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No recomendado para menores de 7 años Cómo nos reímos - Gila - ver ahora
Transcripción completa

Buenas noches.

Me llamo Miguel Gila.

Nací en Madrid el 12 de marzo del siglo XX.

Mi padre era carpintero, mi madre no.

Mi madre lavaba para fuera.

No es que fuera lavandera,

sino que teníamos una pila muy pequeña,

y toda la ropa se le salía para fuera.

Fui al colegio hasta los 13 años a aprender esas cosas

que se aprenden de los ríos y los reyes godos.

Me puse a trabajar en una fábrica de chocolate.

Después de pintor de autos. Luego de mecánico de aviación.

Luego de soldado.

Después de humorista.

(Música)

Nació.

No había nadie en casa y él nació.

Y con razón su madre se enfadó.

No quiero que se repita y nazcas

cuando yo no estoy.

Sorprendí en mi casa porque no me esperaban.

Mi madre no estaba en casa. La gente...

al principio se desconcertaban mucho, pero después se divertían.

Yo llegué a creérmelo.

Llegó un momento en que pensé que realmente era así.

15 años sin el maestro de maestros del humor.

Miguel Gila es el cómico más querido.

No solo por el público, también por sus colegas humoristas.

En un cohete que se fabricó

con tuercas, con albal y con cartón.

Y la luna desde entonces siempre le sonríe al sol.

Le recuerdo siempre pegado al teléfono

y haciéndonos...

Tiene dos o tres diálogos muy surrealistas

que me...

Que pienso en ello y sonrío. Me río.

(Teléfono)

¿Sí?

¿Quién es? Soy yo, ¿quién es?

Hola...

Sí... Dime.

Tenía esa necesidad de dialogar y no sabía con quién hacerlo.

Se me ocurrió la idea de hacerlo a través de un teléfono.

Crear un diálogo dentro del monólogo.

-Los textos de Gila fueron, son y serán siempre vigentes.

Intemporales totalmente.

-Espera que me caliento.

Es que tengo... He estado ordeñando a la vaca

y tengo los dedos entumecidos.

El paleto tiene mucha ternura para mí.

-Cada vez que lo veo me río. Es increíble.

Dice: "Pero si te lo sabes de memoria".

Pues me sigo riendo.

Eso demuestra que es un buen humorista.

-Con todos ustedes, Gila. -Gila.

-¿Gila?

Que se ponga. -Gila.

-Tampoco tenemos tanques. Usamos un 600 con un enano dentro.

-Yo me acuerdo que en los bares ponía "No se vaya, hoy hay Gila".

Y la gente se quedaba, a escucharme por radio

y no entraba en los cines.

-Miguel Gila, si no fuera por el idioma,

si fuera inglés y se llamara "Michael Yaila",

sería mundial. Sería un artista mundial.

No digo que no lo sea, pero sería más mundial, todavía.

-"Michael Yaila". -"Michael Yaila"...

-Como este, como el... -Como... como...

-El fenómeno no sé dónde radica, dónde está.

Creo que también influye mucho el respeto que yo tengo por el púbico.

Yo jamás tuteo en el escenario.

Yo creo que ese respeto hace que la gente me respete mucho.

-Para mí un maestro del humor de ahora y siempre

es Miguel Gila.

Y para mí un amigo también, un amigo generoso...

un amigo bueno...

Un amigo que fue uno de esos premios que te da la vida.

-Yo creo que, incluso de las cosas más terribles

y más desagradables, uno saca algo positivo siempre.

-Gila con la poesía denunciaba cosas tan tremendas,

tan crudas y tan negras como la guerra.

Y otras cosas...

Y el humor de Gila no solamente me hace reír.

Me emociona.

-Yo he pasado por momentos muy malos en la vida.

Creo que he estado a punto de morir cuatro, cinco, seis veces.

Pero después he salido y he dicho: "Mira qué bien".

(Disparos)

¿Es el enemigo?

Escucha, ¿podría parar la guerra un momento?

¡¿Que si pueden parar la guerra un momento?!

-Cuando veía a Gila de pequeño en la tele,

lo veía y decía: "Yo quiero hacer lo que hace ese hombre".

-Y si acaso me necesitáis, llamáis, y como estoy yo solo,

yo mismo me aviso.

-Es un maestro y un ejemplo a seguir.

-Cuando yo era pequeño, siempre decía:

"Yo cuando sea mayor no quiero ser ni...

carpintero, ni arquitecto, ni albañil, ni nada.

Quiero ser viejecito, como mi abuelo.

-Gila es un referente.

Una persona muy querida por todos nosotros.

-Y un justo homenaje a la inteligencia en el humor.

-Miguel era una persona tan sencilla, tan humana

y tan observadora, y tan divertida que, de verdad,

sino transcendente, por supuesto sí es...

inolvidable.

-Yo decía en una ocasión que para qué sirve mi humor.

Mi abuelo era ebanista y hacía una mesa,

y servía para comer, para jugar a las cartas,

para poner un jarrón con flores.

Y yo me preguntaba: "¿Lo que yo hago sirve para algo?".

Y Adolfo Marsillach me dijo: "Sí.

Aunque solo sea media hora, lo que tú haces es muy importante.

Hoy en La 2 recordamos a este cómico que nos dejó hace 15 años.

Gila, te echamos de menos.

Te recordaremos siempre con una gran sonrisa.

Gracias, hasta siempre.

Camisa roja como el corazón.

Tu vida se merece una canción.

Tus cintas guardo en un cajón.

Yo sé que muchos de ustedes me conocen.

Algunos mucho, otros poco, otros nada.

Pero hay toda una generación que no me conoce muy bien.

De una manera particular,

para aquellos que no me conocen, les quiero contar

la historia de mi vida, que es dramática, pero no tengo otra.

Les podría contar la de mi hermana, pero no le gusta.

Se cabrea.

La cosa es así.

Yo tenía que nacer en invierno.

Pero no me habían comprado el abrigo

y dije: "Me espero y nazco en el verano,

con el calorcito".

Pero sorpresivamente.

O sea, en cada ya ni me esperaban ni nada.

Mi madre había salido a pedir

perejil a una vecina, así que nací solo.

Bajé a decírselo a la portera.

Dije: "Señora Julia, soy niño".

Y dijo la portera: "Bueno, ¿y qué?"

Y dije: "Que no está mi madre en casa.

A ver quién me da de mamar"

Y me dio de mamar la portera. Poco.

Porque estaba la pobre ya que ni para un cortado.

Porque de joven había sido nodriza

y había alimentado a once niños

y a un sargento de caballería,

que luego ni se casó con ella ni nada.

Un desagradecido.

Que, además, me enteré y era un tragón.

Mojaba ensaimadas. Mojaba churros.

Mojaba ensaimadas. Mojaba churros.

Mojaba ensaimadas.

Bueno, fui a mi casa, me senté en una silla

que teníamos para cuando nacíamos.

Y cuando vino mi madre, salí a abrir la puerta

y dije: "Mamá, ya he nacido".

Y dijo mi madre: "Que sea la última vez que naces solo".

Entonces le escribimos una carta a mi papá,

que trabajaba de tambor

en la Orquesta Sinfónica de Londres.

Vino corriendo. Se puso muy contento

porque hacía más de dos años que no venía por casa.

Y dijo: "Ahora sí me voy a trabajar".

Ya éramos muchos en casa. Éramos nueve hermanos,

mi papá, mi mamá y un señor de marrón que no le conocíamos,

que estaba siempre en el pasillo.

Y como éramos muy pobres, mi madre nos fue abandonando

por los portales y a mí me dejó

en el portal de unos marqueses que eran riquísimos.

Tenían corbatas, tenían sopa.

Se hacían las radiografías al óleo.

Y por la mañana salió el marqués, me levantó,

me preguntó cómo me llamaba. Y dije: "Como soy pobre, Pedrito".

Y dijo: "Desde hoy te vas a llamar

Luis Enrique Carlos Jorge Alfredo".

Y luego me llamaban Chuchi, para abreviar.

Quería que estudiara bachillerato

para saber dónde están los ríos y las montañas

y el teorema de Pitágoras.

El teorema casi me lo aprendí.

-Teorema de Pitágoras. -Ah.

Dice Pitágoras... Dice... Va. Decía,

porque se ha muerto y no lo va a decir ahora.

Decía: "Toda mano sumergida en un líquido,

experimenta una sensación de que te la estás mojando,

en razón directa con la mano que te mojes".

¿Es así o no es así?

-No. -Me lo imaginaba.

Lo he dicho a bulto.

Pero a mí no me gustaba estudiar y me escapé.

Y me metí de ladrón en una banda,

pero lo tuve que dejar porque me puse enfermo del estómago

y todo lo que robaba, lo devolvía.

O sea, que antecedentes no hay.

Mi hermano mayor tampoco. Ese ni artista ni nada.

Ese era un mujeriego...

En cuanto veía una minifalda, se volvía loco.

Se casó con un escocés.

Y se dio cuenta por la gaita.

Mi padre era buzo.

No es pasión de hijo.

Y qué buzo era mi padre.

Empezó en un charco, muy modestamente.

Y luego ya le destinaron a un puerto de mar.

Y no es pasión de hijo, pero qué buzo.

Le llamaba el Temerario.

Metía el brazo en la boca de los tiburones hasta aquí.

Ahora le llaman el Manco.

Mi tía se murió porque tenía un padrastro,

empezó a tirar y se peló toda.

Y mi abuelo era un sabio. Era inventor.

Y murió loco. Porque quería inventar

la radio en colores.

Se pasaba el día asomado al balcón con una brocha

dándole brochazos al aire.

Diciendo: "El día que le coja la onda...".

¿Qué va a coger?

Una pulmonía que se lo llevó.

Bueno, decirles, cómo lo querían en el barrio

a mi abuelo, que cuando murió, tuvimos que enterrarle dos veces

para que pudiera ir toda la gente.

Yo descubrí lo del asesino ese famoso.

Lo habrán oído nombrar. El Jack el Destripador.

Lo descubrí yo.

La cosa fue así. Resulta que apareció

un hombre en la calle como dormido.

Pero como hacía más de un mes que estaba allí,

dijo el sargento: "No sé, pero mucho sueño para un adulto".

Entonces, llamamos al Forense, que ni era médico ni nada.

Tenía un Ford y le llamaba el Forense.

Vino corriendo. Se acercó.

Le pegó seis patadas en los riñones al tumbado

y dijo: "Una de dos. O está muerto

o lo que aguanta el bestia este".

Y estaba muerto. Y vino Sherlock Holmes

con la lupa y dijo: "Ha sido Jack el Destripador".

"¿Por qué lo sabes?"

"Porque soy Sherlock Holmes y a callar todo el mundo".

Me enteré dónde se hospedaba Jack el Destripador.

Me fui al mismo hotel. Y como a mí no me gusta

la violencia, le detuve con indirectas.

Nos cruzábamos en el pasillo y decía yo:

"Alguien ha matado a alguien".

Y se ponía colorado, colorado.

"Alguien es un asesino.

Y no me gusta señalar".

Hasta que a los 15 días dijo: "No puedo más.

He sido yo. Lo confieso". Y se entregó.

Trabajo para los Estados Unidos de mercenario.

Les cobro 8 dólares el muerto.

Y devolviendo el casco, dos dólares más.

Los chinos más barato, como hay tantos...

Yo a los chinos ni les mato. Les hago: ¡Ah!

Y les meto un susto.

Que el susto no te lo pagan, pero te diviertes.

O sea que...

Voy a llamar a este, a...

¿Es la fábrica de armas?

¿Está el señor ingeniero?

Que se ponga. De parte del ejército.

Señor Emilio, vamos a ver. Le llamo por un asunto

de reclamaciones. Que de los seis cañones

que mandaron ayer, vienen dos sin agujero.

Pues estamos disparando con la bala por fuera.

O sea, al mismo tiempo que uno aprieta el gatillo,

otro corre con la bala.

Pero se cansa y la suelta.

Pues no sabemos dónde, como no vuelven...

Le quería preguntar. ¿A cómo están las ametralladoras?

Joder. ¿Y si compramos dos?

No, no tenemos ametralladora. Estamos disparando

con un fusil normal y lo dispara un tartamudo.

Otra cosa. El submarino que mandaron

el jueves... de color, bien, pero no flota.

Nada. Lo echamos al mar después de comer

y todavía no ha subido.

No me diga que era un barco. ¡Jo!

Nos costó un trabajo hundirlo...

Y andamos mal. Tampoco tenemos tanques.

Estamos usando un 600 con un enano dentro.

Y en lugar de disparar, insulta.

No mata, pero desmoraliza.

Y en aviación nos queda un paracaidista,

porque solo sirven para una vez,

porque los tiramos sin nada, por ahorrar.

A pelo.

Que ahora hay que añadir el IVA.

Señorita, quiero hablar con los Estados Unidos.

Con todos no. Con uno.

Con Washington.

Pues no sé el número. Búsquelo en la guía. En la Wa.

¿Son los Estados Unidos? ¿Está el encargado?

El Reagan.

Sí, que se ponga.

Ojala no esté durmiendo, porque este,

cuando está durmiendo... Mientras busca la dentadura,

se la pone... Jo. Me cuesta a mí la conferencia...

Reagan, ¿cómo estás?

Sí. Bueno, pero tengo que pedir material.

De acuerdo. Dale un beso a la Nancy.

Pues no se lo des. Dice: "Me da asco".

¿A mí qué me importa?

Pues anda que él. Tiene arrugas en las arrugas.

Qué simpáticos los norteamericanos.

Siempre que hablo con ellos por teléfono,

dicen: "Yes, yes. Yes".

Claro, tiene su explicación.

El yes de los norteamericanos

vendría a ser como el sí nuestro.

Por ejemplo, si aquí le decimos a un señor:

¿Se quiere usted quedar a cenar?

Dice: "Sí". Y se queda, ¿no? Bueno.

En Estados Unidos no dice: Sí. Dice: Yes.

Y se queda igual. O sea...

Nos busca la ruina, pero el idioma es lo que cambia.

Y digo esto porque yo estoy estudiando inglés.

Que no sé si voy a seguir, porque me compré

un libro muy bueno que se llama "El inglés sin esfuerzo".

Es un inglés cómodo.

Pero no sé si voy a seguir,

porque empecé ayer por la tarde y dice:

(PRONUNCIA MAL) My taylor is rich.

My parents are poor.

Y me fui para el otro lado, te lo aclara,

porque el libro es muy completo.

O sea, aquí viene en raro y aquí lo aclara, ¿no?

Y dice: Mi sastre es rico.

Mis padres son pobres.

Y estuve pensando yo: "¿Y les importará esto

a los norteamericanos?"

¡Eh!

Mi sastre es rico.

Y mis padres son pobres.

Y me dice: "Y tú, un imbécil".

"¿Está su señora en casa?"

"Oh, no.

Ella no está en casa.

Está en el campo con el agrimensor".

"¿Su casa de usted es muy grande?"

"¡Oh, sí! Pero no es tan grande como la estación"

"Yo tengo el pupitre pintado de oscuro.

¿Tiene usted el pupitre pintado de oscuro?"

"Mi prima Margarita está en Holanda".

A ver en qué conversación meto yo esto.

O sea, que yo en los Estados Unidos tengo que buscar

a uno que tenga una prima que se llame Margarita.

Esperar a que esté en Holanda.

Así que lo voy a dejar.

Y es una pena, porque una de las cosas

que más me gusta a mí, es tener cultura.

Ahora, hoy en día, el que no tiene cultura,

es porque no quiere. Porque con esos viajes

que se hacen ahora a pagar en 24 meses...

El verano pasado hice un tour por Europa.

Recorrimos en 11 días 19 países.

Vamos, vamos, vamos, vamos.

Vamos, vamos, vamos, vamos.

Que me hago pipí en Holanda, señora. Vamos.

Se bajó las bragas en Bélgica y llegó justito.

Porque el guía lleva calculada la elasticidad de la goma,

la longitud de la pierna. Todo calculado.

Pero qué bien.

Ahora puedo hablar de la torre inclinada de Londres.

Puedo hablar del museo de la ubre.

Que yo la ubre ni la vi, porque a esa velocidad...

Venía un señor muy culto que quería visitar los inválidos

y le dijeron: "Mire ese manquito y rápido, ¿eh?".

Otros querían ver al Papa. Vieron al "pa". Así.

Estuvimos en el pueblo ese que las calles son de agua,

que venden los solares por litros cuadrados.

Estuvimos en el monumento al solar descolorido.

Y estuvimos viendo la tumba de Napoleón.

Que yo no sé si han visto ustedes.

Está la cama donde dormía Napoleón.

Que por la forma que tiene la cama,

yo creo que Napoleón se acostaba con Josefina,

el caballo y un cañón.

Está hundida toda.

Plaza de la "Fallete".

Y pasó un francés, un enano con una gorra

con un pompón encima,

dice: "Lafayette".

Digo: "La falló tu padre cuando te hizo".

El único país que no me gustó a mí fue Grecia.

Porque, bueno, sí, es un país que está ahí.

O sea, no puedes decir: Mira, Grecia no está. Está.

Pero... ¡Jo!

Todo roto. Todo tirado por el suelo.

Viejo, del año de la pera.

Claro que no lo vimos bien, porque llegamos con el avión

y preguntamos: "¿Qué país es este?" Dijeron: "Grecia":

"De nada". Y al avión otra vez.

A mí me gusta el avión porque es cómodo,

es rápido, es limpio, son precavidos.

Apenas te subes al avión, te atan un cinturón.

Que un día viajaba una vieja a mi lado y me dijo:

"Esto lo hacen para que no se desparramen

los cadáveres".

Y dije: "Cada uno tenemos asignado nuestro día".

Y dijo la vieja: "Pues como sea el día del piloto...".

Qué viaje me dio. Menos mal que luego me desquité,

porque era la primera vez que la vieja subía en un avión.

Dice: "Qué razón tenía mi nieto cuando decía

que desde el avión se ve a la gente como hormigas".

Dije: "Si son hormigas, señora. Si no hemos despegado todavía".

Ahora, es muy bonito viajar.

Nada, ni con el hacha, macho. -A mí me ha dicho

un bombero americano... -¿Qué saben los bomberos

americanos de barbas españolas?

-Como tengo la barba difícil, titanio.

-Yo recuerdo una época aquí en que nos deslumbraban con todo.

Sobre todo cuando íbamos a comprar algo

y nos decían: "Es americano".

Y ahí nos volvíamos locos.

Por ejemplo, unas gafas de sol.

Entrábamos y decíamos: "¿Tienen ustedes gafas de sol?"

Y decía el dependiente: "Tengo unas muy buenas.

Las polarizadoras.

Polarizan el rayo solar, siempre que no sea superior

a los 37 grados de inclinación visual.

Es decir, que no le llegue a la retina directamente,

sino que de una forma cóncava,

expulsa el reflejo al exterior y lo anulan".

Y decíamos: "¿Pero se ve?"

"Son gafas americanas". "Ah, americanas, oiga.

Qué buenas. Démelas". Y las llevábamos

y encontrábamos a un amigo en la calle

y le decíamos: "Me he comprado unas gafas que polan...".

Y decía el amigo: "¿Que pola qué?"

El "relufao", que no te "escalurcia" en 1080.

O sea, te angulan el ojo y se "reflactarian".

Y decía el amigo: "¿Te has comprado un tractor?"

Tu ojo es "bóvedo", ¿no? ¿O no?

Como tu ojo es "bóvedo", el sol se te "recóncava" dentro.

Gafas "porlizosas".

Gafas "porlizosas".

Tu ojos es "bóvedo", ¿no?

Pero si tú lo "reflactarias" con un vidrio "porlizo",

el sol se da contra él. Luego, allá el sol.

Que me he comprado unas gafas americanas.

"Ah, americanas. ¿Dónde?" Y se compraba otras el imbécil.

Por cierto, que estando allí, leí en un periódico

un titular así de grande que decía:

"En la ciudad de Nueva York, un hombre es atropellado

por un coche cada cinco minutos".

Y dije yo: "¡Jo, pobre hombre!"

En la calle, en los semáforos, cuando se paran dos coches,

cómo se miran.

Dice uno: "¿Qué?" "¿Qué de qué?"

"¿Que qué miras?" "¿No puedo mirar?"

"Depende". "¿De qué?"

"De nada". "Ah".

"¿Qué quieres decir con: ah?"

"Pues eso". "A ver si... ¡Huy!"

"Anda, que como... A mí, cuando yo...".

"¡Huy! La madre que...".

La otra noche venía yo con mi mujer.

Habíamos salido del cine y veníamos por Gran Vía

y había tres individuos así, pegándole una paliza

a uno pequeñito.

Le digo a mi mujer: "¿Qué hago? ¿Me meto? ¿No me meto?

¿Me meto? ¿No me meto?"

Me metí y le dimos entre los cuatro... ¡Jo!

Oye, ¿está la señora? La mía.

Sí, que se ponga.

Digo la mía porque tengo una criada muy bestia.

La otra noche llamé y dije: "Dile a la señora

que se acueste, que voy para allá".

"¿De parte de quién?"

Sí, que se ponga, que me va a oír.

Si me va a oír, el...

El buitre este, que es un buitre.

Y la madre, una foca.

El avestruz este, que tiene un pescuezo...

Es como que se está asomando siempre.

Con un bigote...

Dice: "Tengo un poco de pelusa".

Te da un beso y te cepilla el traje.

Y gorda. Llega a casa, se suelta la faja.

¡Hala! Todos contra la pared.

Pues me va a oír, porque tengo un carácter...

Ya está aquí. Verás... Verás...

Oye, Teresa, cuando yo digo... cuando yo... cuando...

Sí, sí, sí. Pues tu ma... tu ma...

Sí, sí, sí, sí.

Escúchame bien.

No, yo lo di... yo lo di... Sí.

Sí, sí, sí, sí, sí.

Sí, claro. Sí, sí.

Claro. Yo lo di... yo lo di...

Sí, sí, sí. Sí, sí, sí.

Sí, sí, sí. Sí, sí, sí.

Sí, sí. Claro. Bien pudie... bien pudie...

Pues tu ma... tu ma... Sí, sí, sí.

Sí, claro. Sí, sí. Bueno, adiós.

Aplausos.

Vas a ver.

El teléfono es un gran invento.

Pero ustedes saben que también es causa de muchos males.

Sí. ¿Qué dices?

No me digas. No me lo digas.

¿Cuándo? No te puedo creer.

Señorita, la conferencia que pedí yo

a mediados de marzo,

¿usted sabe si tiene demora?

Qué horror. No sabes cómo lo siento. Sí.

Señorita, ¿qué pasa?

No sé. Que hay aquí un señor que me dice cosas.

No, señorita, yo... Anda, la madre...

¿Qué te crees, que te veo por aquí?

La otra noche marqué un número equivocado

a las 4 de la mañana. Me dio pena. Pobre.

Dije: "Discúlpeme que le haya despertado a estas horas".

Dijo: "No importa. Me tenía que despertar

porque estaba sonando el teléfono".

¿Eh? No, señorita. No, no.

No corto. No. Antes me corto las venas.

Sí. Ahí viene. Ahí viene. Ahí viene.

La culpa las tiene estas, que están con la clavija ahí...

Y se equivocan de agujero y mira.

Eh... ¿Eh?

Sí, estoy aquí todavía.

Sí. No, no me retiro, no.

¿Pero usted quién es?

¡Pepe! Que ha habido un cruce. ¡Pepe!

Que... ¡Pepe! ¿A quién?

¿Usted quién es?

Señorita, ¿qué pasa?

¡Pepe! Que di... Sí, estamos hablando.

No, no hemos terminado todavía.

No. ¿Yo qué voy a ser María Luisa?

Le está diciendo: "Nena, te voy a dar Pamplona".

Y la otra dice: "Reina, dame Linares".

Se está repartiendo el país.

Teléfono. ¿Sí?

¡Pepe! Que ha habido un cruce.

¿Quién es? ¿Pero usted quién es?

¡Pepe! ¿Cómo estás?

Soy yo. ¿Quién es?

¡Hala! Sí.

¿Eh? No.

(HABLA DE FORMA ININTELIGIBLE)

¿Eh? No lo sé.

Mucho, mucho.

¡Pepe! Por San José... ¡Pepe!

Señorita, ¿no me oye Pepe?

Es que si grito más, no me hace falta el teléfono.

(HABLA DE FORMA ININTELIGIBLE)

Anda que yo. Estoy...

Bueno, dímelo. ¿Eh?

No hablo más fuerte. Está aquí... ¿Eh?

Adiós, chuchi.

Adiós, don Vicente. Llámeme mañana, ¿eh?

Pues ya le digo.

¡Pepe! Te mando una postal mejor. Adiós.

¡Hala, hombre!

¿Es la parroquia de San Benito? ¿Está el párroco?

De parte de un parroquiano. Sí, que se ponga.

¿En cuánto sale una boda?

Normal. Una boda normal. Sea de hombre y mujer. Normal.

Eh...

¿Pero usted me está hablando de una boda de lujo?

O sea, con coros y alfombras, el auto y todo eso.

No. Yo decía una cosa, para que salga más barata.

Por ejemplo, en lugar del coro.

¿Si la hacemos silbada en lugar de cantada?

La puedo silbar yo o el monaguillo.

Y en lugar de la alfombra, ponemos periódicos viejos

y al mismo tiempo que se arrodillan,

leen las noticias.

Pero lo más importante, que me dice mi primo,

¿la novia la tiene que poner él o la pone usted?

No, él tiene una, pero es feísima. Por si tenía usted una mejor.

No, no de usted. Que le hubiera sobrado

de alguna boda.

Yo se los mando y usted los casa. De acuerdo.

Le iba a dedicar esta pequeña charla

a las jovencitas, porque me imagino que estarán viendo este programa.

Les quería decir que si se van a casar,

lo piensen antes, porque cómo cambian las cosas

de antes de casarse a después.

Antes de casarse, el novio, cuando caen cuatro gotas,

empieza: "Cuidado, amor, el charquito.

Charquito, reina. Por aquí".

Después que se casan: "¡Hala! Ya se volvió a meter

en otro charco, que vas como las vacas".

Y antes de casarse, el novio dice: "Qué lunar, mi vida.

Me tiene loco. Qué lunar".

Y en cuanto se casan: "¡Ponte para allá con la verruga!"

Y antes de casarse, el novio dice:

"Verás, mi vida, cuando te quedes dormidita

con tu cabecita de ángel aquí en mi brazo".

Y en cuanto se casa: "Quita el cabezón,

que se me duerme el brazo".

(GRAZNA)

Bueno, pues precisamente acabo de recibir los análisis.

¿Está usted todavía ahí? Sí.

A ver, respire.

Bien.

Tiene usted...

El colesterol tenemos...

No, este no es. Bien.

No, no le digo lo que tiene.

No, ¿cómo me voy a reír, hombre?

Ni bien ni mal. Bien.

Bueno, y nada más. Pues...

Un follón tiene usted aquí que ni le cuento.

No, no, no, no es nada. No es nada.

Usted, pongo aquí... Ya hace bien...

De acuerdo.

El quirófano está plenamente iluminado.

Un día magnífico de voltios. Y es enorme la expectación

que hay por parte de los enfermos que se han desplazado

de todas las clínicas del país para presenciar esta operación.

En estos instantes, señoras y señores,

salta al quirófano el médico, que viste bata blanca y gorro.

Y a continuación, le sigue el enfermo, vistiendo

su camisola amarilla con rayas verdes.

El enfermo lleva ojeras de luto

por la muerte de un compañero la semana anterior.

Se sitúan en el centro del quirófano.

Tiran la moneda. Le toca elegir terreno

al enfermo y le operan a favor del aire.

Saca la enfermera. Hace retrasar al médico.

Avanza con el bisturí. Mal sacado. Lástima.

Avanzando hacia el enfermo. Se tira en plancha y corta bien

en la tripa del enfermo. Menéndez ha cortado bien.

Ha sacado el riñón con la izquierda.

Alto y fuerte. Lo para la enfermera con el pecho.

Caen al suelo. Aprovecha el fallo el practicante

y lo cuela por la ventana.

Sale a por ellos la portera. Bien colocada.

Estaba tendiendo ropa y se hizo con el riñón.

Lo lleva en el bolsillo del delantal. Lo saca.

Lo bota dos veces y se lo tira al médico.

Avanza con el riñón. Avanzando hacia el enfermo.

Se tira en plancha y coloca el riñón muy bien.

Pega el esparadrapo y acaba la operación

con la victoria del médico por 1 riñón a 0.

Explosiones.

¿Es el enemigo?

¿Ustedes podrían parar la guerra un momento?

¿Que si pueden parar la guerra un momento?

Ahora sí le escucho. Este...

Le quería preguntar una cosa. Esto...

No. ¿Ustedes van a avanzar mañana?

¿A qué hora? ¿Entonces, cuándo?

¿El domingo? ¿Pero a qué hora?

A las siete estamos todos acostados.

¿Y no podrían avanzar por la tarde? Después del fútbol.

Sí. ¿Van a venir muchos?

¡Hala, qué bestias!

Yo no sé si habrá balas para tantos.

Bueno, nosotros las disparamos y ustedes se la reparten.

Ayer estuvo aquí el espía de ustedes.

Agustín. Uno bajito.

Vestido de lagarterana.

Que se llevó los mapas del polvorín.

Que los traiga, que solo tenemos esos.

Bueno, pues que haga una fotocopia y nos lo devuelva.

Sí, porque ahora no encontramos el polvorín.

De acuerdo. ¿Y podrían para la guerra

por lo menos una hora o así?

Porque se nos ha atrancado el cañón.

El sargento, que ha metido la cabeza dentro

para pasar revista y no la puede sacar.

Está vivo, porque le oímos. Dice: "Sacadme de aquí".

Y hemos probado con jabón,

pero se le pone el pelo rubio y no sale.

Pues es verdad. A lo mejor disparando se desatranca.

No se nos había ocurrido.

Bueno, ¿entonces, quedamos así?

De acuerdo. Hasta el domingo.

Que usted lo mate bien.

Los gastos previstos para... (RÍE)

Para la... (RÍE)

Son... Ay...

En educación... (RÍE)

En el capítulo de sanidad, tenemos el proyecto de comprar...

(RÍE)

No puede ser. (RÍE)

A lo mejor lo estoy leyendo al revés.

Ahora voy con los gastos de administración.

Impuestos... (RÍE)

Se me olvidaba añadirle el IVA.

Óigame, ¿vive ahí un maestro escuela, uno pequeñajo

que parece medio tonto?

¿Es usted?

Ay, perdón. No, es que me ha traído el niño

la factura del colegio,

y digo yo, ¿esto no será de algún hotel

que se le ha traspapelado a usted?

¿Y cómo sube tanto?

Aquí dice: Externado: 8000.

¿Externado qué es, que va el niño al colegio y no entra?

Inglés: 2500.

¿Y no tiene otra cosa más barata en idiomas?

¿A usted le importa mucho que el niño hable inglés?

A mí tampoco. Que hable valenciano y deprisa, como su abuela.

Piano: 1600. ¿Le dan el piano para él

a fin de curso?

Pues que toque la zambomba. Le enseño yo.

Uniforme: 2200.

¿De qué le han vestido, de almirante de marina?

Desgaste de patio.

¿Qué pasa, que lleva lija el niño y raspa el patio?

¿Y esto por qué no lo pagamos a medias?

Hombre, yo lo digo porque también a mí se me desgastará el niño, ¿no?

Matrícula: 19 000.

¿Dónde lleva el niño la matrícula?

Pues avisa, que estoy todo el día:

"Agáchate. Date la vuelta". Y no se la veo.

Timbres: 1100.

Fuera los timbres, que llame con la mano.

Que no empiece ya desde pequeño a hacerse un señorito.

700 del cumpleaños del maestro y 500 del puro del director.

Qué, que se pega usted unas juergas a costa del niño, ¿no?

Bueno, ¿pues sabe una cosa? Que no estudie.

Le compro un balón y ya está. ¡Hala!

Para nada. Luego viene a casa

a todos los problemas me los trae a mí.

Viene el otro día: "Papá, ¿cómo se escribe horchata?

¿Con hache o sin hache?

Le dije: "Animal, con hache, sino dirías 'horcata".

Yo soy de un pueblo muy pequeño.

Pero pequeño, ¿eh?

La gente no puede pasear porque se sale.

O sea, pasean, pero así.

Y los de izquierdas así.

Ahora, es un pueblo...

Les voy a contar las bromas de mi pueblo,

pero se las quiero contar tal como las cuentan

los muchachos del pueblo, los domingos por la tarde,

cuando se ponen en la plaza a filosofar.

Un día le dije a uno: "Que tienes la boca abierta".

Y me dijo: "Ya lo sé. Si la he abierto yo".

Que las fiestas que celebramos todos los años

aquí en el pueblo... ¡Me cago...!

El año pasado, el primer día, para empezar, la cucaña.

Pusimos en mitad de la plaza un palo redondo

untado con jabón y en lo alto del palo, un jamón

y que lo alcance, para él.

Y todos los muchachos esperando abajo con las navajas abiertas.

Y al que se resbalaba... ¡Ahí va, para arriba!

Algunos se pasaron el jamón de largo.

Bueno, ya sin ser fiesta, lo pasamos muy bien,

porque somos muy amigos de las bromas.

Me acuerdo yo, hace años, cuando pusieron

los hilos de la luz de alta traición,

que le dijimos al Indalecio que era para tender la ropa.

Subió para arriba, se agachó...

Cuando cayó al suelo, parecía la ceniza de un puro.

Dice el alcalde: "Que no sople nadie

hasta que no venga el juzgado".

Y el desgraciado del médico diciendo:

"Dejadme, que le pongo una inyección del tuétano".

Risas.

Y lo que nos reímos. Me ca...

Hasta su padre dijo: "Me habéis dejado sin hijo,

pero me he reído...".

Aplausos.

Porque el padre había sido muy bromista.

El padre un año, por las matanzas, todos los polvos venenosos

que le habían dado en el sindicato para matar

al escarabajo de las papas,

los metió en una morcilla apretujados...

Se fue para la cantina: "Prueba, prueba, prueba".

Decía el tío Burriato: "Parece que pica un poco".

Fueron sus últimas palabras.

Y donde mejor lo pasamos, es en las bodas.

Agarramos a la novia, se la tiramos al río

y al Antolín le metimos una mula en la habitación.

Y hasta que no se hizo de día, no se dio cuenta.

Y a la mañana siguiente, cuando le preguntamos, dice:

"No, yo le notaba pelusa en el hocico".

Risas.

Pues anda que no se nota.

Menuda diferencia.

En el tamaño de los dientes mismo.

Y como le dijimos todos: "¿Y el rabo qué?"

Dice: "No, creí que era una trenza".

Risas.

Ahora les voy a cantar una canción que es,

como si dijésemos, el himno de mi pueblo.

Dice...

Que si te veo de bajar por la cuesta la Verilla,

que te meto un terronazo que te destrozo las costillas.

Y dice el estribillo, que es muy fino, dice:

Y por "bujero" te se ve la...

sesera.

Bueno, todos no son bestias, ¿eh? Porque hay uno...

Damián, el de la cantina, que yo diría que ese es

medio parapsicólogo.

Uno día entró uno en la cantina.

Dijo: "¿Me da una copa de coñac?" Hizo así el Damián,

le sirvió la copa. Le miró y le dijo: "Usted es bombero".

Y dijo el otro: "¿Cómo lo sabe?"

"El tono de la voz...

Esa forma tan especial de pedir el coñac...

El modo de apoyarse en el mostrador...

El casco, las botas, la manguera...".

Teléfono.

¿Sí? Aquí la bombería. Sí. ¿Quién es? ¿Quién?

Sí. ¿Y qué es lo que quiere?

Sí.

¿Usted qué nota, como... como olor a chamusquina?

Y humo, mucho humo, ¿no?

Sí, eso va a ser un incendio. Sí.

Sí. ¿Y dónde es?

Sí.

Bueno, para no andar perdiendo tiempo,

¿qué autobús tengo que coger?

Ah. Ah, sí.

Ese que hay una zapatería en la esquina.

Que la dueña se llama Isabel.

Pues no le he apagado yo fuegos a esa.

¿Y qué sabe usted de ella?

Porque tuvo un lío con la cuñada.

La... Ah, sí.

El incendio. Vamos a ver.

Esto... Yo es que ahora tengo...

¿A usted qué día le viene cómodo?

¿El martes? ¿Pero a qué hora?

Es que antes de las 11 no podemos nosotros.

Es que estamos de trabajo, que ni le cuento.

Bueno, si acaso usted tiene que salir,

déjele la llave a la portera

y cuando vayamos nosotros, que nos dé la llave.

Eso es. Y ahora, una cosa.

Hasta que lleguemos, usted, cada media hora,

eche un jarrito de agua.

Agua fría.

Eso es. Y...

Sí, si se prende mucho, pues... cubos.

O sea, ya va a ser cubos.

No, no se preocupe, que vamos.

Sí, quédese tranquila.

Bueno, adiós.

¡Oh! Vaya día.

Y las cosas que me pasan a mí...

Y yo tampoco, pero como me pagan, cumplo.

Usted diga: Rosa 1 llamando a Tortuga 2.

Adiós, adiós.

Sí. ¿Qué quería?

Me voy a casar con doña Rosita.

Peinarme con la raya en medio.

Conocí a una niña de 15 años, bella flor.

¿Es el Pentágono? Con el coronel Watson.

Tenemos un follón con la guerra, que no nos aclaramos.

Y todo lo tengo que hacer yo.

Lo malo es que tengo un teniente bizco,

que me da una vida...

Dice: "Yo, donde pongo el ojo, pongo la bala".

Y yo todo el día pendiente a ver dónde pone el ojo.

Y cuál. Porque si pusiera

los dos para el mismo lado...

Pero como los cruza, te vuelve loco.

Es lo malo que tiene la guerra, que tienen un peligro... ¡Oh!

Ahora, también tiene sus ventajas,

porque te hinchas a matar y la policía... Nada.

Yo un día maté a cuarenta y tantos, pasó la policía y dije:

"He sido yo. ¿Qué?

¿Pasa algo?" Y dijeron: "No, perdone".

O sea, que... Y dejo el tanque aparcado

en doble fila y a ver si la grúa se lo lleva. Anda.

Le meto un cañonazo en la gorra, que...

Y tengo hasta medallas. Bueno, esta me la dio un cura.

Le dije: "Padre, deme un medallita".

Y me la dio. Es de San Antonio.

Y está dedicada por detrás.

Dice: "A Gila, con un abrazo de su amigo San Antonio".

Y no será porque no me la merezco, porque mato yo... Me cago...

No es por chulearme, pero cómo mato.

Un día en un combate la pegué un tiro a uno...

Dice: "Que me has dado". Digo: "Pues no seas enemigo".

¿Qué quieres, que te dé un beso en la boca?

Dice: "Es que me has hecho un agujero".

"Pues ponte un corcho".

"Vete a por la cantimplora". Digo: "Muérete ya.

¿No ves que estoy avanzando?"

Que viene el coronel y me ve hablando con el enemigo...

Pues tengo un coronel que tiene una mala leche que...

Ahora, también tiene buenos sentimientos.

Porque a veces estamos en pleno combate

y cruza una anciana y dice: "Alto el fuego".

A mí, personalmente, el violín no es un instrumento

que me atraiga mucho. Pero en mi familia

han sido todos muy tocones y yo quiero seguir igual

Un hermano de mi padre murió por el violín.

Ya tuvo un conato de muerte en el año 58.

Estaba tocando "La danza del fuego" y se le quemaron las cejas.

Y si no nos damos prisa con un sifón, se nos quema.

Y otro día estábamos en una reunión y dijo su madre:

"Toca algo, José Ramón".

Lo que son las madres, ¿no?

Por cierto, que había una gorda allí que armó un escándalo...

Empezó: "A mí que no me toque, que lo rompo la cara,

porque yo soy muy decente y muy limpia

y lo del sargento fue un accidente".

El accidente se llama Carlitos. Está así.

La cuestión es que mi tío tocó el "Vals de las olas",

acababa de comer y se le cortó la digestión y murió.

Yo interpreto música moderna.

En primer lugar, voy a tocar una balada "bit"

que es el último grito en Estados Unidos.

No está hecho ni el disco, con eso digo todo.

Está hecho el agujero, pero falta lo de alrededor.

El título de la balada es el siguiente:

"Deja que el autobús de las 8:45 pase por casa de James,

a ver si están Johnny y Patsy con los niños en el carril,

para después hacer picnic con los Williamson".

Este es el título en español.

La traducción al americano es "Jet work".

Es que con los idiomas pasa como con las monedas.

Al cambio, se reducen.

Y ahora, presten atención, porque esto sí que es...

Me entran hasta nervios de la...

Anda.

Como me la haya dejado donde he estado almorzando...

Es un restaurante que todo lo que se queda encima de la mesa,

lo pican para hacer albóndigas.

Voy a llamar a mi casa, a ver si me lo he dejado allí.

Eso de la memoria es una cosa de familia.

Oye, ¿yo no me habré dejado un violín encima de tu cama?

Sí, mi vida. Sí, tesoro.

Sí, reina. Sí, amor mío. Sí, mi corazón.

Sí, cielo.

Es la criada.

Risas.

Pues un violín. Una cosa larga, de madera,

con pelos.

Eso es una brocha, imbécil.

¿Y no está mi tía Rosario? Que se ponga.

Mi tía Rosario es una solterona.

Cuando nació, le dijeron al padre: "Ha tenido usted una soltera".

Cómo la veía.

Y las ganas que tiene de casarse. A todas las bodas va.

Se sienta atrás y cuando dice el cura:

"¿Quieres por esposo a este?"

Dice ella: "Si no lo quiere, para mí".

La llamamos la Espontánea.

Se pasa en la vida en la puerta de la iglesia:

"Quiero una oportunidad. Una oportunidad".

Tía Rosario, ¿yo no habré dejado un violín encima de tu cama?

Sí, a ver si lo encuentras.

¿Qué va a encontrar? No ha encontrado novio,

Risas. ¿va a encontrar un violín?

Y la han operado de la cirugía estética.

Le han hecho una chapuza...

Se quería quitar 15 años. Luego no tenía dinero.

Le han quitado 15 días.

O sea, hoy es sábado. Tiene la cara del domingo pasado.

Sí. ¿Y no lo tendrá la abuela?

Que se ponga la abuela.

Mi abuela es otra solterona... ¡Je, je!

Risas.

Y sorda.

Pero sorda, ¿eh?

Cuando la guerra, cayó una bomba en casa,

salió de los escombros y dijo: "No deis portazos".

Y el día que explotó el butano, salió con una copa.

"Champán, champán".

Aplausos. Es la..

Ya está aquí. Abuela, ¿tú has visto mi violín?

¿Que si has visto el violín?

El violín. ¿Que si has visto el violín?

"Que le llaman de Berlín", dice. ¡Abuela!

¡Abuela! ¡Abuela!

Abue... Nada.

Dice: "No soy Adela". Y ha colgado.

Cómo he encontrado de cambiada la juventud.

Qué distinta es la juventud de ahora

a la juventud de mi época.

Los jóvenes de ahora los encuentro yo como...

como muy frescos, muy bien, muy sonrientes,

con pelo.

Y los jóvenes de mi época están sin dientes,

calvos todos.

Claro, es porque como tienen 70 años,

se les han ido cayendo las cosas.

He encontrado a amigos míos que tienen los dientes como perlas.

Escasos.

(HABLA DE FORMA ININTELIGIBLE)

Cocodrilo Amarillo llamando a Cacatúa Verde.

Dime si me escuchas, Cacatúa.

(HABLA DE FORMA ININTELIGIBLE)

Este libro está en extranjero.

-Pero qué burro. Si lo tienes del revés.

-A lo mejor es que estoy mal sentado.

Tendría que estar sentado en el otro lado.

-La leche sale...

-Espere, espere.

-La leche...

-La madre... -Sale...

¿Pero qué te pasa ahora?

-Que se me ha caído la ele de la leche y...

-Pero si la tienes aquí.

-Ah, verdad, que está aquí. Pues me he pegado un susto que...

La...

-Leche sale... -Sale...

-De la vaca.

-No me diga.

Pues fíjate, ahora me entero yo

que la leche sale de la vaca. Anda.

Nunca es tarde para aprender. Mira tú.

-Tú. ¿Cómo se llamaba el padre de Alfonso XIII?

-Alfonso XII.

-¿Cuál es la capital de Francia? -París.

-Dos respuestas acertadas a 75 pesetas:

150 pesetas.

Ya está. -¿Qué es eso?

-Una mesita de un bar. -Muy bien.

-Y ahora, hago así...

Una bombilla. -Ah, muy bonito.

-Y hago así...

Y la bombilla con una tulipa.

-Muy bien. Sigue. -Y hago así...

-¿Y eso qué es, un jarrón? -No.

Mi hermana lavándose los pies en una palangana.

Aplausos.

Tengo un novio que se llama Nicolás.

(TARAREA) Y es peluquero.

Te corta el pelo por delante y por detrás

con un compás.

Y un lapicero.

Yo tengo un novio que se llama Nicolás.

Hay un problema peor: el de la vivienda.

Que no es como cuando yo era pequeño,

que pagábamos al mes... no sé, una porquería

el mes que pagábamos.

Y que, además, es peluquero.

Y qué casa teníamos.

Nos poníamos nosotros en el comedor.

Se iba mi madre a la cocina y empezábamos: "Madre".

Tengo un novio que... Nicolás.

Ay... Es que estaba cantando

la de "Nicolás".

¿Cómo estás, Rafael? Bien.

Que ya tengo piso.

Sí, ya me he animado y me he comprado un piso.

¡Madreeeee!

Pues está muy bien, ¿sabes?

No es céntrico, pero tienes el metro,

que te deja en la parada del taxi

y luego el taxi, que te lleva hasta la estación

y ahí hay un tren.

Te dicen: "Vivo en las afueras".

Vives en Logroño. ¿Qué vas a vivir en las afueras?

No, el tren va a Irún, pero tirándote en marcha,

te deja en la puerta.

¡Madreeeee!

Y al rato escuchaba abajo: "¿Qué?"

Y decía mi padre: "Tráete la sopa".

Y se oía en el pasillo: "Opa, opa, opa".

Pues mira, está... Está muy bien, ¿sabes?

Tiene un recibidor,

que si la visita es chupada, te entra.

Salíamos todos a esperarla al pasillo.

"¡Eh, aquí, madre! ¡Eh, aquí! ¡Eh!"

Como si viniera del Canadá.

Llegaba mi madre y decía: "Tú estás más delgado.

Tú has crecido. ¿Este quién es?".

Ahora pagamos 40 veces más

y nos limpiamos los dientes de canto. Así.

Porque ni cabemos en el baño.

Baño. Es un aseo moderno.

Sí, que te tienes que bañar sentado.

O sea, que no te puedes enjabonar las corvas.

Me acuerdo cuando yo era pequeño. Qué distinto.

Ahora llegas al cuarto de baño, llamas. "Está ocupado".

Y te quedas con una cosa.

Dices: "¿Cómo puede ser que mi hermana,

que es de mi familia?" "Está ocupado". ¿Pero cómo...?

Y te entra como una flojera y una...

Como descorazonamiento. No sé.

Porque yo, cuando era pequeño, llegaba: Tan, tan.

Y decían: "Pasa". Y decías: "Córrete a un lado".

Te corrías a un lado. "Dame la página de deportes".

Y leías. Había una conversación.

El último tiraba de la cadena. Era otra cosa.

Era como que la familia estaba más unida.

El baño. Igual. Ahora cada uno se baña

cuando le parece.

Cuando yo era pequeño, todos juntos, el sábado.

Lo que era la bañera en mi casa.

Mi padre, mi madre, mi hermana, el cartero, yo.

Todos ahí. Joder.

Y cómo lo pasábamos de bien, sobre todo el cartero. Joder.

Y cómo buceaba. Le decía a mi hermana:

"Abre las piernas, que paso por debajo".

Y salía y decíamos: "Se ha ahogado".

Porque aguantaba debajo... ¡Jo!

Está muy bien. Ya te digo. Está muy bien.

Y las condiciones... Ni te cuento.

Golpes.

Espera. Es una bolera que hay arriba.

Sí.

O sea, que el día que no tenga sueño,

me subo arriba y me juego a los bolos.

Trompeta.

El de la trompeta. ¡Eh!

¿Se puede callar un momento? Estoy hablando con un amigo.

Espera. ¿Se puede callar un momento?

Trompeta. Pero...

Es un trompeta, que vive aquí al lado, ¿sabes?

Tren. Espera un momento,

que pasa un tren. Espera un poco, que pasa un tren.

Que no te oigo, que pasa el tren. Bajo la persiana.

Vaya trenes.

Aquellos trenes con los asientos, con las maderas a lo largo.

Una sí y otra no.

Llegabas de viaje al hotel y decían:

"¿Le plancho algo?" "Pláncheme este".

Con un señor que se te dormía encima del hombro

en Miranda de Ebro

y le llevabas 500 kilómetros durmiendo.

Y cuando hacías así, decía:

"Me estaba quedando traspuesto".

Y había uno que conocía las estaciones,

que cada vez que por las noches te quedabas dormido,

te metía un codazo y decía: "¡Butillos!

¡Vaya rosquilla que hay aquí, vaya!

Hay unas rosquillas aquí en Butillos...".

Te volvías a dormir...

"¡La Aldaba! Vaya leche que hay aquí.

Vaya leche que hay aquí en La Aldaba.

De la vaca, directamente al tren. Vaya leches".

Te volvías a dormir: "¡Alcalá!

Vaya almendras que hay aquí en Alcalá".

Unos codazos en el hígado...

Es distinto ahora. Los trenes, qué distinto.

El Talgo. Qué tren. Cómodo.

Tu reserva.

Bueno, es cómodo hasta que vas

al coche-restaurante y pides un café con leche

con una ensaimada.

Para meter la ensaimada en el café con leche...

Como no vaya un guardia civil y digas: "¡A ese, a ese!"

Y te coja el café... ¿Qué vas a meter la ensaimada?

Yo cuando voy de Madrid a Barcelona,

si quiero merendar en Zaragoza,

empiezo a tomar puntería en Alcalá de Henares.

Para cogerle el tranquillo a la taza.

Cómo se mueve.

Teléfono.

¿Quién? Sí. ¿Quién es? ¿Quién es?

Sí, soy yo. Dime, dime, dime.

¡Hombre!

Qué alegría. Cuánto me alegro.

Hombre, me alegro mucho. Felicidades.

Bueno, me alegro mucho. Adiós. Adiós.

Es un amigo mío que acaba de tener un hijo.

La cara que va a poner la mujer cuando se entere.

Hola, mamá. ¿Cómo estás? Bien.

Bien. ¿Cómo estás tú? ¿Bien?

Bueno, ¿qué te ha dicho el médico?

O sea, que no es nada, ¿no?

Bueno, está bien. Me alegro mucho.

Bueno, mamá. Sí.

Pues el niño, aquí está. Aquí está. Muy rico.

Sí, aquí está. Espera, que te va a saludar.

Espera. Dile hola a la abuelita.

Dile a la abuelita hola. Dile: Hola.

Dile hola a la abuelita.

Dile: Hola, abuela.

Dile hola a la abuela.

Dile hola, idiota. Dile hola a la abuela.

A la abuelita, dile: Hola.

Dile hola a la abuelita, imbécil. Dile hola.

No quiere, mamá.

Di: Hola. Te voy a dar un telefonazo...

Hola. Hola.

No quiere. No quiere. No quiere.

Bueno, adiós, mamá.

Y luego el niño todo el día: "¡Hola! ¡Hola!"

"¡Hola! ¡Hola!"

"¡Hola! ¡Hola! ¡Hola!" "¡Hola! ¡Hola!"

¡Bum!

El teléfono suena, suena, suena, suena.

El teléfono.

Qué aparato útil este. Fíjense ustedes

si este aparato es útil, que hace unos días en mi casa

estaba leyendo yo un diccionario de sinónimos.

Habían tres palabras que, según el diccionario,

querían decir lo mismo. Que eran:

molestar, irritar y cabrear.

Y dije yo: No es lo mismo.

Molestar sería si yo marco un número cualquiera, a bulto.

El primero que se me ocurra.

Y me pienso, también a bulto, un nombre cualquiera.

Y digo...

¿Está Basilio?

Perdone, ¿eh? Perdone. Perdone.

Esto sería molestar.

Pero si a las 11 de la noche marco el mismo número

y digo...

¿Está Basilio?

Perdone, ¿eh? Perdone. Perdone.

Esto ya sería irritar.

Pero, claro, si a las 4 y media de la mañana

marco el mismo número

y digo:

Soy Basilio. ¿Ha preguntado alguien por mí?

Aplausos.

Esto sería cabrear.

Muchas gracias.

Aplausos.

De todas maneras, les digo la verdad.

Estoy contento con lo que hago, porque me da la oportunidad,

aunque nada más sea así, muy de vez en cuando,

de estar con ustedes. Muchas gracias

y hasta otro sábado, que estaré aquí.

Aplausos.

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Cómo nos reímos - Gila

17 mar 2019

Miguel Gila es quizás, el cómico más querido...maestro de maestros...Repasamos la carrera de Gila desde las primeras imágenes que aparecen en el NODO hasta los últimos años.

Histórico de emisiones:
22/12/2012

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