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La huella del crimen - El crimen de Don Benito - ver ahora
Transcripción completa

(La historia de un país es también la historia de sus crímenes,

de aquellos crímenes que dejaron huella.)

(El pueblo extremeño de Don Benito en la provincia de Badajoz

se hizo famoso en toda España en 1902 por un crimen,

el llamado Crimen de Don Benito.

¿Por qué se recuerda un crimen que lleva el nombre del pueblo

y no el de las victimas?

¿O el de los asesinos? Como es norma en estos casos.

En Don Benito, como en toda Extremadura,

sigue imperando el sistema feudal del caciquismo;

el cacique de Don Benito es don Carlos García Paredes).

Sebastián, ven a vestirme.

(El tío y padrino de García Paredes es don Enrique Donoso Cortés,

cacique de todo Badajoz, apodado el Sultán.

Su poder se extiende no sólo a gobernadores y autoridades

sino que llega hasta el Gobierno Central

donde hace y deshace políticos y cargos públicos a su antojo.

Doña Caridad, madre de García Paredes.

Reza en latín

Don Ramón Martín de Castejón, viudo.

Padre de un hijo y de cuatro hijas,

ha dilapidado la herencia de su difunta esposa,

arruinando a su familia por su dedicación

a los placeres de la mesa y el juego.

Este dicharachero e ingenioso gorrón es el acompañante

del melancólico y brutal borracho García Paredes).

¿Qué haces tú aquí? ¿No te acuerdas que hemos quedado?

¿Tan gorda la agarraste ayer?

¿Has hecho algo de lo que te dije? ¿De qué?

Conmigo no te pases de listo.

Si te refieres a lo de Inés María Calderón

va por buen camino.

Pero las mujeres como esas necesitan su tiempo

y mucha maniobra.

En la eterna guerra de los sexos, la paciencia es fundamental.

Yo ya estoy perdiendo la paciencia.

Vamos.

Buenas tardes, don Carlos. -Con Dios, don Carlos.

Dile a Inés María que le suelto 500 pesetas por una sola vez,

con eso pueden comprar su antigua finca

y dejar de coser para el vecindario.

Ya veremos.

Si lo consigues, algo caerá para ti, sino también.

Buenas noches, don Carlos.

¡Hay que ver cuánto bueno por aquí! Y también lo que se encuentra.

Tan buenorra como siempre. No iba a cambiar desde el jueves.

Champán.

A mi no me des esas mariconadas francesas, trae coñac.

Por supuesto, ya la tenía preparada.

Copas.

¿Le sirvo algo de comer? No tengo hambre.

Tengo unos pajaritos fritos y un jamón de chuparse los dedos.

Deberías comer algo, tanto beber sin comer te hará daño.

Tú en cambio, comes por los dos. Y tú bebes por los dos.

Te digo que tú comes por los dos.

Es la única satisfacción que me queda.

Mi edad me priva de los placeres de veros.

Tiene usted un pico de oro.

Niñas.

Venga deprisa, deprisa.

Carmen, Violeta...

¡Estoy harto de veros el culo a todas!

Tienes el mismo ganado de siempre. ¿No tienes a ninguna nueva?

Nueva y muy nueva, don Carlos.

Lirio, ven aquí.

Esta pollita sólo se la ofrezco a usted,

es menor de edad, tiene 14 años y podría buscarme la ruina.

Está un poco escurría. Está bien prieta.

Ya veremos.

Metafísico estáis, es que no como.

¿Cómo te llamas? Lirio.

¿Le traigo esos pajaritos? Por supuesto.

Ven.

¿De qué te ríes?

¿Por qué te ríes?

Quítate eso.

Y eso.

¡Vamos, deprisa!

Quítatelo, ¡zorra!

¿Se te han pasado los calores? -Todavía no.

-Yo te lo haría con gusto pero me da miedo.

-Yo prefiero a ella.

-Pues no te prives. -Es que no tengo dinero.

-Pídeselo.

-¿Me podría usted fiar?

-Yo no fío ni a mi padre, suponiendo que lo conociera.

¡Quieta!

Gritos

Pronto empezamos.

Tranquila, que no pasa nada.

Te voy a enseñar, maldita zorra.

Por el amor de Dios.

No se que me pasa que no se me pone tiesa.

Con lo que bebes, no es tan raro. No es por eso,

es María Calderón que me ha hechizado.

Y hasta que no me la ventile...

Lléname la copa.

Perdone, usted, señor. -Perdónele, don Carlos.

A ti te he dicho que te largaras.

¿Qué te pasa, hijo?

¿No te dejan echar un polvo? Ya he echado uno

pero todavía no me he desahogado y no me queda más dinero.

Pues yo te invito y bebe lo que quieras.

Muchísimas gracias.

¡Vámonos!

¡Vámonos, coño!

Vamos novillera, que me han invitado. -Nada de nada.

-Ese señor me ha invitado y usted ha dicho sí con la cabeza.

-Este estaba borracho y no sabe lo que ha dicho,

ósea que a tu casa.

¡Fuera!

¡Joder, vaya nochecita!

¡Las han matado, las han matado!

Hay que avisar al juez.

Todos sabemos quién lo ha hecho, García Paredes es el criminal.

-Es cierto, quien dice la verdad ni peca ni miente.

-Aquí nadie sabe nada hasta que no venga el señor juez.

-Se hará justicia con juez o sin juez.

-¿Está usted seguro que no la violaron?

-No la violaron según testificó el doctor Suarez.

-37 puñaladas dice usted, ¡que salvajada!

-Hay muchas voces que acusan a una persona muy principal

sólo por su fama de mala cabeza.

¿Para qué iba a querer violar a nadie él?

Que tiene a su disposición todas las putas de Don Benito.

-Don Ataulfo, hay un mozo que pide permiso para hablar con usted.

-Que pase.

-El señor boticario es todo un demócrata.

-Le conozco bien, de niño trabajó en mi botica.

-Buenas tardes, vengo en nombre de mis compañeros

a decirles que nuestra convicción es que en este desdichado asunto,

todos, los de arriba y los de abajo, debemos estar unidos para la justicia

Les dejó 28 reales de la caja de la Federación Campesina y Obrera.

Reuniremos más.

-Estoy de acuerdo. Pongo esta moneda para iniciar una colecta

para quién pueda proporcionar alguna luz sobre el asunto.

-Adiós, señores, muchas gracias don Ataulfo

por dejarme entrar en su casino. -De nada, hombre,

ya sabes que te quiero bien.

-¿Se da cuenta de lo que va a pasar por haber puesto ese dinero?

-No podía permitir que ese patán quedara mejor que yo.

-Entre ese patán y usted,

se ha puesto en marcha un procedimiento que se llama

"Acción popular"

por el que tendrá que nombrarse un juez instructor de Madrid,

y lo que es peor, que el juicio se celebrará aquí

con un jurado de patanes de aquí.

-La acción popular queda constituida.

Desde ahora, el pueblo de Don Benito se persona en el proceso iniciado

por el crimen abominable que a todos nos ha quitado el sueño.

-La cantidad de dinero corriente que se expresa aquí

será destinada para sufragar los gastos de la acción popular.

Es una contribución de la industria y el comercio de Don Benito.

-Los jornaleros y demás trabajadores quieren hacer su contribución.

-Nosotros también queremos contribuir.

En nombre de los otros trabajadores de aquí,

de las familias, y sobre todo de las mujeres de Don Benito.

Don Enrique, dichosos los ojos.

Tenemos que ir a Don Benito para arreglar un lío,

estaremos allí unos días en casa de mis parientes,

los García Paredes.

(Ministerio de Gracia y Justicia, Madrid).

-No hay indicios del criminal,

pero hay voces que apuntan a una persona distinguida.

-Ya lo has visto, el pueblo está de lo más levantisco;

incendios, manifestaciones, pedradas a locales públicos, gritos,...

Todo tiene que terminar inmediatamente.

-Entonces, no necesitas un juez, sino un destacamento de la Guardia Civil.

-Ya está la situación bastante podrida como para que ahora

se enzarcen los guardias y el pueblo.

Una revuelta campesina y mártires a la nómina.

-Incrementaría nuestro abundante santoral, ¿que tiene de malo?

-Una revuelta en Don Benito puede generar una revolución

en toda Extremadura.

Las órdenes del ministro son claras. -¿Qué hay que hacer?

-Arreglar todo cuanto antes como sea.

-Que tengas suerte.

-Yo no creo en la suerte, Costa, ni tampoco en los milagros.

-Quisiera conocer su impresión personal sobre el crimen.

-¿Se refiere a sobre quién lo cometió?

-Sí.

-Creo que el autor del crimen es Carlos García Paredes.

-Ya veo que todos los tiros apuntan al mismo blanco,

¿no le parece demasiado fácil culpar de todo al cacique?

-Usted no lo conoce, sólo disfruta haciendo sufrir a los demás.

En una ocasión violó a una pobre inocente,

tenía una querida que le dio una paliza que la tuvieron que ingresar

y murió a los pocos días.

-¿Nadie le denunció? -Todos le tienen miedo.

¿Cómo se explica que siendo la noche del crimen tan calurosa

y estando todas las ventanas abiertas no haya ningún testigo?

-Sin embargo, todo el pueblo le acusa a él.

-Pero nadie se atreve a declarar,

y eso que hay una recompensa de 500 pesetas,

lo suficiente como para arreglarle la vida a cualquiera.

-No se puede condenar a nadie sin pruebas y no tenemos ninguna.

Le recuerdo que usted es el encargado de conseguirlas,

la mala fama no es una prueba judicial.

¿Algún sospechoso más? -Yo creo que el sereno puede ser

pero nadie pudo haberlo hecho sin su complicidad o su silencio.

El otro que levanta murmuraciones es el doctor Carlos Suarez

pero sólo porque su instrumental médico apareció desparramado

junto al cadáver de doña Catalina.

Él había alquilado una habitación en la casa para pasar consulta

y no tiene nada de extraño que el maletín estuviera allí.

-Sí, eso parece lógico.

-Compañeros de la Federación Campesina y Obrera de Don Benito,

os presento a Aurelio. -Salud.

-Escribe en La Voz del Cantero, de Madrid.

-También tenemos conexiones con periodistas de Madrid y Barcelona.

Toda España está pendiente de Don Benito,

esto puede ser el principio de la revolución.

-El pueblo está indignado.

-Habéis actuado muy bien atacando la Casa Consistorial.

-No hemos sido nosotros. -¿Cómo?

-Ha sido el pueblo.

Nosotros no somos partidarios de la violencia innecesaria.

-Sólo la violencia ayuda contra la violencia del Estado.

-Queremos encontrar un testigo que declare contra ese golfo.

-No, no es eso. -Tú no sabes cómo es.

-Sé perfectamente cómo son los caciques,

¿qué más da un cacique más o menos?

Lo que importa es que el pueblo una sus fuerzas

y no para luchar contra un cacique, sino para cambiar el sistema.

Si sólo se ejecuta uno, muerto el perro se acabó la rabia.

Y todo seguirá igual.

-Detrás de este pero está su padrino, el Sultán,

que es el jefe de los caciques de Extremadura.

Si conseguimos que condenen a García Paredes

será el golpe más fuerte contra el caciquismo.

(Han detenido al doctor Suárez).

-El doctor Suárez es el asesino. -¡Asesino!

-Yo no soy un asesino.

-¡Asesino!

-Soy inocente.

-¡Asesino!

-No soy el asesino. -Degenerado.

-¿No te da vergüenza?

-¡Asesino!

-Pueblo de salvajes.

-¡Fuera!

-Vamos, tirad fuerte.

No puedo consentir que el pueblo se tome la justicia por su mano.

Es el asesino, déjales que se desahoguen.

-¡Alto en el nombre de la ley!

-Viene a precisar algunos aspectos. -Sí, el maletín.

-Yo solía dejarlo en una silla junto a la máquina de doña Catalina.

De lo que allí pasó sabría algo si hubiera tenido algo que ver,

pero no sé nada.

Señor gobernador, al final alguien que pueda deshacer esto.

¿No se acuerda de mi?

Traté a su hija Carmelita de una blefatiris.

Cállese imbécil, es usted un cínico y un embustero

y un criminal depravado.

-No le consiento a nadie esas palabras.

-El que no consiente que este local se convierta en una pelea de gallos

soy yo.

-Tampoco voy a consentir ninguna intromisión en la Justicia.

Lamento las circunstancias de nuestro encuentro,

le ruego me perdone por no haberme anunciado;

soy Oyarzábal, el gobernador civil.

-Ya lo sé.

Ordene que conduzca al doctor Suarez al calabozo.

Le ruego me perdone, pero como responsable del orden público

todo este asunto me tiene un tanto alterado.

Alterarse no me parece lo más propio para mantener el orden.

Por supuesto.

Yo a lo que he venido es a presentarle mis respetos

y a...

Delgado, salga.

Invitarle a cenar de parte de don Enrique Donoso Cortés,

que se aloja en casa de sus parientes García Paredes.

¿Usted cree que si cenase en casa de uno de los sospechosos

podría apaciguar los ánimos?

Lo consideraba como un nivel de cortesía entre autoridades,

pero no había caído, seguramente tiene usted razón.

Buenos días tenga usted, señor juez. Lo mismo le deseo.

-Fulgencio, usted como siempre tan atento.

Dígale al capitán de verano que venga.

Para bien del secreto de sumario,

espero que no sea demasiado fino de oído.

-Sí, señoría.

-¿Ordena alguna cosa?

-Quiero que se le aprietan las tuercas a Cilocha.

-¿Cree usted que ese sereno ha cometido el crimen?

-No, creo que ha sido García Paredes y el sereno lo sabe.

-Yo creí que usted me reprochó acusarlo abiertamente.

-Ha sido el silencio lo que me ha convencido.

El silencio y una invitación a cenar.

-A sí mismo declara que ayudó a entrar en al casa de autos

a los susodichos, García Paredes y Ramón de Castejón,

lo hizo por miedo y sin que mediase interés alguno

ya que sabía que García Paredes

había apaleado en otra ocasión hasta dejarlo medio muerto

a un sereno.

Firme. -No sé escribir.

Yo pongo una media luna menguante y una estrella por mi trabajo.

-Firme como pueda.

Don Carlos, tiene usted que acompañarme.

-Hijo.

Esto no pueden hacérmelo a mi.

Si quiere venir por las buenas de acuerdo,

sino tendré que ponerle grilletes.

Padrino, no consienta que me hagan esto.

Dígale a mis hijas que me guarden la comida caliente

que enseguida vuelvo.

Cuando llegue tu turno, hablarás con Ciloncha,

le recordarás de mi parte que tiene mujer y cinco hijos

y que debe velar por su salud.

Después le dirás que se retracte,

que diga que es mentira cuánto declaró.

Qué él sólo dijo lo que sus torturadores querían oír

pero que es todo mentira.

Le digo que si no niega lo que declaró

sus hijos pueden pagarlo, ¿no? Eso es.

-Van a soltarlos. -¿Para qué lo detuvieron?

-Parece ser que el Ciloncha se ha rajado.

-Le debió llegar recado de parte de El Sultán.

-¡Qué canallas!

Muerte a los caciques, justicia en Don Benito.

Muerte a los caciques, justicia en Don Benito.

Muerte a los caciques, justicia en Don Benito.

Muerte a los caciques, justicia en Don Benito.

Muerte a los caciques, justicia en Don Benito.

Muerte a los caciques, justicia en Don Benito.

-¡Justicia!

-García Paredes, ¡asesino! -Eres el padrino de un asesino.

¡Abajo el cacique! -¡Muerte al cacique!

Para hablar conmigo, se lleva la gorra en la mano.

¡Queremos justicia, don Enrique! Si queréis justicia, se hará.

Y ahora todos a dormir.

Mañana a primera hora telegrafía a Badajoz

para que mande refuerzos la Guardia Civil.

Hay quien nace con estrella y hay quien acaba estrellado

porque el destino se lleva en la raya de la mano.

La rueda de la fortuna, gira y gira caprichosa

a veces toca la suerte y otra la muerte te toca.

Me han comunicado que quiere hacer una declaración.

-Sí, en relación con el crimen de la calle Padre Cortés.

-Avisa al secretario, siéntese.

Viene como testigo, ¿supongo? -Yo sé quién lo hizo, lo vi entrar.

¿A quiénes? -A uno que llaman Don Carlos

y el otro un viejo de pelo y barba blanca.

-¿Cómo ha tardado tanto tiempo en presentarse a la justicia?

-Verá, yo vivo en el campo solo, bueno, con mi madre,

y no bajo a Don Benito nada más que una vez al mes

y no tuve noticias del crimen hasta anteayer.

¡Qué viene la Guardia Civil!

¡Cuidado, la Guardia Civil!

¡Un batallón de la Guardia Civil está sitiando el pueblo!

El sultán los manda para liberar a García Paredes.

¡Tendrá que pasar por encima de nuestros cadáveres!

¡Vamos a defendernos!

-¡Cojamos los carros y hagamos barricadas!

-¡Asaltemos la Casa Consistorial y les ahorcamos!

-Señoría, el pueblo está alborotado.

Gritos

Pueblo de Don Benito, escuchadme, tenemos un testigo.

Yo os juro que se hará justicia.

-¡Viva el juez Tamarón!

El señor quiere hacer una declaración.

Siéntate.

-¿Cómo te llamas? -Tomás Alonso Camacho.

Dime lo que sepas.

No te fíes de la noche que la noche es muy gitana.

No.

Vas a abrir, hijo de puta.

¿Qué horas son estas de llamar? -¿Me da un vaso de agua?

Hace mucho calor. -Un momento.

Tenga agua, dar de beber al sediento.

Gritos

No te fíes de la noche que la noche es muy gitana.

Y al que le siguen de noche, muerto está por la mañana.

Ayudadme a esclarecer quién ha sido el agresor

y obrar con toda justicia, de eso ya me encargo yo.

(A Castejón, se le apretaron las tuercas según el juez Tamarón

pero no consiguieron que confesara.

A pesar del tormento, el orgulloso viejo proclamó su inocencia

hasta el final.

Con García Paredes, el juez Tamarón empleó otra táctica.

Empapelo los papeles de su celda con fotos de Inés María Calderón

y le dejó unos días incomunicados

con la orden que no se le dejara beber ni una gota de alcohol).

Grita

Quieta, quieta.

Pobre niña inocente.

¡Quiero confesar!

¡Quiero confesar!

No te acobardes, Carlos, no te acobardes.

Eres inocente.

(García Paredes confesó

aunque más tarde aconsejado por sus abogados se retractó.

Desde entonces hasta el fin, mantuvo su declaración de inocencia.

Pero desde aquel momento de terror y culpabilidad

su vida cambió radicalmente.

Dejó de beber y pidió que le pusieran otra vez las fotos de Inés María

y pasó los meses leyendo vidas de Santos y rezando).

Entonces cerraron la puerta de un golpe, me asusté y volví a casa.

-¿Puedes señalar a los hombres que vio esa noche?

-El que habló con la señora para que abriera la puerta, es ese.

El viejo de la barba y pelo blanco, es ese.

Mentira.

Orden en la sala.

-Y el que llamaban don Carlos, es ese.

-Asesino.

-Asesino.

-Silencio en la sala.

-Gracias señor Camacho. Puede retirarse.

(La defensa objetó defecto de forma,

un sólo testigo cuya declaración podía estar motivada

por el afán de cobrar la recompensa.

Todos se preguntaron por qué besó su mano García Paredes).

-¿Quieres hacer alguna declaración? -Que estoy muy contento.

-¿Qué piensas hacer con la recompensa?

-Aún no lo sé.

(Hay hombres que nacen con estrellas y otros que nacen estrellados.

Años después, el cadáver de Camacho fue encontrado en Argentina

cosido a puñaladas).

-¿Es usted periodista? -Sí, de Madrid.

-Escriba en su periódico que las mujeres de Don Benito protestamos

porque no nos han dejado entrar en el juicio

y que queremos que mueran

pero tienen que morir en nuestras manos.

Que los lleven a la casa del crimen

y allí, donde la pobre Catalina fue degollada

que nos entreguen a los asesinos.

Hombres, no queremos.

Por cada herida que hicieron a las mártires, cien a los asesinos.

Primero, los caparemos, como cerdos que son.

(Estando reciente la beatificación en Italia de María Goretti,

el señor obispo de Badajoz ponderó la posibilidad

de iniciar el proceso de beatificación

de Inés María Calderón como Virgen).

El crimen más horroroso que he podido ver escrito

aún lo cuento tembloroso

fue el crimen de Don Benito.

37 puñaladas le dieron a Inés María

por tener los criminales muy mala melancolía.

-Inés María, hija, no pierdas tu honra.

Sé mártir antes que perder tu honra. -Madre, muere tranquila,

sufriré el tormento y la tortura.

Prefiero la muerte antes que perder mi honra.

-Muerta estoy.

-Yo soy García Paredes, el cacique del lugar.

Mi voluntad se cumple lo quiera tu madre o no.

-Inés María, entrégate a este señor, si cumples con su deseo, serás rica.

-La Virgen está conmigo.

Prefiero Virgen y cielo antes que todo el dinero.

-Se resiste la maldita.

Ya que mi miembro no aceptas, aceptarás mi puñal.

37 puñaladas

le dieron a Inés María

por tener los criminales muy mala melancolía.

Murió virgen la pobre porque a García Paredes no se le ponía tiesa.

-Mala lengua.

-Quien dice la verdad, ni peca ni miente.

Vamos niñas, a trabajar.

(Pensándoselo mejor, el obispo de Badajoz

decidió no seguir con el proceso de beatificación).

Siéntese don Enrique, póngase cómodo.

No he venido a descansar,

sino a conocer las nuevas que tengas que comunicarme.

Pues me temo que no les guste oírlas.

El presidente del Consejo se niega a proponer el indulto al rey

y ello a pesar de las recomendaciones de buenos amigos.

Es una estupidez. Me consta...

Parece que alguien teme que el indulto pueda convertirse

en la llama que haga prender la revolución

en toda Extremadura y Andalucía occidental.

Maricones.

Hay veces que es conveniente ceder en algo

para que todo siga igual.

Eso que quieres tú ceder, es la vida de mi ahijado.

Rezo en latín

-Para decirle la verdad, el indulto no ha llegado.

-No entiendo porque esperan hasta el último momento los de Madrid.

-Acabo de visitar a su hijo y está muy resignado con su destino,

casi conforme diría yo.

-Tus palabras son un gran consuelo para mi.

-Le ha dicho que es inocente, ¿verdad?

-Eso pertenece al secreto de confesión,

lo cierto es que ha confesado y morirá en gracia de Dios.

Lo que antes de ocurrir este desdichado asunto

con la vida que llevaba era bastante improbable.

Así se salvará su alma inmortal.

Y como dice el refrán; "No hay mal que por bien no venga"

-Vamos, señor Castejón.

No hace falta que me sujeten.

Que sepan que van a cometer una injusticia irreparable.

Soy inocente.

¡Inocente!

Cuando se acaben estas velas, traigan otras, por favor.

No se preocupe, don Carlos.

Van ustedes a matar a un hombre muy distinto del que era.

Lo siento, perdón.

(El sereno salvó su vida

pero fue condenado a 46 años de prisión).

Ponga el crespón negro.

-Es mentira. -Esto es una farsa.

-No les han matado.

-No les han matado. Se los han llevado a Badajoz

para hacernos creer que les habían matado.

No sé a qué espera esa chusma para irse a sus casas.

-La gente quiere ver los cadáveres,

como la ejecución ha sido a puerta cerrada

dicen que los han matado falsamente.

No se retirarán hasta que no vean a los muertos.

Maldita sea su alma.

(Después de las ejecuciones de Don Benito

la relación entre los caciques y los pueblos de Extremadura

cambió radicalmente.

Con al ajusticiamiento de García Paredes

y la derrota de su tío y padrino, al antes todo poderoso Donoso Cortés,

comenzó a morir el anacrónico e injusto sistema feudal

que imperaba en estas tierras).

SUBTITULACIÓN REALIZADA POR LORENA TORRES SÁNCHEZ.

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La huella del crimen - El crimen de Don Benito

08 ago 2017

En 1902 en el pueblo pacense de Don Benito, tuvo lugar el asesinato de Inés María y de su madre.

Histórico de emisiones:
25/07/2012

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