www.rtve.es /pages/rtve-player-app/2.17.1/js/
4563160
No recomendado para menores de 7 años Servir y proteger - Capítulo 239 - ver ahora
Transcripción completa

Conviértase en mi abogada personal y yo le aseguro un sueldo

con el que podrá financiar todos esos proyectos sociales.

-¿Quiere decir que puedo poner cualquier cifra?

-Exactamente.

Espero pronto contarla como una de mis aliadas.

No es el empresario de éxito que aparenta ser,

y sé que está detrás del asesinato de Rober.

Lo sé, lo recuerdo perfectamente.

Parece que por haberle escuchado ya soy culpable de algo.

-Lo único que hice fue ofrecerle trabajo a una bogada talentosa.

Soy policía y huelo las mentiras antes de que se pronuncien.

Sé que intenta montar una tela de araña a mi alrededor,

pero pierde el tiempo, ya le dije que no pararé

hasta verlo entre rejas.

Usted me puede aportar algo que los demás no,

y, además, ya nos caemos bien, ¿cierto?

-Siento no poder decir lo mismo.

¿Mónica es tu madre? Mónica era mi madre.

Que conste que ella no me pidió que viniera.

De hecho, no le hubiese gustado. ¿Por qué has venido, entonces?

Todo el mundo tiene derecho a conocer a su padre, ¿no?

No quiero que te desentiendas de ella si es tu hija.

Pero ¿y si no lo es?

¿No has pensado que ya tienes bastantes cargas familiares?

No hago otra cosa, Claudia, pero...

¿y si es verdad que es mi hija? Si no os hacéis la prueba,

nunca saldréis de dudas, ni ella ni tú.

Solo te pido una pequeña compensación

por todos los años en que no has estado.

¿Cuánto tiempo llevas maquinando este plan?

Mira, nos lo debes, es lo mínimo que puedes hacer

por no haber estado ni a mi lado ni al suyo.

Puede que tengas razón,

pero dudo mucho que el dinero te devuelva...

lo que echaste de menos.

No, pero me ayudará a seguir adelante.

-No quiero estudiar medicina, quiero ser policía.

Quiero trabajar para servir a la gente.

-Estoy muy orgulloso de ti, eres una gran persona.

Y que te quieras dedicar al servicio público lo demuestra.

Intentar imponerte algo tan importante como la profesión

ha sido una cagada de las gordas.

-De acuerdo, no te preocupes. Te devolveré la llamada.

Adiós. -¿Ocurre algo?

-No, bueno...

Es un contacto que tengo dentro de la Consejería de Trabajo.

Me ha dicho que esta mañana vamos a tener una visita sorpresa

de un inspector de trabajo.

Lo mejor será, Jairo,

que esa mercancía delicada,

subamos las cajas aquí

y las guardemos en mi despacho, debajo de la mesa.

-No me parece buena idea, don Fernando.

La última vez, su hijo casi nos descubre.

Esto no lo ha hecho usted, ¿verdad?

-¿Falta algo? -No, no, estás todos.

-Ha tenido que ser Julio, estoy seguro.

-¿Cree que denunciaría a su propio padre?

-Ahora mismo tiene que estar bastante cabreado

y puede hacer cualquier cosa.

(Música emocionante)

¡Vamos, coge el teléfono de una maldita vez!

La madre que te...

-Ya están todas las cajas escondidas. -Me parece muy bien.

Lo que quiero ahora es saber dónde demonios está Julio.

Lo estoy llamando por teléfono y no contesta, maldita sea.

Estaba desesperado esperándolo en casa y le he dicho al portero

que me avise si aparece por allí,

y he venido a la oficina por si viene.

-¿Ha preguntado en la empresa Market Direct?

-Sí, he preguntado. Tampoco saben nada de él.

-A lo mejor está en comisaría, tan ricamente,

denunciando el alijo que descubrió.

-Eso es lo que me temo, Jairo.

Eso es lo que me temo.

Si le da por ir a la comisaría y contarlo todo,

estoy perdido, es el fin.

Perderé esta empresa, a mi hijo y, lo peor, volveré a la cárcel.

-No sé por qué tuvimos que esconder las cajas en el despacho.

-¡Lo sé, maldita sea! Es culpa mía, Jairo.

Y ya me lo dijiste, también lo sé.

Quiero que te quede clara una cosa:

si la policía viene por aquí, di que no sabes nada,

ni tienes que ver nada con ningún negocio ilegal.

-¿Cómo que no tengo nada que ver?

-No quiero que nada de esto te salpique.

Si alguien tiene que ir a la cárcel, seré yo.

-Muy amable, pero me parece una soberana estupidez.

Si Julio denuncia, al primero que va a denunciar

y con más ganas va a ser a mí.

A poco que la policía investigue, va a descubrirme

detrás de todas las movidas.

Y yo no soy ningún cobarde. Ya puestos,

se va a la cárcel juntos y se cumple condena juntos.

-¿Qué pasa? ¿Vas a ser leal hasta el final?

-Lo voy a ser.

Pero no lo tiremos por la borda todavía, porque antes...

el chico tendría que tener el tremendo coraje

y la sangre fría de traicionarle a usted,

hasta el punto de denunciarlo a la policía, y eso no es fácil.

-¿Crees que no será capaz de hacerlo? -No lo sé.

Yo llevo toda la vida odiando a mi padre,

y con todo lo que me hizo, no sabe lo que me costó

poner la denuncia.

Y todavía hay una parte de mí que se arrepiente.

Al final, un padre es tu sangre, ese vínculo tira mucho.

-Sí, eso es cierto, pero...

Julio está muy furioso conmigo.

Y no sabes lo que fue capaz de hacer o decir cuando era pequeño

y estaba muy enfadado conmigo durante la separación con su madre.

Ahora mismo,

creo que es capaz de hacer cualquier cosa.

¡Maldita sea! Toda mi vida a la mierda...

-Yo sabía que nos iba a descubrir. -Ya, ya, ya...

¡Ya sé que lo sabías, ya sé que es culpa mía!

-Tuvo que dejarle ir a Miami cuando él quiso.

¡Lo sé, lo sé, es culpa mía, Jairo!

Y soy yo quien tiene que solucionar todo esto.

-¿Qué piensa hacer? -Salir a buscarlo, supongo.

No puedo quedarme con los brazos cruzados.

Lo mejor será que vaya a la terraza del bar La Parra

y monte guardia delante de la comisaría.

Tengo que hacer todo lo posible

para que Julio no entre en esa comisaría y lo cuente todo.

-No perdamos más tiempo. Yo voy a recorrer el barrio.

No podemos dejar que nos mande a la cárcel.

-Estupendo.

(Puerta)

¡Adelante!

Puedes marcharte. Pasa.

No pensaba que me llamarías tan pronto

y que tomarías tan rápido la decisión.

Te lo agradezco.

Necesito ese dinero cuanto antes.

Mira, en cuanto me des el dinero desapareceré,

no quiero meterme ni en tu vida ni en la de tu familia.

No hay dinero.

¿Cómo? Lo que has oído.

Que no hay dinero.

Pensaba que siendo comisario serías una persona más inteligente.

No me considero ningún tonto.

¿Y no crees que es mejor resolverlo sin hacer mucho ruido?

No pienso darte ninguna cantidad de dinero

sin estar seguro de que eres mi hija.

Creo que te he dado pruebas suficientes.

A ver... Está claro que conocí a tu madre

y tuvimos una relación,

y que las fechas coinciden, pero nada más.

¿Crees que me lo estoy inventando todo?

Solo hay una forma de estar al cien por cien seguros.

Quieres que nos hagamos una prueba de ADN, ¿no?

¿Estarías dispuesta?

Por supuesto.

No tengo ningún problema.

Siempre que no intentes jugármela, no quiero engaños.

Pero ¿cómo te iba a engañar?

Bueno, tú eres comisario, tienes acceso a laboratorios,

a médicos... ¿Cómo puedes ser tan malpensada?

La vida me ha enseñado que es mejor pensar mal.

La gente confiada se lleva muchos palos.

Te aseguro que no te haré ninguna trampa.

Si quieres, puedes elegir tú el laboratorio,

si no te fías de mí. Muy bien.

Perfecto. Pues...

hagámoslo cuanto antes. Necesito ese dinero.

Yo no estaría tan seguro de que lo vas a recibir.

Te podías llevar una sorpresa con los resultados.

No lo creo.

Cuanto más te miro, más convencida estoy de que eres mi padre.

Debe ser la llamada de la sangre, ¿no?

¿Te gustaría? ¿Que si me gustaría?

Me da igual.

Como te dije, no vengo buscando a ningún padre.

¿Cómo puedes hablar así?

Porque soy práctica, yo no siento nada por ti.

Yo solo necesito ese dinero, y cuando me lo des,

yo desapareceré. Es mejor para todos, ¿no?

La verdad es que no lo sé.

¿Cómo quieres quedar para hacer las pruebas?

Bueno, llámame mañana y vamos juntos a la clínica.

Muy bien. Perfecto.

Pues ya me llamarás. No me falles.

-Acabo de ver salir a la chica. Sí.

¿Cómo ha ido?

Pues no sé...

Le he pedido hacer las pruebas de paternidad,

y no ha puesto ninguna pega.

Parece muy segura de que es tu hija.

Solo quiere dinero y desaparecer.

No sé cómo va a acabar todo esto.

Quién nos lo iba a decir del frutero...

Los tiene bien puestos.

Se enfrentó al bestia ese croata y consiguió reducirlo.

-Pues sí, la verdad es que le echó coraje, sí.

-Tienes que estar orgullosa, ¿no?

-¿Orgullosa yo? ¿Por qué? -Tienes un novio muy valiente.

-A ver, Elías, estamos empezando.

-¿Y qué tal, cómo os va?

-Bueno, de momento bien.

-Me alegro. Te mereces ser feliz.

-¡Buenos días! -Hola, guapísima, ¿qué te pongo?

-Un cafecito, por favor.

Hola, Elías. -Hola.

-¿Qué tal? -Pues yo bien.

Pero Nacha anda un poco deprimida, la verdad.

-Vaya, siento mucho oír eso.

-Le iba muy bien ir a tu consulta, se la veía muy alegre.

Es una pena que no pueda volver. -Ya.

Gracias.

Hay otros profesionales que la pueden tratar bien,

incluso mejor que yo.

-Supongo que cuando encajas bien con un profesional

es difícil sustituirlo por otro, ¿no?

Desde luego, ella no quiere ver a nadie más.

-Ya...

Lo siento mucho.

Es que yo no podía seguir atendiéndola.

-Ya me contó todo eso de la transferencia...

-No es un cuento eso, es una realidad.

A nadie le duele más que a mí dejar a un paciente

cuando hay una evolución.

Pero Nacha se estaba metiendo en un terreno un poco delicado,

y es lo mejor para ella.

-Tal vez no te tenía que haber expresado sus sentimientos, ¿no?

-No, no, al contrario.

Hizo muy bien en decirme lo que sentía.

Además, de esa manera tan directa y tan sincera.

-La verdad es que Nacha es la persona más valiente que conozco.

-Se ha ganado mi respeto, desde luego.

Ojalá todos fuésemos igual de valientes

para hablar de nuestros sentimientos.

Sí que se ha puesto generoso Somoza

ofreciéndole a Nerea un cheque en blanco.

No es normal. Nerea todavía no tiene mucha experiencia.

Pero es tu prima.

Quizá lo ha hecho por eso, porque es mi prima.

Ya lo intentó antes con el bufete de mi padre.

Está buscando una manera de...

estar cerca de sus enemigos.

Está claro que si Somoza está dispuesto a poner encima de la mesa

tanto dinero, no es para que le lleven sus negocios

de la constructora, no.

Es para que se ocupen de sus "otros" negocios.

Han venido para quedarse.

Que es lo que, precisamente, nos temíamos.

¿Y qué crees que debemos hacer?

Pues, de momento...

vigilarlo bien de cerca, y, sobre todo,

creo que lo más importante

es saber si han puesto ya en marcha

la maquinaria de distribución de su mercancía.

Y, principalmente,

si su droga ya está en la calle.

Tengo a todos mis confites sobre aviso.

Interrogaremos a camellos y consumidores habituales.

Seguro que podemos sacar algo.

Me parece bien. Pero acuérdate del protocolo,

no puedes intervenir en ningún operativo.

¿Está claro? Sí.

Sé lo que puedo y no puedo hacer.

Mantenme informada.

Los chalecos que pedimos se retrasan.

(IRÓNICA) Pues muy bien.

Seguro que llegan cuando tengamos un disgusto, verás.

voy a reclamarlos. No puede ser que Distrito Sur

sea siempre el patito feo. Y recuérdales

lo contentos que estaban con el asunto de Petrovic, ¿vale?

Me saca de quicio esto.

Disculpa...

¿Sabes algo más de la chica esta? Sí.

Acabo de estar con ella y te he hecho caso.

Le he pedido una prueba de paternidad.

¿Y? Pues, para mi sorpresa,

no ha tardado ni un segundo en aceptar.

¿No ha puesto pegas? De ningún tipo,

quiere hacerse las pruebas cuanto antes.

Está convencida de ser mi hija.

Sí, Sofiya también estaba convencida

de que era la madre biológica de Olga,

y mira lo que dijo el ADN...

A lo mejor, la madre de Isa la engañó,

o, sencillamente, se equivocó.

No lo sé, la verdad. No soporto esta situación,

necesito que todo se aclare cuanto antes.

Te entiendo perfectamente.

Antonio y yo estábamos como dos flanes

el día que Sofiya y Olga se hicieron la prueba.

No sé qué hacer ni cómo actuar con ella. ¿Qué hago?

¿Le doy el dinero y que desaparezca? Sería darle espalda a mi hija.

¿Se lo has dicho ya a Natalia? No, no.

Pienso hacerlo, pero no he tenido valor.

Me pongo nervioso solo de pensarlo.

¿Y si es realmente tu hija?

No lo sé, la verdad.

Lo que Isa quiere es que le dé el dinero y desaparecer.

Y, si es así, ¿para qué contárselo a Natalia?

A ver, esto es un tema lo suficientemente personal

como para que yo no dé mi opinión ni consejos, pero...

Reflexiona lo que podría venir

después de que le dieras el dinero, así, por las buenas.

¿Un chantaje?

¿Qué quieres que piense? Soy policía.

Te agradezco que estés ahí, dispuesta a escuchar.

Ya sabes que me tienes para lo que haga falta.

Chicos, ¿qué os pongo? -¿Nos pones dos cafés, por favor?

-Claro.

-Me he encontrado con Teresa aquí esta mañana.

Hemos estado charlando.

-¿De qué? Si se puede saber. -De ti.

-¿Qué le has contado? Que no me fío un pelo de ti.

-No te equivoques, que yo no voy por ahí

diciendo lo buena chica que eres, y todo lo que sufres.

Ha sido ella quien ha sacado el tema.

-Pero todavía no me has contado qué le dijiste.

-No mucho. Que estás fastidiada por haber dejado la terapia,

porque te iba muy bien...

-¿Y qué te dijo ella?

-Pues que lo sentía, pero que le parecía lo mejor.

-Vale, ya no me digas más,

seguro que te vino con las historias esas de la transferencia,

y las proyecciones de mis deseos. Puro cuento chino.

-No, yo no lo creo, Nacha,

se la veía muy preocupada, y solo ha dicho cosas buenas de ti.

Supongo que eso muestra cierto afecto, ¿no?

-¿Y qué te dijo ella?

-Pues que eres una persona muy sensible,

y, sobre todo, muy valiente.

-¿Valiente, por qué?

-Por haberle expresado tus sentimientos.

-¿De qué me ha servido ser valiente?

Si lo único que hizo fue mandarme a paseo.

-Por lo menos, has dado ese paso y vas con la verdad por delante,

sin tener miedo a lo que pueda ocurrir.

-La verdad es que no me arrepiento en absoluto

de haberle dicho lo que siento.

Me dolió el corte que me llevé, pero fue un acto sincero y...

después de que se lo dije me sentí liberada.

-Tienes razón.

La verdad es que no hay que tener miedo

a expresar los sentimientos, porque...

acabas arrepintiéndote.

-Hola, Julio. ¿Qué te pongo? -Una tila.

-Madre mía, cómo estamos, ¿no?

Sirvo esto y te la pongo. -Vale, gracias.

-Tomad.

-Gracias. -De nada.

-Gracias, guapa.

-Oye...

¿Estás bien? -He tenido días mejores.

-¿Te ha pasado algo?

-Nada, es solo que...

la gente en la que más confías, te acaba sorprendiendo.

Y no precisamente para bien.

-Créeme que te entiendo.

Y esos son los golpes que duelen más.

Pero tú no te preocupes, anímate, seguro que todo sale bien.

-Gracias.

-Te pongo la tila.

-Usted siempre se ha llevado bien

con la gente de dinero de este barrio.

¿Qué quieres decir? ¿Qué pasa con Fernando Quintero?

Eso digo yo, ¿qué pasa con Fernando Quintero?

Toda la comisaría sabe que es un narcotraficante,

y nadie mueve un dedo para atraparlo. ¿Que nadie mueve un dedo?

¿Tú tienes problemas de memoria o has vuelto a beber?

Dos, dos veces hemos registrado Transporte Quintero,

y las dos por orden mía. ¿Y qué hemos encontrado? Nada.

Y eso que pusimos micrófonos.

No encontramos nada porque Quintero estaba avisado.

-Toma. Gracias. -Pero... ¿Y la tila?

Hola, Julio. ¿Qué haces aquí parado?

Nada, que me ha venido a la cabeza una cosa, pero...

Oye, ¿te pasa algo?

Julio...

No, no, estoy bien.

Justo estaba pensando en ti,

quería llamarte para ver cómo quedábamos

para la marcha contra el cáncer que me propusiste.

Ah, sí, la marcha...

La verdad es que ya no me apetece ir.

¿Por qué? A mí sí que me apetece.

Es la primera cosa que íbamos a hacer juntos.

Pensaba que te hacía ilusión. Y me hace ilusión, pero ya no.

No me encuentro con ganas de nada.

¿Es por mí, por algo que he hecho? No.

Por favor, no pienses eso.

Estoy muy contento de la relación que tenemos

y de que me hayas aceptado como hermano, de verdad.

Entonces, ¿qué te pasa?

Nada, son cosas mías...

Hay algo que me ha hecho mucho daño,

que no esperaba. Con tu padre, tal vez.

Es algo que tiene que ver con tu padre

y que te ha hecho sentir muy decepcionado.

Algo que ha hecho que la imagen que tenías de él

se rompa en mil pedazos.

Has descubierto que es un narcotraficante, ¿no?

¡Julio!

Te estaba buscando, no sabía dónde estabas, y...

como hemos dejado una conversación a medias,

creo que lo mejor será que la terminemos.

¿Nos vamos juntos a casa?

-Tú y yo no tenemos nada de qué hablar.

Están las cosas muy claras. -A ver, Julio,

déjame que te explique, por favor,

te puedo asegurar que todo tiene una explicación,

te lo juro. Ya te ha dejado claro

que no quiere hablar contigo.

Verás, Alicia, te voy a pedir una cosa por favor.

Será mejor que no te metas en esto,

porque es algo entre Julio y yo, esto es un asunto familiar.

Ya...

Y ahora resulta que yo no formo parte de la familia, ¿no?

En cualquier caso, creo que Julio quiere hablar conmigo, ¿verdad?

Julio...

esto es algo entre tú y yo,

y hay cierto tipo de cosas que se tienen que hablar entre...

entre padre e hijo.

Ya te he dicho antes que todo tiene una explicación.

¿Qué te parece si nos vamos a casa, y charlamos tranquilamente?

No le hagas caso.

Julio, sé perfectamente cómo te sientes.

Vamos a comisaría y hablamos. Bueno, ¡basta ya!

¡Dejadme los dos!

Necesito estar solo, no quiero hablar con nadie.

Dejadme en paz de una vez.

-Julio...

Julio, espera, hijo... ¡Por favor!

Ya lo sabe, ¿verdad?

¿Saber qué? ¿Qué crees que sabe?

El tipo de persona que eres y a lo que te dedicas.

Enhorabuena. Una persona más a la que has destrozado la vida.

Pero ¿sabes lo que espero?

Que recapacite y te denuncie.

No sabes lo que estás diciendo.

Y será mejor que dejes de decir tonterías,

y también dejes a tu hermano en paz.

-Me alegro de que se haya solucionado todo con tu padre

y de que entienda que tú quieres ser policía.

-Ha sido gracias a tu jefa, que habló con él

y le hizo ver las cosas de otra manera.

Le dijo que se estaba pasando muchísimo prohibiéndome hacer

lo que realmente me ilusiona.

-Claro, María tiene más razón que un santo.

Además, tú ya tienes una edad, y es tu vida.

-Yo creo que ha dado su brazo a torcer

porque está loquito por María. Y lo que ella dice, va a misa.

-Te ha venido bien que se enamore tantísimo de ella.

-Sí, sí, ha sido, lo que se dice, un beneficio colateral.

-Qué guay que puedas cumplir tu sueño.

¿Sabes qué te digo?

Que tu historia me ha hecho pensar mucho.

-¿Sí? -Sí.

No es que esté mal en La Parra, que me encanta currar aquí, pero...

No sé, no me veo toda la vida aquí de camarera.

-¿A qué te gustaría dedicarte?

-No sé...

A algo relacionado con las empresas.

Me encanta la gestión y la dirección...

Todo eso me va mucho.

-Yo creo que mandar se te da muy bien.

-¿Cómo me tomo yo eso ahora?

-Bien, no lo decía con segundas.

Me refiero a que tienes el bar en la cabeza:

que si los proveedores, la caja, los menús...

-Cuando trabajaba en el gimnasio me dedicaba también a todo eso.

Gestionaba todo el tema de actividades,

llevabas las cuentas, y todo eso.

-Estoy convencido de que podrías ser una empresaria de éxito.

-Tampoco te embales, ¿eh?

Me encantaría tener mi empresa, pero para eso

hace falta mucha pasta y yo no tengo. -No digo mañana,

en el futuro. -Soñar es gratis, sí.

-Tienes que luchar para hacer realidad tu sueño.

-Pues, mira, tienes razón.

¿Sabes qué te digo?

Que me apetece volver a estudiar.

Sí, algo relacionado con todo esto de empresariales.

Un módulo, una formación profesional...

No sé todavía qué.

-En internet seguro que encuentras información de cursos.

-Esta misma noche me meto.

Tengo claro que tengo que seguir formándome.

-Paty, corazón, ¿me ayudas con esto? -Sí.

-Oh, qué tarde es. Mi padre estará que trina.

Me vuelvo a la tienda. -Pues no la líes

ahora que lo tienes de buenas. -Hasta luego.

-David está supercontento con tu ayuda.

-¿Con mi ayuda?

-Sé que hablaste con Jesús para convencerle

de que le dejara ser policía.

-Lo único que le dije es que me parecía un pecado

tener a la criatura obligado a estudiar algo que no quiere,

cuando su ilusión es ser poli.

-Justo de eso quería hablarte.

A mí también me hace mucha ilusión una cosa.

-¿Tú también quieres ser poli? -No. ¿Te imaginas?

Yo policía, no, no, no. Pero...

me apetece volver a estudiar.

Algo relacionado con empresariales.

-Pues mira qué bien. -¿Sí?

Pero si me pongo a estudiar,

igual no puedo dedicarle el mismo tiempo a La Parra.

No quiero que te lo tomes a mal.

-Pero ¿cómo me lo voy a tomar a mal, mujer?

A mí me encanta que la gente tenga ilusiones,

que tenga proyectos, que quieras prosperar.

¿Vas a estar toda la vida detrás de la barra, como yo?

-Tú has prosperado bastante,

que ahora eres una superempresaria de restauración.

-¿Empresaria de restauración?

Oye, suena muy bien.

Mejor que dueña de un bar.

Dueña de un bar tampoco suena mal. (RÍEN)

He estado a punto de conseguir una prueba definitiva contra Quintero.

¿De qué prueba hablas? Su hijo Julio,

creo que ha descubierto algo y estaba a punto de contármelo.

¿Crees que entregaría a su padre? Tendrías que haberlo visto.

Tenía la mirada perdida, estaba atormentado.

Me dijo que se había llevado una desilusión muy grande.

Entonces apareció él. ¿Quintero?

Sí. Le dije que me acompañara a la comisaría,

pero apareció Quintero y salió huyendo.

Estábamos a esto y otra vez se nos ha vuelto a escapar.

Lleváis mucho tiempo detrás de él, ¿no?

Más del que se merece.

Muchas veces hemos estado a punto de detenerlo,

pero Quintero es muy listo y sabe escabullirse.

¿Qué relación crees que tiene con Somoza?

Estoy convencida de que tienen tratos.

No tienes pruebas. Las habrá.

Te veo muy segura. Somoza utiliza Construcciones SZ

como tapadera para traer la droga de Colombia a España

y distribuirla en Europa. Ya lo intentó con su hijo,

pero no le salió bien.

Según esa teoría, Quintero y Somoza serían competidores.

En la teoría, pero en la práctica, tal vez,

Somoza quiere asociarse con Quintero,

y así aprovechar las rutas que ya tiene abiertas

y su infraestructura.

Somoza suministra la droga a buen precio

y Quintero la distribuye.

Mientras no tengamos pruebas del acuerdo, no tenemos nada.

Si las tuviéramos mataríamos dos pájaros de un tiro,

porque en cuanto caiga uno, caerá el otro.

Debemos seguir dos vías de investigación: Quintero y Somoza.

Entonces habría que descubrir

si el colombiano está metiendo la droga ya en España.

Por eso hay que sacar toda la información

a traficantes y camellos habituales.

Entiendo las ganas que tienes de cazar a Somoza.

Es el responsable de la muerte del padre de mi hijo.

No hay pruebas de eso. Y no las necesito, sé la verdad.

Pero yo no quiero pillarlo por lo que me hizo a mí,

quiero hacerlo porque estas personas

solo saben hacer daño. En cuanto se instalan en un lugar,

lo infectan todo y corrompen la sociedad.

Me hace gracia que aún vean en los narcotraficantes

una especie de héroe romántico. Sí.

Es porque muchos de ellos utilizan esa fachada.

En cuanto rascas, descubres toda la mierda que hay detrás.

Tienes razón. En Colombia, durante los años de Escobar

y el cártel de Medellín, murieron más de 400 personas

y 500 policías. ¿Sí?

¿Dónde?

Vale, voy enseguida. Te debo una. Gracias.

Era una de mis confites, han visto a un tipo trapicheando

en el Parque de la Dehesa.

Hay que ir para allá. No, ya voy yo.

Quédate en comisaría.

No hay peligro, probablemente será El Flaco.

No pondrá resistencia, sé lo que digo.

Pero no se lo digas a Miralles.

Me vas a meter en un lío.

Está bien, tú mandas. Pero como vea algo raro,

me dejarás protegerte. Si eso ocurre,

no saldré del coche.

Pues ahora ya sabes cómo funciona una comisaría.

¿Sigues con la idea de ser policía?

-Con todo lo que me has enseñado y me has contado,

tengo muchas más ganas. -Tú mismo, luego no te quejes,

ya sabes dónde te metes. -Sí, sí, tranquilo.

Ese no es el problema. -¿Y cuál es?

-Que no sé por cuál especialidad tirar.

De verdad que gustan todas: la judicial, la científica,

la UFAM, la tuya de informática...

-Lo primero es que apruebes la oposición

y luego ya hablaremos. -Sí, tienes razón.

-¿Ahora también nos vais a traer la fruta a la comisaría?

-Le estoy haciendo un tour para que sepa lo que le espera.

-¿Por qué? ¿Es que lo vamos a detener?

-No, que quiere ser policía.

-No me digas... ¿En serio?

¿Tú te lo has pensado bien? -Estoy convencido.

Me encanta vuestra profesión.

No sé, pienso que hacéis una labor alucinante,

me gusta el trabajo en equipo, ayudar a la gente...

-Lo que te pasa es que viste a tu padre reducir al croata

y quieres ser como él, un "cazadelincuentes".

-Eso no es. Antes de que mi padre se enfrentara a Petrovic

yo ya estaba interesado en la carrera de policía.

Pero con todo lo que ha pasado,

creo que me lo ha terminado de confirmar.

-¿Y tu padre qué dice? -No quiere.

-Un hombre sensato, sí señor.

¿A qué quería que te dedicaras él? -Médico.

-¡Hombre, dónde va a parar! Eso sí que es una cosa seria.

-Espe, no le quites la ilusión.

El chaval siempre que nos vemos me dice:

"Quiero saber cada vez más de la profesión".

-Es que lo tengo clarísimo, no me veo haciendo otra cosa.

-Pues si estás tan convencido, adelante.

Para trabajar aquí, lo que más falta hace es ilusión.

-Tengo que buscar una academia para prepararme las oposiciones.

-Y currártelo, no te confíes, las pruebas no son nada fáciles.

Sobre todo las físicas.

¿Qué pasa? ¿Por qué me miras así?

¿Piensas que soy una blandengue?

-No, no es eso.

-Pues cuando quieras te echo una carrera a ver quién gana.

Mira, toca.

Toca ahí, sin miedo.

Ve despidiéndote de la calle por una buena temporada.

¿Qué dices, "enterao"? Solo llevaba tres gramos,

eso es consumo propio. A ver quién es aquí el "enterao".

¿Y la cajita con papelinas que hemos encontrado en la basura?

No sé de qué cajita me estás hablando.

Un metálica, ¿te suena?

Con un montón de huellas que están analizando en el laboratorio.

Lo mismo hay alguna tuya.

¿Tú qué crees, Flaco?

Esa caja no es mía. Pronto lo sabremos.

Lo puedo explicar todo, ¿vale?

No tan rápido. Esta noche la pasarás en el calabozo,

y mañana ya veremos. No, no, no...

No me podéis hacer esto.

De ti depende.

Si colaboras, lo mismo, nos olvidamos de la cajita.

Por eso estamos aquí, Flaco, para charlar amablemente.

¿Qué tengo que hacer?

Decirnos todo lo que sabes.

Mira, si lo haces, igual...

quedas en libertad ahora mismo. Pero si yo no sé nada.

Es tarde, estoy cansada y no tengo tiempo para tonterías.

Vas a colaborar, ¿sí o no?

¿Qué queréis saber?

Quién te suministra la mercancía, y, en especial, la cocaína.

Un marroquí.

Sí, un marroquí, uno que va siempre en bicicleta.

Y yo os dije que era para consumo propio.

¿Un marroquí? Sí, se llama Ali.

Él es quien tendría que estar encerrado aquí, no yo.

Me ha vendido coca cortada con matarratas,

casi me envenena.

Flaco, no nos tomes por tontos, ¿a quién quieres engañar?

Os estoy diciendo la verdad. Me la ha vendido el marroquí ese.

¿Por qué no le haces caso a la inspectora y eres sincero?

Te va a ir mucho mejor si nos dices la verdad.

No queremos que denuncies a nadie, ni siquiera que testifiques.

Lo único que queremos es información.

Lo que digas no va a salir de aquí,

así que no corres ningún peligro.

Vamos, Flaco.

Si no lo haces tú, lo hará otra persona,

y piensa que te caerá un buen puro si no colaboras.

¿Por qué no eres un poquito listo?

Te lo voy a poner más fácil, solo tienes que decir sí o no.

¿Están los hombres de Somoza detrás de quien te suministra la cocaína?

Yo no conozco a ningún Somoza.

¿Estás seguro?

Tú no eres novato, Flaco, conoces de sobra a todo el mundo.

No sé quién es ese Somoza.

Flaco, en el fondo, queremos ayudarte.

Pero nos tienes que dar algo a cambio.

Quizá te suena más el nombre de Fernando Quintero.

¿Los hombres de Quintero te suministran la mercancía?

No sé de qué me hablas.

Claro que lo sabes.

Y también es mentira que no sepas quién es Somoza.

Te juro que no he oído ese nombre en mi vida.

¿Cuánto tiempo llevas sin una dosis?

Te juro que te vas a pasar el mono en la cárcel

como no nos digas algo más.

Alicia, ¿estás bien?

Sí.

Será mejor parar y mañana seguimos.

Es por tu bien.

En cuanto a ti...

Seguro que una noche en el calabozo te refresca las ideas

y mañana estás más colaborador.

Vamos.

Llévatelo al calabozo.

¿Te encuentras mejor?

Tengo un cabreo...

Creo que estaba a punto...

Alicia, no te preocupes, mañana hablará.

Venga, vámonos. Por hoy ya hemos cumplido.

Menos mal que llegué a tiempo,

creo que Julio estaba a punto de contarle a Alicia

que había visto el alijo.

-Pero...

¿Consiguió usted hablar con él después de eso?

No, no pude. Lo intenté,

pero se provocó una situación muy extraña.

Julio estaba en medio, Alicia a un lado, yo al otro...

Intenté sacarlo de allí para que se relajase y se calmase,

pero se agobió, salió corriendo,

y, desde entonces, no sé nada de él. -Pero, vamos a ver,

¿llegó a hablar con Alicia o no? -No, no, no.

Afortunadamente pude librarme de eso.

-Afortunadamente, afortunadamente, pero su hijo,

don Fernando, su hijo es una bomba de relojería.

Y hay que desactivarlo antes de que explote,

porque va a explotar. -Sí, pero primero

tendremos que encontrarlo, ¿no te parece?

Y no sé qué hacer, no sé dónde ir a buscarlo.

Además, seguro que si me ve llegar,

va a salir corriendo otra vez.

-Por lo menos no ha corrido hacia la comisaría, por ahora.

-Y eso es lo importante, Jairo.

Estoy seguro de que Julio, todavía siente algo por mí.

Y por eso se resiste a poner esa denuncia.

-Muy bien, muy bonito, pero no podemos perder tiempo,

hay que encontrarlo como sea, porque en cualquier momento,

cambia de opinión y vuelve a ir donde Alicia.

-Lo sé, lo sé, ¡maldita sea!

Sé que tengo que hacer todo lo posible por hablar con él

antes de que haga ninguna tontería.

-¿Ha pensado ya lo que le va a decir? -¡Y yo qué sé, Jairo, yo qué sé!

No sé qué le voy a decir.

Intentaré convencerlo para que no me denuncie,

le diré que soy su padre.

Y, desde luego, si va a contarle todo lo que vio a la policía,

nos va a perjudicar a todos. -Sí, a todos,

pero, sobre todo, a nosotros dos.

-Lo sé, Jairo, ¡lo sé, lo sé!

Pero no sabes la cantidad de...

de furia y de ira que había en su mirada, en su cara...

No sé qué voy a hacer para calmarlo el día de mañana

para que se le quite la ira que tiene por mí ahora.

-Yo tampoco lo sé, pero ojalá lo consiga,

de hecho, lo tiene que conseguir. La única idea que puedo darle,

mándelo de vuelta a Miami, que es donde debe estar.

-Ya veremos cuando llegue su momento.

Pero lo importante es saber dónde está, encontrarlo.

-Pues basta de charla. Me voy a buscarlo,

que no se puede esconder eternamente. -Está bien, yo esperaré aquí

a que vuelva, es lo único que puedo hacer.

Si lo ves o sabes dónde está, llámame enseguida.

¿De acuerdo? -Me parece buena idea.

En cuanto sepa algo, le doy un toque. -Venga.

-Podías haber venido conmigo a la comisaría.

Te hubiera encantado.

Me han enseñado, prácticamente, todo:

la Unidad de Investigación Tecnológica,

la Oficina de Denuncias, la UFAM...

La verdad es que es una gente estupenda.

Todos sabían que era tu hijo.

Te has hecho muy famoso

entre los policías por enfrentarte a Petrovic.

Todos me han felicitado por tener un padre tan valiente.

-Ya, ya, ya...

-Están sorprendidos porque un simple civil

se hubiera enfrentado así con un tipo tan peligroso.

-Vamos a olvidarnos ya del tema, ¿eh?

Hola, Paty, ¿qué tal? -Hola.

Venía a hablar con David, pero si estáis liados...

-No, de hecho, voy a la farmacia de guardia

a por unas medicinas...

-Hola. -Hola.

¿Sabes que he estado toda la tarde mirando en internet

cursos de formación profesional? -¿Y has encontrado algo interesante?

-Pues sí, he encontrado un curso muy chulo de formación

de dirección y de gestión de empresas.

Y las asignaturas están muy guays, y es justo lo que estaba buscando.

-¿Y qué te piden?

-Nada, el título de bachillerato.

-¿Y tienes que hacer una prueba de acceso?

-Sí, pero dentro de dos meses. Hasta luego.

Todavía tengo mucho tiempo, así que no me preocupo.

Mira, te he traído los impresos.

Toda la información y todo eso.

Mira. -A ver...

¿Dónde pone las materias del examen?

-A ver... Aquí.

Tengo que hacer un examen de lengua y literatura,

otro de mates y un ejercicio de inglés.

-Ya, eso está chupado.

-Bueno, no sé yo,

las matemáticas y yo

no nos llevamos muy bien, que digamos.

-Ah, ¿no? ¿Y cuál es el problema?

¿No sabes que yo soy un hacha de las matemáticas?

-¿En serio?

¿Y me ayudarías?

-Claro que sí.

Cuenta conmigo.

Pero le dedicaremos horas de clase juntos,

las matemáticas no se aprenden de un día para otro.

-Sí, sí, yo estoy dispuesta.

Te juro que me voy a tomar este examen muy en serio.

-Está claro que los dos tendremos que hincar los codos.

Yo también tengo que estudiar para mis oposiciones a la policía.

-¿Son muy difíciles? -Bueno, derecho, ciencias sociales,

informática...

Sí tendré que entrar en alguna academia,

porque ni loco puedo prepararlas por mi cuenta.

-Y yo pidiéndote ayuda con esto... -Qué va, tranquila.

Lo tuyo no me cuesta nada, de verdad.

-¿Seguro? -Sí.

-No quiero es agobiarte con clases de mates y tonterías.

-Qué va, al revés. Si eso me relaja.

-¿Que las mates te relajan? -Si son contigo, sí.

Lo que me agobia mogollón son las pruebas físicas,

porque en la comisaría me han dicho que son muy duras, y...

yo con el deporte...

-Pues en eso te gano yo.

De algo me tendrá que servir haber currado en un gimnasio, ¿no?

-Entonces, aquí me podrías ayudar tú a mí.

Matemáticas a cambio de...

de que seas mi entrenadora personal.

-¡Hecho! -¿Sí?

-Sí.

Voy a hacer de ti el próximo Rocky Balboa.

Y tú vas a hacer de mí el próximo...

-¿Newton?

-¿Ese era matemático?

-Me parece que vamos a tener que echarle

más horas de las que pensaba.

Ay.... -Madre mía, mira...

-Gracias, María, y ya sabes,

si Julio aparece por La Parra o sabes algo de él,

llámame y avísame cuanto antes, ¿vale?

Venga. Es urgente. Adiós.

Hasta luego.

Julio, por Dios, ¿dónde estabas? Me tenías muy preocupado.

-¡Déjame en paz, anda! -Por favor, espera, espera.

Escúchame, será solo un minuto. -¿Para qué?

¿Para qué te voy a escuchar?

¿Para qué me cuentes otro de tus cuentos?

¿O para que me vuelvas a hacer el numerito

del pobre inocente que no sabía nada?

-Yo solo quiero decirte que lo siento mucho.

-¡Basta ya! ¿Quieres dejar de mentirme?

Es lo único que he escuchado de ti todo este tiempo:

mentiras, mentiras, mentiras... Y más mentiras.

Y yo me las tragaba todas como un imbécil.

Te creí

cuando me dijiste que ese policía que te acusaba de narcotraficante

era un borracho resentido.

Te creí tu historia convicto arrepentido.

-Yo solo quería protegerte, Julio. -¿Protegerme de quién, papá?

¿De ti?

Me reprochaste que dudara de tu honorabilidad.

Yo me sentía fatal, ¿sabes?

Me sentía una mierda

por haber pensado que mi padre podía ser un delincuente.

Pero ¿cómo puedes ser tan farsante?

-Ya te he dicho que lo siento mucho.

-Tú no sientes nada.

Lo único que sientes, ahora mismo,

es miedo a que te denuncie a la policía.

-Eso no es verdad.

Tú para mí eres muy importante, hijo. -Venga, por favor, papá, por favor...

Si yo te importara un poquito solo,

no me habrías engañado todo este tiempo.

Si no, ¿para qué me nombraste director de marketing?

Querías tenerme entretenido como a un niño,

mientras tú hacías tus negocios con Jairo.

Pero ¿cómo puedes ser tan mal padre?

Tan mala persona...

Y yo...

¿yo seré idiota?

Defendiéndote ante Alicia...

Diciéndole que te diera otra oportunidad

porque no eras el hombre que ella pensaba.

No, eras peor.

Pero ¿cómo he podido ser tan idiota?

¿Qué pasa? ¿Eh?

¿Por qué no dices nada?

-Pues...

porque no tengo nada que decir, Julio.

Porque tienes toda la razón, yo...

me he comportado contigo como un verdadero miserable.

-Entonces, ¿lo admites?

¿Reconoces que me has estado mintiendo desde el primer día?

-Sí.

Y te pido perdón.

Verás, yo...

la he cagado a base de bien, ¿sabes?

Yo...

Yo solo quería...

que me vieses como un buen padre.

Que te sintieses orgulloso de mí, que me quisieras, pero...

pero me equivoqué.

-Lo que no entiendo es

por qué no me dejaste marchar cuando te lo pedí.

Tú insististe en que me quedara. -Y lo seguiría haciendo,

seguiría y seguiría insistiendo en que te quedes a mi lado,

porque eso es lo que quiero.

Por fin te había recuperado como hijo,

después de tantos años.

Yo...

hubiese hecho y haría lo que fuese...

Sería capaz de arriesgarlo todo con tal de no perderte.

-Pues ahora lo has perdido todo.

-Lo sé.

Y quiero que sepas una cosa, hijo.

Quiero que actúes según tu conciencia.

Si crees que tienes que ir a denunciarme,

hazlo, te aseguro que no...

que no te voy a tener nunca ningún rencor.

-No te hagas el mártir ahora conmigo.

¿Ves cómo lo único que te importa es la cárcel?

Estás intentando engañarme otra vez.

-No, estoy siendo brutalmente sincero contigo.

-Pero ¿tú cuándo has sido sincero con nadie en tu vida?

Ni siquiera con tu hijo lo has sido. Eres un mentiroso patológico.

Un egoísta que solo piensa en sí mismo,

y le importan una mierda los demás.

-Espera un momento, Julio... -¡Qué!

¿Quieres saber si te voy a denunciar?

Es eso, ¿verdad?

En un primer momento pensé en hacerlo,

es lo que se merece la gente como tú.

Pero no lo voy a hacer.

-Y...

¿se puede saber por qué has cambiado de opinión?

-Ningún hijo quiere mandar a su padre a la cárcel.

Yo tampoco.

No podría vivir con ello.

-Hola. -Hombre, Elías,

estaba recogiendo. ¿Quieres tomar algo?

-No, no, no quiero tomar nada.

He visto luz y he pasado a darte las buenas noches.

Sí, bien...

¿Te ayudo? -No, déjalo, estoy acostumbrada.

-Si no tengo nada que hacer...

Así acabas antes.

-Bueno, pues gracias.

-¿Sabes?

He estado todo el día por ahí intentado...

cazar a carteristas en el barrio.

-Ah...

¿Y qué tal ha ido la caza?

-La verdad es que mal.

Se me han escapado más carteristas de los que he atrapado.

-Vaya... -Pero no se puede ganar siempre.

-No, claro, eso es verdad.

-¿Y tú qué tal? ¿Qué tal tu día?

-Pues bien. Aquí normal.

El bar ha estado bastante animado, la verdad,

cosa que se agradece, ya no solo por el dinero...

-Bien...

-¿Por qué has hecho eso, Elías?

-Lo siento, María, no he podido evitarlo.

Mira, María, es que yo...

llevo mucho tiempo reprimiéndome, y sabía que si no hacía esto

me iba a arrepentir toda la vida, y...

En la vida hay que ser valiente,

y con este beso intentaba...

expresar lo que siento por ti.

Y ahora tengo muy claro lo que siento.

Te quiero y solo deseo estar contigo.

No...

¿no vas a decir nada?

-Sí, sí que digo.

Digo que, ¿ahora me vienes con estas?

Justo ahora que acabo de empezar a salir con Jesús.

No me creo nada, Elías, nada. -¿Cómo que no me crees?

-A ti lo que te pasa es que estás celoso.

Si no llega a aparecer Jesús,

estás que vienes a decirme que me quieres.

-No, te equivocas, María.

Ahora sé perfectamente lo que siento, de verdad.

-No.

Tú lo que querías es que yo estuviera ahí,

esperándote, para cuando a ti te diera el punto

y vieras el momento adecuado de dar el paso.

-Yo entiendo que he tardado en decidirme...

-No, no, no has tardado en decidirte,

tú esa decisión no la querías tomar.

Lo que pasa que ahora viene un hombre con las ideas claras,

y tú te cagas vivo y reaccionas.

Pues ¿sabes lo que te digo, Elías?

Que ahora es tarde.

Que tuviste tu oportunidad,

porque yo hubiera empezado una relación contigo

pero tú me dijiste que no.

Que tú lo dejabas ahí.

Que no querías arriesgarte,

que querías seguir la vida que llevabas...

¿Tú te acuerdas de lo que me dijiste?

-Sí.

-Que preferías un seis.

Entonces yo me tragué mis ilusiones,

pasé unas semanas muy malas,

muy malas,

intentando disimular como podía, pero sufriendo cada vez que te veía.

Y ahora, que por fin, levanto cabeza,

que empiezo a ver otra vez las cosas buenas de la vida,

me vienes tú con estas.

¿Tú crees que esto que estás haciendo está bien?

-No, no está bien.

Pero me asusté en aquel momento,

fui cobarde y...

-En la vida hay que ser un poquito más valiente.

-Pero ahora sé perfectamente lo que quiero y lo que siento.

-Ya, pero, es que ahora,

ya te he dicho que es tarde.

Ahora he conocido un hombre

dispuesto a lanzarse a una aventura conmigo.

Le salga de ocho, de diez o de cero.

Y tú no tienes derecho a arruinarme este viaje, Elías.

Así que, por favor, no vuelvas a hacerlo.

-No, no volverá a ocurrir, por supuesto. De verdad.

-Pues te lo agradezco.

-En fin, te pido disculpas, María.

No sé...

Está claro que yo siempre meto la pata

o llego tarde a todo.

Y entiendo que estés enfadada conmigo.

Lo siento de verdad.

No volveré a molestarte.

-Oficial, adelante, por favor.

Llega usted justo a tiempo, que estoy probando este roncito

que me traen justamente a mí de Barranquilla.

Esto lo hacen especial para mí.

Acompáñeme, por favor.

Gracias.

Beba, hombre, no tenga miedo.

Está bueno, sí.

Por supuesto que está bueno.

Que se quite el ron de Cuba y que se quede este, ¿cierto?

Lo cierto es que no sé mucho de ron.

Pues debería hacerlo.

¿Hay una bebida más noble que el ron?

Por favor, siéntese.

Yo sabía que usted iba a venir,

lo que no sabía es que iba a ser tan pronto.

Ya le dije que a mí me gusta marcar los tiempos.

Pues ya veo.

Un chico con iniciativa, eso me gusta.

Verá, he venido a proponerle un negocio.

¿Un negocio? Eso sí me gusta a mí. Cuente.

Tengo algo de valor que a usted le puede interesar mucho.

¿Y qué será?

Información.

¿Información? Eso sí me gusta.

¿A qué precio?

Quiero un fijo todos los meses.

Usted sí que es bien atrevido y exagerado.

Todavía no sé ni qué es lo que me va a decir,

y ya quiere estar en la nómina. Son mis condiciones, Somoza.

Déjeme decirle que las condiciones aquí las pongo yo.

Verá, la información que tengo es de valor.

Le puede ahorrar muchos disgustos

y, a la larga, seguro que le parece una buena oferta.

Lo que pasa es que yo no compro mercancía sin antes catarla.

Está bien. Le daré un aperitivo por cuenta de la casa.

Ahora mismo tenemos un camello encerrado en comisaría,

únicamente para sacarle información.

Le llaman El Flaco.

¿Qué es lo que la policía quiere con ese tal Flaco?

Del Flaco no quiere nada.

La policía quiere averiguar si usted tiene relación con Quintero

y la distribución de su mercancía,

y si usted ya está distribuyendo mercancía en España.

Ni yo tengo relación con Quintero, ni mi mercancía está en sus calles.

Solo le digo que la policía de Distrito Sur

va detrás de Quintero, y quién sabe...

A lo mejor, si tiramos de un hilo nos encontramos con usted

al otro extremo.

Déjeme decirle que eso que usted me dice yo ya lo sé.

Eso no vale cuatro pesos.

Como le he dicho, es solo un aperitivo.

Le puedo informar de todo lo que sucede en comisaría.

Operativos, seguimientos...

Todo.

Yo le voy a decir algo.

Eso que usted me está diciendo no tiene ningún valor.

¿Usted qué cree? Yo tengo informantes que me dicen

todo lo que está pasando en Distrito Sur.

¿O usted cree que la policía es la única que tiene informantes?

Pues, visto que no me necesita, no le robo más tiempo.

Oficial...

siéntese, por favor.

Quizá si lo necesito, pero para otro asunto.

Bien. ¿De qué se trata?

Fíjese que yo puedo darle el dinero que me está pidiendo,

pero necesito que me dé toda la información que pueda

sobre la inspectora Alicia Ocaña.

¿Y por qué ella, precisamente?

Bueno...

Porque ella es la única persona de esa comisaría

que a mí me interesa.

Ella es la llave de muchas cosas,

y yo necesito tenerla controlada.

Eso es un adelanto, por si quiere aceptar el trabajito.

Acepto el trato.

Siento haber dudado de ti, Nerea.

No te preocupes, no pasa nada.

Yo en tu lugar me habría puesto igual de nerviosa.

¿Ya se lo has dicho a mi padre? ¿El qué?

¿La oferta de Somoza? No, no.

No he querido llamarlo a Roma solo para eso.

Además, no hay mucho que contar.

Ese mafioso quiso contratarme, yo le rechacé... Fin de la historia.

Igual, si se entera por otro lado le molesta.

¿Nervioso? Pues la verdad es que sí.

No todos los días me hago pruebas de paternidad.

Estate tranquilo,

no quiero complicarte la vida ni hablar con tu mujer.

Lo único que quiero es que me des el dinero

para poder desaparecer del mapa.

-Me temo que la realidad no coincide con tus acusaciones sobre mi cliente.

Supongo que el Flaco llevaría guantes

o limpiaría la caja antes de tirarla.

O dice la verdad y no es un traficante.

Vamos, no me cuentes películas. Sabes perfectamente

que sí lo es aunque se dedique al menudeo.

¿Y qué pruebas tienes? Yo te lo digo: ninguna.

Así que lo tenéis que dejar en libertad ahora mismo.

Te sentirías mejor si me cuentas lo que sabes de tu padre.

No recuerdo decirte nada sobre él. ¿Me estás vacilando?

Ayer me dijiste que te habías llevado una decepción muy grande.

Y cuando estabas a punto de contarme los motivos,

apareció y te presionó para que te callaras.

¿Qué has descubierto sobre él, Julio?

Que conste, que entiendo que María esté enfadada.

Sí, porque al principio ella estaba por mí y yo eché el freno.

-Si actuaste así sería porque no lo verías claro.

-Si eso es lo peor.

Lo peor es que no arriesgué ni un pelo.

Me comporté como un cobarde.

-Ahora has sido un valiente por partida doble.

La vida da muchas vueltas, y nunca se sabe lo que puede pasar.

-Vino y me plantó un beso en todos los morros, ¿te lo puedes creer?

-¿Qué? ¡Oh!

Pues mira, sí, sí me lo puedo creer.

Te dije que estaba celoso por lo de Jesús.

Entiendo que estés cabreada con él, yo también lo estaría.

Ay, María, que te veo venir, ¿eh?

¿Qué hace El Flaco en libertad? Que te lo cuente su abogada.

¿Eres tú?

¿Y por qué no me lo has dicho esta mañana?

Recibí el aviso del turno de oficio después de salir de casa.

Y si te lo cuento, habría salido en libertad igual.

No hay pruebas contra él.

¿Y qué pasa con la caja que encontramos en la papelera?

Los análisis del laboratorio no han encontrado huellas del Flaco,

por eso lo hemos puesto en la calle.

Tenemos una conexión especial,

me pasa algo que no sentía hace mucho tiempo.

No creo que tengamos que buscar una justificación psicológica

  • A mi lista
  • A mis favoritos
  • Capítulo 239

Servir y proteger - Capítulo 239

12 abr 2018

Quintero y Jairo temen que Julio vaya a la policía. Iker se ofrece a Somoza para ser su policía infiltrado. Elías decide confesarle a María sus sentimientos. Bremón comunica a Isa que no está dispuesto a darle el dinero que le pide si no se hacen una prueba de ADN.

ver más sobre "Servir y proteger - Capítulo 239" ver menos sobre "Servir y proteger - Capítulo 239"
Programas completos (601)
Clips

Los últimos 1.980 programas de Servir y proteger

  • Ver Miniaturas Ver Miniaturas
  • Ver Listado Ver Listado
Buscar por:
Por fechas
Por tipo
Todos los vídeos y audios

Añadir comentario ↓

  1. Consuelo Forero

    Felicitaciones, me gusta la serie, deberían considerar traer a Kiko, que Olga se entere que él la quiere, y que puede pagar sus culpas y retomar su vida. Me dio tristeza que sacaran a Laura Escalada, Robert y Martin Diez, pero bueno. Mis queridos libretistas no maten a todos cuando tienen que salir de la serie, pofis que sufro mucho y lloro y todo eso. Me gustan todas las series y comedias, son muy buenos. Consuelo Bogotá, Colombia.

    13 abr 2018