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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 149 - Ver ahora
Transcripción completa

He recibido este telegrama.

Han entrado a robar en Brihuesca.

-Una casa vacía es un reclamo para los cacos.

-Así es.

Quizás un día de estos tenga que hacer un viaje al pueblo.

¿Y esos harapos

por qué siguen ahí?

Estábamos viendo si

la camisa tenía arreglo o si había que hacerla trapos.

No creo que valga para ese menester.

-"Cuanto más se acerca el día de la boda,"

más mohíno está Pablo.

Hasta se ha dejado el libro.

"To" el día en Babia está.

Si es que los sabía...

¡Lo sabía!

¡Lo sabía, Lolita!

¡Yo lo sabía!

-"¡Víctor!".

Ven, haz el favor.

Ven.

Atiende bien a don Imanol,

es el señor que esperábamos.

El crítico.

-Mañana vendré a hacerles una inspección completa

y espero que esté todo preparado. -Estará todo listo

y en perfecto orden de revista.

¿Y cómo está él?

Pues no lo sé.

Le han anulado las visitas.

Ni siquiera su abogado puede visitarle.

Le dejan solo a su suerte.

Manuela.

Es tan injusto lo que está padeciendo...

No podemos dejarle así.

Tal vez yo sepa cómo conseguir la cantidad que falta.

-"Santos pide más dinero para los guardias"

y para su familia.

Está muy nervioso. Hombres...

Dele este dinero y que se tranquilice.

Dígale que en la prisión

hay desgraciados dispuestos a hacer su trabajo por menos.

Se lo diré gustosa. -¿De cuánto dinero hablamos?

60 000 pesetas.

No tendré más remedio que vender la casa y las tierras.

La vida de Germán está en juego.

Si quieres hacer por ayudarle, ven.

No puede ser.

No puedo dejar sola a doña Juliana en estos momentos.

Yo hablaré con ella y lo entenderá.

Te acompañaré.

-Como no seleccionen uno de los postres para la exposición de París,

no llegamos abiertos a estas Navidades.

-Siento decirles que Manuela no va a poder cocinarlos.

¿Por qué dice usted eso?

Ha surgido un asunto urgente

y debemos ausentarnos.

-¿Y no podría ir usted solo?

Necesitamos a Manuela en los fogones.

-Manuela se ha empeñado en acompañarme.

-Pero ¿es consciente Manuela

de que nos está dejando en la estacada?

-Ya la he insistido

en que debería quedarse, pero añora el pueblo y ahora es una señora.

Tiene posibles.

-No me puedo creer que me esté haciendo esto.

Con lo bien que me he portado con ella...

"Hazme caso".

Si haces ese viaje, te acabarás arrepintiendo.

Sé el riesgo que corro.

Debo hacer este viaje por Germán.

Es la forma que tengo para conseguir el dinero y sacarlo de la cárcel.

Su vida depende de esto.

Cuídemela más que a su propia vida, madre.

Me rompe el alma dejarla aquí. No es necesario

someterla a tan duro viaje sin razón.

No tardaréis en volver de Brihuesca. Era una insensatez que os acompañara.

Marcha tranquila. Tranquila, pero alerta.

Ni una miaja me agrada que viajes sola con él.

No seas agorero. Marcha con su marido.

Eso no la impidió maltratarla y lo sabe.

Y esta vez no la protegeremos.

No insistas más, Pablo.

Tendré cuidado. No temas.

-Todo está preparado.

¿Estás lista para partir?

Ay... Déjame besar una vez más a mi niña.

Marchad ya, no vaya a enfriarse la criatura.

Me da coraje marcharme sin despedirme de doña Juliana.

No la avisé de mi partida.

La he puesto al tanto y no ha puesto trabas.

Cuánto te agradezco tus desvelos, Justo.

Eh...

Discúlpame una miaja. Adelántate tú.

Don Leandro.

Aguarde.

-Partes de viaje.

No me demoraré en regresar.

Marcho a Brihuesca. A conseguir el dinero preciso

para la fianza de Germán. ¿Es... eso posible?

Justo va a proporcionármelo,

pero antes debe vender

unas propiedades.

Dios te bendiga, Manuela. Eres una mujer leal

y generosa.

Si Germán me viese en tal situación, actuaría de igual forma.

¿Se sabe algo más de él?

Nada.

El juez

ha restringido sus visitas. Cada día nos sorprende con una traba.

Esperemos que pronto todo acabe.

Don Leandro, le ruego que guarde en secreto

lo que pretendo.

Nadie debe saber de dónde ha salido el dinero.

¿Ni siquiera Germán?

Especialmente él.

Temo que no lo aceptara.

(CROTORAN)

¿Qué haces, querido?

-Trabajar.

O, al menos, intentarlo. No tiene nada de peculiar.

-Lo peculiar no es la tarea, sino el lugar escogido para hacerla.

¿Por qué no revisas tus documentos en el despacho?

-El despacho está ocupado.

-El tutor le está impartiendo una clase a Tano.

-No puedes hablar en serio.

¿Qué puede haber pasado para que cambiara de opinión?

-Tuvimos un conversación de hombre a hombre, mejor dicho,

de padre a hijo. Le puse las cosas en su sitio.

-¿Y no se enfadó?

Ya has comprobado que tiene genio.

-Y también posee buen corazón.

Y entendederas.

Pero pierde cuidado, que no le reprendí.

Le dije que le entendía

y que no éramos tan distintos.

-¿Y acaso no lo sois?

-Celia.

Sabes que yo también empecé desde abajo.

Mi familia no tenía posibles. Con esfuerzo y mis estudios

fui saliendo adelante.

Él, en cambio, tiene la posibilidad de aprovechar

las facilidades que le brinda

ser parte de nuestra familia.

-¿Y te escuchó?

-Al principio, no, pero le agradecí lo que había hecho por ti.

Le dije que si esta familia tan rara fracasa,

que no sea porque no he puesto todo de mi parte.

Eso sí,...

le hice prometer algo. -¿El qué?

-Que también pusiera de su parte.

-Te lo agradezco.

No me extraña que le convencieras con una historia tan bella.

-Celia.

Ahora que parece que estoy en racha,

me gustaría preguntarte algo.

¿Vas a seguir su ejemplo

y...

y vas a poner tú también de tu parte?

-No te comprendo.

-Sí.

Sí que lo haces, Celia.

¿Vas a asumir

el ir a ver a la hija de Manuela?

-La hija de Manuela... -Celia. Es lo que es.

Tenemos que empezar

a quitarte esos fantasmas. -Hoy no puedo, Felipe.

Aún tengo mucho que hacer.

Ay, Víctor...

Ay, ¿serán estos dulce del gusto

del crítico? -Usted no se preocupe, madre.

Esos dulces

están diciendo "cómeme".

-Deberían decir: "Llévame a la exposición".

Es mucho lo que nos jugamos, hijo.

No solo el prestigio de la chocolatería,

también su supervivencia.

Y todo esto sin ayuda de Manuela.

-Y en nada la vamos a echar de menos.

Usted cuando se pone, es muy buena cocinera.

-Esperemos que el crítico me tenga en consideración.

¿Y no está tardando ya demasiado?

Ay, Víctor,

que lo mismo no viene.

-Madre, no se agobie. Dijo que vendría sobre esta hora.

Y algo me dice que va a ser puntual.

-Señor Buendía.

Muchas gracias por venir.

-¿Dónde están esos dulces?

-Por aquí. Siéntese.

Por favor.

Si...

quisiera acompañarlos con algo, le puedo ofrecer un digestivo,

un anís, una cazalla...

-Me conformaría con su silencio si es posible.

-Le he preparado bartolillos de crema,

piononos y petisús.

-Sé distinguirlos. Es mi trabajo.

Tienen buen aspecto.

-Agradecida.

Los he preparado yo misma.

-Guarde su agradecimiento.

Importa más el sabor que su aspecto.

-¿Y... bien?

Le han dejado sin palabras, no me diga más.

-Si tales pasteles tuviesen ese don, tendría que tomarse dos docenas.

Los he encontrado empalagosos

y resecos.

Aun así puedo darles otra oportunidad.

Quisiera tocinillo de cielo.

-Lo lamento muchísimo,

don Imanol,

pero es que el tocinillo de cielo

no está entre nuestras especialidades.

-Especialidad o no, el otro día pude probarlo.

Estaba delicioso.

-Es el que preparó Manuela.

-Pues, por desgracia,

esa repostera se ha tenido que ausentar,

pero si vuelve en unos días, le podrá preparar

los que usted quiera. -Y dígame,

¿similar excusa daría a los asistentes a la exposición

que fueran a tomarlos el día que a su empleada se le antojara faltar?

¿Que volvieran otro día?

Un poco de respeto, señora.

Tendrán noticias mías.

-Ay, Dios mío, Víctor.

Que esto es el fin.

No nos seleccionarán.

-Madre, esto está delicioso.

No entiendo cómo ha sido tan duro con su valoración.

-Yo tampoco.

-La ausencia de Manuela

nos va a salir muy cara.

(Puerta)

Aquí estás.

Quería saber cómo te encuentras. Mejor.

Ahora iba a faenar. No te veo

muy recuperada, te falta color.

Estás tristona, Casildilla.

No es nada de enjundia.

Tan solo es que no he podido pegar ojo

por tontunas mías.

Tienes que olvidar lo del rorro.

Tendremos más.

Después de la jornada me paso a verte, ¿quieres?

¡Aguarda!

Aguarda, Pablo.

Anoche te olvidaste algo.

Tu libro.

¿Ocurre algo?

Pablo.

Yo te amo con toda mi alma.

¿No vas a decirme nada?

¿Yo te digo que te amo

y tu me respondes con un silencio?

Pablo.

¿Tú también me amas a mí?

Ya sabes que te estimo y que me preocupo por ti.

Sí, eso ya me lo has dicho

y también que soy muy buena y muy leal,

pero yo no te he preguntado eso.

Aguardo tu respuesta.

Tengo que marcharme.

Luego nos vemos.

-Arrea, lamento haber interrumpido. -No, Lolita.

Por desgracia, no has interrumpido nada.

Me barrunto que las cosas con tu novio no van mejor.

-Llevo toda la noche en vela dándole vueltas al magín.

Pablo no me quiere.

Sigue enamorado de Leonor.

Aún guarda su retrato con devoción.

Ni siquiera es capaz de decirme que me ama.

Nunca me lo ha dicho.

Y es que yo

siempre lo he sabido, Lolita,

lo que pasa es que

soy una pánfila que no tiene "na" en la mollera.

Y me dejé convencer "pa" mí misma.

Pablo y Leonor

no van a querer nunca hacerme daño,

van a seguir "p'lante"

por ser leales.

¿Y yo, Lolita?

¿Yo puedo casarme así,

de esta manera? Solo hay dos cosas que puedo hacer.

Una es...

casarme con Pablo.

Seguir "p'lante".

Intentar conquistarle con el tiempo. Y la otra es

rendirme y sanseacabó.

-Entonces solamente queda una pregunta posible.

¿Qué cosa vas a hacer?

¿De dónde viene tan temprano, Úrsula?

De pagar y confirmar la entrega del ágape.

Mañana tendremos los platos en casa.

Ha hecho bien en confirmarlo. No te puedes fiar de nadie.

Mire. ¿Tan difícil es de distinguir

el violeta? Son de un vulgar morado.

Si lo desea,

puedo devolverlas a la imprenta. No hay tiempo.

He enviado la mayoría.

Entrégueles estas invitaciones a doña Susana y a los Palacios.

Quiera Dios que Trini no acuda.

Ese esperpento puede aguarme el aniversario.

Y no hay sitio para una manicura con un pollo en la cabeza

y unas enaguas vistas. Pierda cuidado.

Ni tan siquiera ella podría evitar que el éxito

esté asegurado.

Así lo necesito, Úrsula.

Mostrar que lo ocurrido no me ha debilitado.

Que a mí no me aplasta nada

ni nadie.

(Puerta)

Vaya a abrir.

Tiene visita,

señora.

Imanol.

Su visita solo puede significar que ha cumplido con lo acordado.

-Así es. No tengo por costumbre

faltar a mi palabra.

Ni yo recompensar a quien me obedece.

Úrsula, vaya a buscar el sobre del señor.

Es de entender que ningún dulce ha sido escogido para la exposición.

Ninguno. Y es una pena.

Probé hace unos días un tocinillo de cielo

que honraría cualquier exposición.

No me aburra con explicaciones de cocinero.

No tengo por costumbre pasearme por los fogones.

Tenga su dinero.

Puede montar el restaurante

más lujoso de la capital

o gastárselo entero en esos tocinillos de cielo.

Muy atareada te veo.

-Y así es, así que

haga el favor de no molestarme. Trato de estudiar.

-¿Y...

qué estudias?

¿La última moda en París?

-No diga tontunas. Ni había reparado en la revista.

Repasaba cálculo comercial y es ardo farragoso.

-Pues ya "vistes"

que a mí se me da de fábula. Mejor que a ti.

-No se dice "vistes".

Déjame sola. Esta materia es más compleja

de lo que una mujer de su condición imagina.

-Arrea.

¿Y qué condición me incapacita para saber de números?

-No veo menester recordarle su origen.

Las mujeres de su clase

no acostumbran a estudiar. Se casan con hombres de posibles.

-En algo tienes razón,...

yo no tuve unos padres dispuestos a pagarme

todos los caprichos.

Y sí, prefiero estar con tu padre

a limando uñas en una barbería.

Mas en algo andas errada,

servidora sabe más de cálculos que un Séneca.

-Ah, ¿sí?

¿Y en qué universidad lo aprendió?

-En la de la necesidad y la pobreza.

Luisi, ya te dije

que como manicura debía andar muy despierta o me la colaban.

Ni un céntimo me escamaron ningún cliente ni el patrón.

Lo que yo estudio

es de mayor enjundia que las cuentas de una manicura.

-Si tan segura estás de eso, podemos probarlo.

¿Eh?

Te reto a que busques un problema en este libro.

A ver quién lo resuelve antes.

Muy dudosa te veo, Luisi.

Pareciera que se te escapa el arrojo por la boca.

-Otra vez estudiando, hija. Qué feliz me hace

verte hincar los codos

delante de los libros.

-Lástima que solo los hinque para no quedarse dormida.

-Con semejante formación, podrás gestionar

mis negocios a la perfección.

-Que Dios nos coja confesados.

-Estoy tan orgulloso de ti,

que he empezado a difundir tus progresos

entre mis allegados.

-Debieras esperar a alzar las campanas al vuelo.

Debes ser más discreto.

-Me sorprende, Trini, no es propio de ti.

¿Acaso tú tampoco crees que las mujeres deban estudiar?

-"Pa" chasco que sí, Ramón,

pero ese es precisamente el problema. Estudiar, lo que se dice estudiar

y en concreto ella,

poco lo hace.

-No le haga caso. Tan solo pretende hacerme rabiar.

Ya verá

cómo no le decepciono. -Ya lo sé, hija.

Se me ocurre una idea. Convocaré una reunión

con unos inversores para mostrarles tus conocimientos.

Así te van conociendo.

-Ay, querido,

qué idea más fetén.

Estoy segura de que Luisi nos va a dejar con la boca abierta.

¿Eh?

Pues ya está.

-¿Ya ha arreglado

la puerta del mueble? -Nones.

Ya la he fastidiado del todo.

Maldita sea mi estampa.

Estas labores debería hacerlas Servando

y no yo. Él es el manitas.

Yo tengo otras virtudes.

No me recuerdo cuáles, pero otras.

-Paciencia, a su marido le tendremos perdido

mientras le dure la "tontá" esa de poner su pueblo en el mapa.

-Hay que ver, le podría haber entrado otro capricho.

Las señoras, ya se me han quejado todas,

de que la faena está descuidada.

Ay...

Todo el día llevo sin verlo, sabe Dios dónde estará.

¿Qué?

De saberlo, no lo hubiera preguntado.

-Arrea, Servando,

¿es que estamos de carnaval y una no se ha "enterao"?

-Cuidadito. Cuidadito, Fabiana, con lo que dices

que este es el traje regional de mi pueblo.

-Si van así vestidos, Servando,

no me extraña que no salgan ni en el mapa.

-Pero ¿adónde vas a ir

con semejante facha?

Así no sales a la calle, ¿eh?

-Solamente me lo estaba probando.

Pienso ir a ver al catedrático de Geografía.

Escucha, mujer,

lo que te digo. He decidido

cambiar de estrategia para que Naveros

lo pongan en los mapas.

Ya no le voy a hablar de los límites geográficos.

-Claro que no, así simplemente tratará de matarlo de la risa.

-Con el traje regional puesto,

le voy a poner al día

sobre las costumbres y las gentes.

He de convencerle de que Navero del Río

es el mejor pueblo.

Tengo que emocionarle.

-No, si llorar puede que llore.

Mas... Mas preciso

de su colaboración.

-Ay, no, no, no, no.

Yo no pienso ponerme ese traje.

Si así van vestidos los mozos,

no imagino las hembras...

-No, lo que quiero es que me ayuden a ensayar el baile de mi pueblo.

-Ah, no, de eso nada, que llevo todo el día "eslomada".

Vamos, como para ponerse ahora con la risión de baile...

Bueno. -Y yo no sé

cómo se baila. -Es la mar de fácil.

¿Usted conoce la jota,

la muñeira y la sardana?

Pues olvídese de todos esos pasos y usted lo que debe hacer

es brincar como yo.

Menudo ayudante me he buscado.

Un difunto me daría más palique.

-No estoy de muy buen humor,

madre.

-Porque tú quieres...

Parece que disfrutas estando mohíno.

Deberías dejar de darle al magín con las desdichas de Germán

y seguir con tu vida.

-Germán es mi amigo y está pasando grandes apuros.

-Él se lo ha buscado. Que no te encarcelan por nada.

-Por nada no, madre.

Por las malas artes

de un dengue de mujer.

-No seas testarudo y da tu brazo a torcer.

Que solo tú pareces haber elegido el bando equivocado.

Ven mañana al cumpleaños de Cayetana, serás bien recibido.

Va a ser una fiesta de postín.

-Así funciona este mundo, madre.

Mientras un inocente sufre maltrato

en una celda putrefacta,

ella celebra su cumpleaños

por todo lo alto.

Ni sueñe

con que voy a aparecer.

-Nada...

Tan testarudo como su padre. Contigo no voy a hacer carrera,

hijo mío.

-Buenas.

-Adelante, Molina.

Siéntese. Gracias.

-¿Ha podido usted ver a Germán?

-No, siguen sin dejarme verlo.

-Entonces

no hay novedades.

-Novedad ninguna y no sé si alegrarme de tal cosa.

Cada vez que tenemos noticias, estas no pueden ser peor.

-Y no es de extrañar.

Cayetana tiene al juez en sus manos. Lo maneja como a un simple títere.

-¿Hasta dónde puede llegar su poder?

Ha conseguido que le restrinjan las visitas, que le inhabiliten

como médico...

-Que su vida en prisión sea lo más parecido a un infierno.

-En mi carrera me he enfrentado a caso semejante.

-Molina.

¿Podría ganar un poco de tiempo

para intentar conseguir el dinero de la fianza?

-Aunque lo lográramos,

no reuniríamos esa cifra ni en un millón de años.

-Espero no precisar de tanto.

Unos días bastarán.

-¿Ha conseguido la manera

de obtener el dinero? ¿Cómo es posible?

-Digamos... que...

alguien que le tiene en gran estima

intenta ayudarle.

-Aunque no se quede solo en un intento, me basta y sobra. Bien.

Marcho ahora mismo a los juzgados a intentar lograr una moratoria.

Le mantendré informado.

-Gracias, Molina.

Leonor.

Yo no...

Tranquilo.

No es necesario

que digas nada.

-Ay, Pablo...

Mis dos brazos hubiera dado porque alguna vez me hubieras mirado así.

Pues muy agradecido.

Me urgía

tener preparados estos contratos.

-El que le está agradecido soy yo. Por no haberse buscado

otro letrado en mi ausencia.

-Jamás me hubiese perdonado tal desplante.

Usted nunca me ha fallado.

Ni como abogado

ni como amigo.

¿Sabemos algo de Germán?

-Apenas nada.

Por lo que me ha llegado de Luis Molina,

no tiene tarea sencilla.

Parece condenado de antemano.

-Por mucho aprecio que le tenga,

que así sea si es culpable.

Lo único importante

es que se haga justicia. Felipe.

Le encuentro

un poco bajo de ánimo. ¿Se encuentra bien?

Quizá...

aún no esté preparado para volver al trabajo.

-No.

No es eso, amigo.

Las cuitas que me inquietan no son profesionales,

sino caseras.

-¿Algún problema con el zagal que tienen en casa?

Es natural que le cueste adaptarse.

-Sí,

pero estoy seguro que lo hará.

Estoy preocupado por mi esposa.

Sabe por las duras pruebas por las que hemos pasado

en los últimos tiempos.

-Parece que el destino se hubiese encaprichado

con ustedes,

pero lo importante

es que han logrado superarlo. -Me gustaría

estar convencido de eso,...

pero a pesar del regreso de Celia,

mi matrimonio está gravemente tocado.

Hemos abierto una herida

que no somos capaces de cerrar.

-Lo único que necesita

es un poco de tiempo

y voluntad para solucionarlo.

Han pasado por mucho.

Por fuerza ha de ser lento el proceso para recuperar la normalidad.

-Un proceso lento que tiene como primer paso volver a ver a Inocencia.

-Tiene razón.

Por muy doloroso que resulte,

a la fuerza tendrán que pasar por ello.

¿Ha logrado comentárselo a su mujer?

-En más de una ocasión.

-¿Y bien?

-Hemos pasado

de su negativa más firme, a que se escude en evasivas.

No tiene fuerzas para hacerlo. Solo quiere estar en su casa.

-No podrá prolongar por mucho tiempo esa situación.

La niña vive en el mismo edificio.

Tendrá que asumir que ya no es su hija y verla crecer.

¿Sabe?

Cuando me mudé junto a Trini,

al principio ella

se negaba a salir de casa.

Tenía miedo de enfrentarse al desprecio de las vecinas,

pero yo nunca dejé de insistirle en que ella

no se dejase amilanar. Y ya lo ve,

finalmente se ha hecho

con su sitio. -Mi esposa no es tan fuerte.

En su caso, no tiene que enfrentarse solo

a la maledicencias de algunas señoras,

ha de enfrentarse a sí misma.

Si sigue encerrada en casa,...

temiendo lo inevitable,

sola,...

me preocupa su salud mental.

Temo que pueda volver a recaer.

Por mucho que mire los números, estos no han de cambiar.

-Íñigo.

Qué agradable

sorpresa.

-Pasaba cerca de tu barrio y pensé en acercarme a saludar.

-No te hubiera perdonado que no lo hicieras.

Pero siéntate

y cuéntame cómo te ha tratado la vida.

-No puedo quejarme.

Entre tú y yo,

he de decirte que he hecho fortuna exportando aceites de mi Jaén.

-Cuánto me alegra saberlo.

Si alguien merecía tener éxito, ese eras tú, Íñigo.

Recuerdo que...

mi Guillermo siempre lo decía, que en la gloria esté.

Ay... Te tenía en alta estima.

-Y yo a él.

Ha sido el mejor amigo que he podido tener.

Te casaste

con un buen hombre.

-Sí,

pero no nos pongamos melancólicos.

Llevamos demasiado tiempo sin vernos.

¿Te quedarás mucho tiempo

en la ciudad? -El preciso para solucionar

un asunto.

Aunque tras este encuentro, no me corre prisa.

-Ay...

Ahora dime, ¿qué haces tan enfrascada en esas cuentas?

Se te veía preocupada, mohína...

¿Tienes problemas?

-Los negocios no me van tan bien como a ti.

Pero es una mala racha, nada más.

-No pareces convencida

de tus palabras.

-Venga, no dejemos que mis cuitas nos arruinen este encuentro.

¡Mira!

Mira quién viene por ahí. ¿Te acuerdas de mi hijo?

-Sí, pero la última vez apenas levantaba un palmo.

-Ya ves que ha crecido.

Víctor, es Íñigo de la Cuadra.

Era un gran amigo

de tu padre y mío.

-Encantado de conocerle.

Perdone que le moleste, madre,

pero... ha surgido un problema con los proveedores.

-Ahora voy.

Lo siento mucho, Iñigo.

Has de disculparme, pero debo dejarte.

Solo te pido que no tardes en volver.

-No lo dudes.

Juliana, si puedo ayudarte en cualquier cosa,

lo que sea...

-Gracias, ya te he dicho que no es grave.

Lo único que preciso de ti

es una conversación con más tiempo y más calma.

Hasta pronto.

Lo lamento. El preso tiene las visitas restringidas.

-Se lo ruego, por favor,

déjeme verle unos minutos.

¿Le agrada este reloj?

Es de oro.

-¿Trata de sobornarme?

Podría detenerle.

-Lo sé.

Y también sé que su sueldo es bajo.

Nunca podría hacerse con semejante reloj,

a no ser que decidiera mirar hacia otro lado.

Tan solo

unos minutos.

Nadie tiene por qué enterarse jamás.

-Cinco minutos.

Ni uno más.

Señora Leonor.

-Ay, Casilda.

Qué alegría verte incorporada al trabajo.

Eso es que ya estás recuperada.

¿Vienes del palacete?

¿Seguro que estás bien?

-Señora.

Es menester que usted y yo hablemos.

-Descuida, mujer, dime lo que sea.

¿Es que necesitas más tiempo de reposo?

Yo hablaré con mi madre.

Ni te preocupes, tenemos servicio de sobra.

-No, señora, no se trata de eso.

Deseo hablarle de Pablo.

De usted y Pablo.

-Casilda, no hay nada de lo que hablar.

Eso ya pasó, te lo juro.

-Guárdese sus juramentos y déjeme proseguir.

La criada va a decir lo que tiene dentro

y la señora va a escucharla.

No se barrunta usted

lo mucho que me ha costado tomar esta determinación.

Así que le pido que no me lo haga más difícil.

Quiero que sea la primera en saber...

que voy a dejar a Pablo.

Que no va a haber boda.

-Pero ¿has perdido la razón?

-Nunca había estado tan cuerda, señora Leonor.

Así ustedes dos pues,...

podrán vivir su amor.

Yo siempre he "sobrao". -Casilda, no.

Ni lo vuelvas a mencionar esto.

Yo nunca, jamás,

volveré a estar con Pablo. -Por favor, señora,

no me tome por tonta.

¿Acaso va a negarme

que la razón por la que sigue viniendo a Acacias

no es la esperanza de verle?

-Tú y él...

Tú y él habéis estado a punto de tener un hijo.

Y no hay

vuelta atrás para esto.

Es contigo con quien debe estar.

-Y vivir una mentira toda mi vida.

Creí que podría, pero no puedo.

Pablo no me quiere.

La quiere a usted.

No ve más que por usted.

Por eso no quería venirse conmigo a los terruños, para no alejarse.

-Pero no quiero tu sacrificio.

-Ni yo el suyo.

Solo...

Solo le pido una cosa, señora.

Que trate a Pablo como se merece.

Que sea valiente

y que viva su amor.

No, señora.

Yo no quiero su consuelo.

La Casilda no tendrá nada,

pero tengo dignidad.

La fiesta va a ser todo un éxito.

Viene todo aquel que es alguien aquí.

Incluso los que no son nadie.

Van bien para que luzcamos mejor.

Va a ser maravilloso, Cayetana,...

como todas tus fiestas,...

pero no sé si voy a poder acudir a tu cumpleaños.

Acabo de salir de la casa de reposo y ando algo aturdida.

Ya, pero no para adoptar un golfillo.

¿Cómo me vas a negar lo que no me han negado ni jueces ni políticos?

Además, que eres la única

a la que invito personalmente.

Y agradezco el detalle. No tienes por qué sentirte inferior

ante la idea de estar con tales invitados.

Nadie sabrá que acabas de salir del manicomio.

Si no te importa, preferiría que lo llamaras "casa de reposo".

No tienes por qué avergonzarte. Mírame a mí.

Mi marido, al que tanto quería,

estuvo a punto de matarme, y sin embargo,

me mantengo en pie.

Yo no soy tan fuerte.

Además, tengo mucha tarea con Tano en casa

y no quiero salir y dejarlo solo.

Ya, no vaya a ser que te robe la cubertería de plata.

Qué capricho tan extraño has tenido

con traerte a ese pillo a casa.

Cuidado, Cayetana.

Ese pillo va a ser mi hijo.

Celia, no digas estolideces.

Todavía no te has recuperado.

Además, no le pongas a él como excusa. Para eso tienes

a esa mastuerza de criada. Más bien parece

un monstruo de circo que una sierva.

Con su tamaño bien podrá ocuparse de que el zagal

no cometa barrabasadas.

Celia,

te conozco bien. Llevas todo el día

encerrada en casa.

Te ocurre algo que no quieres contarme.

No puedo ir a tu fiesta.

No puedo salir de casa, Cayetana.

No soporto la idea

de encontrarme a Justo y a Manuela con Inocencia.

Se llama Adriana. Es el nombre que tenía

antes de que te la robaran.

Ay, mira que eres débil,...

pero comprendo tu dolor.

No solo te han arrancado a lo que más querías,

sino que viven en el mismo edificio

para restregarte su triunfo.

Felipe les ha perdonado.

Insiste en que no querían dañarnos. En que el culpable es el destino.

Felipe es un hombre

y no comprenden el dolor de una madre cuando la separan de su hijo.

Además, ¿sabes qué?

Tanto interés que tenían en ella y se han ido,

el tal Justo y la fregona,

dejando a la niña sola.

En manos de la supuesta abuela.

Ni siquiera sé si van a volver.

No.

No le tienen ningún aprecio, Celia.

Solo buscaban tu dolor.

-Cayetana...

Qué alegría verte, pero, por favor, seguid.

No quería interrumpiros.

Solo estaba intentando animar

a Celia invitándoos a mi cumpleaños.

Gracias por el convite.

Le vendrá bien distraerse.

Sí. Le estaba diciendo que se tiene que animar

y olvidar las tristezas.

Leandro.

Veo que ese endriago malnacido compañero tuyo

la ha vuelto a tomar contigo.

Si hay algo que alabar de Santos,

es que es insistente. Y fuerte.

No hay más que verte.

Maldita su estampa.

Es un instrumento.

El verdadero culpable de mi padecer está fuera.

Y se llama Cayetana.

No parará hasta que maldiga el momento en que nací.

Hay que sacarme de aquí.

O si no, tan solo nos va a quedar temer lo peor.

Lo sé,

pero pierde cuidado, nuestra suerte

va a cambiar.

Aguardo el dinero para pagar tu libertad, Germán.

¿De qué hablas?

La fianza era

una cifra inalcanzable. ¿De dónde sacarás tanto dinero?

Si todo va bien, lo verás con tus propios ojos.

Esperemos que no sea tarde

y que las caricias de mi compañero no hayan terminado conmigo.

Eso es.

Sus golpes serán nuestra salvación.

Si lo sé, le pido que me golpee más fuerte.

¿Has perdido el oremus?

Escucha.

Le pediré a Molina tu traslado inmediatamente.

No puedes exponerte al maltrato. Mañana informaremos

al juez.

Esperemos que eso sea suficiente.

Si necesita más moratones, sé dónde conseguirlos.

-El tiempo terminó.

-Debería haberle dado un reloj que se retrasara.

Germán.

Sé fuerte.

Si todo marcha como debe,

pronto saldrás de esta pesadilla.

Oooh.

La primera vez

en mi santa vida que te veo acercarte a un fogón.

Este no es mi Servando, me lo han "cambiao".

-A ver si has salido ganando.

¿Se puede saber qué hace en mi cocina?

-Cocinando un potaje de castañas que va a estar bien rico.

-En seguro, que para tratar de matar el sabor.

-Cuidadito, Fabiana, que es el plato de mi pueblo.

-Su pueblo no deja de sorprenderme.

-Muy agradecido.

-No lo he dicho como halago. ¿Y qué tal sabe eso?

-Pues digamos que acorde con el traje típico.

-Entonces me temo lo peor.

-¿Le vas a llevar al catedrático

también el guiso en cuestión?

-Sí. Primero quiero que lo prueben

para ver si sabe tan delicioso como huele.

Siéntense. Siéntense.

Vamos a ver.

Ahí está el potajito.

Calentito.

¿Eh?

Ahí.

-Servando. -¿Qué?

Tal color parece de lavarse los pies.

-Eso preferiría hacer yo

antes de probarlo. -Chist.

Menos... Menos guasa, que era la especialidad de mi abuela.

-Entonces es sencillo barruntar de qué murió la pobre.

-Pruebe, pruebe.

Ahí.

¿Eh?

¿Qué tal?

-Servando.

-¿Eh? -Si deseaba envenenarnos,

la próxima vez pruebe con matarratas.

Seguro que sabe mejor.

-Conmigo, desde luego,

has superado mis recuerdos.

Nunca podré olvidar sabor tan repugnante.

-Pero no puede ser.

Con lo rico que le salía a mi abuela...

Es un condumio

casi vomitivo.

-Completamente vomitivo.

-No sea tímido.

No diga "casi".

-Esto... Esto se lo doy al catedrático de Geografía e Historia

y no solamente no va a incluir el pueblo en el mapa,

sino que nos sacarán del país.

Yo solamente

quería sentirme orgulloso de mis orígenes.

-¿Por qué no le llevas

las castañas de tu pueblo?

Sin cocinar.

Que son típicas de allí. Seguro que le van a encantar.

-Eso es

-Sí, señora, eso no puede fallar.

¡Naveros del río,

no está "to" perdío!

"Joer". Castaña...

Mañana puede que me retrase un poco.

Tenía planeado ir a ver al juez que lleva la causa contra Germán

junto a su abogado, Molina.

No tenga prisa, ayudaré a su madre a abrir.

Y pierda cuidado, que todo se va a solucionar.

Germán es bueno y no merece tamaña injusticia.

Dios te oiga, Pablo.

Dios te oiga.

Casilda, ¿qué haces aquí? Aún debes cuidarte.

No son horas...

-Aguardaba a que salieras. Te acompaño al altillo.

No.

No, Pablo.

Déjame hablar antes.

No me gusta verte sufrir.

Arrea.

Yo no sufro, Casilda.

Pablo, sí sufres.

Cada vez que te pido que me digas que me amas,

cuando reclamo tu cariño...

Sufres pensando en un futuro conmigo.

Casilda, no te entiendo. ¿A qué viene esto?

Seamos francos por esta vez.

Ten en consideración que será la última.

¿La última?

No me caso contigo.

Vamos a anular el casamiento.

No, de ninguna manera.

Te dije que siempre estaría a tu lado.

No, Pablo.

Yo no puedo envejecer

con un hombre que ha renunciado a lo que quería por mí.

Que tendrá en su corazón

a otra persona.

No.

No, Casilda.

Ambos sabemos que tú amas a Leonor.

Esto no lo hago solo por ti.

Yo no quiero un matrimonio sin amor.

Ya he visto suficientes en la vida.

Los tres nos merecemos algo mejor.

Leonor, tú y yo.

Ni pensarlo.

Casilda, yo... Yo te quiero. No.

No lo digas.

Nunca lo has hecho.

No lo estropees.

Lo he estropeado.

Ni darte amor he podido. Sí has podido,

pero ha sido de otro modo.

Casilda.

Estaré a tu lado.

Te daré el cariño que te mereces. Prometido.

No pasarás fatiga

por el poco tacto que he tenido. No, Pablo.

Que yo te quiero con locura

y es por eso que no puedo matrimoniar contigo.

Lo siento, Casilda.

Quiera Dios premiarme

con un amor como el que tenéis tú y Leonor.

Te mereces eso y mucho más.

Eres tan valiente y tan buena...

Sí.

Y tonta.

Quiero pedirte dos cosas.

Lo que sea.

La primera,

que guardemos las distancias. Esto no puede hacer nada más que,...

que más daño.

¿Y la segunda?

Que hagas que valga la pena.

Nunca te perdonaría que no fueras feliz junto a ella.

No después de saber

el sacrificio que significa par mí

renunciar a estar a tu lado.

No.

No llores más.

No quiero verte así.

¿Vale, cariño? Ya no.

El señorito ya está "acostao".

Cuesta más encerrarle que a los gorrinos en la granja.

¿Desean algo más los señores? -No, Lolita.

Puedes retirarte.

Te lo has ganado. Buenas noches.

Y gracias por tus desvelos.

Celia, ¿qué te ocurre?

Apenas has probado bocado en toda la cena.

Ni has abierto la boca.

Estás así por la visita de Cayetana.

-Créeme que deseo acudir

a esa celebración.

-Pues no se hable más.

Mañana confirmaré nuestra presencia.

-Pero no puedo.

No puedo salir de casa. -No es la reunión

lo que te inquieta,

sino la posibilidad de volver a ver a Inocencia.

¿No es así? -No la llames así.

-Ese es su nombre. Aceptarlo es el primer paso,

el segundo es verla.

No llevarán a la niña a la celebración.

No procede.

-Irá Manuela, la que me quitó a mi hija.

Celia, tendrás que salir de aquí.

No te puedes quedar encerrada por siempre.

No es un capricho.

¿No lo comprendes?

Temo que la llamada a la locura se encienda de nuevo en mí

en el momento en el que vea a la niña.

Tiemblo solo de pensarlo.

Tendrás que enfrentarte a ello.

Posponerlo no facilita las cosas.

Todo lo contrario.

-Lo sé,...

pero me da miedo.

-No temas.

Estaré a tu lado apoyándote.

Después de todo lo que hemos pasado juntos,...

te prometo que nunca más me volveré a separar de ti.

Estaré a tu lado en todo.

-Apenas vuelvan Justo y Manuela,

iré a visitarles.

Tienes mi palabra.

(Puerta)

Aguarda una miaja, tesoro,

que ya retorna tu abuela.

¿Qué te acontece, hijo?

Hasta has perdido la color. Pareciese que hubieras visto

un ánima.

Abráceme, madre, se lo ruego.

Hijo...

Dime qué te causa tal sufrimiento.

No me tengas más en ascuas.

No me voy a casar con Casilda.

Has de hacerlo, Pablo. Sé un hombre.

No he roto yo el compromiso, sino ella.

¿Ella?

Sí.

Yo soy sepulcro, pero le juro que no miento.

Ha comprendido que no la amo.

Dice que...

Que no quiere hacerme mal.

A pesar de su tamaño,

tiene arrojo como la que más.

Debería haberla visto. A pesar de su dolor, se preocupaba.

Las mujeres...

Tenemos una fortaleza que nunca tendréis los hombres.

Hubiera sido una gran esposa.

Y lo será,

pero con un hombre que la quiera de corazón.

Y ojalá lo encuentre pronto.

¿Y de nuestra Manuela? ¿Tenemos nuevas?

Ninguna.

Uf, estoy deseando que vuelva.

He llegado a temer que sea un viaje sin retorno.

No temas por su suerte.

Viajó sola con Justo cuando fueron a por la niña

y nada ocurrió. Sigo sin confiar en él.

No lo sé.

Sé que sus intenciones ocultan algo.

Mire, ahora es buen momento para saber el qué.

Pero ¿has perdido el oremus?

Justo puede darse cuenta de que tocas sus cosas.

Vale la pena arriesgarse, madre. Si oculta algo, lo encontraré,

pero no seguiré con este resquemor.

Mire, madre, dinero y llaves.

¿Y qué tiene eso de peculiar?

Ambas cosas Manuela echó en falta.

No comprendía cómo las había perdido.

Estaban en el armario de las cosas de su esposo.

Seguramente él debió esconderlas.

Madre.

Puede que Justo nos esté engañando a todos.

Manuela corre peligro a su lado.

Ruego me atiendan un minuto.

Prometo no aburrirles y dejarle disfrutar de la fiesta,

pero quiero decir unas palabras.

Agradezco mucho

su presencia hoy aquí.

Ha sido un año complicado, como ustedes bien saben.

He vivido todo tipo de atrocidades

y he conseguido sacar de mi vida

a aquellas personas que solo estaban conmigo

para aprovecharse de mi posición.

Estar rodeada

de mis amigos es lo que necesitaba.

Muchísimas gracias. "¿Ha sido a llorarle al juez?".

No.

Eres un chivato y lo vas a pagar.

Alguien quiere que te dé una lección que no olvides nunca.

-"¿Conseguiste el dinero?".

Cuando llegamos, encontramos la casa completamente quemada.

No hemos encontrado comprador interesado en reconstruir tal ruina.

Y las fincas no dan tal cantidad de dinero.

Habríamos de vender varias. No hay tiempo.

Se trata del Pablico y de mí. Que no nos casamos.

Hemos "suspendío" el evento. -¿"Suspendío"? ¿Qué ha "pasao"?

-Ahora que ya no hay niño en camino,

pues no hay tanta prisa.

A lo mejor más adelante, pero por ahora, no.

-Manuela, supongo que cada uno tiene

sus prioridades.

Yo ahora tengo las mías,...

ahorrarme un sueldo.

¿Me está echando? Lo siento mucho,

pero no me queda más remedio que reducir gastos.

Tu sueldo ha de ser lo primero. -"Te contaré algo".

Pablo y yo encontramos un dinero y las llaves en un cajón.

Pues hoy en la chocolatería

Justo me ha dejado expuesta delante de doña Juliana.

Por culpa de eso, me ha echado a la calle.

Si fuera el hombre de antaño, te habría dado señal.

Te habría puesto la mano encima o se habría portado malamente.

Estoy asustada. Hay gato encerrado, no me fío de él.

¿Qué crees que debería yo hacer?

-Por lo pronto, maquearse.

Salir de aquí e ir a casa de la Manuela...

a ver a su hija Inocencia y asumir que no es suya de usted.

-No sé si voy a poder, Lolita.

-Podrá.

¿O acaso piensa que va a ser feliz arrebatándosela a su madre?

No deberías beber más. Y tú no deberías

darme consejos de ningún tipo.

¡Llévate a la niña al dormitorio!

Justo.

La niña no está llorando ni molesta. ¡Llévatela y cierra el pico!

A partir de ahora, harás lo que yo diga. ¿Me oyes?

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Acacias 38 - Capítulo 149

05 nov 2015

Imanol, comprado por Cayetana, parece no aprobar los dulces de La Deliciosa. Juliana se encuentra con su viejo amigo Íñigo, y él promete ayudarla en su negocio.

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  1. Laura Sorrento

    ¡¡...Estoy hasta las narices del imbecíl de Servando... Mamma mía que suplicio de personaje!!

    22 nov 2016
  2. Rita Claudia

    es hora que German mande a exhumar cuerpo carlota para poder detectar veneno y asi mandar a cayetana a la carcel. creo que Cayetana ha hecho muchas cosas malas no la descubren sigue tan campante. De donde saca Cayetana dinero pues el no lo esta produciendo tendra ella dinero de su familia?? atentamente Rita

    09 nov 2015
  3. Olga A.

    La siufridera de Juliana pasó el límite y además el amigo nuevo esta como Claudio

    06 nov 2015