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No recomendado para menores de 12 años Águila Roja - T4 - Capítulo 51 - Todo el mundo se prepara para la celebración de la fiesta de la cosecha - Ver ahora reproducir video 01h 30 min
Transcripción completa

Subtitulado por Teletexto-iRTVE.

Me alegro de que no te hayas ido.

-¡Socorro....!

(LEE) Una indisposición me obliga a guardar cama,

Felipe IV, rey de las Españas.

-No soy yo hombre para matarme.

Hace una hora, vi salir al rey camino de Aranjuez,

y no acompañado por su médico precisamente,

sino por la hermosa Elvira de Sopeña.

-Necesito sentir que soy capaz de ganarme la vida.

Cipri, soy tu amigo, no tu amo.

-Vamos a tener una reunión de alto nivel es ese mismo salón,

vendrás conmigo.

Mañana ofreceré una cacería en mi honor a Elvira de Sopeña,

La condesa tendrá una bienvenida inolvidable.

-Están reclutando para una expedición de Vigo a Portugal,

podemos enrolarnos.

No cebéis demasiado la hoguera, quiero que ardan lentamente,

que todos aprendan lo que supone robar en los jardines del rey,

nos reuniremos en una hora.

-Haremos creer al alto mando portugués

que preparamos un ataque marítimo con nuestras tropas.

-Esto quiere decir que estos hombres

no saben que van a una muerte segura.

-La marquesa sufrió un desvanecimiento, no podrá venir.

Dejadme que sea yo el primero que lo monte.

(RELINCHA)

-El caballo de doña Elvira se encabritó.

Sólo ha sido una inoportuna caída del caballo,

no veo a qué tanto drama.

Uh... -Ah.

Disparo.

¿Se puede quedar ciego? -Es posible.

-He dispuesto todo para que sea relevado de vuestro cargo.

-He decidido que seas tú quien encabece la ofensiva terrestre.

-Vas a estar en un espectáculo grandioso.

-Los del galeón, no creo que lo cuenten nunca.

-Esta noche a las 10 en la Plaza Mayor, ¿vale?

-Vale. ¡Ah...!

-Comisario, nos vamos de paseo, uh.

-Han cogido al comisario, quieren que pague por lo que hizo,

ya es hora de cambiar este mundo en el que triunfan los violadores.

Le llevaré a Europa, los mejores médicos,

los más caros, les daré lo que pidan.

-Si no hay contratiempos tendremos el honor

de acabar con el comisario antes de media mañana.

-Escuché que tienen al comisario y que lo matarán mañana.

-Aquí están todos los detalles con los nombres de los alistados.

-He ido a sacrificar al caballo que tiró al comisario,

y encontré esto en la montura.

-Esto es por lo que le hiciste a mi mujer.

-Tus hombres violaron a mi hija.

¡Ah, ah...! Soltadlo.

-No te lo puedes llevar, merece morir.

No sois asesinos. -Déjalo.

Disparo. -Ah.

Alonso de Montalvo.

-¿Cuántos habrá que matar para que te den una medalla?

-Amo, Alonso y Gabi, que van derechitos a la muerte.

-Suelta eso, que no es un juego.

Disparo. -Sátur.

-No llega a ser por el armatoste este...

¿Sabéis lo que quieren hacer con ese barco?

Lo van a reventar con todos los tripulantes dentro.

A casa. Hernán.

Disparo.

Vuelve con nosotros.

-No sabe usted lo que deseaba escuchar esas palabras.

Ah, ah... (RÍEN)

Relincho.

Hay algo que se me escapa.

Se me ha pasado por alto un detalle importante.

Mi madre no contestó ninguno de los mensajes que le dejé,

quizá debería... pensar en alguna otra opción.

Sátur, ¿me estás escuchando?

-Sí, amo, sí, le estoy escuchando.

¿Qué te pasa? Casi ni abriste la boca.

-Porque me sorprendió mucho que me buscara usted

un sustituto tan pronto, amo, la verdad.

Tú te fuiste,

y Cipri necesitaba ayuda.

Relincho.

Te recuerdo que lo saqué de un lago.

-Sí, ya lo sé,

pero siempre me ocupé yo de ustedes,

y sin ninguna queja que yo sepa. Bueno.

Hasta que Cipri no encuentre algo, tenemos que ayudarle,

es lo que se hace con los amigos, ¿no?

-Con los amigos, sí.

Venga, vamos a casa, quiero llegar antes de que despierten todos.

-Espere, espere, de tanto darle a la mollera...

se me ha llenado la vejiga, espere.

Sátur, vamos. -Ya voy, amo,

que esto lleva su tiempo.

A ver, Saturno, qué día llevas.

¿Qué es eso?

Amo... Amo.

Sátur...

-Fíjese qué carnicería, Amo,

¿quién habrá podido hacer todo esto?

-Señor comisario, ahora debería descansar.

Dejadme salir.

-Pero no puede ir solo, la señora marquesa...

(GRITA) ¡Dejadme salir de una vez!

Ordenaré que os maten.

-Dejadnos solos, yo me ocupo.

Llévame a la sala de armas.

-Sabes que no puedo hacer eso, comisario.

Madre te ha prohibido la entrada.

No puedo vivir así.

-Yo estaré contigo, te ayudaré.

Si de verdad quieres ayudarme...

al menos déjame morir con dignidad.

-No puedo, comisario.

Lo siento, pero no puedo hacer lo que pides.

(RESOPLA)

He estado toda mi vida al borde de la muerte,

y un estúpido accidente me ha dejado así.

-No fue un accidente.

¿Cómo has dicho?

-No fue un accidente, comisario.

Alguien puso una aguja al caballo para que se encabritara,

querían atentar contra la vida de Sopeña.

Acabas de darme la única razón...

por la que merece la pena seguir vivo.

-¿Qué os parece? Estás preciosa.

-Pues mal.

¿Tú qué quieres, estar en boca de toda la villa?

¿Tu madre sabe que vas así?

Mira, Marta, ¿eh? Cuando te lo quites,

te lo subo yo un poco y listo,

estás guapísima. -Se lo tendrás que subir un mucho.

Cómo se nota que es vuestra primera fiesta de la cosecha.

-Dicen que vienen mozos de toda la comarca.

-Uh, qué sueltecica te veo, Marta.

Mucho ojo, que a esta noche le llaman la noche de las preñadas,

¿no sé si me entiendes? Ni caso,

que a su edad, buenos paseos se daba ella al bosque,

y no sola precisamente.

-Oye, a ver lo que se van a pensar las crías.

Venga a trabajar, que como no terminemos a tiempo,

ni bosque, ni mozos, ni fiesta, ni nada.

-Ahora te lo traigo, Margarita.

-Tira...

Bueno, ¿y tú qué, vas a ir?

No tengo yo el cuerpo para bailes

-Mujer, por darte un paseíco no te pasará nada, así te despejas.

¿Y qué, encontrarme allí con Juan,

con Gonzalo y con la otra felices y contentos?

Quita, quita que menuda cosecha tuve este año.

-Pues estás muy joven para vestir santos,

y ya sabes lo que dicen,

que para pescar marido no hay noche como esta.

No tengo yo ganas, de verdad, Catalina.

-Bueno, tú piénsatelo, ya voy yo.

(CARRASPEA) -Perdona,

estoy completamente perdido.

¿Quién es usted?

Soy Fernando de Medina, el nuevo comisario de la villa.

Tengo una cita con Hernán Mejías,

y con tanto pasillo me he despistado.

Bueno, pues... yo le acompañaré.

Si gusta.

-Me suena mucho su cara.

¿Nos conocemos?

Pues... no, no lo creo, señor.

¿Me acompaña por aquí?

-Amo, ese hombre estaba abierto en canal, a bocados,

que tenía el... el hígado en Cuenca

y el corazón en Toledo.

El cuerpo estaba tan desgarrado que ni se apreciaban

las marcas de las mordeduras.

-Calle, calle, calle.

¿Y un oso?

Que con la boca que tiene son capaces

de hacer un estropicio así.

No.

Los osos señalan los árboles para delimitar su territorio,

y no había nada de eso por los alrededores.

-A lo mejor un lobo, o varios,

que esos en cuanto se juntan tienen una mala leche...

No, los lobos huyen de los hombres,

sólo atacan si se sienten acorralados.

-Ya, pero cuando esto gruñe...

Lo mismo da un humano que un ciervo.

Se lo digo yo que de hambre sé un rato.

¿Qué pasa, amo?

Que cuando pone usted esa mirada de águila,

es que algo va mal.

Los primeros conquistadores del Nuevo Mundo

encontraron a varias tribus nativas cuando llegaron.

-Con mis respetos pero con la que está cayendo

no estamos para dar clases de historia.

Me refiero a que muchas practicaban el canibalismo.

-¿Qué? Hombres que comen hombres.

-No diga eso, por Dios, que me se revuelve

el estómago sólo de pensarlo.

En según qué culturas se creía que si uno

se come el cuerpo de otro, hereda...

-Que no siga.

Me da igual una cosa que la otra, que...

que es una guarrería.

Caníbales en el bosque de la villa. (RÍE)

No me hagas caso, Sátur,

sólo... sólo era una teoría.

-Pues podía habérsela ahorrado,

que estoy a punto de echar las gachas.

No voy a probar bocado hasta...

Amo.

Que mañana es la fiesta de la cosecha,

y se celebras ahí, en la pradera, junto al bosque.

Sátur, no hay tiempo que perder, yo miraré por el manicomio,

comprobaré que no hay pacientes peligrosos que escaparan.

-Como sabéis mañana llega el emperador Leopoldo

y su séquito,

espero que sus aposentos estén perfectos.

-Oh, Majestad,

ha llegado a mis oídos que finalmente la boda

de vuestra hija con Leopoldo se celebrará en Viena.

-Así es.

Fue una suerte encontrar parte del oro robado.

El emperador quedó muy satisfecho con la dote.

-Sí, ha sido una suerte inmensa, ciertamente.

¿Y cuándo parte la infanta? -Dentro de unos días.

Ese enlace matrimonial asegura la continuidad

de la casa de Austria,

por fin las dos facciones de nuestra familia estarán unidas.

-Y de ese modo frenáis la pretensiones francesas

de hacerse con nuestro territorio.

Sois un gran estratega, Majestad.

-Ningún Borbón reinará jamás en el imperio español.

Llaman a la puerta.

-Majestad, perdone la interrupción, pero...

no encontramos a la infanta.

Buscad en las caballerizas,

a veces suele bajar ahí sin avisar a nadie.

-Siento haberme expresado tan mal, Majestad,

hemos buscado en cada rincón de palacio y la infanta no está,

ha desaparecido.

-¿Por qué cambias lo que ya he colocado?

-Tú eres quien cambió las cosas de sitio

sin pedir permiso a nadie,

que esta es mi cocina y aquí mando yo.

-Le pedí permiso a Gonzalo y me lo dio.

-Ay, mírale, qué rápido ha estado,

ganándose al amo a mis espaldas, ¿no?

-¿Cuántas veces tengo que pedirte perdón por lo del duque?

-Tú pides perdón y ya está, ¿no, Cipriano?

-Pues no, amigo, que fuiste muy rastrero conmigo.

-Por el bien de todos, asume que yo también trabajo

en esta casa. -Por el bien de todos, vete de aquí

de aquí cuanto antes! -¡Abandonaste el puesto

y yo lo cogí! ¡No pienso irme de aquí!

-Pero... -¡Vuelve a colocar eso en su sitio!

-¡Quieto, hombre! -¡Que lo coloques!

-¡Que te doy! ¡Me cago en la leche!

¡Que esta cocina es mía! -¿Ha vuelto Alonso ya?

Necesito la leña. -No se preocupe, señora.

Cipriano, vete a buscar al chiquillo

y le ayudas a traer la leña. -Tú a mí no me das órdenes.

-Bueno... -A ver, que no me habéis entendido.

No quedaba leña en casa y Alonso ha ido a buscarla.

-¿Y adónde ha ido? -Al bosque, Sátur.

¿Adónde va a ir si no? -Es que aquí hay muchos bosques.

¿A cuál de ellos ha ido? -Al que está pasando el río, creo.

Es el que queda más cerca, ¿no?

Golpes. No puede ser...

Yo me voy,

no vaya a ser que Alonsillo no pueda con toda la leña.

Estas son las llaves de mi despacho.

Me gustaría poder coger mis pertenencias.

-¿Cómo no? Haré que se lo traigan a palacio.

Me temo que no me ha entendido bien.

Quisiera hacerlo personalmente y poder despedirme

de todos mis hombres. -No veo problema.

Ahora si no hay inconveniente, me gustaría tratar

otro tema con usted.

Pasos.

He decidido revisar algunas de las sentencias que usted firmó

y que aún no se han hecho públicas. ¿Con qué motivo?

-Considero que hay ciertos castigos que no se justifican

con el delito cometido.

Llevo muchos años al cargo de esta villa.

Le aseguro que lo único que funciona es el miedo.

-No estoy de acuerdo.

El miedo no es necesario si se reparte justicia.

Los pobres son como animales,

solo aprenden a base de palos y mano dura.

-Los pobres son personas.

Como usted y como yo.

Me temo que estamos entrando en una discusión sin fin.

Le deseo suerte. Pensando así la va a necesitar.

-Se lo agradezco.

Ahora si me disculpa, tengo mucho trabajo por delante.

¿Sería tan amable de acompañarme a la salida?

-Por supuesto, señor, será un honor.

Comisario.

Buenos días, Hernán. Hace una mañana estupenda.

Se me ha ocurrido que podríamos dar un paseo por los jardines.

¿Qué te parece? ¿Me acompañas?

No puedo, tengo mucho trabajo.

(SUSPIRA) Anímate.

Si deseas hacer otra cosa, solo tienes que pedirlo.

Quiero que reúnas a todos los mozos de la cuadra.

¿Para?

Para encontrar y matar... al que me dejó así.

Llaman a la puerta.

-Adelante.

¿Habéis traído el dinero?

Mi parte del trato está cumplida.

Cierran la puerta.

-Antes... me gustaría asegurarme... viendo el cuerpo

de la infanta.

-La infanta se encuentra ya fuera de palacio.

Ante la perspectiva de su boda en Viena,

no nos fue difícil convencerla para que se escapara.

El rey de Francia... se alegrará de recibir

tantas gratas noticias.

No podíamos consentir ese peligroso matrimonio.

-Resulta curioso.

Aunque por diferentes motivos, a esa niña... le horrorizaba

su matrimonio tanto como a vosotros.

En fin, a estas horas debe haberse encontrado ya

con vuestro hombre. -¿Cómo puede estar tan seguro?

-Confío en mi gente.

Una doncella de mi confianza la llevará al lugar acordado

en el bosque.

A partir de entonces, lo que ocurra estará en sus manos.

Trinar de los pájaros.

Y en las de Dios, naturalmente.

(JADEA)

-Alteza,

a partir de aquí, ande en línea recta media legua

y encontrará el refugio. (SUSPIRA)

-¿Crees de verdad que anularán la boda?

-Usted escóndase en el refugio dos días,

y verá como su padre se olvida del enlace enseguida.

-Entenderá que no puede obligarme a casarme con un viejo, Leonor.

-No se preocupe. Yo volveré a palacio

para ver cómo siguen las cosas.

-Prométeme que no le dirás a nadie dónde estoy.

-Lo juro. -Muchas gracias.

(JADEA)

-Nunca olvidaré lo que estás haciendo por mí.

-Venga, váyase rápido. Váyase, váyase.

Trinar de los pájaros.

-¿Y tú has visto el temple y la planta que tiene el hombre?

Mira cómo le ha cerrado la boca al comisario.

que le ha puesto enseguida los puntos sobre las íes.

Murmullos.

Pues sí, la verdad es que parece muy normal.

No se ve tan estirado. -No, y viudo.

que me enterado en el mercado.

Anda que perdéis el tiempo vosotras.

Acaba de llegar la criatura y ya sabéis toda su vida.

-Mujer, ¿qué vamos a hacer? Pues si...

(SUSURRA) Mira, mira, mira... Nos ha visto.

Disimula, disimula, disimula... Sí.

(MURMURAN)

-Señor comisario. -Catalina.

Margarita. Ya sé de qué la conozco.

La vi en un cuadro de Rembrandt.

Esa no era yo. Vamos, que era mi cara,

pero que el resto del... Que no era mío, esa no era yo.

-No se preocupe, era un cuadro precioso.

-Muy artístico. Sí, muy artístico.

Pues muchas gracias. Con Dios. -Con Dios.

-¿Acudirán ustedes a la fiesta de la cosecha?

-Sí, hombre, por supuesto. ¿Por?

-Me gustaría ir, pero no conozco a nadie,

y me sería grato encontrarme con alguna... cara conocida.

-Pues no se preocupe, nosotras le acompañamos, ¿verdad?

Bueno, yo no sé si voy a... -Sí, hombre, delo usted por hecho.

-Perfecto. Allí las veré entonces.

-Bien. Adiós.

Hombre, las veo...

El hombre principalmente a quien quiere ver es a ti.

A mí me ha invitado el hombre por educación.

No empieces con tus cosas, Catalina.

-Oye, que no son mis cosas, que siempre ha sido así.

Se invita a la amiga fea para que vaya la amiga guapa,

mujer. Gonzalo. Hola.

Ese es el nuevo comisario, ¿no? -Sí...

¿Algún problema? -No, qué va, todo lo contrario.

Si el hombre quería que le acompañáramos

a la fiesta de la cosecha. Vamos, que le acompañáramos...

Que lo acompañara aquí...

A mí me lo ha dicho el hombre por... por meterme por en medio,

pero... porque es muy educado. Ah. Bueno...

Muy bien, ¿no?

Murmullos.

Pues voy... voy a casa. -A más ver.

Trinar de los pájaros.

Rugido.

-Ah...

(JADEA)

-Hola. ¿Te has perdido? -No.

-¿Y qué haces aquí sola? -No es de tu incumbencia.

Pues es peligroso ir por este bosque si no lo conoces.

-¿Peligroso por qué?

-Bueno, no sé, hay...

hay todo tipo de alimañas y de cocodrilos.

Gorjear de los pájaros.

¿Quieres que te ayude? -No, puedo hacerlo sola.

Crujido.

Pasos. -¡No! ¡No!

¡No! ¡No! ¡No! -¿Qué es eso?

-¡Ah! -No lo sé. ¡Vámonos!

-¡Ah! ¡Ah...! -¡Vamos!

-¡Ah! ¡Ah! ¡Ah...!

Vosotros sois los únicos responsables

de las caballerizas de la marquesa.

Falta alguno.

Es una dinámica muy sencilla. Yo hago preguntas claras

y quiero respuestas claras. (ELEVA LA VOZ) ¿Falta alguno?

-No, señor. -No, señor.

¿Quién fue el responsable de ensillar

el caballo de Elvira de Sopeña?

-Yo. Fui yo, señor.

Ah...

¿Alguien te ayudó? -No, señor.

Los demás... podéis iros.

¿Quién te pagó para que lo hicieras?

-¿Qué? Yo no hice nada, se lo juro.

Alguien te pagó para que colocaras ese alfiler.

-No. ¡No sé de qué me habla, señor! Sí lo sabes.

Tú ensillaste el caballo. No, no.

Se lo juro, señor, no sé nada.

Muy bien.

Quizá necesites un poco de ayuda para recordar.

-Por favor...

-Señor.

-Ah...

No, por favor. ¡No, no, por favor!

¡Por favor! ¡Por favor, no! ¡No! ¡No!

Tranquilo. Tranquilo, no voy a matarte.

Solo quiero que me entiendas un poco mejor.

-¡No! ¡No! ¡No, por favor! ¡No! ¡No!

¡No! ¡Ah...!

-¿Se sabe algo?

-Hasta el último de mis hombres la está buscando.

No puede haber ido lejos. (SUSPIRA)

-Tenemos que hacerlo público, Felipe.

El pueblo te ama. Pídeles que busquen a tu hija

y ellos lo harán sin pensarlo. -No.

Arriesgaríamos la vida de Margarita

y la reputación del imperio. -Es solo una niña y está

ahí fuera sola. ¡Tienes que hacerlo público!

-La situación es muy delicada.

Si Leopoldo se entera del escándalo, suspenderá

el enlace con Margarita y quedaremos a merced

del rey de Francia.

-¿Te das cuenta?

Nuestra hija está desaparecida y tú hablas de ella

como si fuera una pieza de ajedrez.

-¿Qué es lo que no entiendes?

Lo que está en juego es el futuro del imperio español.

No pienso tomar una decisión equivocada.

-Me da igual el imperio español.

¡Solo quiero que traigas a mi hija de vuelta!

Tú eres el culpable de que se haya escapado.

-¡Basta!

-Te exijo respeto como padre... y como rey.

-Siempre te han preocupado más tus amantes que tus propios hijos.

No me pidas respeto como padre.

Si mañana mi hija no ha aparecido, seré yo misma

quien lo haga público.

Aunque tu imperio se hunda con ello.

-¡Alonso!

Trinar de los pájaros.

¡Alonso!

Es que no habrá bosques para ir a por leña,

no, ha tenido que escoger este precisamente.

(SUSPIRA)

¡Alonso!

¡No...!

¡No, Alonsillo, no, por Dios!

Zumbido de insecto.

(RUGE)

Grito de dolor.

Alarido.

Ya se ha callado.

-Demasiado ha aguantao el pobre.

Ya ha terminado de sufrir.

-¡Es horrible!

-Margarita, han traído esto para ti.

¿Para mí? (ASIENTE)

-¡Pero, mujer, dinos algo, que nos tienes en ascuas!

Es del nuevo comisario.

-¡Madre del amor hermoso, brilla como un lucero!

-¡Y menudos engarces!

-¿Pero tú de qué conoces al nuevo comisario, si acaba de llegar?

-Marta, una cosa, vete a hacer las camas,

que no tengo ganas de oír hoy a la marquesa.

¡Tira!

Esto es un insulto.

¿Qué se ha creído ese hombre que soy?

-Lo habrá hecho con acto de cortesía, por tener un detalle.

Catalina, que no me he caído de un guindo.

Este me ha visto en el cuadro y quiere lo que quiere.

-Mira, no seas mal pensá. El hombre lo habrá hecho sin mala intención.

Pues conmigo se está equivocando. -Oye, oye, oye, ¿dónde vas?

¿Dónde? A su casa, a devolvérselo.

-¿Pero tú estás tonta o qué? ¡Que es el comisario de la villa!

¡Me da igual, Catalina, yo ya sé lo que significa aceptar una joya!

-Señor. Buscad a su hijo.

Detenedlo y arrancadle los ojos también.

-Señor, no podemos hacer eso. Usted ya no es...

No es comisario.

¿Cómo te atreves a rebatir mis órdenes?

-Señor... Puede que me hayan relevado...

¡Pero tengo recursos suficientes para que te arrepientas!

-Sí, señor.

Hernán, ¿vas a usar mucho tiempo mi cocina como sala de torturas?

Ahí arriba empezamos a tener hambre.

No es momento para tus ironías, Lucrecia. ¿Qué querías?

Hablar contigo.

¿Hasta cuándo vas a seguir con esto?

La venganza es lo único que tengo, no pienso prescindir de ella.

Hernán, podemos ver a los mejores médicos.

¿Qué importa ya quién lo hiciera? ¡Pero a mí sí me importa!

¡Maldigo la hora en que me monté en ese caballo!

¿Por qué organizaste esa cacería, por qué?

Si no la hubieses organizado, no me hubiese pasado nada y...

(RECUERDA) -La marquesa ha sufrido

un desvanecimiento, no podrá venir a la cacería.

Deberíamos suspenderla. -No, señor, bajo ningún concepto.

La señora ha ordenado que, por favor, disfruten de la cacería.

Hace una hora vi salir al rey camino de Aranjuez

y no iba acompañado por su médico precisamente,

sino por la hermosa doña Elvira de Sopeña.

¿Qué pasa, Hernán? ¡Me estás inquietando!

No es nada.

Es sólo que estoy cansado.

Acompáñame a mis aposentos.

-Amo, ¿ha visto a su hijo, ha llegado Alonso?

No. ¿Qué pasa?

-¡Pues que su hijo está en peligro! ¡Que se ha ido solo al bosque!

¿Qué, pero...?

Alonso, hijo, ¿estás bien?

-Sí. Claro, ¿por qué no iba a estarlo?

Porque el bosque es muy peligroso para un niño.

A partir de ahora no quiero que vayas solo.

-Pero, padre, si... ¡Nada de peros!

¿Has hecho los deberes?

-No. Pues a hacerlos, anda.

Deja eso ahí.

-Amo, escúcheme. ¡Que he visto a la bestia en el bosque!

Que sé quién está devorando a la gente.

¿Quién?

-Una pantera.

¿Una pantera? -Una pantera, negra como el tizón.

¡Y ya se ha zampado a otro!

Sátur, no hay panteras en Castilla. -Amo, que si sigo vivo

es porque me ha visto esmirriao o algo así. ¡Que lo he visto!

Estabas asustado. Pudiste ver cualquier cosa.

-¿Me está diciendo que me lo invento?

No. Acuérdate de cuando creíste que había ánimas en la cuadra.

Al final sólo eran sombras.

A veces tienes mucha imaginación. -¡Hay que joderse!

¡Que me está faltando al respeto!

¡Que vale que no tenga muchas luces, pero sé lo que veo!

¡Tiene que creerme! Está bien, Sátur, pero cálmate.

Además, seguro que hay una explicación mucho más sencilla.

-Ahora resulta que soy tonto.

No, claro, es que usted tiene que verlo para creerlo.

Pero le digo una cosa. Esta vez cuando lo vea,

será demasiado tarde, se lo advierto.

-Por la gloria eterna de Luis XIV, el Rey Sol.

Cuando vuestro rey sea el emperador de toda Europa,

espero que se no olvide de este humilde servidor.

-La Corona francesa se acordará de su lealtad, eminencia.

-Perdón, señor.

-Lo siento, señor, no pude pararla.

-Retírate.

¿Qué haces aquí? -Eminencia...

¡La infanta...! ¡La infanta no está muerta!

-¡Habla!

-El hombre que estaba en el bosque esperándola...

¡Yo lo he encontrado todo despedazado y la infanta...

no estaba ahí, no estaba!

-¿Buscaste en el refugio? -Sí, señor.

Tampoco está.

-Espero que tenga otro plan, eminencia.

-Sola no pudo haber ido muy lejos.

Haremos todo lo posible por encontrarla.

-Amo.

Quería pedirle disculpas por lo de antes.

Ya sabe que a veces me se calienta la boca y no mido.

Yo también me excedí, Sátur.

¿Has cogido el cebo para las trampas?

-Sí y todo lo que me pidió. Bien.

-Que también quería yo agradecerle que...

Me creyera en lo de la pantera y eso.

¡Que no sabe lo que me ha llegado!

Sátur, hacemos esto por precaución.

Lo que tú viste pudo muy bien ser un lince.

-¡Esto es la leche!

¡Pues anda que se parece un lince a una pantera!

O sea, ¿que todavía no me cree? Mejor prevenir.

Anda, vamos.

-¡Manda huevos...!

¡Vamos, amo!

¡Dese prisa que, como aparezca el bicho,

nos hace un siete!

Si es que aquí no se oye ni a un mísero gorrión.

La carne.

Crujidos.

(SUSURRANDO) -¡Amo, la pantera! ¡La pantera!

Sátur. -¿Qué?

Quédate aquí, no te muevas. -¿Qué?

¿Y usted adónde va?

¡Amo, por Dios, lleve cuidao!

Resoplido de un caballo.

Pasos.

(GRITA)

¡Amo! ¡Amo, sáqueme de aquí!

¡Amo!

¡Socorro! ¿Es que no me oye, amo?

¡Amo!

¡Amo!

¡Amo! ¡Socorro!

¿Es que no me oye, amo? ¡Amo!

¡Amo, sáqueme de aquí, por Dios!

Sátur, tenías razón. He visto unas huellas.

Hay una pantera.

-¡Sáqueme de aquí! ¡No grites!

-¡Me cago en to...!

-¿Y quién dio el grito?

-No lo sé, pero fue horrible. Nos asustamos y salimos corriendo.

-¿No te ha dicho cómo se llamaba?

-No, Gabi. Sólo me dijo que era noble y que la iban a casar

con un viejo y que, por eso, se escapó.

-Todo esto me parece muy raro, Alonso.

Deberías avisar a tu padre. -No.

No, no, no, a mi padre ni mu, eh.

Que le prometí a esa niña que no diría nada.

Truenos.

-¿Crees que estará bien?

-Sí. Está en una cueva del bosque.

Estará a salvo allí hasta que vuelva con ella mañana.

Espero.

Truenos.

-Madre, buenas noches.

¿Sabes si Hernán ya ha encontrado al culpable de su accidente?

-No, creo que no.

Pero le encontrará, ya le conoces.

No va a parar hasta que lo mate.

Sí. Supongo que sí.

Buenas noches.

Buenas noches. -Buenas noches.

-Señorito.

Señora, su belladona para dormir ya está lista.

¿Está bien cargada? -Sí, señora, a su gusto.

Trueno.

¡Válgame Dios, Señor!

Seguro que mañana, con la suerte que tenemos, se estropea la fiesta.

¿Y a mí qué me importa, Catalina?

-Con permiso, señora.

(SUSPIRA)

-Catalina.

No es buen momento para visitas, Juan.

-Siento la molestia, Lucrecia,

pero tengo que hablar contigo acerca del comisario.

Dime, te escucho.

-Acabo de llegar de Salamanca, de hablar con un compañero

que podría hacerse cargo de este caso.

Es el mejor en este tipo de afecciones.

¿Hay cura?

-Puede ser un coágulo de sangre en el cerebro

lo que impide ver al comisario.

Para asegurarnos, le haríamos una trepanación,

pero es una operación dificultosa.

Háblame claro, Juan.

-Si la intervención sale mal, podría quedar impedido de por vida.

O incluso podría morir.

Gracias.

Lo consultaré con él. Aunque últimamente no está muy receptivo.

-Lucrecia.

Lo hago por nuestra vieja amistad.

Lo sé.

-Si me disculpas.

Juan, creo que ya hemos hablado suficiente por esta noche.

Truenos.

Chirrido de una puerta.

-Señor, tiene visita.

Parece una criada. -¿Una criada?

Disculpe que le moleste, señor comisario, pero debemos hablar.

-Adela; mantas, por favor.

No, no se preocupe, no es necesario, me iré enseguida.

Sólo quería devolverle esto.

Lo siento, pero no puedo aceptarlo.

-Si te he ofendido, lo siento.

No estoy acostumbrado a estas cosas.

Sólo quería que supiera que no soy ese tipo de mujer.

Ahora, si me disculpa...

-Margarita, espera.

Me he precipitado, de acuerdo.

Pero tampoco voy a negar la evidencia.

Ni yo voy a caer rendida a sus pies por mucha joya que me regale.

-No, no, no pretendía nada a cambio.

Mira, olvídate de mi cargo,

piensa que soy un hombre cualquiera que ha hecho el ridículo.

Te pido disculpas de nuevo.

Tengo que marcharme.

Se me hace tarde.

Trueno.

-Si estás muerta de frío. Mira qué tormenta.

Deberías esperar aquí hasta que pase.

Se lo agradezco, pero ya me las apañaré.

-Quédate, por favor.

Ya te he ofendido. No quiero ser el culpable además

de que cojas una pulmonía.

-Señor.

Está bien, pero sólo hasta que escampe.

-Gracias, Adela.

Haré que te traigan algo caliente.

No es necesario, no se preocupe.

-Te diría que si necesitas algo, estoy en mis aposentos.

Pero... podrías malinterpretarlo.

Buenas noches.

Truenos.

-Lo siento.

-Estás cansado, no pasa nada.

Además, hombre, que todo no va a ser encamarse.

Que unos buenos cariños con sus abrazos también están bien.

-Sí, ya. Pero no es lo mismo.

-Venga, hombre, cambia esa cara.

Si a mí, con que estemos junticos y abrazaícos ya me vale.

¿Qué te ronda?

-Nada. Que me he levantao con el pie cruzao, ya está.

-¿Estás bien en casa de Gonzalo?

¿Se porta bien el Sátur? Que él es muy suyo pa sus cosas.

-Sátur... ¡no, qué va!

Uña y carne, ya nos conoces.

-Pues entonces deja de preocuparte ya, no le des más vueltas.

Tú, resérvate pa la fiesta de la cosecha.

Ya verás cómo, entre tanto pino, te vuelve la hombría.

Que conozco yo un rinconcico en el bosque...

-¡Ay, Dios, amo, que esas trampas estaban vacías, no había na de na!

Y esta noche es la fiesta de la cosecha.

¡Como no hagamos algo, eso va a ser una carnecería!

Hay que evitar que se celebre, es la única solución.

Luego iré al nuevo comisario.

-¿De qué habláis?

Nada. -No, de na... de nada, señora.

¡Qué buena cara tiene usted hoy!

¿Ha dormido bien? -Estupendamente.

Hacía mucho que no tenía la cama para mí sola.

¿Y Margarita?

-No lo sé. No ha dormido en casa esta noche.

Me voy a lavar, a ver si me espabilo.

-¿Y si le ha pasao algo?

¿Y si ha tirao pa'l bosque?

¡Me cago en mi negra estampa, nos pasa todo!

Llaman a la puerta.

¿Sí? -¿Es la casa de Margarita Hernando?

Aquí es.

(LEE) Debido a la tormenta, la señorita Margarita Hernando

tuvo que hacer noche en mi casa.

Fernando de Medina, comisario de la villa.

-¿Qué pone?

Margarita está bien.

-¿Y adónde ha dormido?

¿Por qué pone esa cara?

Te he dicho que Margarita está bien.

¡Dios mío! ¿Qué ha sido?

¡Ay, Dios!

-Me parece que esa pieza va un poquito más abajo.

Señor comisario,

¡lo siento, ha sido sin querer!

¿Era... era muy valioso?

-No, no te preocupes, era muy viejo.

De hecho, tenía ya varios siglos.

¡Ay, Dios mío, pero que esto tiene que costar una fortuna!

¿Era una antigüedad?

-Podía llamarse así, pero no te preocupes, no pasa nada.

Lo siento, intentaré pagárselo como pueda.

Bueno, aunque con lo que gano, tardo varios siglos más.

¡Si no sé ni qué hago aquí!

-Anoche te quedaste dormida y no te quise molestar.

Gracias.

Bueno, yo tengo que marcharme ya

que en mi casa estarán preocupados.

-Tranquila, envié a un lacayo a avisarles.

Ya saben que estás aquí. ¿A mi casa?

-Sí, pensé que sería lo mejor.

Claro, claro...

Bueno, pues, que me voy ya. Muchas gracias por todo.

-He mandado preparar el desayuno, como anoche tampoco no cenaste.

Si te apetece, claro.

Eh...

-Yo puedo desayunar en mi habitación.

Bueno.

De acuerdo, el malentendido quedó aclarado anoche.

Así que, imagino que no pasa nada por compartir un desayuno.

-Eso digo yo. Pero, por favor, no rompas ninguna taza,

son un regalo de mi madre.

Aquí nadie podrá oír tus gritos.

Fue un accidente, Hernán.

No quise hacerte daño.

¡Todos estos días a mi lado

y ni siquiera tuviste el valor de decirme que habías sido tú!

¿Y qué querías que te dijera,

que te había destrozado la vida?

Nunca me hubieras perdonado.

Tienes razón.

Hernán.

Hernán, ¿qué me vas a hacer?

Hernán, escúchame, por favor, escúchame.

¡Por favor, Hernán, por favor!

Vivirás en la oscuridad.

¡No, no! Como voy a vivir yo.

¡Hernán, por favor!

¡Por favor, Hernán!

¡Por favor! ¡Hernán!

¡Hernán!

(GRITANDO) ¡Socorro!

¡Socorro...!

-¡Señor!

-Aquí no se puede entrar.

Necesito ver al comisario. -Está muy ocupado.

Lo entiendo, pero debo hablar con él.

-Déjelo pasar.

-Sí, señor.

-Soy Fernando de Medina, el nuevo comisario.

¿En qué puedo ayudarle? Debe parar la fiesta de la cosecha.

La gente corre peligro. -¿Por qué?

Hay una fiera en el bosque, creo que una pantera.

-¿Una pantera? Sí, sé que parece imposible

pero ya ha atacado a dos personas.

-Perdone. ¿Usted la ha visto?

No, pero he visto sus huellas.

-Bueno, debió confundirlas con las de otro animal.

Es imposible que haya una pantera aquí.

Escúcheme, si la gente se interna en el bosque...

-Bueno, ya está bien. No voy a permitir

que cunda el pánico por algo que no ha visto.

Está bien. Pero si usted no hace nada, lo haré yo.

-¡Guardias!

-¿Señor?

-Lo siento, pero no me deja usted otra opción.

No voy a dejar que siembre el terror entre la gente.

Detenedlo.

-¡Eh, eh, eh! -¡Suéltame! ¿Qué haces?

-¿Dónde vas? -A ninguna parte, a la calle.

-Tu padre me ha dicho que no salgas solo.

-Que estoy aquí, no me voy a mover. Además, he quedao con Gabi, mira.

-Vale, pero no te muevas de la calle, ¿estamos?

¡Te estoy viendo!

-¿Tienes lo que te pedí? -Sí.

-¿Esto es todo?

Bueno, da igual.

No sé cómo voy a ir al bosque.

Porque es que Cipri no para de perseguirme.

-Si quieres, puedo ir yo.

-No, no, da igual.

Redoble de tambor.

-Se hace saber que la infanta Margarita Teresa de Austria,

hija de Su Majestad el Rey,

se encuentra en paradero desconocido.

Su Majestad ofrece a aquel que la encuentre

una recompensa de 100 escudos de oro.

-¿100 escudos de oro ha dicho?

-Sí, creo que ha dicho eso.

-¡100 escudos de oro!

A quien encuentre a esa niña, se le acabaron los problemas.

-Es ella. -¿Qué dices?

¡Es imposible!

-Que te estoy diciendo que la niña que está en la cueva es la infanta.

-¿Y qué vas a hacer ahora?

-¡Lo que tarda este hombre!

¡Que no llegamos, ya verás!

¡A veces pienso que es que le gusta tenerme de los nervios!

Buenas, Sátur. -Ya era hora, señora.

¡Que estábamos algo preocupados! ¿Dónde está Gonzalo?

-El amo ha ido al calabozo a hablar con el nuevo comisario.

¿Qué? ¿Cómo que se ha ido...?

Llaman a la puerta.

-Saturno. -¿Qué?

Tu amo está detenido en los calabozos,

al parecer se enfrentó con el nuevo comisario.

¿Cómo que está detenido?

-¿Nos vemos esta noche? -Sí, cariño.

Señora, hay que sacarle de allí como sea.

Voy yo. -No, sola usted no puede ir.

Usted sola no, deje que yo la acompañe.

No, Sátur, es mejor que vaya yo, tú quédate.

-Me cago... en to.

Se van a la fiesta.

¿Este dónde va ahora?

¿Cipriano, dónde vas?

Voy a buscar a la infanta, la hija del rey desapareció

y ofrecen cien escudos de oro por ella.

-¿La infanta? -Sí.

-¿Y dónde piensas buscarla? -Por todas partes, vaya pregunta.

-Cipriano, no vayas al bosque.

-Porque tú lo digas.

-Cipri, que estos días el bosque está muy peligroso,

y además... además hay...

una pantera.

-¿Una pantera? -Una pantera.

-Eres un miserable, sabes algo y quieres la recompensa para ti.

Oh.

Se abre una puerta.

Hernán... ¿eres tú?

Sácame de aquí, por favor,

me estoy volviendo loca.

Por favor... por favor.

Suélteme, por favor.

Suélteme, por favor, por favor, por favor...

Por favor, por favor, no, no se vaya.

No se lleve la luz, la luz, déjeme la luz.

Déjeme la luz, por favor, déjemela, por favor...

Déjeme la luz, déjeme la luz, por favor se lo pido.

¡Déjeme la luz! Por favor, déjemela, por favor, por favor.

¡Por favor! Por favor, por favor. No me deja sola, no me deje sola.

Se cierra la puerta. (LLORA)

(OYE A LUCRECIA) ¡Socorro!

¡Ah...!

Ayuda.

¡Ah...! -Comisario.

(OYE A LUCRECIA) Ayuda, no...

-¿Comisario, le pasa algo?

¿Sabes dónde está mi madre? Es que estoy esperándola para comer.

Lo siento, no sé dónde está.

-Bueno, pues... cuando vuelva...

podríamos comer juntos.

Muy bien, ¿si es eso lo que quieres?

-Comisario...

(OYE LOS LLANTOS DE LUCRECIA)

¡Por favor Hernán!

Por favor, por favor, avise al comisario,

necesito hablar con él.

¡Por favor, necesito hablar con él!

Gonzalo... Margarita.

(JADEA) Gonzalo, ¿qué le has dicho?

No tenías que haber venido y...

El comisario se comportó como un caballero conmigo.

Margarita, no... no he venido por eso.

¿Entonces por qué te han detenido? Hay que parar la fiesta,

la gente está en peligro, se lo intenté...

-Margarita...

¿Lo conoces?

Sí, es... es mi cuñado.

Señor comisario no sé muy bien qué pasó, pero...

le aseguro que no se volverá a repetir.

-Si se te ocurre crear pánico me veré obligado

a tomar cartas en el asunto,

y te aseguro que no seré tan benevolente.

Descuide y confíe en mí.

Señor comisario, yo misma me encargaré

de que no suceda lo que sea que haya sucedido.

¿Nos vamos ya?

Gracias.

-Señor, si me lo permitís...

en momentos tan delicados como este,

conviene la práctica de la templanza.

-Mi hija sigue desaparecida y Leopoldo ya se acomoda

en sus estancias.

Ni siquiera he sido capaz de recibirle.

-Majestad, he dado orden a todos mis párrocos

de que comuniquen la desaparición de la infanta en sus sermones,

toda la villa se volcará en su búsqueda.

Llaman a la puerta. La niña aparecerá.

-Majestad, disculpe,

este niño dice saber el paradero de la infanta.

-Habla, ¿dónde está mi hija?

-No es más que un pillastre que vendrá a por la recompensa.

-No, eso no es verdad.

Majestad, me encontré a su hija en el bosque

y luego la llevé a la cueva que está...

que está en el camino de las huertas.

-Dad aviso inmediatamente a la guardia real.

-Me encargaré personalmente.

-Toma, la recompensa es tuya.

-No, no puedo aceptarla,

yo sólo he cumplido con mi deber.

-Un gesto que te honra.

-Perdone, pero...

no me siento muy honrado.

Majestad, la he traicionado,

era mi obligación.

-Hay momentos que están por encima de nuestros principios,

has hecho bien.

-Majestad,

¿al final se va a casar?

-Los reyes tenemos muchos privilegios,

pero también grandes obligaciones.

¿Cuál es tu nombre?

-Alonso.

Alonso de Montalvo.

-¿Tú eres el hijo de Gonzalo, el maestro?

-Sí. ¿Conoce usted a mi padre?

-Has prestado un gran servicio al reino.

-Cualquiera hubiera hecho lo mismo, Majestad.

-Tú no eres cualquiera,

créeme.

Margarita, escúchame, es muy importante cerrar esa fiesta,

y necesito tu ayuda. No sé en qué quieres que te ayude.

Da aviso a palacio, hay que convenceros

del peligro que corréis.

¿Y qué harás con la gente de las afueras?

Es imposible frenar a tanta gente.

Margarita, no sé, ve a palacio y da aviso.

Gonzalo.

Anoche no pasó nada.

Me quedé dormida esperando que amainase la tormenta.

Margarita, ni se me ocurre juzgarte.

Nunca voy a meterme en tu vida,

a no ser que tú me lo pidas.

Claro, con Dios.

Bullicio.

Gabi.

¡Gabi!

Eh, Gabi.

Gabi, Gabi, Gabi. ¿Por qué me huyes?

¿Dónde está Alonso?

Eh, Gabi, Gabi. ¿Dónde está Alonso?

-Ni idea, yo no sé nada.

Dime ahora mismo dónde está Alonso.

-¿Alonso?

Se ha ido a hablar con el rey.

¿Con el rey?

¿Para qué?

-Alonso es el único que sabe dónde está la infanta escondida.

¿Dónde está la infanta?

-En el bosque, en una cueva.

-Alteza, la devolvemos a palacio, su padre la espera.

-Que no quiero casarme, no quiero.

(LOS CABALLOS RELINCHA) -Ah...

-Proteged a la infanta.

Disparo. -Joder...

-Rápidos, la emboscada.

Disparo. -Oh.

Disparo. -Oh...

Disparo.

-Ah...

(RELINCHA) -Ya.

-Ah...

(LOS CABALLOS RELINCHAN)

-Oh. -Oh, oh...

Ah... -Ah, ah.

-Eh...

-Ah. -¡Ah...!

Oh, oh...

Oh...

¡Oh!

-Ah...

-Mátala. -No, no...

Relincho.

-Oh...

-Oh.

(JADEA)

-Oh.

Ah...

-Oh... Ah.

Ah...

-Oh... (JADEA)

-Oh...

(TOSE)

¿Y ahora qué quieres, Hernán?

¿Qué va a ser esta vez?

¿Me va a arrancar las cuerdas vocales?

Quiero despedirme de Nuño.

Quiero despedirme de mi hijo,

al menos déjame que le escriba una nota, por favor.

La primera vez que te vi, supe que moriría a tu lado.

¿Qué es eso?

Ahora tendrás la oportunidad de velar mi cadáver para siempre.

No voy a quedarme aquí viendo cómo te pudres.

No tienes otra opción.

(JADEA)

Dame eso. Dámelo. ¡Dámelo!

Como quieras. Ah...

Ah...

Si tengo que morir, al menos, que sea rápido.

(LLORA) ¡Eres imbécil!

Eres imbécil...

Prefieres llevarte todo por delante antes que escucharme.

¿Es que no te das cuenta, Hernán?

Nuño se va a quedar huérfano. Nuño.

(LLORA) Te da igual.

¿Te da igual?

¿De verdad?

¿Quieres que nos matemos... en este agujero?

Tenías una oportunidad con esa operación.

(SUSPIRA)

¿Qué operación?

Risas.

-Así... Eso es. (RÍE)

-Échame bien por el pecho.

-Muy guapa te estás poniendo tú.

¿No era que solo querías acompañar a Murillo?

-Bueno, a ver si una no puede arreglarle ahora.

Mira esta también. (RÍEN)

-Que me han dicho que viene el hijo de Pascual,

el de Vaquerizas. ¿Sabéis que sigue soltero?

-Y el tiempo que le queda. Con lo feo que es el pobre... (RÍE)

¡Escuchadme! Escuchadme todas,

no podéis ir a esa fiesta. -Ah, ¿no? ¿Y eso por qué?

Porque hay una pantera en el bosque,

y es muy peligroso ir. -¿Una pantera aquí en la villa?

Sí, me lo ha dicho Gonzalo. -Acabáramos...

Desde luego este crío hay que ver, las tonterías que tiene

en la cabeza. No es ninguna tontería, Catalina.

-Vamos a ver...

¿Tú es que has nacido ayer o qué te pasa?

Risas. ¿No te das cuenta que Gonzalo

lo que quiere es que no vayas a la pradera a encontrarte

con el comisario nuevo? Eso son celos, de toda la vida.

Catalina, conozco bien a Gonzalo,

y estaba muy nervioso. Te aseguro que no son celos,

que hay una pantera en el bosque. -Pero muchacha,

si hubiera una pantera, las autoridades lo hubieran dicho.

¿Han dicho algo? No. Pues eso.

Te vas a perder la única fiesta de todo el año

por una supina tontería. Tú misma.

Ah... -Hombre.

Murmullos. -Mira qué guapa.

(RÍE)

-Madre mía, la cantidad de cosas que vamos a poder hacer

con el dineral de la recompensa.

¿Se imagina usted, amo? (RÍE)

No ha habido recompensa, Sátur. -¿Cómo que no?

Si, pues aquí lo pone claramente. ¡Cien escudos de oro!

Ya. He renunciado a la recompensa.

-¿Pero por qué?

Otro igual que su hijo...

No, Sátur, salvar a la infanta forma parte de mi trabajo, sin más.

Es una cuestión de ética. -¿Pues qué quiere que le diga?

Me ofrecen a mí 100 escudos de oro que me he ganado,

y me paso la ética por, por, por... por lo bajos.

Ya. Tenemos que ir a la pradera

antes de que empiece a llenarse de gente.

Alonso y Gabi, ¿dónde están?

-En la habitación de Alonso. Bueno...

-No sabe usted el cabreo que tienen por no dejarles ir a la fiesta.

¿Has avisado a Cipri de que no vaya?

-Sí...

Más o menos.

¿Cómo que más o menos?

-Mira, amo, usted ya sabe que... Cipriano y yo, pues no...

no estamos bien, nada bien.

Traté de contarle lo de la pantera, pero no me creyó.

Así que tuve que dejarle... inconsciente.

Sátur, ¿otra vez? -Un poquito inconsciente.

Ah.

Tenemos que darnos prisa. Hay que cazar a la pantera

antes de que empiece la fiesta.

Música celta.

Trinar de los pájaros.

Aplausos.

Gritos.

(SUSPIRA) -Dónde estarán...

-Perdone, señor, ¿pero qué buscamos exactamente?

-Esta mañana me han dado el aviso de la presencia de...

Da igual, es absurdo.

No hay nada raro aquí.

Volvamos a por los caballos. -Sí, señor.

Rugido.

-Ah...

(RUGE)

(JADEA)

Disparo.

(RUGE)

-Ah...

(JADEA)

Cierran una cremallera.

Si me quedo inválido, prométeme que me matarás.

(SOLLOZA)

Chirrido de grillos.

-Ah...

Tenía razón,

el primer cadáver que encontramos era de un comerciante.

Venía de África. -¿De África?

No entiendo nada. Al parecer, la pantera vino

junto a un cargamento de esclavos y se escapó.

Lo demás ya lo sabes.

-Pues si la muerte no tiene mucho sentido en sí,

Que te lleguen las fauces de una pantera en los bosques

de Castilla, ya me dirá usted. Es de coña marinera.

Supongo que tienes razón. -El cura se las ha visto y deseado

en la homilía pa... pa...

para esquivar las formas en que murió el hombre.

Que ha sudado un chorro de tinta el pobre para explicarlo.

¿Estaba Margarita? -Ahí estaba.

Golpe.

(SUSURRA) Qué mala suerte tiene esa mujer con los hombres.

Ahora, que la bestia nos hizo un favor.

¿Cómo que nos hizo un favor? ¿A quién?

-Pues básicamente a usted.

Si no llega a ser por la pantera, el comisario nuevo

ya le habría hincado el diente a su cuñá.

Y no tardando. Sátur, ni se te ocurra hacer

ningún comentario al respecto delante de ella.

-Bien.

Y ahora prepara los caballos, que nos vamos de paseo.

Ah... -¿De verdad?

¿De paseo? Vaya, pues por fin un poquito de asueto y diversión.

¿Y adónde vamos? Bueno, no, no diga usted nada.

Le voy a llevar yo a un par de sitios,

que ni en sus mejores sueños. (RÍE) Sátur, vamos al Pozo del Infierno.

-¿Al Pozo del Infierno? No conozco yo esa mancebía,

pero el nombre promete. El Pozo del Infierno es el lugar

donde estuvo recluida mi madre.

-No hombre, no...

¡No, amo, no, que desde que estoy a su servicio,

entre unas cosas y otras, no hay forma de catar hembras!

Graznido.

-En nombre de la Santa Inquisición, ¿ha traicionado su fe católica?

Soy un hombre de principios.

Tambor.

Golpe.

-¿Ha excusado alguna vez a su amo negar la existencia de Dios?

Si miente, será condenado de la misma manera que su amo.

(DESENVAINA LA ESPADA) -¡Ah!

-¡Ah!

No voy a descansar hasta que paguéis por esto.

-Han robado el diamante en bruto más grande jamás hallado,

y lo ha robado un español.

-¡Ah! (EXCLAMA EN SU IDIOMA)

-No permitiré que los británicos insulten el nombre de la Corona.

-No se debe entrar así en las alcobas ajenas.

-En nombre de la Santa Inquisición, le condeno a morir

por los pecados cometidos contra la Iglesia católica.

-¡Padre!

Gritos.

Ah... -¡Ah!

¿Qué llevas colgando de esa cuerda?

¡Ah! -Virgen santa...

Disparos.

-Joder, amo, que la explosión me ha pillado con la boca abierta.

(RELINCHA)

Disparo.

-Ah...

¡Dispare, amo! ¡Dispara, por Dios!

¡Dispare! ¡Dispare!

-Ah... -Ah...

-¿Por qué me lo has ocultado?

-¡Vamos a morir todos por mi culpa!

¡Ah! ¡Sátur!

-Ningún bastardo del rey subirá al trono.

-Si tú no quisieras, eso no habría pasado.

Que todos hemos hecho la cobra alguna vez en la vida.

Siempre podemos volver a empezar. Ah...

-Te voy a mandar a limpiar las cuadras

lo que te queda de vida. (ABOFETEA)

Estás...

preciosa.

-No te puedes casar con ese hombre. No puede ser.

Claudia, Alonso y yo nos vamos a la villa.

-Pero digo una cosa,

cuando estés en el lecho con esa mujer,

ten mucho cuidado de no nombrar el nombre de Margarita.

Porque... ¡Sátur, basta!

-Ay, amo, que esto es una advertencia.

¡Amo, que se me ha aparecido la Virgen!

Ah...

Al final, no me voy. -¿Pero cómo que no se va usted?

¿Sabe la paliza que me he dado yo con... con la baúles,

con los enseres, con la ropa? ¡Pues ahora se tiene que ir!

¡Por mis santos huevos que se tiene que ir!

Águila Roja - T4 - Capítulo 51

23 ene 2012

Todo el mundo se prepara para la celebración de la fiesta de la cosecha. Sin embargo, Águila Roja y Sátur tienen motivos para estar preocupados. Han encontrado cerca de donde se celebrará la fiesta un cadáver violentamente despedazado.

 

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  1. markel

    Tiene que haver una a plicacion para la quinta temporada. Ahora os toca emitir la sesta temporada y quremos la fecha concreta para verlo que ya esta tardando.

    10 jun 2014
  2. Avatar de novi2 novi2

    Para cuando la nueva temporada?

    10 abr 2014
  3. Avatar de novi2 novi2

    Cuando podremos poner mas comentarios

    10 abr 2014
  4. diana

    me encanta la seria ablo desde españa me gustaria k arian otra temporada. me encanta la serie

    19 dic 2013
  5. Y. Millan

    Hola desde Venezuela felicitaciones a todos los actores hacen un trabajo excelente me encanta la serie.

    04 nov 2013
  6. Avatar de Susana Montero More Susana Montero More

    Interesante

    24 oct 2013
  7. jose antonio

    hola , saludos desde Ecuador , la serie es fantástica y es mi favorita, pero por favor cuando suben el capitulo 59 de la 5ta temporada?

    22 jul 2013
  8. Avatar de Susana Montero More Susana Montero More

    Hola me encanta la serie

    10 jul 2013
  9. Avatar de novi2 novi2

    hola

    10 jun 2013
  10. xxx

    grandiosa

    17 may 2013