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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 430 - ver ahora
Transcripción completa

Las mujeres nacemos para ser la hija de un hombre,

y después, para ser la mujer de un hombre.

Y un día te das cuenta de que no vales para nada.

-No digas eso. Ni en broma.

Eres una mujer muy especial.

Muy pocas mujeres tendrían los redaños de venir aquí.

-"Voy a usar mis votos"

para ratificar a doña Teresa Sierra

en el puesto de presidenta que ahora ocupa.

-Pensé que usted y yo estábamos de acuerdo.

Espero que sea suficiente para no querer echarme de mi puesto.

Estoy totalmente de acuerdo.

-"Recuerdo de San Sebastián".

-No sé si lo trajo mi hijo o fue un regalo de alguna clienta.

Los recuerdos

a una le bailan ya

con la edad. -O lo mismo lo compró usted.

-Lo dudo.

-"Aquí está usted, señora".

Me ha "dao" un pasmo al no verla. Hablábamos de lo bonito que ha sido

el sermón del párroco. -Señoras.

-"Su locura era demasiado perfecta".

Demasiado medida.

¿Cree que está fingiendo?

¿La cree usted capaz?

Yo creo que es capaz de cualquier cosa.

Entonces deberíamos de ponerle vigilancia...

y asegurarnos de que su locura...

no es fingida. -"Quiero que seamos amigos".

-No hay nada que más desee que ser tu amiga.

-Huertas, por favor,

no lo hagas. Es lo único que puedo ofrecerte.

No existes para mí en ese sentido. "He hablado"

con el comisario

sobre Cayetana.

Va a poner a dos guardias a vigilarla.

Le he pedido que me mantenga al margen del asunto,

pero te lo quería decir para que no hubiera malos entendidos.

Gracias. "Tienes deberes conyugales"

y obligaciones.

-¿Obligaciones?

-No puedes rechazarme.

-Claro que puedo.

Puedo hacer lo que quiera.

¿Vas a obligarme a hacer algo que no quiero?

-"Mauro está obsesionado"

con doña Cayetana.

En esos papeles queda claro. No me extrañaría

que ese hombre se hubiera acercado a doña Teresa

solamente para estar más cerca de Cayetana.

Señorita.

Menos mal que aparece, no está la noche "pa" andar por la calle.

La verdad es que estaba deseando ponerme bajo techo.

¿Y Cayetana?

Recién la he "acostao". Duerme como una bendita.

Hablemos bajo para no perturbar el sueño.

¿Ha "cenao" usted?

En un santiamén le preparo algo. No se acueste con el buche vacío.

Te lo agradezco, Fabiana, pero no tengo hambre.

Luego me calentaré un vaso de leche y mojaré unas galletas.

Marche ya al altillo, son horas de que descanses.

"Agradecía", señorita.

En verdad que ya preciso del catre.

Estos viejos huesos me están dando guerra.

Que pase buena noche.

(Puerta)

¿Quién será a estas horas?

Fernando, no le esperaba.

-Discúlpeme por lo intempestivo de la visita.

Sé que no son horas apropiadas,

pero es imprescindible que hablemos.

Por supuesto, pase.

Más que las horas, me preocupa su semblante grave.

Dígame ya qué ha ocurrido.

Me han dicho que dos cucharadas.

Debería mejorar. -No tiene buena pinta.

Me tiene con el alma en vilo.

-Ay...

Está caliente, ¿eh?

Tiene fiebre.

Debería ir a un hospital.

-¿Por qué no vamos directamente a las autoridades?

Daría lo mismo.

-Cruz, escúchame. Con el frío que hace y durmiendo en un almacén,

no va a mejorar. Aquí su vida

corre peligro. -Tú no le conoces,

es más fuerte que un mulo. -No hay naturaleza

que sobreviva a esto.

-No podemos ir a ningún hospital, no tenemos dinero para pagarle.

-No te preocupes, yo te puedo ayudar.

-Bastante has hecho ya.

Además, olvidas que somos fugitivos,

que no podemos ir a un hospital como si fuéramos gente de bien.

En una cosa tienes razón.

Coque no puede seguir aquí.

Debemos irnos.

Cambiar de escondrijo. No sé...

Permanecer aquí muchas jornadas es peligroso.

-¿Y has pensado adónde ir?

-Alguna idea tengo, pero mejor que no sepas más.

-¿Cómo?

¿No confías en mí?

¿Crees que os voy a delatar?

-No es eso.

Si fuera tu intención, tiempo habrías tenido para hacerlo,

pero cuanto menos sepas de nosotros, mejor.

-No os voy a abandonar a vuestra suerte.

-Es la que nos hemos buscado por nuestros actos.

Además, no quiero que te la juegues.

Será mejor que dejemos de vernos.

No vengas más.

-Pero...

¿y Coque?

Lo hago por él.

Sin mis medicinas no mejorará.

-Nunca hemos tenido y se ha sanado igualmente.

-Pero, Cruz, por favor... -No, no, no.

No insistas.

Por favor.

Sé que te preocupas por Coque.

Y por mí.

Estás temblando.

-Será por el frío.

-Celia, Celia, Celia... Márchate, por favor.

Es por tu bien.

Te lo ruego.

Es la carpeta de Mauro.

¿La reconoce?

Es el informe de Cayetana

que guardaba en su casa.

¿Cómo ha llegado a sus manos?

Llevo días dudando sin terminar de decidirme.

No sabía si debía contárselo todo

o si guardar silencio. Y por fin se ha decidido.

Esta carpeta ha vencido a mis dudas.

La que me ha demostrado que esa mujer decía la verdad.

Que sus acusaciones podían ser ciertas.

Hable claro, se lo ruego.

¿Quién es la mujer misteriosa de la que habla?

Su nombre no viene al caso. Se dice el pecado, no el pecador.

¿Y qué pecado es ese?

Al parecer, eso puede saberse.

Teresa.

Mauro la está engañando.

Está en relaciones con otra mujer.

¿Qué esta diciendo? ¿Ha perdido el oremus?

Ojalá fuera cierto, pero me temo que no me equivoco.

Esa mujer... La está viendo desde que se recuperó de su herida.

Esto es absurdo.

Me ama y no me haría tal felonía. Según esa mujer,

los sentimientos que le ha mostrado son puro teatro.

Se hace pasar por su enamorado para estar cerca de Cayetana.

Eso es mentira.

Ha olvidado ya su disputa con Cayetana.

O es lo que pretende que crea.

Según su supuesta amante, la ha mentido.

Nunca olvidará su cruzada contra Cayetana...

hasta que consiga su ruina. Basta ya.

Deje de defender a quien le ha dicho tales embustes.

Dígame su nombre.

Tengo derecho a saberlo.

Si no, le pido que abandone esta casa

porque no daré crédito a sus palabras.

Está bien.

Su nombre es Sara

y Mauro la conoció en uno de sus casos y la ayudó.

Disculpa, ¿te has perdido? No.

He venido a ver don Mauro.

¿Cómo está?

¿Quién eres tú?

Me llamo Sara.

¿Conoces a Mauro?

No.

Pero él me ayudó, me salvó la vida, ¿sabe?,

y nunca he podido darle las gracias.

¿Despertará?

Quiero creer que sí.

-Le ruego que me disculpe.

Me sentía en el deber de contarle lo que sabía.

Solo lo hago para protegerla.

No quería que ese hombre la hiciera daño.

Descuide, que su intención es honesta.

Le ruego, por favor, que me deje sola.

Necesito pensar

en todo lo que me ha dicho. Por supuesto.

No la molesto más.

Elvira, ¿has visto a Gayarre?

No.

Y me gustaría echármelo en cara.

No está en casa.

¿Cómo? ¿A estas horas y no ha regresado?

No, y ya debería haberlo hecho.

Lo que no debería es haberse marchado.

Dejé bien claro que no quería que te quedaras sola.

No he estado sola, padre,

sino con Liberto.

Pues peor me lo pones.

Una señorita no se queda sola con su pretendiente.

Temple, padre.

Nada deshonroso ha ocurrido.

Lo más reseñable es que Simón ha vuelto a dejarme en mal lugar.

Liberto ha marchado sin probar los dulces que le prometí.

Al fin te dignas a aparecer.

¿Dónde están mis dulces?

Lo lamento, señora, pero... no los he conseguido.

¿Cómo?

¿Has precisado de toda la tarde para volver con las manos vacías?

La pastelería Moreno está... a un buen trecho.

Aun así,

tiempo has tenido de ir y volver varias veces.

Pero no de aguardar mi turno.

Cuando llegué, tenían buena clientela haciendo cola,

así que tuve que esperar, y cuando llegó mi turno,

ya no les quedaban más roscos de vino.

Lo lamento.

Lo que yo lamento

es no tener empleados capaces de cumplir un encargo.

-Olvidemos los roscos.

Su deber era quedarse en casa y no dejar a mi hija sola.

Creí habérselo dejado bien claro.

-Discúlpeme, señor, tiene usted razón.

-Y ahora, entre en calor,...

no vaya a coger una pulmonía.

Aguarda.

¿Adónde te crees que vas?

Aún no hemos terminado.

Mañana al amanecer, quiero que vuelvas a esa pastelería.

-Pero su padre acaba de decir que no puedo dejarla sola.

Si eres el primer cliente, no tardarás en volver.

Como usted desee,...

señorita.

Y si no encuentras los roscos

en la pastelería Moreno,

acude a otra.

No me importa que te recorras toda la ciudad,

pero no vuelvas sin ellos.

(TOSE)

"Recomiendo no dejarnos engañar

por la supuesta enajenación de la investigada".

"La conozco bien".

"Sé perfectamente que quebrar su mente es un imposible".

"Ni su paso por el convento

ni siquiera la cercanía de la muerte podrían haberlo logrado".

"Cayetana es una mujer fría, calculadora,

capaz de cualquier cosa

con tal de lograr sus propósitos".

"Temo que estemos ante una más de sus tretas".

"Que finja su locura

para librarse de su justo castigo". ¿Fingir?

¿Cómo puedes ser capaz de no detectar el auténtico sufrimiento?

"Demostraré que no me equivoco".

"Cayetana no se burlará más

de la justicia. No me detendré hasta desenmascararla".

¿Cómo puedo convencerte de que no quiero tener que ver con ella?

"Con este fin, recomiendo encarecidamente someterla

a un estricto seguimiento".

"Solicito que asignen más agentes al caso".

"Es imprescindible

que la vigilemos las 24 horas del día".

"Debemos estar lo más cerca que nos sea posible de ella".

He estado hablando con el comisario.

Sobre Cayetana.

Ha empezado a dudar de su locura.

¿Cree que está fingiendo?

Se está planteando poner a dos guardias a vigilarla

para comprobar si miente o no.

Mauro, ¿qué significa todo esto?

¿Será posible que me hayas estado engañando?

¿Que todo esto haya partido de ti?

Cayetana, me has asustado, ¿qué haces levantada?

Solo quería un vaso de agua.

Me ha despertado un mal sueño.

Unos hombres venían a buscarme aquí, a mi propia casa.

¿Y qué querían?

Llevarme lejos.

Encerrarme en una cárcel oscura.

Me he asustado mucho.

Descuida, solo era una pesadilla.

No dejaré que nadie te haga daño.

¿Me lo prometes?

¿Y tú?

¿Qué haces aquí a estas horas? ¿También has tenido una pesadilla?

No podía dormir bien.

Bebe agua.

Será mejor que volvamos a la cama.

No me lo "pueo" creer.

Me he "levantao" con el alba para llevar el guiso a la caridad

y las ollas están muy limpias.

-No exageres, mujer, que todavía queda estofado.

-Esto no da "pa" alimentar ni a medio pobre, se lo han "comío" "to".

-A lo mejor han "sío" los ratones. -No te amuela...

¿Desde cuándo los ratones mojan el pan con la salsa?

Confiese, Servando, está detrás de este "desaguisao".

-Bueno, está bien, lo reconozco. A ti no te "pueo" mentir.

-Porque tiene la tripa a reventar. -Es que desde que se fue mi Paciencia

no concilio el sueño. -¿Y no podría

contar ovejita en lugar de comérselas?

-Pero es que si sumas el insomnio a la tristeza,

pues siempre me ha "dao" un hambre canina.

-Y no tenía "na" en casa "pa" matar el gusanillo.

-Un mendrugo de pan, pero me acordé de tu guiso y...

-Y...

no me diga más,

se lo ha "zampao" "to" de una "sentá".

-Ya ves.

Yo venía a por una cucharadita,

pero una cucharada lleva a otra cucharada y...

Y este es el "resultao".

-Pasa, pasa, mujer, si los señores aún están "acostaos".

-Vamos a llevar las viandas a los pobres, he venido a ayudarte.

-"Pa" llevar lo que ha "quedao" una hormiguita se bastaría.

El Servando

ha "dao" buena cuenta de "to" el guiso.

No le mires así, mujer, la pena le da hambre.

Si es que mira qué ojitos de cordero "degollao". Mira qué cara.

-Sí, más grande que su espalda.

-Lolita,... (CARRASPEA)

ya que estás, ¿me podrías hacer una manzanilla?

Es que con el atracón de "estofao" que me he "dao",...

tengo el estómago como una piedra.

-Descuide, que ahora mismo se la preparo yo.

-Y ya de paso, me podrías hacer unos huevos fritos.

"Pa" que asiente la manzanilla.

Aquí le traigo su cafelito.

Es el único valiente que se ha "atrevío" a sentarse en la terraza.

-Me acostumbré al frío

en mis lejanas noches de guardia. Allí no teníamos ni un buen café.

Pero este aire frío despeja la mente y despierta el cuerpo.

-Pues yo prefiero tenerlo dormido. Vuelvo a la estufa.

-Don Arturo...

-Buenos días. -Buenos días. A usted

le andaba buscando.

Quería que comprobara lo bien que me queda su regalo.

Me lo he puesto

para que lo vea antes que nadie. -Le favorece.

-Si me acompaña al interior de la chocolatería,

me quito la capa y lo contempla.

-No, no es necesario.

Basta con que sea de su agrado, no entiendo de estas cosas. Siéntese.

-Al parecer, entiende más de lo que asegura,

porque un pajarito me dijo que usted

sugirió los cambios en el patrón.

Y sepa que, aunque le estoy muy agradecida,

me gustaba mucho más el escote que yo había elegido.

-Ese cuello no era apropiado para una señora de su condición y clase.

-Como usted acaba de decir, querido Arturo,

no entiende de moda.

-Pero sí de decencia.

Y debe dejar aconsejarse por las personas que la aprecian.

-¿Y por apreciarme entiende cambiar mi forma de ser y de vestir?

-No, es por protegerla. Es una mujer decente y viuda

que se ve en la tesitura de tratar con hombres de negocios.

-No me queda otra alternativa. -Lo sé,

y lo ideal sería que no tuviera que hacerlo,

pero ya que no es así,

lo mínimo es que se presente vestida con corrección.

Y de paso, acompañada.

-¿Acompañada por quién? -Por un hombre

que imponga respeto. Alguien como yo.

Así nadie podrá engañarla ni escamotearle lo que es suyo.

-Aguarde un suspiro,

¿está diciéndome que va a acompañarme

a mi encuentro con los administradores de mi yacimiento?

-Exactamente.

A no ser que le parezca mal.

-No, si es...

-Entonces, iré.

Si me disculpa, ahora tengo asuntos que atender.

Que pase un buen día.

Pues sí que está usted animado, estimado amigo.

Espero que tan triste semblante

no sea por mi vuelta a la comisaría.

Todo lo contrario.

Su visita es lo único que me alegra. No sé yo.

Creo que vamos a necesitar más ayuda para lograrlo.

¿Dónde está la botella de las emergencias?

No siga buscándola.

Me temo que he dado buena cuenta de ella.

No estoy pasando

por mi mejor momento.

Tal malestar solo puede estar motivado por una mujer.

No se equivoca.

Se trata de Celia.

Veo que aún no han arreglado sus diferencias.

Todo lo contrario.

La brecha entre los dos cada vez es más grande.

Mi matrimonio se ha convertido en una gran farsa.

De puertas hacia afuera

fingimos que todo va bien, pero en la soledad del hogar

nos comportamos como dos desconocidos.

Lamento escuchar eso, Felipe. Me cuesta reconocerla

como la mujer con la que me casé.

Ni siquiera tenemos intimidad.

Me cuesta

tenerla tan cerca, tan hermosa,...

y ni siquiera poder cubrirla.

Ya.

Paciencia, amigo,...

el tiempo curará la herida.

Eso creía yo,...

pero cada vez parece más lejos de cicatrizar.

Le juro que he vuelto a amarla

con todas mis fuerzas,

pero no sé qué hacer.

Ver cómo se aleja de mí sin remedio.

No se rinda, Felipe.

Quizá sí hay algo que aún pueda intentar.

¿El qué, amigo?

Deme una esperanza, se lo ruego.

Les vendría bien salir de Acacias.

Alejarse del lugar y la mujer

que motivó tal crisis. No es fácil

la reconciliación teniendo cerca lo que arruinó su matrimonio.

No lo sé.

Quizá no sea una mala idea.

Estoy seguro de que no lo es.

Marche de viaje con Celia.

Los dos solos.

Lejos de todo.

Seguro que volverán a encontrar el amor que se profesaban.

Está remitida por la mismísima reina.

-Eso ya lo sabemos. Ábrela, queremos saber qué dice.

-Tengo el corazón en un puño.

-¿A qué aguardas?

Léela, mira que te gusta hacerte de rogar.

-Es mejor que la lea María Luisa.

Al fin y al cabo, fue ella quien puso en marcha esto.

-Di que sí, que mi Luisi vale un potosí.

-Que la lea quien sea, pero leedla ya.

-Afirma que ha llegado a palacio nuestra labor en la casa de socorro.

Y asegura que ojalá hubiese más mujeres

como nosotras.

Dispuestas a entregar su tiempo

y dedicación a los más necesitados. -Ole.

(RÍEN)

-¿Y qué más dice?

-Nada más.

-¿Querías que nos escribiera muchas cuartillas?

Bastante con una nota, ¿no?

-Di que sí, estoy de lo más orgullosa.

Ya veréis cuando se enteren todos. -¿Cómo se van a enterar?

-No te preocupes, que de eso me encargo yo.

(Puerta abriéndose)

-Buenas tardes, señoras.

Había "quedao" para dar un paseo, pero si no es buen momento...

-Bueno momento sí, pero os vais a congelar.

-Uh, Rosina, pero si el amor no entiende de fríos.

En cuanto estén embelesados, no se enterarán ni de la ventisca.

-Y si no es así, nos refugiaremos en la chocolatería.

Anda, Víctor,

vámonos, que tengo cosas que contarte.

-Si me disculpáis,

yo también me marcho, tengo asuntos que atender.

-Te acompaño a la puerta.

-¿No te dije que Celia

no estaba muy cristiana?

¿No has visto lo mohína que se ha mostrado?

-Ni que lo digas.

Más que una carta de la reina,

parecía que habíamos recibido una esquela o algo así.

-Celia, querida,

¿vas a contarme qué es lo que te pasa?

¿Qué te tiene tan preocupada?

¿Has vuelto a discutir con tu esposo? -Te he dicho que estoy bien.

-Ya, pero yo no te creo.

Celia, te he estado cubriendo

y he mentido por ti,

pero se acabó hasta que no me digas lo que te pasa.

-¿Y si no lo hago?

-Pues pensaré que no somos tan íntimas como creía.

-Eres tú quien está faltando a nuestra amistad.

Si vas a condicionar tu estima

a que te lo cuente todo, quizá no debamos ser amigas.

-Pero ¿cómo dices eso? Tú no eres así.

En algo bien gordo debes andar metida para decir esas cosas.

"Quítate el abrigo"

y ponte cómoda, cariño.

Te voy a preparar una tisana.

No deberías haber salido con semejante helada.

Bueno, te la voy a preparar si encuentro las hierbas,

porque no sé dónde las he guardado.

Últimamente está muy olvidadizo.

Entre las hierbas de hoy

y el informe de Cayetana de ayer... Sí,

un día voy a perder la cabeza.

Alguien la encontraría.

Es el informe que escribí de Cayetana.

Lo reconoces.

Claro, pero ¿cómo ha llegado a tus manos?

Eso esperaba que lo contestases tú.

Al igual que me explicases cómo es posible

que lo que te dijo el comisario de poner bajo vigilancia a Cayetana

esté escrito todo, palabra por palabra, de tu puño y letra.

Ah, que lo has leído...

Y empiezo a comprender de dónde sacó las ideas tu superior.

Teresa.

No te niego que yo pensara punto por punto lo que hay aquí escrito,

pero eso fue antes.

¿Antes de qué?

Antes de estar a punto de morir.

Antes de recuperarte al fin.

He cumplido con mi promesa.

Me he mantenido al margen del caso.

Yo no soy responsable de lo que vaya a hacer del Valle.

Te anticipé sus intenciones

porque no quería que hubiera secretos entre nosotros.

Ojalá pudiera estar tan segura.

¿Qué debo hacer para que me creas?

¿Cómo debo decirte

que no quiero saber nada de ella, que he pasado página?

Pero el informe...

Te lo dieron para enturbiar nuestro amor.

Dime su nombre. ¿Quién te dio esa carpeta?

Tuvo que ser alguien

que entró aquí y la robó. No, Mauro,

fuiste tú mismo quien le abrió la puerta.

No te comprendo.

La carpeta te la quitó una muchacha llamada Sara.

¿Sara? Quizás fuese ella también

quien se dejó olvidado el pañuelo que encontramos.

Pero ¿por qué haría algo así? No tiene sentido.

Pregúntaselo tú.

Y ahora será mejor que me marche.

Aguarda, Teresa,

¿acaso no me has creído?

¿Dudas de mí?

Lo único que sé es que necesito aclararme y pensar en esto.

Es mejor que esté sola.

Teresa, aguarda.

Teresa, escúchame.

Teresa.

Al parecer, algo acontece en la calle

que te resulta más interesante que yo.

Perdóname, Elvira,

solo observaba a los pocos viandantes que se han atrevido a salir.

Caminan todos sumamente abrigados,

ateridos por el frío.

Por fortuna, nosotros estamos a salvo de tan bajas temperaturas.

Sí, nosotros sí.

Ven conmigo y prueba el chocolate.

Te ayudará a olvidarte del frío.

Dime, Elvira,...

¿acaso no te estás preguntando por Simón?

¿Por mi mayordomo?

¿Acaso debería

estar dedicándole mis pensamientos?

No,

pero sí preocuparte de que está recorriendo la ciudad

buscando esos dulces que se te antojaron.

Te recuerdo que es mi sirviente.

Su obligación es atenderme.

Y yo no soy responsable del tiempo.

No, pero sí de no haberlo tenido en cuenta

a la hora de enviarle a la calle.

¿Estás recriminando cómo trato al servicio?

No, Elvira,

tan solo me sorprende tu proceder.

Nos conocemos hace poco,

pero jamás imaginé que era de tu gusto

atormentar a tus empleados.

Efectivamente.

Apenas nos conocemos.

Pero eso es algo

que me gustaría remediar.

Así que, ¿por qué no nos olvidamos de mi mayordomo

y te sientas a mi lado?

La reina en persona felicitándolas por su labor.

Estaban tan anchas que no cabían por las puertas.

-Doña Rosina estaba "mu" contenta. Parecía una niña con zapatos nuevos.

-¿Y a qué viene esa cara de vinagre si "pue" saberse?

-A nada. A que es fácil hacer caridad sin moverse del salón.

-No digas eso.

-Arrea. ¿Acaso no es verdad?

Me hierve la sangre al ver que cocinamos para los pobres

y otras se llevan los parabienes.

-Que cuentan con nosotras...

-Pues no nos ha llegado ninguna carta de ninguna reina.

-Ni falta que hace. Con la mirada de agradecimiento

de esos pobres desdichados, tengo suficiente.

-Ahí me has dejado sin palabras.

-Será la primera vez. A ti no hay quién te calle.

-Tienes más razón que un santo.

Que se queden con sus cartas.

-No nos detengamos, que tenemos tarea por delante.

-Les vamos a preparar un guiso a los pobrecicos

que se van a rechupetear los dedos.

-Esperemos que no sea de hambre.

Lo pondremos a buen recaudo si no queremos que se lo coma Servando.

-Ese hombre no tiene buche, tiene un pozo sin fondo.

-No la toméis con él.

Está muy mohíno desde que se fue Paciencia.

-¿No te das cuenta de que es un caradura?

-"Pa" mí que la Huertas

tiene razón. Se aprovecha de nuestra buena fe.

-¿Tú crees?

-Pues sí, Lola, si no, pregúntaselo a mi Martín.

Desde que entró a faenar en la portería,

Servando no mueve un dedo "na" más que "pa" rascarse.

Y a él le tiene, al pobrecito,

hecho un trapo de tanto trabajar.

-Ahora eres tú la que se ha quedado sin palabras.

-¿En verdad creéis al Servando capaz de semejante ruindad?

Seré paguata.

Claro que lo es.

De eso y de mucho más.

Ay...

Me han comentado la carta que os ha mandado la reina.

-Sí.

La reina ha sido muy considerada alabando nuestra labor.

-No se habla de otra cosa en Acacias.

No podían creer que no me hubiese enterado.

-Disculpa.

Me olvidé comentártelo.

-Coronel.

Un placer verle. -El sentimiento es mutuo.

Espero que estén pasando unas buenas fiestas

y que hayan entrado bien en el año nuevo.

-No podemos quejarnos. -Presiento que 1901

será un gran año. -¿Qué le hace pensar así?

-Las buenas nuevas que ha traído. Vengo de comisaría.

-¿Ha habido novedades en la investigación del robo de su casa?

-Acaban de informarme que están a punto de capturar

a los dos malhechores que huyeron.

-No es posible.

-Ya veo que no contaba con que hicieran justicia,

pero ese tal Cruz y Coque

están a punto de rendir cuentas.

-¿Y cómo saben sus nombres?

-Porque el cabecilla ha hablado por fin.

-No ha tardado en delatar a sus compinches.

-Una posible reducción de condena ha soltado su lengua.

Ni siquiera le ha hecho dudar que fueran sus hijos.

-Canalla.

-En este caso, su falta de moral

nos ha beneficiado. -De tal palo, tal astilla.

Han seguido los pasos de su padre.

-Y los seguirán hasta el presidio. Son carne letal.

-Espero que no tarden en reunirse con él.

-Están localizados. Pronto los cogerán.

Señora, lamento haberla turbado.

Pensé que le gustaría saberlo.

-Y así ha sido.

Está un poco impactada

por el recuerdo. Manténganos informados.

-Por supuesto.

Con Dios. -Con Dios.

Con permiso.

-Celia, ¿qué haces?

Vamos para casa.

Lamento que la velada no haya resultado de tu agrado.

Mi mayordomo quiere estropear nuestros encuentros.

Ninguna culpa ha tenido.

Yo solo quería compartir esos dulces contigo.

Aunque hubieran llegado, no los hubiera probado.

Me hubieran sentado mal.

Y algo me dice que a ti

te hubiera pasado lo mismo. Habrían tenido sabor a remordimiento.

He de reconocer que me arrepiento de habérselos encargado.

Aunque solo sea por haberte dado una mala impresión.

Quizá no haya sido más

que una chiquillada.

Haz el favor de no enfadarte conmigo.

No me lo perdonaría.

Sería imposible enfadarse ante unos ojos tan bonitos.

Pero lo cierto es

que tengo que marcharme ya.

Se ha hecho tarde y quedé en ir a ver a mi tía.

¿Te espero mañana entonces?

Sí. Será un placer. Como siempre.

Simón, ¿dónde te has metido?

Aparece ya, te lo ruego.

Aquí tiene su coñac, caballero.

Inspector.

¿Ocurre algo? Nada, Víctor.

Tan solo quería hacerle unas preguntas sobre Sara.

Preciso la dirección exacta

de la sucursal de La Deliciosa donde trabajaba.

Pues no tiene pérdida, está en la plaza del Rey.

Y trabajaba.

¿Ya no está allí? No.

Un día apareció y dijo que no volvería.

Y dejó el "recao" a una compañera.

¿Y dio alguna seña de su paradero actual?

Ni señas ni motivos de su marcha.

Después de haberle "molestao" para que le ayudara,

va y se marcha a la francesa.

Cuando me la eche a la cara, le diré cuatro verdades.

¿Y a qué viene este interés? ¿Ha "pasao" algo?

No me extrañaría que estuviera metida en complicaciones.

No es una mala mujer,

pero es de estas personas que atrae los problemas.

O sencillamente no es tan buena persona como habíamos creído.

Simón.

Al fin.

¡A buenas horas apareces!

Te has empeñado en estropear mis veladas con Liberto.

Sé bien que lo haces aposta.

Tanta ineptitud no es posible.

¿Tan difícil era darme capricho

y traerme esos dulces?

¡Simón!

Contéstame, te lo ruego.

¡Padre!

¡Auxilio!

¿Qué ha pasado?

Se ha caído de bruces.

No responde. Aparta.

Gayarre.

¡Gayarre, conteste!

Gayarre, ¿me oye?

Hasta mañana, querida.

Marcho para casa. No hace noche para estar aquí.

-Diga usted que sí, Susana, que hace mucho frío.

Señora.

¿Qué hace usted ahí "pará"?

¿Le ocurre algo?

Sí, no sé, de repente me ha sobrevenido

un escalofrío por todo el cuerpo.

Y un pavor que no sé de dónde viene.

Quía.

Pavor es el que debería de darle este frío.

Corramos al amparo de la chimenea.

Vamos.

¿Está usted ya mejor?

Sí. Precisamente eso

es lo que me acongoja.

A veces estoy tan bien, que podría olvidar los días oscuros

en los que ni mi mente regía. Arrea. Y eso la asusta.

¿Y cómo no iba a hacerlo?

Si ocurriera, si sanara del todo,

podrían volver a condenarme al garrote.

No diga usted tamañas enormidades, señora.

Qué cabeza la mía.

He olvidado poner una vela por Teresa, siempre lo hago.

¿Te importa hacerlo por mí?

No temas,

me voy a quedar aquí esperándote, no iré a ningún sitio.

"Desde que salí del hospital he cumplido mi promesa".

"Me he mantenido al margen". "Teresa, Mauro la está engañando".

Está en relaciones con otra mujer.

-"Él me ayudó, me salvó la vida, ¿sabe?".

"Nunca he podido agradecérselo".

"Demostraré que no me equivoco. Cayetana no se burlará más

de la justicia".

"No me detendré hasta desenmascararla".

-"Se hace pasar por su enamorado

para estar cerca de ella". -"Me ayudó, me salvó la vida".

"No me detendré hasta desenmascararla".

-"Mauro la engaña". -"Me llamo Sara".

"No me detendré...". ¡Basta!

"No se burlará

una vez más de la justicia".

"¿Conoces a Mauro?".

"No".

"Pero él me ayudó, me salvó la vida". -"La está engañando".

"Está en relaciones

con otra mujer".

"Somos nosotros, cariño".

"Ahí,"

donde nadie nos puede hacer daño.

Inseparables.

Besándonos para siempre jamás.

En nuestra burbuja.

Siempre que te sientas decaer,

siempre que estés triste, hazlo girar.

Contempla nuestro beso.

Piensa en mí.

Le doy aire, padre.

Bastante aire le ha dado ya con este invierno.

Lo que hay que hacer es dejarle respirar.

¿Le tapo? Voy a por una manta. Dame tu chal.

Tampoco quiero que lo agobiemos de calor.

¿Se va a morir?

No digas tonterías.

Aquí no se va a morir nadie.

¡Gayarre!

Gayarre, despierte.

Deme ese vaso de agua.

¡Gayarre!

-(TOSE) ¡Gayarre!

-¿Qué? ¿Qué?

Señor.

Los dul...

Los dulces. -Olvide eso.

-No. No, no.

Se me cayeron de las manos. Tengo que recogerlos.

-¿Quiere quedarse quieto y olvidarlos?

-Los ha recogido la doncella.

Están en la basura.

-Lo siento, los pagaré de mi bolsillo. No sé...

Se me cayeron de las manos y yo fui detrás.

¿Te has hecho daño?

No, no, no.

Es solo que no tengo la cabeza aquí, no sé.

Tengo mucho frío.

Vamos, deje eso, ya. Me encuentro mucho mejor.

-Insensato, no voy a permitir que se levante.

Mira que te dije que no enviaras a Simón a por ellos.

¿Cuándo vas a aprender a obedecerme?

Lo siento, padre.

Padre, está ardiendo, necesita un médico.

No. No, no, no.

No se preocupe, señor, es solo que.

He cogido frío, nada más.

Necesito un vaso de leche caliente y mañana estaré como nuevo.

-Pediré que le suban al altillo y le acuesten.

De trabajar mañana nada.

A guardar cama. -No, no, no, señor.

Mi trabajo... -Su trabajo es recuperarse.

Es una orden.

Es tarde para llamarle por un resfriado,

pero mañana le visitará mi médico personal.

-Gracias, señor.

Voy a pedir ayuda para que le acuesten.

Estás ardiendo.

Menudo susto me has dado.

Supongo que por quedarse

sin sus dulces, ¿no, señorita?

¿Me vas a perdonar algún día?

Ya vienen Servando y Martín para que le ayuden a subir.

Maldito invierno.

-(TOSE)

Fabiana, parece que te has caído de un guindo.

¿Quién te mandará a ti dejarla sola?

Ay...

Está usted aquí, señora. Te dije que te esperará.

¿Has puesto la vela? Sí, claro, así es.

Venga.

Vámonos "pa" casa, que no quiero que coja una pulmonía.

Necesito tomar el aire.

Voy a salir a dar un paseo. -¿A estas horas?

¿Tú sola por la calle con este tiempo? Ni hablar.

-Felipe, me siento presa en esta casa.

-Muy bien.

Vayamos los dos. Que nos dé el aire.

Aunque sea de la sierra.

-Quiero ir yo sola.

-Celia, eres mi esposa,

¿crees que voy a dejar que te vean

como si fueras una perdularia? -¿Les apetece un flan o no?

-¿Y si lo soy?

¿Y si no soy tan decente como tú crees?

A lo mejor es que soy como tú

y me gusta salir por ahí de noche.

-No me faltes al respeto.

-¿Respeto? "¿Cómo habrá pasado"

la noche Simón? -Con fiebre.

Vino a visitarlo el médico a primera hora.

Tiene un resfriado muy fuerte.

Pero de esto no se va a morir.

En tres o cuatro días estará como nuevo.

¿Bajará hoy a trabajar?

¿Quieres mandarlo a recorrer las calles?

No me lo diga más, no debí hacerlo y estoy arrepentida.

Le pediré perdón

en cuanto vuelva. Déjate de perdones.

Los señores no pedimos perdón a los criados.

Aprende para la próxima.

Gayarre tendrá que guardar cama hasta que se recupere.

Nada de mandarle trabajos hasta que el médico diga que puede hacerlos.

Luego subiré a hacerle una visita

para ver si precisa de algo. -Ha dado tu nombre

y el de tu hermano.

Y la zona por donde podríais estar escondidos.

Es cuestión de horas que encuentren este almacén

y se presenten aquí.

-¡Maldito sea por mucho que sea nuestro padre!

¿A cambio de qué nos ha vendido?

-Una reducción en su condena.

-Es un miserable.

Toda la vida dándonos tormento

y matándonos a trabajar como mulos para qué.

¿Para vendernos?

-Cruz, debéis escapar

antes de que vengan y tiren esa puerta abajo.

-¿Me ha traído información para ponerme al día de esa reunión?

-No es necesario que me acompañe, de verdad.

Me basto y me sobro.

-No me cuesta nada.

-Ya lo sé, pero es innecesario.

Desde que falleció mi querido esposo,

yo me entiendo bien con los administradores.

-Y ellos se frotarán las manos por tratar solo con usted.

-¿Está insinuando que lo hago mal?

-No, no, ni mucho menos,

pero la presencia de un hombre haría subir sus ofertas.

-¿Usted cree?

-Estoy completamente convencido.

No tendría ni que abrir la boca. Con estar allí sería suficiente.

-Vale, pero entonces no hace falta que le cuente los detalles.

Yo tomaré las decisiones. "No sé si me perdonarás,"

pero te pido perdón.

Sé que soy una caprichosa y una estúpida,

pero es que tú...

Podías haberte negado a ir,

podías haberme dicho que no.

¿No ves que era lo que yo quería?

Hoy en casa todo han sido malas caras.

Se te extraña. Hasta mi padre, con lo arisco que es,

te aprecia en gordo.

Y yo,...

yo ya sabes lo que siento por ti.

-"¿Por qué no estás tejiendo en casa de tus señores?".

"Allí estás más calentita". -"La cosa está que arde".

-¿Qué ha "pasao"? ¿Ha "sío" por la discusión? ¿Lo de ayer?

-Pues eso mismito. Andan a la gresca.

-Por lo de la Huertas, claro.

-Pero ¿cómo no va a enfadarse?

-El señor despendola con la susodicha.

-Porque no tiene en casa lo que quiere.

Es que los hombres son así.

¿Que no me lo da mi esposa? Pues lo busco fuera.

Y ahí estaba Huertas

"pa" darle el gusto.

-No sé si lo tenía antes, pero ahora, nanái.

La señora no le toca ni con un palo.

En camas "separás" duermen.

-Solo quiero que lo entiendas.

Hemos de apurarnos o nos cogerán.

Mejor nos marchamos.

-(TOSE)

Imagina que nos escondemos y te entra la tos.

Tardarían segundos en descubrirnos.

Anda, date prisa.

Recogemos y nos vamos. Y si te vuelvo a gritar,

protesta. No quiero tratarte como nuestro padre.

¿Eh?

(Puerta)

-¡Abran en nombre de la ley!

¿Me vas a contar la pesadilla?

Ha sido horrible.

Tú estabas en el salón leyendo una revista,

y alguien se acercaba por detrás

sin hacer ruido.

¿Y quién era?

No le he visto la cara, era un hombre.

Espero que fuera guapo.

Te agarraba por la espalda.

Tenía un cuchillo.

Ya imagino lo que hace con él, no hace falta que sigas.

Tendría que haberle visto la cara para que te protegieras de él.

Pero me desperté.

Tú y yo sabemos protegernos, Cayetana.

"Cifuentes".

Me han notificado que el comisario ha localizado a los atracadores.

Cuando regrese a la comisaría, dígale que debo hablar con él.

Mande venir a Losada. Gracias.

Eres Zenón, ¿verdad?

-Soy yo.

-Aquí estoy.

-¿Está segura?

-Sí.

Lo estoy.

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  • Capítulo 430

Acacias 38 - Capítulo 430

11 ene 2017

Fernando entrega a Teresa el informe que le dio Sara y le dice que tiene una relación con otra chica. Teresa lee el expediente escrito por Mauro y ambos acaban discutiendo. Celia visita a Cruz y están a punto de besarse. Ella descubre que el padre de Coque los ha delatado.

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