecho un trabajo.

Te hemos mantenío el cargamento a buen recaudo.

Y muchos de los hombres que han perdío la vida por hacerlo,

tenían mujeres, hijos...

Nos debes dinero.

-Las viudas y los huérfanos lo merecen.

Pero para qué voy a entregároslo a vosotros,

si no vais a poder hacérselo llegar.

-¿Esto qué es?

-Esto... es un grupo de hombres leales.

Muchas gracias por vuestros servicios.

-Los han encontrao en un granero de Vilches,

amontonaos como sacos de patatas.

Una carnicería.

-El director de una de las minas más importantes de Linares,

desapareció ayer, mientras cazaba...

Se llama Aaron Jones.

El Viceconsulado Británico me está presionando.

Supongo, señores, que no es necesario que les explique

lo importante que es la comunidad británica para nosotros...

-El señor fue a hacer sus necesidades...

Yo fui pá allá un segundo, pa ver si se había cobrao la pieza,

y cuando vine, se lo había tragao la tierra.

¿Por qué el fulano ese de Tanner se niega a colaborar?

Como si no tuviera que someterse a la autoridad española...

Habrá que buscar otras vías para hablar con él.

Thomas me ha dicho que quería hablar conmigo...

¿Nos conocemos...?

Don Enrique De la Garza. Y no, no tenemos el placer.

Estoy de paso por negocios y no quería perder la ocasión

de conocerle, Señor Tanner.

Quisiera adquirir unos terrenos y me han dicho

que usted es el mayor experto en minas de Linares.

¿Por qué no viene a cenar con su esposa

y así nos conocemos mejor?

¿Mi esposa?

Necesito que me ayudes a resolver un caso.

Desde que tengo uso de razón, me recuerdo enamorada de Enrique.

Sin embargo, él tenía otros intereses,

como esas piedras de las que tanto habla...

-Elena... ¿Qué está pasando?

-No sé por dónde empezar, cariño...

  • A mi lista
  • A mis favoritos
  • T2. Capítulo 5: El misterio del Palacio de Linares

  • Compartir en Facebook Facebook
  • Compartir en Twitter Twitter

Víctor Ros - T2. Capítulo 5: El misterio del Palacio de Linares

17 ago 2019

El capitán Barrera encomienda a Ros un caso que requiere la máxima discreción: la extraña muerte de una doncella en la residencia de los Marqueses de Linares, donde se dice que habita un fantasma. En su investigación, Víctor Ros se reencontrará con Lola, quien junto a su marido, ha sido invitada para participar en una de las sesiones de espiritismo de los marqueses. Las pruebas para desmontar tales fabulaciones serán difíciles de conseguir para el inspector en un entorno donde algunos necesitan fantasmas para esconder sus errores. Además, Ros intentará detener al Zíngaro, la pieza más débil de la organización que orquestó el robo del oro. Un enemigo en la sombra cuyo poder se extiende por todas partes. En esa lucha, Ros se sentirá más cerca de Juana que nunca y, gracias a Lola, empezará a darse cuenta de los sentimientos que alberga por ella.

Histórico de emisiones:

01/12/2016

ver más sobre "Víctor Ros - T2. Capítulo 5: El misterio del Palacio de Linares" ver menos sobre "Víctor Ros - T2. Capítulo 5: El misterio del Palacio de Linares"
Clips

Los últimos 243 programas de Víctor Ros

  • Ver Miniaturas Ver Miniaturas
  • Ver Listado Ver Listado
Buscar por:
Por fechas
Por tipo
Todos los vídeos y audios

El administrador de la página ha decidido no mostrar los comentarios de este contenido en cumplimiento de las Normas de participación

comentarios.nopermitidos