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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 782 - ver ahora
Transcripción completa

"Deseo sinceramente que doña Silvia y usted se hagan felices".

"Es una mujer que lo merece y será una buena esposa".

"Con esperanza, Elvira". -"He hecho propósito de enmienda"

y quisiera acercarme

con humildad a todos ustedes. Quedan invitadas

a una comida que organizaré

dentro de dos días en honor a los propietarios de la finca.

"Lucía, ¿qué pasa?".

-Prométame que no se lo dirá

a nadie. -Te lo prometo.

-Ni siquiera a su marido. -"¿Nos estaban robando"

la despensa? -¡La duda ofende!

-Antoñito, hijo, no digas eso, por favor.

Fabiana tendrá una explicación.

-Una desgracia que ha acontecido.

-Estamos llevando todo esto a Naveros porque ha habido una riada.

-Vamos a sosegarnos todos.

Has hecho muy bien, Fabiana, nuestra despensa es para esas víctimas.

Y no solo eso, toma,

para que Servando les haga llegar

a sus connaturales algo de efectivo.

Con la ayuda de Riera y un poco de suerte, todo saldrá bien.

-¿Encontrará

a ese doctor?

-No lo dudes.

Pronto estaremos los tres juntos.

Para siempre.

(Disparo)

-"Diego, ocúpate de encontrar"

a Moisés, yo iré a Suiza y averiguaré

yo mismo qué le ha sucedido a padre.

-"He estado dándole vueltas"

y creo que lo he entendido todo.

-¿El qué? ¿Tan difícil soy de comprender?

-Sé lo que te sucede, Arturo.

¿Qué está pasando ahí fuera?

-¡Riera!

¿Qué ha sucedido?

Riera, ¿qué le ocurre? -Me han disparado.

Aquí... -Túmbalo.

Venga. -Hay que llamar a un médico.

-Sin médicos, no tengo la bala dentro. Es solo la herida.

-María, retírese. No avise a nadie.

Si necesitamos algo, se lo haremos saber.

-Hay que limpiarla.

-Será mejor que lo hagas tú. Tienes más destreza.

-Voy a necesitar paños limpios, gasas,

agua y alcohol.

-El botiquín. -Igual tenemos suerte

y hay yodo.

¿Lo ve muy mal? -No soy médico,

pero las he visto peores y no eran de bala, tranquilo.

-Lamento venir en este estado,

pero más lamento traer malas noticias...

-Aquí está.

Voy a poner agua a hervir por si hiciera falta.

-Esto le va a doler.

Lo siento.

-Adelante, haga lo que tenga que hacer.

Y busque algo metálico, no sé...

si quedará alguna esquirla dentro.

(Sintonía de "Acacias 38")

Noto algo,

pero no estoy segura de que quede

una esquirla de la bala dentro. No soy médico,

no estoy segura.

-No se preocupe ahora por eso. Después lo averiguaremos.

Estuve en Villamanzanos.

-Debe descansar. -Descansaremos

en el otro mundo.

Necesito contarles lo que vi.

-¿Localizó al doctor Pallero?

-Sí.

Pero llegué tarde, mientras merodeaba por allí,...

la puerta de la ermita se abrió.

Salía de allí un féretro

a hombros de varios hombres.

Dentro iba Pallero

camino del camposanto.

-¿Muerto?

-Sí, alguien me dijo... Alguien me dijo que...

unos ladrones habían entrado en su casa y le dieron muerte.

-Y mi hijo no estaba allí.

-El doctor había llegado hacía pocos días, nadie le conocía.

La gente dijo que llegó

con un recién nacido en los brazos.

-Y el niño desapareció el día del asalto.

-¿Cómo lo sabe? -Era fácil,

en realidad en el atraco no querían nada material, solo a Moisés.

-¿Para qué quieren unos atracadores a una criatura?

-No eran atracadores,

solo bandoleros al servicio de doña Úrsula.

Llegaron, cumplieron sus órdenes

y desaparecieron.

Riera...

¿Quién le disparó?

-Un hombre me siguió cuando me marché del pueblo.

Me tendió una emboscada.

-Quizá le encontremos y podamos sacarle quién le pagó.

-No, ese hombre no tenía buena puntería.

Yo sí la tengo y me dio tiempo a responder el fuego.

Ese malnacido descansa

en el mismo cementerio que Pallero.

-Diego...

Hemos estado tan cerca...

-No nos vamos a rendir. Da igual cuántas veces fracasemos,

seguiremos luchando hasta encontrarlo.

-Tienes razón.

Debe verle un médico, insisto.

-Le acabo de decir que he matado a un hombre.

No quiero tratos con la policía e ir a la cárcel.

-¿Y si queda dentro una esquirla de bala?

-Traiga una navaja afilada, unas pinzas y...

una vela

para esterilizarla.

Yo le enseñaré cómo hacerlo.

Lo he visto muchas veces. -Trae lo que pide.

-¿Serás capaz de hacerlo?

-Haré lo que sea necesario.

¡Diego!

No nos vamos a rendir.

Nunca.

¿De verdad pensabas que no lo descubriría, que no me daría cuenta?

Habría preferido que tú me lo contaras.

-¿Qué has descubierto? No sé de qué hablas.

-Desde siempre supe que ocultabas algo en el fondo de tu alma,

que no lograbas huir de los fantasmas del pasado.

No tardaste en hablarme de Elvira

y de lo arrepentido que estabas de tu comportamiento con ella.

-Nunca lo he ocultado.

-Me di cuenta de que no era solo arrepentimiento,

sino de que te sentías despreciable

por cómo tratabas a la gente,

a tu primera mujer y a tu propia hija.

Elvira fue la gota que colmó el vaso, la que te hizo reaccionar.

-No sé a dónde quieres llegar.

-He tenido ocasión de pasar un día entero con tu hija,

es una mujer muy especial,

que ha luchado por ser feliz y lo ha logrado.

No sé si en el fondo de su corazón te ha perdonado,

pero lo hará, porque es incapaz de odiar

por muy mal que las hayas tratado a ella y a su madre.

-Estoy seguro de que hasta yo mismo

soy más crítico de lo que lo puede ser Elvira.

Pero nada sabe de mi relación

con su madre.

-Sabe que no fuisteis felices y que nunca la amaste.

-No sé qué bien nos puede hacer volver una y otra vez al pasado.

-¿No te das cuenta de que tu comportamiento conmigo

hunde sus raíces en el pasado?

Te has arrepentido de comprometerte conmigo,

ya no quieres que nos casemos.

-Sabes que te quiero.

-Y también sé que te niegas la posibilidad de ser feliz,

como si creyeras que debes pagar una y otra vez

el mal que hiciste en otros tiempos.

¿Crees que me vas a apartar de ti?

-No sé si seré capaz de retenerte.

-Nunca me apartaré de ti.

Porque te amo

y sé que has cambiado

y vas a ser el hombre

que yo deseo que seas, el que me hará feliz.

Muchas gracias.

-¿Te gusta?

-Es el mejor regalo que me podíais hacer.

Hasta casi robo un retrato

que Antoñito le envió a Lolita.

-¿Ha visto lo elegante que está Leandro?

-Mucho.

Y María Luisa,

qué bien le sienta París...

¿No le hace abuelo,

don Ramón?

-Víctor asegura que lo intentan con fuerzas.

-Ya llegarán los hijos,

ahora que disfruten de la ciudad y de la vida de casados.

-Qué ciudad, Susana.

Ya lo dice el dicho:

París bien vale una misa.

-Y un concilio vaticano. Hay óperas, teatros, museos,

librerías, restaurantes, moda... No falta nada.

-¿Dónde está hecho este retrato?

-En las galerías en las que trabaja Leandro.

-Leandro es mucho más importante

de lo que creíamos.

Diseña las últimas tendencias

en París, donde se fija todo el mundo...

Como dicen ellos: "'Oh là là!'". -Me dijo

que le habían pedido que colaborara

con una firma de Nueva York y que a lo mejor se decidía a hacerlo.

-Y pensar que yo a veces le llamaba la atención cuando quería

cambiar la forma de las solapas o el corte del bolsillo.

-Él se lo dice a todo el mundo, que la que le enseñó todo fue su madre.

-¿De verdad habla de mí? -Sin parar.

-Pero claro que sí, Susana.

Él, Víctor, María Luisa, hasta Juliana nos ha preguntado

si estabas bien.

-Un hijo en Francia, el otro en Italia...

Y la madre, que va para anciana, sola.

-No se queje, doña Susana, que los dos son hombres de bien.

Y usted no es ninguna anciana, que sigue abriendo

su sastrería todas las mañanas. -Ay, sí...

Lo cansada que estoy de pasar el día de pie,

cortando y haciendo pruebas...

Bueno...

¿Y a Juliana? ¿Cómo le va a ella?

-Tiene una pastelería que es la más prestigiosa de todo París.

¡Ay!

Te hemos traído "macarons" para que pruebes.

Espera, que Fabiana te los saca. ¡Fabiana!

-¿Macarrones? ¿Eso no es italiano?

-"Macarons", es un dulce francés.

-Eso.

Eso, los macarons con el retrato y el perfume.

Y yo me he traído unas cosas... ¡Qué ganas de enseñártelas!

Pero vamos a lo importante.

Háblanos del barrio.

-Ya nos hemos enterado

de la desgracia del pueblo de Servando, Naveros del Río.

Qué desastre.

-¿El pueblo de Servando? ¿Qué ha pasado?

-¿No te has enterado?

Una inundación de lo más pavorosa por lo que nos han contado.

-Muchas familias están sin hogar.

-No me he enterado. En el periódico, no lo dice.

-Hay zonas de España

que no salen en los periódicos ni cuando hay una desgracia.

Debíamos hacer una campaña

de recogida de fondos para ayudar a esas gentes.

-Contad conmigo. Recogeremos la ayuda en la sastrería.

-Muy agradecido,

doña Susana. Siempre se puede contar con usted.

-Es lo que dicta nuestra religión: caridad cristiana.

Si me permiten, se me hace tarde para abrir la sastrería.

-Espérate. No has visto a Antoñito.

¡Antoñito, hijo! -Déjale, ya le veré.

-¡Antoñito!

-Has vuelto imposible de París. Para ya, nos van a descubrir.

-¿Es que tú no me has echado de menos?

-¡Antoñito! -A todas horas. Pero me aguanto.

-¡Antoñito, hijo! ¿Qué haces?

-Va a entrar doña Trini y verás.

-Yo no he podido disfrutar de París sin ti.

-Exagerado. -De verdad.

Me parecía la ciudad más triste del mundo, una cárcel.

-¡Descarada!

Lolita, haz el favor,

mujer.

-Perdone, Fabiana. -Qué vergüenza.

Ya podía usted

respetar más a la moza. -Es que la he echado mucho de menos.

-Pues se espera

a la noche de bodas, leñe.

En mi cocina, no quiero sinvergonzadas.

-No exagere, Fabiana.

-Tú compórtate, que parece mentira

en una de Cabrahígo.

Os dejo solos un momento,

que no me encuentre al volver a Sodoma y a Gomorra. Ojito

con lo que hace con la Lolita.

-Ni doña Susana es tan pazguata.

-¡Hey!

-Aunque Fabiana, para darle al jerez,

no pone tantos remilgos.

-¿Al jerez?

No sé de qué hablas.

-¿No? -No.

-¿Crees que no sé que las botellas están mediadas?

-Se habrá evaporado el alcohol, a veces pasa, espabilado.

-Ya, espabilada.

Se evapora en el gaznate de los del altillo.

Ayer estuvimos a punto de pillaros con las manos en la masa.

-Alguna fiesta hemos hecho.

Pero sin mala intención.

-Supongo que las inundaciones son mentira.

Que fue para salvar el pellejo.

-Una mentira como una casa de grande.

-Pues doña Trini y mi padre

organizarán un zafarrancho para ayudar a las familias

que han perdido su hogar.

-Voy a hablar con ellos y a decirles la verdad.

Yo tenía que haberlo impedido, es culpa mía.

-Estate, que lo lías todavía más.

Si yo hasta me alegro de que hayáis hecho fiestas.

-¿No te enfada que hayamos usado la casa?

-No.

También os merecéis algún lujo.

Pero tenemos que solucionar el asunto de los donativos.

Pero luego, más tarde,

ahora tenemos besos atrasados.

No parece que vaya muy bien La Deliciosa con la dirección de Peña.

La terraza está vacía.

-Ni siquiera sé si ha abierto. Unos días abre por la mañana,

otros por la tarde, otros no levanta el cierre.

-Con lo bien que la llevabais Flora y tú.

-Problema suyo, Leonor.

No voy a perder el sueño por ese hombre.

-Algo de cariño le tendrás a la chocolatería.

-Cariño

y amor y pasión te tengo a ti.

-¿Un macaron?

Son unos dulces franceses

que nunca había visto en España.

Me los han traído los Palacios,

hechos por mi nuera, por Juliana.

-Muchas gracias.

-Exquisitos. -Muy buenos, sí.

¿Cómo los harán para que queden tan ligeros?

-Escríbale a Juliana,

seguro que le manda la receta.

Y así se entretiene sin faltar a la decencia.

Con Dios.

-No sé cómo has soportado

todos estos años con gente tan entrometida.

-No ha sido fácil.

-Pues yo no aguanto ni un día más.

Nos vamos.

-¿Y Flora?

-Hoy mismo hablo con ella y compro los billetes de tren.

-¿Hoy?

¿Tiene que ser tan precipitado?

-¿Acaso has cambiado de opinión? -No,

es lo que más deseo, pero estoy preocupada por Blanca.

-No podemos arriesgarnos a estar cerca de Peña.

Ese hombre va a salpicarnos

con sus problemas.

-Tienes razón,

lo haremos como tú dices.

(Campanadas)

Si este párroco sigue así de aburrido,

yo me cambio a San Bartolomé.

-Es un pesado

con lo de los diezmos. -Mejor

que el de Salamanca, que solo habla de pecados de la carne.

-Seguro que se sacan ideas.

-¡Rosina! -Mi marido es joven, o lo entretengo

o se me va con otra.

Para cuando te cases: los curas no entienden,

ni caso a lo que te digan.

¡Ah, Trini! -¡Trini!

¡Amigas! ¡Cuánto os he echado de menos!

Traigo regalos para todas.

-Y nosotras te hemos extrañado a ti. -Huy, perdona.

No te conozco. -Os presento, es mi prima Lucía.

-Lucía, encantada.

-Trini es una vecina y una muy buena amiga que viene de París.

-¿París? Me muero de ganas de conocer esa ciudad.

-Trini,

qué gusto verla de nuevo por el barrio.

-Llegamos ayer.

-Espero que haya tenido

buen viaje.

Están invitados a comer en mi casa,

al igual que el resto de las vecinas.

Les haré llegar la invitación,

será mañana a mediodía.

-Muchas gracias.

-Con su permiso.

-¿Comer en su casa?

Si lo sé, me quedo más días en París.

-Y yo me habría ido antes. -Basta ya de quejas.

Nos tienes que contar tu viaje.

Organizamos un chocolate

y hablamos de las inundaciones.

-¿Qué inundaciones? -Las del pueblo

de Servando. Hay que hacer una campaña para ayudarles.

-Servando, ¿cómo sigue

lo de tu pueblo?

-Una desgracia, doña Rosina.

Hay agua hasta en la torre del campanario.

-Ay, Dios.

-Un primo mío

ha perdido todo el ganado. Una desventura...

-No te preocupes, que te ayudaremos. En Acacias somos solidarios

como el que más. -Gracias, doña Trini.

-Bueno, con Dios. -Con Dios.

-Muchas gracias. -Con Dios.

Servando, no me lo creo, tiene que pararlo.

-¿Para una vez que sueltan algo? Ni hablar.

Vamos a ser ricos.

-Acabamos en el calabozo, como si lo viera...

-Anda ya, en el calabozo...

Parece que ya sangra menos.

-Pero deberemos cambiarlo esta tarde,

hay que mantener la herida limpia para que no se infecte.

-No sé cómo pudo soportar el dolor mientras sacaba

la esquirla de bala.

-Pensando en asuntos... más lúdicos.

(Llaman a la puerta)

-Ve a abrir tú. Yo le ayudaré a ocultarse.

-Voy, no podemos arriesgarnos a que alguien le descubra.

-Vamos.

-No hace falta que salga.

-¿Qué ha pasado? -Nada grave.

Saldré de esta.

-Estás ardiendo. Debe verte un médico.

-Estoy bien. Ahora hay asuntos más importantes.

-Anda, vamos al sofá.

-Blanca.

Me lo acaba de entregar Carmen.

Es una invitación de Úrsula para un almuerzo.

-¿Nos invita a comer?

¿Cómo puede ser tan cínica?

-No son los únicos invitados, ha llamado a más vecinos.

-¿Qué pretende?

-No lo sé. Es todo muy extraño.

Tiene en casa un maletín lleno de dinero.

-Está claro, pretende marcharse,

huir de Acacias.

¿Piensa usted quedarse mucho tiempo en el barrio?

-Aún no lo sé. La verdad es que se está bien aquí.

-¿Has recibido noticias de tu tío Joaquín?

-Sí, está muy contento de que Lucía se haya instalado en nuestra casa.

-No pierda el tiempo en la ciudad, hay mucho que hacer.

No vaya solo de compras y a hacerse ropa.

Hay museos, monumentos, salas de conciertos, teatros...

Aproveche, que después se vuelve a casa sin conocer nada.

En París, íbamos todas las tardes a algún sitio.

-Me tiene que contar, amigo Ramón.

-A ver si nos reunimos a tomar un café con Liberto y les explico.

Qué ciudad...

-Cuidado con lo que le dice a mi marido, que hemos oído

que es la capital del pecado. -Si es así,

yo no me enteré. Si Trini no me dejó solo.

-Bien hecho. A saber qué lugares habría visitado.

-Don Ramón, qué alegría.

-Samuel, ¿cómo han ido las cosas?

-Como siempre, como siempre. Ni un día de paz, ya sabe.

¿Cómo está? ¿Ya instalada? -Ya instalada, gracias.

¿Asistirá a la comida de doña Úrsula?

-No, de ninguna manera.

Salgo de viaje y me resulta imposible.

-¿Se va de viaje? -Así es.

A Suiza.

De hecho necesitaba hablar con usted.

-Estoy a su disposición.

-Disculpe por interrumpir su paseo, doña Celia.

-No se preocupe, ya regresábamos a casa.

Si no le veo, feliz viaje.

-Gracias. Con Dios, don Ramón.

-Con Dios.

-¿He dicho algo inoportuno?

-Ya te dije que Úrsula era un personaje polémico.

-Veo que durante mi ausencia

las cosas no han estado tranquilas en esa casa.

-¿Cuándo lo han estado?

Ya se enterará de las cosas

que han pasado con los Alday Dicenta.

-Méndez ha puesto en conocimiento de la autoridad suiza

la desaparición de don Jaime.

-He decidido tomar cartas en el asunto.

Usted tiene buena relación con Méndez

y tal vez él tenga contactos en Europa.

Quizá pueda hablar con él.

-Quizá, hablaré con él esta misma tarde.

Se lo agradezco en el alma, don Felipe. A más ver.

-Con Dios.

# Cinco sentidos tenemos

# y los cinco necesitamos,

# pero los cinco perdemos

# cuando nos enamoramos. #

-¿Es "asín"?

-Primero, hilvanado, Casilda,

si le haces ya esa costura, después no puedes corregir.

-Unas veces trabajo de más y otras de menos...

-Siempre haces de menos, que de entrada coses para no hacer

el trabajo dos veces, primero hilvanar

y luego coser. -Anda,

repítelo, calamidad.

Y hazlo bien, que lo bien hecho

bien parece.

¿Habéis visto a Servando?

-La que va a armar. Doña Trini le ha dicho

que iban a empezar a recoger donativos para Naveros.

-Le diría que no hace falta. -Nones,

al contrario. Pintó la inundación como si se hubiese comido el pueblo.

Dijo que el agua tapó hasta la torre.

-Qué disparate.

-Quiere quedarse con lo que los señores den de ayuda.

Y yo me barrunto algo.

Como usted no le pare los "pieses",

acaba en el norte de África a trabajos forzaos.

-Pues Antoñito ya sabe que es mentira

y lo de las fiestas en su casa.

Ojo, se ha enterado solo.

-¿Y lo va a largar? -No,

Antoñito es un sol y no se chiva.

Pero si a Servando le da por quedarse el dinero, se enfadará.

-Ay, señor, este Servando, siempre igual:

no sale de una para meterse en otra.

-Hay que hacer algo porque doña Susana

ya se ha ofrecido a recoger ayudas.

-¿Paquito no es del mismo pueblo que Servando?

-De uno de al lado,

La Muela, el que era el pueblo de la Paciencia.

-Pues él sabrá que Naveros no se ha inundado.

En cuanto vea lo de los donativos, lo denuncia.

-Qué horror de escaleras. ¡Una silla!

Y un vaso de agua. O un moscatel. -¿Qué hace aquí, doña Rosina?

-Qué mala luz tenéis. No deberíais coser.

-Pues podía pedir que la comunidad nos ponga una luz mejor.

Y que arreglen un escalón suelto que hay en la escalera.

-¿Ya estáis pidiendo? Os ha hecho la boca

un fraile.

-Díganos qué le trae por el altillo, doña Rosina.

-Jacinto.

Ese hombre está muy alicaído. Hay que levantarle el ánimo.

-Echa de menos a sus ovejas.

-Algo hay que hacer.

-¿Y qué hacemos? -Yo qué sé,

Lolita.

Yo no sé cómo os levantáis el ánimo los pobres.

Yo me iría al teatro, me haría un vestido nuevo...

Pero no es el caso.

-No creo que a Jacinto

le haga ilusión un vestido nuevo.

-Pues cosas de pobres:

garbanzos tostados, altramuces, no sé, algo que no nos cueste dinero

a los señores.

Me voy, que aquí me deprimo.

Y abrid las ventanas, que está como cargado.

-Ele.

Entonces son dos tés, un chocolate y una manzanilla.

-No, dos chocolates,

un té y una manzanilla.

-Dos, dos y uno.

-No. -No, no, no.

Perdón, dos, uno y uno.

Y de comer, tres suizos

y un bartolillo. -No, tres bartolillos

y un suizo, señor.

-Ah, de acuerdo. Ahora mismo se lo traigo.

-A ver qué nos trae. No me fío.

-Yo no lo entiendo.

Con lo bien que iban los Cervera... ¿Qué ha pasado?

-Es una de las cosas

que te has perdido. Íñigo Cervera es él.

-¿Cómo? Pero ¿no era Peña?

-Eso dice él, pero es Íñigo,

e Íñigo Cervera se llama Ignacio Barbosa.

-Me he perdido. -No me extraña,

yo tuve que hacerme un gráfico.

-¿Está abierta La Deliciosa? Menos mal, esta mañana

parecía cerrada. -Está abierta, pero...

no nos sirven. -Acabará cerrando,

como si lo viera. ¿Y Rosina?

La necesito para poner orden en lo donado.

-Ahora vendrá, tía.

-Trini y yo te ayudamos.

¿Hay muchos donativos?

-Ya sabéis cómo somos en España,

mucho protestar, pero damos la cara como el que más.

-Vamos a ver.

-Ya era hora.

-¿Quiere tomar algo, tieta?

-Disculpen, ahora vuelvo.

-Nos deja con la palabra en la boca.

-Miren quién viene.

Dichosos los ojos. Buenas tardes.

-Buenas tardes. -Bienvenida, Trini.

-Tomen asiento con nosotros.

Confío que en algún momento nos atiendan.

¿Cuántos billetes compro? ¿Dos o tres? Decídete de una vez.

-No sé. -No voy a seguir esperándote.

Voy a comprar dos billetes, tú sabrás.

-Déjame pensar.

-¡Íñigo, Íñigo!

No seas tan duro con ella.

-Me saca de mis casillas.

Sabe que lo mejor es que nos vayamos.

-¿Dónde se supone que van?

-No es de tu incumbencia. -¡No pueden dejarme solo!

-¿No? ¿Quieres probar? -¡Por favor! ¡Ya está bien!

-¿Quiere dejarme solo?

-¡Yo no sé lo que quiero ni lo que no quiero!

-Vámonos. -¿Y Flora?

-¿Es que no sabes lo que le pasa?

Venga, vamos.

-¿Cómo ha ido su viaje a París? -Pues muy bien.

Ya les he dicho a los vecinos que vamos

a contarlo todo.

Pero, para no aburrir, habrá dos chocolatadas,

yo les contaré mi versión a las señoras

y mi marido hará lo propio con los caballeros.

-Me parece buena idea.

Así no nos aburren ellos ni nosotras a ellos.

-Yo quiero ir a las dos reuniones, no me pierdo

las observaciones de Trini, que estará

muy graciosa narrando lo suyo.

-Yo también quiero ir a ambas.

Yo prefiero quedarme con Trini,

no quiero perderle el respeto a don Ramón.

Iría a lugares indecentes.

-¡Uh!

-Que un notario fije los asistentes.

¿Usted, don Arturo?

-Me parece bien dividir las tertulias.

Más libertad, ¿no?

-Eso pensamos. Pero ya lo decidiremos.

¿Y qué?

¿Cómo va el asunto de traer a los presos de Filipinas? ¿Avanza?

-Silvia es el alma del proyecto, ella debe contarles novedades.

-Viento en popa,

pese a la mala noticia de la muerte de Luis Checa,

seguimos adelante.

Ya tenemos un barco y el compromiso filipino de liberarlos.

Solo nos queda organizar

la bienvenida con las familias.

-¡Enhorabuena! Magníficas noticias.

-Espero que organicemos una buena fiesta.

-No sé si podrá ser en La Deliciosa.

Si no conseguimos ni unos chocolates...

-Es verdad.

-¿Dónde está el Peña este?

-Esto va de mal en peor.

¿Estoy en el paraíso?

Seguro que sí,

me despierto y me encuentro un ángel cuidándome.

-No sé cómo puedes tener ganas de chanza.

-No estoy tan mal como parece.

-Me ha contado Blanca cómo te sacó la esquirla de bala.

Eres un salvaje.

-Lo único que hay que hacer es pensar en algo agradable,

así no se siente el dolor.

-¿Y en qué pensabas tú?

-¿Tengo que decírtelo?

En ti.

-Qué bobo eres.

Siempre me cuidas tú a mí,

ahora es a mí a quien le corresponde cuidarte.

-¿Y Úrsula?

-Le he dicho que iba a visitar a una pariente enferma,

espero que no me descubra.

Pero, anda, duerme un poco.

Yo me quedo a tu vera, velándote.

No sabemos qué le puede haber ocurrido a Moisés.

Riera llegó tarde a Villamanzanos.

-¿Úrsula?

-No lo sé, pero sospechamos de ella, claro está.

Es difícil no hacerlo cuando algo así ocurre.

El doctor Pallero había muerto. -¿Muerte natural?

-No, violenta, un asalto a su casa.

-¿Estaba el niño con él?

Apenas nadie conocía al doctor en el pueblo, pero sí,

se dijo que llegó con un niño en brazos

y, cuando entraron en su casa, tras su muerte, había desaparecido.

-¡Han estado tan cerca...!

Pero estoy segura de que volverán a localizar su pista.

-Espero que no lleguemos tarde.

Quizá está en manos de alguien dispuesto a hacerle daño.

Y temo que Úrsula esté preparando su marcha.

-¿Dónde? -No lo sé,

pero ha organizado un almuerzo

que podría ser su despedida.

Y guarda una gran cantidad

de dinero contante y sonante.

-Quizá lo mejor sea que yo posponga mi viaje a Suiza

hasta que averigüemos qué pretende. -No.

Localizar a nuestro padre también es importante.

Leonor,...

¿asistirá al almuerzo de Úrsula?

-No. Pretendo irme de Acacias. Pero, si es necesario, me quedo.

-No.

Nosotros encontraremos a Moisés.

Le haremos llegar la noticia donde esté

para que pueda compartir nuestra felicidad.

-Me debo a la amistad con Blanca.

-Blanca lo entenderá y se alegrará.

-Gracias.

Tengo mucho que preparar. Nos veremos antes de mi partida.

-Así lo deseo. Vaya.

Y suerte.

-Lo mismo le digo.

Con Dios. -Con Dios.

Te noto a punto de rendirte.

-Lucho contra esa tentación. No lo haré.

No. Te agradezco lo que haces

por nosotros.

-Es mi obligación.

Creo que contaré con ayuda en Suiza, Felipe ha quedado

en pedirle al comisario Méndez recomendaciones

en la policía.

-Eso es fantástico.

Samuel, Blanca y yo...

Deseamos que todo salga bien.

Cuando todo acabe,...

queremos... que estés cerca de Moisés,

que lo veas crecer.

-Eso tenlo por seguro. No le perderé de vista.

Carmen, traigo un té,

nos sentará bien.

¿Cómo está?

-Duerme tranquilo.

-Entiendo que hay algo entre los dos.

-No me haga hablar de eso,

me causa pudor.

-No hay motivo. No hay que pasar vergüenza por sentir amor.

-Pero es que una ya no es una niña.

-Aunque fuera una ancianita, que no lo eres,

nunca es tarde para amar.

Te felicito.

Y te agradezco lo que haces por nosotros.

Y los riesgos que estás corriendo.

-No, señora, no me lo tiene que agradecer,

se trata de intentar salvar la vida de un niño.

Nada es suficiente.

Gracias, Agustina.

Parece mentira, media hora sentados en la terraza

de La Deliciosa y que nadie atendiera.

-Mal les va a ir así el negocio. -Desde luego.

¿Nos deja solos, Agustina? Don Felipe y yo debemos hablar.

-Sí, señor.

-Nadie diría que tiene usted problemas de visión.

-Reconozco que me ha costado mucha agua derramada

hasta que lo he logrado.

La vuelta de Silvia ha tenido un efecto terapéutico,

no he recuperado la visión, pero sí el ingenio.

-Y el valor.

-No diría yo tanto.

Me he aprendido cada centímetro de la casa, fuera tengo más problemas.

-¿No piensa contarle la verdad?

-No mientras considere que seré una carga.

Solo lo haré si logro manejarme sin ayuda.

-Siempre habrá imprevistos.

Nadie se puede aprender el mundo de memoria.

-Me niego a ser un inválido.

-La valía de una persona está en el corazón, se equivoca.

-Eso solo a mí me compete. -Pero mi obligación como amigo

es decirle que se equivoca al no informar a doña Silvia.

No se lo merece. -Ya me lo ha dicho,

no vuelva sobre el tema.

-Está bien. No insistiré.

Y ahora debo marcharme.

Tengo que hablar con el comisario Méndez.

-Suerte.

-Gracias. Le veo mañana.

-Con Dios. -Con Dios.

¿Qué es eso? -Nada.

-Por cómo lo mirabas, podría ser un cuadro robado del Museo del Prado.

-Arte tiene para estar expuesto.

Es de Peña.

-Tiene mano, desde luego.

¿Posaste para él?

-Me lo hizo sin que me diera cuenta.

-Es por él por quien no quieres marcharte, ¿no?

-Siempre me enamoro de la persona equivocada.

Pero no soy la única,

tú te enamoraste de Íñigo estando casado.

-Al final no lo estaba.

-Y quizá el Peña no sea una persona tan equivocada.

-Flora, a veces, y solo a veces,

hay que tomar decisiones con la cabeza

y olvidarse del corazón. Y tu hermano tiene razón,

el Peña es peligroso para vosotros.

-Que se vaya, no se lo impido. -No se va a ir sin ti.

-Lo que tiene que hacer es dejar de cuidarme como si fuese mi padre.

Quiero vivir mi vida. Si me equivoco, será mi problema.

-Si te quedas con el Peña, acabarás arrepintiéndote.

-¿No te arrepientes de nada en la vida?

-Claro.

-Pues dejad los dos, Íñigo y tú,

que me equivoque y me arrepienta.

-Tienes razón.

No te presionaré más,

pero te doy un consejo:

aléjate del Peña.

Solo te traerá problemas.

-"Pero, venga,"

anímate, Jacinto, que esto es por ti.

-¿Y por qué?

-Porque hoy es San Pastorcuato, patrono

de los pastores.

-Ese santo no existe. -Venga, Jacinto,

que cualquier día es bueno.

-Y hay que aprovechar

los buenos momentos, que los malos vienen solos.

-¿Te creías que me había olvidado de tu juego favorito?

Campeonato de dominó.

Tú vas con Servando.

Tú, Lolita, conmigo.

Y ustedes dos, otra pareja.

-Espero que no nos mojen

la oreja estas bisoñas.

-Que no, que no me apetecen fiestas

ni bailes ni dominó.

Que lo que yo quiero es estar con mis perros y mis corderas.

-¿Es que no le gustan las guirnaldas?

-Las de las fiestas del pueblo.

-¿Y los manjares no le apañan?

-Un queso de oveja bajo las estrellas. No hay nada mejor.

-Pero, primo, ¿y el dominó?

-Una partida con otros pastores en el refugio

después de dejar el rebaño

a resguardo en el aprisco.

Si es que hasta aquí todo es como mis ovejas. Fabiana, la jefa,

la oveja que todo se lo sabe. Agustina,

la que no se tira al agua si cubre.

-¡Oh!

-Casilda, la que va dando cabriolas.

Lolita, que se enfrenta al lobo.

-¿Y yo qué?

-El mastín, que ladra mucho, pero va por donde dice el pastor.

-Pues yo había preferido el lobo.

-Cada uno es lo que es.

-Hombre, Paquito, menos mal que llega.

Ya pensé que no venía.

-No estoy para fiestas.

Venía a hablar con todos ustedes.

-Eso es que se ha enterado

de lo de los donativos para el pueblo de Servando.

-Que Dios nos coja confesaos.

Que nos vamos "pal" calabozo en filita.

¡Diego!

-Felipe. ¿Qué le ocurre? Parece preocupado.

-Me disponía a ir a su casa para hablar con usted.

-Cuénteme entonces.

-Vengo de comisaría.

He hablado con el comisario para conseguirle contactos.

-Sí, lo sé.

-El comisario no pudo atenderme porque estaba ocupado

con un doble asesinato

en Villamanzanos. -¿Villamanzanos?

Allí nos llevaron las pistas sobre el doctor Pallero.

-Le dijeron que vieron a Pallero con un recién nacido.

-Sí.

-El comisario Méndez ha localizado al niño.

-¿Moisés?

Has tomado la decisión correcta.

-Sí, es de suponer que no tengo mejor salida.

-No puedes quedarte.

Sabes que siempre acabas metiendo la pata y eligiendo la peor opción.

-Todos me decís lo mismo.

Y por una vez voy a hacer caso a los consejos de los demás.

-No te apures, has de ver cómo donde vamos nos espera una buena vida.

-Esperemos que sea así y no termine tropezando allí con la misma piedra.

Hemos decidido dejar Acacias por un tiempo.

-¿Los hermanos ya se han metido en otro problema?

-No, para nada, no te desasosiegues.

Te aseguro que Íñigo no anda en nada ilegal.

-¿Cuándo pensáis marchaos?

¿Muy pronto?

Ya.

Hoy mismo. ¿Por eso no vas a la comida?

-"Pues eso...".

Eso es por el Paquito,

deja el puesto de sereno y se vuelve a su pueblo.

-Y Paquito, el sereno...

Su pueblo está cerca del suyo, ¿no, Servando?

¿Y no se ha inundado?

¡Maldita sea!

No puedo llevar unas flores pisoteadas

como ofrenda a la Virgen de los Milagros.

Vas a tener que pagar un ramo si no quieres pasar

la noche preso. -Pero yo no tengo un real.

-Eso se lo tendrás que contar al comisario.

-"¿Me sirves un aperitivo,"

por favor? -Agustina,

póngale un aperitivo a la señora. -No la molestes

con esa menudencia, yo lo hago.

-No, no, no te levantes.

-Como quieras.

Hay tantas cosas que tenemos que planear para la boda,

la música, la decoración

de la iglesia, la tarta.

¿Qué le parece el vestido?

-Bien, ni muy aburrido ni atrevido.

-Es justo lo que buscaba,

no quiero que piensen que soy una presuntuosa

ni una pobretona. Es mi primer acto social.

-Yo ya había olvidado la dichosa comida.

-No está muy animada con ese evento.

-Ni una pizca, Úrsula no trama nada bueno.

-"¿De verdad crees que debemos ir a casa de mi madre?".

-Eso mismo.

-Pero no sabemos lo que anda preparando.

Quizá...

burlarse de mí como ya hizo. -Veamos qué es.

Enfrentémonos a ella.

-¿Crees que es necesario?

-Sin duda.

No he conseguido nada sin luchar por ello,

esto es una prueba más del destino.

-Una prueba que le está derrotando.

¿Por qué no se plantea

la posibilidad de operarse?

-Saldré de este brete sin ponerme en manos de esos matasanos.

-Se equivoca,

está rechazando algo que tal vez le devolvería visión.

-"Con su porte,"

rehará su vida, debe tener esperanza.

Vamos, no decaiga,

levante la cabeza y enfréntese a su destino,

ha llegado el momento de pasar esta página.

-Está en lo cierto.

No me queda otra,

he de retomar mi vida donde la dejé cuando conocí a Silvia.

-Me alegra escuchar eso.

¿Nos marchamos ya? -Por supuesto.

-Lo llevas todo, ¿verdad?

-Sí.

-Ignacio.

-¡Eva!

  • Capítulo 782

Acacias 38 - Capítulo 782

13 jun 2018

Diego y Blanca curan a Riera de sus heridas, está muy débil. Carmen también le cuida, cariñosa. Silvia cree que la distancia entre ella y Arturo tras su regreso de Italia se debe al dolor de estar separado de Elvira; el coronel sigue ocultando su ceguera. Antoñito sabe que las inundaciones en Naveros son mentira, pero aun así cubre a los criados. Rosina preocupada por el bajo ánimo de Jacinto pide ayuda a las criadas.

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  1. María

    Estoy de Úrsula y de que siempre se salga con la suya hasta el moño. Antes pasaba lo mismo con Cayetana. Los guionistas podrían currárselo más, la verdad. ¡Ah! Y Servando me pone de los nervios. Menos mal que sale poco...

    pasado domingo
  2. NENA

    Veo Acacias todos los dias , y la verdad, se esta haciendo pesado de que Ursula y Samuel no reciban el castigo que se merecen por las maldades que han hecho. Aquí hacen daño,,desaparece el personaje y los telespectadores nos quedamos con un par de narices esperando a que lo paguen. No hay que olvidarse de todas las muertes que Ursula ha causado.

    pasado jueves
  3. Elida

    Creo que nadie ( o pocos ) negamos las cualidades artísticas de los actores y actrices de esta serie, unos mejores que otros pero bastante aceptables todos. No obstante el "trabajo" de los guionistas que deja mucho que desear, hace que se desdibujen las actuaciones.- a Susana le dan un rol de entrometida y cotillera que molesta, Rosina, siempre muy apegada a " sus bolsillos" y exagerada en sus gestos y altos tonos al hablar ( o mas bien al gritar) .Por los habituales comentarios, se ve que MUCHOS espectadores están desconformes con la trama de esta serie

    pasado jueves
  4. Sara

    Yo deje a cer la serie dezde que quitaron Cayetana.es aburrida y muy repetativa.

    pasado miércoles
  5. Saro

    Varias veces he comentado que la serie, para mí, tiene muchos valores y que entre ellos están sus actores ... pues, hoy tengo que repetir lo mismo, son TODOS excelentes y, según el guión hay cambios en ellos que me encantan; por ejemplo, Manu Regueiro es que parece un auténtico ciego; Pilar Barrera ¡qué bondad, aprecio y cuidado tiene con el coronel!; Amparo Fernández, hay que ver cómo ha vuelto a ser la misma cotilla de antes; siempre me ha gustado María Blanco y me encanta la pareja que ha formado con Riera (perdón, pero no sé cómo se llama el actor). Mención especial para Sandra, increíble como siempre y Jorge, que tiene últimamente unos gestos muy expresivos. En resumen, me gusta Acacias y quiero agradecerles a todos los buenos momentos que me hacen pasar cada tarde.

    pasado miércoles