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Para todos los públicos En Portada - Colombia, el precio de la paz - Ver ahora
Transcripción completa

(Música cabecera)

(Música emotiva)

(Música tensión)

(Disparos, grito)

Crímenes.

(Disparos, gritos)

Por el respeto a los derechos humanos.

Buenos días. -Buenos días.

¿Qué va a llevar hoy? -Tres arreglos florales.

-Hay rosas, lirios, cremones...

¿Surtidito? -Dos de rosas y uno de lirios.

¿Cuánto es?

(Música triste)

El cementerio de La Inmaculada, donde reposa Fair Leonardo,

está lejos de la casa familiar en Soacha.

Pero Luz Marina no deja pasar mucho tiempo

sin visitar la tumba de su hijo.

Necesita llevarle flores, acariciar la tierra que le cubre

y hablar con él, aunque no le responda.

Hola, mi amor.

Ya estoy aquí.

Solo digo que tú me das la fortaleza para seguir adelante.

Te extraño mucho.

Todos en la casa te necesitamos.

El hijo de Luz Marina fue víctima de la trama

de los llamados falsos positivos.

Civiles inocentes a los que mataban miembros de las Fuerzas Armadas

para presentarles como guerrilleros muertos en combate

y exhibir una hoja de servicios llena de éxitos

por los que eran recompensados.

Es el crimen más horrendo que tenemos en esta historia,

y desgraciadamente no son pocos los casos.

La Fiscalía nos ha presentado un informe

donde hay casi 6000 casos reseñados allí,

y donde hay más de 5000 militares implicados.

-Puedo decir con total responsabilidad

que no conocemos una práctica

similar en otra región del mundo

ni tampoco en el resto de América Latina.

Las desapariciones de los jóvenes de Soacha

empezaron en enero del 2008.

En un país donde los crímenes se cuentan por miles

y la mayoría quedan sin resolver,

las madres de Soacha se hicieron oír.

El presidente Álvaro Uribe sale a decir a los medios:

"Estos muchachos no se habían ido a recoger café",

dando a entender que estos muchachos eran todos delincuentes.

Y claro, cuando estas mujeres, que son madres, le tocas el honor,

el nombre de sus hijos,

es cuando estas mujeres se constituyen.

Sale de dentro de ellas una fuerza impresionante

que dice: "A mi hijo no se le toca.

Ya pudisteis matarlo, lo pudisteis asesinar,

pero el nombre y el honor de mi hijo tú no lo tocas

declarándolo ahora guerrillero, narcotraficante, paramilitar".

Soacha seguiría siendo una población pequeña

y de escaso interés de no ser por el conflicto armado.

A finales de los 80, empezó a recibir desplazados.

Y al expandirse, sus fronteras se fundieron con las de Bogotá.

En Soacha la renta es baja y el paro duplica la media nacional.

Un terreno abonado para los reclutadores,

que engañaron con promesas de trabajo a jóvenes

cuyo destino final era una fosa común lejos de casa.

Me empecé a preocupar a la una de la mañana,

que es cuando llega mi hijo John Smith

y le pregunto por Fair Leonardo.

Y me dice: "Madre, he recibido una llamada a las doce del día".

Y todo lo que le escuché es: "Patroncito, ya voy para allá".

La habitación de Fair Leonardo es un altar contra el olvido.

Debido a su retraso cognitivo, el joven de 26 años

tenía la edad mental de un niño de 8.

Era amigo de su reclutador, Alexander Carretero,

quien le entregó a cambio de 200 000 pesos,

el equivalente a 100 dólares.

Los soldados con los que pasó sus últimas horas

eran conscientes de su discapacidad.

Le llamaban "el bobito".

Le mataron al día siguiente de llegar a Ocaña,

pero la familia tardaría nueve meses en localizarlo.

Primero me preguntan:

"Doña Luz Marina, ¿usted por quién viene?".

Yo le digo: "Por Fair Leonardo Porras Bernal".

Entonces, él me dice: "Ah, usted es la madre

del jefe de la organización narcoterrorista".

Yo sentí un dolor en mi corazón.

Y yo le dije: "Yo creo que usted está equivocado".

"Pero déjeme decirle que mi hijo era un chico de educación especial,

que no sabe leer, no sabe escribir. No identifica el valor del dinero.

Pero tiene una discapacidad en su brazo y pierna derecha.

Y yo creo que una persona en estas condiciones

no puede ser ni el jefe ni pertenecer a un grupo insurgente".

Entonces, llegó y me dijo:

"Pero se nos hace raro.

Porque en el momento de su levantamiento,

él, a poca distancia, tenía un arma 9 mm".

"Entonces,

¿cómo pudo haber disparado un arma con un brazo discapacitado?

Con una mano que no le sirve".

Entonces, los dos fiscales se miraron y dijeron:

"Señora, ese es el reporte del Ejército".

Cinco años más tarde,

los seis militares implicados en la muerte de Fair Leonardo

fueron condenados a penas de más de 50 años de cárcel.

El juez reconoció que se trataba de un crimen de lesa humanidad.

Una sentencia histórica.

Una victoria para todos los falsos positivos.

Porque si uno es crimen de lesa humanidad,

los demás también lo tienen que ser.

Eso daba una garantía frente a los procesos de impunidad

en Colombia muy grande

porque lo cubre a nivel nacional e internacional.

-Esta era la ropa que tenía mi hijo el 7 de enero del 2008.

Me duele mucho lo que le hicieron a él,

a ese niño inocente, ingenuo.

Pero tengo que decir que lo que hicieron con él...

Soy una madre muerta en vida, buscando la verdad

y que se haga justicia para un país.

(TV) "Hoy es un día histórico para Colombia.

El Gobierno y las FARC no solo anunciaron un acuerdo

en materia de justicia...".

-"Acordaron que habrá amnistía para delitos...".

-"Una pena que va entre 5 y 8...". -"El proceso de paz...".

(Aplausos)

23 de septiembre de 2015.

La llegada del equipo de "En portada" a Colombia

coincide con la noticia más esperada.

El gobierno y las FARC han llegado a un acuerdo

que, si no se trunca,

terminará con el último conflicto armado de Latinoamérica

y con casi 60 años de violencia extrema.

Seis décadas y un balance aterrador.

220 000 víctimas mortales. El 80 %, civiles.

7 millones de desplazados. 25 000 desaparecidos.

30 000 secuestrados.

Un conflicto interminable.

Crímenes sin castigo con la firma de la guerrilla,

de los paramilitares y también de las fuerzas del orden.

Hay un riesgo muy serio,

que todo el mundo pretenda

meter estos crímenes bajo la alfombra,

y ya que no ha habido justicia hasta ahora

contra esos generales por falsos positivos,

tampoco que haya mayores esfuerzos de investigación o castigo

de los delitos de los guerrilleros.

Según Naciones Unidas, la tasa de impunidad de los homicidios

atribuidos a las fuerzas de seguridad de Colombia

es del 98 %.

El informe que elaboró en el año 2010

aseguraba que los asesinatos premeditados

no respondían a una política de Estado,

pero tampoco a hechos aislados.

Abordar la rendición de cuentas de los bandos enfrentados

será clave en las negociaciones.

(Disparos)

(Inglés)

(Música emotiva)

Yo ingresé en el ejército porque quería ayudar a esas personas.

Si yo veo que mi misma institución está haciendo...

O no mi institución, sino algunas personas de mi institución

están haciendo algo a lo que yo me metí a combatir,

no podría estar de acuerdo con eso.

El sargento Carlos Eduardo Mora no sale sin protección a la calle.

Su vida corre peligro desde que decidió denunciar las prácticas

de la Brigada Móvil No. 15

en Ocaña, al norte del país.

Trabajaba para el Departamento de Inteligencia,

y tenía contactos que le informaban.

En Ocaña la gente ya estaba comenzando

a temerle al ejército porque aparecían muchachos

que no tenían nada que ver muertos.

Ya estaban comenzando a pensar desde el mismo 2007

en comenzar a traer gente de fuera

para hacerlos pasar como muertos en combate.

Viste orgulloso el uniforme, y desde hace cinco años

colabora con la fiscalía para desentrañar la trama corrupta.

Paramilitares desmovilizados, delincuentes comunes

y simples inocentes, eliminados para figurar

como guerrilleros muertos en combate.

Era un secreto a voces.

El sargento Mora recibió la orden de matar a uno de sus informantes.

Y el sargento...

me da un arma para que lo dispare, que lo mate.

Yo cojo el arma, me acerco lo más que puedo,

y le digo que arranque la moto; si no, tendría que dispararle.

Todo hubiera sido una cadena.

Si le hubiera matado a él, me hubieran matado a mí,

y hubieran matado al otro muchacho como si fuera en combate.

El sargento denunció los hechos.

Sus superiores no hicieron nada.

Si en 2007, cuando yo me doy cuenta de lo que está pasando,

denuncio a algunos militares de alto rango más encima que yo,

hubieran prestado atención a lo que yo estaba denunciando,

a lo que yo estaba haciendo, se hubieran podido evitar

las muertes de los muchachos de Soacha.

De pronto, no otras muertas, pero puntualmente esas,

que fueron el epicentro de todos los falsos positivos,

se hubieran podido evitar.

Las denuncias del sargento Mora obligaron a desmantelar la brigada.

Muchos militares le consideran un traidor,

un sapo de la Inteligencia.

Pero la organización Human Rights Watch

ha aportado evidencias

de que en todas las divisiones del Ejército

se produjeron ejecuciones extrajudiciales

y que no pudieron cometerse sin conocimiento de sus superiores.

Que no vengan a señalarlos

y a causarles un daño enorme

sin ninguna justificación.

-Cuando dimos a conocer el informe,

el propio presidente Santos

lo descalificó públicamente.

Pero luego, ese mismo día,

pudimos reunirnos con él

y explicarle, mostrarle,

las evidencias con que contábamos.

A los días de entregado este informe,

fue destituido el comandante del Ejército,

Lasprilla Villamizar fue reemplazado por otro general.

Lamentablemente, el comandante y jefe de las Fuerzas Militares colombianas,

Rodríguez Barragán, también involucrado en estos hechos.

El informe señala a 16 generales.

De momento, cuatro serán citados a declarar.

Las ejecuciones extrajudiciales documentadas son casi 7000,

crímenes de lesa humanidad,

con personalidad jurídica internacional,

que pueden ser perseguidos en cualquier momento.

Dios bendijo a nuestros hijos, y nos bendijo a nosotras también.

Yo digo que Dios estaba cansado de ver tanta tristeza,

tanto derramamiento de sangre,

tanta injusticia,

que como que utilizó a nuestros hijos.

Para que nosotras fuéramos capaces de decir y de contar.

Nosotras fuimos las que destapamos

la olla podrida.

La destapamos y empezó el olor tan terrible por todos lados.

Porque es en todo Colombia, por Dios santísimo.

El perro que tenía Jaime Steven, apenas un joven,

casi un niño de 16 años, ha envejecido esperando a su dueño.

No le ha vuelto a ver desde que salió de casa

con una oferta de trabajo bien remunerado.

Quería prosperar y retirar a su madre.

¿Cómo prefieren? Tengo un poquito de cremita.

María casi siempre sonríe. Es animosa.

Y ha trabajado duro para sacar adelante a su familia.

Pero falta Jaime Steven, el Chivito,

y su ausencia pesa como una losa.

Cuando apareció, llevaba ocho meses muerto.

"Vengo por Jaime Steven Valencia Sanabria".

Dice: "Señora, lo mismo da. Es uno de los guerrilleros

que pensó que iba a hacer mucho y tenía muchas armas.

Y atacó al ejército, y la Brigada 15 tuvo que matarlo".

Yo le dije: "¿Cuándo mi hijo fue asesinado?".

Y me dice: "El 8 de febrero, a las 13:30 de la tarde".

Le dije: "Exactamente, señor juez, asesinado el 8 de febrero.

Y fue desaparecido el 6 de febrero.

Entonces, ¿a qué hora mi hijo fue guerrillero?".

Llega y me dice: "A ver cómo le digo a usted, doña María.

A ver, señora.

Es que ese es el reporte que dio el Ejército".

Fue entonces cuando María Sanabria

supo que su hijo no era el único desaparecido,

que había más madres que lloraban ausencias.

Fue cuando comprendió que juntas podían ser fuertes

y dar un nuevo sentido a sus vidas.

Fueron muchas las amenazas que llegaron.

Después empezaron a llegar panfletos debajo de la puerta,

donde ya venía con nombre propio, con el nombre de Luz Marina

y con el nombre mío, y con una bala pegada,

que decía: "A la señora Marina y a doña María,

de estas balas hay muchas para ustedes.

Les estamos respirando en la nuca, les estamos siguiendo los pasos".

Eso nos ha ocurrido. Somos tildadas de terroristas.

Cinco presidentes de Colombia

emprendieron procesos de paz que fracasaron.

Pero nunca se había llegado tan lejos

aunque queden obstáculos por resolver.

El desarme, la desmovilización,

la reintegración social de la guerrilla,

las reivindicaciones de las víctimas,

la compensación de las culpas.

No hay mayor reconstrucción de la sociedad que la paz.

Evitar que sigamos matándonos.

Para eso es este proceso, no para castigar a nadie.

-El diseño que se hizo de justicia

es un diseño que de ninguna manera va a satisfacer

a todas las víctimas y a todos los sectores

sociales de Colombia.

Pero, a mi modo de ver, logró compaginar

muchos intereses de muchos lados,

y, al mismo tiempo,

aprovechar experiencias de otros países.

Me parece que el producto final

no es malo tampoco.

-Es evidente que no va a haber cien por ciento de justicia,

si entendemos la justicia por penas de carácter carcelario.

Aquí es muy posible que muchos autores

de crímenes de lesa humanidad

terminen en tareas

que son de carácter restaurador, en sanciones reparadoras,

pero no en la cárcel.

Como también, lo acabo de decir, es posible que quien no se someta

pueda ir a la cárcel por un tiempo considerable.

El senador Cepeda ha liderado el Movimiento de Víctimas

de Crímenes de Estado, y es un defensor del proceso de paz.

En su despacho del Senado, no caben los ochos guardaespaldas

que le protegen, pero no falta la foto de su padre,

Manuel Cepeda, asesinado por paramilitares.

Era líder de la Unión Patriótica, una formación política

en la que se habían integrado exguerrilleros.

Más de 5000 militantes fueron exterminados.

¡En complicidad con el Gobierno,

asesinó al senador Manuel Cepeda Vargas!

-Colombia tiene una de las historias de persecución política

más serias que hay en todo el planeta.

Eso no lo conoce la opinión internacional suficientemente.

Muchos de nuestros líderes políticos, entre ellos mi padre,

hay que irlos a visitar al cementerio.

Así que la paz, eso que llamamos la paz,

significa ante todo

el estallido de una serie de fuerzas,

de corrientes, que han estado en lo subterráneo,

que van a emerger y van a generar una situación nueva en el país.

El departamento de Huila

es uno de los más afectados por la violencia.

Podría ser un buen lugar para vivir, entre valles y quebradas,

pero las cifras de homicidios,

masacres, secuestros y desplazamientos lo desaconsejan.

Desde los años 60, ha sido territorio de las FARC.

La guerrilla utilizó el departamento como zona de repliegue y expansión.

Reclutaba por la fuerza a menores,

a los que sacaba de sus casas y colegios.

(Campanadas)

Carmen Hernández, líder campesina del municipio de Santa María,

se enfrentó a dos guerrilleros

cuando quisieron llevarse a sus hijos.

No estuve de acuerdo que mis dos hijos varones

ninguno fuera al ejército.

Menos lo de ir a la guerrilla.

No.

Y en mi sector era común que llegaran a las casas.

Afortunadamente, a la mía no llegaron sino dos o tres veces.

Y la ver que fueron por mis muchachos,

que tenían deseo de llevarse a los dos mayores,

les dije: "No.

Pena me da, pero aquí...

Si es necesario, nos matan a todos aquí".

El mayor de sus hijos se llamaba Anderson.

Vivía en una finca donde había levantado

dos lagos artesanales para la cría de truchas.

Y por la que pasaban con frecuencia

guerrilleros de una columna de las FARC.

El joven murió el 10 de febrero de este año

en el curso de una operación militar.

El Ejército se apresuró a decir que era guerrillero.

Los vecinos salieron a la calle

para denunciar que se trataba de un falso positivo.

(Campanadas)

¿Yo qué culpa tengo si el ejército llega a mi casa?

¿Qué culpa tengo si llega la guerrilla?

Yo no los invité. Me llegaron.

Para que tan vilmente,

este chico hubiera ido ese día precisamente a echar el agua

y en qué condiciones,

me lo pasen por guerrillero.

No. No es así.

-La guerrilla sí pasó por ahí.

Seguramente tuvieron que encontrarse con la guerrilla.

Eso nadie lo puede tapar, es la verdad.

Pero no implica y no quiere decir que por eso una persona como él

haga parte de ese factor armado ilegal.

No significa nada de eso.

Significa que esa es la vida que nos toca vivir.

Qué le vamos a hacer. Nos tocó esta.

Y tenemos que aprender a sobrevivir en la vida que nos tocó vivir.

El departamento de Huila es fértil.

Podría ser una de las principales despensas agrícolas de Colombia

si no fuera por la violencia.

La guerrilla, los paramilitares y las bandas criminales,

con intereses en el mercado de la droga y la minería ilegal,

campan a sus anchas.

Un 12 % de la población ha tenido que marcharse.

Y los que se quedaron esperan el día que no tengan que elegir.

Por es que me he quedado.

Y por eso es que sigo luchando.

Porque en sí nosotros no nos vamos a quedar

ni con la guerrilla ni con el ejército.

Al ejército lo aceptamos porque creíamos, al menos el caso mío...

"Dales apoyo cuando llegaban".

"Préstales nuestros servicios". Porque creía uno que,

como son del Estado, lo estaban protegiendo.

Y mire. Mire la respuesta.

Vamos a visitar la tumba de su tío.

-Vacas. -Hay vacas, sí.

-¿De la abuela? -No, no son de la abuela.

Está la fecha de...

que lo vinimos a enterrar.

Está...

Está detrás de esto escrito simplemente,

porque no le hemos colocado lápida

porque no podemos saber a ciencia cierta

si habrá exhumación del cadáver.

En el cementerio de Santa María,

un pequeño campo santo al abrigo de la cordillera Central,

podrían escribirse algunas de las páginas más tristes

del conflicto de Colombia.

El municipio tiene 10 000 habitantes.

Y ha visto morir, en apenas tres años,

a 170 personas, casi todas víctimas de las FARC.

La familia de Anderson Daza solo pide que se aclaren los hechos.

Por el mero respeto a la dignidad de los que mueren

y mero respeto a los hogares que les toca poner los muertos,

desafortunadamente, en este conflicto.

Por mero respeto a ellos,

se merece que se esclarezcan las cosas.

(Música suspense)

Durante años, Colombia apostó por la solución militar.

Había que terminar con la guerrilla.

La victoria se midió por el número de bajas,

y se estableció un régimen de compensaciones económicas,

ascensos y permisos que fomentó conductas criminales.

A veces, las políticas que tienen las mejores intenciones,

en su diseño y en su organización,

tienen los efectos más perversos a la hora de su aplicación.

O sea, efectos no buscados, efectos indeseables.

Este puede ser el caso, obviamente,

de esa decisión del Ministerio de Defensa.

-Hay muchos que lo hicieron por presión.

Hay otros que por dinero, otros que por permiso.

Esos son una serie de factores.

La presión, porque si usted no hacía lo que querían sus comandantes,

lo más posible es que a usted lo asesinaran.

Es lo que Raúl Carvajal, un campesino del Caribe colombiano,

cree que le pasó a su hijo.

Aunque el Ejército asegura que el cabo murió combatiendo,

el padre cree que lo mataron al negarse a participar

en la muerte de los falsos positivos.

Ojalá le mataran un hijo a usted para que supiera lo que duele.

Lo que duele la muerte de un hijo. Cuando un hijo es bueno.

Pero ustedes son unos asesinos.

A él lo llevaron en un helicóptero de Bucaramanga

por orden de Álvaro Diego Tamayo Hoyos.

Para asesinarlo en El Tarra.

En su desesperación, Raúl Carvajal subió a su viejo camión

el cadáver de su hijo y lo condujo a la plaza del Senado.

El número de falsos positivos se disparó

durante la presidencia de Álvaro Uribe.

Aunque los medios masivos de información en Colombia,

y creo que en otros países,

se han centrado en el problema de las FARC como victimario,

yo coordino un banco de datos de derechos humanos,

y el cálculo que siempre hemos tenido

es que los victimarios de la insurgencia

no llegan al 20 %,

y los victimarios del Estado llegan a más del 80 %.

-Le doy cifras. Son 500 000 hombres y mujeres

que hacen parte en esas Fuerzas Armadas.

De esos 500 000, hoy hay 4 o 5000

que tienen encartes judiciales por cuenta del conflicto.

Un país que ha padecido la maldición universal del narcotráfico

puede estar orgulloso de que solo el 1 % tengan estos líos.

-El crimen ha sido algo sistemático y masivo,

y parte de las políticas institucionales de las FARC,

mientras que en el Ejército colombiano

hay responsables individuales de excesos, de crímenes, de delitos,

pero nunca en el Ejército nacional ha habido una política deliberada

y sistemática de violación de los derechos humanos.

-¿Acepta o no acepta los cargos? -Sí acepta.

-Bien.

¿Esa decisión la ha tomado de manera libre,

voluntaria, consciente? -Afirmativo.

El teniente coronel Robinson González del Río

es uno de los escasos altos mandos condenados hasta ahora

por falsos positivos.

Hace meses acusó al excomandante del Ejército Mario Montoya

de ser el cerebro de la trama.

Y una semana después del anuncio de paz de La Habana,

admitió su responsabilidad en 32 ejecuciones extrajudiciales.

Entre ellas, la muerte de dos menores.

El señor Robinson González del Río,

si quiere realmente hacerse acreedor de algún tipo de beneficio,

va a tener que hablar mucho más de lo que ha hecho hasta ahora.

Y sobre va a tener que revelar

al tribunal de la Jurisdicción Especial para la Paz

sobre quiénes le dieron las órdenes.

Los acuerdos prevén la creación

de tribunales especiales para la paz.

La justicia transicional afecta tanto a la guerrilla

como a las fuerzas del Estado.

Se basa en el reconocimiento de los delitos cometidos

y en la búsqueda de la verdad.

Para quienes colaboren, se prevén penas de entre 5 y 8 años

de privación efectiva de la libertad,

pero no necesariamente de cárcel.

Tanto el Gobierno como la guerrilla,

y aquellos que asesoran a unos y a otros,

han estado acuñando y promoviendo un concepto

que llaman de justicia transicional.

Que no es justicia, es impunidad.

-¿Qué importa?

Importa que las madres sepan dónde están sus desaparecidos.

Nos importa que puedan saber dónde está su tumba

o su ser querido, o si está vivo.

Eso es mucho más importante

que dar de baja o condenar a la horca a un asesino

que se lleva a la tumba la verdad.

Nos importa la verdad y nos importa la paz

por encima de la vindicta.

(Música animada)

Los domingos, la plaza central de Soacha bulle.

Juegos y risas en el lugar exacto donde cayó Luis Carlos Galán,

el candidato presidencial asesinado hace 30 años

por sicarios de Pablo Escobar.

Carmenza Gómez ha visto morir a dos de sus hijos en Soacha.

Acá, por esta cuadra, fue donde yo viví

con mis hijos.

Y aquí fue donde se los llevaron los reclutadores

ofreciéndoles trabajo.

Buena paga.

Y acá fue donde se lo llevaron a él

el 23 de agosto del 2008.

Nos acompaña al barrio de Ducales,

donde vive Luz Edilia, la madre de otro falso positivo.

De allí salieron los tres jóvenes en paro

que un 23 de agosto

aceptaron la oferta de trabajo de sus reclutadores.

Se ganaron la confianza de algunos de los jóvenes,

y se los llevaban y les daban de tomar o comer.

Y así se ganaron la confianza de los muchachos

para podérselos llevar. Y les ofrecían una buena paga.

Entonces, los jóvenes, que no tenían trabajo,

se fueron por eso.

Muchos falsos positivos yacen sin identidad en fosas comunes.

Antes de morir, les retiraban todos sus documentos.

Pero Víctor, el hijo de Carmenza, pudo ser identificado

porque se guardó un carné entre la ropa interior,

tal y como le enseñaron cuando estuvo en el ejército.

A la familia le dijeron que era guerrillero.

Él volvía y me repetía: "Fue muerto por el ejército".

Se me hace raro que aquí hay muchos jóvenes de Soacha

y están enterrados en fosas comunes como si fueran animalitos.

El calvario de Carmenza no había finalizado.

Cinco meses más tarde, le mataron a otro hijo.

Es esta la tienda, ¿no?

-Es esta la tienda donde mi hijo entró.

El tipo llegó por este lado.

Le salió allá cuando le disparó a él.

Entonces, salió de detrás del mostrador,

y fue cuando ya lo vio él ahí tendido en el piso.

Él reconoció muchos jóvenes de los de Soacha.

Él dijo que iba a investigar

la muerte del hermano

y quién se estaba llevando los otros jóvenes.

Entonces, de ahí para acá le empezaron las amenazas a él,

y fue cuando,

ya para el 4 de febrero de 2009,

me lo mataron.

Durante siete años, el grupo de las 19 madres de Soacha

ha luchado para que los crímenes no queden impunes.

Quieren paz con justicia.

Pero es la hora de la política.

Y en los meses venideros habrá que demostrarlo.

A pocos metros del Senado, en el corazón de la plaza Bolívar,

un enorme mural de Luz Marina Bernal

parece vigilar el proceso.

En todo el país hay fosas comunes.

Y yo creo que, para que ese proceso de paz

realmente sea satisfactorio,

es que nos permitan hacer un duelo digno.

Que nos entreguen a nuestros familiares.

Juzgados especializados de Bogotá, 30 de septiembre.

La vista por el asesinato de tres falsos positivos

queda suspendida por incomparecencia de la abogada de los acusados.

Les imputan varios delitos.

Entre ellos, el de homicidio agravado.

La dilación es habitual y desespera a las familias.

Llevamos un año en esto.

Se les muere la mamá, les duelen las uñas...

Nosotras, enfermas. Yo también estoy enferma,

tengo diabetes y tengo que ir cada mes a un médico.

Y aquí estoy.

El Centro de Memoria, Paz y Reconciliación

se levanta en lo que fue el cementerio central de Bogotá.

Es un lugar conmovedor

que encierra los recuerdos más tristes de un país

en el que ha habido muchos verdugos.

Cada mensaje, cada tapiz, cada muñequito de tela

están cargados de memoria.

Han sido tejidos por mujeres que perdieron a sus seres queridos

pero mantienen la esperanza.

Buenos días, señoritas y caballeros.

Mi nombre es María Ubilerma Sanabria.

Yo creo que algunos de ustedes, me atrevo a preguntarles,

¿conocían los casos de Soacha?

No.

¿Sabían de las ejecuciones extrajudiciales

o más llamados falsos positivaos?

¿No? ¿Sí?

Para mí es muy importante decirle a los niños:

"Vean, hijitos del alma, yo perdí a mi hijo.

Pero gané muchos hijos más, que son todos ustedes.

A los cuales yo tengo la obligación de criar".

-Yo calculo que vamos a tardar una década

para el afianzamiento de la paz en las regiones.

No está exenta de riesgos.

Pero será bueno poder decir que en América Latina

desapareció el último...

la más vieja guerrilla que había sobrevivido.

(Música emotiva)

(Música créditos)

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En Portada - Colombia, el precio de la paz

13 nov 2015

En Portada estuvo en Colombia el día que se firmó el preacuerdo para acabar con un conflicto de casi 60 años, que ha dejado más de 220.000 muertos, el 80 % civiles, sin contar a los secuestrados, desaparecidos y desplazados. Las víctimas quieren paz y justicia y los guerrilleros y paramilitares procesados pueden ser los verdaderos beneficiados.

No hay pueblo de Colombia, por pequeño que sea, que no haya sufrido el zarpazo del conflicto. Han sido muchos años y demasiadas víctimas. Los crímenes se cuentan por cientos de miles y los índices de impunidad, los crímenes sin resolver, son muy elevados. Sin embargo, en medio de este mapa dolorido, un grupo de madres, las madres de Soacha, consiguió hacerse oír: se propusieron defender la memoria de sus hijos, que todo el mundo supiera que eran inocentes.

En una trama siniestra, miembros de las fuerzas armadas asesinaron a jóvenes a los que reclutaban con engaños para, tras alterar las pruebas, presentarlos como miembros de la guerrilla muertos en combate. A cambio, los soldados y mandos implicados, recibían recompensas, dinero, ascensos y permisos.

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