www.rtve.es /pages/rtve-player-app/2.1.0/js
1277021
No recomendado para menores de 12 años Águila Roja - T4 - Capítulo 48 - Águila Roja se reencuentra inesperadamente con un antiguo amor de juventud - Ver ahora reproducir video 01h 19 min
Transcripción completa

(CATALINA) Señora, un caballo, que ha perdido la herradura.

Ineptos.

Me voy, Gonzalo. Por favor, no te vayas.

-¡Amo!

-Le puse explosivos para hacerles volar hasta Viena.

Recuerda: El carruaje del conde Olsen

es el del escudo de la Casa Real austríaca.

-Un monje ha hecho un descubrimiento

que podría hacer caer la religión cristiana

tal y como hasta ahora la conocemos:

El quinto evangelio,

el que escribió Judas, lo que los herejes llaman

"La verdadera Biblia".

Sólo practicaba. -Seguro que está así

porque sabe que perdió a Margarita para siempre.

-¿Sabemos de quién se trata? -Del padre Alejandro.

Cuidado.

(SÁTUR) Al jinete se le cayó un libro.

¿Estás embarazada? -Sí.

Hernán y yo esperamos un hijo.

¡Alonso!

(GRITA)

Un peligroso asesino se fugó del manicomio de San Carlos

cuando era trasladado.

-¿Qué hay ahí fuera?

Es del monasterio de los franciscanos.

-Me alegra este reencuentro,

pero nunca te entregaré la verdadera Biblia.

Haz todo lo que sea necesario, pero salva a mi hijo.

-Cristo Santo, amo, qué masacre.

(AGONIZANDO) -Alejandro lo ha encontrado...

El quinto...

Ya sé por qué se han llevado al padre Alejandro.

(GRITAN ASUSTADAS)

-¡Déjame en paz!

Santificado sea tu nombre...

-Ya ha pasado lo peor. Tranquila, estás a salvo.

(LEE) Van a matar a una inocente, padre.

Yo derramé el agua en el palacio de la marquesa

y el bebé del comisario va a morir. Por eso, vuelvo allí a entregarme.

-Ha sido una grata sorpresa comprobar que la madre anciana

del padre Alejandro vive en un pueblecito de la sierra.

(GRITA) Irene, ¿estás bien?

¡Que traigan a un médico!

¡Soy culpable y no voy a pagarlo! ¿Qué haces tú aquí?

-Ella ha continuado con la mayor de las comodidades;

le he dejado mi carruaje.

-¿Qué pasa, hijo?

-¡Esto es lo que buscáis: El evangelio según Judas!

Guárdalo, tú que tanto te arriesgas para proteger al pueblo,

sabrás cuándo darlo a conocer.

La marquesa está en peligro; su carruaje va a estallar.

(GRITANDO) -¡Amo!

(LLORA CON FUERZA) -¡No! ¡No!

¡Alto! ¡Deteneos!

-¡Cipri! ¡Cipri está debajo

del carro! ¡Fuera!

Si no hubieses cambiado de carruaje,

no hubiese pasado nada.

El conde de Olsen suspendió el matrimonio con la marquesa.

-La señora se queda; es decir, se queda.

-Me voy a vivir a Italia, Margarita;

tú lo necesitarás más que yo.

Amo,

¿me puede explicar adónde vamos con tanto misterio?

Sátur, tenemos que seguir. -Es que estoy deslomado.

Ya estamos llegando. (JADEA)

-¿"Llegando", adónde? (JADEA)

Si aquí no hay nada más que bosque.

(JADEA) Eso,

usted no abra la boca, total...

Aquí está.

Anoche soñé con este lugar.

-¿Un sueño?

¿Nos hemos pegado toda esta caminata por un sueño?

(JADEA)

En el sueño, vi a mi madre de joven;

estaba aquí, con un hombre que parecía noble.

Estaban hablando algo a escondidas.

-¿Y escuchó algo? ¿Le vio la cara?

No, precisamente, en ese momento,

me despertaste.

-Manda huevos, Saturno.

Ruidos de quejidos y golpes.

Sátur, el palo.

-Ni se le ocurra. ¿Adónde va a ir

con la cara descubierta? Da igual. ¡El palo!

Ruidos de quejidos y golpes.

(SE QUEJA DE DOLOR)

¡Eh!

Soltadlo.

¡Ah!

-Amo.

Amo... ¿Eh?

Un chino.

No, si lo que no encontremos nosotros...

Comisario.

No tengo tiempo para esa chusma;

que se ocupe el carcelero.

-Señor, creo que es importante;

se trata del Santo Grial.

(ASUSTADO) -Señor,

yo... Yo no he hecho nada.

¿Y quién ha dicho lo contrario?

Estás colaborando con la justicia; no tienes nada que temer.

Habla.

-Vi a una mujer, bajo el puente que baja a la villa.

¿Eso es todo?

-Era... Era una anciana.

Tranquilo, lo estás haciendo muy bien.

¿Cuándo ocurrió todo eso que dices?

-El día que vino gente del Nuevo Mundo,

hubo una revuelta y la anciana estaba escarbando

en la tierra, debajo del puente y...

Y luego, se fue.

¿Cómo era la anciana?

(ATERRORIZADO) -Vestía como una mendiga.

(LLORA) Le he dicho todo lo que vi...

Lo juro. ¡Se lo juro!

Muy bien, te creo. (SOLLOZA)

Te mereces una recompensa...

Pero con lo que sabes, no puedo dejarte vivo.

Ocúpate de él y encuentra a la anciana.

-Sí, señor.

(SE QUEJA DE DOLOR) -Oh. (HABLA EN CHINO)

-¿Qué dice?

¡Amo! ¡Amo!

¿Sí? -Que se ha despertado el chino.

(HABLA EN CHINO)

-No entiendo nada de nada, ¿qué dice el chino?

-Traduzca un poco, amo, traduzca, que no...

Busca a su hija; se fugó con un comerciante español,

estando prometida con el emperador.

Los hombres que le atacaron quieren ejecutarla

por ofensas al Imperio chino.

-Es que en cuanto una hembra cata a un macho español,

no hay quién la frene. (RÍE)

A mí ya me ha pasado en varios países... (RÍE)

-Gracias por todo.

-¿Es que hablas castellano

o yo entiendo el "chinés"?

¿Conoce el nombre o el paradero del comerciante español?

-Julián Espinosa.

Desconozco el paradero.

Le ayudaré a encontrarla;

y si tenemos alguna noticia,

le dejaremos una nota escondida en el lavadero de piedra.

Sátur, acompáñale.

-Hasta luego.

Dios mío, qué difícil es esto del "chinés",

que no hay cristiano que lo entienda. (RÍE)

Hay que encontrar a esa chica.

-Lo sabía. Lo sabía.

¿Pero qué necesidad tenemos de "abrir mercado"?

¿Qué se nos ha perdido ahora a nosotros

dedicándonos a las ofensas orientales?

Vamos a ver.

Ay, amo.

Irene empeora y está muy débil;

la quina no ha conseguido bajarle la fiebre

y ha perdido mucha sangre.

Vale ya. Puedes ahorrarte esa jerga de médico.

-¿De veras le importa tan poco lo que le ocurra a su esposa?

Lo único que te pedí

fue que salvaras a mi hijo.

Que no, Cipri, que no insistas.

-Por favor, escúchame un momento.

Mírame.

Soy capaz de trabajar de sol a sol, en lo que sea;

estoy sano y fuerte.

Hola, Lourdes. -Hola.

-¿Necesitáis alguien para cargar la fruta?

-No, Cipri; si ni siquiera nos llega para comer.

-Ya. -Yo... Lo siento, Cipri.

De verdad, lo siento. -Lo entiendo.

Tomás. -Hombre, Cipri.

-Necesito trabajar;

dame una tarea, la que sea. Te lo pido por favor.

-No, hombre, no. Lo siento, Cipri, si yo lo que necesito

es un aprendiz, lo siento. -Puedo ser tu aprendiz.

Déjame probar.

-¿Pero qué dices, Cipri? Un aprendiz empieza

a los siete años, no a los 40.

-Dame al menos los barriles que te dejé.

-¿Cómo van a estar esperando los barriles

a que tú vengas a buscarlos? -Me dijiste que no los querías.

-Los vendí, Cipri, lo siento.

-No tengo dinero.

No tengo nada.

¿Algo más para firmar? -Sí, este.

Es un terreno que su esposa quisiera ceder

a la congregación de las Teresitas,

siempre y cuando usted dé su permiso, claro.

(RESPIRA HONDO)

-Bien, pues ya está todo en orden;

si usted quedara viudo, Dios no lo quiera,

recaerá sobre sus manos una inmensa fortuna,

señor comisario.

Acabemos cuanto antes.

-Aún queda algo más.

Es un tema delicado, pero como albacea suyo que soy,

me veo en la obligación de tratarlo en este momento.

¿De qué se trata? -Si a usted le ocurriera algo,

si usted muriera... ¿A quién legamos todo esto?

Puesto que no tiene descendencia, ¿qué haríamos con esta fortuna?

Buenos días. ¿Interrumpo?

No, adelante, ya habíamos acabado.

Alberto querido. -Lucrecia.

Es una pena que siempre nos veamos en situaciones tan críticas.

¿Cómo estás? -Bien, gracias, Lucrecia.

Ya lo arreglaremos. Gracias por todo, Alberto.

-Piense en lo que le he dicho. Lo haré.

Lucrecia. Hernán.

(SORPRENDIDA) Virgen Santa.

"Un castillo", "dos palacios"...

-Y eso es sólo una mínima parte

de lo que poseerá, tarde o temprano.

Cuánto pliego,

¿esa es la herencia de Hernán?

-Si Irene muriera, el comisario se convertiría

en el viudo más interesante de la Corte española.

(RÍE) Oh, exageras, Alberto.

-No, en absoluto. Su fortuna se equipara,

en este momento, a la del duque de Alba.

¿El duque de Alba?

-El comisario no tendrá problema alguno

en encontrar esposa de nuevo; actualmente, sus posesiones

se extienden hasta las Américas, Lucrecia.

(SORPRENDIDA) Oh.

-Tendrás colas de nobles casaderas a las puertas de tu palacio.

Me ocuparé personalmente de cada una de ellas, Alberto.

-Lucrecia.

(RESPIRA HONDO)

Perdone que insista, amo, ¿pero cuál es la idea?

¿Buscar a la china o darnos un paseo

por todos los castillos abandonados de la comarca?

Buscar a la china, Sátur. -Muy bien, perfecto.

Pues hemos estado en el castillo de los Espinosa

y no había ni Dios,

¿qué coño se nos ha perdido ahora en el castillo de los Alvarado?

Andrés de Alvarado era socio

y buen amigo de Julián Espinosa. -¿Y...?

(SUSPIRA)

Julián Espinosa murió hace un par de años

y su familia aprovechó para deshacerse de su mujer,

la hija del chino.

-¿Cómo se entera usted de todo esto?

Las crónicas sociales, Sátur,

no sólo sirven para cotilleos a pie de calle.

-Ah.

(IRÓNICO) Y usted las lee para instruirse, ¿no?

(AMBOS RÍEN)

Pues mire por dónde, ahora mismo, reconozco que esa manía

que tiene usted de guardar estos papelitos

nos viene de perlas. Quizá Andrés de Alvarado

se haya hecho cargo de la mujer de su amigo.

-¿Pero ha visto bien esto?

Si es un páramo de abandono.

No perdemos nada con inspeccionarlo. Vamos.

-Sí perdemos, amo.

Sí perdemos: Tiempo. Y mucho.

Que nos hemos salido del mapa de la villa.

Verás tú para volver.

(SOLLOZA)

(SOLLOZA)

¿Cómo está? (SOLLOZA) -Mal.

(SOLLOZA) Muy mal.

¿Tú por qué crees que no ha venido nadie a verla?

Ni su marido, ni la marquesa...

Vamos, que tienen que estar muy ocupados.

(SOLLOZA)

La marquesa me ha pedido que le arregle un vestido.

-¿Para qué? Pues no sé,

imagino que será para...

Para el funeral de la señorita Irene.

(ENFADADA) -Qué valor tiene.

No es capaz de venir a estar con esta criatura

en los últimos momentos que le quedan de vida,

pero no le va a faltar tiempo para organizar el funeral.

(SORPRENDIDA) ¿Pero y esto?

-Este es el vestido de la boda de mi señora con el marqués.

-La señora quiere que lo arregles.

¿Pero para qué? -Igual se reanuda

el enlace con el conde de Olsen.

-¿Con ese? No creo.

si salió escopetado; a saber ya dónde estará el Olsen.

Y entonces, ¿con quién se va a casar?

Amo,

aquí no hay ni Dios.

No hemos encontrado más que muebles desvencijados

y telarañas.

¿Me oye?

Que no está la china, no está.

(ENFADADO) ¿Se puede saber qué te pasa?

-Pues ya le he dicho que estamos perdiendo el tiempo.

(RESPIRA HONDO) -Estoy preocupado por el Cipriano,

que se ha venido abajo.

Es que esta mañana le he visto llorar con el herrero

porque no tiene ocupación. ¿Tan mal está?

-Es que tiene una edad ya el hombre que no es fácil...

Hemos quedado con Pedro, el de Las Ninfas, de las afueras,

que es amigo mío.

¿Cipri va a trabajar en una mancebía?

-No, hombre, no, ¿cómo va a trabajar Cipri en una mancebía?

Si ese hombre ve un tobillo y le entra la tremesina.

¿Pues? -El Pedro tiene un amigo

que es panadero e igual tiene trabajo para él.

(RESPIRA HONDO) Está bien, ve con él.

Ya sigo yo. -¿Pero cómo voy a dejarle solo?

Sátur, de verdad, no te necesito;

acompaña a Cipri.

(ENFADADO) Sátur.

Ruido de agua que cae.

Tranquila, no voy a hacerte daño.

(GRITA)

Tranquila, no quiero hacerte daño.

Tu padre te está buscando. -¿Mi padre?

Ha venido hasta aquí para protegerte

de los hombres del emperador.

(SE QUEJA DE DOLOR)

-La daga estaba envenenada; paraliza los músculos.

(JADEA)

-Es un veneno que actúa muy rápido.

Bébetelo.

(JADEA)

(JADEA)

Gracias.

¿Alguien más sabe que estás aquí? -No.

Está bien, avisaré a tu padre y él vendrá a buscarte.

-¿Quién eres?

Señor comisario, no le había oído entrar.

Son bonitas...

Las flores.

Es para ti.

-Aquí hay mucho dinero.

Estás despedida.

-¿Pero por qué? Si yo siempre he sido muy discreta;

nadie sabe nada. Lo sé, pero ahora,

tienes que marcharte.

-Yo siempre le he dado lo que me ha pedido...

Y si usted quiere, puedo volver a hacerlo.

Veo que no has entendido nada:

Ese dinero es el precio por tu hijo;

soy su padre y me voy a ocupar de su educación.

(LLORA) -Comisario, por favor,

usted no puede hacerme eso.

(LLORA) Yo soy su madre.

El dinero, tómelo, no lo quiero. No hago tratos con criadas;

mis hombres han ido a buscarle, no volverás a verle nunca más.

(LLORA) -¡Por favor! ¡Por favor!

¡Por lo que más quiera! No, por favor.

¡Haré lo que quiera! Por favor, no me haga eso.

No me obligues a matarte.

Vete. ¡Vete!

(LLORA CON FUERZA)

-¡No!

Amo, ¿qué tal?

A ver, déjeme ver. No es nada.

-¿Pero cómo se ha hecho esto?

Si... Si es que tenía que haber ido con usted.

Al final, la encontré;

se asustó y me tiró una daga.

-Joder con las chinas;

aquí, las españolas te arrean un guantazo, pero dagas...

Sátur, hay que dejarle una nota al padre, en el lavadero.

-Sí. Sí, amo, sí. Pero antes, le voy a lavar la herida.

(SUSPIRA) Ay, Dios mío.

A ver,

déjeme.

¿Le duele?

Una pregunta que yo quería hacerle...

Los chinos... Los chinos ven así,

¿alargado o ven normal, como nosotros?

Normal, Sátur, ven normal.

-Claro, normal, como nosotros.

Y el color de piel es porque...

Porque comen mucho arroz, claro, ¿no?

Le pregunto todo esto, porque...

Porque nunca, en mi vida, he visto a un chino...

Huy.

Cuando pone esa cara de concentrado, malo.

¿Le pasa algo?

Conozco a esa mujer, Sátur;

coincidí con ella en China.

-¿Perdón?

(NARRA) Trabajé de criado en el palacio del emperador

y allí vivía ella.

(TOCA MÚSICA)

Estaba destinada a ser una de sus futuras esposas.

-Amo, usted sabe que yo le respeto y le admiro,

pero es que, a veces, da miedo.

Mire que encontrarse a la misma mujer que conoció

en China, siendo China tan grande como es.

Pues es extraño... Es extraño, por no usar otra palabra.

Es una casualidad.

-No. No, no, casualidad no es;

casualidad es que yo me encuentre a Jacinto el molinero ahí,

en el mercado... Esto es raro, esto es muy raro,

como todo lo que le pasa a usted.

¿Y le ha dicho quién es?

No.

-Y eso que ha dicho antes

de la amistad bonita...

Lo ha dicho usted: "Amistad bonita".

¿Qué quería decir exactamente?

Tráeme papel y pluma;

llevaremos la nota al bosque.

-¿Es guapa?

No, a mí no es que me gusten las chinas...

Es que las veo un poco faltas de...

De empuje, ya me entiende.

Papel y pluma.

-Es guapa, ¿no? (RÍE)

Alonso, trae el cazo de la sopa.

(VOZ) El Grial está hecho de un material que envenena

cualquier líquido que se vierta en su interior.

No lo encuentro.

-Pues tráeme cualquier otra cosa.

Bueno, ¿y esto?

-Pues porque me alegro mucho de que, al final,

no te fueras a Viena, tía.

(CARIÑOSA) Ay.

Anda, ayúdame a echar agua en el cazo...

-Vale. Que, al final,

me vas a hacer llorar.

-¿Sabes lo que me ha dicho Murillo?

¿Qué te ha dicho Murillo?

-Pues que...

Que mañana van a hacer una misa por la mujer del comisario.

¿Tan grave está?

Sí, está muy mal.

Buenas noches.

Buenas noches.

Qué bien. ¿Ya está la cena?

Sí,

pan duro.

Esto es para mañana.

Vale. Anda, ponlo en el fuego,

que voy a terminar de recoger la ropa.

-Padre,

la mujer del comisario está a punto de morir

y es por mi culpa.

Vamos a ver, hijo, siéntate.

Escúchame, ya hablamos de esto:

No es culpa tuya.

-Sí, sí es culpa mía, padre,

porque les he destrozado la vida

a Irene y al comisario.

No, hijo, eso fue un accidente

y ya no puedes cambiar nada,

así que deja de pensar en ello.

Venga.

Me complace

invitarles

al enlace matrimonial

entre Hernán Mejías,

comisario de la villa...

Me complace invitarles

al enlace matrimonial

entre Hernán Mejías,

duque de Aranda y Barral

y Lucrecia de Guzmán,

marquesa de Santillana.

(RESPIRA HONDO)

-Mía. Ni siquiera lo he visto;

deberías dejarme ganar alguna vez.

-Ni lo sueñe, padre.

Puede que me ganes a los naipes,

pero todavía no podrás conmigo en una pelea.

¡No podrás, cobarde, no vas a ganar, lucha!

(RÍE) Lucha como puedas.

Lucha, lucha. Esto no es propio

de dos grandes de España.

-Madre.

(SUSPIRA)

(LLAMA A LA PUERTA) Lucrecia.

Un momento.

Adelante.

Tengo que hablar contigo, Lucrecia.

(SUSPIRA) Ay, Hernán,

tú y yo, siempre tan compenetrados.

Pasa, precisamente estaba pensando en ti.

Voy a necesitar que habiliten una de las habitaciones

del ala oeste del palacio, si no te importa.

Me ofendes, Hernán;

este palacio siempre ha sido y será tu hogar.

¿A quién tendremos el placer de recibir como invitado?

Ven.

Lucrecia, te presento a mi hijo.

(SORPRENDIDA) ¿Tu qué?

Se llama Carlos y, a partir de ahora,

vivirá conmigo.

Te has vuelto completamente loco, Hernán.

Espera un momento, enseguida voy.

¿De dónde ha salido?

Ya eres mayorcita para saber

de dónde vienen los niños, Lucrecia;

no creo que tenga que entrar en detalles.

Las ansias por ser padre te han vuelto estúpido, Hernán.

¡Es un bastardo! Es mi hijo

y mi legítimo heredero;

deberías mostrar más respeto.

¿Tu legítimo heredero?

(SUSPIRA) Ay, Hernán,

si Irene muere, serás tan poderoso que cualquier noble casadera

querrá darte descendencia;

no necesitas a ese mendigo.

Ese niño llevará mi apellido a lo más alto

y me llamará "padre" con orgullo;

todo lo que tú me negaste con Nuño.

¿Sabe si los Espinosa tenían más propiedades?

-¿Propiedades? No, señor,

estas eran sus únicas tierras.

-¿Y no recuerda haber visto a esta mujer?

-No, señor, no.

-Muchas gracias.

-Con Dios.

¿Te quieres estar quieto?

Que si sigues así, no vamos a acabar en todo el día.

(RESOPLA) Pon la otra aquí.

Madre mía. -Vaya con el niño.

Huy.

(ENFADADA) -Pero vamos a ver,

¿tú es que no entiendes el castellano o qué te pasa?

Venga, niño ya... El crío.

Catalina, cálmate un poco, que el niño no tiene

la culpa de nada. (RESPIRA HONDO)

-Si ya lo sé;

si esta pobre criaturica es el que más sale perdiendo.

Dame un beso.

Anda, corre a jugar.

¿Se puede saber qué te pasa? -Que me hierve la sangre;

ahora, un niño.

La señorita Irene, muriéndose ahí, pared con pared y al canalla

sólo se le ocurre traerse a un crío.

(SUSPIRA)

¿Quién será su madre?

(RESOPLA) -Pues mira tú;

entre mancebías, atropellos y nobles ligeras de cascos...

La lista puede llegar hasta Flandes.

Hombre, pues como venía vestido la criatura,

noble seguro que no es.

Lo que yo no sé es cómo una madre puede dar un hijo, así como así.

-Tú también pareces nueva.

Si al comisario se le pone en la punta del...

De la nariz, criar a un hijo, lo hace y punto.

Bueno, le digo a Marta que el niño tiene cinco años

y me trae esto... Aquí no le cabe ni el dedo gordo.

De verdad... -Espera, te acompaño al desván,

que las cajas están muy altas.

Escucha lo que te digo: Quédate aquí un ratico

y no te muevas, ¿eh?, que ahora mismo volvemos.

Pórtate bien.

Angelico, si es más bueno que el pan.

Pobre criatura.

(HABLA EN CHINO)

¿Quieres ver algo que nadie ha visto jamás?

¿Sí?

Ven conmigo, pequeño.

Eso es, te va a encantar.

Chis, chis.

(RESPIRA HONDO)

(Sátur GRITA)

(JADEA)

Amo, ya puede usted apañar esa escalera como Dios manda,

que es la tercera leche que me pego esta semana.

¿Pero estás bien? (DOLORIDO) -Sí.

(JADEA) Sí, usted, encima, ríase,

pero la escalera hay que arreglarla,

que parecemos pordioseros.

Y ahora que hemos dejado la nota al chino padre,

una cosa que me ronda a mí en la cabeza

y que quería preguntarle,

porque me tiene todo loco... Dime.

-Eso que dicen de las chinas,

¿es verdad?

¿El qué?

-Que pueden lanzar cosas con el... ¿Eh?

Ya me entiende. Hombre, Sátur...

(RÍE)

-Ya se ríe el pájaro, ¿eh? (RÍE) No.

-Lo que no acierto a comprender es qué hacía

en el palacio "chinorri" cuando conoció a su amiga.

Pues

me envió allí mi maestro,

como sirviente; siempre decía que antes de ser dragón,

había que sufrir como hormiga.

-¿Qué dice de un dragón y de una hormiga?

¿Qué dice? ¿Qué dice?

Hable en cristiano, por Dios. Es un proverbio chino.

Pues conocí a Ian en esa fase de mi entrenamiento.

-¿Y cuándo piensa volver a verla?

Porque ella no sabe que usted es usted.

Mi única misión era reunirla con su padre;

no tengo motivos para volver.

-Mire, amo, yo no es que dude de su hombría,

pero es que tanto rechazo, a mí empieza a escamarme...

Que puede que su padre se la lleve a China

y no se vuelvan a ver nunca más.

Lo nuestro fue hace mucho tiempo, Sátur, no...

Puede que ni siquiera se acuerde de mí.

¿Amo? Amo, ¿me está oyendo?

¿Adónde se ha ido ahora?

(RESPIRA HONDO) Tienes razón. -¿Yo? ¿En qué?

Voy a ir. -¿Cómo ha dicho?

Que sí, que iré a verla.

-¿Pero de encapuchado

o así, usted como usted?

Yo como yo. Prepara el caballo.

-Qué bonito, amo, que se van a reencontrar.

Si falla a la primera, no se me venga abajo,

que después de tanto tiempo, no creo yo que tenga al soldado

para tanta batalla. Sátur,

sé cuidar de mí mismo.

Anda... -Dios mío, lo que va a ser eso

cuando estalle... (RÍE)

¡Uh, ni el mismísimo Vesubio! (RÍE)

¿Quieres saber ya el secreto?

¿Sí?

Dicen que hay duendes que viven en las cubas de aceite.

¿Quieres ver uno?

¿Sí?

Ven.

Mira dentro.

Los duendes están en el fondo.

¿Puedes verlos ya?

¿No?

(RESPIRA HONDO)

Mira, pequeño. ¿Los ves ahora?

Mira bien. Mira.

¿Puedes verlos?

Mira bien.

(SUSPIRA)

(JADEA)

-Ay, señora. Gracias a Dios que está con usted.

(ENFADADA) Catalina, cada día más inútil.

¿Quién ha dejado la cuba abierta?

El señorito podría haberse caído dentro.

-Señora, lo siento. ¡Que no se vuelva a repetir!

-Sí, señora.

¿No te he dicho que te estuvieras quieto allí?

¿Que no te movieras? Venga.

Qué bien huele, ¿qué le has echado? (INDIFERENTE) Lo de siempre.

-Es muy complicado ser amable contigo.

No lo seas; nadie te lo pide.

-Buenas. Buenas, Cipri.

¿Cómo te ha ido con el panadero?

-Que no puedo ser panadero, dice.

Cago en los gremios y en la madre que los parió.

No, no, tanto, no. Tanto, no.

Bastante que me deja vivir aquí sin "dar un palo al agua".

-¿Sólo vamos a comer nosotros?

Alonso come con Murillo y Sátur está en la cuadra;

comerá luego con Gonzalo.

Venga, Cipri, prueba un poco, que te sentará bien.

Venga.

-Lo cierto es que huele que da gloria.

¿Margarita?

-¿Estás bien?

-¡Eh, Margarita! -¡Margarita! ¡Margarita!

¡Margarita! ¡Sátur!

¡Sátur! -¡Margarita!

-¡Gonzalo!

-¡Sátur!

(HABLA EN CHINO)

(GRITANDO) ¡Amo! ¡Amo!

Sátur, ¿qué pasa?

-Su cuñada, que se ha puesto mala; que le ha dado algo.

Tiene que volver.

(REZA EN LATÍN)

Es la primera vez que venís a la habitación de mi sobrina,

después del accidente, comisario;

eso no habla muy bien de vuestra condición de esposo.

Tenía asuntos importantes que atender, eminencia;

estar aquí sólo hubiese sido un estorbo.

-¿Qué asuntos son esos? ¿Apropiarse de niños ajenos?

No es ajeno; es mi hijo.

-Un bastardo.

Llevará mi apellido

y será mi legítimo heredero.

-Mi sobrina es una mujer joven y fuerte;

ella os dará los hijos que deseáis.

Si no muere.

-Por vuestro bien, espero que así sea.

El sacramento del matrimonio une dos almas para siempre;

os aseguro que la suerte que corra mi sobrina,

será la misma que corráis vos.

Rezad cuanto sepáis, comisario;

os va la vida en ello.

(LEE) Tu hija Yan se encuentra escondida

en el castillo abandonado de los Alvarado.

-Tómate esto; te sentará bien.

-Padre,

la tía Margarita está muy mal;

Juan está desesperado, es que no sabe qué hacer.

Tranquilo, se pondrá bien, ¿eh?

Cipri, ¿qué ha pasado?

-Pues no sé; estábamos sentados, a punto de comer...

Ella probó la sopa y, de pronto, se ha caído redonda.

-El médico ha dicho que la sopa está envenenada.

-¿Envenenada? ¿Por quién? ¿Por qué?

¿Dónde está? -En su cuarto, con Juan.

(MUY PREOCUPADO) Padre,

se muere. Eh, eso no va a pasar.

¿De acuerdo?

(DOLORIDA) Juan, me quema.

Me quema, Juan, me quema.

Me quema.

(JADEA Y SE QUEJA DE DOLOR)

Gonzalo...

Gonzalo, ayúdame, por favor. Estoy aquí.

(GRITA DE DOLOR) ¡Juan! ¡Juan!

(SE QUEJA DE DOLOR)

Ay. -Vamos, vamos, vamos.

Bebe. Bebe.

Eso te va a calmar. Tranquila.

(AGONIZANDO) Gonzalo...

(VOZ BAJA) Juan, ¿qué tiene?

-No lo sé; los síntomas corresponden

al efecto de un veneno. ¿Cuál?

-Si lo supiera, ya la habría curado.

¿O crees que me gusta verla así?

(SE QUEJA DE DOLOR)

(SE QUEJA DE DOLOR)

Juan... ¿Qué me está pasando, Juan?

-Está empezando a entumecerse. Juan, ¿qué me está pasando?

No puedo mover...

Me muero... Chis.

(SE QUEJA DE DOLOR) Tranquila.

(VOZ BAJA) ¿Adónde vas?

-Necesito ayuda, Gonzalo.

¡Juan! -¡No sé cómo curarla!

Gonzalo, no puedo mover la mano.

¿Qué me está pasando?

¿Qué me está pasando?

Gonzalo, ayúdame, por favor.

(RECUERDA) La daga estaba envenenada.

Paraliza los músculos.

Margarita... (SE QUEJA DE DOLOR)

Margarita... Margarita.

Tranquila.

Busca e interroga, una a una, a toda mendiga anciana;

quiero el Santo Grial ya.

Retírate. -Sí, señor.

¿Te molesta?

A partir de ahora, vas a tener que acostumbrarte

a estas ropas y dejar de andar

por los suelos. -Sí, señor.

Puedes llamarme "padre".

(SUSPIRA) Enternecedor...

¿Querías algo?

Me encantaría entenderte, Hernán,

pero hace años que desistí en el intento.

-Señora.

Sí.

-¿Podría hablar un momento

con usted? Sí.

-Verá, señora, Margarita se puso repentinamente enferma;

me gustaría ausentarme para poder estar con ella...

Ni hablar. Hay mucho trabajo que sacar adelante

y no podemos prescindir de dos criadas.

-Señora, pero... Vuelve a tus obligaciones

ahora, Catalina.

-Sí, señora.

¿Quién es la madre?

¿Qué más da eso, Lucrecia?

Me has tenido cinco años engañada

haciéndome creer que mi hijo era tu única obsesión.

¿Sabes cómo puedo llegar a sentirme?

¿Cuánto tiempo he estado sin poder ejercer de padre de Nuño?

(SUSPIRA) Ay, otra vez con la misma cantinela;

me aburres, Hernán.

¿Puedes dejarme a solas con mi hijo?

¡Ah!

-¡Coged al niño!

Ni te muevas.

-¡Vamos!

-¡Vamos!

Les he reunido aquí para saber si mi hijo recobrará la salud;

no para hablar de los tránsitos del Sol en Capricornio.

-Eh... Ha de saber, Majestad, que la Astrología

no es una ciencia exacta.

-¿Gobernará el infante el Imperio español, sí o no?

-Como le decía antes,

su tránsito en Venus... -¡Basta!

-El pueblo comienza a dudar de la capacidad física y mental

de mi hijo, ¿saben lo que eso supone?

-No son maneras de interrumpir la intimidad de Su Majestad.

-¿A qué debo esta abrupta visita?

-Majestad, siento importunarle,

pero el asunto que me trae hasta aquí es de vital importancia.

-Habla.

-Necesito la ayuda de sus médicos de cámara;

la persona más importante de mi vida se está muriendo

y yo no tengo medios para salvarla.

-Los médicos reales sólo atienden al rey...

-Y a su familia.

La salud de mi hijo Carlos, el infante, el heredero,

ocupa todo su tiempo.

-Pero, Majestad,

la simple ayuda de uno de sus médicos de cámara

bastaría para salvar su vida.

-¿Pretendes que ponga en riesgo el futuro del imperio

por una sola persona?

-Señor,

yo... -¡Yérguete!

Eres capitán de mi ejército

y la única salud que debe preocuparte

es la de tu futuro rey y señor.

(YAN GRITA EN CHINO)

¡Suéltala!

Está bien, está bien.

-Si das un paso más, me matará.

Por favor, no nos sigas.

(ENFADADA) ¿Cómo llegaron hasta el salón del palacio

tres embozados? ¿Dónde estaban los lacayos?

¿Por qué nadie avisó a la guardia? -Señora, no sé;

estábamos en el jardín, limpiando la carroza.

Podrían haberse llevado a Nuño.

O matarnos a todos.

-Pero...

¿Por qué, señora?

¿Por qué se llevaron a ese niño?

¿A mí qué más me da?

Han estado a punto de matarme por su culpa.

Quiero a todo el servicio formado abajo;

el responsable recibirá un severo castigo.

-Sí, señora.

¿Buscabas esto?

¿Dónde está mi hijo?

¿Qué estás diciendo, Hernán?

Lo tenías todo previsto, ¿verdad?

Yo no tengo nada que ver

con la desaparición de tu bastardo, Hernán.

¿Qué has hecho con él?

¿Está muerto?

Te lo digo por última vez: No lo sé.

Está bien, Lucrecia,

no me dejas otra opción.

¿Qué haces, Hernán?

Campanillas.

Soltadme. Acabaréis todos en la horca.

¡No puedes detenerme, Hernán!

¡Suéltame! ¡No me toquéis!

¿Y quién ha dicho que lo estén haciendo?

(JADEA) Desaparece mucha gente

en la villa; ocurre todos los días.

Lleváosla.

¡Soltadme! ¡Soltadme! ¡Hernán!

¡Soltadme!

¡No!

-¿Qué es eso, Gonzalo? ¿Adónde vas?

Creo que puedo salvarla. -¿Qué es eso es de que crees?

No podemos darle cualquier cosa. No hay otra opción.

-Esto la puede matar; Margarita es fuerte,

puede ser que... ¿Qué? ¿Que ocurra un milagro?

¿De verdad crees que los rezos la salvarán?

Yo no pienso ponerme de rodillas para ver cómo se muere.

-No voy a permitir que pongas su vida en peligro.

Perdiste ese derecho

cuando la abandonaste por otra.

¡Suelta! -¡No voy a dejar que le des eso!

¡Juan, voy a subir! -¡No!

¡Oh!

-Amo, no tenemos tiempo que perder; yo confío en usted hasta el final.

Suba y haga lo que tenga que hacer.

¿Habéis registrado el jardín?

-Sí, señor.

¿Y el pozo?

-Comisario, el niño no está en el palacio.

(RESPIRA HONDO)

Quiero hombres aquí y aquí;

que registren a quien entre y salga de la villa.

Utiliza a los hombres que sean necesarios.

-Por supuesto, señor.

¿A qué estás esperando?

¿Has ido a montar? -No.

Bueno, sí.

Estaba buscando al niño.

Gracias.

-No...

No sabía que tenías un hijo.

Ya eres lo suficientemente adulto como para saber

que todos los hombres secretos.

-Ya, ya.

Pero es plebeyo.

Como yo,

como tu madre.

Nuño, nunca te olvides de tus orígenes.

-Sabias palabras son esas, comisario;

al final, va a resultar que tenéis madera de padre.

Puedes retirarte.

-Cardenal.

-Es una pena que no os hayan dejado demostrarlo;

me he enterado del secuestro de vuestro pequeño bastardo.

Terrible suceso ese. Lo siento, eminencia, pero no tengo

tiempo para departir con usted; tengo mucho trabajo.

-Comisario,

últimamente, lleváis una vida, digamos,

en exceso desordenada.

Lo de vuestro hijo es sólo una advertencia.

A veces, necesitamos

que nos den una buena lección,

una lección que resulte difícil de olvidar.

¿Dónde está mi hijo?

-No os preocupéis por eso

y centrad vuestros esfuerzos en encontrar el Santo Grial.

Cuando lo encontréis,

os devolveré a vuestro pequeño bastardo.

Padre,

por favor, rece con nosotros, por favor.

(VOZ BAJA) -Amo...

Amo, es que no se despierta y eso no es bueno.

Quiero decir que...

Que no se despierta, que está como tiesa.

Usted ha hecho todo lo humanamente posible;

esto se nos escapa, así que...

Tenga fe, confíe;

ya verá cómo El de Arriba nos ayuda.

(RESPIRA CON DIFICULTAD) -Padre... Padre.

(RESPIRA CON DIFICULTAD)

(PREOCUPADO) -Padre. -No respira, amo.

Respira. (RESPIRA CON DIFICULTAD)

Chis. -¡Respira!

-Padre, por favor, haz algo. (RESPIRA CON DIFICULTAD)

-Se nos va, se nos va, amo. ¡Sátur! No se nos va.

(RESPIRA CON DIFICULTAD) (ALONSO) Por favor...

-No, no, no, no. no. Tranquilo, tranquilo,

ya verás cómo... (LLORA)

-Cómo se recupera, tranquilo.

(LLORA) -Hay que tener fe.

Aun así, hay que tener fe.

Campanada.

Campanada.

(LLORA)

(RESPIRA)

Margarita.

Campanada. Margarita.

Campanada.

No podía arriesgarme; tenía que hacer las comprobaciones.

¡Hijo de puta!

Te mato... ¡Te mato!

Fuera de mi alcoba... ¡Fuera!

Está bien, Lucrecia,

te debo una disculpa. ¿"Disculpa"?

(JADEA)

Me debes mucho más que eso.

¿Has encontrado ya a tu maldito bastardo?

Eso no es asunto tuyo.

Pero no te preocupes; no volverá a palacio,

al menos, por ahora.

Estupendo. Un problema menos para todos.

¿De verdad que te ibas a poner el mismo vestido

con el que te casaste con el marqués?

¿Qué?

Para nuestra presunta boda.

Era el que tenía más a mano.

Entonces,

¿lo habrías hecho?

¿El qué?

Casarte conmigo.

Hubieras sido un viudo con mucho dinero,

necesitabas ayuda para gastarlo.

Por supuesto,

el dinero.

Siempre el dinero, Hernán, ¿acaso hay algo más?

Llaman a la puerta.

Adelante.

-Señora. Comisario,

su mujer... Será mejor

que avisemos a un sacerdote

y habrá que escoger un féretro.

-No, señora, sería mejor que avisásemos a la cocinera;

la señorita Irene se ha despertado con hambre de una semana.

Señora.

Pasos de Catalina alejándose.

Fue el mismísimo Dios quien le devolvió a Margarita.

Hasta usted tiene que admitirlo:

El Altísimo obró el milagro.

Si tú prefieres creer eso...

-¿Usted no? Por eso cogió a su cuñada en brazos

y se la llevó. ¿Y adónde se la llevó?

¿A dar un paseo por el bosque?

Sátur, estaba desesperado.

-Es que es ahí adonde quiero llegar:

Que Dios está para eso, para ayudar a los desesperados

y guiar sus pasos, como hizo con usted.

Fue lo que le di a Margarita; hizo efecto y se curó, nada más.

-Vamos, hombre. ¿Usted se cree que yo me creo que no creyó?

Cuando es evidente que creía "a pies juntillas".

Que tonto no soy. Mira, yo soy un hombre racional:

Sólo creo en lo que puedo experimentar.

-Usted diga lo que quiera,

pero, cualquier día de estos, le veo en misa.

¿Quiere que le regale una cruz pequeñita

para llevar debajo del traje? No, gracias.

-Amo. -Gonzalo.

¿Está mejor?

Sí. Todavía un poco débil, pero se recuperará.

-Perdóname,

tenías razón.

-Acojonar, acojona,

pero eso sí, tiene clase el médico;

es un caballero, ¿eh?

Ea, pues ya está todo arreglado:

su cuñada está curada y nosotros, a descansar,

que nos lo merecemos. Solucionado.

No, todo, no.

Todavía queda una cosa.

-¿El qué? ¿Qué falta?

(RELINCHA)

¿Quién eres?

¿Por qué haces esto por mí?

Soy el Águila Roja

y ayudo a la gente que lo necesita.

(RELINCHA)

(ARREA EL CABALLO)

(GRITA)

¿Quién os ha hecho esto? ¿Quién ha sido?

-Pienso crear un nuevo impuesto.

-Crear un nuevo impuesto mataría al pueblo de hambre.

"La vida de Saturno", por Saturno García.

-Soy Nuño de Santillana.

-Jimena, encantada.

-Me pregunto qué diría el rey Felipe si descubriera

en qué hemos convertido sus riquezas.

(GRITA)

Sería absurdo enamorarse de una chica

cuyo destino es convertirse en monja.

-¿Cardenal Mendoza? -¿Cómo habéis entrado aquí?

-Soy Fernando Álvarez de Toledo.

-El duque... -El duque de Alba.

-Me vas a dar lo que te pido o todo el mundo sabrá

que robaste y asesinaste a los marqueses de Somontano.

-¿Querrías trabajar para mí? Te ofrezco un cargo.

Debes irte; es lo mejor para ti.

Águila Roja - T4 - Capítulo 48

19 dic 2011

Águila Roja se reencuentra inesperadamente con un antiguo amor de juventud. Los recuerdos del pasado afloran descubriendo la etapa que vivió nuestro héroe en China.

 

ver más sobre "Águila Roja - T4 - Capítulo 48" ver menos sobre "Águila Roja - T4 - Capítulo 48"

Los últimos 1.428 programas de Águila Roja

  • Ver Miniaturas Ver Miniaturas
  • Ver Listado Ver Listado
Buscar por:
Por fechas
Por tipo
Todos los vídeos y audios

Añadir comentario ↓

  1. samuel

    para cuando la 5ª temporada la espero con impaciensia

    11 mar 2013
  2. laurita

    Me imagino que ya nadie leerá esto a estas alturas, pero me ha sido imposible no intentar dejar mi impresión tras ver este episidio y leer los duros comentarios que en su momento escribierón los demás seguidores. Y es que, al contrario de la opinión general, a mí me ha encantado este episodio, se me pusieron los pelos de punta en muchas de las escenas y creo que han sido de las secuencias más románticas y hermosas que he visto en vida. Mi enhorabuena a los guionistas y por supuesto a los actores, en especial a Inma y a David por ser capaces de transmitir tantas emociones con sus gestos y miradas. Simplemente apuntar por si alguien no entiende a que me refiero que me ha gustado muchísimo este episiodio donde se mostraba el amor de Gonzalo hacía Margarita de una forma mucho más bonita y original que con una secuencia de beso o una frase romántica. Y es que Gonzalo traiciona sus propias creencias (siempre se declara ateo), que como ha demostrado a lo largo de toda la serie son el pilar de su vida, por la desesperación de perder a la mujer que ama. Y en cuanto a la china, es un perfecto reflejo de aprecio y cariño hacia un amor de juventud, pero en ningúm momento Gonzalo hace nada que refleje un deseo de volver con ella, creo que en todo momento queda claro que sólo es un bonito recuerdo del pasado, pero Margarita es el presente. De nuevo enhorabuena. Y estoy esperando la nueva temporada con expectación. Muchas gracias por vuestro maravilloso trabajo.

    22 jun 2012
  3. Patty

    Cuando regresa la serie de Aguila Roja??

    23 abr 2012
  4. maxi

    Me encanta esta serieee buuff

    09 mar 2012
  5. Avatar de cnxingbang cnxingbang

    a mi me gusta mucho

    08 ene 2012
  6. Lala

    No lo echaron el lunes por las fiestas lo echaran el próximo lunes,esperemos que si .

    07 ene 2012
  7. Claubeth

    Cuando suben el capitulo 49??? me encanta esta serie, adoro a la marqueza!

    05 ene 2012
  8. diana

    A ver si actualizais los capitulos de aguila roja, please!!!!!!

    04 ene 2012
  9. mARIA ALVAREZ

    No puedo encontrar los horarios para Argentina de Aguila Roja, Amar en tiempos revueltos y Cuentame como paso.... execente Tarancon......!!!!

    03 ene 2012
  10. Manu_87

    Está claro, Gonzalo también tiene una familia que ya todos conocemos y se han quedado a celebrar la Navidad tranquilos y en paz... pero el próximo lunes volveremos a verlos, seguro =)

    03 ene 2012