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Para todos los públicos Medina en TVE - Cómo hablar a los niños de religión - ver ahora
Transcripción completa

(Música)

Preguntar sobre religión por parte de los niños no debe molestarnos.

Los niños hacen eco a sus pequeñas y curiosas mentes,

que se interesan por todo.

Es un signo de madurez

que los niños hagan preguntas a de este tipo.

Quieren saber sobre el origen y el significado de la vida;

quieren conocer la clave de tantas y tantas cosas.

Señoras y señores, muy buenos días.

Los niños son muy sensibles y, cuando preguntan,

necesitan respuestas.

Comparte tus sentimientos sin temer en mencionar lo que pienses.

Aunque, de momento, el niño se posicione con tus pensamientos,

más tarde, optará por un camino similar o diferente.

"Hablar de religión en familia es una riqueza real.

Decir a un niño:

'Creo esto, pero otras personas piensan de manera diferente'.

O incluso: 'No sé', les deja el campo abierto a otros horizontes.

Y, sobre todo, al de su propia investigación.

Tal vez el niño tiene abuelos

y otros familiares con ideas diferentes.

¿Por qué no invitarle a descubrir estas diferencias?

No es necesario decirle todo,

pero sí de la manera más simple posible, manteniendo, sobre todo,

la verdad.

La verdad histórica que los padres conocen de su religión

y de su cultura."

Entrevistamos en este programa a Miriam González Pablo,

psicóloga social y de emergencias,

especialista en menores en el ámbito intercultural;

desarrollando funciones en varios países de Latinoamérica y África.

Gracias, Miriam, por aceptar nuestra invitación.

Muchas gracias por compartir un domingo más.

Pues, Miriam,

¿cómo valoran los niños las diferencias entre ellos

y aquellos que son de diferentes culturas y tradiciones?

Depende de la edad a la que nos encontremos.

Cuando son muy pequeñitos, no ven la diferencia.

Lo viven porque todo es nuevo, están aprendiendo.

Son esponjas que absorben el conocimiento.

Entonces,

lo que es diferente es algo más nuevo que han aprendido ese día.

Para ellos no es una diferencia, es un proceso de aprendizaje.

Esta etiqueta de diferente la vamos a poner los adultos

que estamos con ellos.

De "este no es como tú, no hace lo mismo que tú,

no comer lo mismo que tú".

Según van avanzando en edad,

esta etiqueta y este pensamiento que ya les hemos insertado;

porque es lo que hacemos, es como insertar, somos como un ordenador,

nos van metiendo información y la vamos canalizando.

De hecho, por ejemplo, el racismo, nadie nace racista.

Es algo que se va creando.

Pues es este tipo de pensamiento:

yo soy diferente, yo soy mejor, yo soy peor...

Vamos posicionándonos.

Entonces, según van avanzando en edad,

estas diferencias las van viviendo de diferente manera

y depende mucho del nivel de tolerancia

y aceptación a las diferencias que haya en la familia.

O en el entorno, en el colegio, etc.

En el barrio o...

Cuando hablo de familia, en este caso,

no me refiero solamente a la familia con la que conviven:

papá, mamá y los hermanos;

sino la familia también en el sentido más amplio,

la familia extensa: tíos, abuelos...

¿Habrá algún credo más expuesto

a que los niños noten diferencias que otros?

Hay núcleos más expuestos en el sentido

de que hay núcleos más vulnerables y más marginados.

Y ellos sí toman la conciencia

de que son diferentes y muchos crecen con esta etiqueta

y con ese estigma ya de "yo soy menos".

Entonces, ahí hay que trabajar con los niños.

Ahí, sí que desde el ámbito escolar,

el profesorado tiene la ocasión de trabajar con ellos para decirles:

"Que tú nazcas en una condición no quiere decir

que tengas que permanecer en esta condición".

¿Y otros crecen con este sentimiento de "soy mas"?

Claro, tenemos también el sentido opuesto.

Entonces, el "soy mas"... Sí...

Este difícil también trabajarlo

por que "soy más" va a tener siempre

como un halo por encima de los demás en el que bajarle y decir:

"Tú estás hoy aquí,

pero mañana puede que la vida te ponga en otro sitio

y el 'soy más' utilízalo para algo positivo".

Porque si tienes la oportunidad, ninguno elegimos dónde nacemos,

ni en qué familia, ni en qué país, ni en qué lugar...

Pero sí que podemos hacer

con esas oportunidades que tenemos cosas en un sentido o en otro.

Entonces el "soy mas" también es difícil,

los extremos siempre son difíciles.

Entonces, al que se siente en un colectivo marginado, vulnerable,

con esa diferencia,

hay que desarrollarle las capacidades

para que vea que puede hacer otra cosa

y que eso no le va a condicionar.

Esto es la metáfora del elefante:

el elefante que es de pequeñito le atan a un tronco y, claro,

primero no tiene fuerza;

como ya ha aprendido, el elefante crece y crece,

el tronco sigue siendo igual, puede moverse, pero como:

"He aprendido que tengo que estar aquí, me quedo ahí anclado".

Entonces, tú te puedes mover,

tenemos el libre albedrío y la capacidad

de decisión y la capacidad de avanzar

y eso es lo que hay que manejar con las diferencias.

¿Y cómo pueden asimilar la importancia de respetar

las diferencias individuales?

Las diferencias individuales es algo

que se está trabajando mucho en los centros escolares

porque tenemos diferencias individuales,

vivimos en un contexto multicultural en el que tienes que aprender.

Porque para que yo respete tu diferencia, tengo que conocerla.

Que lo que es diferente

y desconocido inicialmente nos da miedo.

Es verdad, rechazamos todo lo que... Todo lo que es distinto.

O sea, desde "Como no lo conozco,

a lo mejor eso no me hace daño o eso no es bueno".

A mí, hay un ejemplo que me parece muy gráfico y divertido, incluso.

Cuando alguien va a viajar fuera, a otras latitudes muy diferentes,

y entonces lo dices aquí y te dicen: "¿Y la comida?".

Y dices: "Pues si todo el mundo come".

Es verdad que, a lo mejor,

el tipo de comida que yo como no es esa habitualmente

y puedo tener problemas iniciales para poder asimilar esa comida,

pero no quiere decir que esa comida sea mala.

Pero ya es como: "Uy, como comen raro y eso, no es bueno".

Pues esta es una diferencia.

Y la comida,

la gastronomía es algo muy importante del lugar donde te muevas

porque refleja una sociedad, es una forma de relacionarnos.

Y lo que ingerimos también nos da una expresión de cómo somos,

cómo nos comportamos, el ámbito en el que estamos.

No voy a comer lo mismo en Rusia, por las temperaturas,

que voy a comer en Marruecos.

Entonces, me va a configurar también.

Y todas esas cosas nos están marcando una cultura

que nos marca esta diferencia.

Entonces es muy importante conocer.

Cuando conocemos de las cosas,

dejan de tener ese halo de miedo y de misterio, se normalizan.

Entonces, lo importante es conocer.

En muchos centros escolares,

tienen jornadas de multiculturalidad,

de conocer la diferencia y utilizan, precisamente,

la gastronomía para tener ese acercamiento.

La gastronomía también, sí, es de verdad.

¿Y qué mensajes trasmitir

entonces para que los niños y los jóvenes

aprendan a respetar a la diversidad?

El mensaje es que el otro tiene los mismos derechos que yo.

Sí, sí.

Ese es el mensaje fundamental.

Es el otro igual que yo, pero, sobre todo,

es diferente a mí, pero es igual que yo en derechos.

Entonces, como tiene los mismos derechos que yo,

tengo que respetarlo.

Porque si fuéramos por la calle preguntándole a los niños

y a los jóvenes: "¿Tú quieres que te respeten?".

Todos nos van a decir que sí.

Claro, sí.

Yo quiero que me respeten y, además, quiero que me reconozcan.

Porque cuando me reconocen y me respetan, me dan importancia,

me visibilizan, existo.

Entonces como yo quiero existir,

pues al otro también tienes que darle esa existencia que tú quieres.

Tienes que convertirle en persona.

La visibilidad, ¿no? Claro, darle visibilidad.

Y convertirle en esa persona es aceptarle con las partes comunes

y con las partes diferentes.

Y esto, en el ámbito escolar, ¿se nota mucho?

En el ámbito escolar se nota mucho

y en la adolescencia es donde tenemos

un contexto de "busco mi propia identidad";

entonces, mi identidad la voy a reafirmar dentro de mi grupo,

por tanto, mi grupo tiene que ser parecido a mí, en muchos casos,

nos mimetizamos.

Si nos ponemos a la salida de un centro escolar

y vemos cómo van vestidos, los podemos agrupar simplemente

y acertaríamos cuál es su grupo de referencia por cómo van vestidos.

"Pues este chico o esta chica pertenece a este grupo, a aquel...".

Porque tienen un código interno.

Entonces, para que yo tenga esa diferencia y diferenciarme de ti,

tengo que decir que lo tuyo no es bueno, que lo tuyo es diferente,

para posicionarme.

Empiezan a haber también esas luchas de poder.

Y ahí es donde hay que trabajar el respeto.

Y estos códigos, ¿pueden ser, digamos, peligrosos?

Los hay peligrosos, los hay neutros,

que simplemente es una expresión propia de esta etapa;

y otros pueden llegar a ser peligrosos.

Y además,

es que el adolescente no tiene conciencia del peligro

porque es una etapa de nuestra vida

en la que nos sentimos todos poderosos,

tenemos un conglomerado de hormonas que nos hacen ser potentes y salir.

Entonces, no vemos este peligro, ¿no?

Y a veces, nos retamos los unos a los otros.

Pues eso, vemos un grupo, vemos otro,

y se retan porque tú eres distinto a mí.

En vez de decir:

"Vale, eres distinto a mí,

voy a respetar la diferencia y ya veremos".

¿Y cómo los padres tienen que hablar,

enseñar respeto a las diferencias culturales, por ejemplo?

Sería importante compartir núcleos en los que los padres...

Es que, claro, esto depende de la edad.

Porque cuando son más pequeños, nos es más fácil compartir espacios;

cuando son adolescentes, es más difícil

porque como están más centrados en su grupo de referencia,

que son sus amigos, tienen que saber que estamos accesibles y,

a lo mejor, en los momentos adecuados para compartir esto,

hablar de las diferencias...

Porque hablamos, a veces, de los menores como algo separado,

pero forman parte de la sociedad y nosotros, como adultos,

estamos también en contextos diversos.

Entonces, aprovechar las comidas,

aprovechar los tiempos que tenemos en común para contar experiencias

que tenemos en las que hemos tenido que aceptar esta diversidad.

Porque hay cosas que a todos nos pueden chocar o, incluso, molestar.

Porque la diversidad, hablamos muchas veces culturales,

poniendo el foco en religiones,

poniendo foco en culturas de diferentes países y tradiciones,

pero es que a veces, a veces no, siempre la diferencia está aquí.

Yo soy diferente a mi vecino,

que hemos nacido en el mismo sitio

y seguimos viviendo en la misma calle hace 30 años.

Incluso dentro de la misma familia.

Incluso dentro de la misma familia, hay muchas diferencias.

Y respetar esas diferencias también es importante.

¿Pero el deporte, la cultura en general, pueden ser este puente?

El deporte siempre es un buen vínculo para crear valores.

Y los deportes de equipo,

donde tienes que ponerte en comunicación estrecha

con tu compañero o compañera para conseguir un objetivo común,

nos va a permitir que trabajemos estos valores de respeto,

tolerancia, colaboración y equipo.

Entonces, el tener un objetivo común siempre nos da algo

que nos da un aporte extra.

Y el deporte, además,

nos permite trabajar valores colectivos y valores individuales.

Porque el valor de superación, el valor de esfuerzo,

ese va a ser individual;

pero también si es un deporte de equipo,

tiene una repercusión en lo colectivo.

Entonces es muy importante.

Entonces, se hablaría de una responsabilidad moral y social.

¿Hay un momento oportuno para hablarlo con dos niños?

¿Un momento oportuno en cuanto al desarrollo evolutivo?

Es transversal.

Esto lo tenemos que hablar desde que son pequeñitos

y yo creo que lo tenemos que seguir hablando siempre.

Siempre, desde que empieza a preguntar hasta...

Hasta siempre.

No pongo hasta los 120 años.

Porque, a veces, hacemos un efecto túnel,

una visión de foco y olvidamos lo que hay alrededor.

Porque, al final, nuestras relaciones son las que son.

No tenemos una variabilidad muy amplia muy amplia

y menos en los tiempos que corren,

en los que todos tenemos una frase de moda: "No tengo tiempo".

Entonces, si no tengo tiempo ni para ponerme en contacto

con la gente con la que habitualmente he estado en contacto,

para abrirme a nuevos contextos menos.

Creo que es algo que tenemos que hacer un ejercicio de conciencia

y tomar esto como una forma,

no una forma de vida, pero sí tener conciencia

de que forma parte de nuestra vida.

Los padres practicantes pueden empezar a hablar de Dios a un niño

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Medina en TVE - Cómo hablar a los niños de religión

27 ene 2019

Hablar de religión a los niños no es una tarea fácil. Los niños hacen eco a sus pequeñas y curiosas mentes que se interesan por todo. Quieren saber sobre el origen y el significado de la vida. Quieren conocer la clave de tantas y tantas cosas.

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