Mercado Central La 1

Mercado Central

Lunes a viernes a las 16.25 horas

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No recomendado para menores de 7 años Mercado Central - Capítulo 13 - ver ahora
Transcripción completa

No piensas ir, ¿verdad?

Pues sí, voy a ir.

Vamos a solucionar esto de una vez por todas.

Prefiero perder la pierna que usar ese bastón.

Así que, si lo quieres, te lo devuelvo.

-Ingrato. -O mejor,

¿cuánto te ha costado?

-Qué poquita clase tienes, Jesús.

¡Qué poquita!

¡Tiene Asperger, no puede ir a esos sitios!

¡Te lo dije esta mañana!

Lo siento mucho.

-Tú eres la que sabe lo que David puede hacer y no puede hacer.

Nosotros no teníamos ni idea.

-Le hemos llevado con la mejor intención.

Pues muchas gracias, pero no sabéis cuánto me va a costar calmarlo.

Ha sido buena idea lo del dos por uno, ¿eh?

Está lleno.

-A ver qué dice Paolo.

-A ver qué dice Paolo, no. Le va a encantar.

Es que eres un poquito vinagre, cariño, un poquito vinagre.

Asunción, buenas noches.

Sí, mira, quería...

Creo que tenemos que hablar de David.

No sé si tienes un hueco mañana para vernos.

Sí, a la hora que tú quieras.

Somos colegas, ¿no? Casi hermanos.

Mi "brother".

No discutiré contigo por una pava, que te quede claro.

Es la Policía.

Buscan a Germán.

Sí.

Sí, les he llamado yo.

¿Sabes qué pasa?

Que soy mayor de edad

y no podéis retenerme contra mi voluntad.

Toma.

Nada,

ni un mensaje para decir que está bien.

¿En serio?

¿De verdad?

¿Tú creías que nuestro hijo nos iba a llamar por teléfono?

¿Ese que es capaz de llamar a la Policía

porque lo dejo encerrado en casa? Hombre.

Te digo una cosa, el niño se nos ha ido de las manos.

Bueno, es una etapa

Una etapa que le dura ya 22 años.

Pero vamos, este no sabe quién es su padre.

Sí, sí que lo sabe, y tanto que lo sabe.

Precisamente por eso te reta. Porque quiere ser como tú.

Ahora, la culpa de que haga siempre lo que quiere va a ser mía.

Sí. Como el padre, y el abuelo. De tal palo, tal astilla.

Y a ti y a tu padre ya os doy por perdidos.

Pero con él vas a tener que hablar muy en serio

y decirle que, si no va a dormir en casa,

que llame para avisar.

A mí que no venga a dormir a casa me parece hasta normal con 22 años.

Lo que me parece grave es

que se gaste en juergas el dinero de los estudios.

Y por ahí sí que no paso.

Bueno, pero intenta tener un poco de mano izquierda,

te lo pido por favor.

Y piensa cosas más sutiles que dejarlo encerrado en casa.

No te preocupes, que ya me encargo yo.

Sí, eso dijiste la semana pasada, y mira por dónde va la cosa.

Bueno, dame un par de días y lo soluciono del todo.

A no ser que quieras encargarte tú.

Ah, no,

que tú prefieres no mancharte las manos, ¿no?

Exacto.

Es que a ti se te da muy bien el papel de malo de película.

Hombre, es que... los malos somos mucho más interesantes.

Tengo otra buena noticia.

Ah, ¿sí? ¿Cuál?

Voy a llamar a la psicóloga.

Te quiero.

Pero te dejo. ¿Eh?

Que me voy al mercado.

Ah.

Y llama.

(Sintonía de "Mercado Central")

# Se apagó

# una luz de la ciudad

# y una sombra en sus viejos pasillos

# de colores,

# que no brillarán más.

# Ven, sígueme

# a aquel lugar,

# sabor a sal

# y azafrán,

# aromas de un tiempo atrás.

# Y se encendió

# una luz de la ciudad

# en la plaza # donde regateamos con un beso

# volver a comenzar.

# Juntos tú y yo,

# jugando a recordar

# que somos cada uno un color,

# sabor a son

# de aquel Mercado Central... #

¿Y Adela? ¿Ya está en el puesto?

Hombre, son más de las 9:30, papá. ¿Cómo está el pie?

Casi curado. Si no ha sido nada.

A ver, déjame ver, anda.

¿Eres tú traumatólogo, o qué?

Papá, no me toques las narices, que es muy temprano incluso para ti.

Déjame ver el pie, por favor. Déjame, déjame.

Déjame ver el pie. ¿Queda café normal?

¡Estate quieto!

¿O es el aguachirri ese que tomas tú siempre?

¿Tú has visto cómo tienes eso? ¿Eh? ¿Qué?

Que parece un morcón ibérico. Sois una panda de exagerados.

¿Dónde está el bastón?

¡Yo qué sé dónde está! En la cocina creo que lo he dejado.

A partir de ahora, usas el bastón. Déjate de bastoncitos.

No entiendo cómo puedes apoyar ese pie en el suelo.

Bua, pues no me he hecho yo torceduras de tobillo

en las excursiones a Sepúlveda. Si no es nada.

No puedes seguir apoyando el peso de tu cuerpo sobre ese pie.

Que se te va a poner peor. Toma.

Peor me vas a poner tú si no me dejas en paz.

¡Pues no te voy a dejar en paz hasta que entres en razón! Cógelo.

¡Que me dejes! ¡Que cojas el bastón!

¿Sabes que hago yo con el bastoncito?

¿Sabes lo que hago yo con el dichoso bastoncito?

Y ahora, déjame desayunar en paz.

Papá,

tú sabrás lo que haces, ¿eh?

Pero no vengas quejándote como eso se ponga serio.

¿Cuándo me has oído quejarme a mí de nada?

Darle la espalda a los problemas no va a hacer que desaparezcan.

Precisamente estoy haciendo lo contrario.

Estoy enfrentándome con determinación y sin ayudas absurdas.

Es que pedir ayuda no es absurdo.

¿Sí?

Bueno, empiezas llevando una muleta para el pie

y, cuando te tas cuenta, llevas una para la vida.

A veces, la vida

nos pone pruebas mucho más difíciles

que un simple tobillo hinchado

y entonces no hay nada de malo en pedir ayuda.

¿Seguimos hablando de mi pie?

Solo digo que no te tiene por qué dar vergüenza pedir ayuda

a profesionales que saben más de esto que nosotros.

¿Te refieres a Germán?

Exacto, efectivamente, a Germán me refiero.

Eso es. Es un buen ejemplo.

Una terapia conductual creo que le vendría muy bien.

No digas tonterías.

Los psicólogos no valen para nada, Elías.

Bueno, sí, para sacarte los cuartos como una sanguijuela.

Un hueso roto te lo puede curar un médico,

pero la cabeza...

La cabeza te la tienes que centrar tú mismo,

y no alguien que no te conozca de nada.

A lo mejor por eso, porque no te conoce de nada,

pues te puede ayudar. No me vengas con historias, Elías.

Ir al psicólogo es de cobardes.

Lo cobarde es no enfrentarte a tus problemas.

No, ahí estás equivocado.

Lo cobarde es dejar que el problema te lo solucione otro.

No hay nada de valiente en eso.

La oferta de dos por uno era solo para las pizzas, ¿verdad?

-Exacto.

-Las bebidas las cobrasteis como siempre.

-Sí, sí.

-Ah, y aquí veo

que cuando terminasteis el "guanciale",

echasteis jamón dulce del súper.

-Sí, fue idea mía.

Ya sé que no es la receta original, pero...

-Era eso... o quitarlas de la carta.

-Es que había muchísima demanda. -Ya, ya.

-Sí. -Ya veo.

"Allora",

lo primero que os tengo que decir es

que nunca habría pensado que haríais algo así sin consultarme.

-Bueno, improvisamos. -Lorena, por favor.

-Perdón, perdón. -Que aún no he terminado.

Habríais podido llamar a Cristina o a mí,

pero decidisteis tomar la iniciativa.

-Tienes razón, Paolo.

Deberíamos haberte llamado. Lo siento.

-No hay nada que sentir.

¡Porque fue una idea brillante!

(HABLA EN ITALIANO)

-No, ¿lo dices de verdad? -Es cierto.

Los números son maravillosos.

Vuestra idea ha salvado la noche.

Hacía tiempo que no hacíamos una caja así, ¿verdad, Cristina?

-¡Oh, qué alegría!

Pensé que me iba de aquí con una bronca y sin cobrar.

-De eso nada, al contrario. Ahora te doy lo tuyo.

-Bueno, al final, somos un equipo, ¿eh?

-La idea fue tuya.

-Bueno, yo puse el cerebro; pero tú, las manos.

Esas masas no se amasan solas.

-No tienen mucho secreto. -No seas modesto.

Yo creo que tú eres un chico que guarda muchos secretos.

Y no tienen que ver con la pizza. -Eso es verdad.

También se amasar calzone.

-¿Y nada más?

-Soy un hombre de capacidades limitadas, Lorena.

-Permíteme que lo dude.

-Aquí tienes lo tuyo.

-Muchísimas gracias.

Bueno, pues si me necesitáis, ya sabéis donde estoy.

-"Grazie mille". -"Ciao".

-Seguro que repetiremos. -¡"Ciao", Lorena!

-"Ciao". -Vale.

Voy a hacer la pasta. -Perfecto.

¿Qué pasa, Cristi?

Pues tendrías que haber visto la cara de mi padre y de mi madre

cuando la Policía llamó a la puerta.

Fue maravillosa.

Si lo sé, grabo un stories, te lo juro.

Solo por eso ya valió la pena salir.

Porque la noche...,

a ver, no fue un fracaso,

pero tampoco fue memorable.

Como no tenía pasta, acabé de chill en casa de unos guiris eslovacos,

o eslovenos, o yo qué sé. Da igual, no me acuerdo.

Un peñazo, un peñazo.

Pero prefiero eso antes que darles la satisfacción de volver temprano.

-Pásame el cuchillo grande, anda.

-Seguro que hoy me meten una bronca,

pero bueno, me la suda.

Esta noche, volvemos de fiesta y tú te vienes conmigo.

Estamos en lista en una fiesta nueva en Tirso.

-Mira, tío, paso, ¿vale? -Ay, Jonathan, no seas muermo, tío.

-No, lo que soy es responsable.

-¿Responsable?

Ni que fuera la primera noche que salimos de fiesta entre semana.

De "tranquis", salimos de "tranquis", a las tres estamos en cama.

-¿Y qué? ¿Dormir, qué?

¿Dormimos tres o cuatro horas y venimos a trabajar borrachos?

¡Venga, viva la Pepa! -Que si yo puedo, tú también.

-Sí, como ayer, ¿no?

-Ayer, ¿ayer, qué? -¿Cómo que ayer qué?

No te podías levantar del resacón y fingiste estar enfermo.

¿A que no sabes quién tuvo que hacer tu trabajo?

¿No lo sabes? ¡Yo!

-Hoy por ti y mañana por mí. Esto funciona así.

-¡No me jodas! No hay "mañana por mí".

Tú aquí puedes hacer lo que te dé la gana, yo no.

-No, eso no es verdad. -¿Que no es verdad?

Puedes estar parado, llegar tarde, no venir a trabajar,

que la Pacheca no te dirá nada con tal de joder a tu padre.

Ni te va a echar ni nada.

Yo no puedo hacer lo mismo, así que no me toques los cojones.

Lo que te has perdido. -¿De qué?

-Con Lorena. Intentando tirarle la caña a Doménico.

Oye, pero Doménico como si nada.

-¿Qué pasa?

-A ver, ¿no te extraña?

Lorena no es precisamente fea

y además, ha ido directa, ¿eh?

Pero él, como si oye llover.

-No estará interesado.

-¿En Lorena o en las mujeres en general?

-Pero ¿qué dices?

-No lo sé. A mí me lo puedes decir.

Porque Doménico es gay, ¿no?

-Pero ¿qué te inventas?

-Que no pasaría nada si lo fuera.

-Por supuesto que no pasaría nada, pero no es el caso.

A Doménico le encantan las mujeres como al que más.

Yo, de hecho, bueno, le he visto más que un ligue.

Y "tutto donne molto belle".

Hace dos años, estaba enamoradísimo de una mujer que le robó el corazón.

-Pues nunca lo habría dicho.

-Doménico es un hombre discreto, nada más.

-Paolo. -Sí.

-La pasta ya está. -Ah, perfecto.

Que no, que no.

¡Albino, te estábamos buscando! -No me puedo entretener.

Tengo que entregar esto. -Pero espérate un momento.

-Una colega ha empezado a trabajar en un escape room,

y me ha dado invitaciones para los tres.

-Son para hoy. Ya hemos cuadrado para ir.

-¿Y a qué hora? -Después de comer, hasta las cinco.

-Imposible. Debo estar en el puesto. -Jonathan, no me jodas.

¡Llevo años deseando ir a un escape room!

Y me han dicho que este es enorme y está curradísimo.

¡Y lo mejor de todo, que es gratis! -Pues id vosotros.

-No, no. O vamos todos o no va ninguno.

-¿Y os vais a quedar sin ir por mi culpa, o qué?

-Ninguno se va a quedar sin ir. -Joder.

Ojalá pudiera cambiar el horario. -Tú déjame a mí.

-¿Qué vas a hacer? -Llamar a mi madre.

-Samu, no, que no quiero movidas. -¡Calla, calla!

-Verás.

-Mamá, oye una cosa.

Que sí, todo bien.

Escucha, ¿tú puedes darle dos horas esta tarde a Jonathan?

Es que me han invitado a una escape room

y solo no puedo ir.

¿Qué más te da? A esas horas no hay nadie en la carnicería.

Además, te quejarás de las horas que echa.

Ayer suplió a Germán y sin rechistar.

Ah, claro, muy bien. ¿Y si esto te lo pide Germán?

Sí, pues lo que te digo,

que si esto te lo pide Germán, no le dices ni mu.

El primer día, le diste el sábado libre.

¿Y por eso se tiene que quedar tu hijo

sin disfrutar de una escape room, con las ganas que tiene?

Vale, mamá, muchas gracias. Yo se lo digo.

A las cuatro y media está ahí.

Te quiero.

-¿Lo has conseguido?

-¡No hay nada como conocer a una madre, chaval!

(VITOREAN Y RÍEN)

Venga, dejar de recoger, Jorge, que a lo mejor viene más gente.

Ha pasado media hora, Rosa,

y los tres que se dignaron a venir se han ido.

-¿No decías que te confirmaron más de 15?

Pues a la hora de la verdad, ya ves. Es que no lo entiendo.

A los comerciantes de afuera les interesa tanto como a nosotros

una reforma en el mercado. Eso iba a decir en la asamblea.

Si atraemos cliente al mercado, ellos también se verán beneficiados.

Vienes a comprar pescado, pasas por la tienda de menaje

y te llevas un mantel. Lo que se ha hecho toda la vida.

-Y luego, se quejan porque bajan las ventas,

porque los vecinos no compran en las tiendas del barrio,

pero es que no hacen nada.

-Lo que no quieren es rascarse el bolsillo, Rosa.

Así de sencillo. -Eso es verdad, ¿eh?

Una cosa es apoyarnos de boquilla y otra cosa, poner dinero.

Pero, claro, ¿cómo van a invertir en reformar

unos puestos que ni siquiera son suyos?

Lo importante no son los puestos,

es la actividad comercial del barrio.

Si no hacemos nada, cerrarán el Central,

y luego, les tocará a ellos.

Al final, acabaremos todos comprando por Internet.

-Hoy no ha podido ser,

pero seguro que acabaréis convenciéndoles.

-Pues yo no sé cómo.

Sin ellos, ¿de dónde sacamos financiación?

El dinero no lo es todo.

¿Y me puedes explicar entonces cómo vamos a renovar, Jorge?

No lo sé, pero hay cambios que no requieren de dinero;

un poco de imaginación y la colaboración de todos.

-Entonces sí que lo llevas crudo. -¡Ay, Nicolás!

-No digo nada que no sea cierto.

En este mercado, es más difícil ponernos a todos de acuerdo

que levantar un millón de euros. Por mí no va a quedar.

Voy a dejarme la piel para sacar el mercado adelante.

-Claro que sí, Jorge. Esa es la actitud.

Y puedes contar con mi ayuda para lo que sea

y con la de la Asociación de Comerciantes.

Te lo agradezco.

Esta batalla la vamos a ganar, ¿me oís?

La vamos a ganar. Te dejo esto en la barra.

Sí, claro. El cuchillito.

Gracias.

-No crees que lo vaya a conseguir, ¿verdad?

-La verdad es que no.

Nico, échame una manita, ¿eh? Claro.

¿Me llevas esto al puesto?

¿Qué pasa con Lorena?

-¿Con Lorena? "Niente".

-Pero si te tiró la caña delante de todos.

-No me he fijado.

-¡Si hasta Cristina se ha dado cuenta!

¿Eh? Te hacías el interesante, ¿no?

-Te digo que no.

-Eh, Doménico.

"Non mi prendere in giro".

Lorena se está ofreciendo en una bandeja,

¿y tú la vas a rechazar?

-Paolo, Lorena es una mujer muy bella.

Decidida, con carácter,

divertida, incluso explosiva.

-¿Y qué más se puede pedir?

-Que me guste.

Todas esas virtudes podrían seducir a cualquier hombre,

pero no a mí.

-Claro..., porque tú estás hecho de granito, ¿no?

(HABLAN EN ITALIANO)

-Es que prefiero a mujeres más discretas,

"per così dire".

Y creo que Lorena no lo es.

-Si tú lo dices.

Pero para mí, Lorena es

una mujer de bandera.

-Paolo, te estaba buscando.

¿Tienes cambio de dos de cincuenta?

Hoy parece que los cajeros los regalen.

-Creo que sí.

-¿Estabais hablando de mi hermana? -Eh...

-Eh... sí. Sí. Sí.

Con Doménico

estábamos comentando qué bien que lo hizo ayer, ¿no?

-Sí. -¿Hacer qué?

-La mejor caja del mes.

Sí, porque los dejé a cargo de la pizzería

a ella y Doménico

y los dos se inventaron un dos por uno que fue un éxito.

De hecho, se llevó a media clase de baile

y, no te digo, se los puso a todos en el bolsillo.

-Y su dinero también. -También, claro.

Es que tu hermana tiene mucho don de gentes, ¿sabes?

¿Verdad, Doménico?

-Parece que haya nacido para estar detrás de una barra.

-Sí, sí. -Es una...

-Mujer... -"Naturale".

-Sí, "naturale".

-Fue muy agradable y fácil trabajar con ella.

-¡Vaya! -Mira, aquí tienes.

-Gracias, Paolo.

"Ciao". -"Ciao".

Bonita faja.

Dos más como esa y puedes forrar un sofá.

¿Te puedes creer que tengo cinco?

¿Cinco cajas como esta abajo en el almacén?

No sé dónde tenía la cabeza Serafina.

Si esto no tiene salida.

¿Has pensado en ponerlas de oferta?

Mira, ni regaladas las quiere nadie.

¿Tú has visto esto?

Ya; complicado.

Oye, ¿tienes alguna noticia de la subvención?

Sí, he llamado esta mañana

y me han dicho que lo están mirando con buenos ojos

y que probablemente me la concedan.

Bueno, esto está genial. ¡Enhorabuena!

Ya, lo que pasa es que una cosa es que me la concedan

y otra, que me ingresen el dinero. Pueden pasar meses.

Ya, bendita burocracia.

Es que es tediosa, Jorge, de verdad.

Depende de las partidas públicas que hay que justificar.

Y mira, yo ya ni llamo porque, de verdad, me desespero.

Y sinceramente, yo ya no puedo estar sin mandar a David a su colegio,

¿Y mientras no podría estudiar en casa?

El tema no son los estudios. El tema es la rutina.

Él necesita la disciplina de los horarios,

el seguimiento de la tutora, los deberes.

Y en casa se aburre mucho y se desespera.

Yo ya no puedo más, de verdad.

Me supera todo esto.

No, a ver.

Seguro que encuentras la manera de gestionar todo.

Tú puedes con esto y con más. No lo sé.

Estoy empezando a fallar en cosas básicas con él.

Mira, el otro día se fue a un concierto.

¡A un concierto, Jorge! Y no me dijo nada.

Pues bueno, fue un desastre, claro.

Un desastre; y encima, ahora no me habla.

Se le pasará, Celia, es un chaval.

No lo sé. Como las cosas sigan así...

¿Y qué vas a hacer?

Está claro que no puedo hacerme cargo de él.

Mira que me jode darle la razón a mi suegra, ¿eh?

Supongo que lo mejor es que vayamos con ella, otra vez.

Además, David me lo ha pedido varias veces.

¿Estás hablando de volver a vivir con tu suegra?

Sí. Creo que es lo mejor para todos.

Y no sé yo si el mercado...

No sé, igual hay otra manera de gestionarlo.

Habrá otra solución, digo yo. No creo.

Celia...,

mira, si es por la subvención,

hasta que te llegue, yo podría adelantarte algo de dinero.

No, no, no, no. De ninguna manera.

A mí no me costaría trabajo, tengo unos ahorros.

Te lo agradezco mucho, Jorge, pero no.

Al menos deja que te dé una parte. ¡Basta ya!

Perdona.

No, no. Lo siento.

Mira, la decisión ya está tomada.

Hablaré con mi suegra y me organizaré.

Perdona, voy a tomar el aire.

Pincho de tortilla y café con leche.

Míralo, ¿eh? ¡Qué cabezota es, por favor!

¡Pero, papá, por Dios!

¿Qué haces que no estás descansando?

¿Y tu bastón? -¡Y dale con el bastón!

¡Me tenéis todos hasta los huevos con el dichoso bastón!

-Oye, que si te vas a poner a gritar, mejor te vas para a casa.

-Perdona, no era mi intención.

Es que estoy harto de que me tratéis como si fuera un viejo.

-No, solo pareces un viejo cuando te pones cascarrabias.

-Mentira. He sido cascarrabias toda mi vida.

-Eso es verdad. -Anda, ponme cerveza.

Hola, Benita.

Tengo los pepinos que me pediste, grandes, en la tienda.

Pásate cuando quieras.

Oye...,

¿esta no era Benita? -¿Quién?

-¡Esa! -Papá, no es Benita.

-Ah.

-Anda que... Toma, tu cervecita.

-Bueno...,

¿y tú qué tal?

-Bueno...,

Nacho y yo hemos decidido ir a terapia.

-Pero ¿qué os pasa a todos con los loqueros últimamente?

-Psicólogos, papá, psicólogos.

-Tu hermano, lo mismo con Germán.

Que quiere llevarlo a ver si lo arreglan,

como si fuese una batería estropeada.

-Bueno, yo creo que lo mío es un poco más complicado.

Es que vivo todo el día angustiada. A la mínima pierdo los papeles.

Mira, el otro día,

le pegué unos gritos a Jonathan por una...

Bueno..., yo no puedo seguir así.

-Son ganas de perder el tiempo y el dinero.

Pero si tú crees que a ti te hace bien...

-Eso espero.

Además, Nacho me va a acompañar durante todo el proceso.

Está siendo muy comprensivo conmigo. -Me alegro, hija.

-Oye, papá,

¿tú por qué crees que lo hizo?

-¿El qué?

-Noa. ¿Por qué crees que se marchó? Nunca me has dicho lo que pensabas.

-Porque mi opinión no tiene la menor importancia.

-¿Cómo que no? Para mí, sí.

-¿Tú sabes cuál es el pecado original de la familia?

-¿El orgullo?

-Exacto.

-Y yo el primero, y tú también, y tus hermanos.

Mira Lorena.

Tu hija no iba a ser menos.

A Noa le pasó lo que a Germán.

Le llegó la edad de rebelarse contra sus padres

y os hizo la vida imposible.

Por orgullo se enfrentó con vosotros,

por orgullo se fue...

y por orgullo no se atreve a volver.

-Eso no me da muchas esperanzas.

Lo único que tienes que hacer es tener paciencia.

Tarde o temprano, Noa se dará cuenta y todo volverá a la normalidad.

¡Joder! Tiene bemoles la cosa, ¿eh?

Todo el día con el móvil y ahora, no me coge.

¿Dónde se habrá metido este hombre?

A ver, Elías, cógemelo.

(Móvil)

Cuatro llamadas perdidas, de verdad, ¿en serio?

¿Cuatro llamadas perdidas?

¿Y por qué no me lo coges? ¿Y si es algo grave?

Si es algo grave, me dejas un mensaje en el buzón.

Tú quieres saber si he llamado a la psicóloga.

Bueno, sí, pero es normal, ¿no?

¿Y?

Sí, la he llamado. Vengo de allí.

¿Y tanto te costaba llamarme al salir?

Bueno, ¿cómo ha ido la cosa, eh?

Ha sido un desastre, ¿verdad?

No, no ha sido un desastre.

Ha sido...

raro.

Vamos a sentarnos y me cuentas con calma.

Sí.

O sea, yo ya sabía que no iba a ser fácil

hablar de mis sentimientos con una desconocida, lo sabía.

Pero ¡jolín!

Bueno, cuéntame.

Pues...

primero hemos empezado a hacer unos ejercicios.

¿Qué ejercicios?

¡Estas cosas que hace esta gente!

"Respira, cierra los ojos,

vacía la mente", que ahí he dicho: "Esto es un error".

Pero ¿por qué?

Porque me pedía cosas muy raras, Adela.

Decía: "Cuéntame cómo te sientes".

Pero no en general, sino con detalle.

Que le contara cuáles eran mis sentimientos.

Pero es que eso es normal.

Si tienes que hablar de lo que te pasa por dentro,

tendrás que identificarlo.

Pues lo único que me pasaba por dentro era

que quería salir corriendo. ¿Y se lo has dicho?

¿Cómo le voy a decir eso? ¡Pues empezamos bien!

Si vas a la terapeuta y no eres sincero...

Que no le he mentido.

Le he contado cuál es mi problema y lo que me preocupa, de verdad.

Entonces me lo ha soltado. ¿El qué?

Pues va y me dice que localice lo que me angustia

y le diga en qué parte del cuerpo está.

Pero una parte concreta.

¿A ver dónde hay una parte concreta donde esté una emoción?

Las emociones no están... O sea, están fluyendo, ¿no?

Sí. Pero yo a veces siento cómo se me cierra el estómago.

Supongo que se refería a eso. Es que no tiene nada que ver.

Esto no es un dolor de muela que sabes que está...

Yo no sabía qué decirle. Ya.

Pero entonces, ¿habéis hablado del tema?

Y de Germán.

Pero ¿qué tiene que ver con esto?

Pues, según la terapeuta...,

es muy probable que el estrés que me provoca

nuestros constantes enfrentamientos

esté actuando como detonante.

A ver, Elías, a ver si lo he entendido.

¿Ahora tu hijo tiene la culpa de que a ti no se te levante?

¡Pero tú, baja la voz, coño! Se va a enterar el mercado entero.

Hablando con la terapeuta,

la única fuente de estrés que hemos identificado ha sido esa.

Es que eso no tiene sentido.

Ya teníamos ese problema antes de que él dejara los estudios.

No lo sé, hija, probablemente yo estaba preocupado desde antes

y no lo sabía.

La única fuente que encontramos fue esa.

Hemos estado hablando mucho de nuestra relación

y, hablando, me he dado cuenta de una cosa.

¿Qué?

Desde que Germán salió del armario,

yo lo estoy pasando regular.

Estoy muy preocupado por su futuro, por si le hacen daño.

Pues fíjate...,

lo mismo has ido a terapia a arreglar una cosa

y puede ser que acabes arreglando otra.

Bueno, vamos con calma, que en esto no se puede tener prisa.

Lo que sí, de...

de nuestro asunto... Sí.

Me ha dado unos consejos y unos ejercicios

que tenemos que poner en práctica cuanto antes.

¿Y qué consejos te ha dado?

Ven.

¿Qué?

Te lo cuento esta noche.

Qué tonto eres.

(Móvil)

¿Sí? Sí, sí, sí.

No, no, no. Ahora no puedo hablar.

Sí.

Por la noche mejor, sí.

Venga.

-¿Quién era? ¿Una chica nueva?

-No, qué va. Era...

nadie que te importe.

Sigue limpiando, anda.

-¿Se puede saber qué es eso?

-Eh...

¿Un turnedó? -¿Un turnedó? ¿Seguro?

-Sí. -Pues no huele como un turnedó.

Huele como un trozo de carne podrida.

¡Como las dos cajas que te dejaste fuera de la cámara!

-Eso no puede ser. Si yo mismo metí toda la mercancía.

-¿Pues entonces? ¿Tú en qué estás pensado?

¿Sabes lo que cuesta un turnedó?

¡Que está cortado de los mejores solomillos!

-Lo siento, pero de verdad que metí la mercancía.

-Más lo sentirás cuando te lo quite del sueldo.

-¡Eso no es justo!

-Y olvídate de irte a la escape room esa.

-¡Pero si me dejo la piel en el puesto,

no me puedes decir esto! ¡Un error lo tiene cualquiera!

-Un error. ¡Pues así aprendes a no tener otro!

Y da gracias, ¿eh?

¡Da gracias que no te pongo de patitas a la calle!

-Carmen, si tienes que echar a alguien, es a mí.

Él no tiene la culpa de que la carne se echase a perder.

Ha sido por mi culpa. -Germán...

-No hace falta que me defiendas.

No voy a dejar que cargues con algo que no has hecho.

-¿Es eso verdad, Jonathan?

-Puedes descontar los turnedós de mi sueldo

y luego, me quedo a cubrir sus horas libres.

Y las que hagan falta.

-Que no van a ser pocas, ya te lo digo.

¿Te han dejado al cargo del puesto?

Mi madre fue a tirar unas cajas, pero ahora vuelve.

Qué suerte tiene tu madre de tener un ayudante.

Yo no hago nada.

Bueno, vigilas la mercancía.

Esta mercancía no interesa a nadie.

Dudo mucho que nadie quiera robarla.

De hecho, en este mercado, la probabilidad sería de un 12%.

Ya.

Pues fíjate que a mí me vendría bien tener un ayudante.

Tengo tantas cosas a la venta

que solo ordenándolas me paso todo el día.

Ordenar es fácil.

No te creas, ¿eh?

Igual unas medias en un mostrador, puede,

pero el vino es un poco más complejo.

¿Quieres ver cómo lo hago?

Es que mi madre ha dicho que no me mueva del puesto.

Vamos a estar ahí enfrente, no te preocupes.

Desde ahí vigilas la droguería.

Y será divertido, vente.

Hasta luego, Lucas.

Mango,

maracuyá, pitahaya... ¿En qué idioma me hablas?

Las frutas. He hecho una selección

con las frutas más exóticas de mi puesto.

¿Y a santo de qué?

Para compensarte por el numerito que montó Elías.

Anda ya, mujer, que no hacía falta. Además, no sé ni cómo se comen.

Acéptalo, mujer.

Vale, muchas gracias.

Pero que sepas que no eres tú la que te tienes que disculpar.

Uy, no le pidas tanto a Elías.

Él es más cerrado de lo que parece.

Y no habla con cualquiera de sus problemas, y menos de esos.

Imagínate lo humillado que se tuvo que sentir.

Espero que se diese cuenta y le ponga solución al problema.

Pues parece que sí.

Hoy mismo ha ido a la terapeuta.

No te preocupes, no le dije que me diste el número,

no quería comprometerte.

El caso es que ha vuelto... entusiasmado.

Deberías haber visto hace un rato lo contento y cariñoso que estaba.

Creí que me habían cambiado al marido.

¿Con una sola sesión?

Yo sabía que era buena, pero tanto... Pues mira.

-Adela, aquí estás. Toma, me han dado esto para ti.

Uy, ¿y esto qué es? Me lo ha dejado el cartero.

Bueno, gracias. ¿No habréis echado nada en falta

en vuestros puestos estos días? -Yo no.

Yo tampoco. ¿Por qué lo preguntas? Nos hemos dado cuenta

de que, algunas noches, unos chavales se cuelan en el mercado.

¿Y desde cuándo? Pues no lo sé,

pero debe hacer ya tiempo.

¿No os habéis fijado que cada vez hay más grafitis?

-¿Y por dónde entran? -No lo sé.

Porque las cámaras de seguridad no lo cubren todo,

pero yo creo que se están colando

por un agujero del techo por encima de la pollería.

La fachada principal es muy fácil de escalar por ahí.

Pero ¿qué vais a hacer?

A mí no me hace gracia que ronden por aquí de noche.

-Cualquier día nos encontramos con una desgracia.

¿Llamasteis a la Policía? Sí, claro,

pero dicen que poco pueden hacer.

No están haciendo nada más que pintarrajear alguna persiana

y quedarse de botellón.

Bueno, hasta que pase algo peor.

Alguna noche me quedaré después de cerrar,

a ver si los pillo. -¿Tú crees que es seguro?

Alguien tiene que hacer algo, ¿no? Pero ve con cuidado

y no te hagas el valiente. No te preocupes.

Si notáis algo raro, me lo decís. De acuerdo.

Y ahora, me voy, que tengo un lío yo encima que...

-Muchas gracias, Nicolás. -Nada, hasta luego.

Solo nos faltaba tener delincuentes aquí en el mercado.

Esperemos que no vaya a más.

¿Eso qué es? ¿De un admirador?

A ver.

No, es... es de Elías.

A ver, ábrelo.

A ver.

¡Ay!

¡Qué preciosidad!

(LEE) "Póntelo esta noche para cenar.

Será lo último que te quite".

Y me cita en un restaurante de lujo para cenar.

¡Uy! ¡Qué maravilla!

Pues si esto lo ha conseguido la terapeuta con la primera sesión,

no sé si voy a poder esperar a la segunda.

¡Mira!

Preciosa, vamos.

Lo primero que tienesque saber sobre los vinos es

que se dividen en tres grandes secciones:

tintos, blancos y rosados.

Bueno, están también los cavas y los espumosos,

pero esos los vemos otro día.

Y además, los tengo separados por la edad.

¿El vino tiene edad?

Sí, claro.

Dependiendo del tiempo que haya pasado en la barrica,

pueden ser: o gran reserva, si ha pasado mucho tiempo,

o un vino joven, si ha pasado menos.

Y luego están las denominaciones de origen:

Ribera, Rioja, Penedès...

Esto es un blanco joven, ¿dónde iría?

Fácil. ¡Muy bien!

¿Sigues con el resto?

(Móvil)

¿Sí?

Sí, sí, vale. No, no, voy enseguida. Gracias.

Seguimos en otro momento. Debo ir fuera a resolver un tema...

Puedo hacerlo solo.

¿Estás seguro?

Tinto, 2014.

Vale.

Perfecto.

David me está ayudando a ordenar los vinos, ¿no te importa?

No, no. Así está entretenido.

Gracias. Nada.

Muchas gracias.

Pues como te decía,

Paolo está encantado contigo.

Es que dice que le has revolucionado la pizzería.

-Ya, es un exagerado.

-Que no, tú siempre has tenido visión comercial.

Estás hecha para los negocios. -¿Yo?

-Desde que eras pequeña, por favor. -Qué va.

-Pero ¿no te acuerdas del bazar? -¿Qué bazar?

-Ay, Lorena, no me lo puedo creer. Del tenderete ese que montábamos

junto a la puerta de la calle San Miguel

todos los sábados. ¿Te acuerdas?

Que nos pasábamos toda la semana haciendo de todo para poder venderlo.

Hacíamos pulseras, anillos, colgantes...

-¡Los suvenirs!

-¡Por favor, pero qué valor tienes!

¡Llamarle suvenir a eso!

Si eran unas piedras que cogíamos así del parque, Lorena.

Y tú le ponías...

-"Recuerdo del Mercado Central".

-Pues eso era idea tuya, porque yo no estaba de acuerdo.

-Pues era lo que más se vendía, ¿eh? -¿Ves?

Por entonces ya tenías más visión comercial que yo.

Y eso es lo que necesitamos aquí en el Central.

-Rosa, lo que necesitéis, aquí estoy, lo que quieras.

-Ya, pero es que yo te estoy hablando de...

no de una ayuda puntual,

sino de una ayuda diaria.

-¿Me estás pidiendo que trabaje aquí contigo?

-Estoy harta de que el orgullo mande en mí, ¿sabes?

-Eso es un gen De La Cruz. Yo abuso muchísimo de él, Rosa.

-Entonces, ¿qué?

¿Quieres trabajar con tu hermana?

-¿Cuándo empiezo?

-¿Ahora mismo? -Nada impide.

-Ven, que te enseño el bar.

¡No me lo puedo creer! Bueno, mira...,

este es mi territorio, ¿vale? Porque aquí, la que cocina soy yo.

-Vale. -Estoy preparando unos caracoles.

-Mmm. ¡Qué bien huele!

-Mira, este es el horno.

Aquí preparamos las tostas. -Vale.

-Microondas, ¿de acuerdo?

Máquina de café.

Tiene algunos truquitos, pero luego te los enseño.

Las comandas, las cámaras de los refrescos,

el hielo..., -El hielo.

-cámara de cerveza, y este es...

el lavavajillas del siglo I antes de Cristo,

que estoy esperando a ver si Elías me lo cambia.

¿Sabes tirar cañas? -He hecho bares para aburrir.

-Cariño, este es tu uniforme.

-Hermana..., no te voy a fallar.

Lo que no entiendo es por qué el sitio no está adaptado.

Es un sitio nuevo. ¿Han hecho obras y no hay ni una puta rampa?

-Vosotros os podíais haber quedado. -¿Para qué?

O entramos todos o ninguno.

-No quiero que dejéis de pasar un buen rato por mí.

-No nos lo hubiéramos pasado igual de bien sin ti.

-Además, tú eres el más listo. Si no hubieras venido,

nos hubiéramos quedado atrapados de por vida.

-Pero ¿tú de qué vas?

-Además, no entiendo por qué no te han dejado entrar.

Eran cuatro míseras escaleras. Podríamos haberte ayudado a bajar.

-Está claro, tía, porque no querían marrones.

Imagínate si pasa algo, el puro que les cae.

Ni un dedo han movido para buscar una solución.

-Son unos cabrones, tío.

Mi amiga no sabía ni qué cara poner la pobre.

-¿Sabes qué te digo?

Que deberíamos denunciarlos y poner algo en las redes sociales.

-Claro que sí. -Eso deberíamos hacer.

-Y que todo el mundo sepa lo cabrones que son.

-Les voy a escribir y les voy a etiquetar.

A ver qué dicen. -¡Deja el puto móvil!

No quiero que hagáis nada por mí.

-Pero Samu... -¿Os han echado a vosotros?

¿Eh? No, ¿verdad? Dejad de haceros los ofendiditos.

No os pega una mierda. -Queríamos ayudar.

-¡Pues me dejáis tranquilo! ¡Hostia!

-¿Nos vamos con él? -No.

Lo conozco y lo mejor es dejarle solo.

David, ¿todavía estás aquí?

Es muy tarde. ¿No te has ido a comer?

No. Así he tenido tiempo de corregir tu sistema.

¿Corregir mi sistema? Sí, mira.

Tu organización tenía lógica,

pero está demostrado que, en un 85% de los casos,

lo que promueve la adquisición de un vino es su precio.

Así que lo he consultado.

Pero está todo desordenado, David.

No, lo he ordenado bien.

Según de más caro a más barato.

Así, los clientes pueden ver más fácilmente

qué vinos se ajustan más a su presupuesto.

Está todo mezclado: tintos con blancos.

Y la denominación de origen. Todo, David.

¿No te gusta? Verás,

lo que has hecho tiene lógica,

pero yo estoy acostumbrado a mi sistema.

Y mis clientes también.

¿Te importa si lo dejo todo como estaba?

No. Te ayudo.

¡No, no, no hace falta!

¿Por qué no te vas a comer algo?

Ya ha pasado la hora de comer, ahora ya sería merendar.

Mejor te ayudo. Mira, si quieres,

¿por qué no me ayudas con las conservas?

Solo necesito que las de anchoa estén delante.

Pero estas latas son más grandes, deberían estar detrás.

Sí, lo sé, pero esa marca no me acaba de convencer mucho

y quiero darles salida cuanto antes.

Necesito que el público vea que están de oferta, ¿entendido?

-Hola.

Eh. Jorge, ¿tienes un momento?

Sí. Dime.

Estoy pensando en cambiar la carta de la pizza,

para ofrecer un poco más de variedad.

Y he pensado, bueno, tú eres gran chef, entonces...

Bueno, no tanto. Dime.

Seguro que me puedes dar alguna buena idea

que a mí no se me ha ocurrido. Nada de piña, ¿eh?

Que eso es un crimen contra la humanidad.

¿Tienes alguna de pescado?

Sí, un par de pizzas.

La clásica Napoli, con anchoas y alcaparras,

y la de atún.

¿Y si le pones trufa a la Napoli? Parece una variable interesante.

Ay.

Pero ¿eso no saldría muy caro?

Te puedo dar el teléfono de un distribuidor

que te puede dejar la trufa a buen precio.

Y tengo latas de anchoa en oferta.

Te van a quitar las pizzas de las manos.

Si son buenas, va.

¿Sí? Sí.

David, acércame diez latas de anchoas.

-¿De las malas? -¿Cómo que de las malas?

-Jorge ha dicho que estas no han salido buenas

y que se las quería quitar de encima. -¿Es verdad, Jorge?

No, David, no he dicho malas. Es un malentendido, Paolo.

La verdad, ¿eh?

No he di... No he di...

David no he di... Pero ¿las quiere?

No, no, no. No las quiere.

Venga, que no quiero llegar tarde el primer día de terapia.

-Tranquilo, de verdad, que todavía nos queda media hora.

-¿No te la has dejado en casa? -Si la tenía aquí hace un momento.

Si es que he estado cambiando billetes de la caja.

-¿Y Jonathan? ¿No debería estar aquí ya?

-Ya no le necesitamos. -¿Cómo que no?

¿Y quién se queda al cargo...?

-Como no sé qué coñac quieres para los carajillos,

he traído dos distintos. Hola, Nacho.

-Vaya sorpresa.

-Bueno, que Lorena necesita trabajo y aquí, manos.

Dos más dos, cuatro. Todo se queda en casa.

-Claro que sí. -Voy a ver si está en la cocina.

-Ha sido idea suya, ¿vale?

-Eso es lo que me preocupa.

-¿No quieres que mi hermana me eche una mano?

-No quiero que vuelvas a meterle ideas absurdas de Noa en la cabeza.

-Sé cómo está. No voy a hacer nada que le perjudique.

-Eso espero.

¡Vamos, Rosa!

-Ya la he encontrado. -Venga, vámonos.

-Ay.

Dame un beso, hermanita.

-Que vaya bien, ¿vale? Luego me cuentas.

-Sí, sí, sí.

Vamos, cariño.

No lo he visto en todo el día y, cuando he pasado por casa,

había colgado el cartel. -¿Qué cartel?

-Bueno, hace unos años, en el viaje de fin de curso,

Samu robó de un hotel un cartel de "no molestar".

Desde entonces, cuando está jodido y no quiere ver a la peña,

lo cuelga en la puerta de su habitación.

-Hacía meses que no lo colgaba. -¿Y tú no has intentado entrar?

-No.

-Y mejor que ni lo intente. Si lo intenta, será peor.

-Jolín, ¿y todo por el escape room?

Si ha dicho que no es la primera vez que le pasa.

-Por eso, porque no es la primera ni la última.

El mundo le recuerda constantemente lo que no puede hacer.

-Joder, pues en mala hora le he llevado yo al sitio este.

-Bueno, vosotros no tenéis la culpa, chicos.

-¿Y qué vamos a hacer? No podemos dejarle así.

-Dejadle tiempo. Es lo único que necesita.

-¿Tiempo? Como si eso fuera a servir para algo.

Que no podemos quedarnos de brazos cruzados.

-Sí, que su madre tiene razón. Solo podemos esperar que se le pase.

-Es como ignorar lo que ha pasado. Como si no sirviera para nada.

-No tenemos otra opción. ¿Qué quieres hacer?

-Sí que tenemos otra opción.

¿No quería una escape room? Pues va a tener su escape room.

Lo vamos a montar nosotros. Y lo vamos a hacer en el mercado.

-Venga.

Hola. -¡Epa!

Al final, son ciertos los rumores. -¿Qué rumores?

-Todo el mercado está diciendo

que las hermanas De la Cruz van a llevar el Central juntas.

Cuando se entere Jona, no le va a hacer gracia.

-Él tiene a las Pacheco, ¿no? -Sí, pero le iba bien el sobresueldo.

Que, por cierto, hay noticias.

-¿De Jonathan? -Sí.

Quizá no es nada,

pero ha recibido un par de llamadas muy raras.

Se ha puesto nervioso y no ha querido coger el teléfono conmigo delante.

-¿Y has podido ver de qué número era? -No, no.

Solo he visto que era un número muy largo,

será del extranjero o una centralita, no sé.

¿Crees que tiene que ver algo con Noa?

¿Te gusta la pizza?

No está mal, pero no es mi favorita.

Mi favorita es la de pepperoni.

Ya, cariño, pero es que de pepperoni no quedaba.

A veces, en la vida nos tenemos que conformar

con cosas que no nos gustan.

Ahora, por ejemplo, echas de menos la pizza de pepperoni,

pero por lo menos tenemos esta y no pasamos hambre.

¿Entiendes lo que quiero decir?

Esta no está mal.

Pues lo que te tengo que contar es un poco como la pizza.

Mira, David, voy a llamar a la abuela Asunción

y le voy a decir que volvemos... ¿Qué vino estás bebiendo?

Eh...

No lo sé, el vino de la casa que pone Paolo.

¿Denominación de origen?

¿Chianti?

Chianti es italiano.

Proviene de la regiones de Siena y Florencia.

Se identifica por un sello de un gallo negro

y, en un 75%, está hecho con uvas sangiovese.

¿Y eso lo has aprendido hoy?

Sí. Lo leí en una de las botellas de Jorge.

Los vinos hechos con uva sangiovese suelen tener

un nivel medio-alto de taninos, acidez alta,

sabor a cerezas agrias, aromas terrosos

y notas a roble y alquitrán.

¿Y todo eso lo has aprendido hoy?

El mundo de los vinos es muy interesante.

Se llama enología.

Es como la confluencia de múltiples elementos

como el clima, el suelo o el agua,

y todos tienen un resultado diferente.

Es como si las matemáticas se pudieran beber.

Es una buena forma de definirlo, sí.

Sí.

Jorge sabe mucho de enología.

Ojalá me contara más cosas.

Cariño, ¿a ti te gustaría...

seguir ayudando a Jorge en el puesto?

¿Puedo?

Sí.

Sí, claro que sí.

Bien.

Mamá.

Dime, cariño.

¿Tu vino sabe a alquitrán?

Oh. No.

Mi vino sabe a gloria.

¿Me haces un favor?

¿Le pides a Paolo que nos traiga dos tiramisús?

Gracias.

Asunción.

Sí, sí, quería hablar contigo.

Ya, mira, quería decirte que...

que sé que has estado hablando con el colegio

y que les has presionado para que no acepten a David.

Y que me parece muy rastrero lo que le estás haciendo a tu nieto.

¡No! ¡No, no! ¡Escúchame tú a mí!

No vamos a volver.

He dicho que no, Asunción.

Mira, por mucho que te empeñes y por muchas trabas que nos pongas,

no vamos a volver porque lo podemos hacer nosotros.

¿Sabes lo que te digo?

A lo mejor no podemos tener la pizza de pepperoni,

pero sé que entre los dos vamos a hacer una que nos guste más.

Sé que no me entiendes, y no me importa.

Nicolás dice que los chicos no hacen nada

y que él mismo se encargará, pero ¿qué quieres que te diga?

No lo veo nada claro.

Pero si dice que no son peligrosos. Pero algo habrá que hacer, ¿no?

No podemos tener un agujero por donde se puede colar cualquiera.

Bueno, como tú comprenderás,

ahora mismo el mercado es la menor de mis preocupaciones.

Perdona,

estoy estropeando la noche con estas tonterías.

Tú nunca estropeas nada.

Ha sido una noche fabulosa.

¿Te ha gustado el restaurante? Sí.

Y lo que no me esperaba es que tuviera una sala de baile.

Parecía uno de esos night clubs de los años 50.

Ya sabía que te iba a gustar.

¿Cuánto tiempo hacía

que no me sacabas a bailar una lenta?

Yo creo que...

desde la boda de Rosa, como mínimo, ¿no?

¿Tanto?

Sí, y no has perdido nada de ritmo.

¿Me permite usted este baile, señorita?

¿Te acuerdas de cómo terminamos aquella noche?

Hombre, si parecía que los novios éramos nosotros.

Y todo el día siguiente encerrados en el hotel.

Eso no se me va a olvidar a mí en la vida.

Parece que hay otras cosas que tampoco se te han olvidado.

¿Verdad?

Supongo que esto será mérito de la terapeuta, ¿no?

Bueno, yo creo que es mérito tuyo.

Bueno, y de sus consejos, ¿no?

Pues si sigue así, mañana mismo le voy a mandar un ramo de flores.

Pues espérate, porque tengo más sorpresas.

¿Que todavía hay más? Sí.

Tengo para toda la noche.

Ven acá.

Tengo una idea,

que, como salga bien, nos soluciona todos los problemas.

Bueno, ¿y qué, nos vas a contar esa idea o qué?

-Elías le ha contado a Adela

que fueron fabulosos los consejos que le dio la psicóloga.

-¿Y cuál es el problema?

-Que me dicho que hace dos meses que cerró la consulta.

-¿Y eso cómo puede ser?

-A ver.

El teléfono era de la consulta. -Sí.

-¿Entiendes? -Sí.

-La consulta ha cerrado.

Elías no ha ido a la consulta.

Elías ha engañado a mi amiga.

A mí me llamó ayer por primera vez.

¿Desde cuándo está en contacto contigo?

-Hará... hará dos meses o así.

Él es separado, tú eres viuda.

Teniendo en cuenta que es de los pocos que te aguantan,

no me extraña que te arrimes a él. ¿Sabes, Carmen?

Un día, te vas a morder la lengua y te vas a envenenar.

Espero que no intentes ligarte a mi mujer.

-No sé qué te ha contado, pero... -¿Estás insinuando que me miente?

-Chicos, de verdad, que no pasa nada

porque no pudiese entrar en la scape room.

Pero tampoco quiero que montéis uno cutre aquí.

-A ver. La idea del scape room era hacer algo los tres.

Algo divertido, diferente, así que da igual dónde.

-Y los presos no tienen nada que decir de lo que hacen.

Hacen lo que se les dice.

-Deja de soltar logos de la peli de Clint Eastwood.

Las cosas no funcionan así, Lorena.

Pronto empiezas a hacer lo que te la gana.

-Rosa, te juro que te lo compensaré. Te lo juro.

-A ver si no ha sido buena idea contratarla.

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Mercado Central - Capítulo 13

09 oct 2019

Elías decide ir a terapia y tiene una cita romántica con Adela.
A Samuel le niegan el paso a un escape room. Pese a sus tensiones, Germán da la cara por Jonathan frente a Carmen.
A pesar de haber conseguido la subvención, el dinero no llega. Celia, desesperada, está decidida a dejar que Asunción se haga cargo de David.
Rosa le pide a Lorena que trabaje en el bar. Germán informa a Lorena de que Jonathan recibe llamadas 'sospechosas'.

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