Últimas preguntas La 2

Últimas preguntas

Domingos a las 10.00 h.

Dirigido por: M. Ángeles Fernández

Últimas Preguntas trata de responder a esas grandes cuestiones que todas las personas nos planteamos, desde la perspectiva del humanismo cristiano, pero siempre en diálogo con los fieles de otras religiones y con quienes, aún no compartiendo una creencia religiosa, buscan la renovación de la humanidad.

El deseo de verdad, interrogarse sobre el por qué y la finalidad de las cosas, pertenece a la naturaleza misma del ser humano.

Últimas Preguntas trata de responder a esas grandes cuestiones que todas las personas nos planteamos, desde la perspectiva del humanismo cristiano, pero siempre en diálogo con los fieles de otras religiones y con quienes, aún no compartiendo una creencia religiosa, buscan la renovación de la humanidad.

En el programa abordamos temas relacionados con la fe desde distintos aspectos, teniendo en cuenta la dimensión social del hombre así como de la perspectiva misionera, social y caritativa de la Iglesia católica. Últimas Preguntas se emite los domingos, a las 10:00 h, en TVE2 y en el Canal Internacional.

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Para todos los públicos Últimas preguntas - El mundo necesita más gente comprometida - ver ahora
Transcripción completa

de regadío, de abonos, los tratamientos para las plagas,

Hola. Muy buenos días.

Bienvenidos como cada semana a "Últimas preguntas".

Hoy vamos a hablar de la campaña

que comenzaba la semana pasada,

la campaña de Manos Unidas,

que además tiene un nombre este año, un tema,

muy muy directo,

como siempre.

Pero verán ustedes.

"El mundo no necesita más comida,

necesita más gente comprometida".

Si les parece,

veamos el vídeo de campaña

y después hablamos.

Hoy, cuando acabe el día, se acostarán con hambre

casi 800 millones de personas en todo el mundo.

Hoy, cuando acabe el día,

se habrán tirado millones de toneladas de alimentos

en todo el mundo.

Es así de simple.

Así de doloroso.

Así de inaceptable.

En Manos Unidas, llevamos años rebelándonos contra esta realidad,

luchando contra el hambre en el mundo.

Porque no podemos permitir

que 800 millones de personas pasen hambre.

En ningún caso.

Y menos aún cuando hay alimentos para todos.

Sabemos que es posible acabar con el hambre

si nos comprometemos a educar,

a sensibilizar,

a cambiar nuestros estilos de vida,

a actuar.

El elevado consumo de los países desarrollados,

la sobrexplotación de los recursos naturales,

la utilización de alimentos como biocombustibles

y el uso excesivo de fertilizantes químicos

y pesticidas,

que contaminan suelos y agua entre otros,

nos conducen a una situación insostenible para el medio ambiente,

que afecta directamente a las personas más vulnerables.

En Manos Unidas,

denunciamos la insostenibilidad

de nuestro modelo actual de producir alimentos

y trabajamos para que las poblaciones locales

sean conscientes de su derecho a la alimentación.

Además, fomentamos que estas poblaciones

participen en el diseño y puesta en marcha

de los planes locales relativos al desarrollo agrícola,

la propiedad de las tierras,

la organización de cultivos, la gestión del agua

o la explotación de selvas y bosques.

Ayudamos a mejorar las técnicas agrícolas

para obtener una mayor productividad,

compatible con el medio ambiente.

En algunos lugares,

se pierde más del 40% de las cosechas

por falta de medios de conservación o procesamiento inadecuado.

Por ello, apoyamos proyectos

que mejoran la conservación de las cosechas

hasta su consumo.

La mercantilización de los alimentos

tiene un gran impacto sobre el hambre,

impide el acceso a la alimentación

a quienes no tienen suficientes recursos económicos.

Además, la especulación convierte alimentos básicos

en activos financieros.

Los desnaturaliza.

Hacen que los mercados jueguen con la escasez y con los precios

sin importar ni la producción ni el fin real de la comida:

ser alimento para las personas.

En Manos Unidas, denunciamos la especulación,

defendemos a las personas,

y, porque entendemos que la alimentación es un derecho,

no un negocio,

colaboramos con proyectos de capacitación

y apoyo a la industria agrícola local

para atajar el problema desde el origen.

Apoyamos la creación de reservas alimentarias

y la gestión de excedentes

para garantizar el acceso directo a los alimentos.

Y apoyamos también las redes de comercio justo

y la creación de cooperativas

para la producción y venta de alimentos.

El planeta produce alimentos suficientes para todos,

pero millones de personas,

generalmente de los países más pobres,

no acceden a estos alimentos.

Mientras, en los países ricos es donde más se desperdicia.

En Manos Unidas, trabajamos también en nuestra sociedad,

donde el transporte, la manipulación inadecuada,

las estrictas normativas de medidas y tamaños,

los alimentos que caducan sin consumirse,

o sencillamente,

la destrucción de productos para subir los precios,

son algunas de las causas de la pérdida

y el desperdicio de alimentos para las que existen soluciones.

Buscamos un consumo de alimentos más sostenible y solidario.

No podemos permitir que se desperdicien alimentos

mientras condenamos al hambre a gran parte de la población.

Estamos tirando a la basura la solución al hambre en el mundo.

La solución es posible,

lo sabemos bien.

Pero, para que se produzcan los cambios,

es necesario actuar.

Hay que vencer inercias, romper barreras.

Necesitamos ser más.

Más personas sensibilizadas y comprometidas.

Aquí y en todo el mundo.

Porque el mundo no necesita más comida,

necesita más gente comprometida.

¿Y tú?

¿Te comprometes?

Pues están con nosotros para hablar de esta campaña

la nueva presidenta desde el pasado mes de mayo,

pero que es la primera vez que viene al programa,

presidenta de Manos Unidas, Clara Pardo Gil.

Bienvenida. Buenos días.

Encantada de estar aquí. Un gusto que esté con nosotros.

También está Eugenio López García. Él es misionero paúl

y es uno de los misioneros que está en campaña de Manos Unidas.

En campaña está todo el año, desde luego.

Pero desde estos primeros días de la campaña anual de Manos Unidas,

está en distintos colegios, en distintos medios de comunicación

hablando de cómo se traduce este lema que comentábamos,

"El mundo no necesita más comida,

sino que necesita más gente comprometida".

Pues él es una de esas personas comprometidas.

Buenos días. Buenos días.

Bienvenido también a nuestro programa.

Bueno, yo lo decía antes, Clara, Eugenio,

el lema es superdirecto, ¿no?

Yo creo que sí. Es un lema muy directo.

Que todos podemos con nuestro compromiso,

un compromiso que se traduce en muchas cosas.

En compromiso en nuestra forma de vida,

evitar el consumismo excesivo,

que ciertos ahorros seamos capaces de transmitirlos.

Yo recuerdo desde pequeña el día de ayuno voluntario,

suprime una comida y ese dinero darlo el día de la campaña de Manos Unidas,

que es la que acabamos de pasar.

Pues ese dinero llega a gente que sí que pasa hambre de verdad.

Creo que eso es muy importante,

que nuestras formas de vida se traduzcan

en concienciarnos de la cantidad de gente

que pasa hambre en el mundo,

la cantidad de gente que está sufriendo.

Y nosotros no nos damos cuenta.

Que pasa hambre y no porque falte comida,

que esa es, lo hemos comentado en alguna ocasión,

es la gran paradoja, ¿no? Se pasa hambre,

pero no es que no haya comida que llevarse a la boca,

es que a ellos no les llega.

Exactamente.

La paradoja de la abundancia que decía el Papa Juan Pablo II.

Hay comida en el mundo para alimentar a 12.000 millones de personas.

Y mientras tanto, hay 800 millones de personas,

repito, 800 millones de personas que pasan hambre.

Es impresionante.

Es un dato con el que tenemos que luchar.

Podríamos dar de comer a todo el mundo,

pero hay esa desigualdad

que no todo el mundo tiene acceso a esa comida.

¿Y eso por qué pasa?

Pues pasa por una mala distribución de las comidas,

de los alimentos, por desperdicio. Mucho por desperdicio.

Porque la gente pierde cosechas por malos cultivos,

porque no tienen sitio donde almacenarlo,

no tienen medios de cultivar adecuadamente,

porque se pierden sus formas de vida tradicionales,

porque de repente sube el precio del arroz,

de la soja o cualquier alimento.

Porque los alimentos se han convertido

no solo en algo para comer,

sino también en un elemento de especulación.

Recordamos muchas veces cuando se tiraban alimentos de fruta,

recuerdo hace muchos años en Francia,

para que subieran el precio los almacenes.

Todo eso acaba repercutiendo en los más pobres,

que ven que el precio del arroz,

que en la India es su alimento básico,

sube de precio y no tienen acceso a él.

Ciertos factores del mundo accidental estamos especulando

con el precio de los alimentos.

Una de las claves de esta campaña es precisamente el compromiso.

Imagino que hay muchísimas maneras de comprometernos,

unas quizá a gran escala,

pero otras muy sencillas, muy básicas,

en nuestra propia vida cotidiana, familiar, ¿no?

Creo que en nuestra vida cotidiana debemos ser conscientes

de ese desperdicio.

Yo intento transmitirlo en casa, me he concienciado hace tiempo.

Oye, ¿cuántos yogures hemos tirado porque estaba la fecha caducada?

Si lo abres, ves que ese yogur no está caducado,

que te lo puedes tomar.

Hacer una compra responsable,

con una lista de compra, no una compra compulsiva,

que vamos por el supermercado: "Ay, esto me apetece"

y se queda al final de la despensa y acabas tirándolo.

Creo que tenemos que concienciarnos de eso.

No podemos estar comprando las camisetas porque valen tres euros

y entonces la tiramos, porque ya no me apetece, cambio.

Al final, eso es una producción que fuerzas la producción muy barata

y eso perjudica luego a la gente del sur,

por, a lo mejor, fábricas que no respetan los derechos.

Creo que nuestra actitud aquí

no tiene que ser nos olvidamos de todo.

Y luego, yo creo que hay una solidaridad

en cuanto a, primero, concienciarnos,

sensibilizarnos de la gente,

pero luego, por supuesto, ayuda económica,

ayuda de voluntariado.

Yo creo que hay muchas maneras.

Que todos tengamos presente que no somos unos privilegiados solo,

sino que el mundo lo tenemos que compartir entre todos,

todos esos recursos.

Y esto lo están viviendo en primera persona,

tanto la falta de alimentos,

como el compromiso para evitar que esto suceda,

por ejemplo en Mozambique,

en la zona donde está, pues que nos acompaña como decíamos,

el misionero paúl, Eugenio López García.

Que además ha puesto en marcha hace algunos años

y con vocación de crecer,

una escuela agropecuaria.

Por situarnos un poquito, ¿cuál es esa realidad

que ustedes viven en Mozambique?

En la zona norte, ¿no? Sí.

La realidad es que realmente hay hambre.

Esa es la realidad. Quiero decir, en Mozambique

no sobran los alimentos. Faltan.

Y tenemos la circunstancia

de que los países amigos de Mozambique

de vez en cuando envían donativos

o créditos que se van a pagar no se sabe cómo,

de barcos de arroz o de barcos de alimentos.

La realidad es que en Mozambique hay hambre.

No hay alimentos suficientes,

la población vive fundamentalmente con tres alimentos:

la mandioca, el maíz y el arroz.

Y con esos tres alimentos, si falta alguno de ellos,

ya es muy complicado.

Y la mayoría de la población que no vive en la capital, en Maputo,

en el resto del país hay una comida al día

medianamente aderezada con una salsa

con algunos alimentos.

Pues realmente, hay hambre.

Y realmente podemos afirmar

que dar de comer todavía es un gran servicio social,

y es mejor formar personas que produzcan comida.

Realmente si la tierra tiene espacio y tiene humedad

para poder producir más, mucho más,

pues hay que formar personas

que consigan con simientes adecuadas

y con un buen tratamiento de las culturas

llegar a tener alimentos en abundancia.

Porque Mozambique, la tierra de Mozambique, el país,

¿tiene recursos suficientes si son bien explotados,

si son eficazmente explotados? Sí.

¿Tiene recursos?

Tiene estos recursos. Habría que trabajar más el agua,

los embalses. Las lluvias son muy temporales

y habría que almacenar más agua con más embalses.

Pero, aun así,

bien gestionada el agua, daría para producir mucho.

Y realmente estamos sufriendo, diríamos,

la invasión de multinacionales que quieren alquilar

o apropiarse de extensas superficies

para producir y sacarlo fuera.

Pero la paradoja es que dentro, aún no hay alimentos suficientes

ni en cantidad ni diversificados.

Entonces, por eso surgió la idea

de formar una escuela de técnicos básicos

y de técnicos medios agropecuarios

que consigan ser competentes

para luego con las comunidades y ellos mismos,

conseguir producir alimentos.

Vamos a hablar un poco de esa escuela.

¿Cuántos años llevan ya?

Este año vamos a cumplir diez años. Diez años de esta escuela

en la que hay muchísimos estudiantes,

tanto chicos y chicas, ahora hablaremos también de ese aspecto.

¿Y qué hacen ahí? ¿Por qué esta escuela?

La escuela lo que busca es que realmente sean competentes,

es decir, que consigan conocer cómo hay que trabajar la tierra,

cómo hay que colocar los abonos,

cómo deben ser tratadas las plagas,

cómo hay que dar continuidad a todo el proceso productivo,

cómo recogerlo

y cómo meterlo en un ciclo de procesamiento de alimentos

que permita que llegue a su destino final.

Entonces, si hay unos formadores no comprometidos,

como era la pelea inicial que yo tenía hace diez años,

el formador dice: "No, yo solo enseño a sembrar.

Lo que pase después de la siembra, a mí no me importa".

No, tú tienes que hacer todo el proceso productivo

y los alumnos tienen que conocer la continuación de todo el proceso

para llegar a tener éxito.

No vale educar con fracasos

de semillas que se han lanzado a la tierra

y luego no han llegado a producir nada útil.

Y eso hacerlo cada vez con mayor tecnificación,

de regadío, de abonos, los tratamientos para las plagas,

todo tiene su intríngulis,

y que sea realmente asimilada esa formación.

Que no sea una teoría, sino que sean competencias prácticas.

Claro. ¿Cuántos alumnos tiene la escuela?

La escuela ahora mismo está por 1.100 alumnos.

¡1.100 alumnos!

Claro, estamos dentro de unos años,

ya habrán salido las primeras promociones...

Ya han salido algunas promociones, unos 500 alumnos.

¿Y qué pasa con ellos?

Ya que tienen el ejemplo de algunos que ya han salido.

Porque claro, esto es una auténtica, si me permiten esta expresión,

Clara también,

es una auténtica inversión para el país.

Porque son chicos que se están formando en una escuela

y que van a salir a cultivar su tierra,

la tierra de su país, quiero decir.

Sí. Lo que más se valora es que, diríamos,

la Iglesia ha hecho un gran esfuerzo,

con el apoyo de Manos Unidas también,

que nos ha ayudado a ampliar los internados,

las residencias de los chicos y las chicas,

ha hecho un gran esfuerzo para conseguir que haya una formación

en actitudes. Importante.

Es decir, que haya perseverancia en los cultivos,

que haya responsabilidad en todas las tareas

que tienen que ser coordinadas para tener una buena producción.

Y eso,

forma un estilo de profesionales que se valora más

y que las empresas también dicen:

"Queremos alumnos que hayan estudiado en Nacuxa".

Porque por los estadios laborales, por las prácticas laborales,

y por lo que van conociendo

ven que hay un estilo de técnicos más responsables

y más emprendedores diríamos, ¿no?

Nos hablaba de más de mil alumnos.

A mí me parece que hay, si me permiten esta expresión,

hay hambre de comida,

pero también, y este hambre es bueno, por aprender.

Sí. Hay mucho deseo de formarse.

El pueblo de Mozambique lo ha pasado muy mal y lo pasa mal,

pero tiene una esperanza grande en decir:

"Sí, las cosas van a cambiar.

Vamos a tener un horizonte mejor".

Entonces, para eso ellos saben bien que hay que formarse.

Y hay deseo de tener una buena formación

y las familias hacen un esfuerzo

para que sus hijos vayan a una escuela con fama de buena.

Sus hijos y, si me permiten esta matización, sus hijas también.

Porque aquí en nuestro entorno esto puede ser totalmente normal,

habitual, cotidiano,

pero en determinados países no lo es lo más mínimo,

el que una hija salga de la casa familiar

y vaya, incluso en régimen de internado,

ahora hablaremos también de esa parte, a estudiar.

Sí. A formarse.

Esto no es nada habitual.

En el musulmán a veces es complicado,

pero bueno, nosotros tenemos allí unas hermanas

y la presencia de las religiosas hace que las familias confíen un poco más.

Y una tercera parte de los alumnos que tenemos son chicas,

que ya es un porcentaje muy alto para el país.

Podríamos llegar al 50%, pero todavía vamos lentamente.

Ahora mismo, una tercera parte.

Y muchas de ellas, musulmanas.

Sí. Más de la mitad. Más de la mitad.

¿Ahí que hace Manos Unidas?

Nos comentaba Eugenio

que, sobre todo, la parte del internado.

Los internados son fundamental.

Porque nosotros por supuesto intentamos que las escuelas sean...

Vamos, solamente se hacen si son para chicos y chicas.

Lo que pasa que la cultura es que si hay niños pequeños,

las niñas de diez, doce años,

se quedan al cargo de los niños pequeños

mientras las madres van a trabajar.

Eso pasa en la mayoría de los países del sur, en África, en Asia.

Entonces, nosotros potenciamos muchísimo

que a las escuelas vayan niños y niñas

y para eso muchas veces tenemos que construir internados,

sobre todo internados de niñas,

porque las escuelas pueden estar a dos horas de camino o a una hora

y es peligroso para ellas.

Además, los padres, primero no quieren prescindir,

con lo cual hay que primero educar a los padres

para que sean conscientes

de la importancia de que las niñas estudien.

Pero luego además hay que darles unos medios.

Las niñas van por unas carreteras o caminos sin luz,

con riesgo de animales, con riesgo de ataques de personas.

Pues el internado es una parte fundamental

para que la educación funcione.

Y la educación yo creo que, como decía él, es básico

para que la gente tenga luego conciencia

de los derechos a los que puede acceder.

Hay muchas veces que los propios Estados dan ayudas,

pero como ellos no lo conocen.

Las mujeres no saben que tienen derecho a pedir ayudas,

a que las niñas estudien,

a que si los niños van al colegio

probablemente tengan también una alimentación asegurada,

una comida al día.

Yo creo que la educación es básica.

Para mí, uno de los pilares de que el mundo cambie

es a través de la educación.

Y luego, cien mil tipos de solidaridad.

Por ejemplo, quiero decir,

en España se comen los polvorones en un mes,

diciembre, final de diciembre hasta mediados de enero.

Pues hay una casa comercial que desde hace diez, doce años,

nos envía los polvorones que no se venden.

Ah, ¿sí? Bien empaquetados,

muy bien conservados,

pero la fecha de caducidad no dura un año entero.

Y nos envía unas toneladas de polvorones.

Pues eso es una gran ayuda.

Es el mejor recurso pedagógico que tenemos en Nacuxa.

La recompensa de los alumnos es un polvorón.

Un polvorón, dos polvorones

para todos. Ya forma parte de la identidad del instituto.

¡Qué bueno!

Cuando hay un sobresfuerzo, una tarea dura,

al final, es un polvorón.

Hay una fiesta, dos polvorones.

Se endulza todo, ¿no? Se endulza.

Y eso fue ofrecido así.

Y también los usamos para fortalecer la alimentación de enfermos de sida

que están en tratamiento. ¡Ah!

Están en tratamiento y necesitan refuerzo de alimento,

pues esos polvorones que recibimos van a sus manos

y ellos los van tomando.

Cada día, uno o dos polvorones, ¿no?

Son elementos que demuestran la generosidad.

Al final, nosotros tendremos que intentar producir polvorones.

Intentar con las almendras locales

y con los productos locales.

Oye, yo veo ahí esperanza.

Estamos a punto de finalizar esta conversación,

pero si hubiese que resumir un poco

o ponerle una palabra o una sensación,

yo ahí veo... Ahí, porque nos hemos centrado

en Mozambique, pero en tantos lugares

donde Manos Unidas está trabajando, veo esperanza.

Porque están haciéndose muchas cosas, están haciéndose bien

y sobre todo está haciéndose, y me parece fundamental,

y eso sé que lo cuidáis mucho

tanto Manos Unidas como los misioneros,

desde los criterios

y desde la sensibilidad propia del país.

Utilizando los propios recursos, incluso las propias costumbres.

Imagino que esto también se cuida mucho, ¿no?

En los sistemas de producción y demás.

Cuidar lo que es la cultura africana.

Sí. Yo creo que la fe en Jesucristo ha hecho

que todas las iglesias cristianas den esperanza al pueblo de Mozambique.

Y son comunidades que nacen de la base

y en medio de tantas dificultades

y tantas señales a veces difíciles,

de agobios del Banco Mundial, de los créditos

y de tantas cosas que ahora mismo agobian al pueblo de Mozambique

que se está quedando sin valor adquisitivo.

Pues, las comunidades cristianas saben suscitar esperanza.

La fe suscita esperanza

y el compromiso y la solidaridad internacional

que Manos Unidas, por ejemplo,

sabe ayudar a las entidades de la base

y con pequeñas ayudas.

Pero esas pequeñas ayudas se multiplican

y salen adelante proyectos como el nuestro,

que nunca se habría hecho

si no es por tantas pequeñas contribuciones.

Y la buena gestión,

todo hay que decirlo, de Manos Unidas.

Porque llegan las ayudas

pero además en Manos Unidas se gestionan muy bien.

Y eso luego se nota y sobre todo, puede dar fe...

Nos visitan cada año, cada dos años. Llegan a pedir cuentas

y a acompañar cómo las cosas caminan y a hacer sugerencias.

Nosotros siempre visitamos los proyectos que finalizamos,

porque al final...

Antes de probar un proyecto, vamos a verlo

y una vez terminado o durante la vida de ese proyecto,

ver que ese proyecto realmente ha tenido el impacto que esperamos.

Porque muchas veces, no es una colaboración de una sola vez.

Luego hay una posterior ampliación de esa escuela

y seguimos apoyando allí.

Son normalmente colaboraciones a muy largo plazo.

Nosotros tenemos nuestros amigos los misioneros,

nosotros trabajamos a través de gente que está en el sur.

Y siempre como ellos nos dicen que tienen que trabajar.

Nosotros nunca vamos a imponer los medios,

lo que tienen que comprar, cómo tienen que hacerlo.

¿Cómo vamos desde España a decir cuando tenéis que sembrar?

Es absurdo. Son ellos los que piden.

Y son normalmente procesos largos, de acompañamiento mucho tiempo.

Empiezas con una cosa más pequeña,

vas creciendo, vas viendo que aquello va avanzando.

Cuando lo visitas

y ves cómo va cambiando la vida de esas poblaciones,

pues es esa esperanza que dices tú. Yo creo que es fundamental.

Yo he viajado mucho para visitar proyectos

y siempre he venido con esperanza,

porque veo que poco a poco, vas cambiando la vida de la gente.

Pequeñas zonas, o sea, no vas a cambiar todo un país,

pero cambias esa aldea, cambias esa zona de un país.

Y se nota muchísima diferencia cuando la gente va evolucionando

y además son ellos los motores de su propio desarrollo,

que creo que es fundamental.

Pues, de verdad, gracias por este ratito

que hoy habéis compartido con nosotros.

Pero, sobre todo, gracias por esa labor que cada día hacéis

desde España para todo el mundo,

desde Mozambique también para todo el mundo,

sin ninguna duda.

Gracias de verdad, Clara Pardo, Eugenio López.

Y estaremos encantados de seguir el proceso

de esta escuela.

Por cierto, ya el programa "Pueblo de Dios"

hizo un magnífico... Dos, creo que han sido dos,

magníficos reportajes de la escuela.

Hemos visto algunas imágenes.

Y seguiremos pendientes.

Gracias, Eugenio. Gracias, Clara.

-A vosotros. -Gracias.

Y todos ustedes, gracias

por este tiempo que nos han dedicado también.

Y a grabarnos el lema de Manos Unidas.

El de este año, ya saben:

"El mundo no necesita más comida,

lo que necesita es más gente comprometida".

Nos encontramos la próxima semana. Hasta entonces.

Últimas preguntas - El mundo necesita más gente comprometida

19 feb 2017

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