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Para todos los públicos En portada - Paralelo 38 - ver ahora
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El sur y el norte, el norte y el sur,

las dos caras, muy distintas y enfrentadas,

de la Península coreana,

dividida desde el final de la Segunda Guerra Mundial

en la comunista República Popular Democrática de Corea, en el norte,

y la República de Corea, en el sur.

25 millones de norcoreanos frente a 51 de surcoreanos.

Más de 7 décadas de división frente a siglos de unión.

Nos dirigimos desde Seúl

a la última frontera de la Guerra Fría,

la más tensa del planeta.

No es posible pasar al otro lado.

La llamada DMZ, la zona desmilitarizada,

pero fuertemente militarizada,

tiene 4 km de ancho y 250 de longitud.

El expresidente norteamericano, Bill Clinton,

la calificó como el lugar más tenebroso del mundo.

Pero es también una atracción turística.

La visitamos como turistas,

al no haber durante nuestra estancia visitas para periodistas.

Todo recuerda a la terrible guerra que enfrentó a los dos lados.

En junio de 1950, Corea del Norte invadió el sur

al cruzar el paralelo 38,

la frontera establecida por soviéticos y norteamericanos

tras liberar la península de la ocupación japonesa.

La URSS y China lucharon junto al norte;

junto al sur, una coalición internacional bajo bandera de la ONU

y liderada por Estados Unidos.

4 millones de muertos, una devastación total

y millones de familiares y amigos separados fue su resultado.

No hubo acuerdo de paz, solo un armisticio,

firmado el 27 de julio de 1953.

Hay una situación en la Península de Corea

que no es natural.

Queremos, realmente, empezar a negociar

el establecimiento de un régimen duradero de paz.

Es una historia de fronteras,

de odios y de desconfianza,

con el paralelo 38 como símbolo de la herida abierta.

Tras años de tensión por el programa nuclear norcoreano,

se abre un atisbo de esperanza

tras las históricas cumbres intercoreanas

y la de Kim y Trump.

Tanto en los 70, como en los 80 y 90,

en el 2000 y en el 2007,

cinco veces hubo un clima de apertura en la Península coreana.

Este talante abierto no duró mucho.

Durante nuestro periplo por la frontera,

es difícil no pensar en las familias separadas,

en los secuestrados por el norte

y en sus violaciones de los derechos humanos.

Esta foto, la única con él,

es el más preciado tesoro

que Hwang In-cheol conserva de su padre.

Yo tenia 2 años.

Era el 11 de diciembre de 1969.

Mi padre realizaba un viaje de trabajo

y volaba hacia Seúl.

Diez minutos después de despegar,

el avión en el que viajaba fue secuestrado

por un agente norcoreano.

Él y su hermana fueron condenados a crecer sin su padre.

Su madre, a esperar un ansiado regreso.

Cuando veía a otros niños a hombros de sus padres,

sentía envidia.

Yo quería hacer lo mismo,

y una y otra vez le preguntaba a mi madre:

¿dónde está mi padre?

Y mi madre siempre me decía que mi padre estaba,

por cuestiones de trabajo, en Estados Unidos

y que vendría por Navidad.

Cuando te dicen que tu padre va a volver en Navidad,

esperas el regalo con una gran expectación,

unas navidades tras otras.

A los diez años, su tío le confesó la terrible verdad:

su anhelado regalo de Navidad quizás nunca llegaría.

Cuando escuché eso,

pensé que nunca volvería a ver a mi padre.

Era la época de la Guerra Fría

y la relación entre las dos Coreas era realmente tensa.

Además..., imaginaba a los norcoreanos con cuernos,

como si fueran monstruos.

De adulto, lanzó la campaña "Bring My Father home"

(traed a mi padre a casa).

Es el desgarrador grito de un hijo

que ve que el tiempo se acaba para recuperar a su padre,

de 81 años, con vida.

De los 50 secuestrados del avión,

Corea del Norte dejó regresar a 39 por la presión internacional,

pero no a su padre, que era periodista.

Es uno de los más de 500 surcoreanos que todavía siguen secuestrados,

la mayoría pescadores y de más de 70 años.

Se ignora cuántos están vivos.

Pyongyang dice que se quedaron por propia voluntad.

A través de un intermediario,

Hwang In-cheol supo hace unos años que su padre estaba vivo

y que quería volver.

No pierde la esperanza de verlo de nuevo.

Deseo abrazarle con fuerza y le diría:

Padre, padre...

Lo abrazaría con todo mi amor.

Llevó su campaña también al Freedom Bridge,

"el puente de la libertad",

donde se intercambiaron los prisioneros de guerra.

Hoy, las familias separadas recuerdan aquí a sus seres queridos

a los que no han podido ver en décadas.

Desde el observatorio de Dora, también en la zona desmilitarizada,

se puede ver Kijong-Dong, llamado "el pueblo de la paz", por el norte,

y apodado "de la propaganda" por el sur.

Fue construido por Pyongyang

para mostrar la grandeza de su régimen.

Resulta irónico que esté vacío.

Es el escaparate de una dictadura anacrónica,

de una dinastía estalinista.

Con su masiva militarización,

sometida a duras sanciones internacionales,

intenta ocultar el hambre, la violación de los derechos humanos

y la falta de libertades que sufre su pueblo.

Un pueblo adoctrinado para rendir pleitesía

y culto a la personalidad de su líder supremo, Kim Jong-un,

el tercero de la saga de los Kim

que con puño de hierro mantiene aislado a su país.

En las contadas ocasiones

que permiten entrar a los periodistas,

los comisarios políticos no les dejan ni a sol ni a sombra.

Te incautan el teléfono,

te colocan eternos acompañantes,

tan amables y simpáticos como inflexibles.

El forcejeo por querer ver y no dejarte que veas.

Buen ejercicio de temple y paciencia mutua.

Bienvenidos al reino de la incoherencia,

la megalomanía y la desmesura.

-De cada nuevo edificio que surge en la ciudad de Pyogyang,

alguno, por cierto, de estética muy moderna y vanguardista,

se hace una réplica aquí, en este parque temático,

una especie de panorámica de una ciudad

por la que, por cierto, no nos han dejado pasear mucho.

El país más cerrado del mundo

abre sus puertas cuando necesita dinero,

pero, a cambio, solamente da un escaparate

del que no sabes nunca qué hay detrás.

De ese infierno han huido varios centenares de miles de norcoreanos,

sobre todo por la devastadora hambruna de los 90,

tras la mala gestión del Kim Jong-il,

padre del actual líder,

y el colapso de la economía comunista.

Murieron entre medio millón y 3 millones y medio de personas.

Un 70 % de la población,

incluidos 1.3 millones de niños, menores de cinco años,

necesita ayuda alimentaria, según Naciones Unidas.

Un 41 % de los norcoreanos sufren desnutrición.

Y cada vez más huyen en busca de libertad.

Fui encarcelado durante 9 meses

y torturado de todas las maneras posibles.

Las torturas no puedo ni explicarlas, es imposible.

Fueron con electricidad y con agua y fui colgado boca abajo.

Cuando fui detenido pesaba 75 kg,

pero, después de 9 meses, pesaba 36.

Así que no podía aguantar más y, al final,

confesé que había espiado, aunque no era cierto.

Después, me sometieron a trabajos forzados tres años.

Jung Gwang Il fue militar del Ejército norcoreano.

Luego trabajó en una empresa que comerciaba con China.

Allí entró en contacto con unos surcoreanos,

algo prohibido.

Fue detenido y acusado de espionaje.

No puedo...

quitarme de la memoria...

los recuerdos y el sufrimiento...

por la tortura... y los trabajos forzados.

Todavía no puedo dormir por esos recuerdos.

Sin juicio ni asistencia legal,

en 2003 quedó en libertad.

Huyó a China con su familia.

Consiguió pasaportes falsos y pudo llegar a Seúl.

Lucho por los derechos humanos.

Fui a Holanda

e inicié un proceso ante la Corte Penal Internacional

contra Kim Jong-un

por crímenes contra la humanidad.

Y ya he declarado en varias ocasiones

ante las Naciones Unidas.

Le preguntamos por una foto con Donald Trump.

Es del 2 de febrero de este año, me reuní con él en la Casa Blanca.

Me llamó porque quería informarse

sobre la situación en Corea del Norte.

Han pasado 70 años desde que a los 10 años,

de la mano de mi madre, deserté al sur,

evitando que nos descubrieran las Fuerzas soviéticas

que vigilaban el paralelo 38.

Les dejamos a ustedes, padre y abuelos,

y sufrimos la guerra coreana, viviendo como refugiados.

Estarán muy descuidadas las tumbas de ustedes.

Sueño siempre con volver.

Es la carta de Yoon Young-il, de 82 años,

en recuerdo de su hermano mayor,

que estaba en el norte a principios de la guerra.

Su rastro se perdió en 1950.

Ni una triste foto hay del añorado hermano.

Sabemos muy bien que Corea del Norte es un país

que tiene un régimen que reprime al pueblo.

No sabemos si mi hermano está vivo o muerto

y si ha muerto, cómo podría haber muerto.

La verdad es que no tenemos muchas esperanzas

de volverlo a ver vivo.

Su familia ha pedido, una y otra vez, que lo busquen

para tener un reencuentro familiar,

como el que han disfrutado ya, durante unas horas,

algo más de 2.000 familias separadas.

Muchos han muerto o morirán

sin volver a ver a sus seres queridos.

Con más de 80 años, ni siquiera han podido comunicarse.

A las familias separadas, como la nuestra, nos da rabia;

estamos enojados porque no lo podemos hacer.

Cada vez se reúne

sólo un pequeño número de familias separadas,

unas 100 de las 130.000 que hay.

Así se tardará un millón de años para que se reencuentren todas.

La desconfianza y la Guerra Fría

hicieron imposible, durante décadas, estos reencuentros.

En general, las reuniones intercoreanas

para negociar cuestiones como ésta

se celebran en el Area de Seguridad Conjunta de la zona desmilitarizada,

el único lugar donde soldados del norte y del sur

están frente a frente, a cara de perro.

En Panmunjon se firmó el armisticio.

Kim Jong-un y el presidente surcoreano,

Moon Jae-in, se reunieron aquí, por primera vez,

el 27 de abril de 2018.

Fue el primer encuentro en 11 años entre los líderes de los dos países.

Aprobaron la Declaración de Panmunjon

para la Paz, Prosperidad y Unificación.

Y Kim y el presidente Donald Trump celebraron en junio

su histórica cumbre en Singapur.

La desnuclearización de Corea del Norte

y un acuerdo de paz son los principales temas a negociar,

pero no los derechos humanos.

Entre el escepticismo y la esperanza

se habla del inicio de una nueva era.

La desnuclearización del Norte y el tratado de paz

son las dos caras de la misma moneda.

Lo que quiero decir es

que será posible firmar un tratado de paz,

cuando haya una desnuclearización suficientemente creíble.

Pero actualmente, las dos Coreas y Estados Unidos están conversando,

primero sobre la declaración del fin de la guerra;

es decir, acabar con ella, antes de firmar un tratado de paz.

-Todavía queda lejos una nueva era en la Península Coreana.

Todas estas esperanzas y expectativas han sido creadas por nosotros mismos,

los países occidentales, incluyendo Corea del Sur.

Tenemos que comprobar si Kim Jong Un tiene, de verdad,

la intención de abandonar las armas nucleares.

La diplomacia del deporte ha dado frutos

como el desfile conjunto

en la inauguración de los Juegos Olímpicos de Invierno,

celebrados en Corea del Sur

o las actuales cumbres.

Y ya hay intercambios deportivos.

Aún así, queda mucho camino por andar.

Y hay mucha desconfianza

sobre las intenciones de un Kim Jong-un

que ha llevado a cabo más del doble de pruebas con misiles

que su padre y abuelo juntos.

También ensayos nucleares, como los realizados en este silo

que fue volado y destruido en mayo de 2018.

Cuatro desertores, todos voluntarios,

trabajan en Radio Corea del Norte Libre.

Emite por onda corta, una hora diaria,

sobre todo noticias.

Su objetivo es desmontar las mentiras

que Kim vende a sus compatriotas.

Hay más de 30.000 desertores en Corea del Sur.

Cuando vivían en Corea del Norte

no tenían información sobre el resto del mundo.

Creían que vivían en el mejor país del planeta,

en la sociedad comunista como el paraíso,

el único lugar donde vivir felizmente.

Después de escapar,

se han dado cuenta de que aquello es un infierno en vida,

en el que se mata a la gente

en virtud de su fidelidad o no al régimen.

Ahora sé que Corea del Norte es un país que no puede existir

en este siglo XXI.

Kim Seong-min es su presidente.

Era capitán del Ejército norcoreano y comisario político.

Eso le permitía escuchar la radio surcoreana.

Un día de 1999

se convirtió en el primer capitán de artillería en desertar.

Como muchos amigos desertores,

lo que hice...

fue ir primero a China,

en un barco..., ilegalmente,

pero me capturaron.

Me llevaron a Corea del Norte, otra vez.

Allí, cuando detienen a una persona como yo,

que comete este delito, la fusilan,

nadie se libra.

Mientras me llevaban en tren a matarme,

salté...

y conseguí volver a China.

Con pasaporte falso pudo llegar a Corea del Sur.

Pero no es fácil,

como saben bien en LINK, Libertad en Corea del Norte,

una ONG que ayuda a los refugiados.

China, realmente, no los reconoce como refugiados.

Así que, cuando son pillados por la Policía china,

son expulsados a Corea del Norte.

En China, muchos viven en la clandestinidad.

Son vulnerables y objeto de explotación.

Muchos deciden dejar China

y continuar su camino hasta Corea del Sur.

Este video muestra

a uno de los muchos norcoreanos que hemos rescatado

y él escapó de Corea del Norte porque quería vivir una nueva vida

y quería libertad para perseguir sus sueños.

La huida por la frontera intercoreana no es posible.

Por China es su única salida.

Pero luego, como irregulares,

tampoco pueden volar a la capital surcoreana.

Podrían ir a Ullan Battor, en Mongolia,

una ruta muy peligrosa, y volar a Seúl.

Lo más viable es a través del sureste asiático

y desde allí a Seúl,

donde son reconocidos como surcoreanos.

Es un periplo, largo, complicado y peligroso,

atravesando China con el miedo a ser descubiertos.

En autobús, furgoneta, coche...

¿De qué trata este video y quién es Joy?

-Su historia es realmente muy desgarradora

porque en China fue...

explotada.

Fue vendida...

y forzada a un matrimonio que no quería.

Y estuvo atrapada en ese matrimonio muchos años,

antes de escapar de su familia china y venir a Corea del Sur.

Muchas mujeres son vulnerables a ser traficadas.

No ocultan su orgullo

por haber rescatado ya a más de 800 desertores.

Pero, podría haber miles ocultos en China.

Lo sabe bien Sokeel Park, director de LINK en Corea del Sur.

Su contacto con refugiados norcoreanos

le ha permitido conocer a una generación de jóvenes

como los del documental "La generacion Jangmadang"

que muestra que en Corea del Norte han proliferado mercados callejeros

y puestos ambulantes privados,

incluso con productos traídos de contrabando desde China.

Jangmadang es la palabra norcoreana para mercado.

Se trata de mostrar la generación del mercado.

Una forma de capitalismo nativo en Corea del Norte,

que creció durante la muy severa hambruna en los 90

cuando los norcoreanos se dieron cuenta

de que no podían ya confiar en el Estado.

Y así, esta generación milenial creció desde temprana edad

con esta economía de mercado en aumento,

teniendo más acceso a medios extranjeros,

películas de Corea del Sur, medios chinos, etc...

cosas que eran pasadas al país de contrabando.

El propósito de hacer este documental

es humanizar a los norcoreanos,

mostrar a audiencias internacionales

que Corea del Norte no es solo Kim Jong Un

y los misiles y las armas nucleares,

sino también personas normales, como tú y yo,

que tienen creatividad, son dinámicos, tienen ambición,

son divertidos y sí, también tienen tragedias personales.

Aún así, reconoce que no es previsible

la pronta caída del régimen totalitario de los Kim.

No hay disidencia dentro del país, no hay oposición, que sepamos.

Esto no quiere decir que no esté habiendo un cambio

y que el Gobierno no sea sensible hacia lo que ocurre.

Una de las razones por las que Kim Jong Un

actualmente está interactuando con la comunidad internacional

es porque se enfrenta a una confluencia política

diferente a su padre.

Él va a permitir cierto desarrollo económico

y va a involucrarse en mejorar las relaciones con el mundo exterior

para rebajar las sanciones al comercio y a las inversiones.

Sun Mu reconoce su adoctrinamiento.

La hambruna le llevó a buscar trabajo en China

y ya no pudo volver.

Estudiaba Bellas Artes.

Mantiene el anonimato por miedo a que su familia sufra represalias.

No quería abandonar Corea del Norte.

Estaba dispuesto a morir por el régimen.

Por eso, no me resultaba tan fácil abandonarlo.

Todos los años, por sus cumpleaños, pintaba un poster gigante,

de ellos..., de los líderes.

Yo quería que ellos me admirasen por mis obras.

Creía que vivía mi propia vida en Corea del Norte,

pero aquí me he dado cuenta

de que eso no era mi vida

sino la del régimen,

donde cada uno vive con las ideas del régimen.

Yo no existía en Corea del Norte.

Ha expuesto en Corea del Sur y otros países.

Le ayuda y financia la coleccionista de arte, Hyunjoo,

cuyos padres eran del norte.

Y este diseñador, Kangcheol, le presta el espacio para crear.

Mi sueño es visitar Corea del Norte libremente

y ver a mis seres queridos y a los amigos,

a los que echo muchos de menos.

De momento, es tan difícil que ese sueño se haga realidad

como que entre en funcionamiento la estación de Dorosan,

impecable, en silencio y sin uso.

Uun día deberá unir los dos países por ferrocarril.

No lejos, en nuestro recorrido por la frontera,

bajamos a uno de los cuatro túneles descubiertos entre los años 70 y 90.

Construidos por militares norcoreanos,

debían servir al régimen de Pyongyang

para infiltrarse en el sur.

Este tercero fue descubierto en 1978.

Ahora está bloqueado.

En la oscuridad, Corea del Norte.

Una Corea del Norte, cuya violación de los derechos humanos

no se cansan de denunciar en la ONG PSCORE,

cuyo objetivo es la reunificación.

La dirige desde su fundación, en 2006, Kim Young-il.

Huyó del norte con sus padres y hermanos.

En ella trabajan juntos nor y surcoreanos

y voluntarios extranjeros.

Se afanan en identificar

dónde están los campos de reeducación y trabajos forzados

de presos políticos.

Podría haber más de 150.000 detenidos.

El régimen norcoreano lo niega.

Desde el aire, estos campos parecen poblaciones.

Están en áreas completamente aisladas.

A una persona la pueden sentenciar a muerte,

sin abogado y sin juicio.

No hay mecanismo legal que proteja su vida.

No existe la protección de un abogado.

Si quieren matar, matan, y desprecian el derecho a la vida.

No hay ninguna protección posible.

Si hablas mal del régimen,

te acusan ilegalmente de un delito político

y te mandan a la cárcel.

Además, el sistema consiste en lo siguiente:

si acusan a una persona,

mandan al resto de la familia también a la cárcel

y al campo de trabajos forzados.

Sabe que la reunificación será complicada

por las enormes diferencias.

Los desertores se enfrentan, por eso, a problemas de adaptación.

Se piensa que hablamos el mismo idioma

pero en coreano del sur hay muchas palabras

que derivan del inglés u otros idiomas.

En Corea del Norte, como está aislada,

no conocía esas palabras,

por eso, cuando veía aquí las noticias en televisión,

no entendía casi nada.

Me costó bastante.

-Cuando llegué al aeropuerto de Incheon, en Corea del Sur,

me sentí en un paraíso.

Lo que más me gustó fueron las luces

y que había muchos coches en las calles.

Los niños también tienen problemas

por los distintos sistemas educativos.

Para ayudarles, esta desertora, Ryuyoun, organiza clases de apoyo.

Su hermano fue acusado de un delito político

en Corea del Norte

y como familiar, ella también fue detenida y torturada.

Mis padres eran de Corea del Sur

pero, por la guerra civil,

les llevaron a Corea del Norte

y para el Sur mis padres constaban como secuestrados.

Por el caso de mi hermano,

a mis padres les echaron del partido,

acusándoles de haber dado una mala educación a su hijo.

Y a mi madre la torturaron.

Después, mis padres murieron por la presión.

-Soy Casey Lartigue.

Soy cofundador de TNKR.

En la ONG americano-coreana TNKR

ayudan a jóvenes norcoreanos refugiados

a mejorar su nivel de inglés.

Los ponen en contacto con voluntarios que les dan clases.

La familia de mi padre eran polacos que se refugiaron en América.

Se les llamaba desplazados.

Llegaron después de la Segunda Guerra Mundial.

Soy muy afortunada y quiero compartir esa fortuna.

Siempre me ha apasionado la responsabilidad hacia la sociedad.y

Ayudaba a personas surasiáticas en Singapur.

Y ahora, de vuelta en Corea, quiero hacer algo más por Corea.

-Ahora, que se presenten los estudiantes.

-Abandoné mi país en 2012.

Soy estudiante de empresariales en la Universidad.

Me uní a TNKR hace tres años

porque mi ingles era el de un bebé de tres años.

Ahora puedo conversar con todo el mundo.

-Tengo planeado ir el próximo año a América para mi doctorado

y tengo que estudiar más.

El norte vive aislado del progreso y el desarrollo.

El sur es la tercera potencia asiática,

puntera en Ciencia y Tecnología.

El instituto KIST es uno de sus exponentes,

con investigaciones que van desde la tecnología en 3 dimensiones

hasta la inteligencia robótica.

Debido a su falta de recursos naturales y de capital,

la única esperanza de Corea del Sur para superar la pobreza

eran la Ciencia y la Tecnología.

Ojalá sean, incluso más esenciales para el futuro que en el pasado.

La economía global se ha convertido en más competitiva.

Espero compartir un día nuestra experiencia

con Corea del Norte y contribuir así a la paz y prosperidad.

Paz y reconciliación es lo que piden también estos jóvenes

de la asociación Peacizen, "Ciudadanos por la paz".

Se concentran los miércoles en una plaza de Seúl.

Es también tema de debate

entre los alumnos de Estudios Coreanos de la Universidad de Corea.

Necesitamos reflexionar

sobre si las intenciones norcoreanas de desnuclerizarse

son auténticas y sinceras.

-Trump es una persona muy franca,

habla claramente

y mostró mucho entusiasmo y seguridad

sobre lo que habían conseguido.

-Corea del Norte muestra una fuerte voluntad

para que se la reconozca como un estado soberano

y desea realmente tener crecimiento económico

porque Kim Jong Un quiere mantener su régimen.

-¿Qué pensáis sobre la separación y nuestros dos sueños?

-Vivo cerca de la línea militar

donde las cuestiones sobre Corea del Norte y las nucleares

son bastante sensibles para los coreanos.

Es, de alguna manera, una amenaza para ellos.

A largo plazo,

pienso que debemos hablar también sobre la reunificación.

-Tenemos que construir un ambiente de seguridad estable,

de forma que la gente no tenga que vivir con miedo

a una guerra nuclear.

-Las personas de mayor edad,

que vivían en el Norte antes de la división

o que experimentaron la división del país,

piensan que el Sur y el Norte son un mismo pueblo.

Quienes vivieron la guerra

son muy críticos con el régimen norcoreano,

pero creen que la unificación ha de hacerse.

Los jóvenes que han vivido la abundancia material

y el desarrollo y el bienestar en Corea del Sur,

constituyen las generaciones que no ocultan su preocupación

sobre las supuestas cargas económicas

que creen que tendrían que asumir a la hora de la unificación.

Para los surcoreanos,

la unificación coreana ha de hacerse

sobre la base de la democracia liberal

y la economía capitalista.

Para los norcoreanos,

sobre la base del socialismo a la norcoreana.

Las dos Coreas...

han estado en una relación llamada... de confrontación,

en las últimas siete décadas.

Lo primero que hay que hacer

es mejorar las relaciones intercoreanas

en distintos campos.

Y tras un periodo de mejores relaciones,

podemos pensar en las posibilidades de hablar

sobre la unificación coreana.

Grupos de desertores envían, desde hace años,

por diversos medios, información a los norcoreanos.

Piensan que es clave

para contrarrestar la propaganda del régimen.

Lo hacíamos también a través de comerciantes privados,

pero tras llegar Kim Jong-un al Gobierno esto cambió.

Él es mucho más estricto.

Además, los ha matado.

En memorias USB copian todo tipo de contenidos:

películas, noticias, documentales,

o también el discurso de Trump

ante la asamblea nacional surcoreana.

O videos de extranjeros que han estado en los dos lados.

Te voy a enseñar esto... sobre Estados Unidos.

No es nada especial, es gente normal.

O cómo es un mercado estadounidense,

y lo que cuentan.

En Corea del Norte,

esto es perjudicial,

porque los norcoreanos no lo conocen.

No existen mercados como estos.

Junto a otros desertores, prepara un nuevo envío.

Introducen arroz y una memoria USB en cada botella.

Quieren ayudar a paliar el hambre,

física y de conocimiento de sus compatriotas.

Lo financian, sobre todo, desertores e iglesias protestantes surcoreanas.

Pero el gobierno surcoreano

no nos ayuda ni con un euro.

Tiene miedo de Kim Jong Un,

así que no contamos con su apoyo.

Dos días más tarde, les acompañamos a la isla surcoreana de Ganghwado.

Allí, pegan a cada botella una biblia envuelta en plástico.

Corea del Norte está en esa dirección,

detrás de un poste eléctrico... y la montaña.

El arroz que hay en cada botella pesa 1 kilo 300.

Su valor, en moneda norcoreana, es de unos 7.000 wons,

el sueldo de dos meses de un norcoreano.

Oran por la paz

y para que llegue el mayor número posible de botellas

a su destino.

Ni la lluvía les detiene.

Lanzamos botellas dos veces al mes,

a una hora concreta,

cuando hay marea fuerte y entra más agua.

Así, las botellas pueden flotar

y la fuerte corriente las lleva hacia Corea del Norte.

Más allá de fronteras y paralelos,

"las botellas de la esperanza" flotan hacia su destino.

El de la Península Coreana

sigue tan abierto como el ancho y vasto mar.

Subtítulos realizados por Chus Suárez Liaño.

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En portada - Paralelo 38

10 sep 2018

En portada viaja a la última frontera de la Guerra Fría. 2018 es el año de la distensión de las dos Coreas.

El Paralelo 38 es una línea de separación marcada por la guerra de 1950, las heridas abiertas y los secuestrados por el Norte.
Varios desertores de Corea del Norte relatan en primera persona las razones para su huida del país más hermético del mundo. Unos huyeron por la hambruna, otros en busca de libertad. Muchos han sido víctimas de la violación de los Derechos Humanos en la dictadura estalinista.

Todos los protagonistas del reportaje viven con expectación los primeros pasos de distensión, especialmente tras la celebración de las dos cumbres intercoreanas.

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