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Subtítulos de Los misterios de Laura - Capítulo 19. El misterio de los diez desconocidos (2ª parte)

Subtitulado por Teletexto-iRTVE. -Les deseo que disfruten de su estancia aquí. "Realmente no sé cómo he acabado aquí. Todo empezó hace menos de 12 horas. Con una invitación que me llegó a casa. Pero yo ya tenía mis planes de fin de semana. Era la primera vez que íbamos a estar los dos a solas. Pero la alegría dura poco en casa del pobre". Sé que vives con otra mujer. ¡Cabrón! "Así que decidí aceptar la invitación del señor X. Y alguien más me acompañó". ¡Martín! "En la casa conocimos a los demás invitados. Cada uno de su padre y de su madre". (Gramófono) Bienvenidos a todos. Les agradezco de todo corazón que hayan aceptado mi invitación. Al igual que Laura, yo tampoco sé cómo hemos llegado a este punto. ¿Quién es? Un detective privado. Desapareció ayer por la noche. "El tipo que había desaparecido era más importante de lo que creíamos". -Sé lo que tramas y lo que quieres hacer con ellos. Quieres matarles. ¡Aaah! "Y fue entonces cuando la cosa se torció". -No puede ser. Dios mío. -Alguien tiene que haber visto algo. "Lo único que podíamos hacer era encontrar a nuestro anfitrión. Y estuvimos muy cerca de atraparle". "Fue entonces cuando tuve la sensación de que Laura corría un peligro real". Laura y Martín no dan señales de vida y me va a estallar la cabeza. "Uno de nosotros estuvo muy cerca de desenmascarar al señor X". -¿Quién le ha disparado? "Pero el señor X tenía otros planes". Nos estaba vigilando. "Y esos planes creo que tienen que ver conmigo. Conmigo... y con toda mi familia. -¡Laura! ¿Tú qué haces aquí? -¿Se conocen? Les presento a Verónica, mi hermana. -¿Ella es el señor X? Un momento. (TARTAMUDEA) -¿Qué momento? Aquí nos están matando como si fuéramos ratones. Y de repente aparece ella. -He venido en cuanto me he despertado. Hola, Martín. Explícame cómo has llegado hasta aquí. -Hace unos días recibí un correo electrónico de un millonario que se quería deshacer de unas obras de arte, y me pidió que se las tasara. Pero... ¿cómo has llegado en mitad de la tormenta? -Llegué hace unas horas y aquí no había nadie. Me bebí una copa que me habían dejado preparada y me dormí. Hace un momento registramos la casa y no te hemos visto en ningún sitio. -Porque cuando desperté estaba en un sótano. Y la trampilla estaba tapada con una alfombra. Os lo puedo enseñar. Por eso no lo visteis. -Yo no me creo esa historia. No podemos dejarla suelta por ahí. Deberíamos atarla en algún sitio. Inténtalo y ese reloj dará una campanada menos. No, a ver, escuchar. Sé que esto puede parecer sospechoso pero... ella es mi hermana. Estoy convencida de que ella no es la persona que buscamos. -¿Me vas a contar qué es lo que haces aquí con esta gente? ¿Estáis de "finde" rural? Ven. -¿Qué tiene que ver papá con todo esto? No lo sé pero no puede ser una coincidencia. Primero aparece esta foto y ahora apareces tú. Está claro que esto tiene que ver conmigo de algún modo. -¿Sabes lo que yo creo? ¿Qué? -Martín está mucho más guapo que la última vez que le vi. ¿Sabes si está con alguien? Abren la puerta. Ahí viene, no digas nada. Tengo algo interesante. ¿Qué? -Eso podía haber dicho yo. No quieres hablar conmigo porque ni siquiera me has dicho hola. Cada vez que te veo me quedo sin palabras. (RIENDO) -¡Qué tonto eres! ¿Os importa si seguimos hablando de los crímenes? Perdona. Están debajo de la ventana por la que entró la bala. -Ya has encontrado unos cristales. ¿Tú cómo lo sabes? -Has dicho que al policía le dispararon desde fuera, por debajo de esta ventana yo no he visto ningún cristal. Así que le tuvieron que disparar de dentro a fuera. Exactamente. La persona que disparó al policía estaba dentro de esta misma habitación. El asesino es uno de nosotros. -¿Estás seguro de que esto tiene que ver con mi marido? Maribel, A. L., Arturo Lebrel. Y además está tu número de teléfono. El tipo que buscamos quería hablar con tu marido. -¿La niña que pinta en esto? No lo sé. Pero seguro que está relacionado con la desaparición del detective. No puede ser casualidad. -Por Dios. Y ahora sin llamar, ¿qué hacemos? Por ahora necesito que mires entre los papeles de tu marido. Quizá entre sus informes encontremos el nombre del detective. -Puedo buscar esos papeles. Tengo cajas de él, en el trastero. Y también en un guardamuebles. Apúntame la dirección y me llevo allí a Cuevas. Y tú sube al trastero y te mando a Lydia para que te ayude. Puede que tu marido sea la conexión que nos falta entre Laura y el detective. -Vale, corre. Vale. -Hasta luego. ¡Por Dios! -Me mandaron una foto por Internet. ¡Más monos! ¿Hablas con los gemelos? -Sí. Un par de veces al mes. Así también aprovecho y hablo con mamá. O sea que con la única que no hablas es conmigo. -Si no tengo tiempo. La galería de arte me quita todo el tiempo. Ya, menos para hablar con mamá y con los gemelos. -¿Ya hemos llegado? Es aquí donde viste al policía entrar por última vez, antes de morir. Puede que haya algo aquí dentro que nos ayude a comprender cómo descubrió al asesino. -Bueno, ¿qué tenemos que buscar exactamente? Pues... no lo sé. Cualquier cosa que te llame la atención. O que esté fuere de lugar. Empieza por ahí. -Parece como si te molestara que no hablara contigo. No me molesta. Nunca me has tenido en cuenta. En estos dos años podías haber venido a verme una vez. -Tú tampoco has venido a verme a mí. Tengo dos niños pequeños. Y poco dinero y un montón de líos en el trabajo. -¿Y yo no? Tú vives sola. Sin responsabilidades, sin ataduras. Tienes 24 horas al día para dedicártelas a ti misma. ¿Cuánto de ese tiempo lo dedicas a tu hermana? ¡Cero! Me gustaría verte a ti con una vida como la mía. No ibas a durar ni cinco minutos. Por mucho que a mamá se le llene la boca hablando de ti. -¿Conoces estos libros? No me cambies de... ¡Oye! ¡Estos nombres! Este nombre está ahí en la lápida. -¿Lápida? Sí, el autor está enterrado ahí fuera, en el jardín. -Son novelas de misterio y estaban en la sección de ciencia. Por eso me han llamado la atención. (SORPRENDIDA) ¡Dios mío! ¡Las portadas! Guillermo y Francisco han muerto exactamente así. -Faltan las últimas páginas de todos los libros. Alguien no quiere que sepamos cómo se resuelven los crímenes. El asesino mata siguiendo las portadas de estos libros. (LOS GEMELOS RÍEN) -Hemos hecho tanto ruido que les hemos despertado. Si te molestan les mando a su cuarto. Bueno, estos papeles tienen más de 30 años y sería una pena que el agua los estropease. -Normalmente... no son así. Son más tranquilos. Se ve que les has caído en gracia. ¿No tienes hijos? Me gusta disfrutar de la vida. -Una chica tan guapa y simpática como tú, seguro que quiere formar una familia. No creo que sea el momento de hablar de eso ahora. -Seguro que tienes a un chico estupendo esperándote. Igual te van más... los hombres casados. (RÍE) Qué tontería, ¿verdad? ¿Para qué ibas a querer tú romper una familia? -Abuela, ¿la mojamos más? (RÍE) Anda, a vuestro cuarto. ¡Venga! De aquello hace ya mucho tiempo. -Si hace mucho tiempo pues nada. Muy bien hecho. En esa relación éramos dos. Él podía haberme dicho que no en cualquier momento. -Tú eres tan culpable como él de que estos niños no tengan a su padre en casa. (SUSPIRA) ¿Por qué el asesino reproduciría los crímenes de unos libros que había escrito un tipo enterrado en el jardín? -Falta el número cinco. Quizá se lo llevó Guillermo. Quizá había algo que le hiciera pensar quién era el asesino. Entonces da gracias de que yo lo haya encontrado. ¿Dónde estaba? En el salón. Se le debió caer a Guillermo cuando lo mataron. Y alguien lo dejó sobre la mesa. (LEE) A M. que ve en mundo con sus propios colores. -Tenías que haber descubierto que el asesino era un invitado. ¿Cómo se supone que lo iba a hacer? -Sabías que el fiscal había fingido su muerte. Estaba claro que era cómplice del asesino. Y no contaba con que el asesino acabaría matándolo para no dejar cabos sueltos. Lo más importante ahora es que nadie más se entere de esto. Tenemos una ventaja respecto al asesino. Sabemos que es uno de los invitados. Y si alguien más se entera, adiós esa ventaja. (RESOPLA) -El asesino es uno de nosotros. Es una teoría. No podemos estar seguros de nada. -Sabía que el mal andaba cerca. -Sabía lo que iba a pasar porque usted es la asesina. -¿Yo? -Sí. Nicolás, no lances acusaciones así, a lo loco. -Además, tiene mucho más sentido sospechar del médico. -¿Cómo? -Sí. Sabe matar de un solo golpe. Y esos temblores por la borrachera podrían ser una fachada. (TARTAMUDEA) Yo... es una copa de vez en cuando. Una copa. -¿Como que no bebe? (HABLAN TODOS A VEZ) Silencio. (GRITANDO) ¡Escuchen, demonios! En este momento tenemos... una pequeña ventaja sobre el señor X. Si alguien más desaparece y hay otro muerto, sabremos que la persona que falta es el señor X. Si queremos seguir con vida, lo único que tenemos que hacer es permanecer juntos. Explosión. ¿Qué ha sido eso? -Ha sido una explosión. -Creo que viene del comedor. En el pasillo está todo claro. -No hay hubo en ningún lado. Explosión. -¿De dónde coño ha venido eso? Una silla. Explosión. -¿Eso hacía tato ruido? -La chimenea hacía que retumbara. Eso no estaba aquí ayer. Alguien lo ha puesto durante la noche. -¿No se suponía que íbamos a hacer guardias por parejas? ¿Quién coño se ha dormido? -A mí lo que me gustaría saber es ¿por qué han puesto eso ahí? -Para distraernos. ¿Dónde está Elisa? Campanadas. ¡Dios mío! Campanadas. ¿Cómo ha podido pasar? salimos juntos del salón. -Pero no llegamos al comedor a la vez. -Yo no sé quién iba detrás de mí pero yo iba detrás de este. -Yo no te vi llegar. -¿Y dónde se había metido usted si puede saberse? -Yo iba el último. No podía correr mucho. -Qué oportuno, ¿verdad? -Las portadas del escritor muerto se repiten. El asesino intenta decirnos algo. Pero ¿qué? Teléfono. -¿Forzada? La puerta estaba cerrada pero la cerradura estaba manipulada. -¿Quién iba a querer entrar en un guardamuebles? Ahí solo guardaba papelotes. Sí, no creo que se llevaran nada. Estaba todo en orden. Es imposible que nos aclaremos con este jaleo. No te creas que Arturo era un hombre muy ordenado. -Menos para hacer la colada. Tenías que ver cómo me dejaba la casa. Tenía los papeles ordenados por fechas. Los estamos metiendo en unas carpetas que él mismo tenía. -Clasificadas por fechas, sí. No sé dónde meter estos papeles. A ver. Joder, Cuevas, en su carpeta. En la de 1975 que andará por aquí. -No, he mirado varias veces y no está. Y la carpeta de 1975 no aparece por ningún lado. -Alguien entró en ese guardamuebles a llevarse algo. ¿Qué había en esa carpeta? (GRITANDO) -No tengo que dar explicaciones a nadie. -Ella mismo dijo que usted era culpable. -¿Quién coño es ella? Ni siquiera la conocemos. Aquí nadie se conoce. Todo el mundo es sospechoso. -¿Adónde vas? -Al baño, me estoy meando. -Te lo haces encima. De aquí no sale nadie. -¿Por qué lo dices tú? -Venga. -No, venga no. ¡Quita! ¡Déjame en paz! ¡Vale! -¡Bueno, bueno! -¡Eh! Joder, esto es lo que quiere el asesino. Que nos matemos entre nosotros. -Me has hecho daño. ¡Quita! Venga, tira. (SUSURRANDO) Nicolás. (SUSURRANDO) -¿Qué quiere? Ven. -¿Qué? Verás. En la casa no hay ni un solo teléfono operativo. Pero puede que haya línea. Nuestro anfitrión se llevó los teléfonos, pero los cables no. -¿De qué nos sirve tener cables si no tenemos teléfono? Hay uno pero es un poco viejo. Tú eres informático, ¿no? Trabajas con cables y esas cosas. -Sí. Podrías hacerlo funcionar. -Supongo que sí. Todos tienen los mismos circuitos. Aunque tengan 10 ó 15 años. Este es un poco más antiguo. -¿Está de broma? Esto es decorativo. Es una antigualla, no me sirve. Es la única manera de comunicarnos con el exterior. Necesito que lo hagas funcionar. Y que nadie más se entere. Ay, ¿seguro que no están donde las otras? -Joder, Lydia, por octava vez, no. No, año 74, año 76, las tengo todas. Pero la del año 75 no está por aquí, te lo digo yo. Y llego a saber que me iba a pasar media vida metido entre papeles, me hago fontanero. Con el ascenso tendrías menos papeleo. Y más acción. -Sí, pero perdería otras cosas. ¿Y si te dijera que no pienso seguir contigo a no ser que aceptes el puesto? -Te diría que yo no acepto chantajes de nadie. No cogería el puesto de todas formas. Me quedaría sin trabajo y sin chica. Y tú tendrías la culpa de todo. Escucha, esto es justo lo que yo no quería. Convertir una aventura de trabajo en algo... serio. -Para ti lo nuestro es una aventura de trabajo. Lo único que quiero es que no me metas en medio de nada. -Claro, porque tú tampoco lo harías por mí, ¿verdad? No es una carpeta del padre de Laura. ¿Cómo estás tan seguro? -Es una de las carpetas que tenía el investigador desaparecido. Se me caería cuando las miramos aquí. (LEE) Verónica Lebrel del Bosque. -¿Laura tiene una hermana? -Oigan, ¿no podría hacer esto en otro sitio? A mí es que... aquí al lado de... no me siento cómodo. Ya, y los demás invitados tampoco. Por eso no asomarán por aquí la nariz y tú podrás trabajar tranquilo. -¿Nosotras qué hacemos aquí? Hay algo que no me cuadra. Déjame otra vez el libro. -En la portada no puede salir toda la habitación. El asesino reprodujo la escena, pero hasta cierto punto. La radio. No está en la portada. -A lo mejor estaba allí antes y no le dio tiempo a quitarla. No, Verónica. La radio estaba encendida cuando llegamos. Otra vez nos está dejando un mensaje. -Pero ¿por qué iba a hacer algo así? -Es horrible, Jacobo. Tengo a mis dos hijas metidas en todo este lío. Ya, Maribel, pero tenemos que mantener la calma hasta que sepamos qué es lo que está pasando. -¿Ya estamos más cerca de saberlo? No sé, esto es como un rompecabezas. Lo único que necesito es pegar las piezas. Hola. Pues creo que tengo el pegamento. ¿Qué es lo que tienes? En una de las cajas de Arturo Lebrel estaban estos libros. Y se me hizo raro verlos ahí entre los papeles. Así que me los traje. ¿Y quién es este Waldo Laideker? Nadie, es un seudónimo. -¿Y su nombre de verdad cuál es? Aún no lo sé. Pero lo que sí sé es que este autor dejó de escribir novelas en 1975. El mismo año que nos faltan las carpetas de Arturo Lebrel. ¿1975? Maribel, ¿qué pasó ese año? Diecinueve setenta y cinco. 1975. El caso del crimen del calendario. Puede que sea eso. Un año. -75. 75, fue un año muy malo para nosotros. Para Arturo y para mí, quiero decir. Malo, ¿en qué sentido? -En el 75, papá y mamá casi se separan. ¿Qué? ¿Por qué? ¿Qué les pasó? -No sé, algo del trabajo de papá. Estaba muy tenso y siempre de mal humor. -Arturo quería dejar la policía. Incluso rechazó una medalla que le habían dado. A él y a su compañero, Guillermo Blasco. ¿Blasco? -Blasco. Blasco... estaba en una de las fichas del detective, ¿no? Sí. -Estaban investigando un asesinato, ¿cómo se llamaba ese hombre? Ahora no me... 1975. Esta puede ser la clave que nos una a todos. Algo nos pasó ese año. Y por eso estamos aquí. -¡Aquí está! Arturo lebrel y Guillermo Blasco. En el 75 investigaron el asesinato de un tal... Javier Arias. -Ese es el nombre, Arias. Conseguid todo lo que podáis sobre ese caso. Quizá sea el enlace que buscamos. -Sí. ¿Cómo va con el teléfono? -Todavía me queda un rato. ¿Dónde está Vera? Con vosotros en el salón. No, salió hace un rato. Dijo que venía a hablar contigo. -¿La habéis dejado sola? ¡Joder! ¡Vera! -¿Hola? ¡Vera! Portazo. ¿Vera? -Yo ni siquiera había nacido en el 75. ¿Y qué hay de tu padre? -¿Qué tiene que ver su padre? Tú y yo estamos aquí por algo relacionado con papá. Estoy segura. Quizá a él le pasa lo mismo. ¿Le ocurrió algo en ese año? -No lo sé, que yo no había nacido. Que... (CHISTA) ¡Escucha! Campanadas. -El único que se ha separado... ha sido... ¡Martín! Campanada. Disparo. Disparo. ¡Vera! ¿Qué ha pasado? (LLORANDO) -Había salido... a buscar el baño y... se abrió una puerta. Vi una pistola. (GIME) ¿Y Martín? (PREOCUPADA) ¡Martín! -Está vivo. Hay que sacarlos de aquí. ¡Rápido! Ha perdido mucha sangre. Tenemos que llevarlo a un hospital lo antes posible. -¿Cómo está? -¿Qué hace usted aquí? Debería estar descansando. -La herida era muy leve. Encontramos un botiquín y se la hemos vendado. -Vera, ¿pudiste ver al que lo hizo? -No. Solo vi el cañón de la pistola. Martín llegó de repente y recibió el primer disparo. Yo eché a correr y entonces me disparó a mí. Me caí y no recuerdo nada más. ¿Qué hacías tú sola por ahí? -Iba a buscarte. Me pareció ver a alguien en el pasillo. Y pensé que podía ser el señor X y descubrirlo. (LLORANDO) Fue una estupidez, lo sé. Si yo no hubiera ido, Martín no hubiera ido detrás de mí. Y entonces... -Bueno, bueno. Él está vivo. Eso es lo que importa ahora. -¿Dónde está Nicolás? Lo he mandado a la cocina a por medicamentos. Campanadas. -Otra vez las campanadas. Si los siguen vivos. No suenan por ellos. -Entonces, ¿por quién? Campanadas. -Nicolás está dentro. (LLORA) ¡Otro más! -Este crimen no sigue las mismas pautas. He mirado las portadas de los libros y no hay ninguna que se le corresponda. A lo mejor no quería que arreglara el teléfono. -¿Por qué no trajo hasta aquí para matarlo? Eso no tiene ningún sentido. Vamos a la habitación de Elisa. Hay que comprobar si le dio tiempo a arreglarlo. -Deberías haberte quedado con Martín. Vera y Margarita están con él. Mientras esté acompañado de dos personas, está seguro. -¿Funciona? Verónica, ¿estás bien? -Cuando me pongo nerviosa el asma de la alergia me va a más. Probaré con este otro. Ahí, ahí. Hay señal. Maribel deberías irte a casa a descansar. -Si no podría. Además, es tan curioso que este caso haya salido a relucir justo ahora. Hay una cosa que no le he contado nunca a nadie. Ese dichoso año 1975, el año en que Arturo rechazó la medalla y el ascenso. ¡Coge el teléfono, Jacobo! Jacobo. -Estuvo rarísimo. Muy raro. Sabemos que fue por ese caso. -Ya, eso lo sé ahora. (SUSURRANDO) Jacobo. Coge el teléfono por Dios. -Pensaba que me engañaba... Pobre mío, se murió, conmigo pensando cosas malas de él. Maribel, no te sientas culpable. -No, si no... Tú le querías y él lo sabía. Pero había... Vibrador móvil. Espera. Jacobo, soy Laura. Laura, ¿dónde estás? -Hija, ¿qué pasa? ¡Cuevas! Localiza la llamada en mi móvil. Jacobo tienes que venir a ayudarnos. En esta casa está muriendo gente. Y mi hermana también está aquí. Lo sabemos. Pero Laura, ¿dónde estás? No lo sé. Es... En la sierra de Madrid. A kilómetros de cualquier sitio habitado. No podemos salir de aquí, Jacobo. Las verjas están electrificadas. Y... Martín... (LLORANDO) Martín... está herido. Le han disparado y... no sabemos si es grave. Tranquilízate, estamos localizando la llamada. Inhalador. Llegaremos en un rato. Laura, ¿qué es ese ruido? El inhalador de Verónica. Lo está pasando fatal con la alergia. Escucha, Jacobo. El asesino es uno de los invitados. Quiere que descubramos algo que nos une a todos y que pasó en 1975. 1975. Oye, Laura, tu padre investigó un caso ese año. Han entrado en el guardamuebles donde guardaba sus cosas, y han robado un expediente. Pero sabemos de qué caso se trata. Era el asesinato de... -Javier Arias. Javier Arias. ¿Laura? ¿Laura? ¡Joder! Han cortado al línea. -Voy a reunirlos a todos. Ya es hora de que nos hablen de Javier Arias. Seguro que lo conocían. ¡No! ¡No! Espera, Verónica. Ese es el único as en la manga que tenemos para jugar con él. Deberíamos saber algo más sobre el caso antes de hablar con ellos. -Pero ¿cómo? Jacobo ha dicho que el expediente del caso de papá lo han robado. Ha desaparecido. No perdemos nada por buscarlo aquí, en la casa. Tenemos que mirar en la biblioteca. Me da que puede estar ahí. Yo no tengo nada. -Yo tampoco. No nos queda más remedio que hablar con los invitados. Aunque no habrá forma de saber si nos mienten. Este es, Verónica. Este es el expediente. -Es la letra de papá. No puede ser. (RÍE) (EMOCIONADA) ¡Yo hice este dibujo! -Esos son papá y mamá. ¿Y ese bichejo tan feo que hay al lado de la niña? Este era... Era el monstruo que me imaginaba que vivía en mi armario. -¿Y prefieres dibujarle a él antes que... Entiendo. Crujido. (SUSURRANDO) Nos están vigilando. Vámonos fuera donde no puedan escucharnos. (LEE) En 1975, papá investigaba un caso. Javier Arias, un editor millonario asesinado en su despacho. (EMOCIONADA) Le golpearon con un trofeo. Como a Nicolás. ¡Mira! -Es igual que la escena del crimen del pobre Nicolás. El asesino la reprodujo exactamente con todos los detalles. Sí, recuerdo que cuando éramos pequeñas, poco antes de morir papá, estaba muy preocupado. Seguro que era por este caso. Una persona fue encarcelada por este crimen. Pero papá pensaba que era inocente. Y que el verdadero culpable todavía continuaba en la calle. Mira. Mira quiénes eran para él los sospechosos. -Son las cuatro personas que quedan vivas en la casa. ¿Qué es lo que quiere el señor X? ¿Por qué nos ha reunido aquí? Muy sencillo. Quiere... que yo aclare el crimen que papá no pudo resolver, hace 30 años. Hace más de 30 años, un editor, Javier Arias fue asesinado. Ustedes lo conocían. Y para mi padre, que fue el policía que llevó el caso, uno de ustedes era el asesino. De hecho, puede que él mismo los interrogara. -Sí, creo que recuerdo a su padre. Vino a hacerme preguntas pero no volví a verle más. -Yo conocía mucho a Javier pero no sabía que también le conocierais. -¿Cómo íbamos a saberlo? No hubo ninguna investigación. El caso se cerró en un día. Detuvieron al asesino en la misma escena del crimen. ¿Qué motivos teníamos para asesinarle? Está todo aquí, en la carpeta de mi padre. Los investigó a fondo y encontró sus móviles. Javier Arias no quiso romper el contrato que tenía con usted. Y liberarla para que pudiera cambiar de editorial. Y usted no llevaba demasiado bien esa esclavitud. Usted era su médico personal. El descubrió que le daba medicamentos que creaban adicción para así seguir forrándose, al depender él de sus servicios. Alfredo, usted comenzó su carrera con él en uno de sus periódicos. Él era su jefe. Él se dio cuenta de que muchos de sus artículos eran falsos, sus fuentes inventadas, y usted un fraude. -Y eso que está diciendo, una calumnia. No lo sé. Solo digo lo que leo en estos informes. Usted era la hija ilegítima y única heredera. Su madre fue considerada como sospechosa. Ella quería que él la reconociera como hija pero se negaba. -Yo nunca conocí a mi padre. Hasta hoy no sabía ni su nombre. Mi madre siempre me lo ocultó. Como comprenderán no es un tema del que me guste hablar. -¿Qué tiene que ver ese crimen con lo que pasa aquí? Ese es el misterio. El señor X quiere que yo descubra quién de ustedes es el asesino. -Está muy claro quién fue el asesino. El secretario del muerto. Pasó toda la tarde en la antesala del despacho donde ocurrió todo. Y dijo que... después de entrar la víctima, no entró ni salió nadie hasta que lo encontró muerto. Por eso le detuvieron. No pudo ser nadie más. Parece recordar de repente todos los detalles del caso. -Y usted parece olvidar que tal y como dice el informe, yo tuve mi coartada. Estaba celebrando mi cumpleaños rodeado de gente. No soy el asesino que está buscando. -Y yo estaba dando clases en la universidad. Casi cien alumnos pudieron atestiguarlo. -Y yo estaba a 400 km de distancia en Barcelona. De hecho, yo estaba hablando por teléfono con el muerto. Cuando le atacaron. Yo oí cómo ocurrió todo. Y yo también tenía testigos a mi lado. Y eso también lo constató su padre. ¿Saben? Creo que mi padre tenía razón. Uno de ustedes es el asesino. Y me alegro de que todos tengan una coartada tan sólida. Tan indestructible. -¿Por qué dices eso? ¿No lo entienden? El señor X quiere que yo, la hija del policía que llevó el caso, descubra quién de ustedes es el asesino. Y en ese momento estaré firmando su sentencia de muerte, porque el señor X lo matará. Si no lo descubrimos acabará matándonos uno a uno. Lo acabarás condenando a muerte igualmente. No, Jacobo no tardará en encontrarnos. Tiene que haber localizado la llamada. Así que de las cuatro personas que quedan vivas, uno es el asesino del pasado. Y otro es el señor X. Verónica, ¿qué te pasa? -Me he mareado de repente. Creo que todo esto es demasiado para mí. Campanadas. Cinco campanadas. ¡Ha muerto alguien más! -¿Quién ha muerto? -¿No será Martín? ¡No! Él está bien. -¿Por qué las cinco campanadas? -Esa campanada de menos es por mí. ¿Qué dices? -Laura, este no es mi inhalador. El señor X me lo ha cambiado y creo que está envenenado. (JADEA) ¿Qué ha pasado? -Que me han envenenado. No, aún no lo sabemos. (LLORANDO) -Pero ¿por qué yo? Intenta tranquilizarte. (LLORANDO) -¿Por qué yo? ¿Cuánto tiempo crees que me queda? (PREOCUPADA) Verónica, aquí no se va a morir nadie. (JADEA) Tenemos que pensar con claridad. Voy a traerte un vaso de agua. (JADEANDO) -¿Qué pasa? ¿Tenéis algo? Llevamos más de dos horas y seguimos igual. El número desde el que te llamó está configurado como oculto. Rastreando la llamada hemos averiguado que está en esta zona de la sierra de Madrid. Sabemos lo que sabíamos, de puta madre. Cuevas, ¿sabes si en esa zona hay alguna casa o mansión aislada del resto de las poblaciones? -Hay cientos de ellas. -Pues hay que encontrarlas pronto. Si el ataque de alergia de Verónica es grave, por favor, Dios mío... Maribel, ¿a qué es alérgica Verónica? -Al polen. ¿Al polen de qué? -Al polen. Ah, espera. ¿Sabes si se puede ser alérgica al polen de los olivos? Claro, es uno de los árboles que más alergias produce. Cuevas, mira a ver si en la zona cerca hay algún olivar. -Sí, sí. Eso parecen olivos. ¿Hay cerca alguna casa aislada? -Ahí hay una casa. Tiene que ser esa. Entérate de la dirección y de a quién pertenece y me lo mandas al móvil. -Tengo la mala suerte que muchas veces, nadie me cree. ¿Por qué? -No te preocupes, no ha pasado nada. Él es inocente. ¿Sabes qué? Eres la detective más inteligente que conozco. Acabas de resolver un crimen muy difícil. Y te diré un secreto para que seas la mejor. Muchos policías creen que lo importante es todo aquello que los ojos ven. Pero no. Los ojos se equivocan. Somos lebreles. Para nosotros lo importante es el olfato. Él nunca miente. (SUSPIRA) ¡Papá! En 1975, se cometió el crimen perfecto. La víctima se metió en su despacho y después nadie más salió ni entró. Por eso su socio y asistente, que estuvo en la antesala toda la noche fue arrestado y condenado. -Se suicidó en la cárcel, presa de los remordimientos. Mi padre creía en su inocencia. De hecho, descubrió cómo se había cometido el crimen. En el momento en que iba a demostrarlo, la persona encarcelada se suicidó. Y mi padre... murió de un infarto poco después. -¿Qué descubrió su padre? Un charco de agua en la escena del crimen. -No nos va a decir que le ahogaron o algo así, ¿no? No. A Javier Arias lo mataron de un golpe en la cabeza. Ese charco lo había producido un bloque de hielo que estaba colocado en la estantería justo encima de su silla. -¿Para qué? No entiendo nada. El asesino lo había colocado allí horas antes. Y apoyado contra él, un trofeo. De tal manera que cuando el bloque se deshiciera, el trofeo caería en la cabeza de la víctima. Calculó por el tamaño del bloque, cuánto tiempo tardaría en deshacerse. Para saber así la hora exacta en la que caería. -El asesino no podía saber que la víctima estaría sentada allí, en ese preciso momento. Sí, lo sabía. Esa es la razón de que el muerto estuviera hablando con usted por teléfono, ¿verdad, Margarita? Usted le mató. Con esa llamada desde Barcelona, no sólo se aseguraba la coartada perfecta, sino que Javier Arias iba a estar donde usted quería. -Sandeces. No tiene pruebas. Tendrá que demostrarlo. -No, no, no. No hay tiempo de demostrar nada. Lo que hay que hacer es actuar ya. ¡Mi pistola! ¡Tú me la robaste! -No estaba tranquilo sabiendo que había invitados armados. -Usted es el señor X. Todo lo que ha dicho Laura, no tiene ninguna prueba. No soy inocente. -Pues es una lástima. Solo reconociendo que es culpable, podría salir viva de aquí. Yo no soy el señor X. Pero si el ha montado todo esto para que Laura resolviera el misterio, entonces el asesino de aquel crimen tampoco puede ser el señor X. -Está bien. Lo confieso. Yo lo maté. Ocurrió todo como ha dicho Laura. Pero yo no sé nada de lo que ha pasado en esta casa. Por favor, mueva la pistola. -Yo tampoco sé nada. No sé dónde está el señor X. A mí me disparó, casi me mata. Las posibilidades se reducen a dos. Alfredo, tienes que tranquilizarte. No hagas ninguna tontería. -La única tontería sería quedarme de brazos cruzados, esperando a que el señor X nos mate a todos. No permitirá que salgamos vivos de aquí. Y tengo que mataros a los dos, os mato. Os aseguro que podré vivir con la duda de quién de vosotros dos es el culpable. (TARTAMUDEA) -Yo soy inocente. Os lo aseguro, os lo juro. Si bajas la pistola, podemos olvidar que nos apuntaste. Cualquier persona... Disparo. ¿Me crees capaz de matar a alguien? -Entonces, me estás diciendo que... que es él. No, tampoco lo sabemos. ¡No lo sabemos todavía! -¡Claro que no! Pero ella... su padre... Su padre murió intentando aclarar ese caso. Ella lo ha organizado todo para terminar el trabajo de su padre. ¡Ella! Pero ¿qué dice? ¡No sabía nada hasta que llegué aquí! (GRITANDO) ¡Callaos todos! (GIME) ¡Aaah! ¿Estás bien? Tranquila, ya pasó todo. Llaman a la puerta. -¿Qué ha pasado? He oído disparos. ¡Jacobo! Hola, Vero. -Estás igual de guapo que siempre. Aunque tienes menos pelo. ¿Cómo te encuentras? -Mareada. ¿Descubriste al asesino? Sí. Pero no sé cómo el señor X va a darme... Oye, pero... ¡El antídoto! Me lo ha metido en el bolsillo sin que me diera cuenta. Los de la científica están llegando. Lo analizamos en un momento y si es aseguro te lo ponemos. ¡Voy! ¿Ves? ¡Ya está! Se acabó. (SUSPIRA) Parece que está bien. El antídoto ha hecho efecto. -Siento mucho lo de antes. Lo de la pistola. Uno nunca sabe cómo va a reaccionar ante una situación de peligro. No se preocupe, no me ha sorprendido nada. Sabía perfectamente cuál iba a ser su reacción. Vendería a su madre por un trago, así que por salvar el pellejo ni le cuento. -¿Usted por qué se ríe? ¿No la van a detener? Su crimen ha prescrito. Ella no irá a la cárcel. El señor X ha organizado todo esto para nada. -¿Nos vamos a ir sin saber quién es? Lo sabremos dentro de un segundo. Mis agentes ha descubierto una tumba recién escavada en el jardín. Dentro estaba el cadáver del detective que el señor X contrató para seguirle la pista a todos ustedes. Y este es su móvil. Estaba en un arbusto, cerca de la fosa. Solo lo usaba para marcar un número. Un número que en la agenda está asociado a una equis. Así que ahora solo tenemos que marcar y sabremos a quién de ustedes le suena. El señor X había colocado un inhibidor de señal para dejar sin cobertura toda la casa. Lo hemos naturalizado. Ahora ya funcionan todos los móviles. Laura, cuando quieras. Móvil. Móvil. ¿No va a contestar? -No sé por qué ese hombre tiene mi número de teléfono. ¡No! ¡Todo esto no es mío! ¡Es una trampa! ¿Por qué iba a haber hecho yo todo esto? ¿Para descubrir que soy una asesina? A su edad no pasará demasiado tiempo en la cárcel. Y como dicen en las novelas de misterio que usted escribe: "Nada le gusta más a un asesino inteligente que ser descubierto". "Es la única manera que tienen de que les reconozcan el arte". Usted quería ser descubierta. Y con el libro que escribirá forrarse. Y relanzar su... llamémosle carrera como escritora. -Contrataré a los mejores abogados. No probarán nada. Por lo menos tendrá la oportunidad de defenderse. Cosa que le negó a sus víctimas. -Bueno, pues ya está, ¿no? Inspectora, ¿quién me iba a decir cuando la conocí, que fuera usted quien nos sacara de aquí? Encantada. Adiós. Pero ¿qué hace? No, esta es la mía. La suya es la verde. -Ah, qué tonta. ¿Cómo he podido confundirme? Si la suya es como de esparto. Se me han quitado las ganas de irme de fin de semana para mucho tiempo. -No llores. -¿Se puede? Sí. Puf, estoy tan cansada que no tengo ni sueño. ¿Ya te han dejado los gemelos? -Sí. Quería darte las gracias por salvarme la vida. (SUSPIRA) Dios mío, si no aparece el antídoto es a mí a la que me da algo. -Y también quería hablarte de esto. Ay, oye, lo siento. Era muy pequeña. Ya sé que tú no eres así. No tienes esos pelos en las piernas. -Ya, escúchame. Lo que quería decirte es que... Ya sé que no estás siempre intentando competir conmigo. En realidad he sido yo la que siempre ha querido ser mejor que tú. ¿Tú quieres ser mejor que yo? ¿Y por qué? -Siempre te he envidiado. (RÍE) Míranos a las dos. ¿Por qué ibas a querer envidiarme tú a mí? Si tú lo tienes todo. -¿Te lo tengo que explicar? Mira todo lo que ha pasado este fin de semana. Jacobo y Martín hubieran dado su vida por ti. Y a mamá y a los gemelos les hubiera dado algo. En cambio, yo... Ni una sola llamada en 48 horas. He estado dos días desaparecida, a punto de ser asesinada, y nadie me ha echado de menos. Verónica. Yo sí te he echado de menos todos estos años. Gracias. Martín no deberías haber venido. Si no tienes fuerzas. El médico me ha dicho que estoy bien. No puedo perderme esto por nada del mundo. -¡Martín! Cuevas, lograrás lo que el señor X no ha conseguido. -Creí que no lo contabais. Laura. Me alegro muchísimo de veros. Gracias, Lydia. Creía que se habían terminado las sorpresas. Cuevas, con todo este follón se me ha olvidado que tenemos un asunto pendiente. Me han llamado y están esperando que tomes una decisión. -Ya, yo no quiero ese puesto. Me quiero quedar en esta comisaría. Ven, ven. -¿Qué? ¿Estás seguro? No pierdas una oportunidad por algo que no va a ninguna parte. -Definitivamente me quedo. -¡Martín! ¿Qué tal? ¿Cómo estás? Para nada me ha sorprendido tu llamada. ¿Puedes esperarme en esta sala? Tengo que firmar unos papeles y ahora voy. -Claro. -Hola. ¿No sois demasiados para una cita? ¿O es que sois mucho más abiertos y atrevidos de lo que pensaba? No es con Martín con quien tienes una cita, Vera, sino con la justicia. ¿O debería decir más bien, señor X? -¿Qué dices? El señor X es Margarita. Sí, quedó claro que el cadáver que encontramos tenía un teléfono móvil con el número de Margarita. Un teléfono que tú colocaste allí para inculparla. Querías que encontráramos el cadáver por eso jugaste al escondite con él. Hasta que uno de los invitados lo vio. -Laura... no entiendo lo que dices. ¿Podrías explicarlo de nuevo? Este es el expediente de mi padre. El de 1975. ¿No te llama la atención nada en él? -¡Qué obsesión con el expediente! No, no veo nada raro. Todas las hojas están un poco arrugadas porque yo misma las mojé sin querer cuando era pequeña. Todas menos una. Tu ficha. Con la historia de que eras la hija ilegítima de la víctima. ¿Y por qué? Porque la colocaste tú en el expediente cuando lo robaste del guardamuebles de mi padre. Metiste una hoja envejecida. Pero... se te olvidó empaparla. -¿Y para qué iba a hacer yo eso? Porque necesitabas justificar tu presencia en la casa. Javier Arias nunca tuvo una hija ilegítima. Lo hemos comprobado. Te inventaste esa historia para ser considerada sospechosa como el resto de los invitados. -Así que en dos días paso de no tener padre a tenerlo. Y ahora resulta de nuevo que no lo es. Sabes perfectamente quién es tu padre. Tu padre era Diego Fernández. La persona injustamente acusada del asesinato. Todo esto ha sido una venganza. Por lo que le hicieron a tu padre. Hubo algo que me llamó la atención. Pero ¿qué hace? No, esta es la mía. La suya es la verde. -¡Qué tonta! ¿Cómo he podido confundirme? Eres daltónica. No le di importancia hasta que caí. Fue eso mismo lo que llamó la atención de Guillermo. -Ya sé que no juego muy bien. Pero le agradecería que moviera sus piezas. Por eso quiso consultar esa novela antes de que tú lo mataras. Lo que le interesaba del libro era la dedicatoria. "A M. que ve el mundo con sus propios colores". Tu padre no sólo era socio del editor asesinado, también publicaba novelas con un seudónimo. Waldo Laideker. Y por eso las novelas dejaron de publicarse en 1975. Cuando lo encarcelaron y se suicidó. El escritor tenía una hija, María Fernández, que no pudo soportar la muerte de su padre, y pasó muchos años internada en instituciones mentales. Hasta que hace dos años salió a la calle. Y desapareció de la faz de la Tierra. Hace dos años te cambiaste el nombre por el de Vera. Empezaste a planear la venganza. -No fue una venganza. Fue como si ellos mataran a mi padre con sus propias manos. Sabían que era inocente y no hicieron nada. Te equivocas. En cuanto mi padre supo la verdad quiso sacar al tuyo de la cárcel, pero llegó tarde. Se había suicidado esa misma noche. -Mi padre nunca hizo daño a nadie. Solo mataba en sus novelas. Yo he hecho que sus crímenes se vuelvan realidad. Y que paguen todos los que se lo merecían. Por eso contrataste a un detective. Para que buscase a todo aquel que perjudicó a tu padre. A Francisco, el hijo del fiscal que lo condenó. Le ofreciste dinero para que te ayudara porque sabías que estaba arruinado por su obsesión por los libros. Él se hizo pasar por muerto. -No puede ser. -¡Dios mío! -Alguien tiene que haber visto algo. Pensando que todo formaba parte de un juego, de una charada. Debió de llevarse la sorpresa de su vida cuando le cortaste el cuello de verdad. Ha sido increíble. Se lo han creído todos. ¡Mira! Alisa. La mujer que tenía una aventura con tu padre y que pudo haberle dado una coartada pero que no lo hizo porque estaba casada. A Nicolás, el hijo del abogado que tampoco supo defenderlo. Tú los mataste. Dejaste para el final a los tres sospechosos: Margarita, Felipe y Alfredo. El padre de Laura creía que el asesino era uno de ellos. Me forzaste a mí para que encontrara entre ellos al culpable porque tú no fuiste capaz de hacerlo por ti misma. Mataste también a Samuel, el detective que habías contratado cuando se dio cuenta de lo que ibas a hacer con nosotros. -Sé lo que tramas y lo que quieres hacer con ellos. Hiciste un agujero en la ventana para que pareciera que el señor X había disparado a Guillermo desde fuera. También intentaste matarme. Luego te heriste para desviar sospechas. (GIME) Tampoco te fue difícil engatusar a Nicolás. Llevarlo hasta el despacho y abrirle la cabeza. No eres una mujer frívola y estúpida como nos has querido hacer creer. Eres... fría. Y calculadora. -No me arrepiento de nada de lo que hice. Mi vida ya estaba arruinada por todos ellos. Así que no tenía nada que perder. Solo hay una cosa que no entiendo. En mi invitación había una frase que me dijo mi padre una vez cuando yo era pequeña. Es imposible que tú supieras eso. -Tú misma me la dijiste. ¿No te acuerdas? Tú y yo nos conocimos hace mucho tiempo. -Será solo un momento. Ha surgido algo imprevisto y no he localizado a tu madre. Espera aquí. Ahora mismo salgo. ¿Qué te pasa? ¿Por qué estás aquí? -He venido aquí con mi madre porque papá está en la cárcel. ¿Qué es lo que ha hecho? -Mi padre no hizo nada y la policía le metió en la cárcel. Mi padre es policía y seguro que podrá ayudarle. -¿Por qué? No es como los otros policías. Él no hace caso de los ojos que ven mal y necesitan gafas. Él siempre hace caso de lo que le dice su nariz. Somos lebreles que son como una especie de perros. Y si tu padre no hizo nada, él le creerá. -A mi padre ya no le puede ayudar nadie. Se ha muerto. Pero cuando sea mayor, yo arreglaré las cosas. (LLORA) -¿Te pasa algo, Laura? Si la policía es buena, ¿por qué lloraba esa mujer? -Algunas veces los policías nos equivocamos. ¿Tú también? -Yo también. Entonces, ya no sé si quiero ser policía. -Al revés, Laura. Las equivocaciones sirven para recordarnos que nunca debemos estar seguros de nada. Y que siempre se puede mejorar. Aunque ahora mismo te estoy mintiendo. De una cosa sí que estoy seguro. Algún día, tú serás mucho mejor policía que yo.

Los misterios de Laura - Capítulo 19. El misterio de los diez desconocidos (2ª parte)

28 mar 2013

Laura continúa atrapada en la mansión. Ya han muerto cuatro personas y ahora son Martín y Verónica, la hermana de Laura, los que corren peligro. Si Laura no da pronto con el asesino podrían morir. Uno de los invitados cometió un asesinato en el pasado, descubrir quién y porqué serán las claves.

 

Histórico de emisiones:

18/07/2011

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  1. Alessandra

    Yo también lo veo en México, pero por tv, lo malo es que no pasan todos los capítulos, que bueno que los tienen en línea!! Excelente serie!! Mejor que las de eua. Ojala siga por mucho tiempo!!

    08 jun 2014
  2. A. Sobrevilla

    Soy de México y la veo por internet. Me encanta!!!!!!!!!!! Muchas felicidades a todo el equipo que hace posible esta serie.

    22 may 2014
  3. Isabel

    Es una serie que me encanta, me entretienen mucho, me la sé de memoria de tantas veces que la he visto. Espero que hagan más capítulos, a muchos nos harían muy felices.

    13 nov 2013
  4. Carlos

    Esta serie es una pasada, ¡¡¡¡¡enviad la siguiente temporada lla!!!!!

    06 ago 2013
  5. carmen

    Ansiosa estoy ya por la nueva temporada!! me encanta esta serie!!

    01 may 2013
  6. Telly

    He visto los Misterios de Laura on línea, todos los capítulos en dos semanas. Iba racionando porque me gusta tanto que no quería sentir la sensación de que se acababa. Pero se acabó. He visto los 16 capítulos que han puesto en esta web. Pero no se sí tendré dispuesta a la pregunta de ¿Para cuándo más capítulos de esta serie?. Es una de las mejores de esta cadena. Enhorabuena a todo el equipo que ha contribuido a que esta serie tenga tanta calidad. Sobre todo a los guionistas y a María Pujalte.

    09 abr 2013
  7. Yoy yoy yo

    Cuantos capítulos hay de laura

    05 abr 2013
  8. Anhidrous

    Me gustaría saber, si alguien puede decírmelo, cuando van a emitir los capítulos nuevos de esta serie, porque considero un despilfarro del dinero público emitir nuevas series como la que reemplazó a "Laura" sin haber agotado las ya grabadas.

    04 abr 2013
  9. Paloma

    Soy una niña de 9 años de Oviedo, he visto todos los capítulos de "LOS MISTERIOS DE LAURA" y me encantan uno de mis favoritos fue el número 8 (EL CLUB DIÓGENES) me encanta el papel de Beatriz Carvajal. Espero con mucha ilusión la nueva temporada, ¡¡¡FELICIDADES A LOS ACTORES!!!

    02 abr 2013
  10. Leon

    "LOS MISTERIOS DE LAURA" ES UNA DE MIS SERIES FAVORITAS Y ESPERO CON ANSIA LA NUEVA TEMPORADA. SOY MEXICANO VIVIENDO EN E.U., PERO NO ME PIERDO LAS SERIES ESPAÑOLAS PUES TIENEN UNA GRAN CALIDAD. ESPERO QUE PRONTO PASEN TAMBIEN UNA NUEVA TEMPORADA DE "PELOTAS" Y ÄGUILA ROJA", ASI COMO "CUENTAME"... ¡POR FAVOR!...

    11 nov 2012