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-De imaginar en la siguiente en que nos vamos a meter...

...me tiemblan las manos. Averiguaré quién soy.

-Voy a darte un marido.

Quiero que te cases con don Fernando de Orduña, mi valido.

-¿Dónde está? -No lo sé.

-¡Dónde está! -¡No lo sé!

-¡Ah!

¡Es el padre José, Dios mío, ayuda!

¿Quién ha podido hacer esto? -Ha sido un morisco.

-Que Dios nos pille confesados.

-Voy a solicitar tu mano... ante el Rey.

El morisco queda condenado a morir lapidado,...

...para escarnio público y ejemplo de comportamiento.

-¿Por qué te mira así?

Parece que te conoce. -¿A mí? ¿Ese moro?

Voy a casarme. -Yo siempre vi al Comisario...

...como un padre.

Nuño, no.

¿Quién sabe qué son los moriscos? -Unos que son oscuros...

...porque nunca se lavan. Son musulmanes nacidos...

...en las Españas que fueron obligados a cristianizarse.

Después los expulsaron del reino.

-¡Unos moros han entrado al monasterio donde está mi Murillo!

La próxima vez que vengas a palacio habrá otro hombre.

Creo que tendríamos que librar al morisco.

-¡Aaah!

Están buscando algo...

¿Dónde se esconde tu gente?

Hay algo muy raro y sólo ese hombre nos puede...

...porque han vuelto, debemos hablar con él.

-Antes de firmar su permiso tendría que conocer...

...a vuestra prometida.

Fernando de Orduña y yo vamos a contraer nupcias...

...en poco tiempo.

-Firmaré vuestro permiso.

-Todos pensábamos que había muerto. -No vuelvas.

-Quiero todas las llaves de Palacio. Me gustas.

-Tráigame el oro que me prometió y le daré el medallón.

Frente a la iglesia de don Felipe.

-Dile al hombre que acompañaba ayer que no le olvidamos.

No debería dejar que nadie la trate así.

¿Y eso? -Buscan a Sátur, quieren matarle.

-He visto a mi madre bañándose, tenía el cuerpo lleno de golpes.

Se lo ha hecho él.

¿Eres morisco? -No, en realidad no, amo.

Mi tío.

Apareció una mujer y me ofreció algo de comida...

Ella es mi madre.

Me llevó a su casa y pasé a ser uno de ellos.

-Nos han robado a nuestro pequeños.

Dígame dónde están los niños de los moriscos.

-Eran órdenes de la Inquisición.

-Les han tenido todos estos años trabajando como animales.

-Irás a la guerra.

-¡Sois libres, vamos!

¡Sois libres!

-¡Ah!

¡Ah!

-¡Padre! -Mi madre, Alonso...

¡Esa mujer es inocente!

-¡Anda mira, teatro! Que mañana viene.

Es una obra sobre el Águila Roja y el Comisario.

-¡Pelayo y familia! ¡La leche!

Pero si en esta compañía he trabajado yo.

-¿Tú, de qué, de chico de los recados?

-Pues no, Gabi, no.

Aunque te cueste creerlo no siempre he sido criado.

En mi juventud fui actor, y de los buenos, cuidado.

Comencé mi carrera pues allá en la bella Verona.

Oh, qué tiempos aquellos...

-Perdón, ¿la calle San Higinio es por aquí, verdad?

-Pues no, señora, no, más bien no.

Más bien es por allá.

No está bien que una gran dama como usted esté a estas horas...

...sola y por aquí.

Las acompaño, vengan... -¡Quietos, esto es un atraco!

-Detrás de mí.

-Tengan el dinero, pero no nos hagan daño.

-Quítale las joyas. -Aparta.

-¡Aah!

Señora... -Gracias.

¿Estáis bien? -Estamos bien, sí.

-¡Cogedle! -¡La guardia, la guardia!

-¡Cogedle!

(TODOS) ¡Muchas felicidades, señorito...!

¿Dónde está mi hijo?

Catalina. -No lo sé.

¡Alguien sabe dónde está el señorito Nuño!

-¡Estoy aquí, madre!

¿Has estado montando a caballo de noche?

¿Tú sabes lo peligroso que es eso, Nuño?

-Lo siento, madre.

No te enfades conmigo que es mi cumpleaños.

Que no se vuelva a repetir.

Felicidades, hijo.

Ay, no me puedo creer que tengas ya 12 años.

Señorito.

-Su regalo, señorito, de parte de todo el servicio.

Es auténtico hilo de Flandes. Las iniciales las he bordado...

...yo misma.

-¡Comisario, se ha acordado!

Claro, Nuño. Lo que pasa es que no te...

...he podido traer nada. -No hace falta que regales nada,...

...no te preocupes. Mi hijo tiene razón...

Lo importante es tu presencia.

Gracias por venir, Hernán.

Yo no estoy diciendo que no tenga ningún regalo...

...para Nuño... Sólo que no lo he podido...

...traer porque no cabe aquí. -¿De verdad mi regalo...

...es tan grande que no cabe en este palacio?

¿Qué es? Mañana, Nuño, mañana.

Las cosas buenas se hacen esperar.

-Cuando el ratero iba a robar a esa señora...

...de repente aparece el Águila Roja y nos salva.

No sé, madre, el Águila Roja me tiene un cariño...

A lo mejor tiene un hijo o algo que le recuerda a mí...

...porque eso es lo normal.

Pero bueno, yo lo que te quiero decir que por aquí...

...está todo bien.

Bueno... Todo, menos lo de tía Margarita...

...que se va a casar con Juan.

No sé... Podías pedir a alguien...

...de allí arriba que hiciera algo para evitarlo.

Bueno... si se puede.

-Amo, no llega a aparecer usted y me dejan el rostros que...

Como en el camino de Ronda. Tienes que ir con más cuidado.

Esta villa cada día es más peligrosa.

-Si con las pintas que llevamos ni los rateros nos miran.

Esas damas que se pararon a preguntar...

Uno que de natural cortés pues...

Ya. ¿Te fijaste en el medallón?

-¿Que si me fijé dice?

Se me parecía horrores al que estamos buscando.

Salvo porque tenía otras piedras era exactamente igual.

Esta claro que fue hecho por la misma mano.

-Si es que la providencia está en todo, amo.

Mañana a primera hora averigua quién es esa mujer...

Llaman a la puerta. ...y dónde podemos encontrarla.

-Ya va.

Hombre, doctor. -Hola, Sátur.

Hola, Gonzalo. Juan.

-¿Está Manolita? No, aún está en palacio.

-Te ruego que a la hora que sea pase a hablar conmigo,...

...tengo que darle una noticia.

Juan.

¿Pasa algo?

-¡De Su Majestad el Rey!

Buenas.

¿Por qué estáis tan callados?

-Me envían al frente dentro de dos días.

-Un contratiempo sí que es.

Eso está claro.

No, pero... lógico por otro lado, porque un doctor en ningún...

...sitio hace más falta que en un campo de batalla.

Así que nada... Usted no se preocupe...

...que va a volver de allí con galones, condecoraciones...

...y... todos los honores bien puestos, ¿eh?

(RÍE)

La guerra... Dos días y... para casa.

-Adiós, Gonzalo.

Juan.

Puerta cerrándose.

¿Qué, preparado para recibir tu regalo?

-Claro, comisario. Qué despliegue, Hernán.

Esperemos que el regalo esté a la altura.

-¿Es para mí? Claro.

-¡Muchas gracias, comisario!

Es el caballo más bonito que he visto en mi vida.

¿Cómo se llama?

Decídelo tú, pero pronto para que puedas empezar...

...tu entrenamiento de monta marcial.

-Lo llamaré General Santillana.

Ese será mi nombre cuando lidere las caballerías de las Españas.

Parece que mi hijo y tú hacéis muchos planes...

...para su futuro por vuestra cuenta.

¿No estaría bien haber consultado esto con su madre?

También era una sorpresa para ti, creí que te haría ilusión.

Si me hiciera ilusión yo misma se lo habría comprado.

Si no quieres afeminar y ablandar el carácter de tu hijo...

...tendrás que poner su educación en manos de un hombre.

¿Y quién decide cuándo ha llegado el momento?

¿Tú? No eres su padre, no lo olvides.

¡Nuño, vamos rápido!

Nuño. -Dime.

Le decía al comisario que eres muy joven para decidir...

...cuál va a ser tu futuro.

No apruebo la idea del entrenamiento.

-Madre, tengo edad suficiente para saber lo que quiero.

Nuño, si tu madre no lo acepta...

...habrá que devolver el caballo.

-Madre, por favor, deja que me lo quede.

Perdona si te he ofendido, pero montar a caballo es mi vida.

Madre, por favor. De acuerdo.

La próxima vez pregúntame acerca de cualquier decisión...

...que afecte a mi hijo.

¿Está claro?

-¡Amo, ya me he enterado quién es la mujer del medallón!

Resulta que Paquita,...

...la sobrina del hermano de Antonio,...

...el herrero que nos hace los caballos,...

Sátur, al grano.

-Me ha dicho que la anciana del medallón...

...es la duquesa de Valmayor.

Y tiene su palacio en la villa de Arganda.

Bien, esta misma noche iremos a hacerle una visita.

-¿No podemos dejarlo para mañana?

Vamos, que para una vez que las autoridades...

...hacen algo por el pueblo.

No te engañes, las autoridades con esto sólo buscan...

...distraer al pueblo...

...para que no se dé cuenta de que los matan de hambre.

-Tú siempre tan negativo.

Le voy a decir una cosa, la gente no es tonta.

Por mucho teatro que le den...

...sabe quién está al lado del pueblo y quién no.

-Voy a ver la obra gratis. ¿A que está bien?

-¿Pero tú eres tonto, Cipri?

¿Te dejan entrar gratis al teatro y te alegras de pagar?

Estamos aborregados.

Quieren entretenernos para que no nos demos cuenta...

...de que nos están matando de hambre.

-Ah, no me des la turra, Sátur.

El teatro me entretiene y consigue que por un momento...

...deje de pensar en que Inés...

-¿Que Inés qué, te ha dejado? -Sí.

-También tienes razón, hombre.

Disfruta del teatro, Cipriano.

Todo el dinero de ese cofre...

...es trabajo y sudor robado al pueblo.

-Llevad este cofre inmediatamente al cerro del Espinar.

Allí será recogido por el cardenal Mendoza.

-¡Marchen!

-Amo...

...que nos vamos de jarana.

Exacto.

-Margarita, mira quién ha venido a verte.

Hola.

-Tú y yo vamos a ir ahora mismo a dar un paseo por el campo.

Y después a comer, y después donde tú quieras.

¿Qué te parece?

Que no puedo, Juan, que tengo trabajo.

Y la marquesa...

-Huy, tú no te preocupes, ya me inventaré yo algo.

Mujer, deja el bordado e iros los dos por ahí.

Qué no, Catalina, que tengo que terminar esta mantelería hoy.

Luego nos vemos, Juan.

-Margarita, ¿por qué no te has ido con él?

Y no me mientes la mantelería porque no cuela.

Porque no puedo, Catalina.

Que lo veo y me dan ganas de llorar.

Porque me da mucho miedo que no vuelva.

-La mierda de las guerras...

Si ya lo sé, Margarita, hija,...

...si yo estaría como tú.

Pero hay que vivir las cosas al día.

¿Si no qué hacemos, nos quitamos todos de en medio?

La muerte es lo que nos queda.

No, si llevas razón, pero...

-No, pero no hay peros que valgan.

Lo que hay son dos días como dos soles.

Y tenéis que exprimirlos al máximo, sacarles todo el jugo.

Luego podéis tirar de recuerdos.

Además, mira lo que te digo, que si yo fuera tú...

...me liaba la manta a la cabeza y arreaba con los faroles.

Con eso te lo digo todo. ¿Qué faroles?

-Ay, tú también...

Yo esta noche me cojo mi Murillo...

...y nos vamos los dos a dormir en casa de mi prima.

Y vosotros os quedáis los dos solitos en mi casa...

...y hacéis pues lo que tengáis que hacer.

¿Me entiendes o no me entiendes? Sí, sí.

-Pues eso.

Y así pues por lo menos...

...os quedáis los dos con un buen recuerdo,...

...como Dios manda.

-Pues esta...

...esta es una zona bonita, ¿no?

Para una comida campestre, digo.

Ahora que Margarita está triste y sola podríamos organizar...

...una excursión o algo por aquí.

Vigila, Sátur. -Si ya vigilo.

Se puede vigilar y hablar a la vez.

Ahora, si no quiere usted que hable de su cuñada...

...eso es harina de otro costal.

Sin ánimo de ofender cada vez que se pone el traje de héroe...

...se reconcentra demasiado.

Un comentario nada más...

Alboroto.

-¿Qué pasa?

-¡Cochero, este no es el camino, cochero!

-¡Jia!

-Pero bueno... por allí no se va a ningún lado.

¿Dónde irá su eminencia?

Ahora lo descubriremos.

-Ha sido increíble, comisario, un ataque perfecto.

Son muchos años de entrenamiento.

Si trabajas duro tendrás tu recompensa.

-No me importa, pero enséñame a montar así para vencer...

...a esos malditos portugueses.

¡Voy a matar más enemigos que nadie!

La guerra es un tema muy serio, guarda la espada.

-¡Voy a ser el mejor general del reino!

¡Nuño!

¡Nuño!

¡Nuño!

-Hola, ¿qué quieres?

-Eh...

He oído que te vas a la guerra.

-Eso he escuchado yo también, sí.

-¿Qué pasa, por qué me miras así?

-Que quería pedirte perdón.

-¿Perdón a mí, por qué?

No, mira, ven, ven.

Mira, yo sé que para ti...

...no ha sido muy fácil aceptar todo esto de la boda...

...de tu tía conmigo y todo eso.

Y que a lo mejor por eso no has sido muy simpático.

Pero no pasa absolutamente nada.

Estoy seguro de que tú yo nos vamos a llevar muy bien.

-Pero es que no...

...no te estoy pidiendo perdón por eso.

-¿Ah, no? ¿Por qué?

-¿No puedes hacer algo para no ir a la guerra?

-No, me temo que no.

-Ya...

Pues entonces...

¿Me perdonas, por favor?

-¿Pero perdonarte a ti por qué...

...si tú no tienes la culpa de que yo vaya a la guerra?

-Sí, sí tengo la culpa.

P... porque yo lo he deseado.

Lo he deseado.

Perdóname.

(SUSPIRA)

-La llave, cardenal.

-No la tengo, la he tirado.

-¡Imbécil! -¡Ah!

-Ábrelo.

-Échate a un lado, hermano.

-Y ahora dejad que me marche, ya tenéis el dinero.

Mi guardia está a punto de llegar.

-Eso está bien, así podrán acompañarle a ese Infierno...

...del que tanto habla y que está apunto de conocer.

-¡Ah!

Entrechocar de armas.

Entrechocar de armas.

-¡Ah, ah!

-¡Hermano!

-¡Ah, huye, huye, hermano!

¡Huye!

-Nunca pensé que iba a decir esto, gracias por proteger mi vida...

...y el dinero del Altísimo.

Este dinero no es del Altísimo, es del pueblo.

Y al pueblo va a volver.

Cascos de caballos.

¿Qué pasa?

¿Qué le pasa a mi hijo? ¿Nuño?

¿Qué le pasa a mi hijo, Hernán?

El caballo... se encabritó y lo tiró de espaldas.

Mi hijo... Nuño...

¿Por qué no abre los ojos, Hernán, por qué no los abre?

¡Avisa a un doctor!

¡Que venga Juan de inmediato! -¡Sí, señora!

-¿Pero un doctor para qué?

¡Hijo, hijo!

(LLORA)

-¿Pero qué pasa, por qué me miráis así?

-Pasa que el señorito es muy activo...

...y nos ha dado un susto de muerte a todos, eso pasa.

La próxima vez lo haremos sin armas.

-Vale, vale, madre, quita, que me quiero levantar.

¿Qué ocurre, Nuño?

-Que no...

Madre, que no puedo mover las piernas.

Que no puedo mover las piernas...

Esta tarde te encargas de acompañar a los niños al teatro...

...mientras yo voy a visitar a la duquesa.

-Sí, amo, sí. Y para mí es un honor, ¿eh?

Que sin querer yo pecar de nada...

...pues el teatro es mi fuerte.

No, ya, ya lo veo, te encanta. -No es que me encante...

...me encanta no, es que me vuelve loco.

Por eso quería pedirle que durante la charla me deje meter baza.

Para que mi Gabi vea que no soy tan poca cosa.

Mete baza cuando quieras. -Gracias, señor.

A ver, niños, escuchadme. Poneos ahí.

Muy bien, una de las funciones más importantes del teatro...

...es la de servir de espejo de costumbres...

...y vehículo de enseñanza para la sociedad.

¿No es así, Sátur?

¿Tú como actor que eres qué piensas?

Adelante.

-Bueno, pues pienso que sí...

...y también pienso que no.

Porque cuando uno está aquí subido interpretando...

...y ve que el público abajo se está durmiendo...

...pues ni vehículo ni espejo ni costumbres...

...ni la madre que los fundó.

O al público le diviertes o te tiran hasta excrementos,...

...que lo he vivido yo en mis propias carnes.

O sea que lo primero del teatro es divertir, ¿eh?

-¿Sáturno García?

-¡Pelayo! (RÍE)

¡Pero qué haces aquí, viejo amigo!

¡Qué alegría verte! -Lo mismo digo, almirante.

-Almirante, qué jodío...

Me llama así por el gran Cristóbal Colón...

...a quien tuve el orgullo de interpretar.

-Estaba colosal. -Bueno, bueno.

Bueno, esto se hace con su media melenita, ¿eh?

Tenéis que imaginarlo así.

No, mejor hacia allí.

¿Qué es eso que veo, Juan de la Cosa?

¿Son esas las Indias...

...o alguna otra cosa?

Aplausos. (RÍE)

Muchas gracias.

Con la melenita queda mejor, pero...

Chicos, seguidme, vamos a ver la parte de atrás.

-Pelayo, por tus muertos, dame un papel.

Mi hijo nunca me ha visto en escena y le haría mucha ilusión.

-Si hubieras llegado antes te habría dado...

...el papel del comisario. -¿Pero no teníais actor?

-Ha aparecido esta mañana muerto junto al campamento.

-¿Qué me dices? -Una desgracia.

-Igual le daba al morapio. -Una pelea.

Menos mal que ha aparecido aquel que nos ha venido bien.

-¿Ese de ahí va a ser el sustituto?

-Oye, si me escribes unas líneas me harías un favor inmenso.

Más que nada por el chiquillo.

-Escríbete lo que te dé la gana, pero no me cambies la historia.

-¡Por Dios, Pelayo! (RÍEN)

-Qué alegría verte. Te debo una.

-Para eso estamos.

-¡Amo!

-Eh, que nuestros hombres ocupen posiciones...

...entre el público durante la representación.

O nos devuelven a mi hermano o de aquí no sale con vida ni Dios.

-De acuerdo, jefe.

Gritos y lamentos.

-Venga, camina. -Espera, ya voy...

-¿Acaso creéis que estoy aquí...

...para perder el tiempo esperándoos, comisario?

Tenía asuntos personales importantes que atender, eminencia.

-Los únicos asuntos personales que tiene que atender...

...son los que atañen a nuestros negocios.

¿Sabíais que esta mañana nos han robado el dinero...

...que con tanto esfuerzo hemos recaudado?

Me acaban de informar. -Deberíais haber estado allí.

Tenía asuntos personales importantes, eminencia.

-Recuperad mi dinero...

...u olvidaos de vuestros sueños de grandeza.

-¡Ah, ah!

-Mi hermano vendrá a por mí, comisario.

Él le enseñará lo que es sufrir...

¡Ah, ah!

-Comisario, si sigue así lo va a matar.

Doblad la vigilancia.

Si vienen a por él que los encuentren preparados.

-Sí, señor, ¿y con él qué hacemos?

Que muera de garrote vil mañana al amanecer ante el pueblo.

Buenas.

Hola.

¿Quieres algo?

Sí, quería decirte una cosa para que no os preocupéis.

¿Preocuparnos por qué?

Bueno, porque esta noche quizá me demore.

Ah, ¿tú también vas al teatro?

No, al teatro no, aquí a casa de Catalina.

Bueno, Margarita, vas un millón de veces a casa de Catalina.

A ver, ¿qué pasa que me lo dices con tanto misterio?

Nada, no pasa nada.

Margarita.

¿Qué pasa? Nada, Gonzalo.

No.

No.

Que quiero pasar la noche con Juan.

Bueno, pues ya está, ya me lo has contado.

Ya no me preocupo.

Gonzalo, es que se va pasado mañana y...

Bueno, que sólo quería que lo supieras, nada más.

Ya, pues ya está.

No pasa nada.

-Ande que usted también...

Para unas cosas tan listo y para otras tan... corto.

Perdone la franqueza,...

...pero a la primera había cazado yo por donde iba.

¿Nos has estado escuchando? -¿Eh?

Sátur... -Perdone, pero es que de natural...

...ya sabe que soy curioso.

Como vi a doña Margarita tan agitada.

No sé cómo decirte que el asunto con Margarita está zanjado.

Así que por favor, no te metas donde no te importa.

-¿Que no me importa? No.

-¿Pero cómo no me va a importar su felicidad y la de su hijo?

¿Pero es que estamos locos?

Haga algo, haga algo ya, por el amor de Dios,...

...pero no les deje amancebarse.

Que el amancebamiento pues une, une mucho,...

...une como lapas.

Madre mía...

Yo me callo ya, porque no... Bien.

-Señor comisario,...

...tome estas hierbas que le van a hacer bien.

No quiero, gracias.

-Perdone que insista, señor, pero es que son mano de santo.

He dicho que no, Catalina.

-A ver si salen y nos dicen algo.

¿Cómo está?

-Es pronto para hacer un diagnóstico,...

...hay que esperar a ver cómo evoluciona los próximos días.

Juan...

¿Podría quedar inválido?

-No, no tienes que pensar en eso ahora.

Dime la verdad, Juan.

-Yo marcho en dos días, pero mañana volveré a visitarlo.

Y después dejaré al cargo a un médico de mi confianza.

-Lucrecia, ánimo, ánimo.

(LLORA)

Lo siento mucho.

Yo no podía imaginarme esto. ¡Fuera!

¡Sal ahora mismo de mi casa...

...y no vuelvas jamás!

-Bueno, y esto que veis así medio vacío de aquí a nada...

...se pone de bote en bote, ya veréis.

Y aquí al lado del escenario...

...es donde se crea la magia del teatro.

Mirad.

Bueno, qué tenemos aquí,...

...la peluca del mismísimo Colón, ¿eh?

Y aquí están las armas.

¿Veis esta pistola?

Fijaos bien, porque tiene los cañones cerrados, está ciega.

-¡Hala! -Porque el teatro es mentira.

Pero todo tiene que parecer verdad.

Por ejemplo, en esta función me matan.

Sí, y no sabéis lo bien que se me da a mí morirme.

-¿Sí? -Que sí, Gabi, que sí.

Morirse es todo un arte. ¿Queréis verlo?

-Vale. -¿Seguro?

-¡Ah, ah!

¡Ah, ayuda!

Huy, huy, huy, estás muy serio. ¿Qué te pasa?

-He hecho algo que no está bien.

A ver...

...qué has hecho esta vez.

-He mandado a Juan a la guerra.

Vaya, pues... sí que tienes influencia.

Y no sabía que tuvieras tan altos contactos en el ejército.

-No en el ejército.

¿Pues dónde?

-En el Cielo.

Se lo pedí a madre.

Le dije que...

...que hiciera algo para evitar que se casara con tía Margarita.

Alonso, no te preocupes.

No es Dios, sino el rey el que lo envía al frente.

Tú no tienes nada que ver. -¿Y tú cómo lo sabes?

Yo se lo pedí y se ha cumplido.

-¿Crees que la tía me va a perdonar?

Claro que te va a perdonar, claro que sí.

-¡Primer aviso! Deja eso, a sentarse.

¡Eh, Gabi, Gabi, dónde vas con el sombrero!

Venga, irse al banco, que está reservado.

Sátur, me voy a ver a la duquesa.

Muchísima suerte.

-Gracias, amo, lo mismo le deseo. Venga.

Cipri. -¡Hombre!

Échale un ojo. -Claro, maestro.

Venga.

Vuelva al cuartel con todos los hombres.

La banda de Sánchez sólo está esperando...

...un descuido para liberarlos.

-¿Pero, y usted? No puedo dejarle sin protección.

Comisario, si me permi... ¡Obedece!

-Señorito, permítame que le ayude. -Déjame, Catalina.

Señorito, por Dios, que lo he visto de pequeño en mantilla.

-¡Qué no es eso, Catalina, que quiero hacerlo yo!

-¡Mierda!

¿Qué pasa, Nuño?

-¿Qué te ha dicho el médico?

Que... irás mejorando poco a poco.

-Mentira, ¿qué te ha dicho?

Me ha dicho que aún es pronto para hacer un diagnóstico.

-Si no puedo andar...

...no quiero vivir.

No digas eso, jamás.

¿Me has oído, Nuño? ¡Jamás!

Y tú, ¿se puede saber por qué lloras?

-No, señora.

-Llora porque sabe que nunca llegaré a ser general.

Y que no me casaré ni tendré hijos. ¡Mi apellido no tendrá sucesor!

¡Esos títulos que tanto te importan se irán conmigo!

¡Por eso llora, madre, por eso!

Murmullo y aplausos.

-¡Mira, es Sátur!

-Mira, aquella, Alonso, ¿no es esa mi Inés?

-No. Pero vamos a ver a Sátur que está muy gracioso, ¿vale?

-Con un piquito me valgo. -¡Pobre hombre, qué hambre lleva!

Veré si tengo monedas.

Aunque soy un gran señor, tengo enorme el corazón.

Al que tiene menester, me gusta a mí socorrer.

¡Ah!

-¡Bien!

-¡O me das los cuartos o te ensarto!

-¡Tome el dinero, déjeme vivo y entero!

-¡Mentira, el Águila Roja nunca haría eso!

-Ya está aquí la autoridad, devuelva esa propiedad.

-¡Ah! -¡Qué mala que es esta obra!

-Pero Sátur lo hace muy bien. -¡No dispare, por favor,...

...yo soy de usted servidor!

Esa pist... (SUSURRANDO) ¡esa pistola no!

Murmullo.

-¡Ordene que suelten a mi hermano de inmediato, comisario,...

...y no habrá heridos!

Nunca daré esa orden. No admito chantajes.

Griterío.

¿Juan?

¿Juan?

Perdón...

-No, no pasa nada, me estaba cambiando.

Sí, pero tenía que haber llamado antes de entrar.

-No, no te preocupes, ya está. Ya está.

¡Pues vaya situación!, ¿no?

-Ya está.

Lo siento.

-Nada. ¿Querías algo?

Sí, pero ahora... me da no sé qué.

-¿Qué ocurre?

Que...

Que quiero pasar la noche contigo, Juan.

Bueno... si tú quieres, claro.

-Claro.

No hay nada en el mundo que pueda desear más.

¿Estás segura de que esto es lo que quieres?

No me parece que me obligue nadie.

-Ya, pero nosotros siempre habíamos pensado en esperar a casarnos.

¿Por qué quieres hacerlo ahora?

¿Tienes... tienes miedo de que vaya a morir en la guerra, verdad?

¡No! ¡No, no, no!

No te preocupes. No, no, no, no.

Sé que me amas y que me esperarás.

Es una buena razón para volver, ¿no crees?

¿Me lo juras?

-Te lo juro.

-¡Ah! ¡No grite y no le pasará nada!

¡No quiero hacerle daño, duquesa!

Sólo quiero saber quién ha hecho este medallón.

¿Dónde puedo encontrarlo?

-Mi marido le manda, ¿verdad? Conteste.

-Lo hizo un orfebre hace 20 años.

¡No sé nada de él!

Tiene una combinación secreta, ¿verdad?

Está bien, duquesa, quizá deba hablar con su marido.

-¡No, espere!

Démelo.

¿Quién es él?

-El verdadero padre de mi hijo.

-¡Ginés!

¡Ginés! -¡Quieto ahí!

-Encárgate de estos. -¡Vamos, venga!

¡Vamos, venid aquí!

(SÁTUR GIME)

-¡Anda, mira...!

¡La próxima vez...! -¡Eh, Ginés!

¡Eh, ya me encargo yo!

Sátur tose.

-¡Gracias, señor bandolero,...

...yo lo único que quería decirle es que cometen un error!

¡Que yo ni pinto na ni...! -¡Cállate!

-Es que si me callo, no puedo explicarme.

Y si no me explico, pues no le saco del error.

Que yo comprendo que el comisario y usted son enemigos naturales.

Que yo soy pueblo llano, como usted pero sin armas.

¡Ah, ah!

-¿Y tú qué, no tienes nada que decir?

¡Bastardo! -¡Eh!

¡Ah!

-Aquí también tenemos jueguecitos como los suyos.

¡No te tengo miedo, hijo de puta!

-Pa mí que hace mal, comisario. Si se veía venir.

-Llévatelos a la tienda. Hasta que llegue su hora.

-¡Vámonos!

-¿Qué hora? ¿Qué dice de la hora? -Ven aquí.

¿La hora de quién? -¡Vamos!

¡Venga, entrad ahí!

-¡Eh! -¡Entra y cállate ya!

-¿Qué ha dicho? -¡Que te calles! ¡Pasa pa dentro!

-¿Qué hora? -¡Que te calles, hombre!

-Quiero agua, Catalina.

-Bueno, no se impaciente, que su madre la trae ahora.

-Pero yo la quiero del pozo y ella no me la trae.

-¡Vaya! -Por favor, Catalina, iría yo...

...si pudiera.

-Ahora mismo vuelvo.

¡Nuño! ¿Qué haces?

(GRITANDO) ¡Catalina, Catalina!

-¡Señora! ¡Ayúdame! ¡Vamos!

-Señorito Nuño... ¡venga aquí!

-¡Que me sueltes, Catalina!

¿Dónde te habías metido, desgraciada?

-Acababa de salir; el señorito me mandó a por agua.

Que venga el forjador, que ponga unas rejas en esta ventana.

-¡Por favor, madre, déjalo...! ¡No pienso dejar que te hagas daño!

¿Te ha quedado claro, Nuño?

Vamos, Catalina, ¿a qué esperas?

Griterío.

-¿Dónde está? ¿Has visto a mi hijo?

-¡Vamos!

Griterío.

¡Cipri! ¿Qué pasa, qué ocurre?

-Han asaltado el teatro y han secuestrado al comisario.

-Y a Sátur también se lo llevaron. ¿A Sátur?

-Cipri, ¿hay heridos?

-Algunos, doctor.

Con el pánico, la gente empezó a correr y a pisotearse.

No te preocupes, Juan, ven con ellos.

-Miguel, ¿dónde está? ¿Has visto a mi hijo?

Idos a casa, yo voy a buscar a Sátur.

Venga, vamos a casa.

-¿Estás bien? -¡Es mi padre!

Y nunca le he dicho nada bueno.

Griterío.

-Quién nos iba a decir a un comisario y a un mindundi...

Relincho.

...que íbamos a esperar la muerte hombro con hombro, eh.

¡Qué rara es la vida!

Bueno, si ha de ser así, que sea cuanto antes.

Porque estas cosas, mejor no alargarlas.

Cierra la boca.

-¿Sabe lo que me duele de verdad?

Que tenga que ser ahora, que empezaba a ser feliz.

¡Porque yo he tenido una vida muy perra!

Pero ahora me iban bien las cosas.

Empezaba a ser parte de la familia del maestro...

Y además...

(SUSPIRA)

Además, había conocido a mi hijo, ¡que es lo más grande!

¡Con las manos así, ni puede llorar uno!

Llorar no cambia nada. -¡Pero ayuda, copón!

¡Y me deshace este nudo que tengo en el estómago de pensar que...

...no voy a ver crecer a esa criatura!

Claro, usted como no tiene hijos... ¡Basta!

Pasos.

-¡Suélteme, por Dios! ¡Suélteme, no quiero morir! ¡Suélteme!

-No vas a morir. -Ah, bueno.

-Vas a negociar el canje del comisario por mi hermano.

-Eso está hecho...

¡Menudo soy yo negociando canjes! -No te muevas.

-Sí, señor bandolero... gracias por la confianza depositada en mí.

No le dirás nada de esto a mis hombres.

-¿Y por qué?

Porque ese canje no va a realizarse.

-¿No ve que no tiene ninguna posibilidad,...

...que acabarán con usted antes de que cante un gallo?

(COMPUNGIDO) Ese... no es tu problema.

-¿Quiere usted morir?

Obedece.

A ver, mi amor.

¿Por qué no te tomas esto y te vas a descansar?

No has dormido nada en toda la noche.

Anda, ya verás como cuando despiertes,...

...está aquí tu padre con Sátur.

-¡Padre!

¿Y Sátur? Ni rastro.

-¿Pero has buscado bajo el puente y en las cuevas?

¿Y el camino de la ermita? Alonso, sí.

Pero te juro que lo encontraré. -¿Y si no llegas?

Llegaré. -Y si le matan, como a madre.

No.

Golpes.

Relincho.

-¡Ah, ah! -¡Sátur!

¡Sátur, ya está! (FATIGADO) ¡Ay, madre...!

(EL CABALLO RELINCHA)

-Y cuando ya me veía con pie y medio en el otro mundo,...

...pues va el jefe de los bandoleros...

...y me suelta.

-¿Y eso? -Pues porque le caí en gracia.

Que ya sabes el dicho, Alonso:

"Más vale caer en gracia, que ser gracioso".

(RÍE)

¿Y el comisario?

-¿Eh? ¿Lo van a matar?

Bueno, vale ya de preguntas, Sátur debe descansar.

Alonso, a la escuela. Ahora voy yo.

-Vale. Vamos, que te acompaño.

Con Dios.

-Sátur.

Gabi está muy preocupado por ti.

-¿Preocupao por mí?

-Sí. -¿De veras?

-Sí.

A ver, dime qué ha pasado.

-Pues na, que...

Manuel Sánchez, el jefe de los bandoleros,...

...me ha ordenado que vaya al cuartel y ofrezca un canje:

el comisario por Julián Sánchez.

Y que si aceptan, que cuelguen un trapo azul en el San Felipe.

Claro que, el comisario me ha dado una contraorden.

¿Una contraorden? -Una contraorden, sí.

Que no informe, que ese canje no debe realizarse.

¿Por qué?

-Eso me he preguntao yo.

No sé, me ha parecido que estaba como raro... como triste.

Yo, pa mí, que deseaba la muerte, amo.

Pues si quiere morir, que muera.

Debería haberlo hecho hace tiempo. -¡Muy bien hablao!

No olvidemos que fue él el que mató a su mujer.

Aunque le perdonara la vida a su hijo,...

...cuando el chico le disparó.

Por eso mismo no lo maté. -Ah.

Ahora nuestra deuda está saldada, que afronte su destino.

-¡Que afronte, por muy hermano suyo que sea, que afronte!

-¿Está cómodo, comisario?

No va a haber ningún canje.

He dado orden de que no cedan a tu chantaje.

-No le creo.

¿Por qué iba a ordenar algo tan estúpido?

Todo el mundo aprecia su vida.

Tu hermano va a morir en horas.

-Te iba a matar pero ahora, además, vas a sufrir.

-¡Gabi!

¡Gabi, hijo, que estoy vivo!

-Ya, ya me lo ha dicho Alonso.

-Ah, ¿que te lo ha dicho Alonso?

Bueno, pues na, que lo sepas.

¡Ese es mi Gabi!

Venga, chicos, a clase. -¡Atención!

Esperadme dentro, venga. -¡Ciudadanos de la villa!

¡Ciudadanos de la villa!

Se hace saber que esta tarde...

...se ejecutará públicamente...

...al bandolero Julián Sánchez en el garrote vil.

A las siete, en la Plaza de la Casa de la Villa.

-Yo no le digo na, amo.

Pero ese garrote también es pa su hermano.

¿O no? Que es lo mismo. Si muere el uno... pues muere el otro.

¡Pedro!

¿El comisario, qué se sabe?

-Nada, señora marquesa. Ya.

Lucrecia, ¿qué pasa?

(LLORA)

Ya está. Nuño, ha tenido un accidente montando a caballo...

...y quizás no vuelva a caminar nunca.

Lo siento. Gonzalo...

¿Cómo le voy a decir ahora que han secuestrado al comisario?

¡Nuño lo quiere como a un padre!

Pero cuando sepa todo esto, se rendirá del todo, Gonzalo.

Lucrecia, Nuño es fuerte.

Sí. Me voy a casa.

-Está visto que hasta los mal nacidos tiene gente que les quiera.

Que si amigos, familiares...

Ahora, que le digo una cosa, amo:

lo que ha decidido con la cabeza, no lo estropee con las tripas.

Hágame caso.

-Margarita. Que igual tienes algo que contarme, ¿no?

¿El qué?

-Pues mira, del precio del azafrán, ¿no te digo?

Jimena, esas lámparas.

¡Chis!

¿Qué? -Pues, mujer, que...

¿Que qué pasó anoche entre tú y tu prometido?

A ver, no me malinterpretes, que no quiero detalles.

Pero que una cosica sí, en general.

Que desde que se fue mi Floro, estoy falta de pasión.

Pues con lo que te voy a contar, tampoco te va a subir...

-¿No me digas que na de na? Pues te lo digo.

-Vamos a ver, ¡no eres más sosa porque no tienes más cuerpo!

¿Se puede saber por qué te volviste atrás?

Porque él no quiso.

-¿Me estás diciendo que te entregaste a ese hombre...

...y que él te rechazó? No, no me rechazó, Cata.

Me dijo que si lo hacía por miedo a que no volviese...

...de la guerra, que no era necesario.

Que volvería a por mí. ¡Me lo ha jurado!

-¡Si es que... mira cómo se me ponen los pelos!

¡Si es que lo vuestro es un historión de amor...

...que, de verdad, ni en los libros! ¡Qué bonito!

Catalina. -Señora.

¿Cómo va esa tarta? -Pues ya acabando.

Anda, déjame, dame el chocolate. -Sí.

Vamos a ponerle mucho. Ya sabes lo que le gusta a Nuño.

(RIENDO) ¡Ay, Catalina...!

¿Te acuerdas cuando nos lo encontramos ahí sentado,...

...con el cucharón de chocolate en la mano?

¿Qué tenía...? -Dos años tendría.

Y de repente lo perdimos de vista un momento y le niño no aparecía.

-¡Qué susto! Llegamos y nos lo encontramos ahí...

...con el cucharón del chocolate,...

...hasta arriba las manos...

Si no se comió dos libras, no se comió ninguna.

-Señora.

Nuño se niega a probar bocado.

Dice que no piensa comer nunca más.

Se acabó.

Catalina, ordena que preparen un carruaje...

...y viste a mi hijo. Nos vamos.

Crujido.

-¡Ah! ¡Sátur!

-Amo, controle sus impulsos, que un día me va a dejar seco.

De un susto o de un golpe, ya verá.

¿Has puesto la señal para que sepan que hay intercambio?

-Sí, amo, sí.

Y he puesto el azul más vivo que he encontrado, pa que se vea.

¿No tardan mucho en llegar?

Igual han decidido buscar otra ruta.

¿Y por qué iban a hacer eso?

-Pues porque la vida es así.

Y basta que decidamos una cosa...

...para que se empeñe en llevarnos la contraria.

Que no quisiera yo que lo de su hermano...

...acabe pesándole en la conciencia, amo.

Galope. -¡Vamos!

¡Venga, anda!

Latigazo. ¡Vamos!

Graznidos.

-¡Con Dios!

Golpe y estocada.

-Vamos a ver si mantienes la boca cerrada cuando te raje.

-Han puesto la señal, Manuel.

Han aceptado el canje.

-Reúne a los hombres.

Has tenido suerte de que tus ojos aún me sean de utilidad, ¡cerdo!

-Quiero volver al palacio, no quiero pasear.

Y quién te dijo que sea un paseo. -Pues no quiero ir a ningún sitio.

-Señora, ¿vamos a ver a algún afamado doctor?

No.

-No, si pal trabajo del lucimiento ya está él.

Lo que es la exhibición.

Ahora, pa lo ingrato, pa eso el Sátur, eh.

Pa eso el Sátur. ¡Y encima con este!

¡Madre de Dios!

-¡Suelta el caballo y yo haré lo mismo!

-¡No!

Lo haremos juntos. A mi señal.

¡Ya! (RELINCHA)

¡Ay!

-¡Hermano!

¡Matadle!

(UN BANDOLERO GRITA) -¡A por él!

¡No!

¡Eh!

(EL JINETE GRITA)

Grito del jinete.

¿Por qué me has salvado la vida?

-¿Y ahora cómo me voy?

Quédate ahí, Catalina.

-¿Pero, señora...?

Que digo que si es por hacer un descanso,...

...podemos buscar un lugar más...

Y quién ha dicho que sea un descanso.

Aullidos.

-Madre, ¿qué pasa?

Déjalo ahí.

¡Que lo dejes ahí, he dicho!

Aullidos.

Aullidos.

-¿Pero, señora, cómo vamos a dejar ahí a la pobre criatura?

Que es un lugar muy peligroso.

¿No está escuchando a los lobos? ¿Y qué?

Nuño ha decidido que no quiere seguir viviendo.

Monta al carruaje.

-¡Pero, señora, por Dios...! ¡He dicho que montes!

Aullidos.

Gruñidos y aullidos.

-Señora, está... ¡Vámonos!

Vamos.

-Madre, por favor.

¡Madre! ¡Madre, no me dejes aquí,...

...quiero vivir!

Mi amor.

-¡Madre! ¡Nuño, hijo!

¿Sientes algo? -No sé.

Creo que no.

Bueno, poco a poco, ¿eh?

¿Sí? -Vale.

¡Comisario!

Has...

¡Has movido...!

¡Has movido el pie!

¡Nuño! -¿Cómo?

Sí, has movido los dedos cuando has visto al Comisario.

Hazlo otra vez, hijo, vamos.

Vamos, hijo.

Vamos.

Vamos.

-Aah...

¡Aay!

-Pero sólo puedo un poquito.

No te preocupes, Nuño, mañana lo moverás más,...

...y pasado mucho más... Eso es, eso es.

Eso es. Ya lo verás.

¡Hijo!

-Amo, es usted más bueno que el pan.

¿Se da cuenta de que hoy le ha perdonado la vida...

...a su peor enemigo? No, le he salvado la vida...

...a un hombre, nada más. -A un mal hombre.

Lo que pasa es que da la casualidad de que es su sangre.

Sé lo importante que es para usted la cosa de las raíces.

Por cierto, hablando de raíces, ¿qué guarda el medallón...

...de la duquesa de Valmayor?

Que con tanto secuestro y tanto lío no me ha contado nada.

Guarda secretos...

Secretos del corazón.

-En prosa, en prosa, que yo a estas horas la poesía...

...ya no la descifro. Lleva un pequeño retrato...

...con el verdadero padre de su hijo.

Que no es su marido, claro.

-Mira la abuela, no perdía el tiempo.

Y esto quiere decir que el medallón que estamos...

...buscando oculta el retrato de su padre.

Quizá, quizá...

-Pues si en su familia ya eran muchos y disperso...

...ya con esto... parió la abuela.

¡Juan!

¡Juan, espera!

¿Pensabas irte sin decirme adiós?

-Es que esto no es una despedida.

Te prometo que voy a volver, voy a volver por ti.

Entonces yo te esperaré.

-Fíjese que el doctor nunca ha sido santo de mi devoción,...

...pero este hombre cada vez que habla toca hueso.

Ventajas de confesar lo que uno siente.

¿Se viene conmigo? Es que me han hablado, amo,...

...de un sitio ahí en el camino de Burgos donde hay unas ninfas...

...que, que, que tiembla el Misterio.

No.

-Pues nada, digo yo que siempre será mejor entregarse a la vida...

...social que no abandonarse a las manualidades, ¿no cree?

Pues yo con su permiso voy a ir porque tengo...

...que enviar mi soldadito al frente sí o sí.

Ya le contaré.

Que descanse.

Juan está bien. Él es fuerte, seguro que volverá.

-Llevo dos días sin comer.

-¿Tienes viruela? -No, no...

-Ya no sé que vamos a hacer.

-Vengo de parte de Agustín.

-¿Es para tu novia? -Yo no tengo novia,...

...aún no he encontrado la chica perfecta.

-¡Qué hemos encontrado a su hermano!

-Sancho, se llamaba Sancho. -Sí, vive ahí en Brunete.

Si somos vecinos como quién dice. (RÍE)

-Estás robando.

-Que la olvides, Martín. -No puedo.

-¡Eso trozo es mío! -¿Usted no es la madre de Gabi?

-Me gustaría que dejase de ver a mi sobrino.

-¡Ah, qué asco! Mordeduras, pero las flechas...

...no las ha lanzado ningún animal.

Deja que te cuide.

-Me da el pálpito de que lo vamos a encontrar.

Águila Roja - T2 - Capítulo 22

04 mar 2010

Una nueva obra de teatro llega a la villa. Satur intenta conseguir un papel para ganarse la admiración de su hijo. Durante la representación el Comisario es secuestrado por unos bandoleros y Águila Roja tendrá que tomar una difícil decisión: salvar a su hermano o dejarle morir.

El Cardenal Mendoza sigue cobrando impuestos injustamente, por lo que  Águila Roja intercepta el cofre de la recaudación y devuelve el dinero al pueblo.

En Palacio, la Marquesa está desesperada. Nuño ha sufrido una caída y puede quedar paralítico. 

Margarita da un paso más en su relación con Juan: teme que su prometido no regrese de la guerra y decide pasar la noche con él.

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