Dirigido por: Ana María Peláez

Serie de documentales sobre los personajes más destacados de la cultura española del siglo XX cada semana en La 2 y en RTVE.es. Dirigido por Ana María Peláez

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Para todos los públicos Imprescindibles - Carmen Laforet, la chica rara - ver ahora
Transcripción completa

Tenía cierto aire de misterio Carmen Laforet.

Una condición leve, casi etérea.

Nunca ha sido posible decir su nombre sin que, a continuación,

no acudiera el título de su primera novela.

"Nada".

Ese fenómeno literario de la posguerra

con la que ganó el primer Premio Nadal.

"Nada" me dejó una profunda huella en mi juventud.

Carmen Laforet apenas tenía 23 años cuando la escribió.

¿Qué pasó después con esta chica rara,

como llamaba Carmen Martín Gaite a las inconformistas de la época?

Voy a tratar de contar su vida.

Una vida que bien podría haber servido

como argumento de uno de sus cuentos.

(Música)

"Es curioso.

De nuestra casita sobre el mar en Canarias,

solo recuerdo las luces.

Era como un cubo de cal que veíamos de lejos,

cuando jugábamos en la playa o en el barranco seco.

Mi padre, arquitecto, muy deportista,

venía de Las Palmas a la hora de la comida.

Tenía la costumbre de fumar en pipa

y usaba una excelente mezcla inglesa,

cuyo olor se ha quedado en mí.

Así como el de los encerados corredores de la casa de Las Palmas,

como uno de los olores inconfundibles de mi infancia.

Mis hermanos Eduardo y Juan nacieron allí.

Yo había llegado con mis padres en 1923, desde Barcelona.

Cuando tenía dos años.

En Gran Canaria pasé mi niñez y mi adolescencia.

La personalidad de mi padre llenó mi infancia de sol

y de aire libre.

Recuerdo los deportes de mar.

Aparte de la natación,

los paseos en balandro,

la vela inclinada a veces hasta casi rozar el agua.

Excursiones de montaña.

La primera bicicleta cuando apenas llegaban nuestros pies

a los pedales.

Mi madre no llegó nunca a ejercer su carrera de maestra

más que con nosotros, sus hijos.

Pero tenía el arte de enseñar, de interesar.

La afición a la lectura, esa pasión devoradora

de nuestra infancia y adolescencia.

Ella la plantó como una semilla en nosotros.

Creo que fue uno o dos años antes de su muerte inesperada.

Murió el día en que cumplía 33 años.

Cuando organizó las lecturas en altavoz en la sobremesa".

Escribe: "Visito a mi madre en la clínica.

Es la última vez que la veo.

Morirá tres días después, pero yo no lo sé.

Está muy delgada". "Mamá, estás muy delgada.

Sonríe un poco.

Después me inclino a su oreja y le digo:

"Soy una mujer del todo, ¿sabes? Otra vez tuve eso".

"No canséis a mamá, nos dice. Salimos, nunca más la veré.

Nunca más le diré nada".

"En mi época de Canarias entra también más tarde una madrastra que,

a pesar de todas mis resistencias a creer en los cuentos de hadas,

se confirmó su veracidad

comportándose como las madrastras de los cuentos.

De ella aprendí que la fantasía siempre es pobre

comparada con la realidad.

A mi madrastra no la gustábamos en absoluto ni mis hermanos ni yo".

(Música)

Después de una madre tan sensible,

esta mujer era muy celosa.

Era un poco el personaje que ella sacaba en distintas novelas.

Siempre iba en coche con el padre, pero la madrastra tenía celos

y no quería que ella fuera con su padre.

Entonces ella, en vez de coger el autobús iba andando.

En vez de ir al instituto se iba al mar a bañarse.

Entonces vivió momentos de una libertad grande.

Pero yo creo que también vivió momentos de un dolor muy grande.

"La presencia hostil de mi madrastra tuvo su lado bueno.

Disfrute de una independencia de la familia

mucho mayor de la que se acostumbraba entonces

en las muchachas.

A mediodía, después de las clases, podía quedarme,

por ejemplo, en la playa.

Solitaria entonces en invierno.

Aunque no hay invierno en Canarias.

Y nadar un rato en vez de volver a casa a la sagrada hora

de la comida familiar.

Las criadas comentaban: 'Carmencita suda sal'.

Los amigos de Carmen Laforet en Canarias.

Amigos que serán el consuelo a su orfandad.

Esa sensación que no la abandonará nunca

y marcará su obra.

-Vio las fotos de sus últimos días en Canarias.

Se despide de su amiga Lola de la Fe

y de su profesora de literatura Consuelo Burell.

Su primer amor, Ricardo Lezcano, se ha marchado a Barcelona.

Es el verano de 1939.

Carmen consigue arrancar a su padre el permiso para que le deje ir

a estudiar a Barcelona, siguiendo los pasos de Ricardo.

"Aquí, frente al mar ancho y magnífico pienso en ti.

Por eso rompí mis viejas huchas de niña.

Por eso, sin decirte nada estoy aquí.

En la cubierta de tercera en un barco,

sentada en un rollo de cuerdas mirando al mar.

No he conocido una emoción más loca, más embriagadora,

más de pleno triunfo que esta que se siente

de ir apartando obstáculos para una fuga.

(Música)

Por las fechas sé que Carmen Laforet ha cumplido 18 años en altamar.

Llegará a Barcelona con un par de trajes de verano

y una maleta llena de libros.

Me la imagino mientras desembarca,

saboreando la primera bocanada de libertad.

Una pequeña figura llena de vida,

llegando a la gran ciudad herida por la guerra.

Ahogada por el tráfico y discreta en su chaflán,

el tiempo ha respetado la casa de los abuelos de Carmen

en la calle Aribau.

La casa idealizada donde nació.

Aquí, en el primer piso,

Carmen encontró el diamante en bruto para su gran éxito.

"Llegué a Barcelona de noche.

El gran rumor de la gente,

la sensación confusa de la ciudad, tenían para mí un gran encanto.

Envolvían todas mis impresiones en la maravilla

de haber llegado, por fin, a una ciudad grande.

Adorada en mis sueños por desconocida".

Como a la protagonista de su primera novela,

creo que también a Carmen le esperaba al final de esa escalera

el choque entre sus ilusiones adolescentes

y la amarga realidad de los adultos.

Pasa, Gloria.

Que no se entere Angustias de la hora a la que vuelves.

-Pero yo no soy Gloria.

-¿Entonces tú quién eres? -Abuela, ¿no me conoce?

-No. -Soy Andrea.

-¿Andrea? -Sí, su nieta.

-En "Nada", Carmen Laforet pasará por el tamiz literario

su experiencia en Barcelona.

Su protagonista Andrea presiente esa primera noche

lo que ha hecho la guerra en una familia burguesa

que un día fue feliz.

-Es una radiografía de la posguerra, del hambre, de las necesidades,

de la hipocresía, de la religión. El peso de la religión.

Pensemos en la tía de Andrea.

De todo lo que supone ese mundo del estraperlo.

Esa Barcelona de los apagones de la posguerra.

En la grisura.

Es el mundo de la sordidez y de la España gris,

de la España triste de la inmediata posguerra.

-Juan. -Déjame, déjame en paz.

No me provoques, canalla, no me provoques.

-Ahí tienes la pistola.

Puedes matarme mientras desayuno. -Juan, por Dios.

Por favor, estate quieto.

-Quita, que tú tienes la culpa de todo.

-No te asustes, pequeña.

Estas son cosas que ocurren aquí casi todos los días.

-No son sus parientes. Ella crea los personajes.

Lo que sí que es muy autobiográfico es el ambiente.

Esa sensación de esta chica joven que viene buscando la libertad

en Barcelona, en la ciudad,

y se encuentra con unos parientes que la oprimen mucho.

Y claro,

cuando todo el mundo empieza a hablar de autobiografía,

ella está también horrorizada porque los parientes...

No es un retrato muy agradable si fueran ellos.

-Quizá por no herir a su familia,

la escritora negará siempre lo autobiográfico en "Nada".

Pero Carmen Laforet reflejó en su novela

su propio descubrimiento de un mundo luminoso.

El de sus amigos universitarios.

-Mis padres fueron compañeros de Carmen Laforet

en la Universidad de Barcelona durante los dos cursos

que ella estuvo allí. El curso y medio que ella pasó allí.

Mi madre recuerda que a veces sus compañeros de curso

la veían con un cuaderno de notas en un banco del jardín

de la facultad.

"¿Pero qué estás haciendo? Estoy escribiendo una novela".

¿Y tienes título? Y entonces ella contestaba:

"No, nada".

(Risas)

Me hubiera gustado leer esos apuntes de Carmen.

Saber cómo creó personajes como el de Ena,

inspirado en Linka Babecka,

la amiga que en Barcelona le abrió nuevos horizontes.

-Abusáis de mí porque sabéis que os quiero mucho a los dos.

-Recuerdo bien el final de la novela,

cuando Andrea se marcha siguiendo a su amiga Ena.

También Laforet, decepcionada con su vida en Barcelona,

seguirá a su amiga Linka hasta Madrid.

-Me marchaba sin haber conocido nada de lo que confusamente esperaba.

La vida en su plenitud, la alegría,

el interés profundo, el amor.

De la calle de Aribau no me llevaba más de lo que había traído.

Nada.

-Pero Laforet sí se llevaba algo de la calle Aribau.

"En septiembre de 1942 me trasladé a Madrid

y me matriculé en la facultad de derecho.

No estudié tampoco demasiado en Madrid.

Salí a pasear sin rumbo fijo,

llevando mi carterón de estudiante

con mis escritos eternamente colgado al hombro.

No tenía que decir a nadie dónde iba,

y salía y volvía a casa a la hora que me parecía.

'Nada' la escribí en todos los sitios.

En la universidad, en la calle, en el ateneo,

en la casa de mi tía Carmen, al final de la calle Pardiñas,

donde ella me dejó la mesa del comedor solo para mí".

(Música)

"Al terminar la novela, no sabía qué hacer con ella.

Mi amiga Linka me envía a un amigo suyo,

el periodista y crítico literario Manuel Cerezales.

A Cerezales le gustó mi novela y me informó de que en Barcelona,

la Editorial Destino había anunciado un concurso de novelas.

El Premio Nadal".

Noche de Reyes de 1945.

El manuscrito de "Nada", ha llegado horas antes

de que termine el plazo.

El jurado se lo lee en una noche.

"Nada" se lleva el galardón.

Desbancando a escritores ilustres como César González Ruano.

Puede imaginar el asombro del jurado al conocer la edad

y la autora de esta novela fresca y oscura a la vez.

Todos se preguntan quién es Carmen Laforet.

Quieren saberlo todo sobre ella.

Y llueven las alabanzas desde Juan Ramón Jiménez a Azorín.

Acaba de nacer una estrella.

-Para mí, Cela y Carmen Laforet, los dos fueron una bomba literaria.

Es difícil pensar que la aparición de dos novelas

o de dos libros de cualquier tipo pueda causar esa conmoción cultural.

Con "Nada" creo que nos encontramos con nosotros mismos.

La protagonista de "Nada" éramos nosotros.

Es el año en que estamos en primero en la facultad.

La protagonista de "Nada" es una universitaria

que está viviendo en plena desolación de la posguerra.

Hay una orfandad en el libro.

Hay un vacío. El vacío de la posguerra.

-Cómo es capaz de captar las sensaciones.

Esta sensación que tienen los jóvenes

de que el mundo de repente es perverso.

De que están de sobra en ese mundo.

Que habían querido conquistar pensando

que con su juventud arrasaban.

Esa tristeza del adolescente.

Todo esto está allí de una manera maravillosa.

"Nada" será un éxito de crítica y ventas.

Se convierte en la novela española más traducida,

junto con "El Quijote" y "La familia de Pascual Duarte".

No sé si Laforet sería consciente cuando la escribió

de la trascendencia de su novela.

-Carmen ha sido una de mis maestras.

Ha abierto el camino a las grandes escritoras, narradoras y novelistas

que escribieron después.

Después, como lo han dicho, además, Matute lo dijo y Aldecoa también.

Gracias a ella porque se atrevió a apostar por la buena literatura.

Es muy importante.

Por el estilo.

Por decir y hablar de algo que estaba próximo a ella.

No escribir la típica novela rosa, con todo el respeto,

que las mujeres es lo que parecía que debían escribir.

Me interesa muchísimo de ella su estilo.

Un estilo que, aparentemente,

yo no diría simple, sencillo...

Por eso te quedas atrapado y la vuelves a leer y disfrutar.

Y después su mundo. El mundo de los demonios.

Los fantasmas.

"Yo odiaba todo ese éxito. Me parecía espantoso.

Me parecía que un éxito literario no debía incluir

el interés por la persona de su autora.

Pero me llovían interviews y preguntas.

Comprendí que no escribiría nada más hasta que se pasase todo aquello

y dejasen de preguntarme.

¿Qué preparas ahora?

Todos los focos estaban puestos en ella.

Porque además era guapa, era joven y eso pesaba en contra.

Si hubiera sido fea y mayor,

seguramente no se le hubiera exigido tanto.

Y además, vulgar continuamente.

En la vida íntima y en la vida personal

tenía que ser muy desagradable.

Sobre todo porque ella tenía unas enormes ganas de libertad.

-En la editorial Destino me enseñan

las viejas fotos de promoción de la escritora.

Laforet se resistirá a la atención periodística

con respuestas chocantes y contradictorias.

Lo mismo afirma que va a dejar de escribir,

como que ya tiene la siguiente novela.

Laforet no sabrá crear un personaje para protegerse.

En medio de semejante atención,

Carmen Laforet se casa con Manuel Cerezales.

El periodista y crítico literario

que le ha animado a presentarse al Nadal.

Un intelectual 12 años mayor que ella.

La pareja tiene cinco hijos en poco tiempo.

La chica original e inconformista se va a meter en el papel

de ama de casa convencional.

Me puedo imaginar lo difícil que tuvo que ser escribir en esa época.

"Me levantaba a las 5:00 de la mañana.

Me sentaba a escribir como una autónoma

artículos que publicaba y páginas de la novela

de las que no me sirvió ni media, porque yo, cuando espero un niño,

no tengo la menor facultad creadora para otras cosas".

Debía ser muy pequeña. Alguien me decía:

"Esta es la hija de la escritora".

Me decían: "Anda, tu madre es escritora".

Yo contestaba: "Mi madre no es escritora.

Mi mamá es nadadora".

Porque a mí, ella la asociaba... había oído hablar de "Nada".

Del Premio Nadal.

Y admirábamos muchísimo cómo nadaba en el mar, en el río.

Enseguida nos enseñó a nadar.

Yo la consideraba que era una gran nadadora.

"Querida Lola.

Te tengo que dejar porque voy a escribir un cuento.

Necesito un termo para Cristina y si no hay cuentos,

sabes, no hay termo".

Ella escribe para revistas.

A veces estás más inspirado y otras veces no.

Escribe para pagar facturas también.

No hay que olvidar eso.

Cinco niños no es ninguna tontería.

-Tenía un pequeño despacho mínimo, una cosa mínima.

Allí se encerraba a escribir.

Había un despacho un poco más grande y lo llamábamos el despacho grande.

El más grande era de mi padre.

Ella allí se encerraba.

Nosotros encerrados al final del pasillo en una habitación,

que lo llamábamos el cuarto de juguetes,

pero era muy pequeña también.

Ahí convivimos todos. Siempre había invitados.

En medio de todo ese jaleo, es cuando más escribió.

Curiosamente es cuando más escribió.

-Leo las entrevistas a la escritora en la prensa de la época.

Se le interroga sobre su vida familiar y su papel de madre.

Ni rastro de esas mismas preguntas a sus colegas varones.

Encuentro una entrevista radiofónica en la que puedo

oír la voz de la escritora.

(RADIO) "A continuación, claves de la vida y obra de Carmen Laforet.

-¿Piensa mucho tiempo sus novelas antes de escribirlas?

SÍ. ¿Suele aislarse para escribir?

Sí, cuando puedo.

¿Qué es lo primero para usted,

su vida familiar o su vida de escritora?

Todo artista, si tiene familia, lleva una doble vida

que a veces es imposible de separar.

El solo hecho de que no se renuncie a una de las dos vidas,

supone que las dos son igualmente importantes.

La pregunta esa: "¿Qué prefiere usted, sus hijos o sus novelas?".

Ahora no la hacen, pero casi.

"¿Influyen sus hijos en su literatura?

¿A qué hora escriben?"

Esto no se les pregunta a los hombres aún hoy.

Imagínate entonces.

Si eres madre de familia de la época

solo tienes que ser madre de familia de la época.

No puedes querer ser tú.

Querer ser alguien independiente de esa familia.

Eres madre, nada más. Ella lo intenta.

A veces lo consigue. Por lo tanto, es otra rareza.

-El mundo que le tocó vivir de escritores varones,

porque era la única mujer en aquel tiempo,

fue un grupo de escritores muy especial

como Camilo José Cela y como Francisco Umbral.

Escritores endiosados.

Es verdad que Carmen en este ambiente era un bicho raro.

Una mujer solitaria, muy solitaria.

También, su ambiente, el ambiente literario que frecuentó,

no fue el mismo que tuvieron la suerte de frecuentar

Martín Gaite, Matute...

Tenían un grupo de amigos, todos escritores,

y se apoyaban entre ellos.

-Carmen escribe sintiendo el peso de la enorme expectativa

que ha levantado.

El tiempo pasa y se empieza a comentar que no va a ser capaz

de hacer algo de la calidad de nada.

"Empecé mi segunda novela en circunstancias difíciles.

Niños pequeños, poco dinero, falta de tiempo, preocupaciones.

Fue un periodo en el que me fui sumergiendo

como en el fondo de un mar.

En las alegrías, las tristezas

y las preocupaciones de la vida doméstica.

Entre "Nada" y "La isla de los demonios",

pasaron ocho años.

Un día estalló al fin la tormenta familiar.

Desde entonces, Marta, tuvo aquella extraña sensación

de que había quedado en la vida definitivamente sola.

Aquella sensación curiosa, insistente que ya no la dejó nunca.

El sol y el viento hacían temblar sobre su cuerpo

grandes espacios de oro que llenaban vacíos.

Colgaban entre las colinas.

Se cortaban por carreteras con árboles grandes.

Tropezaban con los profundos azules de la cumbre.

Luego volvía a la casa sería.

Sus pensamientos los concretó con una frase

que se repetía siempre.

'Esto es crecer, estoy creciendo'".

En "La isla y los demonios" me encuentro con los fantasmas

de la escritora.

La madrastra malvada,

el enfrentamiento entre la realidad y lo que uno desea.

La búsqueda de una nueva vida.

"La isla de los demonios recibe buenas críticas",

pero no produce el impacto de nada.

El éxito de "Nada" fue un precio terrible que tuvo que pagar.

Es terrible, porque te pone el listón tan alto que es mortal.

¿Estarás a la altura de la segunda obra?

Es trágico.

A mí me ha pasado y considero que es terrible.

-Superar una gran novela...

Para mí es una novela genial. Lo sigo diciendo.

Entonces...

Esto es un reto imposible con los efectos que he dicho antes.

Ella lo intentó, lo intentó y no lo consiguió.

Muy difícil.

Pero creo que un escritor, Borges lo decía.

Una sola página ya genial.

Con esto ya estás pagada.

En su caso, "Nada" es una novela genial.

-Uno de los grandes defensores de Laforet será Gerald Brenan,

el escritor inglés afincado en España.

Descubro sus artículos elogiosos en el "New York Times",

que le abrirán a la escritora las puertas del mundo anglosajón.

Brenan es también admirador de sus cuentos y novelas cortas

de los primeros años 50.

En ellas veo el reflejo de muchas mujeres como Laforet.

Heroínas anónimas atrapadas en el mundo estrecho de la clase media.

-Un fragmento de "El piano".

"Ya estaba en la calle, en aquella gloria de día.

No era demasiado ardoroso, y, sin embargo,

llenaba los ojos de luz.

Todas aquellas horas para dejarse vivir en ellas...

Para vagabundear.

Hacía mucho que Rosa no puede hacer esto.

Vagabundear.

Ir de un lado a otro a placer, sin objeto. Cuando la gustaba".

(Música)

No sabe por qué desperdició tantas horas que debía dedicar al trabajo

en paseos sin rumbo fijo, como el de esta mañana.

¿Por qué la vida le llamaba tan poderosamente siempre?

Por qué en primavera,

cuando son amargas y excitantes las velas de los estudiantes,

a ella le distraía el olor de hierba nueva

que venía por sobre toda la gasolina y el asfalto de la ciudad

a costillar deliciosamente la nariz".

A ella le gustaba mucho nombrarse como nómada, como vagabunda.

Buscaba la alegría y la libertad.

No solo las buscaba, las encontraba.

Además una felicidad relacionada con la naturaleza,

con los animales, con el aire libre. Inmensa.

Tiene páginas y páginas escritas, pero yo las tengo vividas.

Esos largos paseos que nos dábamos por el campo.

Ese sensación de plenitud con la naturaleza.

Era real, palpable.

Los animales la encantaban.

Disfrutaba muchísimo con ellos.

Entonces es el legado que nos ha dejado en la familia.

Es una de las riquezas que nos ha trasladado.

Normalmente, cuando terminaba una novela, se retiraba.

Se retiraba un mes o 15 días. Lo que pudiera.

A un lugar apartado,

a encontrarse con su novela y dar la versión definitiva.

Eran casas de verano en pleno campo.

Se colaba el aire por las grietas de las paredes.

Con un fuego de chimenea

que yo me acuerdo que cuando subía yo a Cercedilla,

lo primero que hacía era encender la chimenea.

Ella distraída con su escritura y su cigarrillo,

casi se olvidaba.

-En Arenas de San Pedro, en una casita junto al río,

a ratos sola, a ratos con la familia, Carmen escribe su siguiente novela.

"La mujer nueva".

Narra la conversión religiosa de una mujer adúltera.

Bien recibida por las instituciones franquistas,

gana el premio nacional de literatura de 1954.

Es la consecuencia literaria de su propia y súbita experiencia mística,

desencadenada después de conocer a Lilí Álvarez.

¿Quién es Lilí?

Yo solo sabía que fue la primera española

en llegar a la final de Winblendon.

La tenista tiene una poderosa personalidad

que influirá de manera radical en la escritora.

Con su ferviente catolicismo, mezclado con un extraño feminismo.

"Tuve una fuerte crisis religiosa.

Durante cerca de siete años no me interesa nada más.

Hice las mayores idioteces

y me metí por todos los vericuetos de nuestro catolicismo español

En lo que tiene de absurdo y enmohecido y todo.

Creo que es una pena que no escribiera

"La mujer nueva" unos años después más objetivamente.

Como obra de arte hubiera sido mucho mejor.

Estaba tan obsesionada...

Lo único que siento es haber explicado cosas íntimas

que creo no deben explicarse.

La novela con dedicatoria a Lilí comienza de forma transgresora.

Una mujer adúltera que abandona a su marido,

pero termina con la protagonista volviendo a casa arrepentida.

Muchos de los que habían admirado la rebeldía de "Nada"

se sienten decepcionados.

-Todos los que la tenían como una abanderada de la libertad dijeron:

"Se ha sometido...". No se había sometido.

Ella seguía narrando lo que vivía y lo que sentía.

No le importaba que eso no fuera moda.

Ella no representaba nada. Ella seguía viviendo y fluyendo.

-¿Qué busca Carmen Laforet?

La experiencia religiosa de la escritora desaparece súbitamente.

Me sorprendo al saber que va a encontrar un lugar de acogida

en el Tánger cosmopolita de los años 50.

Un nuevo viraje con el que volver a respirar.

-Mi padre trabajaba allí en el periódico de España de Tánger.

Se fue él solo.

Nosotros íbamos en vacaciones de tres meses.

Ella se iba de vez en cuando a estar allí con él.

Conectó con un grupo de literatos que, a través de Emilio,

que era el que los juntaba a todos.

Paul Bowles y Truman Capote...

Hubo mucha gente que formaron un grupo

con el que ella se sentía absolutamente a fin. A gusto.

Además, otra característica que ella descubría,

es que la encantaba ser extranjera.

No quería tener las connotaciones del país ni las normas.

Ella era extranjera y podía actuar como quisiera.

-He leído que Bowles llegó a comparar a Carmen Laforet con un hada.

Bajo el fuerte sol de Tánger,

el contacto de la escritora con la bohemia le permite atisbar

un mundo transgresor. Falto de prejuicios.

En las playas, los efebos y la libertad de costumbres de sus amigos

le darán la clave para su próxima novela.

Carmen Laforet vuelve a Madrid.

Dispuesta a anunciar que ya tiene su próxima obra

con la que además iniciará un nuevo estilo narrativo.

-¿Nos puede decir algo sobre su próxima trilogía?

Se llama "Tres pasos fuera del tiempo".

El estreno de "La insolación", "Al volver la esquina",

y "Jaque mate",

se narran tres momentos de la vida de un hombre.

Estos tres momentos suceden en estos últimos 20 años

de la vida de España.

Para escribir "La insolación" Laforet necesita tomar distancia.

Vuelve a su costumbre de alquilar casas en la sierra de Madrid.

Se ha comprometido a entregar la novela.

Vuelve a sentirse presionada.

En soledad libra lo que va a empezar a ser

una batalla con la escritura.

"Había en mí una resistencia interior a escribir

incompresible para mí".

Oscuridad. El aire es luminoso y tibio

en el invierno alicantino.

Pero Martín ve en todas partes una oscuridad que le hiela los huesos.

"He pasado noches enteras escribiendo

para romper lo escrito sin leerlo.

Hambre, hambre devoradora.

Un hambre como nunca ha tenido Martín

ni siquiera en tiempos de guerra.

El pan es amarillo y pesado, se rompe al caer al suelo.

La abuela dice que no puede comer ese pan

y guarda su ración para el nieto.

"Tengo que escribir el libro olvidándome de que voy a publicarlo,

porque si no, no lo escribo".

Rompía muchos papeles porque escribía, reescribía, tiraba.

Me acuerdo de una mujer que le subía la comida

a la casita de campo allí.

Decía: "Si no escribe, lo que hace es romper".

-Una cosa es el escritor de best-sellers

que le importa un pito escribir de una manera distinta,

lo que quiere es ganar dinero, y la persona como Carmen Laforet,

que quiere crear algo nuevo cada vez y decirlo de alguna manera nueva.

Lo que le ocurre a Carmen es que, cuando eso no ocurre,

eso no ocurre todos los días, tienes que romper, tachar,

echar a la papelera, volver a empezar.

Eso se considera una crisis creativa de la que han hablado

cantidad de autores.

-Carmen Laforet consigue poner el punto y final a "La insolación".

La escritora tiene 42 años y será lo último que dé a publicar.

"Una de aquellas mañanas Martín estaba tendido

en la arena del solario, cara al mar, según la costumbre de Anita.

Y junto a sus amigos.

El sol enjuagaba las gotas de agua que se deslizaron por su cara

y sus hombros.

Anita estaba arrodillada a su lado y Carlos tendido junto a él,

le miró sonriente.

Martín dijo con voz holgada:

'¿Vosotros os dais cuenta de que sois felices?

Yo me doy cuenta de la felicidad estos días,

cada segundo, cada minuto de estos días'".

El protagonista de "La insolación", Martín,

un chico oprimido por su padre,

conectará con el mundo sensual y liberal

en una familia bohemia.

La novela contiene crítica a la estrecha moral de la época.

Está considerada al mismo nivel de "Nada".

Después de "La insolación",

la escritora se vuelve a poner en camino.

Va rumbo a Estados Unidos.

Es una travesía de tres semanas,

toda una liberación, supongo, del ambiente de España

y de las obligaciones editoriales y familiares.

Llega a Nueva York para iniciar un recorrido por el país,

invitada por el Departamento de Estado norteamericano.

Desde que desembarca, siente que respira un aire de libertad.

La misma sensación, me imagino, que ella sintió en Tánger.

Laforet cruza el país de un lado a otro.

De Washington a California.

De la mano de profesores de español,

entra en contacto con las universidades.

Descubriendo el ambiente de los campus

y la buena acogida de los estudiantes diferentes,

pero que se sienten identificados con el espíritu de "Nada".

Es una novela que supera generaciones.

Entiende lo que es pasar de la adolescencia

al estado de adulto.

Es la novela más leída en las clases de subgraduados y graduados

en Estados Unidos. En los departamentos de hispánicas.

No hay programa que no tenga esta novela en su lista de lecturas.

Con sus notas escritas en hoteles y carreteras,

publicará una crónica viajera.

"Paralelo 35".

Será en este viaje cuando conozca a una persona fundamental en su vida.

Ramón J. Sender.

Escritor que vive exiliado en Estados Unidos.

Admirador de "Nada" desde su publicación.

Laforet y Sender solo se verán dos veces cara a cara.

Pero leyendo su larga correspondencia,

me sorprende que dos personas tan distintas

llegaran a alcanzar el grado de intimidad

que ambos vuelcan en sus cartas. Es una pareja de amigos dispar.

Él, obsesionado con la expectativa del regreso,

ella cada vez más decepcionada con la vida social y política de España.

Y vuelve entusiasmada de ese viaje donde se ha sentido libre.

Ella necesitaba alejarse de todo lo que tenía aquí.

A mí me sentó fatal que viniera tan entusiasmada de haber estado fuera

y tan horrorizada de volver

a casa.

"Querido amigo.

Hace más de un mes que le estoy escribiendo una carta,

pero es lo que tiene España. Que le aniquila a uno.

Qué sensación más horrible volver.

El tren lleno de carbonilla.

Los hombres maleducados.

Y el clima de Madrid...

Me encantaría vivir en América y venir aquí solo de vacaciones.

Solamente estando tres meses fuera se nota que esto no es

lo que nosotros creíamos que era".

Hubo momento en el que necesito separarse de mi padre, de todo.

Siente que no tiene la libertad de crear,

como si estuviera completamente libre y sola.

Pero se marcha con un condicionante que le pone mi padre.

En aquella época, aunque estuviera separada,

si querías viajar o querías hacer algo,

tenías que tener permiso del marido.

Él le dijo: "De acuerdo, te doy permiso ilimitado

de que hagas lo que quieras,

pero tú me firmas que no vas a escribir sobre nada relacionado

con nuestra relación o nada que se puede identificar con eso.

Yo creo que eso la bloqueó muchísimo.

-Carmen sale de la casa familiar llevándose una única maleta.

Comienza un largo peregrinaje en busca de su libertad.

Un espacio propio que no encuentra.

Pretende escribir con un nuevo estilo narrativo,

sabiendo que debe evitar que las vivencias personales

sean la materia con la que se tejen sus relatos.

A París llega con su amiga Linka, pero la belleza de la ciudad

le impide trabajar.

La imagina observando, anotando, dejándose llevar.

Vivir la vida en vez de contarla.

Sabe que Lara, el editor de Planeta,

lleva esperando casi siete años la siguiente novela.

"Al volver la esquina".

Pero la expectativa del viaje es una fuerza o una excusa

que le hace pensar que quizá en otro lugar

conseguirá la libertad y la paz para escribir.

-La situación de Carmen es muy difícil.

Llega un momento en el que tienes que escoger.

Ser libre, tener una casa,

lo que se puede considerar, entre comillas, un hogar,

eso yo creo que para Carmen es importante.

No obstante, esa ansia de vagar, de ver mundo y ser libre.

Es difícil conjugar eso.

"Agradezco al destino esta profunda e indescriptible

sensación de vida intensa que me produce preparar mi maleta.

En el fondo de mi conciencia sé que no es verdad

esta idea que llevo metida en la sangre.

De que soy una vagabunda, de que mi casa está en los trenes,

en los barcos, de que no quiero pararme nunca

y vagar de un sitio a otro.

Yo sé que por uno u otro motivo,

mi maleta duerme y descansa muchísimo,

pero el solo hecho de tener entre las manos,

despierta en mí ese personaje de los sueños de mi adolescencia.

Viajar le encantaba. "Vámonos a París".

Este es mi hijo Benito. Tenía entonces 19 años.

Se fueron a vivir a Roma.

Esta es Silvia, la hija de Carmen Laforet.

Se juntaron muy jovencitos.

Esta es Carmen.

Con esa sonrisa que tenía tan preciosa.

Ella vivía también por ahí. Muy cerca de Alberti vivía.

Todas son del rodaje que hizo Benito en una película.

Esto era en Trastevere, en el bar de Setimiano,

donde siempre se reunían.

Esta es Carmen. Este es Rafael Alberti.

Le escucha con ternura y emoción.

Este es mi hijo Benito.

Estos son dos cámaras que rodaron esto. Paco lo dirigía.

Mi barrio de Trastevere.

desciendo sin espanto, tranquilo,

hasta la plaza donde a canto y filo el agua de una fuente está corriendo.

-Se marchó a Roma porque se sentía más libre.

Tenía muchos amigos en Roma.

Escritores. Era muy amiga de Alberti.

Ella se buscó un apartamento en Trastevere.

Cuando entré tenía una lata de sardinas,

un pedazo de queso...

Era muy bohemia.

Necesitaba su libertad.

Era estupenda.

A mí me aconsejaba siempre muy bien.

Un día que me enfadé, dije:

"Me voy, me voy".

Estaba yo en Roma. "Me voy a Madrid".

Y me dice: "No, vámonos a París".

Era una persona más... Muy inteligente.

No la alcanzabas.

Llevaba todos los papeles en maletas.

Y se iba...

Escribía y rompía.

Paco le decía: "Pero ¿por qué rompes, Carmen?

Con el talento que tienes".

-¿Qué le está pasando a Carmen Laforet?

Hace tiempo terminó "Al volver la esquina"

pero la sigue corrigiendo.

Cristina la encuentra en Roma inmersa en muchos proyectos,

pero nunca está satisfecha con lo que escribe.

Lo va guardando en bolsas y maletas.

Es una lucha cada vez más fuerte entre el deseo a escribir

y el miedo a no alcanzar la meta que persigue.

Un miedo que a veces la paraliza.

-Esto es muy curioso.

Rafael Alberti le dijo que,

cuando ella realmente no podía escribir le dijo:

"Coge un magnetofón y habla.

Los disparates, lo que salga".

Entonces ella empieza: "El corazón se llena con tan poco

o tanta felicidad de adolescentes y repetida tantas veces.

El corazón seco que florece, déjalo, déjalo...".

"Déjalo florecer.

La piedra también se agrieta y florece y no es nada.

Un poco de tierra, una semilla al paso.

A veces nace un pino en la roca.

Voy adolescente, olvidada de mí, por el río delante.

Las sombras, el recuerdo, un beso absurdo.

Esta alegría, yo lo sé, déjala correr,

déjala llegar, refrescar, reverdecer...

Hacer más viva la sangre del alma.

Si uno es escritor, escribe siempre, aunque no quiera hacerlo.

Sé que no puede renunciar a la obligación

de una vocación verdadera.

Que quizá mi vida humana tiene sentido solo por perderla

en esta entrega apasionada.

Es algo parecido a lo que ocurre al pescador del viejo y el mar.

He seguido después de superar todas mis dudas y temores

dispuesta a aprisionar al gran pez de la literatura.

He querido vencer, pero al volver con el pez a la playa,

veo que detrás solo viene el esqueleto del pez.

La prueba de lo que quiso hacer sin conseguirlo".

Pensemos un poco por qué Carmen Laforet no ya no escribe nada,

dice que no escribe nada.

Sino que dice que no tiene nada que decir.

¿Tú la has ido a ver a Roma?

Tanto para que viniese como para ir nosotros allí

para hacerle una entrevista.

Te contestó exactamente que no tenía nada que decir.

-Sí, efectivamente estuve con ella en Roma.

Quería traerla al programa. Me une con ella una vieja amistad.

No pude traerla.

Si tengo que ser sincero, tengo la sensación de que Carmen Laforet

no tiene mucho que decir en estos momentos.

-Estuvo 40 años luego sin querer...

aceptar entrevistas de periódicos, ni de televisión, ni de radio,

porque se encontraba muchas veces que mal interpretaban lo que decía.

Era un poco patológico.

Me acuerdo de estar muchas veces que llamaba por teléfono

y decíamos que no estaba. No quería saber nada.

Eso mismo que ya al final ni siquiera abría las cartas.

-Una de esas cartas sin abrir tenía matasellos de Hollywood.

Era una oferta de la Warner para adaptar "Nada"

en Estados Unidos.

¿Cuántas propuestas, cuantos proyectos se quedarían

en los sobres cerrados que se van acumulando

en el apartamento de Carmen?

Pero un día, Laforet se fija en una de esas cartas.

Le gusta la letra y tiene una intuición.

Se la escribe la profesora norteamericana Roberta Johnson.

Se convertirá en su biógrafa

y le invitará a dar conferencias por Estados Unidos.

A Carmen los viajes con Roberta le hacen salir de su bache anímico,

pero los hace ya en un estado físico y psíquico muy delicado.

Bajo los atentos cuidados de la profesora.

-Era una angustia existencialista.

La angustiaba sumamente no poder seguir ejerciendo.

Lo llamaba grafofobia.

Siempre me hablaba en sus cartas de su grafofobia.

No entendía por qué.

Les pasa a muchos escritores.

No es la única.

-Tenía como verdadero rechazo a todo lo que fuera escritura.

Además porque se dio cuenta.

Me escribió en la carta.

"Si me llega esa enfermedad que estoy temiendo

de arterioesclerosis cerebral...".

Ella notaba que algo estaba sucediéndole.

Algo que le estaba impidiendo fluir de la manera

que ella había fluido siempre.

-Se sentía mucho más libre no estando en España.

Ser un poco anónima.

Aquí... Todo el mundo la reconocía.

-Todo el mundo.

Iba al banco a firmar... "Ah, eres Carmen Laforet".

-Ya, ya.

Incluso yo la vi decir alguna vez que no. "No tengo nada que ver".

Es otra Carmen Laforet, porque ya estaba muy cansada.

Me daba unas lecciones...

Pienso en eso casi todos los días.

Me dijo: "Tienes que perdonarte todos los días".

Yo pienso mucho en esto.

-Entro en la habitación de la escritora en casa de Cristina.

El último puerto donde recaló Carmen

con sus bolsas de apuntes y manuscritos.

Aquí dejó definitivamente de escribir.

Sin fuerzas ni para firmar un cheque.

También dejó de hablar.

Una enfermedad neurodegenerativa podría haber contribuido

finalmente a su silencio.

-"¿Carmen Laforet ha muerto?

Preguntaba yo, soñando con la posibilidad remota

de repetirla.

Nadie sabía. Se había esfumado como si no existiera.

Eso es morir también.

De vez en cuando miraba el retrato de la escritora desaparecida

como si fuera la fotografía de mi madre y le pedía ayuda.

Pero una vez muertos, los escritores no mueven un alma

para ayudar a los que quedamos vivos.

Meses después del fallecimiento de la escritora en 2004

sus hijos entregaban para su publicación

"Al volver la esquina".

La novela que nunca devolvió al editor

y que supuso un arriesgado cambio de estilo narrativo.

Una sombra de misterio planea sobre la tercera novela de la trilogía.

"Jaque mate". Cuyo manuscrito podría haber ardido en el fuego

por orden de la escritora.

Cristina, pintora de profesión, cambió los pinceles por la escritura

para plasmar en su libro "Música blanca"

la relación de los últimos años entre madre e hija.

-En estas instantáneas ella va dejando

ese recuerdo fundamental que se le ha quedado grabado.

A mí me llama la atención en que no hay nada referente

a su literatura, ni a premios literarios,

ni al Premio Nadal. A nada.

Son cosas de su interior, de su sensibilidad.

"16 de septiembre, mi cumpleaños. Cumplo seis años.

Estamos en la casita de la playa.

Yo paso en la tarde llena de sol por debajo de la ventana

del cuarto de mi madre.

Me paro pegada a la pared para ver el mar.

El mar parece que empieza justo detrás del muro de la terraza.

Recuérdame, digo.

Recuerda este día. Este momento. No lo olvides jamás.

Llevo un lazo rosa en la cabeza.

-Quizá Carmen Laforet hubiera preferido no ser la escritora

de éxito que su primera novela la empujó a ser.

Esta chica rara, que fue capaz de poner a la sociedad

de la posguerra frente al espejo,

se habría sentido así, a salvo de la mirada ajena.

Libre para escribir donde y cuando quisiera.

Su búsqueda creativa acabó en silencio.

En ese silencio pienso que es posible que Carmen encontrara,

por fin, la libertad.

(Música)

(Música créditos)

Imprescindibles - Carmen Laforet, la chica rara

58:41 29 abr 2016

Carmen Laforet nace en Barcelona, el 6 de septiembre de 1921. A los 22 años empezó a escribir su primera novela: 'Nada', premiada con el premio Nadal. Su trayectoria está llena de preguntas sin contestar, de enigmas que tratan de descifrar las directoras Ana Pérez de la Fuente y Marta Arribas en el documental “Carmen Laforet, la chica rara”.
¿Cómo le afectó el éxito? ¿Cómo compaginó su papel de ama de casa, madre y escritora? ¿Qué le llevaba a viajar con una maleta llena de papeles? ¿Por qué escribía y rompía? ¿Por qué abrazó el silencio?¿Era una joven frágil, insegura y rebelde? ¿Era Carmen una chica rara?

Carmen Laforet nace en Barcelona, el 6 de septiembre de 1921. A los 22 años empezó a escribir su primera novela: 'Nada', premiada con el premio Nadal. Su trayectoria está llena de preguntas sin contestar, de enigmas que tratan de descifrar las directoras Ana Pérez de la Fuente y Marta Arribas en el documental “Carmen Laforet, la chica rara”.
¿Cómo le afectó el éxito? ¿Cómo compaginó su papel de ama de casa, madre y escritora? ¿Qué le llevaba a viajar con una maleta llena de papeles? ¿Por qué escribía y rompía? ¿Por qué abrazó el silencio?¿Era una joven frágil, insegura y rebelde? ¿Era Carmen una chica rara?

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