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Subtítulos de Cuéntame cómo pasó - T12 - Capítulo 204

Cuéntame cómo te encuentras, cómo eres hoy, si el tiempo no te cambió. Sin querer ibas creciendo, te fuiste de casa y estás de vuelta otra vez. Háblame de cómo te han besado, hoy lo quiero recordar. Cuéntame. "En septiembre del 78, comenzó el pontificado de Albino Luciani. Comparado con Pablo VI, siempre tan serio, Juan Pablo I era un papa simpático y con muchas ganas de cambiar las cosas, tal vez demasiadas. Poco podíamos imaginar entonces que al papa le quedaba, literalmente, una misa. Mientras tanto, en nuestro país, la mayoría de los españoles se preocupaban por asuntos mucho más terrenales, como por ejemplo el paro. Casi un millón de españoles atravesaban el calvario del desempleo. Aquel sí que era un via crucis, que empezaba en la fábrica cerrada, para seguir en la oficina de empleo y, de ahí, en la mayoría de los casos, terminar en la nada. Eran malos tiempos para casi todos, aunque no para mi padre, que por fin se planteó vender su querida imprenta". -Estaba todo buenísimo, Mercedes. Me alegro de que te guste. Ni a mí me habría salido mejor, con eso te lo digo todo. Pero ¿tú cocinas? -¿Joseba cocinar? Es presidente de una sociedad gastronómica que ríete tú de los mejores restaurantes de Madrid. ¿Ves por qué quería que cenáramos en casa? En Madrid los mejores restaurantes son vascos y pensé: "¿Cómo vamos a llevarle a un vasco? Estará harto". Con lo bien que se vive en el norte, qué pena que tengáis que venir a vivir a Madrid. Y sobre todo a hacer artes gráficas. -Me vengo a mi pesar, Mercedes. ¿Qué quieres que te diga? Pero tenéis toda la razón, yo de artes gráficas ni idea. -A Joseba no le interesa la imprenta, sino el terreno. -Quiero construir pisos y oficinas. ¿Pisos y oficinas? Pero si no queréis seguir con el negocio, no hemos hablado de quién se encargará de las indemnizaciones. ¿Y cómo queda el personal? -Eso está incluido en la oferta, ¿no? -Por supuesto, sé que la compra tiene un sobreprecio y estoy dispuesto a llegar... a 30 millones. ¿En qué piensas? ¿En qué voy a pensar? La cifra está muy bien. Pero hay que darle muchas vueltas, que 30 millones suenan así, muy fácil, pero se puedan quedar en menos. Sí. Mañana voy al banco y pongo todo al día. Pero por él hubiésemos cerrado el trato esta misma noche. Esto es muy gordo, Merche. Yo hasta que no vea cuánto me queda limpio, no firmo nada. Yo creo que sí, Antonio. Que sí, que sí. Pero ¿no habíamos quedado en que teníamos que echar cuentas? Pero por mucha cuenta que echemos, salimos ganando. Pagamos los créditos a los clientes y lo que nos quede lo invertimos. No es tan fácil. ¿No ves que después tenemos que hacer lo del personal que tenemos detrás y eso es mucho dinero? Tú ahora olvídate del personal. Y del dinero. Y piensa en ti. ¿Hm? -(RADIO) RNE, servicios informativos. Interrumpimos urgentemente la programación para dar lectura a un comunicado oficial de la santa sede. Esta mañana, 29 de septiembre de 1978, hacia las 05:30, el secretario particular del papa, no habiendo encontrado al santo padre en la capilla como de costumbre, le ha buscado en su habitación y le ha encontrado muerto en la cama, con la luz encendida como si aún leyera. El médico Dr. Renato Buzonetti, que acudió inmediatamente, ha constatado su muerte acaecida hacia las 23:00 del día anterior, a causa de un infarto agudo de miocardio. 33 días después de su elección como sumo pontífice, Albino Luciani, Juan Pablo I, ha muerto. La noticia ha causado sorpresa en todo el mundo. ¿Ha dicho "muerto"? Hay quienes se niegan a asumir que la iglesia católica ha perdido a su máximo líder. En todos quedará el recuerdo de Juan Pablo I, el primer papa con dos nombres, gesto con el que pretendía honrar a... Puerta Adelante. -¿Querías hablar conmigo, Antonio? Sí. ¿Te has enterado? ¿De qué? Se ha muerto el papa. De eso hace casi dos meses. No, el papa nuevo, Curro. Se lo han encontrado esta mañana, muerto de infarto, ¿qué te parece? Pues uno menos. Ahora tendrás que irte zumbando al ministerio, ¿no? Pues no, no sé qué tiene que ver el ministerio de agricultura con el papa. No sé, siempre hay algo oficial. Pues hoy no. Además, quiero hablar contigo. Siéntate. (SUSPIRA) Dime. Vamos a ver, Trotsky, ya sé que me diste 15 días antes de irte a la otra imprenta, pero necesito que te quedes más. No te subas a la parra todavía, que lo que voy a decirte es por tu bien, escúchame. Te escucho. Anoche estuvo en casa un empresario del norte cenando. Quiere comprarme la imprenta. Me alegro por ti. El problema es que la imprenta se la trae al pairo. Lo que le interesa es el terreno. La parcela. Pero ¿y la gente? Pues tendrá que marcharse, Curro. Eso sí, con la mejor indemnización y condiciones posibles. Te lo digo porque, si te vas, te vas a perder todo esto. Ya, pero te costará un dineral. Estoy dispuesto a pagarlo. Quiero que me controles a estos cabestros y que no se desmadren para que todo este proceso termine bien. Sí, hombre, sí, Antonio. Muchas gracias. Esto se va a decidir en tres días. Mientras tanto, punto en boca. Muy bien. -Tú tiras los dos dados con el cubilete, lo miras, tapas y dices lo que has sacado. Siete. ¿Y yo cómo sé si has sacado siete? De eso se trata, de que te lo creas o no. Pues no me lo creo. Pues has fallado. Así que te tocaría beberte la copa o cerveza de un solo trago. Y tira el siguiente. -Cada cual tiene sus reglas. -Ya verás esta tarde. No puedo, he quedado con Karina. -¿Y esa quién es? -Su novia. -Vamos, hombre. No me jodas. -Estaremos todos, tú verás si te lo quieres perder. Bueno, ya veré. -(TV) Los restos mortales del papa serán expuestos en la sala clementina del palacio apostólico para que los fieles puedan acudir a darle su último adiós. -Qué lástima. A mí me caía bien este hombre. -A ti y a todos, Desi. -Se lo ha cargado la masonería. -Ya está este viendo contubernios judeomasónicos. -Que no han sido los masones, Ramón, pero aquí pasa algo muy raro. -Callaos, a ver si oímos lo que dicen. -(TV) Solo la autopsia podría determinar la causa de la muerte, pero esto no se producirá con el cadáver, no hay tradición... -¿No le van a hacer la autopsia? -¿No estás oyendo que no? -¿Y por qué no? -Porque son medio santos, no hurgarán como si fuera el cadáver del padre Froilán. -Buenos días. -Buenos días, padre. -Buenos días, padre. -Buenos días. -¿Le pongo algo? -Sí, ponme un café. Si no te importa, apaga eso. -Ramón, apaga la tele. ¿Un par de churritos, padre? -No me apetecen, gracias. -Aquí tiene su café. -Gracias. -Padre, ¿Ud. qué opina de esto del papa? -¿Pues qué voy a opinar, Ramón? Que es un desastre. -Ya, pero lo que creo que Ramón quiere decir es que si Ud. no ve nada extraño en todo esto, con todos mis respetos. -Que yo sepa, no hay nada extraño en morirse, y menos del corazón. -Ya, pero ¿cómo sabemos que ha sido del corazón, si no le van a hacer la autopsia? -Ni falta que hace. -Ya, padre, pero a todos los creyentes y católicos habrá que darles alguna explicación. -Pero qué ganas de meterse en vericuetos. A los papas no se les hace la autopsia por tradición y respeto. -Por respeto o por miedo. -Shhh... -¿Qué quieres decir, Miguel? Padre, solo digo lo que piensan todos. -Que este papa decía que quería cambiar las cosas y se lo han quitado de en medio. -Cállate, hombre. -¿Por qué me voy a callar? Vamos a ver, Don Froilán. Que yo a Ud. lo respeto, lo sabe bien. Pero una cosa es la parroquia y otra cosa es el Vaticano, que es una institución importante que maneja tanto poder y dinero, como para dejarla en manos de un hombre honrado. Monedas Padre. -Miguel, te has pasado. Música de misterio (SUSPIRA) Rufi, ¿puede Ud. venir un momento? -¿Sí, Doña Herminia? ¿Ha visto la cadena que tenía aquí? No sé, Doña Herminia. Una cadena de oro con una medalla grande. Yo lo que veo en los cajones ni lo toco. Ni los abro, se lo juro. Pero si la vi aquí no hace muchos días. Por Dios, que me caiga muerta ahora mismo si la he tocado. ¿Qué pasa, madre? No está. ¿El qué? La cadena de oro con la medalla grande. ¿La de la abuela? Sí. Con el cariño que le tengo. ¿Has mirado bien? Sí que he mirado bien. Esa cadena nunca ha salido de este joyero. Yo le juro que ese joyero ni lo he tocado. Ni siquiera sabía que allí había un joyero. Nadie te ha dicho nada, Rufi. Ya, pero cuando se echan en falta las cosas, parece que las culpas van siempre a las mismas. Anda, sigue con las tareas. Sí, señora. Madre, a ver si al limpiar el joyero la has cambiado de sitio. Ya no hay dónde mirar, Mercedes. Que estoy vieja, pero no tonta. No digo eso, mujer. Pero aquí no entra nadie. Rufi. -¿Tú quieres trabajar? Aquí nos sobra trabajo. -Que yo no puedo trabajar con mi padre. No funcionamos. O padre o jefe, las dos cosas no puede ser. -Por lo menos, aquí tienes un techo. Tú sabes que estoy contenta contigo en casa, ¿verdad? -Que sí. Gracias. -Mientras encuentro algo mejor, daré unas clases a ver si saco algo de dinero. -¿Vas a dar clases de francés? -Pues claro, ¿de qué va a ser? Mucho cuidado con quién coges de alumno, porque la última vez con el taxista... -Ya lo sé. -Hombres... -Y españoles, que son peores. -¿Sabes qué tendríamos que hacer? -¿Qué? -Irnos otra vez de viaje. -¿París? -París no, que hace mucho frío. A Ibiza. -¿A Ibiza? ¿Qué haces? -Nada. Françoise, ¿eres tú la que da las clases de francés? -"Oh, là, là"! Luego están las indemnizaciones. Cinco más dos más dos son nueve... O sea que limpio, Merche, limpio nos quedan 20 o 21 millones. Es un dineral, por Dios. Un dineral, con eso podemos vivir bien mucho tiempo. No me quedo en la calle y me queda el sueldo de director. A mí el de la peluquería. Muy importante. Total, se acabaron las preocupaciones. Ya hemos tenido bastante. Sí, pero esto no viene de la nada. No. Uno ha sido más listo que el perro de un ciego y hemos tenido mucha suerte. Míranos. (RÍE) ¿Suerte? Ay, madre mía. ¿Qué haces? Suerte la que he tenido yo, teniéndote todos estos años. Suerte la mía, tonta. ¿No nos ves? Y mucho trabajo también. Sí. Pues nada, Merche. ¿Te digo la verdad? Lo veo claro. ¿Lo ves? Sí, lo veo. Entonces, ¿llamas? Ahora mismo. ¿Para qué voy a tardar más? Venga. A ver si se va a arrepentir. A lo hecho, pecho. Te dejo solo para no despistarte, pero haces muy bien. (MURMURA) -Y seguimos subiendo y subiendo y llegamos hasta aquí, a Carboneras. Aquí es donde tiene la casa mi colega, que es un flipe. Nada más levantarte, ves el mar delante tuyo con el sol saliendo por el horizonte muy rojo. -No nos vamos a pasar todo el día viendo el sol. -Claro que no. (AMBOS RÍEN) Mira, luego nos vamos a ir aquí, a darnos un baño a Aguamarga. Es muy bonito y hay un chiringuito cojonudo. Después, bajamos por aquí y por aquí, hasta Las Negras. Comemos unas sardinitas que hace mi amigo Juan. Mm... -Mm.... ¿Y luego? -Me parece que vas a decidir tú. -(RÍE) -Porque tienes que venir, te va a encantar el mar de Almería. Sobre todo cuando sopla el viento, las olas se mueven así... (AMBOS RÍEN) -Ay, que te quemo. -No. -¿Has conseguido la pasta? -Sí, algo. -¿Cuánto hay? -5.420. -Quiero devolverlo pronto. -Sin problema, Inés. -¿Habrá suficiente? -Sí, seguro que sí. (SUSPIRA) No te preocupes. Todo va a salir bien. Inés, ¿qué estás mirando? -Nada. -¿Es un noviete tuyo de las monjas? -No. -¿Cómo que no? -No. -¿Te da vergüenza enseñármelo? -Sí, me da vergüenza. -¿Sí? -Sí. Sigue contándome el viaje que por Almería. -¿Qué le dije? -Se le puso la cara a cuadros, cuando dijiste aquello de "El hombre honrado". -Buenas tardes. -Toma el dinero, hijo mío. -Desi. Venga, Desi. ¡Ay! ¿Qué quieres que te diga? Me da mucha pena veros así. No empieces, Miguel. Yo no empiezo nada, Antonio. Cuando tú y yo estábamos peleados lo pasamos fatal. Deseábamos que alguno diera el primer paso, pero por orgullo... Somos hermanos. He venido por ti, no a ver a este individuo. -¡Compañía! TODOS: Ya viene el pájaro, ya viene el pájaro. Ya viene el pájaro, ¿cuándo se irá? -¡Recluta Alcántara, santo y seña! Soldado Alcántara, si no te importa. Joder, qué copa. Yo me tomo una y ya... ¿Juegas al quinito o qué? No, yo os veo. -(TODOS GRITAN) Está bien. Una vez y ya está. A ver. Siete. (AMBOS RÍEN) -Ni de coña. (RÍE) ¡Hijo de puta! "Es curioso cómo algo tan vejatorio como la mili de aquellos años creaba lazos tan fuertes entre la gente. Por extraño que le pareciera a Karina, los amigotes de la mili éramos una piña y al cabo de unas horas en ese bar, éramos una piña colada". -¿Cómo? ¿20 millones de pesetas limpios? Eso he dicho. ¿Y aún te lo estás pensando? Por Dios. Coge ese dinero. No te lo pienses más. Que no es tan fácil. La imprenta es mucho, ¿entiendes? ¿El qué? No digo que en un futuro no te pudiera llegar una oferta mejor, pero ¿y si te llega tarde? Ya. Pero es que no solo es dinero. Me da igual. Vende la imprenta, coge el dinero. Dedícate a la política o vete a dar la vuelta al mundo con Merche si te apetece. Joder, dar la vuelta al mundo con Merche sí me gusta. Claro que tengo razón. Tú cambia esa cara. Te da pena hacerte rico. ¿Será posible que te lo diga yo? ¡Salud! Salud. Sí, señor. -¿Se habrá ido al Cordel? -Que no, Josete, este está con Felipe. Si lo sabía yo. -¿Le damos 10 minutos más? -No. Venga, vámonos. Él se lo pierde. -De verdad. Dios da pan al que no tiene dientes. (HABLAN ENTRE ELLOS) -¿Cuántos años te quedan aquí? -Un par de años. -Bueno, por favor, señores. ¿Algún comentario más a la propuesta? Buenas tardes, señores. -Buenas tardes. -Buenas tardes, Antonio. Hola, Antonio. Hola, Curro. Venga, vamos. Cada uno a lo vuestro. Llaman a la puerta Pasa. ¿Qué coño estás haciendo ahí fuera? Nada, Antonio. Te he prometido que no te voy a hacer ninguna jugarreta. No me la hagas tú ni me montes ninguna huelga. No, hombre, Antonio. Al contrario. Nada de huelgas, te vamos a hacer una propuesta. Mejor dicho, una oferta. ¿Sí? ¿Una oferta de qué? De compra. ¿De compra? ¿Y tu otra imprenta? Eso es otra cosa. Además, esa ya está en marcha. Nos gustaría comprarte esta empresa. Bueno. Déjame hablar. Queremos explotarla en régimen de cooperativa. No seas ingenuo, Curro. Deberíais haceros cargo de todos los impagos, del pasivo, de las letras, de todo. Ya lo sé. Pero aun así. Si la llevamos bien, puede funcionar. Que te lo digan a ti. No es lo mismo, ni la misma época ni los mismos socios. Ni la misma empresa. Tampoco teníais estos clientes. Ni, cuidado... Tenemos pedidos para más de un año. Antonio, si esta empresa va perfecta. ¿O no? Hombre, eso es verdad, Curro. Lo único que hace falta es trabajar y apretarnos el cinturón. Mira, tú dinos lo que pides. Y nos hacemos cargo de las deudas, préstamos, trámites... Todo. ¿Quiero saber lo que pido? He hecho los cálculos con Merche. Según lo que me ofrecen los del norte, limpio, lo que se dice limpio, pido 21 millones de pesetas. 21 millones, Antonio. Te he dicho que es una oferta muy grande, y eso que yo estaba por tirar la imprenta por la ventana. No, eso no puede ser. Lo llevas en la sangre. ¿Cómo vas a dejar que tiren esto para hacer...? ¿Qué, oficinas? Oficinas o el circo Price, lo que ellos quieran. Antonio, déjame que hable con la gente. Y dame dos o tres días para hablar con los bancos. Qué jodido, Trotsky. Está bien, te dejo dos días. No les he dicho que sí aún a los del norte. Bueno, pero a mí me das tu palabra. Sí. Si en dos días igualas la oferta, la empresa es vuestra. No te quiero volver a ver porque te haces la dormida. Y tú nunca quieres joder. Nunca prometo volver aunque estoy aquí. Solo quiero que estés a punto. No me ha tocado cita. Siempre lo haces en un cuartel. Pones cara de aburrida y no sabes pasártelo bien. Nunca prometo volver aunque estoy aquí. Solo quiero que estés a punto. Hijos del mundo, no quieres más. ¡Dile a tu padre, dile a tu padre que no estás! (RÍE) -(SUSPIRA) Carlos, ¿tú no querías ir a un concierto? No. Quería estar con mi novia, el concierto me daba igual. Vale, yo te llevo con tu novia. -¿Puedo decir una cosa, soldado? Claro. Al principio, me pareciste un tontolaba. Gracias. Shhh... Coño. Ahora me caes de puta madre. ¿De verdad? Eres un tío cojonudo. De esa gente que vas a querer toda tu vida, hostia. ¡Coño! -Grande. -No como el pijo de Alcántara, que cuando le vea le voy a partir la boca. ¿Por qué no lo tienes tan claro? Joseba es uno y tiene el dinero. Y Curro es él y otros tantos. Lo único que tienen son buenas intenciones. Si los despido a todos, me va a costar un dineral y la salud. No hay nada peor que despedir al personal. Han trabajado conmigo y se van a quedar en la calle. Lo menos que puedo hacer por ellos es darles tiempo. Ya lo sé, y además... Está muy bien por tu parte. Teléfono Será Joseba, le he dicho que te llamase más tarde. Bueno. Tú verás lo que haces. Yo no digo nada. Sí. Dígame. Hombre, Joseba. Es que estaba muy liado. ¿Cómo no voy a querer hablar contigo? Sí, no hacemos otra cosa más que pensarlo. Dime. ¿Cómo? Ah. Sí, yo se lo digo. Sí, no te preocupes. Mañana sin falta, Joseba. Mañana. Adiós. O "agur", como decís vosotros. "Agur", ¿eh? ¿Qué ha dicho? Que te diga que si es por dinero, no lo pensemos más, que nos aumenta la oferta dos millones. ¿Dos millones de pesetas? Netos. A ver, Antonio, por favor. Ya lo sé, son dos millones más. Hombre. Déjame hablar con Trotsky. Le prometí que iba a esperar. Yo te dejo, pero vamos... Hablo mañana por la mañana. Es que es de cajón. No te pongas nerviosa, vamos a vender. Si estás nerviosa, me pongo nervioso yo. Portazo Guitarra -Toni, ¿qué pasa? Vienes del curro, ¿no? -Sí, no he podido venir antes. Estoy un poco cansado. -Eso hay que arreglarlo ahora mismo, ¿verdad? Así que venga, te vienes con nosotros a tomar una copita. -¿Y Oriol? -Oriol con mamá. Tiene razón Jaime, vente con nosotros a tomar algo. -¿Y lo que hablamos, Inés? -Pero qué manía le has cogido. -Teníamos un trato: Jaime, fuera de casa. -Pero si es majísimo, ¿qué te ha hecho? -¿Qué pasa? -Nada. Oye, ¿vas bajando y ahora te alcanzo? -Vale, no tardes, (BESO) Y tú no te rajes, que me tienes que ayudar a convencer a tu hermana para que cante conmigo, ¿vale? -Hasta luego. -Adiós. INÉS: (RÍE Y SUSPIRA) Puerta -¿Ahora vas a cantar también con él? -Qué va, no le hagas caso. Eso son cosas de Jaime, yo lo voy a hacer por divertirme. Bueno, ¿qué? ¿Te vienes o no? -Y el trato ¿qué? -¿Qué trato ni qué trato? Toni, yo no me acuerdo ni de lo que he comido esta mañana. No me acuerdo de qué trato hemos hecho. -Inés, mírame. -¿Qué? -Tú no estarás... -(RÍE) "Inés, tú no estarás..." De verdad, cada día que pasa te pareces más a papá. Bueno, hermano. Que no te vienes, ¿no? Pues tú te lo pierdes. No me esperes despierto, que llegaré tarde. Bueno, hasta luego. TONI: (SUSPIRA) Puerta -Buenas noches, Paquita. -¿Qué te pasa, Miguel? -Nada. Bueno, sí. Sí, me pasa. Mi hermano Antonio venderá la imprenta por un dineral. -¿Cuánto? -Pues no te sabría decir exactamente la cantidad, pero le pueden quedar limpios unos 20 millones de pesetas. -¿20 millones? -Lo que has oído. PAQUITA: (SUSPIRA) Pues quién los pillara. -Eso mismo he dicho yo. -Oye, y a ti de eso, ¿no te toca nada? -Sí, hombre, claro que me toca. Me toca levantarme a las 06:00 y trabajar como un burro. Eso es lo que me toca. Saxofón ¿Todavía estás despierto? Anda, duérmete ya. No le des más vueltas. Si total, no van a conseguir el dinero, ya verás. Si no consiguen el dinero, malo. Si lo consiguen, peor. Tengo la sensación de que les estoy dejando tirados. (BORRACHO) ¿Qué cantamos? -¿Qué vamos a cantar? "Clavelitos". No, no. Vamos a cantar en ruso. (RÍE A CARCAJADAS) No, en ruso con subtítulos Pero ¿qué dices? y te voy a explicar el por qué. A mi novia le gustan las películas rusas. Por tanto, regla de tres, cruzamos aquí y le gusta la música rusa, coño. Ejércitos rojos, que te lo digo yo. ¿Qué tiene que hacer? Pues lo que tiene que hacer. ¿A ti qué te importa eso? Digo una canción cultural. Vale, perdón. AMBOS: Y si Karina se fuera con otro... GRITA: ¡Karina! No, tú, que vive allí. ¡Karina! Si te vas con otro, vamos a venir con toda la fuerza militar. ¡Karina, sal! ¡Karina, sal! -¡Que os calléis, coño! ¡Que te calles tú! ¡Karina! ¡Karina! -Pero, Carlos... -¡Y Felipe! ¡Presente! Y si Karina se fuera con otro, la buscaría por tierra y por mar. Y si Karina se... (RÍE) (AMBOS RÍEN) -Buenos días, crápula. ¿Por qué he dormido aquí? ¿No te acuerdas? Joder, macho. Te subí anoche, estabas chorreando agua y con una cuba de impresión. Mierda, en casa deben de estar preocupados. Tranquilo, que ya les he llamado. ¿Y Felipe? ¿El otro chico? Se fue a su casa. ¿Tú no tienes que estar en el cuartel? No. Estoy de permiso. Oye, Toni. Dime. ¿Ayer hice mucho el ridículo? No. Que no pasa nada, que a todos nos ha pasado. ¿Quieres un café con leche? No me hables de la leche, anda. Tómate un café, calentito con leche, su grasita... (RÍE) Rufi me han dicho que es de toda confianza, no te empeñes. -Hola. Hola, Pituca. ¿Qué tal, todo bien? Todo estupendamente, gracias. Nada, no vea el disgusto que tenemos, nos han robado. ¿Cómo que os han robado? Una cadena de oro con una medalla preciosa, también de oro. Qué susto, por un momento creía que os habían entrado a casa a mano armada o algo así. Qué va, es una cosa mucho más casera. Eso ha sido la criada. No me diga, ¿Ud. cree? Tienen todas la mano muy larga. Algunas parecen pulpos, cuando las pillas ya han arramplado con media casa, qué vergüenza. Bueno, Pituca, que tenemos mucha prisa, ¿verdad, madre? Bueno, pues nada. Hasta luego. Hasta luego. Adiós. Pero ¿cómo se te ocurre decirle eso a Pituca? No ha sido ella. Le he metido los dedos para ver qué cara ponía, como es ladrona. Pero madre... Ha sido Rufi. Pero ¿cómo se te ocurre...? Sí. Rufi, estoy segura ya. Pero ¿cómo se te ocurre pensar que ha sido ella? -Pero ¿tú qué haces aquí? -Echándote una mano hasta que llegaras. He bajado y he visto a Paco hasta arriba, al pobre. -Pero ¿dónde está tu padre, está arriba? -Sí, arriba, en casa y en la cama. -Pero si esta mañana estaba perfectamente. -No sé, no sé si está enfermo o qué le pasa. Lo que sí sé es que está rarísimo. No sé, ¿por qué no subes arriba y hablas con él? -Ahora mismo voy a subir. -Las tostadas a la plancha. -Paco, me pones esto en el frigo y en cuanto puedas te vas a por las pescadillas. -Vale. Oye, Françoise, que te voy a decir que... -Que no, Paco. Que ya te he dicho 20 veces que no te voy a dar clases de francés. -Que no, mujer. Te iba a decir que el pincho de tortilla estaba a punto de salir. -Entonces no hace falta ni que me lo digas. Llaman a la puerta Adelante. -Don Antonio. Sí. Ya ha subido ese señor, Francisco Pérez. ¿Le hago pasar? Sí, hágale pasar, Rosario. Hola, Curro. -Hola, Antonio. Pasa, ahora mismo te atiendo. (CARRASPEA) Siéntate, Curro. A ver, ¿qué pasa? (CARRASPEA) No pasa nada, es que una cosa es oírte hablar del ministerio y otra venir a verlo. Impresiona tanto policía en la puerta y tanta secretaria, casi ni me dejan pasar. Claro, es que a estos sitios se viene con cita previa, Curro. Ya, bueno. Es que vengo del centro de hablar con los bancos. ¿Sí? ¿Qué es lo que te han dicho? Que me lo dejan, Antonio. ¿Te dejan todo el dinero? Bueno, me lo dejan, pero no todo. De los 21 me dejan 16. Bueno, nos endeudamos hasta las cejas, pero la gente está por la labor. O sea que te dejan 16. Sí. Bueno, los otros cinco te los iremos pagando poco a poco. Hasta que no te paguemos la última peseta, no vamos a repartir pagas, ni beneficios, ni nada. Palabra de Curro. Si es que ya no son 21, Curro. (CARRASPEA) Ayer estuve hablando con la gente de Bilbao y, al enterarse de que había otra oferta, se les calentó la boca y me han ofrecido dos más. O sea que son 23. Ante eso, no podemos hacer nada, Antonio. ¿Y qué puedo hacer yo, Curro? No sé, fíate de nosotros, Antonio. Tú sabes que tarde o temprano te pagaremos esos cinco millones. Bueno, o esos siete. Pero todo es cuestión de tiempo, Antonio. Es que estamos hablando de 23 millones limpios, Curro. Así, en mano, directamente. ¿Me entiendes? (SUSPIRA) Sí, hombre. Te entiendo, yo no he visto ese dinero junto en mi vida. Ni yo tampoco lo he visto junto, Curro. Por eso no puedo dejar pasar esta oportunidad. ¿Me entiendes? (SUSPIRA) Bueno, Antonio. Tienes razón. No te molesto más. Me voy a la imprenta a hablar con la gente. Otra cosa, Curro. Dime. Seguimos teniendo un acuerdo para terminar esto bien, ¿no? Sí. Por supuesto, Antonio. Lo seguimos teniendo. Espera un momento. Vamos a ver. ¿No podéis llegar vosotros a 23 millones? Yo os espero. (SUSPIRA) Pues no sabes cómo lo siento. Más lo vamos a sentir nosotros, Antonio. Bueno,... Ah, y... felicidades de nuevo. Gracias, Curro. Música dramática Adiós. -Miguel, ¿qué haces aquí? -Nada. -Entonces, ¿qué haces ahí? -Nada. -Miguel, pero ¿tú sabes cómo está el bar? Tenemos que empezar con los menús. -Morcilla. -Tocaba pescadilla hoy. -No, que le den morcilla. Que le den morcilla a todo. Al bar, a los menús, a todo. -Sal ahora mismo de la cama. -No quiero. -Que salgas ahora mismo de la cama, venga. Fuera. Que salgas de la cama, Miguel. Hombre, venga. -(GRUÑE) -¿A ti qué te pasa? ¿Qué te pasa? -(SUSPIRA) Que me da todo igual, Paquita. -¿Cómo que te da todo igual? ¿El qué? -Me da igual que abramos el bistrot, que demos los menús, que no los demos, me da igual. Total, ¿para qué? Si nunca vamos a salir de pobres. -¿Todo esto es por lo de Antonio, Miguel? ¿Por lo de la imprenta? Vamos a ver, Miguel. Tu hermano se va a hacer rico. ¿Y qué, cuál es el problema? -¿Por qué él sí y yo no? Porque la vida es así, Miguel. Al bistrot, vamos. -No, Paquita, en serio te lo digo. ¿Por qué? Somos hermanos, teníamos los mismos padres, hemos nacido en el mismo pueblo, yo he viajado, tengo mundo, sé idiomas, él no. Pero a él todo le sale bien, joder. A mí, en cambio... No tiene ninguna lógica. No es justo. Música dramática Ay, Paquita. -(BESOS) Paquita. (SUSPIRA) -Es verdad. -¿Qué es verdad? -Que tienes toda la razón. -Vaya una ayuda que me das. -Es todo muy injusto, Miguel. (BESOS) -Sí, sí que lo es. -Muy injusto. -Mucho. -Mucho. Qué injusto. -¿Qué haces? -Qué calentita está la cama... -Sí. -¿Por qué no te vienes aquí conmigo, ya que da todo igual? -Pero Paquita... -Tendrás que reconocer que no todo ha sido tan injusto, ¿no? -Hombre, todo, todo... -Ven aquí. Ven aquí. -¿Y el bistrot? ¿eh? ¿Y la pescadilla? -Que le den morcillas. -Muy bien, Paquita. -(RESOPLA) Esto ya pasa de castaño a oscuro. Llevamos más de media hora esperando. Pero, ¿dónde está el padre Froilán? -Estará en la sacristía. -Por Dios, que una no tiene toda la mañana para perder aquí. Que yo estoy muy ocupada, hombre. -(RESOPLA) Puerta -Padre, que preguntan si sale o no. -¿Hay mucha gente? -Como cinco. A estas horas... -Diles que me he puesto malo y que ha sido ahora mismo. -Pero padre... -Tú haz lo que te he dicho. -Bueno, bueno. Música de órgano -Aquí tiene. -Buenos días, venía a desempeñar esto, por favor. -A ver, déjeme ver el número. Ya me acuerdo, esto entró la semana pasada. Una cadena de oro con una medalla del Santo Niño del Remedio. -Buena memoria. -Pero hombre, ¿no ve que tenemos al Santo Niño a tres calles de aquí? Para no acordarse. -¿Me dice cuánto sería el monto, por favor? -Sí, son 5.420 pesetas más los intereses, caballero. Pero no es Ud. el titular de esto. -No, es mi hermana, Inés Alcántara. -Bueno, pues mientras se identifique y abone el préstamo. -Claro, aquí tiene todo. -Ajá, tenga. Esta es. ¿De su madre? -No, qué va. Es de mi abuela. Gracias. Un bar no van a poner, porque el local es muy pequeño. -Sagrario dice que será un estanco. Sagrario dispara y no sabe dónde. Mientras no pongan una peluquería, porque tal y como están las cosas... ¿Cómo van a poner una peluquería justamente ahí? Ya. Oye, Mercedes, que no puedo más, que me va a dar un patatús. Necesitamos contratar a alguien ya. Ya lo sé, Pili, pero no es fácil encontrar una oficiala. No necesito una oficiala, con una aprendiza me basta y sobra. Pues haberlo dicho antes. Mi hijo el otro día me hablaba de una chica de Sagrillas que estudia para peluquera. Que venga mañana mismo. No sé, se ha ido a Barcelona, por lo visto. Todo lo que sabía Valentina se lo enseñé yo, puedo volver a hacerlo sin ningún problema. No es fácil encontrar a una persona de confianza. Reza para que no me ponga mala, que entonces ya verás qué pasa. (SUSPIRA) -Mercedes, que tu marido y el mío hagan lo que les dé la gana, tú y yo no tenemos por qué estar peleadas. Pues eso mismo pienso yo. No tendrían que haber discutido y decirse esas cosas. Se lo dije a Desi: "Por favor, no atosigues a Antonio". Y él erre que erre, ya sabes cómo es. Ya, si es que Antonio lo único malo es que os lo dio por hecho, te aseguro que, con o sin regalos, ha hecho todo lo posible. Si ha movido Roma con Santiago, ha hablado con el subsecretario, con el ministro... solo le faltaba hablar con Suárez. Ya lo sé, Mercedes. Desi es muy cabezota, está nervioso y lo pasa fatal. Yo no le excuso, pero la tienda va muy mal. La gente no compra, no hay dinero y donde no hay harina... Lo siento mucho, de verdad. Nos afecta a todos y él se había hecho muchas ilusiones con esto de que era un trabajo para toda la vida, ya sabes. Ya. (CHASCA LA LENGUA) Pili, baja un momento, anda, ven. -Hola, Clara. ¿Qué tal? -Hola, Pili. ¿Tú tienes experiencia en peluquería? Yo no, ¿por qué? Estamos buscando una aprendiza. ¿De verdad? No tengo experiencia, pero aprendo rápido. -El sueldo no es para tirar cohetes... Y no es el Ministerio. Desde luego que no. -Me da igual, es la peluquería y estoy aquí con vosotras. Pero ¿me lo dices de verdad? Yo estaría encantada. -Y yo ni te cuento. Si quieres empezamos mañana mismo. Mira, mañana empezamos a lavar cabezas y a hacer la cera. -Sí. -Y luego, hueco que tengamos libre, hueco que aprovechamos para aprender a hacer permanentes, tintes o cosas más complicadas. -Yo hice un curso, ¿te acuerdas? Sí, es verdad. Mira qué bien, eso que tienes. Qué ideas, qué ideas. -Muchas gracias. -No, a ti, por favor. Lo que no sé es lo que le parecerá a tu marido. -¿A mi marido? Que le den morcilla. Y al mío también. (AMBAS RÍEN) Hola. -Pero bueno, ¿tú qué haces aquí? Esperar a que llegases. ¿por qué no has llamado a mi madre, me habría avisado? No me apetecía que me viese. No me extraña. Pero ya te vio ella y medio barrio. Y no solo te vieron, que también te oyeron. ¿Qué decía? ¿Que qué decías? "¡Karina, sal!" Patético. Joder. Patético y de vergüenza ajena, Carlos. Ayer me pasé un poco. Te pasaste mucho. Es que no sé cómo arreglarlo. Podrías empezar por no beber tanto la próxima vez. Buena idea. (RÍE) Y podrías llevarme esta tarde al cine. Hecho. Vamos a ver la película más rusa que quieras. La próxima vez que me aparezcas así, yo no sé lo que te hago. Una cosa, ¿la del cubo de agua fuiste tú? Yo me subo, que me estará esperando mi madre para comer. ¿Fuiste tú? ¿Karina? No te vayas del cine esta tarde. Joder. Hasta luego. Adiós. Hola, Joseba. Soy Antonio Alcántara. ¿Qué tal, hombre? ¿Cómo estás? Sí, te llamaba para decirte que sí, que seguimos adelante con la venta. Ajá, yo también me alegro mucho, Joseba. Nos encargamos de los papeles que haya que arreglar y fijamos una fecha para la firma. Sí, tendrá que ser aquí, supongo. Pues ya vamos hablando, entonces. Muy bien. Pues nada, adiós y gracias. Adiós. -Doña Herminia. ¡Doña Herminia! ¡Doña Herminia! Hija, no hace falta chillar. No estoy sorda. ¿Qué pasa? ¿Este pendiente no es suyo? Pues sí, ahora que lo dices, sí. Es que estaba allí, en esa mesita. Vaya... Anda que si lo llego a perder, menudo disgusto. Después de lo de la cadenita... No se preocupe, que ya verá como también aparece. Seguro. ¿Sabe lo que decía mi madre? "La casa esconde pero no roba". No, claro. La casa no roba. -Hola, hija. ¿Y este beso? -Porque te quiero. -¿Eh? -Y porque sé que estás triste. -Pues muchas gracias por preocuparte, hija. Y muchas gracias por echar una mano esta mañana, de verdad. -Qué menos. Eres mi padre, ¿no? -Bueno... -¿Quieres hablar? -¿Quién, yo? ¿De qué, por qué? No, de verdad que no me pasa nada. ¿Qué voy a querer hablar? No quiero hablar, no. -Vale. Soy la menos adecuada para eso. -Que no se trata de eso, hija. Si es que lo que a mí me pasa por dentro... Son tonterías, de verdad, hija, no me hagas caso. -Tienes un problema, tendrás que soltarlo, sacarlo. -Bueno, vale, muy bien. Buscaré una persona para hacer esas cosas que dices. -¿Por qué no hablas con el tío Antonio? -¿El tío Antonio? Tu tío Antonio es la persona menos adecuada para echarme una mano en estos momentos, te lo aseguro. El tío Antonio... -Pues con algún amigo, tendrás amigos. -Claro que tengo, montañas, toneladas de amigos. Pero no les cuento las intimidades. No me levanto por la mañana, salgo a la calle y le cuento lo que me pasa al primero que me cruzo. Vamos, lo que me faltaba. -Haz como mi madre. -¿Y qué hace tu madre? -Va a un especialista. -¿Un qué? -A un psicoanalista. -Acabáramos, vaya por Dios. Lo que me estás diciendo es que vaya a ver a un loquero. Lo que me faltaba por oír. -No, un especialista. No es lo mismo. -¿No es lo mismo? Loqueros, psicoanalistas, especialistas, me dan igual, me dan lo mismo. -Todo el mundo va en París. -Sí, y comen ancas de rana, ¿no te digo? -Papá, qué antiguo eres. Es la cosa más normal del mundo. Vas allí y cuentas cosas que no has contado a nadie, tus frustraciones, tus traumas de infancia... A mamá le va muy bien desde que va. -Tu madre no mejora de la cabeza ni aunque la mandes de peregrinación a Lourdes, hija. -Papá, escúchame. No puedes seguir así, siempre aguantándote las cosas... -¡Que me da igual, hija! ¡Aunque me pongan la cabeza llena de cables y me den corrientes, voy a seguir teniendo 20 millones de razones para estar cabreado! ¡20 millones limpios de razones! No sé si me entiendes. -No, no te entiendo. Yo solo quería ayudarte. -Pues muchísimas gracias por tu ayuda. -Hombre, Carlos. ¿Qué tal? Bien, vengo de dormirla. Llegaste bien a la guardia? Claro, como un señor. Si cada vez que salgo por ahí fuera, luego llegara tarde a la guardia, ya me habrían fusilado, a estas alturas. Pues sí. ¿Qué te pareció lo de ayer? Estuvo bien. (AMBOS RÍEN) Oye, pues hoy vamos a seguirla, ¿no? No, yo hoy paso. Pero ¿por qué? Pues porque no, no me tengo en pie. Y prefiero irme al cine con Karina. La gente se partía de risa contigo, no me hagas esto. Pues yo no me acuerdo de nada, ¿qué quieres que te diga? Hoy sería una mierda. Eres un pringado, Carlos. Que sí, que vale, que ya te voy conociendo. Me cojo la cogorza y luego no me quejo. Anda, que te pires. (AMBOS RÍEN) Hasta luego. Adiós. -(TELEVISIÓN) "Delegaciones de 102 países asisten a los solemnes funerales por el alma del Papa difunto". Lo de este Papa, pobre, ha sido visto y no visto. Ni el pontificado, ni la muerte y ahora el entierro, visto y no visto. Pues a ver a quién eligen ahora. Pues tendrá que ser más joven. El problema que tienen siempre estos es que cuando llegan ahí, llegan muy tocados. Por cierto, Mercedes. La cadena sigue sin aparecer. Con esta chica no estoy tranquila en casa. Pues a mí me parece muy de fiar, Herminia. Ya, fíate del demonio y no corras. Qué exagerada, por Dios. Porque es la medalla de su madre, si no le compraba otra. Ya. (SUSPIRA) Me voy a mi cuarto. Vale, madre. Descansa. Descanse, Herminia. Si es que está muy disgustada. Ya, pero pensar que ha sido Rufi... Por cierto, ¿le contamos a los niños lo de la venta este fin de semana? ¿Les invitamos a comer? ¿Pero has llamado ya? Claro. ¿De verdad? Hola, perdonad el retraso. "El retraso y lo de anoche". Hola, hijo. De no ser por tu hermano, no sé dónde pasas la noche. Quedé con los amigos de la mili, y me quedé allí a dormir. ¿"A dormir"? A dormir la mona, será. Mamá... Ni mamá ni mamú. El barrio es muy pequeño y por mi peluquería pasa gente. A ver, ¿qué ha hecho esta vez? Aparecer en el barrio a las 03:00 cantando y despertando a todo el mundo. Fuimos a rondar a Karina, Felipe y yo. ¿Felipe, el hijo de Pituca? Sí. Luego nos tiraron un cubo de agua y nos calaron. -(AMBOS RÍEN) Tú eso, ríele las gracias. No le estoy riendo las gracias, pero no me parece tan grave. Que está haciendo la mili, mira la edad que tiene. Estoy harto de soportar como vienen los hijos de los vecinos del barrio cantando "Asturias patria querida" y ahora le toca a mi hijo. (SUSURRANDO) Por Dios. Lo que no me gusta es lo de Felipe. A ver si vas a ser una mala influencia para Felipe. Que es hijo de un notario, ¿entiendes? ¿Te preparo algo de comer? No, me voy a duchar. Eso, dúchate que hueles a tabaco que apestas. No le digas eso al muchacho. A saber dónde ha estado. Por cierto, hoy empieza a trabajar en la peluquería. ¿Cómo que empieza a trabajar en la peluquería? -Te he dicho que no y es que no. -A me da igual cómo te pongas. -Te juro que como te vayas a la peluquería, cojo la puerta y me piro. -¿Sí? Ya tardas en hacer las maletas. -Por Dios, no me humilles delante de esta gente. -Un trabajo no es una humillación. -Luego Antonio me va refregar por la cara tu sueldo. -Esto es entre Mercedes y yo. Lo siento mucho por ti, pero es trabajo y dinero, y necesitamos el dinero ya. -Clara. ¡Clara, por el amor de Dios.! Clara me ha dicho que lo están pasando muy mal. Que van muy justos, Antonio. Pues debe de ser de lo único que van justos. Que lleva meses esperando para soltármela. ¿Y sabes por qué? ¿Por qué? Es un tirillas y un envidioso, el deporte nacional. Eso es lo que pasa. No te pueden ir bien las cosas, ni destacar, ni ser mejor. El primero que asoma la cabeza, le pegan un garrotazo. Lo pintó hasta Goya. Eso no tiene nada que ver con Clara. Si Clara tuviera un puesto fijo en el ministerio, seguiría con lo de: "Antoñito, cómo eres". Pero, claro, no pude enchufarla y me mandó a la mierda. Porque tú le dijiste que era un muerto de hambre. Claro, es un muerto de hambre y un sobornador, ¿no lo ves? Yo a quien quiero ayudar es a Clara y a Josete. ¿Sabes lo que más me duele? Que tú y yo somos los mismos, aunque vivamos en esta casa y tengamos más dinero. Pero para la gente del barrio, no. Nos miran de diferente. Hazme caso, no soportan que nos vaya bien. ¿Sabes cómo nos miran? Como los del pueblo cuando vinimos a Madrid. Es una mirada que no se me olvida, que se me mete a mí aquí. A mí lo que piense el frutero me da igual, pero ¿Desiderio? No, hombre. Desiderio no, porque hemos sido amigos de verdad. Debería alegrarse por nosotros, no estar siempre pensando en qué puede sacarnos. ¿Qué piensas, Merche, a ver? Pues en eso que has dicho, que no hemos cambiado. ¿Y si hemos cambiado y no nos hemos dado cuenta? -Ave, María purísima. -Buenas tardes, padre. -Miguel, ¿eres tú? -Sí, padre, soy yo. Quería hablar con usted. -Dime. -Bueno, quería pedirle disculpas por lo de ayer, por lo que le dije del papa. -Eso. Nada, hombre, tranquilo. -No le sentó mal? ¿Padre? -¿Te puedo comentar algo? ¿Algo en confianza? -Estamos bajo secreto de confesión. -El secreto es lo que me dices tú, pero da igual. Si no se lo cuento a alguien, reviento. -Adelante. -El caso es que ayer no me fui porque me ofendieras. Me fui porque en el fondo pienso lo mismo que tú. -Venga, padre, no me fastidie. -Desde hace un tiempo, es como si se me hubiesen caído escamas de los ojos. Miro a la Iglesia y no le veo más que los defectos. -Defectos los tenemos todos. -Aunque me veas como un cura de barrio, tuve mis posibilidades. Estuve un año en Roma, pero no me gustó. El politiqueo, los arribistas y toda esa ostentación en un mundo que se muere de hambre. Y cosas peores, créeme. Este papa iba a hacer algo, este sí. Y ahora... -Bueno, Don Froilán. Lo importante es que ahora Ud. no pierda la fe. -Ya, eso se dice muy fácil. No, hombre, quiero decir que puede creer en Dios sin necesidad de creer en la Iglesia. -Pero siendo cura... -Sí, eso sí es verdad. -A veces me pregunto cómo será eso de no tener fe. Yo me atrevería, pero me da vértigo. Quiero decir que sacar fuerza todas las mañanas pensando que en el fondo no queda nada. -Hombre, nada, nada... Algo quedará, digo yo. -Perdona, Miguel. No quería ofender. -No, si no me ofende. -Pero, de todas formas, tú crees en algo. Crees en la utopía, en un paraíso, aunque sea aquí en la Tierra. -¡Ay, padre! Si yo le contara a Ud. lo fácil que es perder esa fe. -¿Esa también, hijo? -Esa también, padre. El partido ya no cree en la revolución. En el congreso de abril, el Partido Comunista abandonó la línea marxista-leninista. Y yo me pregunto: "Si un partido de clase como el Partido Comunista abandona la línea marxista-leninista, ¿qué nos queda?". -Bueno, siempre os quedará Albania, Corea... ...y Fidel Castro. -Nada, tonterías, padre. Cuando uno tiene un negocio, cuando se tienen deudas, todo eso de la propiedad colectiva de los medios de producción se queda en mera anécdota. -¿Quiere que le confiese otra cosa? -Hombre, estamos en confianza. -Mi hermano Antonio va a vender la imprenta. Se va a forrar. Bueno, pues yo por dentro es que me reconcomo de envidia. Es que no lo puedo evitar, es superior a mis fuerzas, me saca de mis casillas. Lo peor de todo es que he perdido los estribos con mi hija. -La envidia es el único pecado que no aporta nada. -¿Y eso cómo es? Digo que por lo menos la gula te llena el estómago. Si tienes lascivia, le das una alegría al cuerpo. Perdona la vulgaridad. Pero la envidia no te da nada. Por mucho que desees los bienes del prójimo, no tendrás un duro que no te corresponda. Bueno, eso es lo que pienso yo. No me hagas mucho caso. -No, si tiene Ud. razón. No tiene ningún sentido. ¿Sabe una cosa? Ud. y yo deberíamos hablar más a menudo. A mí me hace bien. -Son muchos años haciendo esto. -¿Quiere que rece algo? No tengo inconveniente. -Pero ¿te acuerdas? -No. -Pues entonces no hace falta, anda. Ve en paz. -¿Es una absolución? -(SUSPIRA) Eso es que se hace tarde y que quiero cenar. -Bueno, pues nada. -Buen provecho. -Gracias, hijo. Anda, ve en paz. -Los tíos eran geniales. Además, el cantante llevaba una melena así hippie. Le quedaba muy bien. ¿Cómo se llamaban? -Paracelso. ¿Ganaron? Sí. Pero es que luego había otro grupo que se llamaba Kaka de Luxe, que no sabían tocar ni nada, pero quedaron segundos. Karina. ¿Qué? Me lo he pasado muy bien hoy. Yo también. ¿Quieres que subamos un rato a casa de mi hermano? Para ver la televisión, digo. Vale. -Hola. Que no, mamá, que no pasa nada. Es solo que mañana quiero ir a ver una cosa con Karina, así que prefiero quedarme aquí a dormir. Sí, espera. Inés, que dice mamá que te acuerdes de que mañana comemos todos juntos. -Sí. Un beso. Adiós. Pues ya está. Oye, perdona por el numerito. No pasa nada. ¿Te importa que se quede aquí a dormir? No, pero yo creo que este chico está para llevarlo al ambulatorio. -No, no. -Parecía más de lo que es. -Sí. ¿Y Toni? -No sé, es raro que no haya llegado. Me tengo que ir a trabajar. Voy a acostar al niño. ¿Te importa vigilarlo mientras se duerme? Claro, no te preocupes. Oye, gracias otra vez. No me lo jalees al niño mientras se duerme, que a este le hace falta poco para irse de fiesta. Felipe. -¿Qué? ¿Quieres que llamemos a tu casa? No, a mi casa no. ¿Seguro? -Sí, trae el hielo. -Hermosa, súper linda. -Monísima, nena. ¿Sabes que mi madre tiene una igual que esta? -¿Sí? -¿No la venderás por casualidad? -No. Qué pena, a la mujer le hubiera hecho una ilusión bárbara. Pero lo de mi madre, eso sí que era un joyón. -Solo dime una cosa. Inés se mete, ¿verdad? -Ponme un destornillador, que me tienes seca. -Ya mismo, bombón. -Cecilia. -Raúl, dime una cosa. ¿El destornillador lo quieres como siempre, cargadito? -Tú sí que me conoces, guapa. -Espérate un momento y hablamos. -Estoy trabajando. -Un cubata de ron. -¿Qué tal, Ángela? Cuánto tiempo. ¿Se te tragó la tierra? -Trabajo. -Claro, trabajo. Trabajo, aquí hay mucho trabajo. No me mires con esa cara, Toni. ¿Qué quieres que te cuente? -¿En qué está metida Inés? -A ver, en Argentina fumaba cosas. Como todo el mundo. -¿Qué "cosas"? -Ya sabes, no me preguntes. -¿Hachís? -¿Pero en qué liga crees que juega tu hermana? ¿En la de los pendejos? -¿Y Jaime? -Jaime es un peligro. -Se mete caballo. Le encontré una cuchara quemada en casa. -Entonces ¿qué más quieres saber? -¿Qué te crees? ¿Que tu hermana es una santa? -¿Me pones un whisky con coca? -Ya mismo. De esto, ni una palabra. Si quieres ayudarla, mejor que nos vea como amigos. ¿Seguro que no quieres que llamemos a tu casa? -¿A mi casa para qué, Carlos? En mi casa yo soy el hombre invisible. ¿Sabes qué me dirán cuando aparezca en casa con esta cara? Nada. Yo creo que sí, te han dejado la cara como un mapa. Como si ni lo vieran. Mis padres pasan de mí. Pasan de mí olímpicamente. Anda, duérmete. Carlos, eres un tío de puta madre. Gracias. "Al final, como siempre, Karina tenía razón. La careta de juerguista de Felipe escondía a un chaval que mendigaba atención aunque fuera a base de darles disgustos. Y total, para nada. Y es que el dinero no lo compraba todo, empezando por el cariño y siguiendo por la tranquilidad, como debía estar pensando mi padre, a punto de cambiar su querida imprenta, el trabajo de una vida, por trozos de papel y del Banco de España. ¿Por qué todo tenía que ver con el dinero?" Música jazz (RADIO) -20.000 pesetas. -8.888. -20.000 pesetas. -1.554. -20.000 pesetas. -68.180. -20 millones de pesetas. -68.180. -20 millones de pesetas. -68.180. -20 millones de pesetas. Vítores -68.180. -20 millones depesetas. -(GRITA) ¡Ay! ¡Ay! ¡Paquita, que me ha tocado el Niño! ¡Que me ha tocado el Niño, Paquita! ¡Que me ha tocado el niño! ¡Somos ricos! ¡Somos ricos! ¡20 millones limpios de pesetas! ¡Paquita, somos ricos! "Money" Pink Floyd Llantos de bebé "El dinero te hace soñar con esa vida que quizás un día tendrás. Pero también el dinero había abierto un abismo entre nosotros y los amigos, entre nuestra familia y nuestro barrio, nuestras raíces. ¿Pero de verdad éramos más felices? Y antes de caer rendido, me dio por pensar que, tal vez, si no hubiera sido un niño de San Genaro, estaría como Felipe, durmiendo borracho en el sofá de unos extraños mientras mi padre daba las gracias por no tenerme bajo el mismo techo, aunque solo fuera por una noche. Perdona, Merche, no quería despertarte. ¿Qué haces despierto a estas horas? Me voy a la imprenta. ¿A la imprenta? Pero si es sábado. Ya lo sé, pero me quedan cosas por recoger en el despacho. Aprovecho que estará más tranquilo. Me voy contigo. No hace falta que vengas si no quieres. Sí que quiero, nos vamos los tres. ¿La niña? Para un día que tiene para descansar, vaya ganas de despertarla. Parece mentira que no conozcas a tu hija. En los días de diario, no hay quien la despierte, pero los sábados si te descuidas, está jugando en su cuarto. Lo que tú quieras. Total, harás lo que te dé la gana. Pues eso, me voy contigo. Bueno. -¿Qué, ya estás despierto? -¿Tú quién coño eres? Soy Tony, el hermano de Carlos. Estás en mi casa. Bueno, Felipe. ¿Qué tal? -¿Pues tú cómo crees, macho? ¿Quieres un café o quieres tomar algo? No, yo me voy a mi casa. Deberías pasar por la farmacia a cogerte algo para el ojo. Si quieres te acompaño al médico. No. Gracias por el sofá. -De nada. Adiós. Oye, ¿dónde dices que estoy? En San Genaro. ¿Y dices que este es amigo tuyo? Déjale, coño. ¿No ves cómo está? ¿De dónde le has sacado? Lo que te faltaba a ti. Música de intriga -Hola, jefa. -Hola. Cuanto más lo pienso, más me alegro de quitarme este peso de encima. No es fácil llevar la contabilidad de esta empresa. Mira cómo tiene todas las facturas Curro. Porque Trotsky no es contable. Es impresor. Bueno, mejor, jefe de taller. Mira lo que ha aparecido aquí. Anda. La medalla de mi madre. ¿Cómo que la tienes aquí? Pues no sé, la dejé ahí cuando murió. Esta me la llevo a casa. Este cajón tiene todas las cosas mías. Mira qué ha aparecido más, no creas: "El último mensaje de Francisco Franco". Dios santo, pensábamos que teníamos la exclusiva y luego lo regalaban hasta en la hoja parroquial. -Mira, mamá, un culo. Deja eso, hija. ¿De dónde has sacado esto? -Herminia, ¿qué hace aquí tan temprano? Poniendo una vela a Santa Rita, la abogada de lo imposible. Nada grave en la familia, supongo. No, es algo personal. Santa Rita sabe. Y digo yo, ¿no tiene en su barrio dónde pedirle a Santa Rita? Pero este es mi barrio. Y esta es mi parroquia y Ud. es mi párroco. Muchas gracias, pero estoy seguro de que el párroco de allí será mucho mejor sacerdote que yo. No, qué va. Lo que pasa es que ya tengo edad y no aguanto los cambios. Cambiamos de casa, de barrio, cambia el país, el Papa... ¿No cree que algunas cosas se deberían de quedar como estaban? Desde luego, hija. -"Alcántara Rotopress". ¿Te gusta, hija? Sí. Papá. ¿Qué? ¿Quién es "Rotopress"? Rotopress no es nadie, es el nombre de la empresa. Es Alcántara. ¿Alcántara? Entonces, todo esto es tuyo, ¿no? Sí, ahora todo esto es mío. Y tú qué haces, ¿solo mandas o haces algo? Ahora solo mando, pero para mandar bien hay que haber hecho de todo. Te voy a enseñar una cosa muy bonita. ¿A que no sabías que antes los libros se escribían a mano, como tú en el colegio? Pero claro, era muy cansado. Y muy aburrido. Sí, señor. Muy aburrido. Además, se tardaba muchísimo. Hasta que a alguien se le ocurrió inventarse las letras y juntarlas. Mira qué de letras tengo yo aquí. Estas son mayúsculas, estas son minúsculas, que son las pequeñas. Hay algunas que tienen un punto, otras un sombrero, como la eñe... Si juntas todas estas letras, puedes hacer todas las palabras del mundo. Hasta las palabrotas. Sí, señor. También las palabrotas. Todas las palabras y todas las letras del mundo están aquí, para juntarlas y hacer libros. ¿Quieres que te enseñe un poco de magia? Muy bien. A ver, ¿qué es lo que lee mi niña aquí? "Airam". ¿Quieres ver qué pasa si le ponemos un poquito de tinta y en un papel? Pasamos un poquito de tinta, esta que tenemos aquí. No hace falta que sea muy fuerte, así. No hace falta que sea mucho. Y ahora vamos a coger un papel y lo vamos a colocar así. Y con este, que es el rodillo limpio, siempre limpio, porque si no, lo manchas. ¿Y "Airam" se convierte en? María. (RÍE) ¿Quieres hacerlo tú? Ahora ya lo puedes hacer las veces que tú quieras. Eso es lo mágico, María, que lo puedes volver a hacer todas las veces que quieras. Música melancólica (PIENSA) -"Siga trabajando así, no será la última subida. Tenemos grandes planes para Ud.". "Esta empresa tiene muchas deudas y para sacar la empresa adelante vamos a tener que echarle mucho trabajo, esfuerzo y huevos. ¿O no? -Sí, señor. ¿Qué os parece? -Para comérselo. No me refiero al culo, me refiero a la revista. También muy bien. ¿No ves que te necesito? -No. Yo sé mucho de offset, pero esta revista me queda grande, Tony. No, papá. No te queda grande. No. El pecho. No puedo respirar, hijo. Y me duele mucho el brazo. ¿Por qué no vienes a buscarme, que no me atrevo a conducir así? -Vámonos. Puede explotar el coche. Lo tengo a todo riesgo. Que le den por culo al coche. Antonio, por favor. -Juan, prende la máquina que está casi hecho. Juan, no la toques. -¿En qué quedamos, la arranco o la dejo estar? ¿Te pones a dirigir una revista que me hará competencia y me dices que no es para tanto? -¿Cómo te la va a hacer? -Quiero anunciarles que Don Antonio Alcántara es uno de los tres finalistas al mejor empresario del año". Aplausos Música melancólica No. Ene, a, a, i, erre. María se está poniendo de tinta como un carbonero. Con toda la tinta que he lavado, por un poco más... ¿Recogemos esto y nos vamos? Espérate un momento. He estado pensando una cosa. ¿Qué has estado pensando? Cuando te pones así, me das miedo. ¿Qué? ¿Y si no le vendemos al vasco? ¿Cómo? ¿Por qué quieres dejar al vasco fuera del negocio? Pues porque en cuanto entren, van a tirarlo todo. Todo lo que tú has levantado solo. Eso no puede ser. Eso no puede ser. Veo a nuestra hija ahí sentada, juntando letras. Y pienso: "Yo lo que quiero cuando se haga mayor es que haya aprendido de nosotros que el dinero no lo es todo, aunque nos den más y al contado". Así que es mejor que nos fiemos de Curro, como alguien se fió de ti cuando empezaste. Ya. Nos fiamos de Curro. Nos fiamos de Curro. Ay... Qué suerte tengo. (RÍE) Pero no le bajo la oferta. Lo que está pactado. Lo que tú quieras. ¿Ya estáis aquí? Dale un beso a la abuela. Mi niño, qué cosa más guapa. Hola, preciosidad. -Hola, abuela. Hola, Inés. ¿Ya estamos todos? Faltan papá, mamá y María. ¿Sabes de qué nos quieren hablar? Llevan unos días muy misteriosos, haciendo cuentas a todas horas. -Doña Herminia, mire. No me digas. La has encontrado. La medalla buena de la abuela. Con la cadena de oro. ¿Dónde estaba? En su habitación, debajo de la cama. ¿Debajo de la cama? Si he mirado 20 veces. Allí estaba, al fondo del todo. Lo ha encontrado él. -Había que buscar bien. Si ya se lo dije yo. La casa esconde, pero no roba. No ha sido la casa, sino Santa Rita. Gracias, Santa Rita. "Baker Street" Jerry Rafferty "Baker Street" Jerry Rafferty "Y así fue como en aquel septiembre de 1978, mi padre vendió su querida imprenta por menos dinero del que podría haber sacado, pero con mucha más dignidad y corazón, demostrándonos a todos que el dinero ni lo es todo ni le había cambiado y que hacía falta mucho más que dinero para borrar del corazón de Antonio Alcántara hasta la última mancha de tinta".

Cuéntame cómo pasó - T12 - Capítulo 204

23 dic 2010

Adiós imprenta, adiós.

Septiembre de 1978. La economía española no atraviesa su mejor momento y casi un millón doscientos de españoles están parados y pasan penurias económicas. Esta situación no parece afectar a los Alcántara a quienes les va mejor que nunca. Antonio, centrado en su trabajo en el Ministerio no puede estar pendiente de la imprenta así que definitivamente se plantea venderla, pero cuando el trato parece que está cerrado una oferta de última hora le hará dudar. Mercedes apoyará a su marido en todo momento y juntos buscarán la solución más correcta.

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