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Para todos los públicos Crónicas - La memoria de las piedras - ver ahora
Transcripción completa

Simón del Río es el señor originario de esta casa.

Esta señora es hija de Julia del Río.

Esta señora chiquitita que está con su madre.

Estos señores son los padres de esta otra señora,

cuatararabuelos míos.

Yo soy descendiente de arrieros maragatos.

De aquí, de Castrillo de los Polvazares.

Cuando se moría un niño en el año 30, 36,

aquí era una fiesta

porque en los funerales de los niños se repartían caramelos.

Llevaban la caja, pequeñita, blanca, y para todos era fiesta.

Poner la paja cuando una pareja empieza o se iba a casar.

Sigue el rastro, que van de la casa del novio a la de la novia,

para pareja oficial.

Nací en el año 1946, en Castrillo de los Polvazares,

nos dedicábamos a la agricultura, la labranza,

y a los 16 años me fui para Barcelona

y a primeros del 70 me fui para Suiza.

Hasta finales del 2006.

Anclado en una breve loma,

como un extraordinario barco de piedra rojiza,

Castrillo de los Polvazares proyecta sus sombras

sobre un océano de tierra humilde, casi pobre.

El pueblo contempla el paso de los años

fiel a sus primeros tiempos;

conserva la estructura orgullosa de los días más añorados,

cuando en La Maragateria destellaban brillos de esplendor.

Dada la pobreza del país,

no podían vivir en un país tan pobre como es maragatería,

que nada más escarbas un poco del terreno aparece la peña,

la pizarra,

entonces como un complemento a la economía familiar

se dedicaron al transporte.

A partir del siglo XVI, hasta mediados del XIX,

esta comarca conoció años de prosperidad.

Una prolongada época ligada a una actividad: la arriería,

el transporte y comercio de distintos productos

fundamentalmente entre las costas de Galicia y la corte, Madrid.

Los primeros servicios Los hicieron sin duda

para los monasterios del Císter,

porque si nosotros cogemos las contabilidades

de los monasterios del Císter,

vemos que estos monasterios ya consumían,

en estos momentos ya, pescado.

Y este pescado llegaba de Galicia,

y la única forma de que llegara era a través de estos arrieros,

del sistema de arriería.

Pescado sobre todo, fue lo primero que empezaron a transportar,

pescado, salazones.

Después cacao, también, trajeron el cacao, traían aceite,

Traían garbanzos, traían legumbres,

de todo lo que se podía transportar

que no corriera peligro de estropearse.

La aportación de los arrieros maragatos al consumo de pescado

desde Galicia al interior, hacia Castilla,

es clave y fundamental, ¿para quien?

Para la dieta alimentaria que hoy tenemos.

Fueron el 20 % de la población de la comarca.

Arrieros, maragatos.

Conformaron un grupo social peculiar,

con su propio sistema de relaciones,

con sus propios usos y costumbres.

Una élite próspera en una zona de escasos recursos naturales.

Una zona que se conocía como Tierra Somoza,

pero que con la aparición del nuevo gremio

comenzó a llamarse La Maragatería,

una extensión de 710 kilómetros cuadrados en el suroeste leonés.

7 municipios que agrupan varios núcleos,

hoy con escasa población.

Al sur de la comarca se alza la silueta suave,

redondeada y majestuosa, del Teleno,

hogar de dioses para astures y romanos.

Y al pie del monte, se encuentran

los más antiguos vestigios de presencia humana en estas tierras,

los Petroglifos de Peña Fadiel.

Unos enigmáticos laberintos grabados en dos grandes rocas.

Se estima que se realizaron hace 5.000 años.

Marte Tileno llamaron los romanos a la gran montaña.

El oro extraído en esta parte de la península fue vital

para las arcas del Imperio.

Tras los romanos, la historia pasó sin mayor gloria por estos lugares,

hasta que aparecieron los maragatos.

Todos hemos escrito y hemos discutido mucho

pero sigue sin saberse de dónde viene este pueblo,

y si eran naturales de aquí

o es una colonia venida de fuera.

El término “maragato” surgió ligado a la actividad arriera.

Hay teorías diversas sobre su origen:

descendientes de moriscos, de celtas, de godos...

Para otros es un simple apodo,

aunque en esto también hay versiones distintas.

Yo tengo la teoría de que el nombre de maragatos es

un compuesto que es, "del mar a los gatos".

Y ¿qué quiere decir eso?

Quiere decir que estas personas estaban vinculadas en sus orígenes

fundamentalmente del mar de Galicia,

que era donde recogían las sardinas saladas,

el bacalao salado,

los productos con los que comercializaban

en esa primera etapa,

los colocaban los traían hacia donde,

hacia una ciudad que en este momento se denominaba la ciudad de los gatos.

Entonces, en Galicia hay un pez que todavía se conserva,

y en los bares lo suelen poner de aperitivo,

que se llama la maragouta,

y es de muchos colores,

entonces a lo mejor los gallegos cuando veían a los maragatos

con el traje típico que llevaban

les recordaba un poco el pez de la maragouta,

y podía ser como un mote, los maragoutos, los maragatos”

Durante siglos, los arrieros

utilizaron mulas para el transporte de mercancías.

Ganado fuerte y resistente.

Largas filas de mulas, las recuas,

recorrían los caminos cargadas de todo tipo de productos.

De Galicia a Madrid, de Madrid a Galicia.

Con el desarrollo de las infraestructuras

entre el centro y el noroeste peninsular

comenzaron a utilizar carromatos, sin abandonar el uso de mulas.

Nunca les faltaron clientes.

A los maragatos le precedía una bien ganada fama de honrados.

No necesitaban hacer ningún documento cuando se comprometían.

Su palabra era suficiente para que les confiasen las mercancías.

Eran más honrados con los clientes que, posiblemente, con la familia.

Hay más pleitos entre las familias, en la familia,

por dinero prestado,

por mercancía que me llevaste y al final no aparece, etc.,

que por lo demás.

Ellos cumplían, no sólo en el tiempo,

sino que cumplían en ser fieles y honrados

a la hora de confiarse sus mercancías.

Eran los más caros también.

En tierra de agricultores y arrieros

el oficio de herrero era fundamental.

En la Maragatería se desarrolló una rica artesanía del hierro.

Apenas queda un rastro de aquella especie.

Pepe el Herrero ya no hace herraduras como antaño.

Pero aún enciende la fragua a diario.

Aviva el fuego a golpe de fuelle y somete al acero sobre el yunque.

Ahora hace una navaja.

Todas llevan su sello,

el nombre de su pueblo: Valdespino.

Yo empecé de 14 años,

aprendía el oficio con un tío mío,

y nunca gané nada porque estaba trabajando allí con mi tío

y por aprender el oficio no me pagaba nada.

Tres años.

Y ésta la puse en el 47, la fragua.

Y yo, con el caballo, iba por los pueblos a buscar trabajo.

Llevaba y traía.

Traía con el caballo muchos días 3 vertederas en el caballo

y a los 15 días iba a llevarlas.

Y dinero en mano, y pájaro volando.

Ha superado los 90,

una vida compartida en gran parte con Visitación.

62 años de matrimonio.

No hace tanto, de su forja salían aldabas, llaves, tiradores

y escudos de cerradura y otros herrajes ornamentales,

pero ahora hace solo algún que otro cuchillo y navajas,

las típicas navajas maragatas,

con la hoja de acero forjado o de restos de viejas guadañas.

El fuego de la fragua de Pepe es

el último fuego de los herreros artesanos maragatos.

Yo soy el último de la baraja, ya.

Su fama de honrados

y la buena relación que siempre habían mantenido con la corona

propiciaron que se confiara a maragatos

el transporte de los caudales del reino.

Una actividad que generó suculentas fortunas y acabó conformando,

entre los arrieros, una élite de poderosas familias

que protagonizaron entre los siglos XVII y mediados del XIX,

una época de auténtico esplendor de la arriería.

Todo el noroeste, el dinero que llegaba a la hacienda de la corona,

de todos los impuestos,

era traído por un maragato

mediante contratos con la hacienda del estado.

El estado, lógicamente, les daba

el monopolio del transporte del dinero,

ellos cobraban un interés del 3% de la cantidad transportada

pero ¿dónde estaba la diferencia con otros arrieros

que no podían participar?

El estado se quería cubrir la manos y exigía avales,

exigía avales por si pasaba algo con el dinero,

y de hecho alguna familia maragata, concretamente de Castrillo,

una familia Botas se arruinó porque en el puerto le asaltaron,

a pesar de que tenían permiso de armas y tal,

le asaltaron y le robaron todos los caudales del Estado.

Tuvieron que responder con sus bienes.

Fue en aquella época cuando levantaron sus casonas

las poderosas familias de Castrillo,

los Salvadores, los Botas, los Alonso, los De la Puente...

Los documentos de la época reflejan que a finales del siglo XVIII

había en la localidad 39 arrieros-comerciantes

y un censo de 215 mulas.

Los maragatos potentados comenzaron a diversificar el negocio,

a perfeccionar el sistema.

Ellos no solo transportan para otros,

sino que compran partidas de sardinas,

compran barcos de bacalao enteros,

compran cueros, compran lino, tejido,

lo colocan para que lo tejan en Galicia

y luego recogen el paño.

La ermita de San Mamed tiene más de 3 siglos.

Ha sido también Casa Consistorial,

Escuela y ahora centro socio-cultural.

Su construcción fue costeada por las poderosas familias arrieras.

Una muestra de la religiosidad de aquellas gentes

que gustaban de atesorar relicarios e imaginería de santos y vírgenes.

Sin embargo, una cosa es la religión y otra el negocio,

cuando la desamortización de Mendizabal,

la élite maragata no dudó en adquirir

fincas e inmuebles de la Iglesia,

pese a que la compra estaba castigada con excomunión.

O sea que murieron excomulgados.

Y no obstante dejaban en los testamentos mil misas

para que digan, en los diversos santuarios que ellos conocían

de cuando hacían la ruta,

por su alma, por su eterno descanso,

pero habían muerto excomulgados,

así que no sé, no sabemos dónde estarán.

Santiago Ramón, hijo de Santiago Alonso y de María Antonia Cordero.

El 13 del mes de marzo del año de 1793,

yo, el infrascrito cura del lugar de Santiago de Millas

bauticé solemnemente y puse los santo óleos...

Dentro de la élite de potentados maragatos

destaca la figura de Santiago Alonso Cordero,

conocido como “Maragato Cordero”.

Arriero y político comprometido con la causa liberal,

ocupó diversos cargos en la corte

durante la primera mitad del siglo XIX,

de diputado en el Congreso

a Presidente de la Diputación de Madrid.

Célebre por su trayectoria política y por su extraordinaria fortuna.

En su pueblo, Santiago Millas, se alza su imponente palacio.

Personaje rodeado de leyendas nunca confirmadas

como la que cuenta que parte de su fortuna provino

de un sorteo navideño de Lotería

en el que consiguió tal cantidad de premios,

que el Estado hubo de acordar con él un pago fraccionado.

Parte de ese pago habría sido el solar de la puerta del Sol

donde construyó la que aún se conoce como “Casa del Maragato”.

Leyendas al margen,

Santiago Alonso Cordero dejó su impronta en la historia

por su carácter emprendedor,

impulsó, por ejemplo, la construcción del canal de Isabel II,

formó parte también del grupo de maragatos que crearon en 1852

la Empresa de Diligencias del Poniente de España,

capaz de unir La Coruña y Madrid

en tan solo “3 días, con sus 3 noches.

La aventura empresarial duró poco más de 2 años.

Se adivinaba ya la llegada del ferrocarril.

Javier Emperador, un empresario hostelero

apasionado de la cultura maragata,

en especial del folklore

y de la indumentaria.

Para él cualquier ocasión es buena

para reunirse a danzar al son del tamboritero.

Bailes maragatos, con más mujeres que hombres...

Recordamos que el maragato es un hombre arriero,

está fuera continuamente y entonces,

lo que no queda nunca es la mujer sin bailar,

entonces no es extraño en el bailes maragato

que hagan hileras de mujeres e hileras de hombres,

un hombre puede llegar a bailar con 2, 3, 4 mujeres,

y nunca queda la mujer sin bailar.

Hoy las mujeres lucen ropa de gala,

trajes originales con más de un siglo de antigüedad.

Todas con sus pañuelos de cabeza...

Con los ricos mantones...

Con las cintas de atrás,

dos pares para distinguir a las casadas...

Con los mandiles...

Y con las joyas, las joyas maragatas,

un indicativo de la escala social.

La joyería se distingue, fundamentalmente,

por los pendientes, de los llamados de calabaza,

que en algunos casos llevaban esenciero.

E importantísimas: lo que llamamos aquí cuentas moras o piedras romanas,

éstas generalmente eran de procedencia veneciana,

los corales antiguos,

y luego, a medida de la riqueza de la familia

así vamos a encontrar

más número de collaradas, que es lo que llamamos a esto,

las collaradas.

Hay piezas significativísimas como por ejemplo ésta,

es un San Antonio tallado en cera.

Esta sería quizás la pieza más significativa

de la maragatería que sería el Cristo preñao,

esta pieza en plata, las buyacas y los castilletes.

Este traje es completamente original.

Es más difícil encontrar trajes originales de hombre,

trajes antiguos como este.

Todos llevan sobrero para protegerse del sol

o de la lluvia por los caminos.

La armilla,una especia de chaquetilla que cubre el chaleco.

El cinto que, originalmente, era canana

y ha derivado en portacastañuelas.

Las amplias bragas, el pantalón del arriero.

Las ligas que solían ser regalo de la novia

y los calzones que en otras zonas llaman polainas.

A menudo los trajes llevan inscripciones bordadas,

como “Viva mi dueño”

o “Es la maragata gente noble, leal y valiente”.

Pura autoestima, orgullo de clase.

Esto es madera de brezo, o ur, que es la misma.

Es madera muy dura, muy bronca, porque no tiene hebra ninguna,

y entonces hay que...

yo las cocía, en agua, estaban mucho tiempo cociendo, cociendo, cociendo.

Y luego se recogían y había que tener cuidado

en un sitio donde no le diera el aire ni el sol,

porque sino raja.

En su pequeño taller de Molina Ferrera,

Herminio Arias, 86 años,

da forma con su navaja a una flauta maragata.

Desde que se jubiló,

dedica buena parte de sus horas a la afición que le acompaña

desde sus años mozos.

Hoy es uno de los últimos artesanos de la madera en la Maragatería.

De sus manos salen castañuelas, anillos, cucharas, tenedores...

y flautas,

aunque las flautas, dice, tienen poco mercado.

Yo la estoy cobrando a 70 euros, la que toca bien.

Se venden pocas.

Un tamboritero que tiene dos ó tres, y son buenas flautas,

ya tiene para toda su vida.

Más bien ahora lo que van saliendo nuevos y compran alguna.

Hay quien no es tamboritero y también tiene el capricho de comprar alguna.

Los instrumentos típicos son la flauta,

o la chifla más bien le llaman en el Bierzo,

aquí en Maragatería es flauta,

y el Tamborín, que le llaman aquí tamborín,

bueno, el nombre genérico es tamboril,

pero aquí siempre le han llamado el Tamborín.

Y luego le acompañan las castañuelas,

le puede acompañar también las panderetas,

alguna panderetera.

-Buenas tardes Herminio. ―Buenas tardes.

―¿Que tal? ―Bien ¿y tu?―

Bien. ¿Qué andas haciendo?

-Pues una flauta. -¿Sí?

-Esta ¿qué es, de ur negral o arbar? -arbar.

Esta tiene buena pinta.

―Sí es muy bonita, tiene la madera roja....

¿Se puede tocar no?

David Andrés, un joven valor del folklore maragato

tamboritero premiado reclamado en festejos y eventos diversos.

David es una de esas personas enraizadas en su tierra

amarradas a su cultura y comprometidas con la tradición.

Un eslabón que asegura la continuidad.

-Pues ésta va muy bien. ―Sí, esa tiene la voz muy clara.

―Yo creo que me puede valer.

-Habrá que ajustarse en el precio.

La cuestión es que mientras haya un tamboritero

se está conservando esa tradición

y lo que se está perdiendo es ahora más bien el tema del baile.

Con la despoblación que hay y el desinterés de los jóvenes

o no se... Ahora mismo en un baile en un pueblo,

te encuentras siempre a la misma gente,

de los mismos pueblos,

que en cada pueblo que hay una fiesta los van recorriendo.

Pero esta gente, cuando deje de bailar, el relevo es complicado.

David Andrés recoge la herencia de otros tamboriteros del pasado.

De “Ti Teleno”, de “Cardana”,

y sobre todo de “Ti Aquilino”.

Aquilino Pastor fue una figura fundamental

en la preservación y transmisión del folklore maragato.

Durante 9 décadas amenizó festejos de todo tipo,

de uno en otro pueblo de la comarca.

Incansable con su flauta y su tamborín,

vestido siempre con el traje de maragato

que él mismo ―sastre de oficio- se confeccionaba.

Yo me recuerdo de mozo que decían:

Vamos a hacer una cena en casa de la señora Enriqueta,

y marchaban a buscar al señor Aquilino,

y el señor Aquilino venía andando

y se subía a Santa Catalina a las 3 de la mañana.

Fue Tamboritero Mayor de la Maragatería.

En 1979 grabó un disco histórico:

“Teleno. Música de las Tierras Maragatas”.

El primero que recogía el folklore de la comarca.

A partir de ese disco pues otros tamboriteros

ya pudieron copiar esas tonadas,

porque antes había grabaciones pero no estaban publicadas,

eran de particulares,

y entonces por eso empezó la gente a imitar su estilo.

Era un virtuoso de la flauta y el tamboril.

Contaba 102 años cuando falleció en 1991.

En su pueblo, Santa Catalina de Somoza,

junto a su casa, un busto le rinde homenaje.

Lorenzo recuerda su boda.

Una boda apresurada.

Llevaba año y medio emigrado en Suiza

cuando encontró trabajo para su novia,

que había quedaba en Castrillo.

Me dijeron: dentro de 20 días tiene que entrar su mujer a trabajar,

pero se tiene usted que casar.

Y cogí mi avión en Ginebra,

me vine a Madrid y me presenté aquí en Castrillo,

y se lo dije a mis padres,

vengo a casarme y en tres semanas tenemos que regresar.

Y llegué a casa de mis suegros, y de mi mujer hoy, y le dije:

Vengo a casarme, así de sopetón.

Y claro, se quedaron todos fritos

porque aquí las bodas había que preparar,

había que dar 3 proclamos en la Iglesia, seguidos,

3 domingos.

Pese a las premuras pudo cumplir en parte con la tradición

que envuelve a las bodas maragatas:

las cintas, cena de despedida, la ronda nocturna con el tamboritero

hasta la casa de la novia donde se cantaban los sacramentos...

VOZ EN OFF: “Castrillo de los Polvazares

pertenece a la región de la Maragatería.

que guarda con fruición la riqueza de sus costumbres típicas

contra toda invasión exótica.

Los maragatos van primero a casa del novio,

y le acompañan con el padrino y el alcalde a casa de la novia.

La puerta está cerrada.

Se llama con fuerte aldabonazo.

A la entrada del zaguán, una voz grave dice:

"Venimos a cumplir una palabra empeñada".

Y otra voz contesta: Pasad y cumplidla en buena hora.

La comitiva se dirige a la iglesia.

La novia va pudorosamente arrebujada en lujoso manto.

“La ceremonia se celebra a la puerta de la iglesia.

Unidos ante Dios y ante los hombres, emprenderán una nueva vida.

“Después, con el roscón de la ofrenda y luciendo los atuendos solemnes

ante la casa nupcial se organiza el baile.

-Aquí en Castrillo las bodas duraban dos días

y las hacían en casas privadas.

Buscaban una casa que tuviera comedores muy grandes

y ahí se organizaba la boda.

"Estos bailes proceden de la más remota antigüedad

y mantienen el rito ancestral alejado de mistificaciones modernas.

Una belleza más en la gracia antigua de León".

Tal era la importancia que se concedía a la boda

que las casas de los maragatos más pudientes

reservaban una de sus estancias para la celebración:

la sala de bodas.

Durante años albergaron enlaces entre familiares,

porque le endogamia ha sido sello distintivo

en la historia de los maragatos.

Mantener el grupo, y preservar la hacienda,

era lo fundamental.

“Primos carnales la mayoría,

y tíos con sobrinas también llegaron a casarse.

Tíos de treinta y tantos años,

con sobrinas de veintitantos, de 18 o de 20 años.”

-Ningún hijo de maragato o hija de maragata

se podía casar con hijos de labradores,

o hijos de otra actividad, ninguno.

En 1914 se publicó “La Esfinge Maragata”,

la gran obra de Concha Espina.

A decir de muchos la novela que mejor refleja

aquella sociedad cerrada, ajena a los cambios.

Concha Espina vino a Astorga en el año 1912, en el mes de abril,

y estuvo 10 días en casa de una hermana que le escribió

diciéndole que viniera, que a ella que le gustaba escribir,

que esto era distinto de todo lo que ella conocía.

Y estuvo aquí 10 días.

La casa en la que Concha Espina pasó aquellos días

que inspiraron su novela,

resiste hoy el avance de la ruina,

con un cartel de “Se Vende” pegado a su fachada,

junto a una placa que recuerda su mejor pasado.

Harás lo posible por alentar las negociaciones de matrimonio

entre ella y su primo Antonio.

A base de esta alianza quizás fuese posible restaurar

la hacienda de Valdecruces.

En 1950 se estrenó una poco afortunada

versión cinematográfica de “La Esfinge Maragata”.

Cuenta una historia de amor

que sucumbe en un pozo de intereses y tradiciones.

Perdóneme que insista,

¿qué hay detrás de los corazones de las muchachas de este pueblo?

Hay madres solamente.

Concha Espina describe una sociedad retrógrada, anclada en el pasado,

en una tierra baldía;

tal vez por eso la novela no agradó a todos los maragatos.

La acción se sitúa en Valdecruces, un pueblo imaginario,

inspirado en varios pueblos de la Maragatería,

entre ellos Castrillo

que dedicó plaza y placa a la escritora.

El maragato era liberal en política

y después en sus costumbres y en su vida particular y social

era un hombre completamente cerrado,

por eso la casa maragata apenas tiene ventanas para la calle.

Es una casa de muros, toda en interior.

Era un mundo interior.

Era hijo de padres emigrados a Madrid.

Me llevaron a los 2 años

y estuve hasta los 28 viviendo en Madrid.

Yo había trabajado siempre de dibujante antes de salir de Madrid

y empecé a dibujar y a hacer acuarelas.

Y con eso y poco más, pues voy tirando.

Es el pintor de Castrillo.

Antonio Conejero cambió Madrid por la Maragatería.

La gran urbe por una nueva vida, más pegado a la naturaleza.

A base de esfuerzo y créditos vivió años dedicándose al ganado,

vacas, ovejas...

Vió el filón turístico y montó un negocio de rutas ecuestres,

hasta que la crisis le obligó a reducir gastos

y vendió los caballos.

Entonces recobró su antiguo oficio, sus pinceles y su caballete.

Llegó a Castrillo a comienzos de los 90 y el pueblo le cautivó.

Ese color ocre de las casas, la tierra en verano tan seca,

aunque en invierno cambia completamente,

es como más gallego todo.

Me impresiona el trabajo,

el esfuerzo y la potencia de aquellas familias,

la capacidad, el poder, el poderío de aquellas familias

de estos pueblos maragatos,

que hacían estos caserones

que todos sabemos lo que pudo suponer construirlos.

Hay una arquitectura popular

que no podríamos decir que es una arquitectura maragata,

sino que responde simplemente a la arquitectura popular

que puede existir en cualquier otra comarca,

en cualquier otra población.

Lo que sí hay una diferenciación

y ahí podríamos decir que es maragato,

es la casa arriera o arquitectura arriera maragata.

Que es de una casa popular normal

cuando se adapta a una actividad como es la arriería,

entonces ya el tipo de casa cambia

y va incorporando elementos que una casa normal no tendría.

Podríamos indicarlo, que es ya la entrada, el portal, el portón,

el portalón que le sigue donde estaría el carro,

el corral y toda la zona para caballerías, etc.

Esta es la típica casa maragata en la cual vamos a encontrar

elementos arquitectónicos que se han preservado 100 por 100.

Fundamentalmente lo que las define son estos arcos de entrada,

que es la puerta carretal por la cual introducen al interior

todos aquellos productos que traen, como arrieros,

para luego ser vendidos desde Galicia hasta Madrid,

y un poquitín donde conservan mientras tanto

y protegen sus carromatos y sus enseres.

Este arco importante y luego casi todas llevan estos pollos

que es, en todas las casas los veremos, para subirse

y poder montar bien sobre las caballerías.

Vamos a acceder al interior.

Alcobas, las puertas principales,

y todas con buenas cerraduras

para preservar todo lo que es el elemento de reserva,

bueno, aquí ahora tenemos una biblioteca,

una recreación de lo que era...

La casa de Javier Emperador en Castrillo

fue una de las que pertenecieron a los Botas,

una de las potentes familias arrieras del pueblo.

Y esto es una de las tradicionales cocinas maragatas que,

por suerte no se ha transformado, todavía conserva

casi todos los elemento originales del siglo XVIII-XIX,

podemos ver el típico llar, la chimenea,

la encimera sobre la que se hacía el fuego,

lo que designamos aquí abregancias,

las cadenas que sujetaban los potes para los guisos,

donde esas maderas rematan con una especie de latones

que impedían que accediesen a esas varas los roedores

para comerse los chorizos y las viandas.

Aquí lo que se comía era la morcilla, el chorizo, el lacón,

un poquito toda esta comida tradicional y fuerte de la tierra

con la que solemos elaborar nuestros ricos cocidos.

Se distribuía en gran alcoba,

y en la alcoba pequeña, que es realmente donde dormían,

es una pequeña habitación en realidad para preservar

lo que son los espacios del calor, de la temperaturas...

Lo que no escatimaban era a la hora de construir

en cuanto a los sistemas de mayor importancia dentro de la casa.

Digamos, los muros.

Los muros de mampostería son de un gran espesor,

de un espesor superior al que se necesitaría para sostener,

para soportar, la cubierta o los forjados.

Es decir, ellos consideraban que las partes interesantes

o fundamentales de la casa tenían que durar generaciones

y en eso no escatimaban.

En 1980 Castrillo fue declarado Conjunto Histórico,

lo que, junto al empeño de sus vecinos,

ha contribuido a su extraordinaria conservación,

aún a costa de imponer estrictos criterios

a la hora de realizar obras.

Claro, cuando a uno le imponen, cuando a uno de obligan,

haz esto en tu propia casa y a cambio no te dan nada,

pues eso no gusta a nadie.

Pero bueno, pese a eso

yo creo que el pueblo se ha seguido conservando,

no por esa obligación, por haber sido Patrimonio,

porque en teoría hay unas leyes que nos obligan a conservarlo,

sino por el propio buen gusto de los vecinos

que han restaurado sus casas con muy buen gusto

y han mantenido las casas tal cual estaban.

Pese a que es costosísimo.

No tiene nada que ver mantener

una casa con un tejado de teja que tenemos,

con estas paredes de piedra, que una casa normal,

el coste se te dispara, es infinitamente superior.

Con el ferrocarril llegó el declive de la arriería.

Fue a partir del último tercio del siglo XIX.

Ellos se consideraban comerciantes, arrieros y negociantes,

por encima de todo,

y no invirtieron en el desarrollo industrial

ni invirtieron en la industria de su tierra,

como es la industria textil del Val de San Lorenzo.

Es más, despreciaban a los artesanos del Val San Lorenzo

y nunca invirtieron en esa industria

cuando en el siglo XIX pasa a las famosas mantas del Val.

(Cantan)

Son imágenes de Dolores Fernández, la maragata,

hace casi 4 décadas, en su viejo telar,

elaborando mantas artesanas.

A Dolores le tentaron

para trasladarse a Barcelona con su taller,

pero no quiso moverse de su pueblo, Val San Lorenzo,

cuna de la producción textil de la Maragatería,

una actividad que pervive desde la Edad Media.

Dolores fue otra figura clave

para la conservación de la tradición textil

y del folklore de la comarca.

Falleció en 2003.

Con la crisis de la arriería llegó la emigración.

Una diáspora que se alargó hasta mediados del pasado siglo.

Numerosas maragatos se establecieron al otro lado del océano, en Uruguay,

Argentina, México, Puerto Rico, Cuba...

Otros se asentaron en Galicia,

donde se hicieron con barcos de pesca

o abrieron comercios de coloniales.

Varios se instalaron en Madrid.

En la capital, los maragatos

coparon durante años el comercio minorista de pescado.

Aún hoy muchas pescaderías madrileñas

tienen a descendientes de maragatos tras el mostrador.

Cuando fracasó la arriería,

muchas familias que no emigraron ni a Galicia ni a Madrid

vinieron a Astorga, entre ellos abogados, notarios, registradores,

porqueen algunos pueblos había familias muy ricas,

y no pusieron un comercio a los hijos,

sino que les dieron carrera.

Llegaron a influir en la política,

en el comercio de la ciudad

y de ahí que hubiera ese ambiente maragato en Astorga,

porque eran muy destacados los maragatos que en ella vivían.

Astorga está fuera de Maragatería.

Siempre se ha adjudicado la capital maragata,

pero no es Maragatería.

La Maragatería está entre Astorga y el Teleno.

Sea como fuere, lo cierto es que Astorga,

la Astúrica Augusta de los romanos,

es desde hace tiempo el gran escaparate de la Maragatería.

Juan Zancuda y Colasa, una pareja de maragatos,

llevan más de dos siglos marcando

las horas en el reloj del ayuntamiento.

La figura de otro maragato, Pedro Mato,

corona un pináculo de la catedral.

Nadie sabe a ciencia cierta quién fue ni por qué está ahí.

El incendio del archivo eclesiástico por las tropas napoleónicas,

destruyó los documentos sobre su origen,

rodeado de misterio desde entonces.

Yo siempre llevaba a Castrillo, y a la Maragatería,

pero sobre todo a Castrillo, lo llevaba muy dentro.

Cuatro décadas de emigración, mucho tiempo,

pasó Lorenzo añorando las calles empedradas,

los viejos amigos, recordando los años mozos...

Cuando se prejubiló, va para 10 años,

pudo al fin regresar.

Las cosas, claro, habían cambiado.

Cuando regresé, en Castrillo, faltaba más de la mitad de la gente.

Podemos decir que debe haber, no me quiero equivocar,

unas 170 o 180 casas

y, te puedo decir que, puede haber todo el año,

todo el año,

me refierotodo el año abiertas pues puede haber 35 o 40 casas.

Sí que es verdad que hace unos 7 u 8 años todavía éramos menos

y en los últimos años ha ido aumentando

el número de gente que quiere vivir aquí.

Yo creo que ha sido por dos cosas.

Una porque el precio de la vivienda aquí era extremadamente alto.

Entonces se ha producido

que en la crisis esta que ha habido en todo el país

pues han bajado casas,

ha habido alguna oportunidad,

ha habido gente que se ha comprado una casa,

y otra ha sido que mucha gente ha huido de las ciudades,

alguna pareja, y ha venido y se ha instalado aquí.

En los 70 la despoblación hizo imposible mantener

unos mínimos servicios

y el ayuntamiento de Castrillo

pasó a ser una pedanía dependiente de Astorga.

Los 80 vecinos del pueblo se reparten hoy entre jubilados,

algún artesano,

varios empleados que a diario se desplazan a Astorga

y hosteleros.

Tenemos 8 establecimiento hosteleros, 3 hospederías,

y los fines de semana, incluso a diario, es una procesión de gente.

Un ir y venir.

Castrillo vive del turismo, pero del cocido.

Yo pienso que al año a Castrillo

igual lo visitan más de 60 mil personas.

No vienen todos comer el cocido, está claro,

pero vienen a visitar Castrillo de los Polvazares.

En casi todas las listas de “pueblos con encanto”

aparece Castrillo.

Parte de ese encanto está sin duda

en sus robustas casonas rojizas y en sus calles...

-Hola Maruja. -Hola ¿Qué tal estás?

Pero otra parte tiene como responsable directa a Maruja Botas.

Venía a encargarte si para el domingo me podrías hacer cocido.

Es que es muy tarde ya... Yo lo tengo que hacer con mucho tiempo.

A comienzos de los 60,

Maruja Botas comenzó a servir por encargo

el cocido que aprendió a cocinar de su madre.

Fue un boom.

A ella se debe que hoy el cocido maragato

sea una auténtica seña de identidad de la comarca.

El cocido maragato se empieza por las carnes.

Mira, lleva chorizo, le pongo los huesos, el tocino, carne de morcillo,

gallina, oreja, pata.

La oreja y la pata hay que ponerlo de agua el día antes,

los garbanzos también, con agua templada y un puñadito de sal.

Maruja es una celebridad.

Ha sido la novia

en numerosas representaciones de la boda maragata,

pero ella sigue soltera, porque así lo quiso.

Su vida está ligada a este lugar donde creció.

Fue el casino, el centro de reunión de los vecinos del pueblo,

donde durante años estuvo el único teléfono de Castrillo.

No es un restaurante al uso,

no hay distintivo alguno que le identifique, ni carta,

pero es un templo.

En este pequeño comedor,

lleno de encanto y forrado de recuerdos y personajes,

el cocido maragato se convirtió en el gran reclamo gastronómico

que sigue atrayendo a la zona a miles de visitantes.

Ella solo lo cocina por encargo.

Es muy íntimo. Por eso tiene encanto.

Si hubiera sido una industria, pues no había maruja ni cocido,

por eso fue de boca a boca.

A todo el mundo le encantaba.

Vienen, se sientan todos en el mismo sitio.

Tengo grupos de hace 20 años, que repiten todos.

Cuando me dicen ¿por qué le has dado tanta fama?

Les digo, bueno, no es el cocido solo,

es un conjunto de cosas.

Vienes como a tu casa.

Dicen, ¿pero es un restaurante?

Les digo, es una cosa muy rara, no se lo que es.

Cuando llega el verano,

muchos descendientes de los maragatos de Castrillo

regresan al pueblo, a las recias casonas de los antepasados.

Se reúnen con amigos de antaño y rememoran otros tiempos,

otros veranos.

Antonio López Sastre no falta a la cita.

Él es uno de aquellos hijos de la emigración.

Mi padre marchó siendo un crío de 14 años para Madrid,

en la época de la emigración.

Casó con mi madre que tendría entonces 16 ó 17 años,

Él venía todos los años, y cada año que venía, pamba, un hijo.

Hasta que llegó un momento en que el ya dice:

ya está bien,

yo estoy aquí trabajando y a mí mujer la tengo en Castrillo

con trabajos más duros todavía de los que yo hago en Madrid.

Y decidió venir.

Se acababa de terminar la guerra civil.

Y allá en el año 40, por ahí,

emigramos todos a Asturias, a Oviedo.

Médico traumatólogo, Antonio López Sastre es

una persona apreciada en Castrillo,

al punto de tener una calle dedicada.

Su madre es el perfecto ejemplo del papel que durante siglos

asumieron las abnegadas mujeres maragatas.

En ellas recaía, además del cuidado de los hijos,

el peso de la hacienda y los trabajos del campo,

durante las largas ausencias del marido arriero.

Yo creo que la mujer hacía de padre, hacía de madre

y no hacía de Espíritu Santo porque no se le dejaba,

pero la madre lo hacía todo.

-Estamos asistiendo a una comunidad, a una sociedad, decíamos cerrada,

muy endogámica,

que se puede definir como matriarcal,

pero que era matriarcal temporalmente.

Mientras el marido no estaba en casa.

Cuando el marido estaba en casa esa sociedad era totalmente patriarcal,

porque todo los roles, comportamientos,

estaban centrados en el papel de los varones y del marido.

Con los festejos veraniegos suele recobrar vida la bolera.

Hace unas cuantas décadas, antes de la televisión,

este era el principal pasatiempo para mozos y hombres en Castrillo:

nada había como una partida de bolos, de bolos maragatos.

Cuando yo era niño, la alquilaban

y la cogía un señor por 100 ptas. al año o lo que fuera.

Todos los domingos después de comer,

venían todos los hombre y ahí bebían vino, sardinas,

lo que tuviera aquel señor, y jugaban toda la tarde,

toda la tarde a los bolos.

Había unas partidas terribles,

y se sentían las voces desde yo que sé de dónde.

Había una afición terrible en la bolera,

jugaban mucho los solteros contra los casados,

los de Castrillo contra los de Murias.

El tamboritero acude a buscar a la autoridad.

Hoy es el gran día, se celebra La Magdalena.

Por la Calle Real, los maragatos van sumándose al desfile festivo

en dirección a la Iglesia.

Recogen a la santa y comienza la procesión,

la procesión de la Magdalena.

Todos lucen sus mejores galas,

la ocasión lo exige.

Al ritmo de la flauta y el tamborín,

con los maragatos haciendo sonar sus castañuelas,

la procesión recorre las calles del pueblo.

Luego la Santa volverá al templo, para la misa.

Así viene siendo desde hace siglos.

  • La memoria de las piedras

Crónicas - La memoria de las piedras

04 feb 2016

Poco queda hoy de aquellos maragatos que recorrieron los caminos, con sus recuas de mulas, de Galicia a Madrid, de Madrid a Galicia. Sólo el recuerdo de los descendientes se abre paso entre las viejas fotos colgadas en las gruesas paredes de las casonas. Pero aún hay ocasiones para ponerse el traje maragato y danzar al son del tamboritero antes de sentarse ante un buen cocido, un cocido maragato, primero las carnes, después los garbanzos y al final la sopa. Aún hay ocasiones para preguntarnos: ¿quiénes fueron los maragatos?

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