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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 950 - ver ahora
Transcripción completa

Samuel, te lo ruego, cálmate. ¡Maldita sea!

Eres una ramera. Me encargaré de que los dos os arrepintáis.

Voy a encargarme de que jamás seas feliz.

Márchate.

"Muchas gracias a todos" por vuestro interés.

-A mejorarse, don Felipe. -Con Dios.

-Con Dios.

Visité a Samuel.

¿Y cómo se lo tomó?

No, se conformó con perder los nervios e insultarme.

Me echó de su casa.

Me va a oír en cuanto le vea.

Todos tenemos un límite, y Samuel ha colmado el mío.

-Creemos que Milagros debería seguir tomando la leche del ama.

El biberón no termina de ser suficiente.

Milagros no saldrá de aquí

si no es Fulgencia quien se encarga de su alimentación.

Vuelva... cuando tenga algo concreto que ofrecerme,

y dispondrá del dinero de la orden y de nuestras habilidades.

Créame,...

nada me gustará más que sellar

una alianza con usted.

Volveré, prior,...

y le serviré en bandeja a ese pecador.

Rehaga su vida,

y levante la cabeza.

Esa será mi recompensa.

-Cógela.

-Sí.

-Con cuidado.

Siéntate, ¿o vas a darle de mamar de pie?

Estás para alimentarla, no para ofrecerle tus sonrisas.

"Don Íñigo,..." no solo se ha desvivido por mí,...

también ha puesto en juego su dinero,

se ha endeudado por mí y...

nunca jamás podrá recuperar su parné.

-Él encontrará la forma de salir adelante.

Siempre lo hace. -Quizá,

pero no seré yo quien le resarza de sus pérdidas.

-Acepte nuestra ayuda. -No puedo.

-¿Por qué? Le reconozco que Rosina

no es una mujer fácil, pero tiene corazón.

-Precisamente por eso, don Liberto.

¿Cuánto cree que tardaría ese prestamista en saber

de dónde procede el dinero?

-¿Y? Eso a él ni le va ni le viene.

Usted aplaudió el compromiso de su querida prima,

al igual

que ahora bendice al apóstata. Hipócrita.

Cállate, Samuel. No tolero que hables así a Felipe.

Vete.

Y si no, ¿qué?

Traidora.

Ya ha oído a mi prima. Fuera. No he dicho ninguna falsedad.

¿Cómo se atreve a perturbarnos así?

Temple.

No nos hemos reunido aquí para montar un escándalo.

Lamento mucho que se tomara de esta forma la negativa de Lucía

a contraer matrimonio.

Ahórrese sus discursos, es usted un petimetre sin palabra.

Su comportamiento es impropio, le exijo que se reporte.

No tiene autoridad sobre mí, ni sobre nadie.

Ha perdido la honorabilidad que tenía al no cumplir con su palabra.

Nada de eso es culpa suya, cancelar la boda fue decisión mía.

Pero estaba a su cargo, él fue quien lo autorizó.

Óiganme todos, este hombre es un pusilánime

incapaz de mantener el orden en su casa.

Por última vez, le exijo que mida sus palabras,

no es este el trato que nos dispensamos entre vecinos.

No me merece ningún respeto, no es más que un mequetrefe.

Me está obligando a hacer que se trague sus palabras.

Me gustaría verlo, pero no quiero abusar,

apenas se tiene en pie.

-Por Dios, caballeros un poco de mesura.

Lo mejor que podemos hacer todos es tranquilizarnos

y no llevar esta discusión más lejos.

-Tiene razón.

Espero sus disculpas.

No. Son ustedes los que tienen que pedirme perdón a mí

por bailarle al agua a estos sinvergüenzas.

Samuel, se lo ruego, no puede tratarnos de esta forma.

Esta gente no merece otro trato.

No quiero tener ninguna relación con gente de esta calaña.

¡Yo estoy muy por encima de todas estas miserias!

¿Estás bien, amor mío?

Sí. Siento que Samuel sufra de esta forma,

pero no voy a permitir que empañe nuestra felicidad.

-Telmo, por favor,

siga con lo que nos estaba diciendo. No creo que sea oportuno.

Tiene razón.

Será mejor que las aguas vuelvan a su cauce.

Flora, sirva una copa a los invitados,

cuando todo se calme un poco,

haremos un brindis por Telmo y Lucía.

(Sintonía de "Acacias 38")

"Ha sido un desastre".

Nunca pensé que Samuel podría llegar a ser tan desagradable.

Trata de olvidarlo, no se merece que pierdas el sosiego por él.

Me he tomado la libertad de prepararles unas tisanas.

Espero que les entonen.

Sí, falta nos hace,

aún me dura el sofoco por la reunión de esta tarde.

Don Samuel ha montado un espectáculo lamentable,

todos hemos quedado muy afectados por su salida de tono.

Siéntese con nosotros y tome algo, que me da que también lo necesita.

Acompáñenos un rato.

Está bien, pero solo por esta vez y no tomaré nada,...

una sabe bien cuál es su sitio.

¿Cómo se encuentra,

han remitido sus achaques?

Mucho.

Los remedios que me dieron han hecho efecto,

ya no tengo esa horrible tos.

Me alegro de que sea así, últimamente estaba muy desmejorada.

Esta misma noche termino

el tratamiento

y no creo que sea menester prolongarlo por más tiempo.

Lamento el mal rato que les ha hecho pasar

el que fuera mi hijastro.

Se lo agradecemos,

pero tenemos que hacer el propósito de no volver hablar

de lo ocurrido.

Brindemos por el paso que hemos dado

y para que no vuelva pasar algo así.

Brindemos, aunque sea con tila.

Les deseo toda la felicidad el mundo.

Voy a traerles la cena, que no solo de amor vive el hombre.

Telmo, por mucho que te esfuerces, no puedes disimular tu tristeza.

Es cierto, no estoy muy contento.

Aplícate tu medicina y olvídate de Samuel.

No es solo por él por lo que estoy afligido.

En este momento recordaba a fray Guillermo,

como le encontré muerto en esta misma habitación.

Telmo, saca esos pensamientos tan funestos de tu cabeza,

ya nada puedes hacer por él. No,...

aún puedo vengarle.

Hasta que no lo consiga, no podré descansar a gusto.

¿Qué puedes hacer?

El Filo ha escapado.

Pero estoy seguro que detrás de ese asesino a sueldo

se esconde Espineira.

Tengo que acabar con ese endriago.

Contar lo que pretende con tu herencia.

No puedes denunciarle sin más, es su palabra contra la tuya.

Sí. Es verdad, no me creerían.

Espineira se encargaría de dejarme de falso y de interesado,

especialmente ahora que nos hemos comprometido públicamente.

Tenemos que demostrar que el prior es un ser corrupto,

que solo vive por su interés

y sacar de una vez sus trapos sucios.

Debo investigarle, hacerme con pruebas

y demostrar al mundo quién es ese cobarde ambicioso.

Estoy segura de que lo conseguirás.

"Es una de las situaciones más bochornosas"

por las que ha pasado el barrio. -Es indignante.

Samuel se ha aprovechado de que no estás del todo recuperado.

-Mejor así, de haber estado mejor, la cosa hubiera pasado a mayores.

En otra ocasión, le habría cruzado la cara a ese lechuguino.

No se merece otra cosa.

-Sí, cariño. -¿Quién se cree que es?

Entrar así en una celebración es una falta de educación, ¿verdad?

-Sí, es posible.

Desde luego, nos ha amargado la tarde a todos.

Celia,...

me haces menos caso que al pito del sereno.

Parece que no te importa lo que te cuento...

y se trata de tu prima. -Sí que me importa,

y te agradezco mucho que hayas defendido a mi prima,

y más, cuando todavía no estás para muchos trotes.

-Nadie lo diría, estás a otra cosa,

lo admitas o no.

En fin, me voy a la cama,

estoy agotado.

-¿Quieres que te ayude a acostarte?

-Gracias, puedo hacerlo solo.

-Señora, ya le he "dao" el pecho. Mire qué a gusto se ha "quedao".

-Ten cuidado, no es bueno cebarla como si fuera un pavo.

-Perdone la señora, pero el angelito lloraba de la necesidad misma.

-Es posible, pero no tiene que comer todo lo que te pida,

la vas a empachar con tanta leche.

-Me dijo que estuviera presta a darle cuando tuviera hambre.

-¿Me estás enmendando la plana?

Qué descarada.

Te di instrucciones precisas

y te las saltas cuando quieres.

-Le aseguro que no es mi intención contrariarla.

-Pues te has lucido.

¿Tan difícil es darle de comer a sus horas?

¿O has olvidado las normas que te di?

-No señora, que lo tengo "mu" presente,

pero me ha "dao" tantas reglas, que es "comlicao" seguirlas todas.

-Ándate más despierta si quieres seguir en esta casa.

Aquí mando yo, y las cosas se hacen a mi manera

y cuando se trata de Milagro, más.

-Haré lo que me diga y como "uste" me lo mande.

-Eso espero.

Y cállate, que al final despiertas a la niña.

Mi amor, menos mal que me tienes a mí para apartarte de esta acémila.

Menuda la que se lió ayer en La Deliciosa, ¿verdad?

Yo creo que la guerra de Cuba no fue peor que eso.

-Una escena bochornosa, impropia de gentes de nuestra clase.

-"Pos sí". Por poco llegan a las manos.

De ser así, ¿quién cree que habría "ganao"?

Porque don Felipe está "entoavía" convaleciente,

pero se gasta un genio...

-Eso da igual, los dos quedaron como unos patanes.

Pa "mí" que "toa" la culpa la tiene don Samuel,

que entró dando a diestro y siniestro.

-Desde luego, pero Felipe no estuvo muy acertado

al decidir hacer público un asunto tan peliagudo.

-A mí no me parece mal, doña Rosina,

si Telmo y Lucía se quieren,

está bien que se ennovien y que todo el mundo lo sepa.

-Qué sabrás tú, estulta.

Que Lucía se haya ennoviado con un hombre

que acaba de colgar los hábitos,

no es algo de lo que enorgullecerse, ni publicar a los cuatro vientos.

-Yo de eso no entiendo.

"Pa" mí, cuando se habla de amor,

no hay ni cuna ni barreras que valgan.

El amor tiene más fuerza que "toas" las normas del mundo.

-Eres más infeliz que el asa de un cubo.

¿Qué sabrás tú de amores?

Le recuerdo que servidora ha "estao" "casá"

y también he tenido varios pretendientes,

así que, algo sabré del tema.

-Pamplinas. Además, el mundo de los criados es una cosa,

pero el de los señores es otra bien distinta.

No podemos comportarnos sin pensar, hay que medir las consecuencias.

-Claro, como siempre hace su hija de usted.

-¡Cuidadito, Casilda!

-Bueno...

Casilda, ¿me acercas ese jarrón para poner las flores, por favor?

-¿Le pongo un café? -Ya he desayunado, pero bueno.

Con un poco de zumo de naranja.

Gracias.

(RESOPLA)

Me he encontrado a un periodista husmeando por el barrio.

-Con todo lo que está pasando en el barrio,

no me extraña que salgamos en la prensa.

-Buscaba información sobre Lucía,

quería saber que se cuenta sobre la heredera.

-No le habrás contado nada.

-Claro que no, madre, pero todo este asunto terminará en los periódicos

antes o después.

Imagínese el notición:

"La heredera de la mayor fortuna de España, enamorada de un cura".

-Excura, que se ha salido. -Sea como sea,

la prensa se le va a echar encima muy pronto.

Debería advertirla. -Haz lo que quieras,

pero este escándalo es imparable.

Como dice Susana: "La hija del pecado y un sacerdote arrepentido,

eso es que el demonio anda suelto".

-Doña Susana, siempre viendo el lado bueno de las cosas.

¡Tú te callas! Lo que está claro

es que esta historia es de novela y de las gordas.

-No, madre. Me da coraje lo que hacen algunos periodistas,

que no les importa el daño que pueden hacer,

solo piensan en vender periódicos. -Deberías tomar notas

y aprovechar esta historia, que tiene miga,

y para eso tú eres escritora. -Claro.

Tiene información de primera mano. Se va a liar una buena,

dentro de una semana es el cumpleaños de la señorita Lucía.

-¿Lo ves?, aprovecha y toma la delantera.

-Ya veré lo que hago.

Ahora me marcho,

he quedado con Flora para resolver unos asuntos.

Ya veo después.

-Nunca voy a hacer carrera de esta hija mía.

(Se cierra la puerta)

He mirado todos los periódicos y no dicen nada de Tito

ni de su paso por el hospital.

-Por lo que parece,

a nadie le importa un comino lo que haya sido del púgil.

-No hay ni una reseña. -A la gente no le interesa,

porque piensa que no va a volver a la competición.

-Y me temo que están en lo cierto.

-Sí. Será una lástima, porque no podrá ponerse los guantes nunca.

-Así es, Tito va a tener que buscarse otra ocupación,

subir a un ring sería un suicidio para él.

-Menuda tarea le espera, no creo que sepa hacer otra cosa.

-Para nadie es fácil cambiar de vida de la noche a la mañana.

Espero que entre todos podamos ayudarle.

-Yo estoy empezando un negocio que...

Ya veremos dónde nos lleva. Lo mismo le doy trabajo a Tito.

-¿Puedo preguntarte en qué consiste?

-Sí, pero no se lo voy a decir por si acaso se gafa.

-Me parece muy bien.

Ojalá tengas suerte y soluciones la papeleta de nuestro amigo.

-Ya veremos cómo se nos da,

yo, de momento,

voy a terminar de barrer la portería.

Venga, con Dios. -Con Dios, Servando.

Íñigo, ¿dónde estaba?

Me ha extrañado no verle.

-He estado buscando al prestamista que trabaja con Andrés,

pero no le encuentro por ningún lado y, necesito pedirle el aplazamiento.

-Vuelva al sitio donde se reunió con él.

-Ya, pero me han dicho que no está en la ciudad.

-Mejor,

así no tiene que pagarle, tiene más tiempo.

-Me temo que no es así como funciona este negocio,

si no está uno, tendré que ver al otro.

-¿Al tal Andrés?

-Me temo que sí.

No me gusta nada hacer negocios con ese hombre.

Me impone demasiado.

-Dejémonos de pamplinas,

le pedimos el dinero a Rosina y todo solucionado.

-No, espere.

Rosina es mi último recurso, primero hablaré con él.

He dejado recado para vernos esta tarde.

-Como quiera. Sepa que puede contar con mi ayuda.

-Gracias.

Saldré adelante.

Solo le pido que no diga nada a Flora ni a Leonor.

-Cuente con ello.

¿Qué le parece, a que es una auténtica obra de arte?

-Le ha quedado muy apañada.

Y tiene su trabajo.

Está limpia, reparada, mucho mejor que nueva.

-Sí, impecable.

-Y la puede usar para lo que quiera,

vale como costurero, como joyero,

y es tan fuerte, que le vale hasta para caja de caudales.

-Eso sí me gustaría,

tener dinero y joyas para guárdalas en la caja.

-Entonces, ¿le gusta o no le gusta?

-Gustarme... me gusta, pero ¿cuánto pide por ella?

-Buah, una miseria,

cuatro pesetas,

es una ganga para un trabajo tan fino.

-¿Cuatro pesetas? Eso es un capital.

-Será todo lo bonita que usted quiera,

pero yo no tengo tanto dinero para caprichos.

-Esto no es un capricho, es una obra de arte mayor,

que los cuadros de los museos.

-No se lo discuto,

pero de las cuatro pesetas, me faltan tres,

si me lo deja en una,

igual hasta se la compro.

-Mire, yo la aprecio mucho,

pero no le puedo vender la caja por menos de lo que me costó,

haría el canelo. -Pues ya será en otra ocasión.

Está de suerte, Fabiana,

Carmen estaba pensando en comprar esta caja, pero no se decide.

Llévesela usted antes de que se le adelanten.

-Déjeme que le eche un ojo. -Claro.

¿Eh?

Ahí la tiene.

Está limpia, reformada y mire usted cómo brilla la pintura, ¿eh?

-La verdad es que es bonita, Servando, sí.

-Y la puede usar para cualquier cosa, puede meter lo que quiera.

-Siempre y cuando no sea un melón.

-Ahí. -La verdad... es que me gusta mucho.

¿Cuánto cuesta esto?

-Fíjese, por ser para usted, cuatro pesetas.

-Qué barbaridad.

Tome, tome, tome la caja. -Lo mismo que le he dicho yo.

-No se amostace, Servando,

ya colocará el género con otros que tengan más cuartos.

Yo creía que me iba a deshacer de la caja antes

para empezar antes mi negocio,

pero al parecer, me está saliendo el tiro por la culata.

-Tiene razón en que se puede hacer negocio con esto,

pero se ha "equivocao" usted de parroquia.

Las criadas siempre andamos a la cuarta pregunta,

no podemos comprar lujos de estos, por mucho que nos apetezca.

-No le falta razón, Fabiana,

son las señoras las que pueden pagarse esos caprichos.

-Nosotros, con tirar "p'alante",

ya nos basta y nos sobra.

-(RÍE)

(SUSURRA)

¿Adónde vas?

-Iba a cambiar a la niña.

-¿Te parece bien andar así de desaseada por la casa?

-No la entiendo.

-Qué poco fuste.

Tienes la camisa manchada de leche.

-Es que mis pechos rebosan, señora.

-¿Eso son excusas?

No voy a permitir que vayas por mi casa así de sucia.

-Si me dejara darle de mamar a la niña

cuando ella me lo pide, esto no pasaría.

No me da el magín "pa" entender

por qué no puedo darle leche a Milagros si "tie" hambre.

¿Otra vez estamos con esas?

¿Crees que conoces mejor a la niña que yo?

-No, señora, yo no soy quién "pa" enmendarle la plana.

-Pues sácate la leche, tírala o haz lo que quieras,

pero a la niña se la da de comer a sus horas.

Cumplirás los horarios a rajatabla.

Se va a criar mi niña con las costumbres de una campesina...

-Yo "na" más quiero lo mejor "pa" la criatura.

-Pues haz lo que te dicen.

De esto no le digas nada a Los Palacios,

si te regaño es porque te lo mereces.

Cariño. -Volvéis pronto, ¿no?

-Justo lo que se tarda en ir a la pensión y volver.

-Apenas ha querido hablar.

-Y eso que le llevábamos comida. -¿Tan mal está?

-Dice que no tiene apetito.

-Entonces sí que está grave.

Algo tendremos que hacer por él. -A ver que se os ocurre.

Yo tengo que ver a Lucía para comentarle algo.

Íñigo,

deberías hablar con Tito y tratar de levantarle el ánimo.

Lo haré en cuanto tenga tiempo, ahora ando con otros asuntos.

-Ya estás escurriendo el bulto.

Tito está pasando las de Caín y tú con tus cosas. Haz un poder.

-Te he dicho que tengo otros asuntos de más enjundia que atender.

-Déjalos a un lado y no seas tan egoísta.

-¡Flora, que ya está bien!

Hablaré con él cuando pueda.

-¿Qué tienes? ¿A santo de qué esta salida de tono?

-Disculpa, estoy un poco inquieto.

-¿Estás así por la deuda? -No.

No solo por eso,

es por otros asuntos que no vienen a cuento, tranquila.

-¿Sabes ya cómo arreglar ese asunto?

-Flora, lo tengo todo controlado.

-Entonces no entiendo tus nervios. ¿Seguro que no corremos peligro?

-No.

A no ser que crucemos la calle sin mirar

y nos atropelle uno de esos automóviles que van como locos.

-No me estarás mintiendo, ¿no?

-Por supuesto que no. Yo me encargo de todo,

tú no tienes nada que temer, créeme.

Si lo dices será verdad, pero no me quedo del todo tranquila.

-Pues ponte a trabajar, verás cómo se te quitan las preocupaciones.

En un rato tengo que salir a hacer un recado.

-Entonces cerraremos antes, quiero pasarme a ver a Tito otra vez.

-Como quieras.

Mi amor, ya verás cómo vas a crecer sana...

y muy fuerte.

(Llaman a la puerta)

Va. Lolita.

-Me gustaría ver a la chiquitina.

-Ah, pues justo, la acabo de dormir.

Ya sabes que es mejor no despertarla,

que se pone pesada si se le corta el sueño.

Pero no pases pena,

que está estupendamente.

-Si yo me barrunto que la tiene como a una sultana.

Solo me pasaba por si necesitaba algo de ayuda.

-No, va todo de fábula, gracias.

-¿Y qué tal se apaña con la Fulgencia?

Bien, va todo sobre ruedas,

nos entendemos perfectamente, diría yo.

-Me alegro de que sea así.

Lo digo porque Fulgencia es un poco cateta

y lo mismo le cuesta entenderse con ella.

-No, obedece como si le fuera la vida en ello.

Y don Ramón, ¿cómo se encuentra?

-Mejora día a día, pronto estará fetén, como siempre.

¿Y don Felipe? Espero que esté bien,

que no le haya afectado el bochinche de ayer.

-Aún no se ha levantado,

pero sí, está bien,

después del bochornoso espectáculo que dio Samuel.

-Fue un disgusto "pa" tos.

Ese hombre perdió el oremus y lió la de San Quintín.

Ya hablaremos de esto,

seguro que las dos tenemos muchas cosas que hacer.

-Yo más que cuando era "criá". -Sí.

-No me gustaría irme sin echarle un ojo a la niña.

-Déjala en paz.

Si quieres,

luego bajo a buscarte, pero cuando ella haya descansado.

Podemos ir a dar un paseo a los Jardines del Príncipe,

seguro que le va bien tomar el sol.

-Está bien. La espero, entonces.

Úrsula.

¿Cómo se encuentra hoy, señorita? ¿Está usted más animada?

Por supuesto,

el disgusto de ayer ya se me ha pasado

y estoy más contenta.

¿Es cierto su compromiso con el sacerdote?

Pero ¿qué formas son esas de abordar a una mujer decente?

¿Cómo puede preguntarme algo tan personal?

Márchese.

La señorita no va a decirle ni chus ni mus.

No le consiento que se meta en mi vida.

¿No ha oído a la señorita? Humo.

¿Y su herencia?

Pero...

Márchese. No queremos organizar un escándalo.

-¿Qué está sucediendo aquí? Este tipo, que...

es periodista y no deja de preguntarme cosas.

La señorita no va a concederle ninguna entrevista,

márchese.

Lucía.

Ni se le ocurra seguirlas.

Menudo trabajo indigno, el suyo.

¿Es que no puede dejar en paz a la gente decente?

¿Qué maneras son esas de meterse en la vida de los demás?

Buenos días.

-Bueno.

Vaya horas, padre,

¿ha pasado buena noche?

-Reconozco que he dormido como un lirón, de hecho,

me he despertado tarde.

-No importa, lo que tiene que hacer es descansar,

ya recuperará sus horarios.

-Anda que no se está bien en la cama cuando está el sol en "to" lo alto.

-Voy a comprar el periódico, llevo mucho tiempo encerrado en casa.

-Me parece muy bien que vuelva a interesarse

por la actualidad. Le acompaño. -No, no es necesario

que te molestes, hijo. -No es ninguna molestia.

-Hijo,... permíteme que vaya solo,

no voy a cometer ninguna insensatez, puedes estar tranquilo.

-De acuerdo, pero no se entretenga mucho.

-Lo que tarde en comprar la prensa y estirar un poco las piernas.

-No me quedo muy tranquilo

sabiendo que va a estar solo en la calle a su aire.

-Antoñito, tu padre ya está mucho mejor.

Yo creo que no es bueno que desconfíes de él,

tú déjale a su aire, que verás que no pasa "na".

-Ya, pero temo que vuelva a hacer una locura.

-Es muy listo, y tiene que haber aprendido

de lo que le pasó con don Felipe, que casi la lía.

-Sí, sí, a lo mejor tienes razón, si no confío en él,

es imposible que rehaga su vida.

-Ya verás como poco a poco "to" vuelve a su cauce, amor mío.

-No sé qué decirte, la verdad.

Mi padre, convaleciente; mi hermanita al cuidado de mi vecina.

-Bueno, por eso no te apenes,...

que ya he "visitao" yo a doña Celia y va "to" como la seda.

-Es un alivio, la verdad, saber que se ocupan de ella.

-Pero... por un tiempo, que "ca" mochuelo

"tie" que estar en su olivo,

y Milagros tiene que crecer con los suyos.

-Yo creo que debería seguir en casa de los Álvarez-Hermoso,

al menos hasta que mi padre esté bien, pero bien de verdad.

¿No crees?

-Sí. Sí.

En "na" de tiempo la tendremos con nosotros.

¿Ves como no tienes de qué preocuparte?

-No le veo en la calle, y...

ya debería haberle dado tiempo a bajar.

(Se abre una puerta bruscamente)

Lucía, ¿qué te pasa?

Vienes sin aliento.

No se va a creer lo que me ha pasado.

Samuel ha vuelto a las andadas, ¿no? Has tenido un mal encuentro.

No, el encontronazo ha sido con un periodista

que ha empezado a hacerme preguntas indiscretas.

Esa gente no tiene decencia ninguna.

De no ser por Leonor y por Úrsula, no sé qué habría sido de mí,

no paraba de interrogarme.

Espero que no hayas contestado a sus preguntas.

No, no, por supuesto que no.

-¿Qué sucede?

-Lucía, que ha sido importunada por un periodista.

Quería saber de mi relación con Telmo.

No sé a quién puede interesarle los asuntos de otra persona.

-Este mundo está perdiendo el norte.

Lamento que te hayas llevado este susto.

Eso no es lo peor.

Leonor teme que sea el principio de un acoso

de la prensa.

Saben dónde vivimos y van a seguir insistiendo.

¿No hay forma legal de impedirlo?

-Me temo que no, la calle es un lugar público y no podemos

prohibir a nadie que circule por ahí.

Temo que les importunen a ustedes,

aunque no les va a coger por sorpresa.

Bueno, no es para tanto, no pasa nada,

estas cosas no tienen importancia, seguro que se pasan rápido.

-Celia, ¿cómo que no tiene importancia?

Es un asunto muy grave. Cariño, ¿qué te pasa?

Últimamente no estás pendiente de los asuntos de la familia,

ni siquiera estuviste presente en el anuncio del noviazgo.

Parece que todo te da igual.

-Felipe, no es cierto.

Todo lo que atañe a mi prima Lucía me importa.

-Últimamente no lo parece.

-Milagros me ocupa tiempo,

pero os dedico tanto tiempo como antes.

-No estoy de acuerdo,...

pero no quiero discutir.

Me voy, a ver si me preparan un café.

Prima, siento que hayan discutido por mi culpa.

No, no te apures, a Felipe se le pasan pronto los enfados.

Y no te preocupes por lo que digan esos plumillas,

lo más importante es lo que tú sientas por Telmo.

De eso no tengo duda,...

pero me molesta la intromisión de esa gentuza.

Ya. A veces en la vida

una tiene que ser valiente y defender lo que una

siente como suyo,... aunque no todo el mundo lo entienda.

Gracias por su apoyo, prima.

No hay nada que agradecer, para eso estamos la familia.

Voy a ver si la niña necesita algo, no me fío de ese ama de cría.

-Doña Susana, ¿tiene usted un momento?

-No.

No tengo tiempo para fruslerías. -Lo que le vengo a ofrecer

no es una tontería, es quizá una oportunidad única,

algo tan cardinal, que no debería dejárselo escapar.

-Si todas las veces que me han dicho eso fuera verdad,

ahora sería la reina de Saba. -Mire, mire, mire usted

qué producto tan refinado, y exquisito,

que más que una simple caja, parece una obra de arte

hecha para una persona como usted. -No necesito ninguna caja.

-No, pero usted fíjese bien, tiene infinidad de cosas,

usted puede meter aquí, por ejemplo, sus joyas,...

-Ya te he dicho que no me interesa.

Más te valdría atender la portería,

que andar con esos negocios absurdos tuyos.

-Doña Rosina, me alegro mucho de verla, tengo aquí algo

que le puede interesar. Mire qué acabado.

La puede usted comprar.

-Me iría de perlas como joyero.

-Claro que sí, y por cuatro pesetas puede ser suya.

-Te doy una. -Tres y media.

-Una cincuenta, y no doy más. -Tres veinticinco.

-Si te interesa a 1,50 bien, si no, te quedas con tu caja.

-Por ese dinero no se la puedo vender, que pierdo.

Es un abuso eso, ¿eh?

-En los negocios, no siempre se gana,

1,50 y ya sabes dónde estoy, si no, para ti.

Qué descaro.

-Casilda, Casilda, Casilda, Casilda, ¿te interesa esta caja, eh?

-La verdad es que le ha "quedao" la mar de bonita, Servando.

-Si me la regala, me la quedo encantada.

¿Crees que yo soy un panoli? Vale cuatro pesetas.

-Ay. Si no fuera porque me las he "gastao" en unas zapatillas.

¿Por qué no se espera al mes que viene,

que entonces tendré perras? -No, eso es mucho esperar.

No se la encajo ni a los ricos

ni a los pobres. -¡Eh!

(RÍE)

-Primo, si ya has vuelto del pueblo. ¿Cómo han ido las cosas?

-Ah, poca cosa, ¿"ande" está la Marcelina?

-Pues estará liada con sus labores. ¿Qué fue de la Ovidia?

-No parece de que se lo haya "tomao" mal, no vuelves "descalabrao".

-Fue bien la cosa.

Le dije que antes pensaba que "pa" mí era lo más principal

que mi rebaño en "toa" la vida, pero...

que "aluego" me he "dao" cuenta que no.

-Claro, y eso no le debió sentar bien.

-No, la verdad es que al principio me miraba como una borrega,

pero después le he dicho que iba a encontrar a alguien más gallardo

que la iba a querer,... y se ha "conformao".

-¿Solo con decirle eso?

-Eso y que estaba el Remigio,

el pastor del pueblo de al lado con el que...

se fue "cogía" del brazo.

Unas risas que se echaban mientras se iban.

-Pues sí que le ha "durao" poco la pena, sí.

-Yo no soy "malpensao", pero otro pensaría que estos

llevaban liados ya hace un tiempo.

Bueno, ya conoce el dicho: "Piensa mal y acertarás".

-Bueno, me da igual, lo que quiero es decirle a la Marcelina

que no tengo compromiso.

-¿Y por qué no le regala esta caja? Se la dejo barata.

-Más regalos ¿"pa" qué?

Si traigo dos quesos recién "curaos",

de estos que quitan el hipo.

-Ay.

Don Telmo no está, pero no creo que tarde.

Quería advertirle de la presencia de los periodistas.

Hace bien, yo todavía no he podido hacerlo.

Úrsula, ¿la entretuvo mucho ese tipejo?

Un rato.

No vea qué hombre más atorrante.

Cuando usted se fue, estuvo unos minutos preguntándome,

intentando sacarme información. Ahora tenemos que andar

con más cuidado con ellos. Y tanto.

No quiero ni pensar si llega a descubrir que soy la viuda

de Jaime Alday, el padre del agraviado.

Hubiera sido echar más leña al fuego.

Lo sé.

Afortunadamente, mi aspecto de criada

me protege.

Al menos, esta vez hemos salido bien libradas del acoso.

Pero no sé por cuánto tiempo.

Esa gente ha encontrado un filón con su historia.

Temo que no van a parar.

Telmo, qué bien que has llegado, quería comentarte que

un periodista nos ha abordado por la calle.

Ha tratado de sacarnos información sobre ustedes.

Lamento escuchar esto.

Tiene que haber sido un momento muy desagradable para vosotras.

Sí, la verdad es que ha sido muy desagradable.

Tenemos que estar preparados para aguantar más intromisiones.

Eso mismo le decía a la señorita Lucía.

Voy a prepararles algo de comer.

Todo empieza a complicarse.

He hablado con mis antiguos compañeros.

¿Has conseguido algo contra Espineira?

Todos saben lo que pasa,

pero el miedo es más fuerte que el deseo de justicia.

Saben quién es

y cómo se maneja, pero son incapaces de hablar.

Esa cobardía es impropia de gentes de Dios.

Es complicado enfrentarse a él.

Sabe rodearse de una camarilla de cómplices silenciosos

que protegen a su superior,

y todo aquel que lo ha cuestionado, ha sido expulsado de la orden

e incluso ha aparecido muerto. Telmo, ese hombre es terrible.

Sí, sabe cómo terminar con su enemigo.

Tal vez

deberíamos olvidarnos de él.

No, no, no, no podemos amilanarnos,

tenemos que seguir adelante,

hasta desenmascararle. Esto no ha hecho más que empezar.

Prométeme que vas a tener cuidado.

Cuenta con ello.

Tengo que pasar el resto de mi vida contigo.

Aquí me tiene, ¿qué desea de mí? -Mire, verá, los médicos

han descubierto que mi boxeador tiene una lesión

y no puede volver a pelear nunca más.

-Estoy al tanto, aposté en ese combate y ni siquiera se realizó.

-Por eso, a mí me va a resultar más difícil

reunir el dinero, pero usted no se preocupe que yo pago mis deudas.

-Yo no estoy preocupado.

-Solo le pido que me rebaje la cantidad que le tengo que abonar

en cada pago. Sin las ganancias del boxeo,

los únicos beneficios que tengo son los de la chocolatería...

y no son suficientes.

Tendré que pagarle más despacio, pero no se preocupe,

le he traído parte del dinero.

-No voy a coger ese dinero.

La cantidad es insuficiente.

No es lo que habíamos quedado.

-Es que le juro que no dispongo de nada más.

-Espere un momento.

Tenemos que buscar otra solución.

Es una lástima lo de ese tal Tito, era un gran luchador.

Afortunadamente puede conseguir el dinero de otras formas,

es bueno que tenga a gala no dejar una deuda sin pagar.

-Siempre lo he hecho.

-Tampoco yo he dejado nunca una deuda sin cobrar,...

pero todo a su tiempo.

¿Qué ganamos con disgustarnos?

-Me alegro de que se atenga a razones.

-¿Qué idea tenía de mí? ¿Pensaba que era un salvaje?

-No, no, no, yo no he pensado tal cosa.

-No hay nada de lo que preocuparse, Íñigo, estoy seguro

de que va a pagar, ya lo verá.

Pagará.

-Me voy a escape, que tengo un encargo de mi señora,

y cualquiera no se lo cumple a pies juntillas.

-Pues me deja usted de piedra, no sabía yo que doña Celia

era tan pejiguera. -No se hace idea.

-Con Dios.

Voy a ver si aquí tenemos hilo verde,

que se me han descosido unas cortinas.

-Mire, mire, mire en el costurero.

-Vaya mala cara llevaba el ama de cría, ¿no?

¿Tanto chupa la niña? -No, de Milagros no tiene queja,

pero está hasta las pestañas de su señora.

-Está muy encima de ella.

-Por lo visto no la deja ni a sol ni a sombra.

Desea que don Ramón se ponga bueno para volver a su casa.

Doña Celia está todo el tiempo "pegá" a la niña.

-Es normal, es muy pequeña. -Sí, pero "pa" mí, la Fulgencia

se queja de que la señora es demasiado cuidadosa

y que la niña estaría mejor en su casa,

ahora que su padre va mejorando. -Bueno, eso ya lo dirá doña Celia.

Ella lo que quiere es lo mejor para la pequeña.

-Sí, es de suponer, sí,...

pero algo ha visto Fulgencia que la tiene "desasosegá",

a saber qué será.

-Mire que hay hilos, pues ninguno verde.

Me toca ir a la mercería.

No se apure,...

que se preocupa por todo.

Ya sabrán los señores lo que se hacen.

-Supongo, sí, pero algo "preocupá" sí que me quedo.

-Bueno,... con Dios, Fabiana. -Con Dios.

Tengo la sensación de que todo el mundo me está mirando.

Ignórales.

Después de cómo terminó la presentación de nuestro noviazgo,

no podemos quedarnos en casa.

Sí, supongo que tenemos que dar la cara, me figuro

que se irán acostumbrando a vernos en pareja.

Perdonen mi atrevimiento, solo quería decirles

lo mucho que me alegro por ustedes, que estén de novios.

Te lo agradezco, Carmen,

eres muy amable.

Es que a la señorita le tengo mucho cariño,

aunque algo también sufro por mi señor.

Sí, es natural que te inquietes por él, es tu señor.

Y muy mal que lo ha pasado.

Y para más inri, se presenta un periodista preguntando por él.

No quiero pensar cómo reaccionaría el señor

si le preguntan por este asunto, suerte que no estaba.

Carmen, siento mucho que le importunen, pero por desgracia

es algo que yo no puedo evitar,

a nosotros también nos están siguiendo.

Ya se cansarán de venir por aquí, y de molestar a las personas de bien.

Y ahora, con su permiso, les dejo,

que tengo que ir a la mercería.

Con Dios. -Con Dios, Carmen.

Y ahora también buscan a Samuel. No sé hasta dónde van a llegar.

Tenemos que ser pacientes con todo este asunto.

También me desasosiega que quieras continuar

las pesquisas sobre Espineira.

Si al menos supiera por dónde seguir.

Echo mucho de menos a fray Guillermo.

Él sabía todos los entresijos de la orden.

¿Coincidió mucho tiempo con el prior?

Sí, así es, vivió de primera mano

el inicio de sus manejos corruptos.

Estoy seguro de que él sabría desenmascararle.

¿Y no hay nadie más de tu confianza que siga allí dentro?

Sí, el padre Bartolomé,... ¿lo recuerdas?

Estuvo presente en el sepelio de fray Guillermo.

Ambos eran muy buenos amigos.

Dejó la orden en la misma época que lo hizo fray Guillermo.

¿Y crees que él puede ayudarte?

Sí, estoy seguro de ello.

De hecho, voy a tratar de localizarle

esta misma noche.

Flora.

Flora, ¿estás en la cocina?

Yo no me puedo creer que se haya marchado

sin haber cerrado la puerta.

(LEE) "Si aprecias la vida de tu hermana, no llames a la policía,

espera instrucciones".

-Señora, traigo su encargo.

(Llora Milagros)

Espineira está detrás de la muerte de fray Guillermo.

Tiene que estarlo.

¿Por eso quería verme, para contarme todo lo que me acaba de contar?

Habla como si no le sorprendiera.

No, lamentablemente,

todo lo que pueda venir del prior no me sorprende.

¿No?

No, y no es por lo grave del asunto,

sino porque hace mucho que sé de las corruptelas

de la institución.

-"Ha sido secuestrada,"

había una nota, Leonor. Ha sido Andrés.

-¿Andrés? -¿Quién es Andrés?

-Esto es muy grave.

-Pero, Íñigo, ¿quién ha sido secuestrada?

-¡Leonor, han secuestrado a Flora! -¿Qué?

Que han secuestrado a Flora, pero ¿por qué? ¿Quién es Andrés?

-"Fabiana,..."

¿ha visto a la Fulgencia?

-"Pa" chasco que no,...

pero ahora que lo dices,

no la veo desde esta tarde, ¿es que ha "pasao" algo?

-Pues que nadie la ha visto, y que ha "desaparecío"

sin decir nada.

-Lee, lee, Úrsula.

Todo lo que dice ese periodista sobre la señorita Lucía

y don Telmo...

no son más que infamias y una sarta de mentiras,

y ustedes lo saben.

Lo de que Lucía dejó plantado y descompuesto en el altar

a un miembro de la familia Alday es verdad.

-¿Y qué propone?

-Cuidar yo a Milagros.

Puedo alimentarla con los biberones que guardé de Fulgencia,

por lo menos hasta saber qué hacer.

-Se lo agradecemos en el alma, pero creemos que ya ha hecho demasiado.

-No, la niña va a estar muy bien conmigo, Antoñito.

-Si no lo dudo, pero...

el lugar de Milagros es su casa,...

y aunque nos cueste, debemos hacer un esfuerzo por que se integre.

Creían que me iba a quedar de brazos cruzados

mientras me humillaban, mientras paseaban juntos

delante de todo el barrio.

Ellos se lo han buscado.

"Bueno, ¿y qué hace aquí?".

¿Ha ocurrido algo? No, solo que estuve dando vueltas

a la conversación que mantuvimos y me he acordado de algo.

¿Algo que pueda ayudarnos?

Hace tiempo ya de esto, pero recuerdo que en la época

en que fray Guillermo y yo dejamos la orden,

ya se hacían cosas muy turbias allí.

¿En la orden? Eso es.

Fray Guillermo, yo y otros sacerdotes

quisimos sacar todo aquello a la luz, pusimos mucho empeño.

¿Y qué pasó?

Espineira se encargó de acallarlo todo,

quemó la mayoría de los archivos que le comprometían,

pero...

había un viejo archivero.

¿Un archivero? Recuerdo que ese hombre salvó

del incendio varios documentos.

¿Y sabe dónde podríamos localizarle?

Le prometí que le ayudaría, ¿no? He hecho mis averiguaciones.

-A ver si nos hacemos con Milagros.

-Ya verás que sí, es cuestión de tiempo

que se adapte a nosotros y a esta casa.

-Eso espero, que estoy cansado de que esté dando tumbos.

Como tú bien dices, es su casa, y aquí es donde tiene que estar.

-A las buenas, doña Susana. -Buenas, Íñigo.

Por cierto, ¿le ocurre algo a Flora? No la he visto por la chocolatería.

-No le ocurre nada grave, se ha quedado en casa algo pachucha.

¿Le puedo ayudar yo en algo? -No, no, simple curiosidad.

Espero que no sea nada.

-Pues no, no se apure, es un simple catarro.

-Pues que se mejore. Con Dios.

-Con Dios.

Tenéis que ayudarme. -¿Qué quiere?

-Que me ayudéis a buscar un ama de cría.

Necesito a alguien que le dé alimento.

-Cuente con ello, prometo enterarme

de si alguien conoce alguna chica.

-Yo también correré la voz por el barrio.

-Ah, y que sea rápido, que solo tengo leche "pa" unos cuantos días.

-¿A qué te refieres?

-Puedes disponer del capital de mi familia para pagar la deuda.

-No, no hace falta. -La situación es desesperada.

-Sí, lo es. -Entonces, ¿por qué no lo aceptas?

-Porque yo me he metido en esto solo y yo solo voy a salir de ello.

Al menos dame la oportunidad de intentarlo, necesito unos días,

solo unos días, y te demostraré que yo solo puedo salir de esto.

-¿Qué hacen ahí plantados? ¿Perdón?

¿No irán a besarse o a hacerse algún arrumaco?

Solo estábamos hablando, doña Susana.

No haríamos mal a nadie si lo hiciéramos.

A mis ojos en particular, y a la moralidad del barrio en general.

¿Cree que nuestra relación atenta contra la moral?

Sí, si se exhiben en público.

No hacíamos eso. Porque yo lo he evitado,

pero ¿qué me cuenta de ayer?

¿Ayer qué?

Ayer fue un escándalo verles pasear como si fueran dos...

¿Como dos qué?

Mejor me callo. Aunque no lo decía yo, lo iban diciendo los vecinos

de boca en boca,

y no solo por su actitud,

que a la vista está que no pretenden esconder,...

No tenemos necesidad. ...sino también

por el artículo del periódico.

Todo el mundo iba pegando la hebra por ese asunto.

-Porque no vales nada.

¿Qué es esto?

¿Doble fondo?

-A las buenas, Servando. -¡Carmen, Carmen!

Carmen, un segundo.

Un momentito, necesito su ayuda.

-Sí, claro, ¿qué le ocurre?

-Léame esto, por favor, rápido. -¿Ahora?

Es que ando con algo de prisa, Servando.

-Por favor, que solamente será un momento.

-Tengo un nuevo encargo para usted.

¿De qué se trata esta vez? ¿A quién tengo que intimidar?

Debe matar a la hija de un hombre importante,

un exministro arruinado.

-"¡Se acabó, no puedo más!".

Le voy a ir a ver. -¿A quién?

Íñigo, ¿a quién, a Andrés? -Voy a hablar con él cara a cara.

-Íñigo, no. -¡Ni se te ocurra"

Eso sería meterte en la boca del lobo.

¿Y si lo que pretende Andrés es mataros a los dos?

-Sí. ¿Y si es una trampa?

-¡Lo sabremos, porque no me puedo quedarme quieto

mientras mi hermana está en peligro!

¡Iré a ver a ese desgraciado y que me cuente!

-¡Íñigo, no! ¡Íñigo! -¡Y ni se te ocurra seguirme!

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Acacias 38 - Capítulo 950

14 feb 2019

Telmo quiere demostrar la implicación de Espineira en el asesinato de fray Guillermo. Y decide pedir ayuda al padre Bartolomé, uno de los sacerdotes que se fueron de la Orden tras la llegada del prior y gran amigo de fray Guillermo.

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