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Transcripción completa

-Estamos aquí las dos.

-Me alegro de tu emotivo reencuentro,

pero olvídate de ella.

Pilar vino con nosotras desde Valencia hasta Leningrado.

¿Qué fue de Pilar?

No sé. Supongo que la destinaron a otras misiones.

-No te preocupes por tu hermano. No le diré nada.

Tampoco me interpondré entre él y Asunción.

-¿Estás bien? Estás un poco pálido.

-Perfectamente, Juan.

-Eso es que estás cansado. Tienes que cuidarte más.

-Deja de preocuparte por mí y cumple tu palabra.

Ahora son jóvenes

y creen que están enamorados, pero eso durará poco.

En breve verán que no tienen nada que ver el uno con el otro.

Tienes toda la razón. Solo hay que darle tiempo al tiempo.

No me gustaría tener que acostumbrarme a tomar

pastillas para dormir.

Bueno, pero solo para cuando sea necesario.

No me extrañaría que te esperaran más emociones fuertes.

-No voy a oponerme a que Gloria esté incluida

en el testamento,

pero en caso de conflicto o necesidad, necesito saber

que mis hijos estarán por delante.

No te preocupes de eso.

Nunca te he contado una cosa, pero yo creo

que cuando papá te vio, la primera vez que te vio,

se enamoró de ti para siempre.

Y por eso,

cuando se quiere tanto a alguien da tanto miedo que le pase algo.

-¿No tenemos que pasar por un matrimonio normal?

-Haz lo que de dé la gana, pero déjame dormir.

-Los dos necesitamos descansar.

Nos esperan unos días largos hasta cumplir nuestra misión.

No sabemos cuándo vamos a poder ejecutar a Juan Carreño.

Bueno, lo que es a Gloria, la adora.

Y a mí me quiso mucho en su día, pero...

No nos dejaron vivir ese amor, Benita.

No podíamos enfrentarnos a las convicciones sociales.

-Sabes que yo puedo levantarte ese ánimo.

Ahora no.

No.

Qué tonta soy.

Qué tonta.

Todo sigue igual.

Despertar abrazada a la ironía

de ocultar

la razón de cada día

para amar en tiempos revueltos.

Asumir la alegría y el lamento

y descubrir

sorprendida mi tormento y mi dolor

con tu amor envuelto.

No es sencillo

avanzar olvidando lo vivido

cuando tanto se ha dado por perdido

y el camino es volver a comenzar.

Le canto al viento

por todo el que venció su desaliento.

Le canto al mar

por todo aquel que tuvo que olvidar

para empezar.

Música de jazz

-Buenos días, Ubaldo. Buenos días, Manolita.

Qué pronto abres la tienda hoy.

No, vengo a recoger unos papeles.

Fui al médico a buscar una receta para Irene

y me has pillado de camino. ¿Está enferma?

No, unas pastillas para dormir que se toma cuando se altera.

Pero, entonces, le ocurre algo.

Anoche se preocupó, nada grave.

Ah, bueno, me alegro.

Y a ti, ¿qué te pasa? Tú tampoco tienes buena cara.

¿A mí? No, nada.

Bueno, una lesión que me hice jugando al fútbol de joven

y el médico me ha mandado hacer una pruebas porque se me resiente

con los cambios de tiempo. Eso pasa con los cambios de tiempo.

Tiene gracia, fui a buscar una receta para Irene

y ha terminado mirándome a mí. Con los médicos nunca se sabe.

No serás el primero que entra por una cosa y sales otra.

Los médicos cuanto más lejos mejor. Yo siempre lo digo también.

¿Sabes qué decían en mi pueblo?

Del cura lo que diga, del médico lo que haga

y del boticario ni lo que diga ni lo que haga.

Pues, eso.

Yo me voy al mercado que, si no, no me dan el pescado bueno.

Bueno, Manolita. Adiós. Adiós.

Por cierto, Ubaldo, dale recuerdos a Irene de mi parte.

De tu parte se los daré. Adiós.

-Vaya. ¿Y qué haces tú aquí? ¿Esperas a alguien?

-Sí, a una chica.

Una chica muy guapa, simpática, inteligente.

Un poquito patosa, pero con una sonrisa preciosa.

Bueno, no sé. Parece que no va a venir.

-¡Qué bobo eres! -Venga, te acompaño al trabajo.

-Te lo agradezco, pero no sé si va a ser buena idea.

-¿Por qué? -Porque el otro día

cuando estuviste después, se estuvieron burlando de mí.

-¿Tan feo les parezco? -Claro que no.

Al contrario. Me tienen envidia, por eso me hacen rabiar.

-Bueno, no les hagas caso.

-Ya, ya lo sé, pero lo paso mal.

-Entonces, ¿no voy a poder acompañarte nunca?

-Bueno, no, claro que no, pero dame un poco de tiempo.

Déjame que les vaya dejando caer tu nombre

y así cuando nos vean no se sorprenden tanto.

-Está bien, como quieras.

Mientras tanto, ¿qué hacemos?

No sé, ¿tengo que verte solo cuando entras o salgas del portal?

-No, no, Jaime. Déjame hablar con ellas,

seguro que mañana puedes acompañarme.

-En fin...

-¿Te has enfadado? -No, claro que no.

-¿De verdad? -Que no, Asunción.

-Mañana te dejo que me acompañes, te lo prometo.

-Se alquila piso, interesados...

-Marcelino, mira lo que dice el periódico.

"El Sr. John Davis, un destacado político de EUA,

ha sido destinado a la embajada de España

donde se espera que su presencia sirva para estrechar

los ancestrales lazos de amistad existente

entre ambos países".

Me cago en los aguiluchos

de filas prietas, Marcelino. Y fíjate, aún todavía más.

Los americanos van a mandar

"a los más ilustres tiridenes" a vernos. Vivir para ver.

-Padre, baje la voz. -Pero, vamos a ver,

lo que tendría que hacer esta potencia en lugar de hacerle

el caldo gordo al chaparro y a sus batracios

sería darle la espalda. -Baje la voz.

-¿Sabe? Que tiene toda la razón.

Ahora resulta que los americanos, los defensores de la democracia,

le hacen el caldo gordo al Régimen.

-A mí no me entra en el caletre que los aliados se pusieran

de acuerdo para descabezar al mostrenco fascista alemán,

al italiano y al del hijo del Sol naciente y sin embargo,

al nuestro le dan alfalfa para que le brille el pelaje.

-Pero si cada vez tiene más apoyos internacionales.

-Vamos a entrar en la ONU. -Eso, seguro.

-Es el espíritu de la contradicción.

Por un lado, tenemos que ir todos en fila india

como si fuéramos comanches porque no tenemos libertad

para pisar el sembrado y sin embargo, por otra parte,

los de la ONU nos invitan a cenar.

-También se dice que la entrada de España

en organismos internacionales puede ser positiva.

-Sí, sí. Cuanto más le den a la chepa del Chaparro

y sus batracios, mejor para él y peor para nosotros

que estamos en contra. -Puede ser.

Golpe

-Sí, ya va, ya va.

Me voy porque en esto sé cuándo empezar, pero no cuando acabar.

-Está bien,

pero por lo menos un beso de despedida si podré darte, ¿no?

-Que estamos en la calle y nos puede ver alguien.

-Pero si está aquí la pareja de tortolitos.

-Qué graciosa, Chelo. -Me voy que llego tarde.

-Espera, me voy contigo.

¿Tú qué vas a hacer?

-No lo sé como estoy de vacaciones pues...

-Qué suerte tienen algunos. -Pues, sí.

Pero después con los exámenes me toca estudiar.

-Menos mal que luego tienes

otros tres meses de vacaciones de verano para recuperarte.

-Muy aguda.

-Serías una buena abogada. -Ya, pero prefiero ser bailarina.

Anda, vamos que llegamos tarde. Adiós.

Luego te veo. -Adiós.

Hola.

Hombre, Fede. -Pero, bueno, ¡cuánto tiempo!

-Mucho.

Hacía tiempo que no te veía en la facultad.

-Es que estudio todo por apuntes. Estoy ocupado con el grupo

organizando acciones y reuniones, ya sabes.

-Sí, sí. Ya sé. -¿Y tú?

Ya sabes dónde nos reunimos.

-Sí, bueno, yo he estado muy liado últimamente.

-¿Tanto para olvidarte de tus ideales?

-No. Ya te he dicho que he estado ocupado.

-¿Con qué?

-Es... Cosas. Un poco largo de explicar.

-No tengo prisa. ¿Tú haces algo ahora?

-No. Tengo el día bastante libre.

-Pues no se hable más. Pelayo, le dejo aquí el dinero.

-Buenas.

Toma, cariño. Gracias.

Has sido muy amable levantándote tan pronto

para ir al médico a pedir la receta.

Nada. Sabes que me gusta andar muy de mañana.

De todas maneras, has tardado mucho, ¿no?

Sí, es que había mucha gente

y han tardado en atenderme.

¿Tan pronto y ya llena de gente? Sí.

¡Qué barbaridad!

También me he encontrado con Manolita

que me ha mandado saludos para ti.

¿Sabes qué? He estado pensando que no voy a tomar nada de esto.

He decidido que voy a enfrentar el día con coraje

y me voy a olvidar de todo lo que pasó.

Me parece muy bien. Sabes que soy de los que piensan

que debemos enfrentarnos a lo que nos inquieta.

Por lo menos, lo voy a intentar.

-Bueno, ahora entre tú y yo,

¿no será que te has echado novia

y por eso andas tan ocupado? -¿Quién, yo?

-Hombre, no falla.

Cuando un amigo desaparece de esa forma

es que una mujer le ha robado el corazón.

-¿Qué dices? Yo no soy de esos.

-(RÍE) ¿Seguro? -Claro.

Es que mi hermana cayó enferma

y he tenido que estar ayudando en casa.

-¿Y qué le pasa? -Pues, Fede,

tiene la poliomielitis.

-Vaya por Dios. Lo siento mucho, Jaime.

-No, no te preocupes. Ella lo lleva bastante bien

y mi padre está buscando unos tratamientos en otros países.

-Espero que se recupere.

Le tengo mucho aprecio a tu hermana.

Es una chica encantadora y tiene muchas ganas de vivir.

-Sí, ya lo sé y la enfermedad apenas la ha cambiado.

Hay momentos difíciles y sufre muchos dolores, pero... (SUSPIRA)

Mi hermana siempre ha encontrado el momento para rehacerse.

-Celebro que así sea. -Yo, también.

¡Ay! Y en cuanto a lo que me has dicho antes

si he olvidado mis ideales, te diré que no.

Y he encontrado tiempo para ayudar en la fábrica de mi padre.

-¿Ah, sí? -Sí.

Les hice tomar conciencia de sus derechos.

Pero salió mal.

Mi padre sorprendió mis movimientos y...

-¿Quién dijo que la lucha fuera fácil?

-No lo es. Ya lo sé. Pero fue un golpe duro, Fede.

-Tú intenta que no te afecte.

Estos contratiempos deben reforzar nuestro compromiso

y para luchar con más ímpetu.

-No, si no te digo que no vuelva a intentarlo.

Es solo que las cosas en mi casa no están muy bien, Fede.

Con lo de mi hermana y el disgusto que le di a mi padre...

No sé, prefiero dejar lo de la fábrica durante un tiempo.

-Ya, lo entiendo.

Vamos a hablar a un sitio más tranquilo.

-Está bien.

Música de tensión

Además, me he dado cuenta de que me pasa algo extraño

con lo que sucedió ayer, ¿sabes?

El encuentro con Pilar fue tan fugaz, tan breve que...

Que es como si fuera un sueño. Siento como si no hubiera pasado.

Menos mal que sé que la vi y hablé con ella si no pensaría que...

Que es una mala pasada de mi imaginación.

No, no. Estaba allí. Yo también la vi.

Apareció y desapareció tan enigmáticamente que...

Tengo la impresión de que la volveremos a ver pronto.

¿Tú crees? Sí.

No sé por qué, perome parece que sí.

-¿Qué tal con los del grupo? ¿Hay novedades?

-¿Novedades? Aquello es un hervidero, Jaime.

Discutimos más que nunca.

Mira, sobre todo, se están creando dos facciones

con puntos de vista opuestos sobre la entrada de España en la ONU.

¿Te has enterado? -Sí, algo sé.

-Pues, resulta que hay algunos que piensan

que el hecho de que España participe en la vida internacional

es buena noticia porque nos dará más libertades.

Creen que hay que seguir esa línea de acción.

-Bueno, es una posibilidad.

-Sí, claro. Pero están los que piensan al contrario,

que que España entre en la ONU, igual que pasó con la UNESCO,

es una palmadita en la espalda al Régimen de Franco.

Es como si Occidente dijese:

"muy bien. Lo estás haciendo muy bien. Sigue así".

Creen que hay que ser más provocadores que antes.

¿Y tú?

¿De qué lado estás tú? -¿Yo?

Bueno, ahora, descansa.

Me gustaría ayudarte en la tienda. Sí, cuando estés mejor.

Ahora, me voy para allá y si quieres, te pasas.

Está bien, pero...

En cuanto me despierte, voy a ayudarte.

No me gusta la sensación de estar enferma.

Tú no estás enferma, Irene. Gracias.

Lo dices de una manera que solo con oírte

ya me encuentro mucho mejor.

No sé qué haría sin ti.

Te valdrías perfectamente sin mí.

Yo no soy tan necesario. No digas eso.

Me voy.

Está bien.

Pero no trabajes demasiado.

-A ver, compadre. Un vinito y tapita de chorizo de Salamanca.

Otro vinito y una tapita de farinato de Ciudad Rodrigo.

¿Se puede saber lo que estás haciendo, Marcelino?

-¡Ah! Poner el cartel de "Se alquila piso".

-¿Qué piso? -¿Cómo que qué piso? El nuestro.

-Pero si todavía falta mucho para que nos lo den, hombre.

-¿Para que nos den el nuevo? -Sí, claro.

-Pero es para ir viendo cómo está la demanda ya.

-Tú quieres que cuando la gente venga a preguntar aquí

si alquilamos el piso, le decimos que no

porque estamos esperando a ver si hay demanda.

-No, no, no. Le diremos que ya lo hemos alquilado

o que nos lo estamos pensando, que estamos en un mar de dudas...

-¿No ves que eso es tocarles los colindones?

¿A ti te gustaría que te hicieran esa faena?

-Bueno, vaya Ud. a saber si no me la han hecho ya.

-Pero, Marcelino, con esa manera de hacer las cosas

lo único que conseguirás es cabrear al personal.

-¿Qué quiere que le diga, padre? Es que Ud. no sabe de economía.

Yo sí y esta es la única manera de ver si hay mucha demanda

y entonces, podemos poner un precio más alto

o nos tenemos que contentar con un precio más bajo.

-¿Sabes qué pasará cuando venga la gente a alquilar

el piso y le digas que no y luego que sí?

Que va a venir Pedro y el lobo.

-Bueno, tonterías. -Sí, que viene el lobo,

que viene el lobo. -Esas son tonterías.

-Que de tonterías nada. -Padre, si vienen así

pues, se lo alquilamos.

-Pero ¿cómo se lo vamos a alquilar,

si no nos han dado el piso nuevo?

-Nos lo van a dar. Está a puntito de llegar.

Si es que ya lo estoy viendo delante de mí el piso nuevo, hombre.

-Pero qué mamerto estás hecho, Marcelino.

-Vaya, me extraña que estés en esa posición.

Tú siempre has sido muy beligerante. -Ya, lo sigo siendo,

pero si yo pienso que hay que ser más combativos que nunca.

Pero soy un hombre posibilista, prefiero luchar en algo

que pueda funcionar que no perder mis materias estériles

y sinceramente, Jaime, a España le vendría de maravilla

participar de la vida internacional.

Mira, yo lo veo como cuando eres pequeño

y tus padres no te dejan

hacer algo hasta que no ven que los padres de los otros niños

sí que se lo dejan hacer.

Pues, yo creo que a España le pasaría algo parecido.

A nadie le gusta estar aislado. Todos queremos

ser aceptados en nuestro grupo.

Eso le pasaría a España con los organismos internacionales.

-Lo que quieres decir es que si España entra en la ONU,

Francia, EUA y los demás países democráticos le dirán:

"dale un poco más de libertad a los españoles".

-Exacto.

-Podría ser. -Pero no todo el mundo piensa así.

Mira Pelayo el de "El Asturiano",

justo antes de venir tú me decía lo contrario.

Que cuanto mejor le vaya a España en el extranjero, peor nos irá

a los que queremos cambio y chico,

pues, puede que tenga razón.

-¿Se ha fijado Ud. lo que estaba haciendo el memecio de mi hijo?

¿Sabe lo que va a pasar cuando nosotros, realmente,

queramos alquilar el piso y vayamos a buscar a esa gente

que antes estaba interesada en el alquiler?

Que nos van a decir que tres tiroriros,

que nos metamos el alquiler, el piso y el cachondeo

por donde se empiezan a hacer lo cerillos.

¿Qué le parece a Ud.?

¿Basilio?

Que puede Ud. hablar, hombre. Si nadie nos mira.

-Por cierto, padre. Que voy a llevar el "pickup".

Sí, sí. Vete, vete.

Basilio, si puede Ud. hablar que aquí, nadie se entera.

Con confianza, hombre.

Está bien.

Que si no quiere Ud. hablar no pasa nada, no hable.

Tranquilo, siga bebiendo su vinito.

-¡Por cierto! ¿Sabes lo que escuché decir el otro día

a un compañero en la facultad? -¿El qué?

-Venía de hablar con uno de los catedráticos

que habían sido expulsados después de aquellas represalias,

-Claro, me acuerdo.

Fue una sorpresa que el ministro restituyese algunos.

-Así es, pero si lo piensas,

era algo previsible. Ruiz-Giménez dijo que no quería

que nada valioso en nuestra España se perdiese

y desde entonces, han estado haciendo reuniones

para que profesores de distintas opiniones políticas

puedan formar parte de la facultad.

-Eso dicen. -Eso dicen y...

Yo me lo creo, Fede. Pues, bien, ¿sabes lo que dijo ese chico?

Que se alegraba de tener a los mejores profesores,

pero lo único que de verdad le importaba

era aprender una carrera, nada más.

No entendía el sentido de hablar de bandos, rojos, nacionales y...

No sé, al principio no sabía si calificarle de cobarde,

de ingenuo o de pobre infeliz.

Después pensé que podía tener razón

y que aunque la Guerra Civil haya sido nuestra,

forme parte de nuestro pasado y nos haya marcado para siempre,

nosotros no tuvimos nada que ver con ella, Fede.

Tendríamos que plantearnos todo de un modo distinto.

-Y tú, ¿cómo lo plantearías? -Pues, no sé, empezando por...

-En Nochebuena pues mis tíos se emborrachan

y luego cantan los villancicos y se reconcilian.

Lo mismo cada año. -¿Has visto?

-Vámonos de aquí.

-¿Ubaldo, Irene?

¿Por qué no abren? A ver si es que están haciendo...

¡Ubaldo! -Marcelino, ven un momento, hijo.

-¿Qué pasa, padre? -Oye,

¿le ocurre algo a Basilio? -Y yo qué sé, ¿por qué?

-No me habla y además, me mira como si fuera un criminal.

-Yo qué sé. Pasan cosas muy raras.

Ubaldo e Irene no abren. No sé si se han ido

o han dejado el cartel de diez minutos.

-Seguro que no has descubierto ni sabes nada.

-Que no. No sé nada. Pero pregúntele a él si no.

Fíjese, va a salir de dudas. Basilio, hable con mi padre.

-Hola, Basilio. Un momento, hombre. Un momento.

Eh, verá, es que me tiene Ud. preocupado.

¿Le ocurre alguna cosa?

Puede hablar perfectamente, apenas hay gente en la plaza.

Si quiere, hablamos en un sitio más tranquilo. Vamos.

Pero ¿qué le pasa, hombre? ¿Por qué me mira así?

Si yo a Ud. le he hecho algo, dígamelo.

Si le he faltado en algo, coméntemelo.

Seguro lo he hecho sin mala intención.

Mire, Basilio. No podemos seguir así.

Ud. y yo somos amigos.

Debemos aclarar esta situación, desenredar este entuerto,

hablar tranquilamente para que me quede más tranquilo.

Me parece bien, vamos.

-Hemos heredado la situación y hemos sido consecuentes con ella,

pero el tiempo ha pasado y hay otras posibilidades,

el ministro es prueba de ello.

-¿Quieres seguir las directrices del Ministro de Educación?

-Sí. Y, ¿sabes por qué? Porque él habla de reconciliación.

Y eso es lo que puede cambiarlo todo.

A ambos... A ambos lados,

nosotros siempre éramos el enemigo a exterminar

y eso es lo que hay que cambiar.

Debemos usar otros términos. Esos términos no son los nuestros.

Debemos empezar a hablar de reconstrucción,

de un futuro sin daños con el pasado, distinto y mejor.

De nuestro futuro, joder.

-Y yo pensaba que estabas recién llegado a la política.

-Sí, menuda retahíla te he soltado. -De retahíla, nada.

Todo lo que has dicho es muy novedoso e interesante

y tienes razón, es un nuevo planteamiento.

Mira, ¿por qué no escribes algo y lo llevamos a la próxima asamblea?

-¿Tú crees que eso les puede interesar?

-Jaime, puede que lo que hayas dicho

sea la síntesis de lo que buscamos todos.

-Está bien.

Vamos dentro y lo comentábamos. -No, no puede ser. Escribe.

-Adiós.

Dígame de una vez por todas por qué está así conmigo.

-Déjelo, Pelayo. Es mejor dejarlo así.

-¿Qué hay que dejar así? -No quiero hablar de este asunto.

-¿De qué asunto? Me mira como si fuera un criminal.

Me ha retirado la palabra. Ud. y yo somos amigos,

si le he hecho algo que le haya molestado

Ud. me la comenta, la hablamos, la discutimos

y aquí paz y después, gloria. Vamos a ver, dígame,

¿qué he hecho? -Decir insensateces.

Tonterías que hacen mucho daño. -¿Yo? ¿Cuándo?

-Antes, con ese chico, con el universitario rojillo ese.

-Acabáramos. ¿Se refiere a la conversación que mantuvimos

sobre las libertades de España? -Sí, señor.

¿O es que se cree que no tengo oídos?

-Uno en su casa puede decir lo que le venga en gana.

-Pues no. Hay tonterías que pueden ofender a muchos.

-El que dice la verdad ni peca ni miente.

¿He dicho alguna mentira? ¿A quién ofendo?

-A mí. Me ofende a mí.

He visto muchos hombres morir por defender a España

de los desbarajustes de la República.

Gentes que han dado su vida por tener lo que tenemos.

-Me cago en todo lo que se menea. Vamos a ver.

¿Cree que estamos para tirar cohetes con lo que tenemos?

-Tenemos paz. Tenemos trabajo y orden.

¿Le parece poco? ¿Qué más quiere?

-¿Quiere saber qué yo quiero? Le diré qué quiero.

Hola.

-Hola, Ubaldo. ¿Qué haces estudiando?

Creí que estabas de vacaciones. No y lo estoy.

No es para nada de la facultad. Bueno en realidad, sí.

Es un texto para la próxima semana de estudiantes.

Me está costando bastante, pero merece la pena el esfuerzo.

¿Qué es? ¿Una propuesta? Sí.

Es algo diferente a todo lo que se ha hecho hasta ahora,

pero el momento lo requiere.

He estado hablando con Fede. Es un auténtico líder.

Sí, en algún momento me has comentado sobre él.

Me ha puesto al corriente de lo que se cuece en la facultad

y es increíble. Las cosas están cambiando.

Nos planteábamos un enfrentamiento abierto contra el Régimen,

pero teníamos la certeza de que estábamos solos

y de que había que luchar con uñas y dientes.

Ahora empieza a ser distinto.

El ministro está empezando a hablar de reconciliación

y no son palabras huecas.

Ha aceptado a varios catedráticos que habían sido expulsados.

España está empezando a integrarse

en las organizaciones internacionales.

Primero, fue la UNESCO y lo de la ONU parece inminente.

Sí, eso parece. Y yo lo creo, Ubaldo.

Es hora de explorar nuevos caminos.

Somos otra generación. No tenemos por qué pagar esa deuda.

Los que ahora tenemos 20 años,

dentro de poco estaremos al frente de las empresas, universidades.

Esa es la generación de la esperanza.

Nosotros somos la generación a la que hay que relevar.

(SUSPIRA) Te dejo.

Un coñac, por favor.

-Quiero que haya unas elecciones libres y democráticas

en las que también pueda estar su Generalísimo

para ver qué pasa.

-Pues se volverían a equivocar

porque la gente no sabe escoger lo que más le conviene.

-Esa es la democracia. La gente vota y salen los más votados.

Eso pasó durante la República. La gente votó,

mayoritariamente, la República que fue lo que salió

y también votaron, mayoritariamente, que querían gobierno de izquierdas,

¿o es que ya no se acuerda? -Y se volvieron a equivocar.

Llevaron a España al abismo, al abismo.

Cada uno hacía de su capa un sayo, ¿o no se acuerda?

Había huelgas por todas partes. -Eso no es verdad.

Los partidos políticos debatían sus ideas

para ver cuál de ellas se ponía encima de la mesa.

Pero eso no es motivo para saltarse a la torera

todo un deseo popular, ¿entiende? Y dar un golpe de estado.

-Era necesario, absolutamente necesario.

¿Era necesario pasar a sangre y a fuego

a todos los que no estuvieran de acuerdo con los nacionales?

-¿Y cuántas iglesias quemaron los rojos?

¿Cuántas personas sacaron de su casa para fusilarlos en la calle?

-Menos de la mitad de los que mataron los vuestros.

Vamos a ver, Basilio. Vamos a ver.

Escúcheme.

Nuestra guerra civil fue una barbarie.

Nosotros somos amigos. No podemos seguir por este camino

porque acabaremos en un muladar de estiércol hasta las orejas.

Escúcheme.

Lo único que pretendo decirle es que un hombre y una mujer

son ciudadanos y no súbditos en su propio país.

Por lo tanto, tienen derecho

a poder opinar lo que piensan con libertad.

-De eso, lleva toda la razón.

Cada uno que diga lo que piensa, pero para apoyar lo que tenemos,

para eso porque nadie nos puede quitar la paz

y el trabajo que hemos conseguido. -Sí, señor. Tenemos paz y trabajo,

peor no solo de paz vive el hombre. También vive de libertad.

Y esa no la tenemos.

-¿Libertad?

Me parece Ud. y los que son como Ud.

que quieren dar la vuelta a la tortilla

y de eso nada, de eso nada.

Timbre

-¿No me invitas a entrar? Sí, claro, pasa.

(SUSPIRA)

Hace mucho tiempo, Irene.

(SUSPIRA)

(SUSPIRA)

La última vez que nos vimos fue en Leningrado.

Ahora estamos aquí las dos. En Madrid, sanas y salvas.

¿Quién nos lo iba a decir? ¿Cómo me has encontrado, Pilar?

¿Cuánto hace que sabes que estoy aquí?

En serio, me parece increíble

que nos encontrásemos ayer en la plaza.

Justo apareciste en el mismo momento en que me crucé con...

Música de tensión

En el mismo momento. No fue casualidad, ¿no?

Creo que será mejor que nos sentemos.

Tenemos que hablar de muchas cosas.

Sí, claro.

Estoy tomando un café, ¿quieres uno?

No, gracias.

Tienes razón, Irene. No todo fue casualidad.

Hace tiempo que sigo la pista de ese hombre,

aunque solo le seguía a él.

Encontrarte a ti sí que fue inesperado.

Sí, ayer fue todo inesperado.

Sí,

y me di cuenta del efecto que causó en ti ver a ese hombre.

Al ver tu reacción intenté ayudarte pero salió ese hombre

de la tienda y te metió dentro. Sí, es mi marido.

En aquel momento no quise insistir. Espero que lo entiendas.

Claro, claro.

Pero, dime, ¿por qué lo estabas siguiendo?

Ese hombre, Carreño, es un criminal de guerra,

un bárbaro amoral sin escrúpulos

que pagará por los crímenes que cometió.

El partido al cual todavía sigo ligada

supo de su regreso a España en el Semiramís

y me asignó la misión de localizarle.

Ahora, Irene, dime, ¿de qué conoces a ese hombre?

Es un poco largo de contar.

Creí que ha había conocido el infierno

después de perder a mi madre, pero

eso no fue lo peor que me iba a pasar.

-(SUSPIRA)

Bueno, Ubaldo, yo me marcho. Aquí tienes.

Y yo creo que tú aún eres joven.

Ya estoy cansado, Jaime, muy cansado.

No exageres, Ubaldo.

No exagero lo más mínimo.

Si tú eres viejo, no sabría calificar a mi padre.

(RÍE)

Ah y te equivocas, de relevo, nada.

No te imaginas la de veces que pienso en ti como ejemplo.

Tu sentido del compromiso, tu honestidad,

la brillantez con que defiendes tus ideas, Ubaldo.

Eres un modelo para mí. Muchas gracias.

No, gracias a ti. De verdad.

Gracias. Adiós. (SUSPIRA)

Me marcho. Hasta luego.

Al poco de irte tú,

Leningrado se convirtió en una pesadilla.

Murieron mis primos, como tantos otros niños

y yo me salvé de milagro.

Caí en manos del ejército alemán

y después supe

que la unidad que nos detuvo eran españoles de la División Azul.

En ese momento, estaba tan aterrorizada

que era imposible que me diera cuenta de nada.

Solo oía los gritos, los lamentos y...

gente llorando.

¿Y qué sucedió después?

Entonces apareció ese hombre, Carreño.

Era el oficial al mando.

Ordenó que hicieran una fila con todos los campesinos.

Mujeres, ancianos, niños, estaban todos en la fila.

Y con absoluta indiferencia y frialdad,

Música de tensión empezó a dispararles en la nuca.

Yo oía los disparos y los gritos de la gente y...

las súplicas.

Los disparos no cesaban.

Entonces, sin saber muy bien por qué,

me puse a tararear una canción que me había enseñado mi madre.

Los disparos sonaban cada vez más cerca.

Y yo cantaba.

Hasta que oí un disparo justo a mi lado

y vi a la mujer a mi derecha caer al suelo.

Pero, de repente, Carreño dejó de disparar.

Se acercó a mí.

Se había dado cuenta de que era española.

Entonces, me apartó de la fila y pidió que me llevaran a su tienda.

Y allí estuve esperándole sola a que volviera.

Los disparos seguían sonando fuera

con la misma cadencia.

Yo cerraba los ojos

intentando olvidar todo aquello, pero era imposible,

en mi mente seguía viendo

a todas aquellas personas caer al lado del muro,

una tras otra.

Y entonces, llegó él.

Me violó una y otra vez.

De nada servían mis gritos ni mis intentos por defenderme.

Es más, creo que todavía le excitaban más.

Hasta que perdí el conocimiento. Déjalo ya, Irene.

Ese hombre va pagar por todo lo que te hizo.

Te lo juro.

Te lo juro.

Música de tensión

Cinematógrafo

¿Y no se ha movido?

-No, ha estado en el despacho casi todo el día.

Ha salido un par de veces, a tomar café y a por tabaco.

-¿Y ese con aspecto patibulario con quien se ve tan a menudo?

-Ha venido a última hora. Juraría que es su único amigo por aquí.

Y no me extraña, parecen hechos el uno para el otro.

-Lo que está claro es que... -(CARRASPEA)

-El despacho donde pasa el día es en realidad su domicilio.

-Sí, eso parece. ¿Y tú qué has hecho hoy?

-Lo que estaba previsto. He estado estudiando

la mejor huída para después de la acción.

-¿Nada más?

-¿Nada más? ¿Qué más quieres que haga?

Estudiar las carreteras y las distintas alternativas

me ha llevado todo el día. -Claro. ¿Quieres castañas?

Me he comprado un cucurucho para entrar en calor.

-Gracias.

-Dice que los republicanos queremos darle la vuelta a la tortilla

y que lo que quiero es ser ministro, a mis años.

-Son cosas que se dicen en el fragor de la discusión.

-¡Él no discute! ¿No ves que es un infectado del Régimen?

Él dice que hay que acatar lo que se dice o achantar.

-El hombre tiene sus ideas y las expresa,

pero no significa que no se pueda hablar con él.

-Y dale. Que no se puede hablar que se ha puesto como un berberisco.

¡Si estabas tú delante! Cuando estaba con aquel chaval,

que le decía que me sentaba a cuerno quemado

que esas potencias que van de democráticas apoyaran el Régimen,

estabas tú delante y no he dicho más.

-¿Se quiere tranquilizar, padre? Hombre, que ya sabemos cómo es Ud.

Habla de política, se viene arriba y tenemos un problema.

Y el otro, que es más de derechas... -Sí, sí.

-¡Es más de derechas que el hisopo de un clerigalla castrense!

-¡Suegro, que me va a despertar a las niñas!

Eso ya lo sabíamos, ¿sí o no? -Exactamente.

Por eso yo no pienso compartir ni tálamo, ni cabecero

ni almohadón, ni jergón con semejante individuo.

-Ts. Un momentito. ¿Qué está usted diciendo?

-Que yo no voy a dormir con un feligrés

que es de la cofradía de la CEDA, ¿entiendes?

-Bueno, padre, yo creo que...

que él piensa lo mismo, porque, con las horas que son,

si no ha venido es que no viene. -Claro, suegro...

Llaman a la puerta

-Vaya...

Vaya.

Usted tranquilito, ¿eh?

-Anda. -(SUSPIRA) Venga, padre, entre.

No quería venir ni a tiros, prima. -Ya.

Vamos, que se negaba en banda.

-(LEE) "Compañeros, la lucha debe continuar,

pero siguiendo otros senderos.

La historia está plagada de ejemplos

en que distintos pueblos se han levantado tras una derrota

y han buscado nuevas vías, en América, Europa, Asia..."

Vaya mierda. Pero ¿qué estoy diciendo?

Me voy a poner ahora de países.

Ni que fuera una conferencia geográfica.

(RESOPLA)

-Yo quiero dormir en una pensión.

-Sí, para pagar pensiones estamos nosotros.

-Y todo por una discusión sin importancia.

-Me niego a compartir cama con un rojo insurrecto.

-El que se niega a compartir cama soy yo con un sublevado como Ud.

¡Y yo en mi bar, que sepa, que digo y hago lo que se me pone en los...!

-¡Ya está bien, hombre!

¡No les da vergüenza, con la edad que tienen, dando ese ejemplo!

-Señora, yo doy un ejemplo, pero de integridad.

-Bueno, ¡basta ya! ¡Basta ya!

Que parecen dos niños chicos enfurruñados!

Aquí lo importante es la familia y si por culpa de las ideas

la familia se va a resentir, eh suegro,

tiramos las sillas por la ventana. -Muy bien, prima.

-Ninguna idea, y menos, ninguna idea política,

vale más que una familia unida y bien avenida.

Así que ahora mismo se me acercan los dos aquí,

¡se me acercan los dos aquí! Y se dan la mano.

-Venga, padre. -Vamos.

-Vamos. -Eso, así, voluntariamente.

-La manita. -Venga.

-Ahí. -Ahí, muy bien, ya está.

-¡Oye! -¡Oye!

TODOS: Gritan

AMBAS: ¡Hombre!

¡Y ahora los dos a la cama, sin rechistar! ¡Arreando!

-Míralos. Si es que sería gracioso si no fuera tan patético.

-Anda que... Marce, cariño, ponnos unos aguardientes.

-¿Unos aguardientes o qué queréis?

-No, ya va bien. Venga. Ay, por Dios, ¡qué guerra!

¡Ubaldo!

¿Dónde estabas?

He ido a la tienda y estaba cerrada.

(EBRIO) Estuve mirando, vengo de por ahí.

Quería pensar, necesitaba pensar.

¿Por qué? ¿Qué ha pasado? ¿Qué necesitabas pensar?

Ay, nada, Irene, por favor. ¿No puedo dar un paseo?

Cariño, me has dicho que necesitabas pensar y yo...

Ay, ¡déjame! Estoy cansado.

Haz el favor, cuéntame qué te pasa. ¿Qué ha pasado?

No me pasa nada. Necesito descansar.

Bueno, ahora descansas, pero dime algo.

Ay, Ubaldo, no te acuestes así, mi amor.

Bueno...

¡Irene! Dime.

¡Irene! ¿Qué?

Voy a estar contigo siempre. Ya lo sé, cariño.

Siempre. Ya lo sé, cariño.

Siempre. Siempre. Ya, ya lo sé. Ven aquí.

Siempre. Ya lo sé.

Música traviesa

-¡Me cago en todo!

-Tenemos la razón y eso nos hace fuertes.

No, demasiado beligerante, no es eso.

Todos tenemos una herencia común

que nos pertenece y nos conforma como españoles.

Una herencia llena de sufrimiento, de sangre y de dolor.

Una herencia...

-¿Jaime? -Hola, mamá.

-¿Qué haces que no estás en la cama?

-Ya ves, estudiando un poco.

-Pero, cariño, si estamos de vacaciones.

-Sí, pero sabes que me gusta aprovechar para repasar.

Durante el curso se me amontona todo.

-Bueno, pero no tardes en acostarte.

-Está bien. Tranquila.

Buenas noches. -Buenas noches.

Pasos

-(SUSPIRA)

(PIENSA) "Todos tenemos una herencia común que nos pertenece

y nos conforma como españoles.

Una herencia llena de sufrimiento, de sangre y de dolor.

Pero no es menos cierto que esa herencia

está ahí para enseñarnos que nos condujo a una guerra despiadada.

Somos una nueva generación, dueña de su propio destino,

y tenemos una obligación: construir un nuevo futuro,

el de los vencedores y los vencidos.

No importa a qué lado pertenezcamos.

Escuchemos todas las voces, demos la bienvenida a la discrepancia,

todas las opiniones deben ser tenidas en cuenta.

Las de los catedráticos que fueron expulsados de la universidad,

las de los jóvenes poetas,

las de todos aquellos que aún permanezcan ocultas y escondidas,

que tal vez puedan hablar y decir lo que piensan,

sin represalias, sin rencor, porque todos somos hijos de la misma patria

y todos tenemos una causa común:

impulsar a nuestra nación hacia la libertad".

-¡Ud. no se va a ir a ningún sitio

porque el que se va a marchar soy yo!

-Pues ya puede darse prisa porque tengo mucha necesidad.

Y si no, ¡me meo ahora mismo en el orinal!

-Shh. De eso nada, Ud. no vuelve a mear en mi orinal

porque antes tendría que pasar por encima de mi cadáver.

¿Estas son las ideas que te enseñan en la facultad?

¿En qué asignatura?

Porque mira que me extraña...

¿O prefieres que vaya y hable con el rector y ponga una queja

por lo que le están metiendo a mi hijo en la cabeza?

-¿Han discutido por la mañana también?

-Te digo que esto no ha hecho más que empezar.

-Estos padres son peores que los chiquillos.

-Es verdad... -Ya te digo.

-Pero, Marce, reconoce que tu padre, a veces, también...

-¿Qué estás diciendo, Felisa? Si ha sido él.

¡Vamos a tener la fiesta en paz! A ver si perderemos todos el número.

-¡Hombre, Marce! -¡Tranquilitos, eh!

¡Qué difícil es la convivencia con mi hermana!

-Quiere a la niña solo para ella.

Sí, no la quiere compartir ni un momento.

A veces me pregunto cómo sería la vida sin ella.

Sin este mal humor ni esta tensión constante.

Al principio se controlaba,

pero ahora le da igual si está la niña delante.

-Tampoco entiendo eso de los celos.

-¿Qué pasa, Trino?

¿Me estás diciendo que no has tenido celos en tu vida?

-¿Yo? Jamás. -Ya...

Y, ¿qué hace ella aquí? ¿Ha venido a buscarte?

No, no ha venido a buscarme a mí, nuestro encuentro fue casual.

Ella sigue trabajando para el Partido Comunista

y ha venido a Madrid a hacer un trabajo.

¿Qué clase de trabajo? ¿No tendrá nada que ver contigo?

No.

-Tu escrito es magnífico de principio a fin, Jaime,

en la forma y el contenido. Enhorabuena.

-Gracias, Fede.

-Me ha gustado especialmente

la idea de organizar jornadas en la universidad,

como punto de encuentro entre estudiantes e intelectuales.

-Sí, pero me gustaría no tener que hacerlo a escondidas.

-(MURMURAMALHUMORADO)

Amar en tiempos revueltos - T6 - Capítulo 81

31 dic 2010

Jaime se reencuentra con Fede después de algún tiempo sin verse. Los dos hablan de los cambios que se están produciendo en la universidad, de la nueva corriente conciliadora que parece extenderse por las aulas. Fede pide a Jaime que retome su compromiso político. Irene recibe la visita de Pilar, que le pone al corriente que lleva meses haciendo seguimiento de Juan Carreño. Irene le cuenta lo ocurrido en Rusia desde que se separaron durante el sitio de Leningrado, la muerte de sus primos en el bombardeo, el asesinato de campesinos a manos de ese hombre, cómo la violó y cómo fue a parar finalmente a un campo de concentración alemán. Basilio y Pelayo tienen un rifirrafe por culpa de sus ideas políticas y ninguno parece dispuesto a dar su brazo a torcer. Ubaldo se muestra de repente muy hermético con Irene y con Jaime y vuelve a las andadas al conocer a un joven en el café del teatro.

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