www.rtve.es /pages/rtve-player-app/2.17.1/js/
5366028
No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 1075 - ver ahora
Transcripción completa

Se equivoca usted de estrategia.

¡El tiempo va en su contra!

Cuanto más permita la cercanía entre don Felipe y Marcia,

más fuerte será el vínculo que los una.

Bueno, cuéntame: ¿cómo ha ido la cita?

A mí me parecía que iba de perlas. Así es.

Nicolas le ha caído en gracia a Angelines.

-Sí, pero, con su vuelta, Úrsula seguirá en el barrio.

Esa mujer sí que me da miedo.

-Nadie podrá hacerte daño cuando formalicemos nuestra relación.

Puedes estar segura de eso.

-(SUSPIRA)

-Veo que no le haces mucho caso a Angelines.

¿Te ocurre algo con ella?

-¡No, nada! Es una muchacha estupenda,

amable y muy hacendosa.

Todo un partido.

-Pero no te hace tilín.

-Bueno... Eso ahora da igual.

Lo importante es lo bien que lo pasaremos los tres.

-¡Seguro que sí!

-¡Je, je! -Al menos hemos logrado

llegar a tiempo. Ya está todo listo para celebrar

el convite en la pensión.

-Las cuentas las he comprado en un anticuario

y dicen que tienen más de 100 años y que pertenecieron

a la mujer de Napoleón.

-¿A la mujer de Napoleón?

-Pues, si las llevó ella

y además las has hecho tú,

me las pondré para la boda.

-No llore, es un día para ser feliz: se va a casar.

-(RÍE) ¡Dame un abrazo!

-¿Tiene un rato para dar un paseo? La invito a un café.

-Lo siento, tengo mucho trabajo con la boda de don Ramón.

-¿Me acompañas, vida mía?

-Hasta el fin del mundo si me lo pides.

-Nicolas ha estado toda la tarde pendiente de ti. ¡Me habéis hecho

menos caso que a los cardos del camino!

-¡Bueno, lo siento!

Sí, es cierto que hemos estado un poco distraídos...

Lo cierto es que a mí me ha extrañado su actitud.

Antes estuvo muy simpático contigo.

-¡Mira, Emilio,

déjalo! ¡Estoy muy disgustada!

(Música de vals)

Hay algo que debo decirle.

Algo que debe usted saber sobre Marcia... y sobre mí.

Yo...

la he traicionado a usted, señora.

¿Qué demonios dice, Úrsula?

¿Cómo que me traicionó?

Así es, señora.

Yo estuve detrás de que Marcia entrara al servicio de don Felipe.

Sin que usted supiera nada al respecto,

don Alfredo pagó por Marcia a ese hombre que la trajo de Brasil

y que la tenía sometida.

¿Con qué fin hizo tal cosa?

Muy sencillo.

Para que se infiltrara en su casa...

y se ganara su confianza.

¡A la vista está que lo ha logrado! (RESOPLA)

Abofetéeme, señora...

Desahóguese.

(SUSPIRA) Pero luego va a escucharme.

Porque quiero resarcirla de mi falta.

¡Nada de lo que usted me diga me puede interesar!

Solo quiero que desaparezca de mi vida para siempre.

¡Señora!

¡Yo puedo despejarle el camino!

¡Puedo liberarla de esa criada para siempre jamás!

¡Solo tiene que pedírmelo!

(Sintonía: música orquestal)

(Sintonía: música orquestal)

(Sintonía: música orquestal)

Aquí tienen la vuelta.

Espero verlos pronto de nuevo. Con Dios.

¡Jacinto! -¡Hombre!

-Ayer estaba usted hecho un pincel y hoy sigue repeinado,

como para seguir festejando. -¡Bah!

-¿A qué se debe? -Bueno...

Sencillo: quiero demostrarle a la Marcelina

que, si me lo propongo, soy capaz de ser tan elegante

como cualquier galán de esos del cinematógrafo.

¡Ya, ya quisiera el lechuguino ese del Juan Luis Galán

ser tan buen mozo! ¿Eh? (RÍE)

-¡Ya se ve que no tiene abuela, Jacinto! ¡Usted solo se lo dice todo!

-Eh... -Bueno,

le dejo que siga con la faena. -Hale...

-¡A las buenas, Nicolás!

-Buenas. -Precisamente quería hablar contigo.

-También tenía muchas ganas de verte. Dime.

-Pues, verás, Angelines estaba ayer bastante molesta.

por el poco caso que le hiciste en la excursión.

¿Qué pasa? ¿No te agrada la muchacha?

-Me interesa más otra persona.

-No te comprendo.

-A ver, Emilio, yo pensaba que te habías dado cuenta

de que muestro más agrado

por la compañía del novio de la muchacha.

-Bueno, yo... Yo...

también te tengo en gran estima, Nicolás.

-Verás...

Creo que sigues sin comprenderme.

No hablo de aprecio.

Hablo de algo más.

Te veo sorprendido.

¿Tú no sientes lo mismo?

-(BALBUCEA)

¡No, no! ¡Claro que no! Pero...

¿Qué te ha hecho pensar tal cosa?

-¡Pues no sé! ¡Tu manera de escabullirte de tu novia,

intentar que os acompañara a sol y sombra...!

Si no, ¿a qué iba a deberse?

-No, no... Me temo que has confundido la situación, Nicolás.

¡Yo no tengo tales inclinaciones!

-(SUSPIRA)

Lo lamento, veo que estaba equivocado.

Mira, te ruego discreción. Hablaré

con mi jefe, que me cambie de ruta...

y así no tendrás que volver a verme, ¿te parece?

Con Dios.

-(SUSPIRA)

-¡A las buenas, Jacinto! -¡Eh! (RÍE)

-¿No le parece que hoy hace un día maravilloso?

-Pues... Pues, si a usted le parece, señorita...

(JACINTO Y ANGELINES RÍEN)

-¿Se le ofrece algo más?

-No, nada. -Ah...

-¿Le importa si le miro barrer?

(JACINTO BALBUCEA)

Pues si eso le hace capricho...

Adelante, atrás... Adelante, porque, si lo haces

de atrás adelante, pues... (JACINTO Y ANGELINES RÍEN)

(JACINTO RÍE)

¡Ay, gracias por ayudarme, Casilda!

No podía llegar tarde a mi primer día de faena,

ni tampoco hecha una facha.

-Pierda cuidado, le queda el uniforme como un guante.

-Será por lo apretado. (RÍE)

He engordado, creo,

¡ay!, en todo este tiempo ociosa.

-Apenas nada.

Me alegra verla tan dichosa por volver al tajo, señora Agustina.

Solo me apena que sea

porque la Marcia ha salido a la calle.

-¡No te alarmes por eso,

muchacha, que todo ha sido por su bien!

-¿Y cómo es eso?

-No podía seguir como criada del hombre que la ama.

No estaría bien...

cuando su destino es unir

sus vidas.

-Pues entonces

me alegro un Potosí por Marcia.

Eso es que las intenciones de don Felipe son serias con ella.

-¡Por supuesto! (RÍE)

¡Tenías que haberlos visto cenar juntos anoche!

¡La de palabras bonitas

que le dijo a la muchacha, oh!

-¡Qué afortunada es Marcia!

-Si todo sale bien,

acabará viviendo la misma historia

que vivió Carmen ayer: de criada

a señora.

-Solo que la historia de la señora Carmen

es mucho más asombrosa. (RÍE)

Ella pasó de señora a criada

y de criada a señora de nuevo.

-¡La vida da muchas vueltas!

¡Qué razón tenía

mi antiguo patrón,

el señor Antequera,

cuando aseguraba que no hay enemigo pequeño!

-No le digo yo que no tuviera razón,

pero no entiendo a cuento de qué viene esto ahora.

-Verde y con asas.

Mañana Marcia puede convertirse

en mi señora después de haber venido aquí como criada. (RÍE)

¡Imagínate si la hubiese despreciado!

¿Qué me esperaría ahora?

-(SUSPIRA) ¡Sí!

Por eso hay que llevarse bien con todo..., (BOSTEZA)

con todo el mundo,

señora Agustina, ¡ay!

¡Fíjese!

Usted con tantas ganas de marcharse a faenar

y yo nada más que pensando en cuándo podré meterme en el catre.

¡Si es que estoy reventadica de la celebración de ayer!

-La boda resultó fetén, ¿verdad?

-¡Sí!

¿Y vio usted el broche final,

cuando llegó el automóvil a la pensión

para ir a por los novios?

-¡Algo he oído! (RÍE)

Era una sorpresa del novio para Carmen.

La llevó

de noche de bodas a dormir a la casa de campo

donde habían pensado celebrar el convite.

-¡Y ahora tienen que estar contemplando

la laguna de las Aguas Claras!

¡Qué dichosa se tiene que sentir la señora Carmen!

Buenos días.

¿Usted qué hace vestida con el uniforme?

(SUSPIRA) ¿Ha conseguido colocación?

-Sí, así es. (RÍE)

He vuelto a faenar en casa de don Felipe.

(RÍE)

Que tengan muy buen día. (RÍE)

-Adiós.

¿No quieres más magdalenas? Debemos recuperar

las fuerzas. -(RÍE)

¿Recuperar las fuerzas de la fiesta de antes

o de la de después?

(RÍEN)

-¡Ay! (RÍE)

¡De la celebración, chiquilla, que no paramos de bailar!

-¡Ay! Fue una bella velada, ¿eh? -Sí.

-Y que no pudo empezar mejor, ¿eh?

-Dejasteis a todo el mundo boquiabierto con vuestro arte.

Porque unos platos se rompen,

pero nadie podrá olvidar una actuación tan maravillosa.

Fue una brillante idea regalársela a los novios.

-¡Digo!

Y Cinta pudo lavar la mala imagen que dio ante los vecinos

la tarde de la verbena.

-¡No, de eso ya nadie se acordará! ¡No lo dudes!

(TARAREA)

Buenos días.

¡Buenos días, Canelita! ¡Que me gusta verte contenta!

-¡Qué cara más bonita tienes, madre!

¡Escucha!

No te sientes, que el portero te ha subido esa nota.

Oye...

¡Y don Ramón bailando, lo que yo me pude reír! (RÍE)

-¡El momento sevillana! (RÍE) ¡Qué cortadito estaba, el pobre!

-Pero le echó mucha voluntad, las cosas como son.

-Eso sí. -¡Oye!

Se te ve muy ilusionada. ¿Quién es?

Amalia, una amiga del internado. (RÍE)

Ah, muy bien. Oye, ¿y Carmen?

¡Qué guapa iba Carmen, por Dios! ¡Qué bonita!

-¡Guapísima!

¡Y sí que baila bien!

-Sí, sí. (EMILIO) "Cinta, amor mío,

es preciso que nos veamos".

"Debo contarte algo sobre nuestra treta

con Nicolás y Angelines".

Marcia.

¿Se puede saber qué haces?

¿No me entendiste ayer?

Ya no eres mi criada.

-Descuida, te entendí perfectamente.

-¿Y qué estás haciendo?

-Es el primer día de Agustina.

No dejaré que cargue esto tan pesado ella sola.

-Tal preocupación por ella te alaba,

pero Agustina puede pedírselo a Jacinto. No es tarea para ti.

-No se me caerán los anillos. -Marcia, por favor,

no insistas más.

Abandona de una vez por todas este uniforme.

Tenemos que formalizar nuestra relación

anunciando nuestro compromiso cuanto antes.

Cariño...

¿Cuándo vas a entender...

que no podemos estar el uno sin el otro,

que Úrsula no te hará nada si estás conmigo?

-Te lo ruego, Felipe.

Por favor, dame tiempo.

-(SUSPIRA) Tienes razón.

Te prometí tiempo y no lo estoy cumpliendo.

Anda...

Ve a llevarle el cubo a Agustina.

-¡Felipe!

Felipe.

Qué agradable casualidad encontrarle.

Aguarde.

Justo tenía pensado hacerle una visita más tarde.

-¿Visitarme? Ajá.

¿Por qué motivo?

Preciso de su consejo como abogado.

Ordenando los asuntos de Alfredo, he visto

que son muchos los afectados por sus sucias jugadas.

No me extraña.

Pero no sé cómo podría ayudarla en eso.

Es sencillo.

De igual forma que he resarcido a los vecinos,

me gustaría hacer lo propio con esa gente.

Necesito de la asesoría de alguien en quien pueda confiar.

¿Y cree que soy esa persona?

Felipe.

A pesar de lo sucedido entre nosotros,

no tengo dudas de que es usted un excelente abogado.

(CARRASPEA)

Le agradezco su cumplido,

pero tengo mucho trabajo.

Podrá encontrar otro abogado.

Lamento escucharlo.

Me estoy esforzando día a día por lavar mi imagen,

por conseguir arreglar los desaguisados de Alfredo,

pero no me está resultando fácil.

He de reconocer que...

su gesto ha impactado a todos los vecinos.

¿Incluido a usted?

No.

Sigo sin fiarme de usted.

Supongo que he de agradecerle su honestidad.

Le deseo mucha suerte en su propósito.

Encontrará un abogado que pueda ayudarla, seguro.

Buenas.

¿Está usted ocupada, Felicia?

-Descuide.

Solo cuadraba las cuentas del restaurante. ¿Desea algo?

-Nunca me anduve con rodeos y no voy a empezar ahora.

¿Podemos hablar?

-Por supuesto.

¿Ocurre algo?

-Eso mismo me pregunto yo.

No hace falta ser un séneca para ver que usted me rehúye.

-¡No, eso no es cierto!

-No lo niegue.

Me ha dado muestras sobradas de ello.

Quizá no soy lo bastante fino para una señora de ciudad como usted.

-De verdad, no sé de qué me habla.

-Pues yo creo que lo sabe bien.

-Sí, falta uno más de picatostes.

-Entonces, ¿desea tomar algo o no?

-Con Dios.

-Con Dios.

-Madre, sucede algo. ¿Qué le pasa a Ledesma?

-Nada, hija.

Por cierto,

he oído que se estrena otra película en el cine Imperial.

-No trate de distraerme, madre.

¿Qué sucede entre Ledesma y usted?

-¡Ya te he dicho que no pasa nada!

-Y yo no me creo una palabra.

(FELICIA SUSPIRA)

-Ayer mismo me puso como excusa

lo del cinematógrafo.

Madre..., ¿acaso el aparcero...

trata de acercársele con otras intenciones?

-¡Camino, por favor, no digas tonterías!

No hay nada de que preocuparse.

Y ahora... saca esa comanda,

que los clientes estarán esperando.

(SUSPIRA)

Lolita, ¿qué haces? Por favor, bájate.

-Cuando acabe de limpiar el armario.

-¡Bájate, por favor,

que estás embarazada!

¿Y por qué lo limpias? ¡No lo ve nadie!

-¡Oh, yo sí lo veo!

-Lolita, bájate.

Lolita, bájate.

¡Lolita, hemos quedado en que ibas a hacer un esfuerzo

y no limpiar tanto en tu estado! ¿Sí o no?

-Descuida,

le he dicho a Casilda que me ayude. -Espérala

sentadita. ¿Y si piensas en lo bien que fue la boda

en vez de estar subida en una escalera limpiando?

-¡No puedo descuidarme si quiero que todo esté listo

para cuando vengan los recién casados!

-¡La casa está perfecta! -¡No!

Tenemos que prepararla para ellos. -Pero ¡si mi padre

ya ha vivido aquí, la conoce bien! -(SUSPIRA) ¡Ya!

Pero no como recién casado. Las necesidades son otras.

Además, la Carmen sí que viene ahora.

-¡Pues Carmen se acostumbrará! -¡Huy!

-Y, si necesita algo, que lo pida,

que hay confianza, ¿sí?

-Por eso mismo: donde hay confianza, da asco.

¡Antoñito, yo quiero que estén cómodos, que tengan...

ropa nueva de cama, que Carmen tenga hueco en el armario

para guardar sus cosas...!

Quiero ser una buena anfitriona: son nuestros invitados.

-Ya. Ahí es donde te equivocas.

No son nuestros invitados, la casa también va a ser suya.

¿Te enteras? Ahí está la diferencia.

¿Te enteras de que es lo mismo?

-¡Lolita, por favor!

Si acepté que mi padre y Carmen viviesen aquí

es para que tú tengas más compañía y estés más tranquila.

No para que te cargues con el doble de trabajo. ¿No lo ves?

(Puerta)

-¡Ay, la Casilda!

-Siéntate.

Siéntate, ahí.

Lejos del armario, venga.

-(RESOPLA)

(ANTOÑITO RESOPLA)

Pasa, pasa, Casilda.

Te está esperando.

(LOLITA RESOPLA)

(SUSPIRA)

¡Casilda, menos mal! ¡Tenemos mucha faena por delante!

-¿Y no me vas a invitar a una triste achicoria antes?

-¡No hay tiempo!

Menos mal que Rosina te ha dejado venir.

-Ya me estoy arrepintiendo de habérselo pedido:

tú vas a ser más dura que ella.

-No lo sabes tú bien, Casilda.

-Bueno, yo solo tengo que estar en mi casa antes del almuerzo,

para hacer a mis señores la comida. -Sí, sí.

Vas a servir el almuerzo y te vuelves a seguir ayudándome.

-Os dejo solas, que tenéis mucho de que hablar. Toma,

Casilda, para ti. Voy a coger

a Milagritos y nos vamos a pasear.

-¡Pues me voy con ustedes! -¡Tú de aquí no te mueves!

¡Hale! Voy a seguir limpiando aquí...

aprovechando que no me ve,

que hay más polvo... -¡Espera, que te ayudo!

-¡Tranquila, estoy bien!

He tendido al sol la ropa de cama nueva

de mi suegro. Mira si está seca.

-¿Y nada más?

-¡Pues claro! Si está seca, la planchas,

que luego hay que organizar los armarios y limpiar los cuartos.

¡Tira, que no tenemos todo el día!

-Sí...

(LOLITA REFUNFUÑA)

Mira...

¡Qué asco!

(Puerta de la calle)

(Portazo)

(GRITA) ¡Úrsula!

¿Señora? Sírvame un vaso de agua fresca.

Está usted muy pálida, señora.

Habrá sufrido un golpe de calor. ¡No!

No es el calor lo que me turba.

Entonces, ¿qué?

Antes me he encontrado con Felipe.

Comprendo.

Ha vuelto a despreciarme sin ningún miramiento.

Pero eso no es lo peor.

(SUSPIRA)

De regreso a casa,

en el portal, he escuchado una conversación

entre el portero y su esposa.

Comentaban que Marcia dejará de servir en la casa.

Y, al parecer, la razón es que Felipe quiere hacerla su esposa.

¿Sabe algo de esto?

Lamento disgustarla, señora, pero los porteros no se equivocan.

Don Felipe ha vuelto a contratar a Agustina como criada

porque no quiere tener a la mujer a la que ama a su servicio.

¡No la ama, es solo un capricho!

No parece creerlo así el abogado.

En Acacias, todos aseguran

que anunciará pronto su compromiso.

Señora, ¿puedo sentarme?

Señora...

Se lo he dicho una y otra vez.

Marcia es un estorbo que, si usted quisiera...,

yo podría quitarle de encima.

Solo tiene que pedírmelo.

Está bien.

Haga lo que tenga que hacer.

Como mande la señora.

(ROSINA RÍE) Pues sí,

Al final, la boda resultó todo un éxito.

Lo pasamos de lujo, la verdad.

-"Lujo" no es la palabra adecuada,

que de estos no hubo ni por asomo.

Celebrar el convite en la pensión

es muy generoso, pero...

¡muy poco elegante y muy poco vistoso!

Por no hablar de la cantidad de criados invitados.

Tenía todos los ingredientes para ser una verbena.

(RÍE) ¡El guitarrista,

la palmera y todos ahí bailando, bah!

Más parecía una boda de pueblo que la de un señor como don Ramón.

-Ya. La verdad es que sí, había demasiados criados.

(Risas)

(ANGELINES RÍE A CARCAJADAS) -¡Mira, Susana!

Pero ¿qué le hará tanta gracia a esa pánfila?

-¡Parece que ha hecho migas con el portero!

-¡Demasiadas!

¿Olvida que es hombre casado?

-¡Mira, mira qué descaro! (ROSINA RÍE)

-¡Ay, prima, de verdad, estoy derrengada!

¡Qué paliza me ha hecho la Lolita pegarme a limpiar!

¡Vamos, ni mi señora!

(SUSPIRA)

(ANGELINES Y JACINTO RÍEN)

-Mira, que...

(ANGELINES RÍE) -Vamos al quiosco a colocar plantas.

(MARCELINA) ¡Arrea!

Pero ¿qué hace mi Jacinto?

-Prima, tranquila, que no es lo que tú piensas.

-Pues pienso que esa muchacha está flirteando con mi marido.

-Pues sí, sí que es lo que estás pensando, sí. (RÍE)

(ANGELINES RÍE)

-¿Y qué? ¿No te vas a poner hecha un basilisco?

-¡No, prima, si es de entender!

-Pues ayer no decías lo mismo

cuando mi primo estaba pegando la hebra con doña Felicia.

-Es que estuve pensando

y he comprendido que mi Jacinto es un hombretón

y puede ser tan galán como una estrella del cinematógrafo.

¡Es normal

que obnubile a quien le mire!

-¡Tanto como normal...!

¡Pues sí que lo llevas bien!

-¡Para mí es todo un orgullo, prima!

Además, tú tenías razón: él solo tiene ojos para una.

¡Por la cuenta que le trae!

-Pues nada... A más ver.

-¡A más ver, prima!

(ROSINA) La verdad es que a don Ramón no se le daba mal bailar el vals.

-¡Hacerle bailar sevillanas, por favor!

-(RÍE) -¡Con la edad que tiene!

-Niña, ¿está tu madre?

-No, salió a reunirse con unos proveedores.

-¿Sabes si tardará mucho?

-Supongo que sí: salió hace poco. -Ya...

¿Y tu hermano no está?

-No, y no sé adónde ha marchado.

(SERVANDO CARRASPEA)

(RESOPLA)

-¡Servando! -¿Eh?

-¡Que parece usted un marajá! -(RÍE)

Y así es como me siento.

¿Usted sabe qué hay mejor que un bodorrio de postín?

¡Che, yo se lo voy a decir rápidamente!

¡El día siguiente del bodorrio,

comerse las sobras y después asentarlas con un cafelito!

-¡Uf, la verdad es que estuvo todo para chuparse los dedos!

-Sí. -Tanto lo que preparamos nosotros

como lo que le encargamos a doña Felicia.

-¡No, no, no! ¡Y aún..., aún más ahora que he repetido!

No tienen mala maña esos del restaurante para la cocina.

(Puerta)

-Muy buenas. -Buenas.

-¿Cómo va la cosa? ¿Ya han empezado las obras?

-¡Pa chasco que sí!

Los obreros han llegado a primera hora

y han empezado por las habitaciones del fondo, las que peor estaban.

-Y ahora, cuando haga yo la digestión,

ya iré a darles las órdenes oportunas.

-¡No, Servando, mejor quédese quieto, no vaya a confundirlos!

-¡Bah! -Bueno, me alegra

ver que la cosa va bien encaminada, gracias a Dios.

-Que el Señor nos perdone,

pero en esta ocasión más hay que agradecérselo a su padre,

que, de no ser por el dinero de la boda,

no habríamos salido de este atolladero.

-Ajá. -Sí, y hablando de todo un poco,

¿han vuelto ya los novios

de la noche de bodas? -Qué va.

Y, conociendo a mi padre, no regresan hoy.

Seguramente se quede algún día más con Carmen allí.

-A Carmen le encantó la sorpresa.

-La verdad es que fue un detallazo.

-Su padre siempre fue muy atento.

Ya lo era con doña Trini, que Dios la tenga en su gloria,

y ahora lo será con Carmen.

Siempre fue un marido entregado, complaciente y generoso.

-Tienes toda la razón del mundo, Fabiana.

-Por cierto, ¿dónde está Milagritos?

-Ahí, jugando en la pérgola. Venimos de los jardines del Príncipe,

pero no se cansa.

-Hace bien en sacarla a pasear, hombre, que...

Que es de entender que la criatura en casa se aburra mucho.

-Bueno, también estaba Lolita de zafarrancho,

organizando todo para la llegada de los recién casados,

y he preferido quitarme de en medio.

-Pues...

¿Le importa que le compre a la niña un helado?

-Lo que tú quieras, Fabiana, que la niña te quiere mucho.

-¡Y yo a ella también, señorito!

¡Esa niña es un cielo!

Así aprovecharé el paseo y le hablaré de doña Trini.

¡Quizá nadie la conozca tan bien

como una servidora!

-Bueno...

Vayan, vayan ustedes,

que yo ya me quedo al cargo de todo,

como siempre. (RESOPLA)

¡Ay!

Yo agradezco lo que ha hecho Felipe.

-Ya, si no hay más que verte.

¿Y qué es lo que te pasa ahora?

¡Tendrías que estar como unas castañuelas!

-Si lo estoy.

¡Nunca he sido tan feliz!

-¡Pues había que haberte visto infeliz!

-Entiendo el propósito de Felipe,

mas tengo "medo" de formalizar "nosso" amor.

-No tienes motivos para ocultarlo, Marcia.

Y no seas pánfila.

Dale el sí a don Felipe, no vaya a arrepentirse.

-(SUSPIRA)

-Marcia.

Que el señor ya no permita que trabajes en su casa

ha roto las diferencias que existían entre él y tú.

-No es tan simple, Casilda.

-¡Sí que lo es!

Pero ¡tú te empeñas en complicarlo todo!

¿Qué problema puedes tener ahora?

-No temo por mí, sino por él.

Si por mí fuera, iría "agora" a su casa sin pensarlo un momento.

-¿Te da miedo que lo señalen por haberse juntado con una mujer...

de color, pobre...?

Porque ya lo has visto: a él no le importa el qué dirán.

-¡No es eso!

Es difícil de explicar.

-¡Pues inténtalo, que una tampoco es tonta!

-(SUSPIRA) Tiene que ver con mi pasado en Brasil.

Le podría perjudicar a Felipe, y esa es la última cosa que quiero.

-Marcia, esto no podría ser más sencillo.

¿Tú quieres a don Felipe, sí o no?

-Con toda mi alma.

-¡Pues entonces no lo dudes, mujer!

-¡No, Casilda! ¡Justo porque le amo no puedo darle el sí!

-¡Ay! -¡Aquí estás, Casilda!

Lolita anda preguntando por ti.

-¡Uf, pues ándese con ojo, señora Agustina,

no la coja también por banda!

-¿Qué le sucede?

-¿Que qué le sucede?

¡Que anda atacada preparando la casa para la señora Carmen!

¡Menuda obsesión le ha dado con la limpieza!

¡A mí misma casi no me da tiempo

a servirles la comida a mis señores por ella!

-Pues, como no vayas pronto a su encuentro,

es muy capaz de buscarte bajo las piedras.

-¡Que el Señor me pille confesada!

Hale, para allá que voy.

Y tú, Marcia,

anímate, que ya lo has visto: otras estamos mucho peor.

Señora Agustina, vigíleme el guiso. -Descuida.

¿Por qué te ha dicho eso Casilda?

¿Acaso estás tristona?

¿Qué te sucede, muchacha?

¡La vida te sonríe!

¡La cena de ayer fue una preciosa sorpresa!

¡Don Felipe bebe los vientos por ti!

-Si lo sé, Agustina.

-Entonces, no entiendo por qué estás tan mohína.

-Estoy inquieta, no tengo "trabalho",

no sé si podré quedarme aquí, en el altillo...

-¡Mujer!

¡Por eso no temas!

¡Claro que puedes quedarte aquí todo el tiempo que haga falta!

-Pero ya no soy criada de esta casa.

-Tampoco lo era ya Carmen

y se quedó con nosotras

hasta que se que casó al fin con don Ramón.

-Se lo agradezco, Agustina.

-¡No lo hagas!

¡Don Felipe no me permitiría dejarte en la calle!

¡Como tampoco me dejó a mí de lado cuando tuve el accidente!

Se ha estado ocupando de mí...

todo este tiempo,

de mi manutención, de mis médicos. (RÍE)

¡Don Felipe es un hombre de ley!

¡Hazme caso, Marcia!

¡Deberías correr a sus brazos!

-Si ya lo sé, Agustina...

Ya lo sé.

-Voy a ver qué ha preparado Casilda. (RÍE)

(SUSPIRA)

¡Ay!

(CASILDA LLAMA A LA PUERTA)

-¡Pasa, Casilda, que está abierto!

-A las buenas...

¡Madre del amor hermoso! Pero ¿qué diantres ha pasado aquí?

¿Es que ha pasado un tornado por tu casa?

-¡He vaciado los cajones para ordenarlos

y se me han caído los papeles! ¡Intento ordenarlos!

-Pues tardarías menos si los quemaras.

-(RÍE) ¡Ya, no puedo!

¡Hay papeles de la mantequería, de las cafeteras,

de lo de los seguros de mi suegro!

¡No sé todos los papeles que tiene aquí!

Tienes que ayudarme a organizarlos.

-Pues estás aviada,

porque yo no sé juntar letras. (RÍE)

-(SUSPIRA)

Bueno...

-Mira, ¿sabes qué haría yo?

Guardarlo todo de cualquier manera

y ya luego, cuando Antoñito pueda, que te ayude a ordenarlo.

-A la fuerza ahorcan.

-A ver, ¿qué es lo que...?

¿Qué queda por hacer

en la habitación de los recién casados?

-Quiero ponerles unas cortinas. Están en la cama.

-Ah... Pues no te preocupes,

que lo hago yo. ¿Por qué no te vas a la mantequería?

¡La tienes cerrada todo el día, mujer!

Yo me quedo aquí sola.

Me apaño muy bien. En un suspiro lo tengo todo apañado.

-¿Acaso yo no?

¿Dices que no puedo organizar mi propia casa, Casilda?

-No, no estoy diciendo eso, no...

No, templa, Lolita, que tampoco hace falta que me hables así, ¿eh?

-¡Perdóname!

Perdóname, que llevas todo el día ayudándome en la casa

y, en vez de agradecértelo, la tomo contigo.

-Tranquila, si yo no me ofendo.

Además, que habrá sido un pronto

por los nervios de la boda. -Sí,

debe ser eso.

-Oye, ¿y no quieres descansar

un poco, te preparo una infusión?

-¿Descansar? ¿Estás loca?

¿Con todo lo que tengo que hacer, descansar?

¡Anda, tira por las cortinas, que yo me apaño aquí con esto!

-Sí, sí...

-Luego voy a ver cómo están.

A ver, este era...

¿Tú estás seguro de lo que me estás diciendo?

Nicolás me dejó pocas dudas.

Angelines no era de su interés, sino yo.

¡Quién hubiera dicho que esas eran sus inclinaciones!

¡Ya ves, Cinta! ¡No podíamos estar más confundidos!

Tuvo que resultarte de lo más incómodo, ¿verdad?

Bueno, a mí... y a Nicolás también.

El pobre no podía estar más apurado.

Por mi culpa tendrá que cambiarse de ruta.

Lo siento mucho por él.

Y también por nosotros.

Todo lo que teníamos planeado al final ha sido un desastre.

Bueno, quizá no todo...

¿Y eso?

Creo que he descubierto algo sobre Angelines por pura casualidad.

¡Cuéntamelo, no te lo guardes para ti!

Bueno, resulta...

que parece mostrar algo más que amistad por...

Jacinto.

¿Jacinto, nuestro portero? Ajá.

¿Estás seguro de eso? ¡Sí, vamos...!

Antes he visto cómo se dirigía hacia él totalmente obnubilada.

¡Me dejas de piedra! (RÍE) ¡Sí!

Aunque no nos sirve de mucho que se fije en Jacinto.

¡Es un hombre casado!

Ya...

No, y, aunque no lo fuera,

tampoco me agradaría involucrar a otros en nuestras cuitas.

Ya ves que pueden salir escaldados.

Sí, sobre todo si se entera Marcelina, porque ¡menuda es!

(RÍEN) -¡Ya, pobre Jacinto!

¡Se lo pasa de un cuerno al otro!

¿Qué vamos a hacer ahora?

Yo tampoco lo sé.

¡No podemos rendirnos!

Te necesito a mi lado.

Yo tampoco puedo estar sin ti.

Mira, esta noche mis padres se van a ir a dar un paseo.

Y Arantxa tampoco estará en casa,

así que, si quieres, puedes venir a verme.

Y quizá, estando juntos,

se nos ocurra algo.

No faltaré.

Así al menos podremos buscar consuelo en nuestros besos.

¿Qué haces, Marcia?

Preparar la cena para mis compañeras.

Deja esa tarea un momento.

Quiero hablar contigo.

Ven, siéntate.

Por favor.

Estoy al tanto de lo que pasa entre don Felipe y tú.

"Você" no hace falta que siga. Ya sé lo que va a decir.

Que si le debo respeto y obediencia, que si el señor Bryce pagó por mí...

¡Déjame continuar!

No podías estar más equivocada.

Eso no cuenta ya.

Don Alfredo está muerto y enterrado, y tú...

estás al amparo de un señor.

Nada más y nada menos...

que de don Felipe Álvarez Hermoso.

No sé si eres muy consciente de eso.

Tu enamorado...

es un hombre muy respetado, con muchos contactos y poder.

Lo sé. Entonces,

también sabrás, conociéndole,

que no cejará en su empeño hasta convertirte en su esposa.

Yo... Yo no he dado el sí.

Tonta eres de tardar tanto.

Tú pronto serás una señora

mientras que yo... seguiré siendo criada.

Nada tengo que ganar y mucho que perder

enfrentándome a tu futuro esposo y a ti.

¿Y su señora Genoveva?

No tengo dudas

de que lo mejor para doña Genoveva...

es alejarse de don Felipe.

El abogado le ha jugado una mala pasada.

Cuanto antes lo olvide, mucho mejor.

Parece que no comprendes...

lo que te estoy diciendo.

Verás...

Te estoy dejando el camino libre...

para que vivas tu amor.

¿Y "você" no va a poner reparos?

¿No me va a amenazar más?

¿Y la cuenta pendiente con Andrade?

Don Alfredo saldó esa cuenta.

Eres libre.

¿Acaso no me crees?

No lo dudes.

Yo nada tengo contra ti.

Tienes suerte.

Espero que, cuando seas señora,

sepas agradecer lo que hoy estoy haciendo por ti.

¿Soy libre?

¡Soy libre!

¡Soy libre!

(SOLLOZA)

(SUSPIRA)

(LOLITA) ¡Arrea!

-Lolita, así no se ponen los cubiertos.

-¡Vaya con la listilla parisina!

-Disculpa, no quería molestarte.

-¡Ay! No, perdóname tú, cariño. A ver, ¿cómo se ponen?

-Se ponen así y con el filo dentro.

-Tienes razón.

¡Así!

(RÍE)

-¡Qué maravilla la alcoba de mi padre!

¡Lolita, parece más propia de un palacio!

¡No tenías que haberte dado semejante paliza, mujer!

-A ver si me entero.

¿Me das las gracias o me regañas por mi esfuerzo?

-Las gracias, Maritornes, las gracias.

-¡Son ellos!

¡Ya han regresado!

-¡Qué raro! Pensé que tardarían más.

(RAMÓN) ¡Hija! -Ah, ¿te lo guardas para ti?

¡Les había hecho la cena y todo!

-¡Padre!

¡Carmen! ¿Qué tal? ¿Cómo ha ido el viaje?

-¡Una maravilla, hijo!

-¡Huy!

-El lugar era precioso.

¡El paraíso! (LOLITA RÍE)

-Pasen y nos lo cuentan todo.

-Sí, pero en la mesa, que la cena se enfría. ¡Vamos!

(RÍE)

-Nos vas a perdonar,

es que ya hemos picado algo por el camino.

-¿Cómo han hecho eso?

¡No me dejen plantada con la cena, me ha llevado toda la tarde!

¡No, no! Tienen que comer, siéntense, que no pasa nada.

-¡Claro que sí, Lolita! ¡Cómo no vamos a probarla!

Perdona, hija.

-¿Qué le pasa a Lolita?

¿Por qué está tan enfadada?

¡Emilio!

¿Has cerrado la puerta de servicio?

Creo que sí.

Voy a ver. ¡No, no vayas!

Seguro que la he cerrado.

Además, ¿qué más da? No vendrá nadie. Estamos solos.

Tienes razón.

(SUSPIRA) Hoy podemos hablar tranquilamente,

revisar nuestro plan.

Bueno, ya no existe tal.

Se nos ha venido todo abajo.

Angelines solo tiene ojos para Jacinto y eso no nos sirve.

Bueno, al menos hemos logrado alejar a Angelines durante un tiempo.

(SUSPIRA) Será muy breve.

El tiempo que tarde en ver que no tiene nada que hacer con él.

Ya.

Debemos encontrar una solución cuanto antes.

Si no, Ledesma te obligará a casarte con su hija.

No, Cinta, eso no va a ocurrir jamás.

(SUSPIRA) No me casaré con otra que no seas tú.

No está en tus manos negarte, Emilio.

Te equivocas. Si es preciso,

nos marcharemos a otra ciudad, a otro país.

¡Yo no puedo separarme de ti!

Te amo demasiado.

¡Vente!

La casa de campo era discreta,

pero muy confortable.

¡Bueno, y los alrededores...!

-Hemos dado unos paseos maravillosos.

-Pues se ve que tanto paseo no les ha abierto el apetito,

¡apenas han comido!

-Yo sí.

Lo he rebañado y todo, ¿eh?

Y estaba riquísimo.

-Pues díselo a los demás, a ver si se animan.

-La laguna de las Aguas Claras es espectacular.

¡Transmite una paz y una calma...!

-Conozco a alguien al que le vendría bien pasarse allí una temporada.

(ANTOÑITO CARRASPEA)

Bueno...

A ver si algún día tenemos la ocasión de irnos todos

al campo a pasar unos días juntos.

Ahora que hemos recuperado parte del dinero,

quizá no queda tanto para ello, ¿no?

-¡Muy bonito! ¿Acaso te has olvidado de que estoy embarazada?

-No, cariño, te aseguro

que no se me olvida. -Pues lo parece.

Si nos vamos de excursión, tendrá que ser ahora:

¡en unos meses tendré una panza enorme!

Claro, como tú no cargas con la criatura, ¿eh?

(RÍE)

¿Qué?

¿No me vas a decir nada?

-Es que, diga lo que diga, te va a sentar mal.

-Yo no me quiero meter

en vuestras disputas, pero Carmen y yo...

venimos muy cansados del viaje

y nos vendría bien un poco de calma.

Además, no creo que sea...

muy conveniente discutir delante de la niña, ¿no os parece?

¿Y si damos por terminada

la cena? -¡De eso na!

¡Que llevo todo el día esmerándome para congratularlos en su llegada!

¡A comer!

-¿Yo puedo servirme un poco más?

-¡Huy, pues claro que sí!

Voy a por la olla.

Ahí va...

-Disculpen a mi esposa, les aseguro que no sé qué le pasa.

-Descuida,

es por culpa de su estado,

que los síntomas empiezan a notarse.

-Ya, pues ojalá se le pase pronto.

Si no, serán los peores meses de nuestra vida.

-¡Cualquiera se atreve a dejarse algo!

-Esperemos que esto no estropee la convivencia.

-¡No, hombre, no!

¡Por eso no os preocupéis! ¡Eso no va a pasar!

-¡Hale!

A ver, primero tú, pequeñaja...

Y aligérense, que relleno platos.

Veo que su estancia en España...

no le ha hecho cambiar ni un ápice.

Le agradezco que haya acudido a mi llamada.

Un gusto volver a verla,

señora.

El gusto es mío,

señor Andrade.

No lo dude.

Tu ramera tiene más cabeza que tú.

-¡Se tragará sus palabras! ¡Emilio!

¡Emilio, no le hagas caso! ¡Nada de lo que me diga me ofenderá!

-¡Hoy os he visto yo! Pero ¡si llega a ser mi hija...!

¡No, eso no estaría bien!

¡Sufriría al ver a su futuro marido con una cualquiera!

-¡Angelines se merece a alguien que la ame, no a mí!

Dígame lo que quiero saber.

En pocos días el camino estará expedito

para que conquiste usted

a don Felipe.

Marcia va a desaparecer.

Marcia va a ser...

forzada a desaparecer.

(SUSPIRA)

¿Con quién estabas?

-Con Antoñito.

¿Le vale?

-¡Eso es mentira!

¡Lo que me faltaba!

¡Que mi hijo me mienta!

¡Terminad de recoger aquí!

-Úrsula no tiene palabra.

Es como un escorpión: en cualquier momento, puede picar.

-Ya sé, pero ahora no tiene "peçonha".

-¿Eh?

-No tiene veneno. -¡Ah!

-Úrsula te tiene miedo

y dice que no se enfrentará a mí ahora que voy a ser...

señora.

Tu señora.

-¡Ella se ha hecho a la idea antes que tú!

-Emilio se casará con Angelines.

-(SUSPIRA)

No sé si me conviene emparentar con los Pasamar.

Se creen superiores, y no son más que unos asesinos.

Pero ¡se comportan como señoritos,

con sus mentiras y sus desplantes!

-De verdad, no se repetirá.

-¿Tampoco sus desprecios hacia mí?

-Además, no te olvides de que ahora hay otra mujer en la casa.

-Porque ella se empeñó en que nos quedáramos aquí.

-¡Es el embarazo, no le des más vueltas!

¡Ya verás como hoy nos pide perdón y se queda todo olvidado!

-Eso espero.

-¡Los remilgos para los señoritos! ¡La gente como nosotros...!

-¿Se puede saber qué haces?

-¡Oiga! -¡Usted cállese

si no quiere perder su trabajo!

-¡Padre! -¡Nos vamos!

-¿Adónde? -¡Silencio!

-¡No sé qué le ven a África!

-Parece que a don Felipe...

también le apasiona África.

(ROSINA) Marcia es brasileña, no de África.

-Ah, de donde sea, ha ascendido mucho en muy poco tiempo.

De criada a lo que sea ahora,

que dentro de poco igual la tenemos que llamar doña Marcia.

-En breve será señora, tieta.

Si todo sale como Felipe desea, claro.

-Cocino algo y comemos enseguida.

-Vamos, te ayudo. -No, no hace falta.

-¡Que no me cuesta nada!

-¡Carmen, que llevo años sin la necesidad

de que nadie se meta en lo mío!

¡Que no pasa na! -Bueno,

pues ahora... también estoy yo aquí.

¿O no recuerdas que fuiste tú

la que nos pidió quedarnos?

-Emilio se come dos bandejas.

-Sí, si se las llevamos al calabozo.

-¡No diga eso!

-¿No? Igual Ledesma ha ido a la comisaría.

-Ledesma ha amenazado con denunciarlo muchas veces y nunca lo ha hecho.

-Alguna vez va a ser la primera, ya lo verás.

-Entonces no tendrá argumentos para lograr sus fines.

Solo lo hará si realmente ve imposible

casar a Emilio y Angelines.

-Quizá ha llegado a esa conclusión.

-¿Viste cómo nos miraron al pasar junto a ellos?

-Porque ibas muy guapa.

-¡Porque me tienen manía!

¡Una criada, y encima negra, paseando con un señor!

¡No sé!

-Pues se lo restregaremos por la cara.

-¡Te va a denunciar!

-¿Qué puedo hacer?

-"¿Qué puedo hacer?".

¡No lo sé, Emilio, hijo, no lo sé!

¡Y, aunque lo supiera, no me harías caso!

-Ledesma ha visto hoy a su hija hablando con el portero

y se la ha llevado enfadado.

¡Ah...! Ni idea.

-Espero que no tengas que ver.

¿Yo? ¡Nada!

¿Cómo voy a tener que ver en algo que pasa entre Jacinto y Angelines?

¡Madre, tiene usted unas cositas...!

-Pero ¡yo te puedo ayudar, Lolita! ¡No sé, puedo planchar,

puedo cocinar...! ¡Incluso me puedo quedar aquí,

sustituyéndote, para que subas a descansar!

-¡No, usted ocúpese de Milagritos

y de su esposo, y déjeme a mí el resto:

la mantequería, la casa...!

-Ya no puedo hacer nada.

Solo queda esperar a ver qué decide hacer Ledesma.

-¿Esperar a que te lleven los guardias?

¿Eso vas a hacer?

-¿Qué otra opción tengo?

-Fugarte.

  • A mi lista
  • A mis favoritos
  • Capítulo 1075

Acacias 38 - Capítulo 1075

13 ago 2019

Lolita acondiciona la casa para que se instalen sus suegros, pero cenando con ellos tiene una reacción extraña y saca su genio a relucir.
Emilio desvela a Cinta que el plan para emparejar a Angelines ha fallado, a Nicolás le gustan los hombres. Ledesma descubre furioso a Cinta y Emilio besándose con pasión.
Genoveva es rechazada por Felipe de nuevo y se entera de que Marcia ya no es criada deja a Úrsula libertad para deshacerse de la brasileña como quiera. Comienza una nueva venganza de la señora.

ver más sobre "Acacias 38 - Capítulo 1075" ver menos sobre "Acacias 38 - Capítulo 1075"
Programas completos (1084)
Clips

Los últimos 3.619 programas de Acacias 38

  • Ver Miniaturas Ver Miniaturas
  • Ver Listado Ver Listado
Buscar por:
Por fechas
Por tipo
Todos los vídeos y audios

Añadir comentario ↓

  1. Eustaquia Taky Sánchez Grajera

    Lolita su personaje es un aburrimiento, ella tan trabajadora y el marido tan requeté vago. No parece la misma Lolita de antes de ser señora, se le han subido los humos de criada. Ledezma un autentico baboso, Milagritos que sale en Instagram de adolescente quince añera, aquí hace de niña/vieja. Ahora nueva tragedia Angelines pretendiendo a Jacinto. Y Úrsula mala, malísima, requetemala e insufrible, es la misma estampa de la ama de llaves de Rebeca en la película con la salvedad de superar a la autentica en gestos repetitivos y una forma indecente por parte de l@s guionistas de seguir guiones que no son aptos para la sensibilidad humana, por sus fechorías incalculables. Por favor más inspiración y menos sangrientos instintos que se basan en la total frialdad de destruir seres humanos.

    17 ago 2019
  2. leticia huaiquiñir

    Si el personaje Ursula ya cansa. No hay novedad ni misterio. Siempre quiere hacer el mal

    15 ago 2019
  3. Mabi

    Pregunto.... ¿ Para que está Jacinto como portero, si se le cuelan ladrones, asesinos y fizgones como agua entre los dedos? Y con que desparpajo ha entrado Ledezma a casa de los Domínguez, como si nada como Pancho por su casa.... Lolita delega hija mía y no te ofusques cuando quieran ayudarte, sino harán ( los guionistas) que te dé un Parraque!!!! y nos quedaremos otra vez sin un niño en Acacias!!!!!

    15 ago 2019
  4. Ester

    Ursula es el personaje, nefasto pero importante y es el alma mater, todo gira alrededor de esa harpía; NUNCA van a hacerlo desaparecer

    14 ago 2019
  5. Rosa

    Refrescar con nuevos actores ya que está muy espesa la serie

    14 ago 2019
  6. Lilian

    Creo q Ursula se debería d ir ya de la serie. Mi humilde opinión

    14 ago 2019