Shalom La 2

Shalom

Domingo a las 09:15 horas

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Para todos los públicos Shalom - Rav Lau: una leyenda viva - ver ahora
Transcripción completa

(Música)

Muy buenos días, shalom,

un placer volver a encontrarnos con ustedes un domingo más.

En nuestro programa les hemos hablado

en numerosas ocasiones de los efectos que la shoá,

el holocausto, ha tenido en la vida de todos los judíos.

En esta ocasión queremos contarles la historia de Israel Meir Lau,

un niño huérfano del holocausto

que consiguió llegar a ser Gran Rabino de Israel.

Sin duda,

todo un referente para nosotros de superación y lucha personal.

Yo nací en Polonia, en una ciudad llamada Piotrków,

mi padre, el rav Moshe Chaim Lau

fue el último rabino de la ciudad.

Podría haberse escondido ya que él mismo encontró dónde escondernos.

Mi madre, mi hermana y yo.

Pero pensó que debido a que los nazis lo conocían,

si no lo encontraban en el momento de las deportaciones,

lo empezarían a buscar con tanto ahínco

que no abandonarían la ciudad hasta encontrarlo.

De tal manera que pondría en peligro

a todo aquel que estaba oculto

en la búsqueda desesperada de mi padre.

Por ello decidió esperarlos en la entrada de la gran sinagoga,

con los rollos de la Torá en sus manos.

Junto con toda su comunidad.

Así marchó junto con 28.000 judíos más de Piotrków

y al llegar a Treblinka fueron asesinados.

Solo tenía 50 años.

Había sido un rabino muy importante,

rabino en Alemania y en Checoslovaquia.

Todo esto con solo 50 años de edad.

Cuando pudimos abandonar el escondite junto a mi madre,

nos encontramos con mi hermano mayor.

Naftalí, que fue la figura central en mi vida.

Él trabajaba en una fábrica alemana de vidrios

y por eso lo dejaron vivir.

Después, nos llevaron al ghetto.

Estuvimos en el ghetto casi tres años

y entonces vimos cómo los aviones rusos se acercaban.

Los alemanes temieron que los rusos nos liberaran,

lo cual ya había ocurrido en otros lugares.

Rápidamente nos llevaron a la estación de trenes,

donde llevaban a cabo la selección entre hombres por un lado,

y mujeres con niños por otro.

Yo iba con mi madre. Tenía apenas siete años y medio.

Naftalí, mi hermano, tenía 18. Estaba en el grupo de los hombres.

Mi madre comprendió lo que ocurría

y en un segundo me apresuró y me dijo:

"Rápido, vete con tu hermano".

Mi madre comprendió que en el grupo de los hombres

tenía probabilidades de sobrevivir.

Los alemanes los necesitaban como mano de obra,

pero mujeres con niños pequeños con bebés en brazos...

Serían aniquilados.

No conocíamos aún la existencia de las cámaras de gas.

Pero veíamos que esta era la solución final.

Así,

en el último segundo me empujó hacia el grupo de los hombres

y le dijo mi hermano que me llevase con él.

Mi hermano, el pobre, pensó:

"¿Qué voy a hacer yo con un niño aquí?".

Yo no quería separarme de mi madre, lloré, grité,

en ese momento mi madre me salvó la vida,

ya que las mujeres fueron llevadas

a Ravensbrück en otro tren diferente.

Así fue como llegué al campo de trabajos forzados

de Czestochowa, en Polonia.

De nuevo, los rusos se iban acercando.

Los alemanes nos metieron en trenes en un vagón cerrado.

Unas 200 personas de pie. Tres días y tres noches.

Sin baños, sin agua,

en cualquier parada intentábamos agarrar

un poquito de nieve para mojarnos los labios.

Finalmente llegamos a Buchenwald,

era un campo de concentración nazi muy duro.

Muy grande. Allí nos llevaron a mi hermano y a mí.

Mi hermano se encontraba con los judíos,

muchos de ellos murieron debido a las condiciones.

Yo tenía siete años y medio,

pero me confundieron con un niño polaco,

me llamaban Lulek, yo hablaba polaco perfectamente.

Allí estuve en el bloque ocho.

Fue donde conocí a un joven ruso,

Fedor Mikhailichenko,

era un prisionero de guerra de los alemanes, no era judío,

a Fedor le dio lástima de mí,

de vez en cuando robaba alguna que otra patata.

Trabajaba en las residencias de la Gestapo

y con ayuda de algunas piedras,

encendía el fuego en el bloque ocho

y me preparaba una especie de sopa de patata,

no para él, para mí.

Recuerdo que con lana me tejió una especie

de protector para las orejas.

En los interminables recuentos pasábamos dos y tres horas de pie.

En la nieve. Con 20 grados bajo cero.

Estábamos muy al norte de Alemania. Así me tejió ese protector.

Resumiendo: pasé cinco meses en Buchenwald y sobrevivimos.

Y así, el 11 de abril de 45,

el ejército americano con el Gerenal al Patton a la cabeza

entro y liberó el campo de Buchenwald.

Mi hermano se preocupó de que yo llegara

a la tierra de Israel

y no a ningún otro lugar.

Casa, no teníamos, ni padre, ni madre.

Yo tenía ya casi ocho años.

Llegué a Israel y desde entonces, soy ciudadano israelí.

Mi hermano llegó a ser cónsul de Israel en Nueva York.

Fue un periodista muy famoso. Naftalí Lau-Lavie.

Hace unos años falleció en Jerusalén.

Yo me encaminé al mundo del rabinato,

ya que mi padre

era la 37 generación en nuestra saga.

Sin interrupción. Más de 1000 años seguidos.

En diferentes países europeos.

Mi padre le pidió a mi hermano Naftalí:

"Si ocurre un milagro y salís con vida, cuida de Lule,

tu hermano pequeño".

Teníamos 11 años de diferencia.

"Y procura que nuestra dinastía no se pierda ni se interrumpa".

Así fue como estudie en Israel.

Me ordené como rabino siendo muy jovencito.

Llegando finalmente a rabino principal de Israel gracias a Dios,

estoy vivo, me casé, tengo hijos, tengo un hogar.

(Música)

Quisiera compartir una anécdota.

Yo al principio creí que lo había soñado.

Una anécdota que me ocurrió el 11 de abril del 83.

38 años después de la liberación de Buchenwald.

El presidente, Ronald Reagan,

se encargó de reunir

a todos los supervivientes que aún seguían con vida

en Estados Unidos y Canadá.

También mi hermano estaba entre ellos.

En este encuentro me pidieron que contara

mis recuerdos sobre Buchenwald.

Yo no sabía en realidad que me habían preparada una sorpresa

porque me encontraba entre bambalinas.

El rav, Herschel Schacter,

estaba en la mesa principal con Reagan.

Con Nancy Reagan y otras cuantas autoridades más.

Pues Elie Weser estaba allí.

También estuve en Buchenwald y también un jovencito

en representación de la embajada de Israel en Washington.

Se llamaba Benjamín Netanyahu.

A mí me pidieron que

en un momento determinado de la música,

cuando canten la canción del partisano,

que yo suba al estrado.

Cuando finalmente subo,

me encuentro en el estrado ni más ni menos que al rav Schacter,

que en su momento fue rabino capellán del ejército.

Estaba en la división del general Patton.

Fue uno de los primeros en entrar en Buchenwald.

Cuando la liberación.

Pasaba de barracón en barracón gritando en yídish: "Yiden, yiden".

"Judíos, sois libres, podéis salir, sois libres".

Tampoco conocíamos su uniforme.

Pensábamos que era un soldado alemán.

El rav Schacter contó allí que cuando se abrieron las vallas

y entraron en Buchenwald, encontraron un panorama desolador.

Montañas de cadáveres apilados.

Y no pocos agonizando que gritaban y gemían.

Allí lo que ocurrió es que al escuchar

los aviones sobrevolando Buchenwald,

muchos quisieron escapar y se arrojaron contra las vallas.

Pero los alemanes abrieron fuego y dispararon allí mismo,

sobre las vallas cerradas.

Asesinando a cientos, dejando una estela de cadáveres.

El capitán Schacter,

ve este panorama horrible y cuenta

que detrás de una montaña de cadáveres vio un par de ojos

que le observaban.

Sacó su revólver cuando se da cuenta

que los ojos son de un niño.

La verdad es que yo también había corrido a la valla con todos.

Fedor también. La valla estaba cerrada.

Me quedé en medio del tiroteo y los cadáveres.

Vio que se trataba de un niño judío, era yo.

Él hablaba yídish, se me acercó, me cogió en brazos y me pregunto:

"¿Cuántos años tienes, hijo?".

Yo recuerdo que tenía miedo, mucho miedo.

Llevaba un uniforme que yo desconocía

y con un revólver en la mano.

Veo que me empieza a sonreír.

Yo le contesté: "¿Qué más da cuántos años tengo?

Soy mayor que tú.

Porque tú lloras como un niño y yo hace muchos años que no sonrío

ni tampoco lloro.

Entonces, ¿quién es mayor de los dos?".

(Música)

Juan Pablo II era obispo en la época

de la Segunda Guerra Mundial en Cracovia.

Una ciudad que estaba repleta de judíos.

Sabía mucho acerca de las costumbres y leyes judías.

Él había nacido en una ciudad cerca de Cracovia, llamada Wadowice.

En el momento de la reunión se encontraba

en un lugar de retiro llamado Castel Gandolfo.

Recuerdo que entré y me dijo: "shalom". En hebreo.

Y entonces me dijo:

"Recuerdo tu abuelo, era el rav de la ciudad,

yendo a la sinagoga los sábados con todos sus nietos".

"¿Cuántos nietos tenía? -47".

Respondí.

"¿Y cuántos quedaron con vida después del holocausto?".

Me preguntó.

"Solamente cinco" le respondí.

42 primos y primas míos y también mi hermano, de 13 años.

Todos fueron asesinados a manos de los nazis.

El Papa miró con pesar y dijo:

"Ya he visitado 100 países del mundo".

El encuentro fue en el 93.

"Y allí donde quiera que voy digo que es responsabilidad

de toda la humanidad asegurar el futuro

y la continuación de nuestro hermano mayor, el pueblo judío".

También, cuando visitó Yad Vashem, en marzo del 2000,

el Vaticano e Israel establecieron relaciones diplomáticas

y él declaró en el Washington Post, en una entrevista que concedió,

dijo:

"Me vino a visitar el rabino principal de Israel

y me aportó una visión de Jerusalén desde la perspectiva judía

que nunca había visto así.

Ese encuentro, en Castel Gandolfo, fue muy importante.

Cuando visitó el muro de los lamentos,

depositó allí en nombre de la Iglesia,

una carta de disculpa.

Desde la humanidad salieron seres capaces

de asesinar a 6 millones de inocentes sin culpa alguna.

En este lugar histórico pido perdón y disculpas.

Me gustaría despedirme deseando a todos un año de paz, de amistad,

de comprensión y comunicación.

Un año en el que superemos las dificultades,

un año en el que nadie pase hambre.

Un año sin odio, sin guerras ni asesinatos.

Que se acercan los días que cita el profeta Isaías.

Días en los que puedan vivir juntos todos los seres humanos.

Ojalá, feliz año.

(Música)

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Shalom - Rav Lau: una leyenda viva

03 nov 2019

Descendiente de una de las dinastías rabínicas más prestigiosas y antiguas , Rabino Principal de Israel y Presidente de Honor de Yad Vashem es además el superviviente más joven del campo de concentración de Buchenwald.

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