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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 755 - ver ahora
Transcripción completa

¿Por qué no nos vamos lejos de Acacias?

-¿Irnos adónde?

-A un lugar donde poder empezar de cero.

Un lugar que nos devuelva la paz. "Me marcho de viaje".

Esta es una de las decisiones.

Blanca y yo necesitamos alejarnos.

-¿Y dónde piensan ir?

-A Suiza.

Cerca de nuestro padre.

-"Eso no va a pasar. No lo permitiremos".

-Lo sé. Pero ¿cómo vamos a evitarlo?

-No lo sé.

Pero es lo que vamos a hacer.

Evitarlo. -"Esteban, yo creo que usted"

conoce una mujer así.

Y que le ha robado el corazón.

-Quizá. -¿Cuál es el problema?

-Pues que esta que yo conozco

está comprometida. Y yo soy un hombre de moral.

Y un hombre que no quiere enfrentarse a un coronel

que tiene armas en su casa.

-"Cervera fue un hombre carismático,"

curioso e inquieto.

-¿Acaso conocía a César Cervera?

-¿Yo qué voy a conocer?

-Es que habla usted como si fuera su primo.

-Ah, pues no.

Pura curiosidad.

-"Eres importante para mí. Pero hay más cosas en mi vida".

Cosas que me gusta hacer y cosas que me hacen feliz.

Tienes que respetarlas.

-Te lo prometo.

-"Gracias a mi buenas relaciones"

con la curia, he logrado

que Cristina Novoa

nos haga una visita.

(SUSANA) ¡Ay, qué buena noticia!

Me muero por conocer a esa santa mujer.

-Pronto podrás,

Susana.

Vendrá y hará una oración pública. -"Según mis cálculos,"

hay 47 españoles retenidos en Filipinas.

Nos va a costar un riñón traerlos. -¿Y qué haremos?

-Escribiré una carta a gente comprometida,

vecinos y otras figuras

de alcurnia, y les explicaré

los objetivos y les pediré

buenos donativos. -"Marchémonos"

para siempre.

Yo tengo que aceptar la realidad y acallar mis fantasmas.

Si no, voy a perder la razón.

-Eso no pasará mientras estés a mi lado.

Ver esa estampa hizo que volvieran a mi mente

todos los fantasmas que me asediaban.

Que volviera a pensar que mi hijo estaba vivo.

-Blanca,...

no puedes volver a caer en ese pozo de desesperación otra vez.

-No, no debo.

Eso me haría perder la razón para siempre.

-Has pasado por un trance terrible.

Ahora nos toca mirar adelante.

Pensar en nuestro futuro juntos.

-Así es.

Empezaremos una nueva vida en Suiza.

-La descubriremos juntos, apenas sé nada sobre ese país

ni sobre la clínica a la que acudió mi padre

ni cómo será ese lago Constanza.

-Yo sí lo conozco.

Pasé un tiempo en un internado allí.

-Tiene que ser maravilloso.

-Sin duda,

no tiene nada que ver con Acacias.

Las aguas del lago son cristalinas y siempre están en calma.

Y en ellas se reflejan las montañas.

En invierno, se cubre todo de nieve y el frío es muy intenso.

Pero no hay nada mejor que recorrer sus bosques

en un trineo tirado por caballos.

-¿Qué te ocurre, Blanca?

Te has puesto melancólica de repente.

Es por tener que volver a Suiza, ¿verdad?

¿Te trae malos recuerdos esa tierra?

-Sí.

Es un extraño círculo el que he trazado en mi vida.

-El destino se muestra de formas muy caprichosas.

-Ha pasado mucho tiempo desde que vivía en aquel internado,

donde aborrecí a mi madre.

No te figuras con qué fuerza deseaba salir de allí

para no volver nunca más.

Y ahora voy a regresar a esos parajes.

-Pero eran circunstancias muy distintas.

-Así es.

Pero tengo la sensación de no haber aprendido nada.

-Te equivocas.

Eres una mujer muy distinta a la que conocí hace unos meses.

-Pues yo sigo sin entender el mundo en que vivimos,

a la mayoría de la gente.

El ser humano me sigue pareciendo una cuestión indescifrable.

-¿Me incluyes a mí en esa terna?

-No, a ti no.

Tú eres lo mejor que me ha pasado en la vida.

Eres lo que me da fuerzas

para seguir luchando y...

para seguir viviendo.

-Confía en mí.

Nos quedan por vivir los mejores años de nuestras vidas.

-Ojalá sea así.

Hemos padecido tantas desgracias, Diego...

Me cuesta creer que por fin todo eso vaya a cambiar.

-Estoy convencido

que este cambio de aires y la compañía de mi padre

nos ayudará a encontrar las fuerzas que quizás ahora nos faltan.

-Será como dices.

Ahora tengo que irme.

Debo regresar a casa de mi madre.

-No te marches.

-Diego, es menester que lo haga.

Me he ido sin decir nada y Samuel estará preocupado.

Y no quiero volver a enfrentarme con mi madre.

-Quédate a dormir conmigo.

Escribiré una nota a mi hermano.

Blanca, no quiero volver a separarme de ti.

Mañana por la mañana voy a comprar los billetes.

Avisaré para que te hagan tu equipaje.

¿Sí?

-Está bien, me quedo.

Lo que más deseo

es que nuestro futuro juntos empiece cuanto antes.

(Sintonía de "Acacias 38")

Léeme lo que pone sobre la presentación del libro.

Se me ha metido algo en el ojo y no me deja ver.

-Por muy bien que veas, no sabrás lo que pone.

Apenas sabes leer. -¡Que no te escuchen!

Soy una señora y las señoras saben las letras.

-Una cosa es que las sepan y otra que las usen con conocimientos.

La mayoría de las que están aquí

solo ven un periódico

cuando los pone la criada sobre el suelo.

-Las de la mesa del fondo me piden más suizos.

-Que escojan otro dulce.

A los suizos les queda media hora.

-No me hago a tenerlo aquí.

Cada vez que se acerca, me da un escalofrío.

-No seas tiquismiquis y léeme lo que pone.

-No sé por qué tienes tanto interés. Solo dice

que se presentó el libro, unas líneas sobre Leonor

y poco más. -¿No habla de La Deliciosa?

-No nos han dedicado ni una coma.

-Vaya rácanos los periodistas.

Esperaba que nos diera algo de renombre.

-Cuanto menos hablen de nosotros, mejor. Ve a ver los suizos.

-Que dicen las de la mesa que no quieren otro bollo y que si tienen

que esperar mucho, se van a otro sitio.

-Diles que se tranquilicen.

-Mejor diles que se marchen.

No les quedaba media hora, me he pasado de horneado.

Han quedado negros como tizones.

-Siempre tienes la cabeza en otro sitio.

Nos vas a dejar sin clientes.

-Pues manda menos y estate más pendiente del horno.

-Esa es tu tarea.

-Claro, todo el trabajo para mí, mientras tú estás de tertulia.

Ocúpate de más cosas.

No doy abasto. -No me queda más remedio.

Bien que decía madre que no se te podía encargar nada.

-¿Madre? ¿De qué madre hablan?

-¿De qué madre va a ser?

De mi madre.

-Claro, de mi suegra. Todos tenemos una madre.

-No le parecía bien que me casara con Flora.

Y se acabaron las explicaciones, a trabajar, que las mesas

no se atienden solas. -Como quiera.

Pero las de ahí fuera se marchan seguro.

-¿Tú crees que se habrá dado cuenta?

-Creo que no, pero no es buena idea tenerlo aquí.

A la postre, terminaremos metiendo la pata.

-Yo no he sido la que se ha ido de la lengua.

Mantén la boca cerrada.

-No me enfades. -Sé más paciente.

-Y tú, más diligente.

De cada cuatro bollos que sacas,

tres o se te queman o salen poco hechos.

Para nosotros, no es molestia.

Tengo una habitación libre ocupada con los tintes.

Se la preparo en un tris. -No es necesario.

Arturo y yo lo hemos arreglado y, ahora, viviendo juntos,

estamos igual de bien que antes.

-Pues yo me alegro de escuchar eso. Aunque le advierto que, mejor,

no vaya presumiendo por ahí. -No veo por qué.

Ya le he dicho que nos hemos reconciliado.

-Pero aún tienen pendiente el paso por el altar.

Y para algunos de este barrio eso es una herejía.

-Y más ahora, corren tiempos de mucha religiosidad

por Cristina Novoa.

-Los cotilleos no me pesan.

Ya tengo una edad como para dejarme influir.

-Pues hace muy bien.

Cada uno es libre de hacer de su capa un sayo.

-Sí, yo pienso igual. Pero, insisto,

aquí hay algunas vecinas muy pesadas y no la van a dejar en paz.

-No creo que sea para tanto.

Además, vivir con Arturo me ayuda con el trabajo.

-Ya, y supongo que con algunas cosas más placenteras.

-Ayer mismo nos quedamos hasta tarde

revisando los datos de los soldados españoles.

Es un auténtico rompecabezas. -Es de suponer que costará

una fortuna repatriarlos. -Pues sí.

Va a costar cientos de duros.

-Pues no lo van a tener tan fácil.

Conociendo a los políticos de este país...

Esos no sueltan la mosca si no se llevan algo.

-Por eso haremos una recepción para recaudar fondos.

Están ustedes invitadas.

-Se lo agradezco, cuente con nosotras.

-Celia, yo no sé qué decir.

Seguro que nos sale carísima. -Mujer,...

que es por una buena causa.

-Ya lo sé. Y mi Ramón no va a tener ningún reparo

en donar su dinero para esos pobres soldados. Qué lástima,

lo mal que lo tienen que estar pasando.

-Entonces debemos ayudarle a gastarse su dinero.

Adelante, doña Matilde, la costurera la espera dentro.

Me parece una idea de lo más digna.

Le felicito por intentar

llevarla a cabo.

-No es ningún mérito, es una obligación como patriota.

-Y eso le honra.

Ayudar a nuestros militares que están presos en el extranjero

es una labor principal.

Insisto en felicitarle.

Es de suponer que algo más le ha traído hasta aquí.

-Es ahí donde escondió a mi hija.

-Eran otros tiempos y usted no era la misma persona.

-Fue terrible para mí perderla. -Le comprendo,

pero no me arrepiento, era algo que tenía que hacer.

-No busco su disculpa, al contrario,

le agradezco que se ocupará de mi hija.

-Esa actitud demuestra lo mucho que ha cambiado.

-Y más que debo hacerlo.

Por eso he venido, necesito su auxilio.

-¡Ah!

¿Qué puedo hacer por usted? -Quiero dejar todo atrás,

ser un hombre nuevo para mi futura esposa.

-No puedo ayudarle en eso. -Sí.

Porque una de las cosas que quiero cambiar es mi aspecto.

¿Podría usted confeccionar un traje para una recepción?

-Si me lo permite, no me parece que deba cambiar su aspecto.

-Los tiempos cambian y la ropas también.

Y me gustaría vestir algo más moderno.

-No se complique, usted es un hombre muy elegante

y se viste como corresponde

a su edad y posición.

-Hace poco le daría la razón,

pero necesito algo más nuevo, liviano, alegre, no lo sé.

-Está bien, como quiera.

Pero no sé si en tan poco tiempo podré hacerlo.

-Comprendo.

Entonces ¿no puede hacer nada por mí?

-A ver...

Podría apañarle alguna chaqueta, cambiar las solapas.

Ajustarle el corte.

-Eso estaría de perlas.

-También podríamos poner un complemento nuevo

como un plastrón de vivos colores.

Por ejemplo, este.

-Pero esto es muy llamativo.

-Buscaré otro menos colorido. -¡No, déjelo!

Es justo lo que buscaba, sí.

Enviaré a Agustina para que le traiga un traje que arreglar.

¿El plastrón puedo llevármelo ya?

-¿Se lo envuelvo?

¿Qué haces aquí?

-Comentábamos la presentación del libro de Leonor.

La noticia salió en la prensa.

-¿Me permites llevármelo para mostrárselo Blanca?

Está dolida por no haber asistido.

-Supongo que el motivo de tu visita no es conseguir un periódico.

-Efectivamente.

No lo es.

-¿Cómo se encuentra mi hija? ¿Ha pasado bien la noche?

-Sí, no se puede decir que todo haya quedado atrás,

pero me barrunto que ya se recupera de lo sucedido.

-El tiempo todo lo cura.

Con nuestra ayuda, Blanca saldrá adelante.

-Bueno, ya la mantendremos al corriente de lo que ocurra.

-¿Qué quieres decir? ¿Blanca no va a volver a esta casa?

-No, no va regresar.

Hemos decidido

buscar nuevos horizontes

a nuestra vida.

-¿Os vais a ir de Acacias?

-Así es.

Estoy aquí para avisar a Carmen

y que vaya recogiendo

las pertenencias de Blanca.

-¿Tan pronto?

-Lo antes posible.

Blanca vendrá para ver qué se lleva a Suiza.

-Os vais, entiendo, que con tu padre.

-Así es, estaremos lo más cerca posible de mi padre.

-¿Y a ti qué te parece la noticia?

-Me parece muy bien.

Entiendo que aquí hay demasiados recuerdos para Blanca.

Le vendrá bien poner tierra por medio.

-Me gustaría pedirte que reconsiderarais vuestra decisión.

Me duele separarme de mi hija en un momento tan delicado.

-Estamos convencidos de que es lo mejor para ella.

Y de hecho, para los dos. -Pero puede necesitar mi apoyo.

-No se apure, mujer, por eso, ya estaré yo para lo que necesite.

-Me consta que así será.

Pero no sería la primera vez que habéis tenido

problemas de pareja. Si vuelve a suceder,

¿qué será de ella lejos de nosotros?

¿Quién la apoyará? -Esta discusión no tiene sentido.

Blanca ha tomado una decisión

y no podemos hacer otra cosa que no sea aceptarla.

-Está bien.

No insistiré.

Es obvio que ya lo tenéis todo decidido.

Está delicioso, incluso mejor que los que hacía Víctor.

A mi hija le encantarían.

-Vamos a sacar otra hornada, puede llevarle alguno.

-Ya me gustaría llevarle una docena.

Pero llegarían duros, porque mi hija se casó con Víctor

y ahora viven en París.

-Pues sí, llegarían como piedras. Eso no está cerca.

-Demasiado lejos. Por mucho que la eche de menos,

no me queda más remedio que aguantarme.

-Al menos, tiene sus recuerdos.

Algo de lo que otros no disfrutamos. -No importunes a don Ramón.

Sigue con tus cosas. -No me importunaba.

Solo charlábamos.

-Me parece de perlas, pero tiene una pila de tazas

por lavar. A este paso, vamos a servir

el chocolate en cucurucho. -Voy a escape.

-Menudo fichaje que han hecho. -¿El Peña?

No sé yo si es espabilado para camarero.

-Puede que sí y puede que no. Pero es un portento como repostero.

Nunca había probado un suizo tan bueno.

Después vendré a encargar

dos docenas. Con Dios, doña Flora. -Con Dios.

(SILBA)

Ah, ahora me pongo con las tazas. Es que estos ya estaban.

-¿Quién te ha dicho que cocines?

-Como vi que su esposo se enfadaba cuando se le quemaron los dulces,

quise echarles una mano. Parece que me han salido buenos.

Al señor Palacios le han encantado.

-¿Dónde has aprendido a cocinar así?

-No tengo ni idea, me he puesto y me ha salido solo.

-Bueno, me da igual. Tienes unas manos de santo para esto.

Señor, pruebe,

los nuevos suizos de La Deliciosa.

Un manjar de reyes, pura ambrosía hecha bollo. No se priven

y prueben. No han comido algo así en su vida.

Y díganselo a sus amistades, estos dulces solo los tenemos aquí.

(ROSINA) Ay, Celia, querida...

Podrías llevarme tu nuevo catálogo de tintes.

Es que quiero cambiarme el color del pelo.

¿Qué te parece rubio ceniza?

-Hombre, yo buscaría algo para cubrir las canas.

-¿Qué canas? Si yo tengo el pelo color negro azabache.

-Sí, como digas.

Pues voy cuando quieras, esta misma tarde.

-No, eso es muy precipitado.

Es que tengo que asegurarme de que Jacinto no esté.

Ese patán no deja de abochornarme.

-Un poco rústico sí que es.

-¿Un poco? Lo es más que un establo.

Si no fuera por mi corazón, ya estaría con sus ovejas,

que son las únicas que lo aguantan. -Ten paciencia con él.

Su presencia le hace mucho bien a Casilda.

-Pero ya es hora de que reaccione.

Ya tiene que volver a ser la que era.

No voy a estar para ella toda la vida.

-Piensa que te estás portando como una cristiana de pro.

-Santa y mártir me van a hacer por aguantar a ese mameluco.

Me estoy ganando el cielo mejor que la Novoa.

-Hombre, eso es un poco exagerado.

Se dice que es una santa que hasta ha visto a la Virgen.

-¿Y qué? Eso ha de ser motivo de gozo.

Pero sufrir a Jacinto sí es una tortura.

Que sí, eso abre las puertas del cielo

y te sienta a la derecha del Padre.

-Sí, si tú lo dices,...

así será.

-¿Cómo se encuentran esta mañana? -Bien. Ya me ha comentado Silvia

lo de la recepción que planean montar en su casa.

Felipe y yo asistiremos.

-¿Qué recepción?

¿Cómo es posible que yo no esté al tanto?

-Porque no he tenido tiempo de comentárselo.

-Ya veo. Y tampoco ha tenido tiempo de comunicarme

que ha emprendido usted obras en mi casa.

Ya me han llegado los rumores. -Me temo que la han informado mal.

Tan solo he instalado un teléfono.

No se ha cometido ningún desperfecto.

-Eso tendré que apreciarlo yo misma. ¿No cree?

Los secretismos en la relación inquilino casera no son de recibo.

-Acuda a la recepción y aproveche el viaje para revisar la vivienda.

Matará dos pájaros de un tiro y hará una buena obra.

El ágape es con fines benéficos.

-Ah, fines benéficos.

¿Eso significa que pedirán dinero?

-Así es, para repatriar soldados presos en el extranjero.

-Una labor digna de elogio.

Pero es una lástima, me temo que no voy a poder acudir.

Mi criada sigue penando por su difunto esposo.

Y yo no quiero dejarla sola. Estoy preocupada por ella.

-En tal caso, esperamos su visita para revisar la instalación.

Estaremos encantados

de recibirla. -Sí, así lo haré.

-Con Dios.

-Con Dios.

Pero ¿no decías que Casilda tenía que reaccionar?

¿Que estabas harta de que estuviera

tan afectada? ¿No será una estrategia para no gastar?

-¡Huy, qué mal pensada! ¿Y tú me lo dices?

Tú me has convencido para que me sacrifique

por esa muchacha.

(DIEGO) ¿Qué es lo que ha averiguado?

-La verdad es que las noticias que me ha dado Méndez no son muy buenas.

-Entonces ¿no sabe nada de ese tal Higinio?

¿Me han dado una mala pista en el zoco?

-Al contrario, ese pollo es muy conocido en comisaría.

Suele trapichear con objetos robados y entrar y salir del calabozo.

-Genial, así será más fácil encontrarlo.

¿Cuáles son las malas noticias?

-Hace días que está criando malvas.

-¿Lo han asesinado?

-No, se lo han llevado por delante unas fiebres.

-Qué contrariedad tan grande.

-Lo siento mucho.

-De haberlo interrogado, hubiéramos conseguido los nombres

de los que nos asaltaron.

-Lamentablemente, nos quedaremos siempre con esa duda.

-Da igual, es un mal menor,

lo cierto es que ahora tengo otras prioridades.

Me marcho con Blanca a Suiza.

Pronto nos reuniremos con mi padre.

-¿Ella ha aceptado

a la postre hacer el viaje?

-Ha comprendido que necesita distancia para empezar de nuevo.

-Le felicito.

Me alegro de que por fin hayan tomado esta decisión.

Y de que Blanca esté de acuerdo.

-Me siento muy afortunado, Felipe.

Al fin tendremos una oportunidad para ser felices.

-Yo hablaré con Méndez para que no cierre la investigación.

-¿Quién sabe?

Quizás algún día sepamos quien abordó el carruaje.

-Diego, no le quepa duda de ello.

Se nos ha ido de las manos.

He tratado de tapar la realidad, pero acabarán descubriéndolo todo.

-Sosiégate, seguimos teniendo el control.

Aunque no lo creas, Blanca va a ceder.

La labor que hemos hecho con ella pronto dará sus frutos.

-Pamplinas. Diego y Blanca planean marcharse.

¿Qué pasará cuando lleguen

a Suiza? -Eso no va a ocurrir.

Ten más coraje. -¿Cómo que no?

No se estarán quietos cuando no hallen a mi padre.

Acabarán descubriéndolo todo.

-Eso no va a suceder porque no van a ir a Suiza.

-¿Y cómo piensa impedirlo?

-Consígueme un poco más de tiempo con Blanca y lo verás.

-Ha pasado mucho tiempo con ella para nada.

-Te equivocas.

Poco a poco, la he ido minando.

Aunque finge estar bien con Diego, su voluntad es débil.

-Puedo ocuparme de mi hermano.

Pero no podré separarlos más de un día.

-Será suficiente.

-La veo a usted muy segura.

Pero no será capaz de impedir que Blanca se marche.

-¿Eso es lo que realmente te atormenta, verdad?

Que descubran lo que le ha sucedido a tu padre es secundario.

Lo que realmente te escuece es que Blanca se vaya para siempre.

-Eso es asunto mío.

-Pobre desgraciado.

¿De verdad todavía tienes la esperanza

de que Blanca vuelva algún día a ti?

¿No respondes?

¿Quieres que conteste yo por ti?

-Disculpe, señora.

¿Quiere que le prepare sus ropas para misa?

-Ah, sí, por favor.

(FLORA) No se distraigan en hacer sus pedidos.

Miren que se acaban.

-Coja, sin miedo, que en una hora sacamos más.

-Y díganselo a sus amistades.

Hemos fichado al mejor pastelero de toda la ciudad.

-Buenas.

¿Podría hablar un segundo con usted?

-Cuando guste. -¿Podría ser en privado?

-Peña,

sigue vendiendo los bollos, y que no decaiga.

-De acuerdo.

-Ya estamos

a solas, ¿en qué puedo ayudarle?

-Corren unas fiebres muy malas que dan de repente.

A una señora le ha dado un mareo y ha estado a punto de caerse.

-Pobre mujer. -Si no llega a ser por mí,

que he corrido como un lince y la he sujetado,

se habría dado un buen castañazo.

Es una suerte tener a alguien tan diligente como usted.

-Sí.

Pero la he tenido que llevar a cuestas a la casa de socorro.

Y estaba más rolliza que un cabestro.

-Vamos, lo ha dejado sin aliento.

-Sí. Por eso necesitaría unos cigarrillos de esos para el asma

que dejan las vías respiratorias anchas como túneles de tren.

-Cuente con ellos.

Es usted el mejor sereno que podríamos tener.

Estoy convencida de que, si estoy en problemas,

usted vendrá a rescatarme.

-No tenga ninguna duda.

¿Qué le parece?

-Pues no sé qué decirle.

Le veo como siempre. -¿Lo encuentra muy atrevido?

-Un cambio drástico en usted. -Lo sabía.

Parezco un mamarracho.

-Yo no he dicho tal cosa.

Simplemente usted viste un poco... más clásico.

-Eso es lo que quiero evitar.

Dejar atrás esa imagen de hombre gris, antiguo.

-Me parece bien. Con el siglo, han venido tiempos nuevos

y tenemos que adaptarnos.

-Señor, el operario del teléfono

dice que vendrá dentro de poco a instalar el aparato.

-Muy bien, estoy deseando verlo funcionar.

-Y una servidora nunca ha estado en una casa con esos lujos.

-No es para tanto. Pronto, en cada casa habrá uno de esos aparatos.

Podremos hablar con quien queramos

y cuando queramos. -Si usted lo dice.

Lo difícil será que, con tanta conversación,

tengamos algo digno que contar.

-Gracias.

Me ha comentado Celia que quiere hacer una recepción benéfica.

-Así es. Estamos recaudando fondos para traer a los presos.

-Cuente con nosotros.

Aunque no sé si podrá conseguir todo el dinero.

-Esto es un paso, el asunto no se va a resolver en unos días.

-Yo diría que es una labor de meses o de años.

-No me importa.

Me siento con ánimos para llevarla a puerto.

-Me barrunto que ese cambio de indumentaria

tiene que ver con sus ánimos.

-Mis cuitas con Silvia han terminado,

pero no puedo dormirme en los laureles.

Para Esteban no ha acabado.

-¿Sigue sintiéndose atraído por ella?

-Está encandilado con mi prometida.

Pero no se lo voy a poner fácil.

-No creo que tenga que competir con él.

Silvia tiene la cabeza sobre los hombros.

No caerá prendada de un muchacho. -Un muchacho

que puede ofrecerle muchas cosas. Pasión, emoción, aventura.

Y yo voy a estar ahí para demostrarle

que también puedo ofrecerle lo mismo, incluso más.

-En cualquier caso, le felicito por superar sus problemas.

Y no se amargue por Esteban, no es rival para usted.

-Por supuesto que no.

A las buenas.

-Buenas. -¿Cómo andan ustedes?

-Bueno,

anda el barrio revolucionado con las nuevas noticias.

-Yo estoy impaciente por ver

qué hace Cristina Novoa.

-Esa mujer afirma haber visto a la Virgen como yo a vosotros.

-¿Hablar con ella será

como hablar con nuestra Señora? -Bueno, tengamos calma.

El Vaticano aún no se ha pronunciado.

No sería la primera vez que alguien embauca

a los creyentes inventando milagros o apariciones marianas.

-No creo que sea una embaucadora. Daría lo que fuera

por poder hablar con ella.

-Blanca, quizás tú puedas. Ha sido Úrsula

la que ha movido todos sus hilos para que viniera.

-Sí, me gustaría charlar con ella, pero va a ser imposible.

-¿Por qué razón?

-Diego y yo hemos decidido alejarnos de Acacias.

He venido a recoger

algunas de mis pertenencias.

Y a despedirme.

-Siento mucho que te vayas, amiga.

Pero es una buena decisión.

-A veces un cambio de aires es lo más adecuado.

-Yo también me marché

de viaje cuando murió Pablo.

-Ay, sí... (LEONOR) Y me vino de perlas.

Te va a ayudar a poner tus sentimientos en orden.

-¡Te voy a echar mucho de menos!

-Y yo a ti.

-Y os voy a echar de menos a todos.

-Y nosotros a ti.

Pero seguro que ese cambio será para mejor.

-Lamento no haber estado en tu presentación.

Ya vi en el periódico que fue un éxito.

-Sí, mal del todo no fue.

¡Ay!...

-Lamento interrumpirles, pero me gustaría tener la oportunidad

de despedirme de mi hija

en privado. (RAMÓN) Aquí la dejamos con ella.

Que tenga usted un buen viaje.

Guardaremos un sitio en nuestro corazón.

(TRINI) Buen viaje, Blanca.

-Escríbeme.

-Lo haré.

-Te quiero.

-Si va a tratar

de hacerme cambiar de opinión, no lo intente.

-¿Siempre has de desconfiar de mí?

-¿Me va a decir que ha venido solo a despedirse?

-No.

A despedirme y a algo más.

-¿Qué quiere?

-Solo que me acompañes a un lugar.

Hay algo que las dos debemos hacer juntas.

-¿Dónde quiere llevarme?

-Ven conmigo.

Por favor, Blanca, confía en mí,

te juro que no te pediré nada nunca más.

Sígueme.

Blanca ya ha pasado por casa. -¿Y ha hecho la maleta?

-No, ha salido a despedirse.

Más tarde lo hará todo con Carmen.

-Se le va a hacer tarde. Tendré que ir a buscarla.

-No será necesario, tienes que terminar tu equipaje.

-No me gusta que regrese sola. -Ni tiene intención de hacerlo.

Quiere que te diga que esta noche se quedará en casa.

Así podrá prepararlo todo mejor con Carmen.

-Preferiría que regresara aquí.

-Diego, no creo que pase nada por que se quede una noche.

-Tienes razón.

Por una noche no pasa nada y me quedan muchas cosas por recoger.

Sí, sí, señorita, mire.

Estoy buscando a la familia de Rodrigo Bélmez.

Sí, no se preocupe, espero.

Hablar con estas señoritas

es un suplicio. -Es de entender.

Esto de la telefonía está muy atrasado.

-¿Ya está funcionando el aparato? -Desde hace un rato.

Han tardado bien poco. ¿Se escucha bien?

-Se escucha alto y claro, otra cosa es que sirva de algo.

-Es difícil que las operadoras

nos pongan con los familiares. -La mayoría

de las veces no saben darnos razón de la persona

y, cuando tienen teléfono, se equivocan al conectar.

La tarea de Sísifo es una bagatela comparado con esto.

-Controle su ímpetu, joven.

Esta labor requiere la templanza de un amanuense.

-No sé si seré capaz, coronel.

Hace un rato

que me tienen esperando y esto no marcha.

-No sea cenizo.

La mayoría de los vecinos han confirmado su asistencia.

Y los que no me han prometido un buen donativo.

Todos menos Rosina, que ha escurrido el bulto.

-Era de esperar.

-Gracias a Felipe vamos a recibir una suma

del marqués de Viana. -¿Ves?

Una buena noticia. Sí.

Las familias más relevantes de este país

querrán seguir sus pasos y colaborar.

-Así es. Todo va viento en popa.

-Has estado muy acertado.

-Sí, señorita, sí, estoy aquí, plantado como un abedul.

Sí, claro que quiero hablar con ellos, claro.

Silvia...

Me van a pasar

con la familia Bélmez. ¿Quiere hablar? Tiene más mano izquierda.

-Sí, claro.

Oye,...

¿este plastrón es nuevo?

Te queda muy bien.

¿Sí? Sí.

Hola, queríamos hablar con los familiares de Rodrigo Bélmez.

(TOSE)

¡Las fiebres!

¡Ay, que me están dando las fiebres!

¡No llego a casa!

¡Ni a La Deliciosa!

¡Auxilio!

¿Qué me ha pasado?

-Sosiéguese, estoy aquí para auxiliarla.

-¿Voy a morir? -No.

No le va a ocurrir nada.

No va a sufrir ningún daño. -¿Ni aunque me ataquen las fiebres?

-No se preocupe, no va a sufrir ningún daño.

-Bésame, Paquito.

Le amo y no puedo irme de este mundo sin catar sus labios.

-Yo también la amo.

Pero...

se va a caer del taburete.

¿Qué me ha pasado?

-Pues que te has quedado dormida.

-Ay, mira que lo siento.

Qué descuido más tonto.

-Más siento yo el estropicio.

-Disculpen los señores.

Ha sido un pequeño vahído.

-A ver si te espabilas y dejas de dar espectáculos.

-No sé qué me ha pasado.

Me he quedado traspuesta. -Tampoco es de extrañar,

llevamos un día de órdago a la grande. Normal que se le acaben

las fuerzas. -Es posible,

pero, si la ves dormida, despiértala.

Da muy mala imagen ver a la dueña

echarse la siesta sobre el mostrador.

-Como no dejaba de hablar, pensaba que estaba despierta.

-¿Cómo que no dejaba de hablar?

-Ya le digo, y no paraba.

-Ya sabes que soy medio sonámbula y que a veces hablo en sueños.

-¿Y qué es lo que decía?

-A ver, yo tampoco es que pusiera la oreja.

-Pero algo habrá escuchado.

-Es que se le entendía muy mal, pero, a ratos, parecía

que no lo estaba pasando mal. -Menos cháchara y más trabajar.

Venga, ve a por el recogedor

de la cocina.

Pero ¿cómo se te ocurre hablar en sueños?

-No lo hago a conciencia. -Y encima con el Peña al lado.

¡Puedes comprometernos! -Lo sé perfectamente,

que no soy lela. Pero es que, una vez dormida,

no soy dueña de mis actos.

-Pues no te vuelvas a quedar dormida.

-Me beberé un litro de café. No sé qué es peor,

que nos descubran o tener que aguantarte para los restos.

Por fin he terminado mi equipaje.

-Si te falta algo, puedo enviártelo. -No, no será necesario.

Nunca me ha gustado tener muchas posesiones.

Ahora mismo, lo único que me importa

es tener estos billetes.

-¿Salís pronto de viaje?

-Sí, iré a buscar a Blanca a primerísima hora. Solo hay

que zanjar unos asuntos para cerrar esta casa.

-Me olvidé de preguntarte. ¿Cuentas con dinero para el viaje?

-Tengo lo suficiente para llegar.

Allí, nuestro padre nos ayudará.

-No puedes viajar sin fondos. Puede surgir cualquier imprevisto.

-Ya lo resolveremos de alguna forma.

-De ninguna manera.

Mañana sacamos lo que sea necesario del banco.

-No es menester.

-Tú no tienes acceso a las cuentas de la familia.

Y no vas a viajar como un pordiosero.

-Está bien.

Si pasar por el banco te deja más tranquilo, iremos.

Te agradezco tu interés.

-Es lo menos que puedo hacer.

-¿Crees que nuestro padre se va a molestar al vernos?

-¿Por qué iba a hacerlo?

-Porque no le he avisado.

La carta iba a llegar más tarde que nosotros.

-No te preocupes.

Estoy convencido de que padre se alegrará mucho.

Aquí está la tumba de tu hija.

¿Entiendes por qué te traigo a este lugar?

-Sí, supongo que sí.

-Pienso que le debes una disculpa.

El pobre angelito no tenía culpa de nada.

Es de entender que es un momento muy difícil para ti.

-No sabe cuánto. -Ya.

Pero si marchas sin haberle pedido perdón,

la pena te perseguirá toda la vida.

Mira la lápida.

Ni siquiera tiene un nombre.

No fuiste capaz de darle uno.

-Ahora ya es tarde.

Ya no puedo reparar el daño que le he hecho.

-Era tu hija y la ignoraste.

-No tuve fuerzas para traerla a este mundo, madre.

No la cuidé para que saliera adelante,

para que siguiera con vida.

-Le diste la espalda.

La abandonaste.

-Ni siquiera lloré por ella.

¿Quién puede perdonarme

tras haberme comportado así?

-Hija mía,...

ese perdón no está en manos de los hombres.

Ese perdón únicamente está en manos de Dios.

¿Qué demonios acabas de decir? ¿Has perdido el oremus?

-Calla, que no te oigan nuestros clientes.

-¿Te sorprende que ponga el grito en el cielo ante tal disparate?

-Flora, es que no encuentro otra solución.

Tenemos que reaccionar a tiempo.

-"Ande, traiga,"

voy a llamar al pueblo. -¡Desgraciada!

En tu pueblo no hay ni un teléfono. -¡Traiga!

-¿Quieres soltarlo? -¡Traiga, hombre!

-Ay, Dios santo, que ya la has liado pero bien.

-¡Ay! -¿Cómo se les ocurre

romper ese jarrón?

Con el cariño que le tenía el coronel...

-Si es más feo que Picio.

-Usted sí que es feo y nadie le tira al suelo.

¿Me acompañas

a dar un paseo? -Me gustaría, pero no puedo.

Tengo muchas cosas que hacer.

Luego seguimos conversando. -Pronto.

-A más ver.

-¡Susana, querida! ¡Susana!

Ay... ¡Yepa, yepa, ye!

No soy ninguna de sus pelandruscas.

Señora, no le voy a permitir esas palabras.

-¿Qué pretende averiguar?

-En teoría, poca cosa. Los últimos datos sobre Rodrigo Bélmez.

Está hablando con su esposa.

-(SUSURRA) Querida, querida.

Permítame, por favor.

(PEÑA) "Pierdan cuidado,"

seguiré a rajatabla las normas. -Más le vale

si no quieres saber lo que vale un peine. Venga.

Pues aquí es, entre.

(SAMUEL) "Ah, Diego, ibas a la casa. -Sí".

Quiero ver a Blanca antes de ir al banco.

¿Se ha levantado descansada? -No, aún seguía durmiendo.

Si te parece, vamos al banco y luego la ves.

-De acuerdo.

(SILVIA) "¿De verdad no prefieres irte a descansar?".

-No, tomaré un refrigerio y volveré con fuerzas renovadas.

Le estoy muy agradecida por haber aceptado venir a visitar

nuestra casa.

-Usted debe ser Blanca.

He oído hablar mucho de usted.

Ay, pues sí que le han gustado nuestros dulces.

Pensé que se iba a pasar la noche comiéndolos.

Por fin podemos cerrar.

-Voy a recoger la terraza. -No es menester.

Ya me encargo yo. Vaya a descansar.

-¿Seguro? Mire que no es molestia.

-Ya le he dicho que se marche.

(CRISTINA) "Esas desgracias"

forman parte del plan de Dios.

-¿El plan de Dios?

Perdí a mi hija nada más traerla al mundo.

¿Qué sentido

puede tener eso?

-¿Le importaría si viniera

a visitarla en otra ocasión?

Me gustaría contarle

cómo ocurrió todo en realidad.

Creo que le resultaría de gran interés.

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  • Capítulo 755

Acacias 38 - Capítulo 755

04 may 2018

Diego anuncia a Úrsula y a Samuel que se marchan. Úrsula finge rabiar y Samuel finge estar de acuerdo. Cuando se quedan a solas pactan frustrar cuanto antes sus planes de viaje. El Peña se revela como un gran cocinero.

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