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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 1072 - ver ahora
Transcripción completa

¡Es esa criada brasileña...

la que tiene que marcharse de Acacias!

¡No usted!

Prepáreme mi equipaje.

¡Me quiero ir de aquí cuanto antes!

Un regalo. -¡Entradas...

para el cinematógrafo!

-Para esta noche. ¡Un estreno de postín!

-Le habrá molestado que don Ramón

y doña Carmen no hayan celebrado aquí su boda.

-Entiendo sus motivos.

-Pero ¿hacerlo en la pensión?

Usted ha sido una buena amiga conmigo, Lolita.

La única que he tenido en este barrio

y la única a la que extrañaré mientras esté fuera.

-Ande, venga p'acá.

(RÍE)

-¿Y lo de Genoveva de devolver el dinero?

¡A mí me da mala espina!

-¡A mí me da igual!

Lo importante es que lo devuelva.

He hecho lo que quería: pedirle perdón.

-Pues ahora acepte que no la perdone.

Aunque no busque venganza

de ninguna manera.

-¡Diga lo que quiera, pero me quedo con don Felipe!

-Marcia.

¿Algún problema con doña Úrsula? -No.

Ya lo ha oído, don Felipe. No pasa nada.

-¡Deje en paz a Marcia!

Don Felipe, entre criadas nos entendemos...

¡No, no se equivoque!

¡Marcia para usted es una señora!

-Qué, ¿cómo está Lolita?

-Bien, ya tiene el alta.

-Entonces, ¿el embarazo va bien?

-Sí, perfectamente. No era por el embarazo.

Era simplemente una indigestión.

Que seas muy feliz con esa muchacha.

Con Marcia.

-Lo haré.

Adiós.

-Vamos a buscarle a Angelines un novio

con buena planta y con pinta de galán.

Pongámonos manos a la obra.

-Les podríamos decir a Carmen y a tu padre que vivan con nosotros.

-Pero sabes que ellos quieren irse.

-Ya, pero insistimos.

¡A ti sí te odio!

Pero ¡voy a tratar de olvidarte!

¡Me voy de Acacias para siempre y solo te quiero pedir una cosa!

Cuida a Felipe como yo misma lo hubiera hecho.

¡Me has vencido!

Vámonos, señora.

"Orixá protector,

Dios de las luchas por un ideal, bendíceme,

dame fuerzas, fe y esperanzas".

"Señor Ogum, Dios de las guerras y de los ruegos,

líbrame de los obstáculos y de mis enemigos".

(Puerta)

-¿Se puede?

-Sí, pasa.

-¿Estás bien?

Marcia...

No es culpa tuya que doña Genoveva haya perdido el oremus.

-Está enamorada de Felipe.

-¡Y tú también!

No tienes que sentir miedo de lo que ella sienta.

Además, ha dicho que se marcha de Acacias. Ya no puede hacerte nada.

Aunque no ha dicho adónde se va.

-Casilda.

¡No es a ella a quien temo, sino a Úrsula!

¿Tú viste cómo me miró antes de salir?

-Sí.

Sí que lo vi.

¡Esa mujer es un bicho, es una serpiente!

Pero ya no le queda veneno, lo ha perdido todo.

-"É uma mulher ruim!".

-¿Qué dices? No te entiendo.

-¡Que es mala!

¡Es la mujer más mala que he visto!

-Ha hecho cosas horribles, Marcia.

Pero ya no tiene poder.

¡No es más que una criada, como tú y como yo!

Y te digo una cosa:

a ti don Felipe te va a proteger.

¡Y los señores! ¿No ves que la conocen? ¡La tienen vigilada!

-No sé...

Tengo "medo".

-Nosotras también te defenderemos.

¡También la tenemos muy calada!

(Puerta)

-Casilda, por favor, sal.

Quiero hablar con Marcia.

(Sintonía: música orquestal)

(Sintonía: música orquestal)

(Sintonía: música orquestal)

Antes de que sirvieras tú en casa de don Felipe,

lo hice yo.

-Yo sé.

-Viví los momentos más duros de su vida,

cuando solo le movía el odio hacia don Ramón,

a quien culpaba por la muerte de su esposa.

Cada noche se emborrachaba y traía a mujeres de mala vida a su casa.

-Pero ¡Felipe ya no hace eso más!

-Lo sé.

Y también sé que tú has tenido mucho que ver,

que le cuidas...

Te ocupas de que esté bien alimentado y bien vestido.

-A nadie se le escapa que le amas.

-¡Mucho!

-No eres la primera criada que ama a un señor.

Fíjate en Carmen,

comprometida en matrimonio con don Ramón.

En vísperas de casarse.

-¡Y yo estoy muy feliz por ella!

-Tampoco tienes la culpa de que doña Genoveva...

no se sepa mantener en su sitio

y venga a humillarse delante de nosotras.

-"Passei muita vergonha".

¡Yo no sé qué tengo que hacer!

-Tomar un camino.

O haces como Carmen y te comprometes con don Felipe,

o lo dejas y te vas del barrio, a servir en otra casa.

-Pero ¡yo no quiero marcharme!

-Déjame decirte una cosa

con la experiencia que me dan los años.

¡Marcia, aprovecha tu oportunidad!

¡Quién sabe si no será la única que se te presente en la vida!

Te dejo para que te lo pienses, ¿eh?

(MARCIA SUSPIRA)

(ROSINA) ¡Ay, Susana, desde luego,

aquí ya no sabe una por quién rezar!

-¡Y que lo digas!

Empieza por los que se van a casar,

sigue por la embarazada

y puedes continuar por los que están en pecado.

-¿En pecado? -(RÍE)

¡Parece mentira, Rosina, por el amor de Dios!

¡A ver si te crees

que la criada brasileña ha conquistado a Felipe

por los guisos que le hace

con leche de coco!

¡Esa se le mete en la cama día sí y día también!

-¡Seguro que tienes razón! Felipe siempre ha pecado de lo mismo:

¡de mujeriego!

¡Acuérdate, si no, de lo mal

que se lo hacía pasar a Celia! -(RÍE)

Y eso que me has contado mientras el cura daba el sermón...

¿Genoveva, en el altillo?

-Sí, me lo ha contado Casilda cuando venía.

¡Delante de las criadas le ha dicho a la morenita

que había ganado ella en el corazón de Felipe y que se marchaba!

-¿Que se marchaba de dónde? -¿De dónde va a ser?

¡De Acacias, que le dejaba el terreno libre

y que ancha es Castilla y que ella se iba a vivir a otro sitio!

-¿Eso es cierto? -¡Y tanto!

A mí Genoveva no me lo dijo directamente,

pero me lo dio a entender en mi casa al disculparse.

Dijo que, afortunadamente, no tendría que verla más.

-¡Pues que tanta gloria encuentre donde vaya

como tranquilidad deja en el barrio!

-¿Tú crees que dejará tranquilidad?

¡Si aquí una se queda tranquila al morir!

¡Bueno, ni eso, que más de uno nos ha aparecido

cuando creíamos que estaba muerto!

-¡Jesús, María y José! Deberíamos conseguir

que el papa viniera a Acacias a bendecirla.

-(RÍE) ¡Confórmate

con el obispo, Susana! Aunque es difícil, ¿eh?

Porque aquí hay pecados hasta para tres cardenales.

Pero es que, volviendo a lo de Genoveva,

su caso es para salir en la prensa: ¡dos escándalos en una semana!

-¡Y los dos a causa de haber perdido los papeles por un hombre!

El primero, en el descansillo

de Felipe, y el segundo,

¡en el altillo de las criadas!

-Y este es mucho peor,

porque entre los señores nos entendemos,

pero delante de las criadas hay que guardar las formas,

¡que ellas no son como nosotros!

-Y eso que se sepa:

¡que siempre ha habido clases y las seguirá habiendo!

Mira, por ahí va Úrsula.

-¡Ay, seguro que sabe algo más

de la debacle de Genoveva, vamos!

-¡Úrsula!

Disculpe.

Carmen, ¿la ayudo?

-No.

Además, tú ya has cenado. -¡Huy!

¿Cómo? (RÍE)

¿El caldo ese de antes era mi cena? ¡No, no!

¡Yo tengo hambre!

¡Huy!

-El médico ha dicho...

que nada de sólido, así que el caldito

que te di antes, cuando viniste de la mantequería, con eso te basta.

(Puerta)

-¡Es injusto, Carmen!

-Injusto es comerse un kilo de pastelitos de coco.

-¡Buenas!

-Buenas.

-He recibido telegrama de María Luisa.

-¡Oh!

-¡Milagros estará aquí pasado mañana para la boda!

-¡Bravo! -¡Ahí va!

(RÍEN TODOS)

-¿Y Víctor y María Luisa? -Ellos no pueden.

Pero al menos tengo aquí a mi hija pequeña.

Seguro que se ha decidido por verte a ti, Carmen.

-¡Claro! Como a su padre no le quiere...

-Bueno, hizo muy buenas migas con usted.

¿Y su hijo Raúl no viene?

-Pues no, hija.

Me dijo que no podía.

Pero que, en cuanto librara unos días,

venía a darnos la enhorabuena.

-¡Estoy deseándolo!

¡También podíamos ir a verle nosotros!

-¡Es verdad!

¿Sabes también dónde me gustaría ir, Ramón?

A París. ¡Me encantaría conocer esa ciudad!

-Pero ¡eso es una excelente idea!

¡Cómo no se me ha ocurrido antes!

¡Cuando deba volverse Milagros,

en vez de meterla en el tren, nos subimos con ella!

(CARMEN Y LOLITA RÍEN)

-De viaje de novios. Y se vuelven de París con un hijito.

-(RÍE) ¡Sí, claro!

Y, más que un hijo, es un nieto. ¡Déjate!

Que a Ramón y a mí

ahora lo que nos toca es disfrutar.

Y cuidarnos los dos.

-Buenas, padre. -Buenas.

Antoñito, hijo, estamos pensando

en hacer un viaje a París después de la boda.

-Me apunto.

-Antoñito, hijo,

estamos pensando en hacer un viaje a París después de la boda

Carmen y yo, de novios. Tú no eres bienvenido.

-Soy su hijo. ¿Me va a dejar en tierra, abandonado?

-¡Ni lo dudes!

-¡Tú te quedas conmigo!

-Antoñito, ¿no ves que tienes

a tu mujer esperando descendencia?

(LOLITA RÍE)

Yo estoy pensando...

que igual no es necesario

que se vayan de esta casa tras la boda.

-¡Si lo hacemos por vosotros, hijos!

-Por nosotros que no quede, padre.

-¡Si es que todos necesitamos más espacio!

Vosotros, por la criatura,

y nosotros, porque vamos a iniciar una vida en común.

-Igualmente, Lolita,

nos quedaremos cerca.

¡Y yo pienso pasarme todos los días!

Pero bueno...

Lo que diga Ramón.

-¡Ya lo pensaremos!

Pero lo primero es lo primero

y hay que organizar bien la boda.

-Bueno, yo tengo mucha hambre. Lo primero sería cenar.

(RAMÓN RÍE)

(SUSANA) "Úrsula,"

nos han contado

que Genoveva se marcha del barrio para siempre.

¡Así es!

-¡Y que ha dado

un espectáculo lamentable en el altillo!

Ah, yo no lo consideraría así.

-Ah, ¿no?

¿No es cierto que se ha humillado delante de las criadas?

¡En absoluto!

¡Todo lo contrario!

Les ha hecho ver a todas

el gran mal que causan en la sociedad

buscadoras de fortuna como Marcia.

-Pues no es eso lo que a mí me han contado.

Si a ustedes les parece bien

que una joven criada, bella y exótica,

use sus encantos para seducir a un hombre de su clase social,

como don Felipe, entonces, señoras,

yo no tengo nada que decir. -¡Bueno!

¡Es lo mismo que intentó Genoveva!

Lo mismo, pero distinto.

¡A saber qué triquiñuelas ha usado Marcia!

No olviden que su país es famoso...

por las religiones basadas... en la magia negra.

¿Magia negra?

Sí.

O encantos...

y sensualidades.

No se me ocurren más argumentos. Desde luego,

nada que use una buena mujer española.

¡Por supuesto!

Empiezan por seducir a don Felipe y...

quién sabe si el siguiente en caer...

será don Liberto.

(SUSANA GRITA)

(ROSINA SUSPIRA)

¿O quién sabe?

Tal vez su hijo Leandro.

-(AHOGA UN GRITO)

Nadie sabe si su matrimonio

con doña Juliana...

está seguro de verdad.

Discúlpenme, se me hace tarde.

Con Dios. (SUSANA GIME)

¡Lo que dice

no es ninguna majadería!

(SUSPIRA)

¡A ver si Marcia es una...!

¡Es una enemiga más enconada que Genoveva!

-¡Y, lo más importante,

Genoveva aún no ha devuelto el dinero!

¿Y si, al sentirse humillada, ha cambiado de opinión?

-No creo...

-¡Ay, Susana, deberías ir a despedirte de ella

y ya, de paso, le preguntas por el dinero!

-Pero ¡si fue a tu casa y no le dijiste nada!

¿Ahora quieres que le pregunte yo? -¡También es tu dinero

y la has criticado la que más!

¡Ve y la tratas como si fuera la duquesa de Acacias!

Pero ¡que pague!

(SUSANA SUSPIRA)

"Tus padres verán que no estás en casa".

Se han encerrado en la alcoba. De allí no los saca ya

ni las bombas de los franceses en Cádiz.

(RÍEN)

-Bueno, ¿y Arantxa? Arantxa, en el altillo.

Se ve que ha habido drama.

Genoveva ha subido a enfrentarse a Marcia. Bueno...

A rendirse ante ella. (RÍE)

¿Una señora ante una criada?

¡Digo! ¡Eso sí que es

la revolución y no la francesa! (RÍE) Bueno, sin guillotinas.

O con ellas,

que en el amor nunca se sabe.

(Puerta)

Es Antoñito, ¿no? Sí.

Le he llamado. Ahora te explico.

-Buenas noches.

No esperaba verla, Cinta.

-Sí.

Estamos juntos otra vez.

Y esta vez para siempre.

Pero necesitamos su ayuda.

-Por supuesto, todo sea por amor.

-Siéntese.

-Bueno, pues usted me dirá.

Nos lo tendrás que contar a ambos, porque no sé qué pretendes.

-Poner en marcha tu idea de ayer.

Hacer que Angelines

se enamore de otro y rompa el compromiso.

-Puede ser buena idea, pero, si quiere que la camele yo,

olvídelo: estoy casado y esperando un hijo.

-(RÍE) ¡A ver, he pensado en usted,

pero no para enamorarla, sino para que le presente candidatos!

¿Y por qué él?

-Eso, ¿por qué yo? -Bueno,

no soy de la ciudad y no conozco a mucha gente.

Sin embargo, usted sí. Además, frecuenta el casino,

las cafeterías donde tiene instaladas las cafeteras, el ateneo...

-Sí, es cierto que tengo una amplia red de conocidos,

pero la mayoría están casados o comprometidos.

-Tendrá que haber

algún joven apuesto, simpático y bien parecido

que esté encantado de conocer a Angelines.

-Un mirlo blanco, vamos.

-¡Eso! Así la llamaremos:

Operación Mirlo Blanco.

Yo no sé

sin son locuras de Emilio, pero no nos queda nada más.

(ANTOÑITO SUSPIRA)

-Bueno...

¿Contamos con usted?

-Sí, claro, de acuerdo, pero no prometo nada.

En fin, voy a ver a Lolita,

a ver cómo se encuentra. Con Dios.

Con Dios. -Con Dios.

(EMILIO RÍE LEVEMENTE)

Aquí tiene.

¡Muchas gracias!

-¡Buenos días!

-Buenos días. -¿Tiene ya nuestros periódicos?

-Aquí están listos.

Ahora se los iba a acercar. -No se preocupe.

Me encargo yo. Quiero ver

si dicen algo del cinematógrafo de ayer.

-¡Qué ganas de haber estado! ¿Cómo fue?

-Las entradas eran de gallinero, apenas vimos.

Pero ¡había gente de primera, hasta una prima del rey!

-¡O sea, que era verdad!

-¡Ay, aquí está! ¡"Gran velada en el Imperio"!

-¡Qué envidia! -Buenas...

-¡Agustina, mire, mencionan el cinematógrafo en el periódico!

-Dice: "Presidieron el acto

la infanta María de los Dolores, prima segunda del rey Alfonso XIII,

y la duquesa de Campoflorido, doña Torcuata Menéndez".

-¡Huy! ¿Y a nosotras no nos nombra?

-¡Sí! ¡Sí, justo abajo!

(CARRASPEA) Dice:

"Destacaron la señora Agustina, del altillo de Acacias,

y doña Camino, hija de la dueña del restaurante".

"Ambas, las más guapas de la velada".

-¿De verdad dice eso?

(RÍEN LAS OTRAS)

-¡Ay, que no, Marcelina!

¡Que nosotras estamos de chanza!

¡Ay, pero la noche fue perfecta!

Yo no estaba con muchas ganas de cine después de lo de doña Genoveva,

pero ¡nos lo pasamos en grande!

-¡Sí, y la película, fantástica!

¡Una historia de amor que se te caían las lágrimas!

-¡Me encantan las historias de amor! -¡Ay!

¡Las de las películas, porque las de verdad...

siempre se tuercen!

-¡Ay, no sea agorera, doña Agustina!

¡Marcelina, tenía que haber visto al actor, Juan Luis Galán,

guapísimo! -¿Estaba allí?

-¡A dos pasos lo vi! -¡Si lo veo de cerca,

me muero! -¡Ay, cómo se va a morir! (RÍE)

¡Al próximo estreno va y santas pascuas!

-O un día normal, la película estará aún dos semanas.

Podía ir con Jacinto. Le encantará.

-¡Voy a convencerle! ¡Tengo que ver esa película como sea!

-Tengo que volver al restaurante. ¡Con Dios!

-¡Con Dios! (RÍE) -Con Dios.

Antoñito, no... No van así las latas.

(RÍE) -Cariño, son latas de sardinas

con latas de sardinas en el sitio de las sardinas: no hay pérdida.

-¡No! Mira.

Son latas de sardinas en aceite y...

latas de sardinas con tomate.

Si no te fijas, mejor no bajes a ayudarme.

-¡Bueno, pues ya iré aprendiendo, amor de mis amores!

Me pones de los nervios.

Por cierto, ¿te has enterado de lo de Genoveva?

-Sí, me lo ha contado la Casilda.

Por cierto, ayer vino Genoveva.

(SUSPIRA)

Me...

Me hizo un regalo,

me dijo que muchas gracias por haber sido su amiga

y...

Y que se iba de Acacias.

-¿Adónde? -Pues que no lo sabía.

A viajar por el mundo. -Ya.

¿Y te ha dicho también que...? ¡Qué asco!

-Abajo a la derecha. Un trapo.

-¿Te contó...

que iba a subir al altillo a humillarse delante de Marcia?

-¡No seas cruel, cariño mío! Si hizo eso, pues...

tenía que estar pasándolo mal.

-No sé cómo puedes apreciar a esa mujer.

-Porque todos tenemos varias caras.

Todo depende de cómo lo veas. -Bueno,

cuando devuelva el dinero,

la veré de otra forma. -¡Interesado!

-¡Ande yo caliente y ríase la gente!

¿Te ayudo a colocar las mermeladas?

-¡No!

-Es que esto a mí me gusta hacerlo. ¡Déjalas!

Gracias, cariño.

-Bueno, pues me voy.

-(SUSPIRA)

-Por cierto, no le insistas mucho a mi padre

en lo de que vivan con nosotros.

Déjale hacer lo que quiera.

-¿Por qué? ¿Es que no quieres?

-Sí, claro que quiero, pero... No sé, tras tantos años en la cárcel,

tampoco quiero privarlo de su libertad.

-¿Estás comparando vivir en la cárcel

con vivir conmigo?

-¡No, vivir contigo es mucho peor!

-Es como estar a trabajos forzados... y a pan y agua.

-¡Pues así te voy a tener yo a ti, espabilado!

¡A pan y agua! -Pues tú te lo pierdes.

En fin, que voy al ateneo, a hacerle un favor a Emilio.

Ya te contaré, pero me meto yo solo en unos berenjenales...

Adiós.

¡Y adiós, Antoñito II!

-O Antoñita.

Y ya veremos el nombre. -Sí.

-A más ver.

¡Uf!

-Buenas, Lolita.

-(RÍE)

-Qué, ¿ha bajado Antoñito a echarte una mano?

-Bueno...

Sí, ha intentado ayudarme... (RÍE)

Pero ha sido poco lo que ha hecho. Ahora pongo todo bien.

-Si quieres, te echo una mano.

-Ha tenido que ir a hacer no sé qué.

-Mejor.

Así hablamos tú y yo, de mujer a mujer.

-Dígame, Carmen.

-Es por lo de quedarnos a vivir en vuestra casa.

¿Tanto te preocupa el embarazo?

-No es eso, Carmen. Si es que no es por mí.

Es por Antoñito.

-¿Por Antoñito? -Sí.

Le hace bien estar con su padre.

Si está con él, está más centrado.

Y estos años que han estado separados por la cárcel

le han perjudicado.

Yo quiero que trabajen juntos,

que haga negocios con él, que aprenda de él...

(SUSPIRA)

-¡Vaya!

Pensaba que era por ti, pero, si es por eso...

¿Sabes qué haré?

Voy a hablar con Ramón.

-¡Ay, Carmen, pues se lo agradezco, de verdad!

¡Hágalo por mí! -¡Claro que sí!

-(RÍE)

(Puerta)

Agustina.

Pensé que Marcia se había dejado las llaves.

-Buenos días, don Felipe.

¿Puedo entrar? -Claro.

Tiene que ser algo importante.

Vamos al salón.

Le ofrecería un café, pero Marcia no está,

así que tampoco me parece bien que se lo tenga que hacer usted.

-Si usted quiere, se lo hago de mil amores.

-¡No, no, tranquila!

Lo que quiero es que me cuente qué quiere.

Tome asiento. -No,

gracias, señor...

He venido por el asunto de Marcia.

-Me imagino.

Pero tendrá que ser más concreta.

-No sé si sabe...

que ayer subió...

doña Genoveva al altillo.

-No.

No lo sabía.

¿Hizo daño a Marcia? -¡No!

¡No, no! No fue agresiva.

Fue todo muy...

indecoroso.

Doña Genoveva se puso a llorar y le dijo a Marcia que había perdido,

que le cuidara a usted.

-Esa mujer ha perdido la dignidad y el oremus.

-Eso pensamos todas.

Pero quien me preocupa...

es Marcia. -¡No!

No se preocupe.

Marcia me tiene a mí.

-Esa chica está...

asustada, no quiere perjudicarle a usted.

Pero a la vez tiene miedo de doña Genoveva, de Úrsula.

-Mire, le he dicho mil veces que la voy a proteger de ellas dos,

de su pasado y de todo el que quiera hacerle daño.

Mi amor por esa joven

es sincero.

No sentía algo así desde la muerte de Celia.

-Celebro oírlo, don Felipe.

Me preocupa esa mujer.

Sola en un país que apenas conoce.

-Tranquila, no está sola.

Está conmigo.

Hablaré con ella.

Y ahora dígame, ¿qué tal su salud?

-¡Casi recuperada!

Gracias por preocuparse, señor.

No le molesto más, me marcho.

-Agustina, espere.

Por favor, cuide de Marcia en el altillo, donde yo no llego.

No quiero que le pase nada.

-Así lo haré en lo que esté en mi mano.

-La acompaño a la puerta.

Con Dios, Agustina. -Con Dios.

(Puerta)

¿Puedo pasar?

(SUSPIRA)

¿Y tú qué dijiste?

-¿Yo? ¡Yo callada me quedé!

¡Allí había miradas que cortaban como hacha de aizcolari!

-¡Vaya bochorno el de Genoveva!

Me acuerdo yo de una canción que cantaba hace años,

que hablaba de una mujer

que iba a pedirle a la amante del marido que lo amara mucho

cuando ella no estuviera.

¡Clavadito a lo de Genoveva ayer!

-Me acuerdo yo de aquella canción, la que decía...

# Ámelo usted bien,

# como no lo supe amar,

# y dele felicidad

# para toda la eternidad. #

-Oye, Arantxa...

¿Tú estás segura de que eres vasca?

Porque mira

que pensamos el señor y yo que eres de Córdoba y nos engañas.

-¿De Córdoba, yo?

¡De Córdoba, dice! ¡Qué disparate!

¡Soy vasca, pues como el pilpil,

los pimientos de Guernica o el sirimiri!

-¿Sirimiri? ¡No sé yo, no sé yo!

Bueno, volviendo a lo de Genoveva. ¿Qué más dijo?

-Que se iba del barrio para siempre. -¿Cómo?

-Sí.

Adónde no dijo tampoco, ¿eh?

Yo, si sería ella, a Bilbao iría,

porque esa es buena tierra para vivir.

-Buenos días.

-Hola. -¡Jose!

¡Dime que el dinero de Genoveva ha llegado ya!

-No, señora.

La cuenta sigue más seca que la mojama.

Así que ¡me quedo sin ir a ver a Juanito Belmonte

porque no hay parné! -¡Ay, Dios!

¡Que Genoveva dijo ayer en el altillo

que se va para siempre!

¿Y si se ha arrepentido de devolver el dinero?

-¡No me digas eso!

¡No me dejes sin aliento! -A ver,

de dinero no habló, ¿eh?

Pero dijo que se quería ir

sin cuentas pendientes. -¿Lo ves?

¡Eso es que paga!

-¡Jesús, Jesús, que sinvivir!

-¿Y Cinta? ¿Cómo está?

-Es otra.

Me ha acompañado al mercado

y me ha pedido para comer pastel de cabracho.

-¡Que tenga apetito es bueno! -Sí...

Pues llamadme desconfiada,

pero que cambie de un día para otro...

¡Ayer, una desdichada, y hoy, la alegría de la huerta!

-¿Y tú qué crees?

-¡Me da miedo que ese sinvergüenza de Emilio la embauque de nuevo!

-¡Anda ya! ¡No me lo creo!

¿Y tú qué dices, Arantxa?

-Que no me fío de los amores de Cinta

y sí de la intuición de la señora, porque doña Bellita es medio bruja.

-Sí.

Bueno, ya veremos... Ya veremos.

Tenemos que pensar en el regalo de don Ramón y Carmen.

-¡Hijo, no nos viene bien gastar! -Ya...

¿No teníamos una vajilla

que nos regalaron y no hemos estrenado?

-¡Ay, buena idea!

-Sí, buena idea.

Si no tuviese sus nombres grabados.

¿Qué harán ellos con una vajilla que pone "José y Bellita"?

-También es verdad...

¡A mí no se me ocurre nada!

-¿Y un escudo heráldico con los apellidos de la familia?

Oye, no hay casa elegante que no tenga un escudo en el salón

bien puesto.

-¡Oye, bocona!

¿Tú qué dices? ¿Que esta casa no es elegante?

-¡Ya está, sacándome faltas, como siempre!

-¡Heráldico!

¡Y encima me llama bruja!

Te agradezco que me hayas dejado entrar.

No quiero un escándalo más.

Supongo que merezco tu frialdad.

He venido a decirte algo que quizá ya sepas: me voy de Acacias.

Sí, lo sé.

Para siempre.

Imagino que sabes que tú eres la causa.

(RÍE LEVEMENTE)

No creo que sea verdad.

No soy el único con el que ha tenido diferencias.

La indiferencia del resto puedo soportarla.

La tuya no.

Si eso es lo que tenía que decirme, ya se puede ir.

¡Me duele tu inquina!

Te la has ganado desde que llegaste con Alfredo.

Casarme con Alfredo fue un error.

Pero entonces nadie más me tendía la mano.

(SUSPIRA)

Me habría gustado ser la elegida por ti.

Ya no voy a pensar más en ello.

Que seas muy feliz con Marcia.

Gracias.

Que sepas que solo he amado a dos hombres en mi vida:

a Samuel y a ti.

Espero que encuentres al que te haga feliz.

¿Un abrazo?

No.

Será mejor que lo olvidemos.

Está bien, como quieras.

Solo espero que, si en algún momento nos encontramos casualmente,

podamos tratarnos con cariño por el recuerdo de lo que vivimos.

Adiós, Felipe.

-"Se te da muy bien".

-No es que haya puesto yo muchas mesas en mi vida,

pero por ti estoy dispuesto a hacerlo a diario.

-¡Ay, guapo!

¡Muchas gracias, guapo!

-Sabes que voy a decir que sí a todo lo que me pidas,

incluido lo de vivir con mis hijos.

-¡Me encanta!

¡Nunca me han querido tanto!

-¡Pues esto solo es el principio, así que vete acostumbrando!

-Lolita se pondrá muy contenta cuando se entere de que nos quedamos.

-Me alegro.

Ahora solo me inquieta

que Fabiana y Servando lleguen con todo a la boda.

(CARMEN SUSPIRA)

¿Cómo va la obra en la pensión?

-Hoy he pasado y todo parece ir bien.

Pero ya sabes que, con gremios por medio,

todo puede cambiar en un abrir y cerrar de ojos.

-¡Dios no lo quiera!

(Puerta)

-¡Huy, así da gusto! ¡Llegar a mesa puesta!

-A mesa puesta por Ramón.

¡No cualquier cosa!

(LOLITA RÍE) -¡Huy, huy, huy!

¿En serio? -¡Por supuesto que sí!

¡A ver si te crees tú que se me caen los anillos!

¡Anda que no puse la mesa y lavé y fregué

e hice camas en la cárcel!

-¡Suegro, es usted el hombre del futuro!

-Hija, con mi edad yo soy más bien el hombre del pasado,

pero te lo agradezco.

Bueno, y ahora

un poco de atención porque Carmen tiene que darnos una noticia.

-Nada, no pasa nada. Es solo que Ramón y yo...

hemos decidido no buscar casa.

-¡Bien!

-Que, si nos dejáis,

nos quedamos aquí a vivir.

-¡Si es que son más majos que las pesetas!

(LOLITA GRITA)

-Para nosotros es todo un honor.

-¡Pues me alegro de que todos estemos contentos!

-Bueno, y ahora a sentarse a la mesa, que voy a por la sopa.

-¿Te ayudo, Carmen?

-Sí, sentándote.

-Yo... estoy un poco preocupado por la marcha de Genoveva.

Y si al final no nos devuelve el dinero, ¿qué?

-Hijo, ¿tú crees

que tu preocupación hará

que esa mujer tome una decisión u otra?

-¡No!

-Pues deja de preocuparte, porque no conseguirás nada.

-Me apena que se vaya.

En realidad, solo ha sido una víctima más de ese hombre.

-Esperemos que sea más feliz

allí donde va de lo que ha sido aquí.

-A comer. (LOLITA RÍE)

¿Ha ido bien la despedida, señora?

Ha ido como tenía que ir.

¿Cómo van las maletas?

Ya está prácticamente todo empacado. Esta tarde terminaré.

Bien.

¿Desea llevarse algo de la casa?

No.

Todo lo que hay ha sido testigo de mi infelicidad.

Considero que comete usted un grave error,

no solo marchándose, sino también devolviendo el dinero a los vecinos.

Eso ya no tiene remedio.

Esta mañana he firmado en el banco las transferencias.

¡No debió hacerlo!

¡Es una decisión mía!

Y no la discutiré con nadie.

¿Algo más?

Permítame ser egoísta.

¿En qué situación me quedo yo?

Puede quedarse en la casa.

De momento no me desharé de ella.

Busque una nueva ocupación con calma.

Si quiere, puede mandar un telegrama

a los Pozuelo,

una familia toledana muy afín que la recibirá con gusto.

Gracias.

Lo pensaré.

(Puerta)

¡Cuánto tiempo hace que nadie nos visitaba!

Ni lo sé ya.

¿Quiere que le diga a quien sea que está usted ocupada?

No, que pase.

Con su permiso.

(Puerta)

Doña Genoveva.

Doña Susana.

Me han dicho que se marcha usted del barrio.

Ya veo que usted sigue siendo la primera en enterarse de todo.

Así es, me voy mañana mismo.

La vamos a echar mucho de menos en Acacias.

¡Lo dudo!

Pero tome asiento. ¿Quiere un té?

Acabo de tomar uno y no me conviene abusar.

(CARRASPEA)

Quería hacerle una pregunta: ¿sus proyectos

han cambiado? (RÍE)

Mire, si se refiere a si me he arrepentido

de devolver lo invertido por ustedes en el banco, la respuesta es no.

La transferencia está hecha.

Mañana se abonará en sus cuentas.

¡No le quería preguntar eso,

pero bien está saberlo!

Ajá...

Para que se acuerde de nosotras,

las mujeres del barrio, le he traído esto.

Es de los tiempos de mi sastrería.

Es un pañuelo.

Con su inicial, una ge.

Se lo agradezco.

Yo también voy a echarlas de menos.

(RÍE SIN GANAS)

(RÍE LEVEMENTE)

Disculpen.

¡Emilio, hijo! ¿Se puede saber qué te pasa?

-Lo siento, madre.

-(SUSPIRA) ¡Aurelio!

Aurelio, recoge esto, por favor.

-Ahora mismo, doña Felicia.

-Pero ¿por qué estás tan distraído?

-No ha venido Antoñito a darme ningún recado, ¿no?

-No.

No pensarás ir con él a los toros.

-¡No, ni sabía que había corrida!

-¡Juan Belmonte, hijo!

Pero ¿dónde tienes la cabeza?

No se habla de otra cosa. -Pues mire,

a esa sí me habría gustado ir.

-Bueno... Pues no va a poder ser.

-Hoy llegan de Ávila Ledesma y Angelines.

Deberás estar aquí para recibirlos.

-¡No hace más que recordarme asuntos apetecibles, madre!

-Madre. -Dime.

-¿Le apetece ir al cine esta tarde?

-¡Si ya estuviste ayer! ¿Qué quieres ir, todos los días?

-¡Es que me encantó!

¡Quiero volver a ver a Juan Luis Galán!

-¡Y encima para ver la misma película!

El domingo. El domingo, hija. Hoy tengo mucho trabajo.

-Bueno, el domingo. -¡Sí!

El domingo. (CAMINO RÍE)

-¡A las buenas tardes! -Buenas.

-¡Ya estamos aquí! -Buenas tardes.

-¿Cómo ha ido el viaje? -Muy bien.

Nuestros parientes vendrán a la boda.

-Estupendo.

-Buenas.

¿Qué tal el viaje, Angelines? ¿Te gustó Ávila?

-Precioso, sobre todo la muralla.

-Había pensado que, si a ustedes no les importa,

podríamos Angelines y yo dar un paseo con Antoñito y unos amigos.

-Por mí no hay ningún problema.

¿A usted qué le parece?

-A mí me parece bien, pero no tardéis mucho.

-¿Y a ti te apetece, Angelines?

-Yo, lo que tú digas.

-Bueno, pues vamos entonces. No tardaremos mucho.

Con Dios. -Con Dios.

-Le he traído un presente de Ávila. Espero que no le moleste.

-Eh... ¡No, no, claro, cómo...!

¡Cómo me va a molestar!

¡Esto...!

¿Un molino de viento?

¿No es más de la Mancha?

-Yo lo compré en Ávila.

-(RÍE) ¡Gracias!

-¡Ahora que lo dice, yo no vi ningún molino por el camino!

Pues, si es de la Mancha, cuando se casen Emilio y Angelines,

nos vamos los cuatro allá a ver molinos.

Así nos conocemos mejor usted y yo.

-Claro, pero es complicado cerrar el local unos días, pero...

Pero, bueno, ya..., ya lo hablamos.

Si me disculpa,

tengo mucho trabajo.

-"¡Hombre, Jacinto!".

¡Por fin te encuentro! -¡Buenas!

-Ya tengo las entradas.

¡Y a precio de taquilla!

-¡Huy, huy! Pero...

Pero ¡esto es oro, amigo Cesáreo!

¡Esto es oro! ¡Esto es...! Pero...

Pero ¿tres?

-¡Hombre, claro! ¡No vamos a dejar a Servando en tierra

en un día como hoy! -¡Oh!

-Pues no sé si va a poder venir, por la obra, digo.

-¡Es una de las últimas tardes de Belmonte como novillero

antes de la alternativa! ¡Belmonte,

el Pasmo de Triana! ¡Mira,

aún no es matador y ya es el mejor!

-Muy entusiasmado lo veo. -¡Para no estarlo!

¡Servando no puede faltar!

-Le preguntamos, pero con los fontaneros

en la pensión, no sé si va a poder venir.

-En fin, si no puede venir,

vendemos la entrada, que la gente se da de tortas por conseguir una.

¿Se molestarán las criadas si me como un par de galletas?

-¡Coja, coja! (RÍE)

-No he comido. Como he tenido que hacer cola

para comprar las entradas...

Jacinto.

-¿Eh?

-¿Te habría gustado ser torero? -¡Uf!

Ya tenía bastante con mis ovejas.

-Era mi sueño de juventud.

Hasta fui a alguna capea.

Pero no tenía talento.

En cuanto veía al morlaco venir de frente, me temblaban las piernas.

-No, entonces no le faltaba el arte, le faltaba valor.

-Me faltaban las dos cosas, pero ¡qué se le va a hacer!

-Ajá...

-¿Novedades en el barrio?

-Lo de doña Genoveva, que se va.

-Lo sé.

¿Qué?

-Eh...

Que menuda hembra, ¿eh?

-Ajá... -Y la Marcia, lo mismo.

Que yo soy el abogado y tengo que elegir una...

y me pasa lo que al asno de Buridán.

-¿Y qué le pasó a ese?

-Que le pusieron dos fardos de paja al lado

y, por no decidir cuál escoger,

se murió de hambre por no comer. -A mí me pasaría igual.

¡Qué dos mujeres tan bellas! -¡Sí!

Pero ¡yo me quedo con mi Marcelina! ¡No la cambio

por nada!

-¡Ni yo te cambio a ti, marido mío!

¿Sabes qué? -¿Qué?

-Que podíamos ir al cinematógrafo.

A ver la película de Juan Luis Galán. -Ah...

¿Y ese quién es?

-¡Pues eso!

¡Un galán!

-Ya, pues...

Yo no te cambio por nada, pero...

¡Es que vamos a aprovechar su tarde libre

para hacer una mudanza,

que tengo que ayudarle!

¡Tenemos que mover de muebles...!

-¡Uf! -¡Sí, sí, sí!

¡Nos llevará toda la tarde!

-¿Toda la tarde? -¡Toda!

¿Vamos, Cesáreo?

-¡Sí, vamos, vamos!

-Venga. (MARCELINA SUSPIRA)

-Come galletas, están ricas. -Ajá...

-¡Ay!

-"Esta mañana subía"

las escaleras cuando vi a Genoveva entrar en su casa.

-Sí, así es.

Afortunadamente, fue civilizado.

No hubo escándalos ni malentendidos.

-Usted lo ha dicho: afortunadamente.

-Vino a comunicarme su marcha y a despedirse de mí.

-A enemigo que huye, puente de plata. -(RÍE)

Le deseo suerte allá donde vaya.

-De todas formas,

tampoco es una mala noticia.

Así tiene camino libre para su relación con Marcia.

-No estoy muy seguro.

Marcia se comporta de un modo frío desde ayer.

Desde la aparición de Genoveva en el altillo.

Ni me lo ha dicho.

Ha sido Agustina.

-Creo que le da demasiadas vueltas.

Aunque todos hemos pasado por ese trance en algún momento,

de inseguridad al iniciar una relación.

-¡Hum! Puede que sea eso.

Al menos Genoveva no parece odiarla.

Aunque temo que cometa alguna represalia.

O contra ella o contra los vecinos con el dinero del banco.

-No, no creo.

Mi tía ha hablado con Genoveva.

Le ha dicho que hoy se hicieron las transferencias,

que mañana estará ya el dinero.

-(SUSPIRA) Me alegra escucharlo.

Me quita un peso de encima. -¡Claro!

-Buenas tardes.

¡Qué alegría encontrarlos!

-Buenas tardes.

Decía Liberto que el dinero de Genoveva está en camino.

-¡Qué bien!

¡Por fin vuelven a Acacias los buenos tiempos económicos!

-Lo notará en sus regalos de boda.

-¡Con eso cuento, amigo Liberto, con eso cuento!

Con su permiso, voy a la pensión,

a ver cómo van los preparativos.

-Buenas tardes.

Da gusto tener personas como él en el barrio.

-Sí. Se merece toda la suerte del mundo con Carmen.

-¡Huy, y una estatua también!

(FELIPE RÍE)

Vamos, le invito a un café. -¡Claro!

(Puerta)

(Puerta)

(SUSPIRA) ¡No!

Veo que no me esperabas.

¡Por favor, doña Úrsula, "tem" mucho "trabalho"!

¡Oh, no te preocupes!

No voy a entretenerte mucho tiempo.

¡No me haga nada!

¿Me tienes miedo?

¡Don Felipe está en su alcoba!

¡Voy a gritar!

Don Felipe...

no está en casa.

Acabo de verle hablando en la calle con don Liberto.

No temas.

No voy a hacerte nada.

No voy a manchar mis manos contigo.

Me voy de Acacias.

No me quedaré

después de que se marche doña Genoveva.

Dame mi dinero.

Quiero más. Dame todo.

(SUSPIRA)

Es muy poco.

No duermas tranquila.

En cualquier momento, puedo volver a buscar más dinero.

Adiós.

(JADEA Y SOLLOZA)

¡Se marcha!

(JADEA Y SOLLOZA)

¡Arantxa!

¿Me ha llegado alguna nota? ¡Huy!

¿Qué nota esperas?

Nada importante, una de Lolita.

Le he pedido que me traiga chirimoyas del mercado.

¡Qué bien, a tu padre le encantan, ya sabes!

¿Qué haces?

La cena, ajá...

Ya ves, a tu padre se le han antojado tortillitas de camarón.

¡Y mira qué fresquitos y qué buenos están!

Y ya sabes que nadie en España

los hace mejor que yo. ¡Ni Arantxa! Y eso que se da buena mano.

Que, por cierto,

¿tú sabes que tu padre y yo empezamos a sospechar

que Arantxa nos engaña?

¿Cómo?

A ver, madre, yo no creo que Arantxa sise en la compra.

¡Anda ya, que eso no es!

¡Que dice que es vasca y es más cordobesa que la mezquita!

(RÍE) Pero ¡qué disparate es ese!

Pero ¿tú has visto cómo prepara rabo de toro,

los flamenquines y el gazpacho?

¡Eso una vasca te digo yo a ti que no lo consigue!

¡Lo que yo le diga, un disparate! ¡Como diría ella...,

(ACENTO VASCO) ¡Qué desatino, pues!

¡Por la Virgen de Aránzazu! ¡Jesús!

¡Pues fíjate, yo creo que se inventa hasta las vírgenes!

¡Oye!

¡Que me alegro mucho de verte tan recuperada ya!

¿Has olvidado a Emilio?

¡Hombre, si me lo recuerda cada dos por tres,

pues es imposible!

¡Hija, perdón! ¡Ya no lo menciono más, chitón!

Mejor. Sí.

Bueno... (CHISTA)

Voy a preguntarle a tu padre si quiere también sardinas.

(SUSPIRA)

(Puerta)

¡Emilio!

¿Cómo ha ido?

-¡Pues mal!

¡Desastroso! (CHISTA)

¿No le ha gustado

a Angelines ninguno de los chicos que ha llevado Antoñito?

Al contrario, le han caído mal.

Me ha dicho que menos mal que yo no era como ellos. ¿Tú te crees?

¡Madre mía!

¿Qué vamos a hacer ahora?

¡No lo sé!

(BELLITA) ¡Cinta!

Vete, luego hablamos.

¿Quién era?

Venían de parte de Lolita: que no hay chirimoyas en el mercado.

¡Ay, qué pena!

Bueno, escucha, que tu padre va a querer sardinas,

conque échame una mano con ellas.

Venga. De acuerdo.

Les echas una agüita y les pones sal gorda.

¡Vamos a hacerle las sardinas! ¡No va a dejar ni las colas, tira!

(FELIPE SUSPIRA)

Antes vino Genoveva.

Ya lo sabes.

Se va del barrio.

¡Se terminan todos nuestros problemas!

-Úrsula también se va.

-¿De verdad?

-Vino a que le devolviera su dinero.

Y, de paso, se quedó también con el mío.

-Bueno...

Que se quede con todo el dinero.

Pero que nos deje tranquilos.

(BESA)

Marcia.

¿Por qué no me contaste lo de Genoveva?

-Para que no te disgustases conmigo.

-¡Cariño!

Me disgustaría con ella.

Pero no contigo.

Tú no me das ningún disgusto.

-Felipe, yo no quiero que se hable mal de ti

por estar con una criada.

-Mira...

No es culpa tuya lo que hagan Genoveva y Úrsula.

Ni de lo que piense el resto.

Lo único que quiero es que seas feliz.

¿Lo prometes?

-Prometo.

-Yo también lo prometo.

¿Sabes qué quiero para mañana?

-No.

-Que compremos juntos el regalo a don Ramón y Carmen.

-¿Juntos? -Sí.

Me encantaría.

Iremos al centro cogidos del brazo.

¿Vendrás conmigo?

¡Ven! -Sí.

-¿Sí? -Voy, sí.

¡Ay, Servando! Pero ¿esa agua de dónde sale?

-Tenemos que encontrar

un galán apropiado para Angelines. Sí.

-¡El que nos dio la idea, Nicolás, el cobrador del almacén!

"¡Luche por el hombre a quien ama!".

"Prefiero marcharme muy lejos".

El dinero que nos prometió Genoveva está en las cuentas.

En la nuestra sí.

-¡Hala! -¡Sí!

Y eso no es lo mejor de todo:

Jacinto me ha dicho que Genoveva ha abandonado la ciudad

en un coche y con su equipaje.

-¿Por qué me mentiste? Sabes cuánto ansiaba ver la película

y me dejaste más plantada que un campo salido

de barbecho. -Eso es así, lo que fue...

-¡Fue como fue!

-Pero ¡espera! -¡Que te espere tu padre!

-Los jóvenes tienen de sobra con estar con más jóvenes.

-Y los maduros deberíamos hacer lo mismo.

(RÍE)

¿Se vendría conmigo a la feria que ha montado el ayuntamiento?

-¿Qué ha pasado aquí?

-Una tubería se ha roto.

¡Con un crujido...! (GRITA)

-¡Ya estás aquí otra vez, cariño mío!

¡Bienvenida a casa de nuevo!

-¡Ven aquí, pitusa!

Pero ¡cómo has crecido! -¡Lolita!

-Felipe, tengo que hablar con usted.

-Voy a preparar un "chá".

Una "infusâo".

-Pase, pase, por favor.

-¿Quieres que vayamos a ver cómo va lo del banquete?

-Me parece bien. Cuando se despierte Milagros, vamos los tres a verlo.

-¿Adónde? ¿A la pensión?

-¿Adónde va a ser? ¿Al obispado?

-¿Pasa algo?

-¿Está usted segura de que vamos a llegar?

-¡Más nos vale, Servando!

¡Como no puedan celebrar la boda por nuestra culpa,

esta servidora de aquí

se marcha del barrio para no volver nunca más!

-Por Acacias.

(TODOS) ¡Por Acacias!

Buenas.

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Acacias 38 - Capítulo 1072

08 ago 2019

Los Palacios reciben la noticia de que Milagros asistirá a la boda y Lolita pide a Ramón y Carmen que se queden a vivir con ellos, lo que aceptan. Los preparativos de boda en la pensión se tuercen, se han quedado sin luz. ¿Qué ha pasado?
Emilio y Antoñito se llevan a Angelines a pasear con varios pretendientes, pero no les funciona. Bellita indaga sobre los sentimientos de Cinta, no se cree que haya olvidado al Pasamar.
Úrsula exige el dinero que le dio a Marcia para que se marchara mientras Genoveva se despide de Felipe. El abogado y la brasileña celebran su libertad para vivir su amor.

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  1. Mabi

    Grande, más que grande GURUTZE BEITIA!!!! LA GENIAL ARANTXA!!!!! Sus diálogos con Bellita, Jose y Cinta no tienen desperdicio, al igual que hoy cantando flamenco, que voz y que garbo Andaluz se gasta la Vasca!!!! Felicitaciones!!!!

    10 ago 2019
  2. Rafael55

    Marilu: Genoveva ha vuelto porque se había dejado la limosnera.¿¿ Catad: si los guionístas te hacen caso, Acacias 38 sería un cuentecito de hadas. Pienso que quienes no quieran ver la serie, que no la vea, pero que no deis la tabarra a los que nos gusta. Una novela coral como esta, tiene mucha dificultad y deberíamos agradecerselo a los guionistas.

    09 ago 2019
  3. Gata

    Que mareo con Genoveva Se quedan sin ideas los guionistas ¿¿

    09 ago 2019
  4. Marijose

    Pues a mi la serie me tiene enganchada, es como tiene que ser, con sus alegrias y sus complicaciones.Las personas que dicen que no la van a volver a ver simplemente que no la vean y nos dejen a los demas disfrutar de los acontecimientos que van sucediendo.Es muy sencillo.

    09 ago 2019
  5. Marcia.

    Me encanta Arantxa que seria sin su gracia y sin el acento y parloteo de Bellita y el encanto de Joooose Migue. Jajajaja buenísimos.

    09 ago 2019
  6. Filomena

    A pesar de estar HARTA de la pobreza y reiteración de ideas de los autores sigo mirando esta serie y además no me privo de criticar, ya que NO PUEDO CREER TANTA DISCAPACIDAD y con la ESPERANZA que algo cambie

    09 ago 2019
  7. Sara

    Pues a mi me encanta todo. Bien que criticáis pero lo seguís viendo. Una de las mejores series que hay en toda Europa. Si señor

    09 ago 2019
  8. Marilu

    ¿ que le pasó a Genoveva, es que se acordó de no haber cerrado la " llave " del gas o de apagar las luces ? JAJAJA Ya me parecía DEMASIADO bueno que se fuera de Acacias para NO VOLVER !!!!!!!!!!

    09 ago 2019
  9. Cata

    Pues ya está, me cansé de ursula genoveva ledesma del mismo cuento de siempre, esto ya lo vivimos con Manuela, porque la gente no puede iniciar una nueva vida y ser feliz,,, porque no los dejan a Felipe y Marcia en paz...Otra vez Genoveva?? pues no es que se iba?? basta guionistas no nos tomen el pelo. Y a ver si a Susana le dan un giro y la mandan a París ó Africa,, pero que se vaya esta insoportable... Mañana viernes veré lo que sucede y será mi último capítulo,, esta muy pesada,, atrás quedó la serie de época que iba hacer la innovación de la RTVE.

    09 ago 2019
  10. Mark

    Una cosa es seguro,la musica entre Felipe y marcia es de las mas bellas que escuche en Acacias o quisas la mas jeje me gustaria saber el nombre

    09 ago 2019