Mercado Central La 1

Mercado Central

Lunes a viernes a las 16.25 horas

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No recomendado para menores de 7 años Mercado Central - Capítulo 22 - ver ahora
Transcripción completa

Aquí la que parece enamorada eres tú, ¿eh?

¿A qué viene eso?

-Es que estás todo el rato Doménico esto, Doménico lo otro...

-A ti te pone un poquito, ¿eh?

Reconócelo. ¡Anda, mujer!

Que no, que no, que no...

¿Qué es esto?

No quiero que te vayas a cualquier cuchitril.

¿Y qué pasa si no me voy?

Quedarte no es buena idea.

El camarero.

El camarero es como un bebé.

Es raro el día que no acaba manchado.

Mira.

Ahí se ha empezado a liar todo.

Ha venido un tío, ha empujado a otro y yo qué sé.

Y ha llegado la Policía.

No entiendo qué ganas tenéis de meteros en follones.

¡De verdad que no lo entiendo!

Yo no entiendo muchas de las cosas que hacéis tú y papá y me callo.

No, hombre, no. Es que...

Bueno, tenía que salir a que me diera un poquito el aire

y a organizar mis ideas y... Ya está.

Bueno, eso está bien.

Oye, si alguna vez te apetece tomar una copa, en compañía,

que no hace falta que esperes a quedarte encerrada en el mercado.

No tienes tú mucha pinta de enfermo.

Bueno, a ver, sigo con la espalda, el antiinflamatorio...

Sí, bueno, tú estate quietecito que ya... ya puedo yo.

¡Hombre! ¿Cómo está mi sobrina favorita?

Dame un abrazo, hija. Pero uno solo, ¿eh?

Que luego te vicias. Uy, uy.

¿Y qué? Cuéntame qué planes tienes. Ahora que te quedas en el barrio,

¿qué? ¿Vas a seguir estudiando o estás buscando trabajo?

Que igual es un poco pronto para pensar todas esas cosas.

Porque qué necesidad. Tómate tu tiempo, que no hay prisa.

Sí, la verdad es que no sé qué voy a hacer.

No me quiero agobiar pensando en esas cosas. Poco a poco.

Claro, tú no te agobies, cariño. Ya lo decidirás

cuando estés más centrada.

Y tú deja de apretarla tanto, hombre, que acaba de llegar.

Bastantes emociones tuvo ayer con tu hijo.

Ya, ya me ha contado Adela.

Pero qué quieres. Mi hijo Germán no destaca por el sentido común.

Que ya me ha contado.

Menudo recibimiento, ¿no? Elías, por favor...

Oye, mamá, que nosotros no tuvimos la culpa.

Fue el imbécil ese,

que empezó a decirme gilipolleces y a ponerse baboso.

Y yo al final le tiré la copa encima y se cabreó.

No veas cómo se puso el payaso.

Bueno, ¿tú no querías ir a la academia esta

a ver los cursos que tiene? Se te va a hacer tarde.

Sí, que ya son las 9:00. A ver si me va a cerrar.

Dame un beso. Bueno, tío.

Adiós. Hasta luego.

Ten cuidadito.

Bueno, ¿qué?

Estarás contenta con la llegada de tu hija a casa.

Sí, pero deja de agobiarla con tantas preguntas, por favor.

Que acaba de llegar y quiero que esté tranquila.

Mejor preguntarle por el futuro que no por el pasado, ¿no?

Y que nos cuente qué ha estado haciendo

estos meses que nos ha tenido en vilo.

Que tampoco es cosa mía, pero ¿habéis hablado ya del asunto?

Bueno, aún no.

Es que quiero darle un poquito de aire.

No me parece buena idea hablar de ese tema ahora.

En realidad me da miedo a que se revuelva,

porque ya sabes el carácter... (RÍE)

Otra cosa, ¿tienes ya el dossier que tengo que presentar al ayuntamiento?

¿Lo tienes terminado? Uf...

Es que esta semana ha sido muy complicada para mí.

No, escúchame, escúchame...

Lo tengo a la mitad.

A la mitad. Lo tengo en casa.

Si me cuidas el bar lo traigo ahora. ¿Me queda otro remedio?

Anda, tira. Venga, vuelvo enseguida.

Sí, sí...

(Sintonía de "Mercado Central")

# Y se apagó

# una luz de la ciudad

# y una sombra en sus viejos pasillos

# de colores,

# que no brillarán más.

# Ven, sígueme

# a aquel lugar,

# sabor a sal

# y azafrán,

# aromas de un tiempo atrás.

# Y se encendió

# una luz de la ciudad

# en la plaza # donde regateamos con un beso

# volver a comenzar.

# Juntos tú y yo,

# jugando a recordar

# que somos cada olor, color,

# sabor a son

# de aquel Mercado Central... #

¿Y a ti que te pasa?

No se te ve muy contento con la llegada de tu hija Noa.

Que si quieres te la cambio por mi hijo, que también tiene tela.

Mejor me quedo como estoy. Más vale lo malo conocido, ¿no?

Entonces, ¿estás contento o no?

Sí, claro que lo estoy.

Contento y preocupado a la vez.

No veas la que ha liado nada más llegar.

En unos días nos puede montar una buena.

Ya. Vamos, no soy yo quién

para decirte cómo educar a tu hija, líbreme Dios,

pero con Noa hay que ponerse serio. Hay que estar encima.

Quiero decir, que sigue siendo una niña

y hay que marcarle algunos límites.

Sí, supongo que sí.

Pero no es fácil lidiar con una cría tan crecidita,¿sabes?

Menudo carácter. No le puedes dar ni los buenos días

sin que te salte al cuello.

Ah, sí, ¿eh?

Hombre, igual Rosa, ahora, pues no está en el mejor momento.

Yo la veo que está muy liada... con la asociación, con el bar,

Lo mismo hay que descargarla de responsabilidades.

Qué ganas tienes de quitarte a mi mujer de encima.

¿Yo? Para nada. Ya sabes que Rosa es mi hermana favorita.

Venga, Elías, que ya nos conocemos...

Mira, yo... yo quiero a Rosa con locura, ¿eh?

Pero si dejase de ser la presidenta de la asociación

todos saldríamos ganando, y eso es así.

Elías , eres todo corazón.

Pero por una vez estoy de acuerdo contigo.

Ah, ¿sí?

No sé por qué quieres apartar a Rosa de la asociación.

Ni lo sé ni me importa, la verdad. Pero estoy dispuesto a ayudarte.

Bueno, pues... te lo agradezco.

A no ser que quieras algo a cambio.

¿Quieres algo a cambio? Lo hago por ella.

Y por Noa.

Las dos tienen mucho trabajo si quieren recuperar la relación.

Es mejor que estén tranquilas y se tomen su tiempo.

¿Entonces...?

Intentaré convencer a Rosa para que se aparte de la asociación

y te deje vía libre.

La familia es lo primero, ¿no?

Sin lugar a dudas.

Lo primero... Lo primero siempre la familia.

Después de nosotros.

¿Azúcar o sacarina?

Sacarina, por favor.

Tomates, pimientos, las cebollas, las lechugas...

¿Qué más te pongo?

Tengo unas naranjas de zumo buenísimas. ¿Te pongo también?

Sí, dos cajas, que se lo beben como si fuera agua.

Muy bien.

Celia, no te vayas, que te quiero regalar un par de mangos

que da gloria verlos.

Luego me paso, que todavía no he abierto y es tardísimo.

Ay, no seas así, que estoy sin clientas.

Tengo a mi cuñada. La cosa está fatal.

No digas eso. Siempre estás a tope.

¡Uy, que no, dice! Tengo la cámara hasta arriba,

que voy a tener que tirar el género.

¿Te importa que le despache a ella? No, claro, mujer.

Pues más vale que lo de la reforma salga adelante,

porque si no, aquí no vamos a quedar ni uno.

Porque sin clientes no hay mercado. Eso lo sabe el más tonto.

Hablando de eso, ¿sabéis por qué cerró el ultramarinos?

Me ha parecido raro. Siempre funcionó muy bien.

A lo mejor ha echado el cierre. No sería el primero que vende.

Uy, vender. Eso quisiera él.

Y más después de lo que le ha pasado.

Pero ¿no os habéis enterado? No.

Que lo sabe medio mercado. ¿De verdad que no lo sabéis?

¡No!

Dínoslo, que nos tienes en ascuas. Chica, ¿qué?

Pues resulta que Trini,

la que trabajaba de ayudante en el puesto,

se ha liado con Fermín, con el dueño. ¿Cómo os quedáis?

Y lo peor, es que no se sabe cómo pero la mujer se ha enterado

y se ha liado la de Dios es Cristo.

Ya ves tú, la Trini. Parecía tonta.

Bueno, la Trini no tiene la culpa, ¿no?

Ella es una mujer libre, no está casada.

Digo yo que el que tiene la culpa es Fermín.

Bueno, eso es así y no es así.

Porque ¿qué pasa con la solidaridad?

Si las mujeres no nos respetamos los maridos, ya me dirás tú.

A ver, ¿me estás diciendo que Fermín no es responsable

porque él es el hombre? ¿Me está diciendo eso?

No, él también. Lo que yo me refiero

es que no me gustaría que alguien se liara con mi marido.

Y yo te digo una cosa: si yo estuviera soltera,

yo no me acostaba con un hombre casado. Por principios.

Pues será que no hay hombres.

A ver, llámame rancia, pero yo siempre he pensado así.

Nunca digas de este agua no beberé. Hay que verse en la situación.

Pues yo sí, ¿eh?

Es que yo no podría dejar de pensar en la otra mujer.

Y en su familia. Es que hay que tener empatía.

Estás ahí en el momento, la piel, el calentón...

La cosas de seducirse y tal.

No estás pensando precisamente en empatía.

Anda, anda, mujer...

¿Qué pasa, bro?

Aquí, currando.

No como vosotros... -Eh.

Planazo para esta noche. Aquí al lado, local guapo y grupazo:

los Pi... No, ¿cómo era? -Los Ming City Rockers.

(JONATHAN) Eso, me los ha enseñado Carla y flipas.

Te he pasado el enlace. Nosotros nos apuntamos.

¿Tú qué? Te hace, ¿no?

(CARLA) Yo los he visto en directo, son la bomba.

Venga, que solo son siete euros. Vamos a plantarnos allí.

(CARLA) Y hay rampa para la silla. Más a huevo no lo podemos tener.

No, lo siento. No me apetece. Id vosotros.

Samu, ¿es por el empujón del otro día?

Pensaba que habíamos pasado pantalla.

No tiene nada que ver con eso. Eso está olvidado.

¿Y por qué pones esa cara de mal rollo?

Pues es la mía, no tengo otra.

Es por mí, ¿no?

Sigues cabreado porque le conté a Carla la que montaste con la furgo.

¡No! Es que estoy agobiado de curro. Y cuanto más sigáis aquí, más tardo.

Oye, ya sé que la cagué. Pero te he pedido perdón.

Vamos a dejar atrás los malos rollos. Si no, esto es una mierda.

(CARLA) Venga. Que organizamos esto para que todo vuelva a ser como era.

Todos la hemos cagado últimamente, ¿no?

Afloja un poco, anda.

(JONATHAN) Venga, que lo siento mucho.

Sé que fui un bocas, pero no me gusta estar contigo así.

Venga, di que sí. Es que si no todo va a ser un rollo.

¿Quién va a contar chistes si no?

Se nos van a quitar las ganas de bailar y todo.

Lo siento, no me apetece. Quizá otro día, pero hoy... no me apetece salir.

Déjame hablar un rato con él a solas.

¿Sí? Ahora te pillo.

Vale, venga, pero si no vienes, esta me la guardo, ¿eh?

Que es muy feo dejar tirados a los colegas.

Yo soy la mujer de Fermín y lo primero me separo. Muy digna.

¡Y luego los mato! ¡Pero qué burra eres, Adela!

Bueno, no, matarlos no.

Pero yo me separo y le dejo sin un duro. Eso te lo garantizo.

Se le quitan a Fermín las ganas de tontear con otra pero de raíz.

Pero, además ese tío no vale un pimiento.

Es que le quitas el dinero y se queda en nada.

¿Tú qué piensas? ¿Estás conmigo o con la perdularia esta?

Como decía mi abuela. Que aquí hay que elegir bando.

Bueno, la verdad, no sabemos las circunstancias de la chica

ni las de Fermín tampoco, así que...

¡Qué circunstancias ni qué circunstancias!

Que son cuernos. Y lo demás son excusas.

Bueno, pero quizá a Fermín no se llevaba bien con su mujer...

Y la chica pues, pues oye, a lo mejor

estaba pasando una mala racha.

Estaba en un momento de debilidad.

Ahora se sentirá mal por lo que ha hecho,

y está superarrepentida, seguro.

Bueno, lo que tú quieras, pero esa tía...

Esa tía sabía que estaba dañando a una mujer.

Y a una familia, ¿es así? ¿Sí o no?

Bueno, a ver, que las cosas suelen ser más complicadas

de lo que parecen. Es muy fácil juzgar a los demás

sin saber realmente lo que ocurre.

Sí, yo estoy completamente de acuerdo con Celia.

Que no me vais a convencer, que sois muy modernas.

Unos cuernos son unos cuernos, poneos como queráis.

Aquí y en la China.

Gracias. ¿Qué te debo? Nada.

Esto es por cuenta de la casa. Ya me dirás.

La que dice que se arruina. Si lo regalas todo.

Mujer, es que estoy fidelizando a la clientela,

A ver si aprendes, cuñada.

Y tú ahora tendrás que pasarte por aquí con frecuencia.

Hombre, claro que sí. Ale, gracias.

Bueno, voy a seguir con lo tuyo. -Naranjas...

Sí. - (JONATHAN) ¿qué?

¡Venga ya, tío!

Lo que te pasa es que estás jodido porque te dije que iba a por Carla.

Es eso... Pero dijimos que nunca nos íbamos a pelear por una tía.

Joder, y al menos yo pienso cumplir el trato, no sé tú.

¿Así pretendes hacerlo,

haciendo planes a mis espaldas? -No era un plan a tus espaldas.

Era para los tres, y lo ha prepuesto ella.

Si yo pensaba decírselo hasta a... No sé si sabes que Noa ha vuelto.

Sí, lo sé. Está Rosa como loca.

Y la primera noche ya la ha liado,

y ha amanecido con Germán en la comisaría. ¿Tú te crees?

(SUSPIRA)

Ayer Carla me dijo que le gustabas.

¿En serio?

Te lo juro.

Sabes que nunca te mentiría con algo así.

Mira, Samu, te propongo una cosa:

si quieres salimos los tres y...

bueno, si tiene que pasar algo entre Carla y tú, pues adelante.

Yo no me pienso meter.

Ya me lo ha dejado muy clarinete.

¿Que le gustas tú?

Pues "p'alante".

¿Nos vemos a las 21:00 en tu portal?

Vamos dando un paseo.

El garito está aquí al lado. -Que no puedo.

¿Tú no escuchas cuando te hablo?

¿A ti qué mierdas te pasa, eh?

¿Con qué te estás comiendo la cabeza ahora?

Que me dejes en paz ya.

Vete al puesto, que te estará esperando mi madre, ¿eh?

Lo que tú digas, jefe.

Últimamente llevas un rollito muy raro.

Cuando se te pase la tontería ya me lo dirás.

No te enfades con Lorena, que la culpa ha sido mía.

Nos hemos liado a hablar

y no se ha dado cuenta de que se dejaba los limones.

Y yo tampoco, la verdad.

Qué mal trago lo de la comisaría, ¿eh?

La verdad es que Germán nos tiene muy preocupados.

Desde que dejó los estudios y se puso a trabajar en la empresa

las cosas no han hecho más que torcerse.

Yo no sé qué estamos haciendo mal, si te digo de verdad.

Y mira que siempre acabamos por darle todo lo que quiere.

Pero es que ni por esas, no hay manera de hacerse con él.

Pero es que la culpa no siempre es de los padres.

Que criar a un hijo es muy difícil. Que me lo digan a mí.

Que ando con pies de plomo con Noa para que no se enfade conmigo.

(SUSPIRA) No sabes qué estrés.

Pues como nosotros con Germán, que ya no sabemos qué hacer.

Además, es que cada día es más difícil hablar con él.

Y mira que era bueno de niño, ¿te acuerdas?

Sí. Siempre estaba riéndose y contento.

Pues ahora se pasa todo el día cabreado, por lo menos conmigo.

Seguro que lo está pasando mal por algo.

Además, que a estas edades, que no se abren,

que no quieren hablar con nosotros.

Con lo fácil que era cuando eran pequeñitos.

¿Que lloraban? Los cogías en brazos.

¿Que se hacían caca? Les cambiabas el pañal.

Pero claro, las criaturas crecen.

Es ley de vida. Ya. Pero yo le veo muy perdido.

Y me da miedo que acabe mal, y no saber ayudarle.

Y me duele mucho verle así.

Parece que quiere destruirse a base de juergas, de alcohol...

y ahora también de drogas.

Ya, pero que te voy a contar yo a ti con lo que llevas tú con Noa.

Comparado con lo tuyo, yo no tengo derecho a quejarme.

¡Hombre, claro que tienes, faltaría más!

Lo que pasa es que lo de Noa es distinto porque...

Bueno, ella se marchó por nuestra mala relación,

pero es una buena chica.

Sí. Sí. No se mete en líos.

Bueno, por lo menos cuando está sola.

Oye, Rosa, que tu hija tampoco es una santa, ¿eh?

A ver si ahora toda la culpa es de Germán.

Que él tiene lo suyo,

pero que Noa también puso su granito de arena en liarla.

¿Me vas a decir que es una pobre víctima?

Oye, que yo estoy segura que ese bar no lo eligió Noa.

Eso es cosa de Germán.

Además, tú misma estás diciendo

que tu hijo tiene un puntito autodestructivo, ¿no?

Adela, a lo mejor ese es su problema.

Que no, Rosa, no.

Que Noa fue la que se empeñó en ir a ese barucho de mala muerte.

Que si hubiera sido por Germán,

hubieran ido a un sitio más tranquilo.

Mi hijo será lo que sea, pero tonto no.

Pero si dices que estás muy preocupada con él

porque es un pieza.

¡Por favor, Adela, que se droga y todo!

A ver, te he dicho que mi hijo tiene problemas.

Pero un chico normal con problemas normales

de los chicos normales de hoy en día.

Vamos, que tu hija no es santa Noa. Que tampoco.

¿Y tú qué tienes que decir de ella? ¿Yo? Nada.

Si todo lo estás diciendo tú. Será que no te ha hecho sufrir.

¡Sí, me ha hecho sufrir, pero lo menos la mía no se droga!

¿O me vas a negar eso también?

Mira, seguramente tu hija toma refrescos y agua mineral.

Eso sí, con gas, para que le dé un puntito.

Di lo de las drogas más alto, que lo sepan todos.

¡Me da igual! ¡Que se entere quien quiera!

Te voy a decir una cosa, cuñada.

Estás pintando las cosas de un modo que no son.

Yo por ahí no paso. ¡No paso porque no me da la gana y punto!

¡Rosa! ¡Rosa, que te dejas los limones!

Llevas 2500 kilos de carga.

Te vas a Ávila, el reparto es el siguiente:

el 40 por ciento lo dejas en el mercado central

y el 60 restante te lo llevas al centro comercial.

Cuando descargues, vienes corriendo y cargas otros 1500 kilos.

Te vas a Guadalajara.

Allí el reparto es: el 70 por ciento se queda en el mercado central,

y el resto, mitad y mitad, para los dos grandes supermercados

que hay en el centro.

Está todo apuntado aquí en el papelito, en el papelito,

pero si necesitas algo me llamas.

Cuando acabes, vienes, te llevas la furgoneta al polígono,

a Móstoles, al mecánico, que le haga una revisión y me llamas.

El reparto de mañana no está, pero en dos horas te lo mando, ¿estamos?

¿Qué hace eso en el suelo?

¿Qué pasa, chaval, te interesa el mundo del transporte, o qué?

Sí, bastante.

Pues estás de enhorabuena: necesito conductores.

Si te animas te doy una furgoneta.

¿Qué, te gustaría ser conductor? Es que yo no sé conducir.

Cachis... Pues nada, hacemos otra cosa:

cuando tengas el carné de conducir vienes.

Lo hablamos, lo negociamos y lo mismo te contrato. ¿Querrías?

Me gustaría más trabajar en el almacén.

¿Cuántos kilos de frutas y verduras repartes en un día?

Pues no sé, hombre, depende de la temporada,

pero entre 5000 y 10 000 kilos.

El 60 por ciento en Madrid capital y el resto va para fuera.

Está muy bien, debes ganar bastante dinero.

¿Cuántas furgonetas y camiones tienes?

Veintidós. En total, veintidós. Es mucho lo que hay que repartir.

Vale, ¿pero cuantas son furgonetas y cuantos son camiones?

¡Jolín con las preguntitas, niño! Pues...

exactamente son 12 furgonetas y 10 camiones.

¿Te parece bien o compro más?

No lo sé aún, tengo que hacer cálculos.

No quiere darte una respuesta errónea.

Tú no trabajarás para Hacienda o algo de eso.

Todos me preguntáis eso. Es para un trabajo del cole.

¿En cuántos mercados repartes, aparte de este?

Dímelos de más cercano a más lejano.

Hijo, cada vez me lo pones más difícil.

Pues mira, aparte de este puesto en este mercado,

yo tengo dos más en otros dos mercados, en la capital.

Y repartir, en todas las provincias limítrofes.

El orden, la cantidad... sinceramente no lo sé.

Pero si me dejas que consulte los libros te paso los datos.

Vale. ¿Cuándo me paso?

Pues no sé, dame un par de días por lo menos.

¿Eh? Supongo que podrás esperar, ¿no?

¿O te aprietan mucho en el colegio con los plazos?

Bueno, podría negociar, el profe es majo.

David, estás aquí.

Tu madre te llamó un buen rato por teléfono y dice que no lo coges.

Lo tengo en silencio, necesitaba tranquilidad.

No, tranquilo se te ve.

Ella no lo está tanto.

Anda, entra, que le va a dar algo.

Gracias por la información, Elías. Nada, a ti, campeón.

Un tipo curioso. Qué personaje.

Sí lo es, sí... Y Celia tiene mucho mérito, ¿eh?

No es fácil llevar un chaval así.

Ya. Qué sería de los hijos sin las madres, ¿eh?

No lo digo solo por ellos.

Mira mi hermana Rosa con su hija,

todo lo que ha tenido que pasar. Ya.

Que me enteré que ha vuelto Noa. Enhorabuena.

Me alegro, sobre todo por tu hermana.

Muchas gracias. ¡Ah! nos alegramos todos...

Otra cosa es si ahora Rosa va a estar centrada

para llevar los temas del mercado.

Lo digo porque estando su hija aquí,

querrá pasar más tiempo con ella.

Ya, me imagino.

Bueno, te veo, ¿vale?

Oye, una cosa...

No sé, pero...

¿Tú me apoyarías si Rosa decidiera delegar en mí

como presidente de la asociación?

¡Sí, claro!

¿Quién conoce el mercado mejor que tú?

Chao. Chao.

Hala. Te lo apunto. -(VALERIA) Bueno, tú tranquilo, ¿eh?

Cobrar vas a cobrar, lo que no te puedo decir es cuándo.

Oye, no me levantes la voz, que todavía no estoy sorda.

Bueno, cuando te calmes me vuelves a llamar. ¿Vale? Pues hala.

Chica, qué obsesión tiene la gente con el dinero.

Otra vez Francisco, ¿no? -Sí, está de un "pesao"...

No me extraña, es que le debes un pastizal.

Lo que no sé es cómo estás tú tan tranquila.

¿Cómo piensas pagarle? No tenemos un duro.

Tranquila, que ya me las arreglaré.

Buenos días, señoras. -Buenos días.

Si quieres carne, tengo la ternera que se deshace en la boca.

No hay ni que masticarla. ¿Cuánto te pongo?

Atiendo yo a Jesús.

Tú vete al almacén, que necesitamos más salchichas.

¡Si hay un montón!

¡Ya, pero estas de Zaratán están tan ricas

que nos las quitan de las manos! ¡Venga, arreando que es gerundio!

Qué carácter tiene tu hija, ¿eh?

Bueno, eso le viene de familia.

Todo se hereda menos la hermosura.

Oye, que mi hija es bien guapa, ¿eh? -No tanto como su madre.

Anda, zalamero. ¿Qué quieres?

¿Cuándo me vas a invitar a comer? ¿O vas a seguir mareando la perdiz?

No. Justo venía a eso. He encontrado un restaurante perfecto.

Será bonito, ¿no? Que a mí las tascas no me van.

Precioso y romántico, a la altura de la compañía.

Te va a encantar, ya verás. -Bueno, veremos, ¿y cuándo?

Pues... hoy al mediodía. ¿O es muy pronto?

No, está bien.

Pero debo decírselo a mi hija, que se ahoga en un vaso de agua.

Samu, tío.

Sé que hay confianza, pero si no te importa,

prefiero que llames. -Perdona, no lo había ni pensado.

¿Te importa salir y esperar fuera?

No eres el primer tío que veo sin camisa.

Aunque estás más bueno de lo que pensaba,

creo que lo podré soportar, lo prometo.

Sí, yo también creo que podrás contenerte, ¿no?

¿Estás bien, Samu?

Perfectamente.

¿Y por qué me da la sensación de que me ocultas algo?

(SUSURRA) Venga ya.

¡Ah, joder! -Joder, Samu, tío.

Ahora no te puedo atender. Tengo mucho trabajo.

Así que por favor, márchate.

Me voy cuando te pongas la camisa.

¿Eres mi madre ahora o qué? ¿Tienes miedo de que me resfríe?

Póntela camisa y me voy, te lo prometo.

(Quejidos)

Joder... -Tío, en serio.

¿Tanto te duele? -Al levantar el brazo.

Pero no es nada. -Es culpa mía, lo siento un montón.

¿Has ido al médico? -No, porque casi no me duele.

Si no me hace falta.

Claro. Por eso no querías ir al concierto.

¿Tan mal estás? -Que no, que estoy bien.

¿Por qué no has dicho nada?

¿Por qué no os vais a la mierda los dos y me dejáis en paz, eh?

Vale, vale. No te voy a molestar más.

(Puerta cerrándose)

Y el restaurante es de cocina clásica,

pero con un toque moderno.

Y tiene una carta... Tiene una carta

más larga que el listín telefónico, para que podamos pedir a gusto.

Yo este mediodía tengo cosas que hacer,

te quedas sola en el puesto. ¿Algún problema?

¿Otra vez? Que menuda racha llevas. Trabajas menos que un cura.

Y cobro menos que un maestro. Lo uno por lo otro.

Bueno, pareja, yo os dejo.

¿Qué? ¿No te llevas nada, Jesús?

No, hoy no, solo he venido a saludar.

Sí, claro.

A saludar...

Y a alegrarse la vista. Que menudas miraditas os echáis.

¿Tienes algo que contarme, mama? -¿Yo? No sé por qué lo dices.

¿Qué te crees, que soy tonta?

Pues, no sé, tú sabrás... -A ver.

¿Qué es eso que tienes que hacer al mediodía?

Te lo voy a contar, porque si no, no vas a parar, que te conozco.

Voy a comer con Jesús, ¿vale? Pues ya está.

Así que sigues queriendo sacarle la pasta para reformar tu casa.

¿O para quitarte la deuda de Francisco? Claro.

No quedo con Jesús solo por eso, ¿eh?

¡Te gusta! ¡Si es que lo sabía!

No hay más que ver cómo os miráis. ¡Si parecéis dos adolescentes!

Pero ¿tú qué te crees,

que los mayores no tenemos sentimientos?

Que esto es más gordo de lo que pensaba. ¡Suelta, suelta!

No, si... la cosa empezó de la manera más tonta,

pero luego al final, chica, pues hemos ido conectando...

¿Ya sois novios?

Anda, no seas antigua, hija.

Estamos, de momento, iniciando una relación.

¿Por qué traes tantas salchichas? Con todas las que hay.

Anda quita, quita, quita. ¡Hala!

¿Qué haces ahí sentado?

¿No deberías estar haciendo algo de provecho?

Sí, ¿y qué quieres que haga? No tengo un duro.

El dinero no crece en los árboles, Germán. Hay que ganárselo.

Si yo lo intento. Pero me quitan la paga,

no me dejan trabajar con las Pacheco, en la empresa de la familia tampoco.

Sabes cómo es mi padre de cabezota. si dice que no es que no.

¿Y qué hago?

¿Qué, te lo robo a ti mientras te echas la siesta?

Inténtalo y te doy un guantazo que te avío.

Si necesitas dinero me lo pides, ¿estamos?

Estamos. ¿Me prestas 100 euros?

No.

¿Cómo que no? ¿No me has dicho que te lo pida?

¿Qué quieres, un recibo?

Todavía estoy enfadado contigo

desde que te liaste a tomatazos con el puesto.

Eso estuvo muy mal, muy feo.

Vale, ya sé que la cagué.

Joder, abuelo. ¿Qué? ¿No me lo vas a perdonar nunca?

Mira, no te voy a decir cómo tienes que vivir tu vida...

Ni te voy a aburrir con que yo lo pasé muy mal

y que tuve que luchar mucho para salir adelante.

No te va a valer para nada.

Pues mira, gracias por ahorrarme la turra.

Pero tampoco te voy a dar dinero.

Me da mucha pena verte perder el tiempo holgazaneando.

Oye, sé que lo de los tomatazos estuvo mal.

Lo sé, y lo siento, de verdad.

Pero recuerda que fui yo quien te avisó de lo que pasaba con Sandro.

Sí, me acuerdo.

Hiciste lo que tenías que hacer, ni más ni menos.

Espabila, German, que la vida se pasa volando.

¿Te importa que me siente un rato?

(SUSPIRANDO) Ay. Estoy molida.

Bueno, en realidad quería hablar contigo.

Mamá, por favor, vamos a dejar el maldito tema de ese bar.

Bueno, tampoco es que hayamos hablado mucho de ese tema.

Pero vamos, que no se trata de eso.

Pues tú dirás.

¿Por qué nos dejaste ayer plantados? ¿Eh?

¿Te parecía más importante salir con tu primo de marcha

que hablar con tus padres?

Yo qué sé. Pues porque empezamos con unas cañas

y nos acabamos liando.

¿Y por qué no me avisaste?

Ya, ya. Se me pasó, ¿vale?

Eh... mira, sé que no es el momento,

pero necesito hablar contigo.

Durante todos estos meses le he estado dando vueltas,

y no me quiero quedar con la duda.

Pues deja de darle vueltas y pregúntame.

¿Por qué te fuiste?

Como si no lo supieras.

Es que no lo sé, hija.

Vale que... no sé, no nos llevamos bien, pero...

Hay muchas familias en las que pasa eso

y los hijos no desaparecen sin más.

Bueno, yo no desaparecí sin más, dejé una nota.

No te burles, ¿eh? Esto es una cosa muy seria.

Durante meses no sabía nada de ti.

Pero ni media palabra.

Y no puede ser solamente porque... no sé, discutamos de vez en cuando.

¿Fue por lo que pasó?

¿El qué?

¿Porque te pegué?

¿Qué dices? ¿Cuándo me has pegado tú a mí?

Pero cariño, ¿no lo recuerdas?

Discutimos, hija, porque tú te querías ir de fin de semana

a un festival de esos...

Bueno, con los amigos mayores que te habías echado.

No me parecía bien... -Mamá.

¿Qué? -Tú no me pegaste a mí.

Fui yo quien te pegó.

No. Eso no fue así, cariño.

Pero ¿por qué te montas estas películas?

¡Mira, nos llevábamos como el culo,

no me dejabas en paz, estabas todo el día dándome la brasa,

nada de lo que hacía te parecía bien!

Y al final pues... pasó lo que tuvo que pasar.

No, pero... -¡Fui yo, mamá!

Tú sabrás por qué lo has borrado de tu cabeza, pero yo te pegué.

¡Las cosas fueron como fueron, no como tú te las imaginas!

Paolo.

El pinzamiento que tenías, ¿te sigue molestando?

Ahí va, mucho mejor. -¿Sí?

Sí. Y eso que Cristina no está ayudando mucho, ¿eh?

¿Y por qué?

No sé qué le pasa,

pero estos días está... fogosa. -¿Fogo...?

Muy fogosa, ¿"capisci"?

Lo hicimos en la floristería.

Y cuando llegamos a casa lo volvimos a hacer.

¡Qué barbaridad, hija! ¡Y qué envidia!

Lo malo es que cuando lo estaba haciendo con Paolo...

solo pensaba en Doménico.

Pero ¿tú estás loca?

Estaba como loca. -Sí.

Lo hicimos en la floristería, y luego, en casa, otra vez.

Con Cristina siempre ha ido bien el sexo, pero lo de ayer...

Dome, fue "incredibile".

Te lo juro que yo no podía más, pero no se lo podía decir.

Claro. -Así que estuve ahí, trabajando.

Trabajando. Trabajando.

No es por presumir, pero fue una larga jornada de trabajo.

Eh, amigo mío.

No sé si me entiendes.

Y claro, ahora me duele un poco la espalda.

Hey, Dome, que yo no quiero darte envidia

con mi felicidad conyugal.

No es por darte envidia, pero a ver,

¿nunca has pensado en otro hombre estando en la cama con Elías?

Pues... No sé.

Puede que sí. Lo que pasa es que claro,

mi vida sexual, como prácticamente es inexistente...

Pensaba en desconocidos, actores y gente de esa que no existe.

¡Pero es que Doménico existe,

y está aquí a tu lado, todos los días!

Pues sí, pero no lo puedo evitar.

Me atrae muchísimo. Y mira que es raro,

porque ni es guapo, ni es simpático, ni es cariñoso.

Hay que sacarle las palabras con sacacorchos. Igual que a Paolo.

Dome. ¿Tú que piensas?

¿Por qué Cristina está así estos días?

He pensado...

Mañana es su cumpleaños.

Igual... no sé, quiere celebrar la vida

antes de que sea demasiado tarde.

No lo sé, Paolo.

De verdad, ni siquiera sabía lo de su cumpleaños.

No me ha dicho nada.

No me extraña, porque hace años que no quiere decírselo a nadie.

¿Y por qué? -Desde que nació Andrea, exactamente.

Suele pasar. A las mujeres que son madres.

Sienten que están renunciando a parte de su vida.

¿Y tú cómo lo sabes?

Tengo fama de saber escuchar.

No, pero no creo que sea eso. -¿No?

No.

Pues no será eso, pero será la novedad, el misterio.

Pero dime una cosa, ¿tú qué sabes realmente de él?

Muy poco. Casi nada.

¿Ves? ¡Tú estás es bajo el influjo del hombre misterioso!

Que eso nos gusta a todas, ya lo sé. Pero es que luego rascas

y la mayoría de las veces no hay nada.

Uy, no, no, no. Yo no creo que sea el caso,¿eh?

Yo creo que su pasado es superinteresante.

A ver, Cristina, no te flipes, que tú tienes una vida alucinante.

Ya me gustaría a mí

tener un matrimonio tan completo como tú y Paolo.

Y un hijo tan bueno como Andrea, que encima no te da ningún disgusto.

Puede que ella necesite recuperar esa sensación de libertad,¿eh?

Es triste sentir que tu futuro ya está escrito,

y que nada de lo que ocurra te va a sorprender.

Paolo, es una buena pista

para acertar con su regalo de cumpleaños.

Hazme caso. -Ya, pero...

Dome, tú no conoces a Cristina.

No. Ella está feliz con lo que tiene. -Ah.

Sí, lo que ella quiere no es más libertad.

No, ella quiere un buen regalo

que la deje con la boca abierta y que demuestre cuánto yo la quiero.

Y más vale que lo tenga, porque si no...

Y si no ¿qué? Mira, Cristina, no hagas ninguna tontería.

Fíjate Trini, la que se ha fugado con Fermín.

Que se ha montado un dramón rural que no veas.

Mujer, que no. Que no va a pasar nada con Doménico.

Es que tiene una personalidad que me resulta muy curiosa.

Quiero saber quién es ese hombre.

Uy, "quien es ese hombre". Ya te estás poniendo estupenda.

Bueno, lo mismo después descubres que no te gusta.

¿Por qué no? Porque a mí...

A mí me da una sensación extraña ese tipo.

A mí no me gusta, ¿eh?

Es que yo creo que no es de fiar. Yo creo que esconde algo.

Eso es precisamente lo que me resulta tan interesante:

el peligro.

Bueno, pues tú ten cuidado. Por si acaso.

¡Hola!

¿Estás bien? Sí, sí.

Dime, ¿qué querías?

Eh... Pagarte las cuchillas de antes.

Ah, sí.

Y recordarte lo del dossier.

Tenemos que presentar la reforma, los presupuestos,

los puestos del mercado... Sí.

Cuando lo tengas dáselo a Rosa

para que lo incluya en el dossier general.

Muy bien.

Yo ya lo tengo. La verdad es que el mío es muy sencillito.

Ah, ¿sí? ¿Ya lo tienes? Sí.

Bueno pues si quieres me lo das y se lo doy yo a mi hermana.

No, no, ya se lo doy yo. Toma, aquí tienes.

Y... va justo.

Bien, tu vuelta.

¿A qué has venido, Elías?

A lo del... a lo del dossier, ya te lo he dicho.

Los dos sabemos que eso no es verdad.

En serio, no pierdas tu tiempo conmigo.

Lo que pasó fue un error, y ya te lo he dicho:

no suelo liarme con tíos casados, ¿vale?

Pero ¿por qué? ¿Tan mal estuvo?

Es que no se trata de eso.

Me halagas muchísimo, pero no insistas.

Ya lo entiendo. Tienes miedo a no poder resistirte.

Y lo entiendo porque suele pasar.

(SUSPIRA)

Hola, Jorge. ¿Qué hay? Hola.

Hola, Jorge. Si venías a hablar con Celia,

tranquilo, que yo ya me voy.

No, venía a hablar contigo.

Tengo el proyecto de reforma y el presupuesto.

Por eso venías, ¿no?

Sí, efectivamente. Venía por eso.

Está muy bien.

Por cierto, hoy he hablado con tu hijo.

Un chico muy listo. Sí.

Está interesadísimo en mi negocio.

Mucho más que mis empleados. Y muchísimo más que mi hijo.

Sí, es muy curioso, todo le interesa.

Sí, sí lo es. No sabía que quería ser frutero.

No, es que está haciendo preg...

(Móvil)

Perdón. Sí.

¿No coges la llamada? No.

No es urgente. ¿Qué decías de tu hijo?

Ah, no. Qué está haciendo muchas preguntas

porque tiene un trabajo en el colegio.

(SUSPIRA)

Parece que para la persona que llama si es importante.

Sí, sí, es que tenía una reunión dentro de cinco minutos

y se me había pasado por completo. Si me disculpáis, me tengo que ir.

Sí, claro. Hablamos luego.

¿Cómo van las cosas por casa?

Uf... Mi madre ya se ha rayado conmigo

porque no me presenté a comer. -Es que tú también...

No te costaba nada comer con ellos. Era el primer día.

Ya, tío. Pero paso de mis padres, en serio.

Además, que salí de fiesta con Germán y la cosa se lio.

Sí, ya me he enterado, ya.

¿Y qué vas a hacer al final? ¿Eh? ¿Te quedas?

Qué va. En un par de días me voy, esto me agobia mazo.

¿Y cómo te las vas a arreglar?

Porque supongo que sigues sin pasta. Y sin curro.

(NOA) No, para unos meses me da, no te rayes.

(CARMEN) ¡Vaya! Mira quién está aquí.

Ya me habían dicho que habías vuelto.

¿Cómo estás, guapa? -Ahí voy.

Lo que han sufrido tus padres.

Tus padres y todos, buscándote como locos. Yo incluida.

Pues no lo sabía.

Carmen, déjala en paz, que la estás agobiando.

Cuando somos jóvenes nos volvemos muy egoístas.

No pensamos en los padres.

Ya lo entenderás cuando seas madre. -Carmen...

¿Y tú qué haces aquí?

¿No tendrías que estar en el puesto? -Me quedan 15 minutos de descanso.

Pues puntual, ¿eh? Que hay faena.

No le hagas caso, ya sabes cómo es.

Siempre se tiene que meter en todo. Es una cotilla.

No, si ya sé que todo el mundo se debe pensar

que estoy orgullosa de lo que he hecho.

Pero para nada, ¿sabes?

¿Sabes que un día pegué a mi madre?

¿Le pegaste?

¿A tu madre? -Yo qué sé, tío.

Discutimos y se me fue la pinza.

Cada vez que me acuerdo te juro que me muero de pena.

Aunque no lo creas, yo quiero mucho a mi madre, ¿sabes?

Pues claro que te creo.

Cuando me dijiste que se cortó no me lo pensé dos veces.

Quería estar con ella.

Lo que pasa es que cuando estoy con ella no sé qué me pasa.

No la trato bien.

No soy capaz de decirle que la quiero. No sé, me cuesta.

La pobre se debe pensar que la odio.

¡Eh! No digas eso.

Noa, tu madre sabe que la quieres.

Eso las madres... lo notan.

(JESÚS) No sabía que conducías tan salvajemente.

Por poco echo la primera papilla. -Yo soy así, me gusta la velocidad.

Llevar las riendas de mi vida. -No, si ya.

Pero me gusta cómo eres, ¿eh?

En eso nos coincidimos tú y yo:

vivir la vida a tope, intensamente, sin miedo.

Pero claro, yo le piso menos al coche.

Yo no sé tú, pero yo lo he pasado genial.

La comida estaba riquísima.

Y hacía años que no conducía por la sierra. Ha sido una maravilla.

Pues habrá que repetir, ¿no? -Sí, claro.

Pero esta vez elijo yo el plan. -Ah, perfecto.

Pero no me lleves al parque a darle de comer a las palomas.

Y a bailar, menos.

Ay, ¿y qué tienes tú contra el baile?

Pues que es de viejos. -Ah.

A mí tampoco te creas que me gusta mucho el baile.

Por lo menos el baile clásico.

Yo lo que bailo es "salsa fusión".

¿Y eso qué es?

Ah, tendrás que esperar a la siguiente cita para averiguarlo.

Adiós, tú. -Pues anda que tú.

Hola, guapa. -Hasta luego.

Vaya, vaya, vaya.

Si no lo veo, no lo creo. -¿El qué?

¡El señor de la Cruz con una señora de su edad!

¡Tío!

Que no estamos juntos, ¿eh? Es solo mi amiga, ¿vale?

La he acompañado a un recado porque tenía miedo de ir sola.

¿Y qué más?

Venga, hasta luego, rompecorazones.

Adiós, abuelo.

Adiós, Noa.

Mamá, toma.

Ah, a ver. Trae.

Ay, está todo bien. Creía que estábamos en números rojos.

Ya te dije que me extrañaba. -Tu padre te busca

para ayudarle con el cuadro eléctrico.

Que se busque a otro, que yo ya estoy harto ya.

Bastante es sustituir a la gerente y cobrar la mitad.

Que cobro una mierda

y me como todos los marrones como para encima ayudar a mi padre.

-¿Qué te pasa? Como si fuera la primera vez.

Son cinco minutos. Y tú no sabes negarte.

¡Pues quizá lo haga ya para que no me tomen el pelo!

¿Qué te pasa? ¿Te duele el hombro?

¿Qué te pasa? ¿El golpe del otro día? -Que no es del golpe.

¡Que se aprovechan todos de mí!

¡Que sí que es por el golpe!

Se hace el fuerte, pero está lesionado.

¿Y tú qué te metes? -Tienes que ir al médico.

¡Tienes que ir al médico! -Que estoy bien.

¿Ves? -Ya, ya, ya, tú no te acerques

que es tu culpa por empujarle. -¡Lo hice sin querer!

¡Vale! ¡Puedo solo!

Vale.

La que has liado, guapa.

Como tenga algo verás.

Eh, ¿dónde vas?

Tan elegante solo se puede ir de fiesta.

¿Y esas zapas? Esas son nuevas, ¿verdad?

Eh...

Eso parece, sí.

¿Y cuánto te han costado? Porque eso mínimo son 200 euros.

Pues mira, por ahí le has dado, sí.

¿Y de dónde has sacado el dinero?

Pues lo que me sobraba del finiquito de la Pacheco

y el dinero que me diste por llevar la furgo a Soria.

Qué buen economista. Mucho te está durando, ¿no?

Porque la fiesta con Noa también la pagaste tú, ¿verdad?

¿Qué me estás haciendo, una auditoria, papá?

Que ya no eres mi jefe. No. Peor, soy tu padre.

Pues ahí le has dado. Tienes toda la razón, sí.

A ver si te queda una cosa clara, niño.

De momento tu dinero es mi dinero.

Me queda clarísimo. Lo que tú digas, papá. Siempre.

Ya estoy buscando, ya.

¿Este? -No. Ese no.

¿Este? -No, ese no era, no.

Era más sencillo. Le salía fuego por arriba.

¿Este de aquí? -Este no.

Eso es como una espada, y era más un puñal. Sigue.

¿Segura? -Sí, sigue. Sigue buscando.

Ese. Ese es. -No, tampoco, no. No.

Pero ¿por qué buscas ese tatuaje, mamá?

Si quieres, hazte un dragón, una flor.

No te hagas esta macarrada. -Tú cállate y sigue.

¡No hay nada más que mirar! Ya hemos mirado todo.

Es importante encontrarlo, así que sigue buscando.

¿Qué te pasa con el tatuaje? ¿Por qué buscas esto?

Te lo voy a contar. Pero no se lo puedes decir a nadie.

Es que le vi a Doménico un tatuaje en la espalda.

¿En qué momento le has visto la espalda?

Bueno, que eso es lo de menos. Quiero saber qué significa. Búscalo.

¿Qué más te da? ¡Qué cotilla!

¡Calla, un respeto a tu madre! Venga, sigue buscando.

Quizá se lo hizo cuando era joven en Italia.

Como una tradición napolitana o algo así.

Ah, pues no sé. Bueno, ¡búscalo! -A ver.

Corazón con puñal, tatuaje, Nápoles.

¿Este? -¡Ese!

¡Ese es! A ver, ¿qué significa?

A ver. Significado.

Significado. Signifi...

Eh... Mamá, esto es de la camorra italiana.

Esto es de la mafia napolitana.

¿O sea que Doménico es mafioso?

Hombre, no creo que sea mafioso. A lo mejor lo fue y ya se desapuntó.

Que no. El que es mafioso es mafioso para toda la vida,

de eso no te puedes borrar.

O sea que... No me imaginaba yo que Doménico fuera tan peligroso.

Mamá, ¿esto lo sabe papá? -Ni idea.

Pero no se le puede decir nada. Porque tu padre la lía.

Y esta gente es muy peligrosa, hay que tener mucho cuidado.

Nos tenemos que deshacer de él. -Habrá que llamar a la Policía.

¿Estás tonto? ¿No has visto las películas?

¡No pueden hacer nada! Tenemos que solucionarlo nosotros.

Pero me hago cargo yo.

Tú vete, que ya te avisaré yo cuando puedas volver,

que es muy peligroso. Venga. -(SUSPIRA)

Entra.

(Puerta abriéndose)

¡Hola! Ya estoy en casa.

¿Rosa?

Rosa.

¿Qué pasa?

Fue ella, Nacho.

Noa me pegó a mí, no era como yo lo recordaba.

Noa me pegó.

Me lo ha dicho esta mañana.

Lo siento, amor, lo siento muchísimo.

Yo te lo dije.

Pero ¿por qué no lo recordaba? ¿Qué me está pasando, Nacho?

¿Cómo he podido sacar esto de mi cabeza?

No te pasa nada. Demasiada presión.

Has sufrido tanto con Noa que...

Pero mira, lo importante es que por fin sabes quién es tu hija.

No te creí cuando me lo dijiste.

Y tenías razón.

Bueno, eso no importa ahora.

Necesitabas oírselo decir a ella. Ya está.

Has tenido que sufrir mucho, ¿no?

Es igual.

Lo que tenemos que intentar ahora es que todo esto no haya sido en vano.

Los dos hemos sufrido mucho.

Tenemos que intentar seguir adelante, sin reproches. ¿De acuerdo?

¡Lo siento, lo siento!

De verdad, lo siento mucho.

¡A partir de ahora te voy a hacer caso en todo!

Tenemos que ser fuertes y estar juntos en esto, Rosa.

Tenemos que apoyarnos el uno en el otro.

Ahora ya has visto cómo es Noa.

No puedes empeñarte en cambiarla. -Bueno...

¿Eh? Y tampoco retenerla.

Es mejor que se vaya.

Entenderse con ella es imposible, ya lo has visto.

Nos estamos haciendo daño, a nosotros y a ella.

Noa es como es.

Y no hay sitio para ella en nuestras vidas.

Es mejor que se vaya. -¡Ay, por favor!

Mamá, te está engañando. Y no es la primera vez.

¡Noa, basta!

¿Lo vas a negar? ¿Eh?

¿Niegas que tú y la tía sabíais dónde estaba y se lo habéis ocultado?

Hortuño.

Estás hablando con el nuevo presidente de la Asociación.

Es para Samu. Necesitamos que le ayudes.

¿Yo? -Pues igual tú puedes convencerle

para que vaya al médico.

Seguro que a ti te lo cuenta. Si nos llevamos bien,

pero no creo que me confiese que está cometiendo un delito.

Hermana, si de verdad ha tirado por ahí,

tenemos que hacer algo.

¡Que tu sobrino puede acabar en la cárcel, joder!

Si vas a tener una relación con mi madre,

vas a tener que dejar este tipo de... transacciones.

¿Qué relación? Me parece que te equivocas.

¿Me lo vas a negar?

Mira, te digo una cosa: si este bar no fuera de Elías

te echaba de aquí ahora a patadas.

Por favor. -¿Por favor?

Por favor, ¿qué por favor?

Esto ha sido un desliz y no se va a volver a repetir.

¿Y eso que tiene que ver con nada de nada?

Que bastante tengo yo ya con ver a Adela todos los días en el mercado

como para que ahora tú pases tiempo con mi hijo.

Así que te agradecería que te ahorraras estas aproximaciones.

Te llenaste de mierda hasta el cuello,

recuperaste tu ilusión, encontraste tu anillo.

Lo del médico no tiene que ver con esto.

Oye, ¿ha pasado algo con Elías? No.

No, bueno... Que no me cae muy bien.

¿No? No.

Creía que sí.

Me han dicho que el que pasa se parece a ti.

Uy, qué guapo.

Te estoy hablando en serio. ¡No te rías, no hagas bromas!

Vale, ¿de dónde has sacado eso? -¿Estás pasando o no estás pasando?

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Mercado Central - Capítulo 22

22 oct 2019

Nacho y Elías urden un plan para apartar a Rosa de la asociación de comerciantes.
Elías insiste en acercarse a Celia.
Carla se da cuenta de que Samuel tiene una lesión en el hombro y lo desvela a Carmen.
Noa cuenta a Rosa la verdad sobre la pelea que acabó provocando su marcha.
Cristina descubre que Doménico tiene un tatuaje un poco sospechoso.
A pesar de no recibir ningún tipo de paga, Germán llama la atención de su familia al llevar ropa cara nueva.
Valeria y Jesús se lo pasan bien juntos hasta que a Jesús le empiezan a entrar las dudas.

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