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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 1071 - ver ahora
Transcripción completa

¿Qué te parecería

si celebráramos nuestra boda en la pensión?

Así podríamos celebrarlo por todo lo alto,

y con la cantidad de dinero que ganaran,

sería suficiente para afrontar la avería.

-Es una idea maravillosa.

No podemos permitir que no tengan la boda deseada por nuestra culpa.

Ya subsanaremos la avería como buenamente podamos.

O deja a Marcia en paz o tendrá que atenerse a las consecuencias.

-Ya veo que también están citados en casa de doña Genoveva.

-Sí, y la verdad, no sabemos qué se propone.

¿Se marchan? -Unos pocos días.

Vamos a Ávila a anunciarle el compromiso a unos parientes.

Era preciso que nos viéramos,

porque estoy dispuesta a devolverles el dinero.

Aunque no tenga la obligación de hacerlo,

quiero resarcirles económicamente.

Nada nos haría más felices que ese día compartirlo con los amigos

y, de paso, ayudarles.

-Organizaré el convite.

¿Tú sientes el mismo deseo,

la misma necesidad de estar juntos?

Cada segundo sin ti es un mundo.

Uy.

¿Qué te pasa?

Te has quedado pálida.

-¿Qué ocurre?

-(RESOPLA) ¿De qué le va a servir ese gesto?

¿Cree acaso que va a recuperar a don Felipe?

Úrsula,...

deje de importunarme con sus preguntas y prepare mi equipaje.

Quiero irme de estas calles.

Cuanto antes y para siempre.

Pero eso es un sinsentido.

No puede marcharse de Acacias como si fuese un ladrón que huye.

¿Acaso no soy una mujer libre?

No, señora.

No diga insensateces.

Esta es su casa. Su sitio.

Aquí han fallecido sus dos esposos, aquí tiene todo lo que posee.

¿Todo lo que poseo?

Está muy equivocada.

La herencia de Alfredo es cuantiosa,

puedo vivir donde quiera,

incluso en el extranjero. No hablo de dinero.

Hablo de categoría, de señorío,

de dignidad.

Nada de eso me queda.

Me voy.

¿Con la cabeza gacha?

Con el rabo entre las piernas.

¿Así es cómo quiere vivir el resto de sus días?

Si una vez no se presenta batalla,

¡ya nunca más se presenta!

He sido derrotada.

He perdido a los dos hombres a los que he amado.

Primero a Samuel,... y ahora a Felipe.

¿Está diciendo que se siente derrotada por una criada?

Por una mujer muy bella ¡que me ha reemplazado en el corazón

del hombre al que yo había escogido!

¡Una criada!

Una simple esclava que bastante tiene con agradecer

que no se la trate a golpe de chicote.

Me decepciona usted, doña Genoveva.

Me decepciono a mí misma, Úrsula.

Pero no hay nada que pueda hacer.

Retirarme

y recomponerme para encontrar en otro lugar la felicidad

que no me ha dado Acacias.

¡Basta ya de lloriqueos, tenga mesura!

¡Soy su señora, no le consiento que me hable así!

Me debe respecto.

El respeto se lo tiene que ganar.

No es más que una chiquilla llorona.

Eso es,

reaccione.

¡Reaccione, rebélese!

Pero no contra mí.

¿Va a permitir

que esa negra la pisotee?

No está en mi mano impedirlo. Por supuesto que sí.

Es esa criada la que tiene que marcharse de Acacias,

no usted.

Ya se lo he dicho, prepare mi equipaje.

¡Me quiero ir de aquí cuanto antes!

Estos muebles, estas paredes,

¡estas calles solo me traen dolor y malos recuerdos!

Señora...

Úrsula,...

haga lo que le ordeno.

(Sintonía de "Acacias 38")

No podría vivir sin tus besos, sin tus abrazos,

sin mirarte a los ojos.

Ni yo. Sufro cada minuto que estamos separados.

Pues estaremos juntos, que sea lo que tenga que ser.

Emilio, piénsalo bien, ¿qué vamos a hacer ahora?

Algo se nos ocurrirá.

Prefiero que dejes de amarme, a que pongas en peligro tu vida.

No voy a dejar de amarte, así que tenemos que pensar en otra solución.

¿Y si Ledesma denuncia, qué?

No lo sé. Ya se nos ocurrirá algo, pero juntos,

sin volver a separarnos.

De acuerdo, buscaremos una forma de no hacerlo.

Solo te pido una cosa,

que no hagas locuras y que seas sensato.

No hagas nada de lo que podamos arrepentirnos toda la vida.

Seré juicioso.

No haré nada que no hayamos hablado tú y yo antes.

Debemos mantener en secreto que hayamos retomado nuestro amor,

que ya hay demasiada gente al tanto.

Siento que se me nota en cada mirada

y en cada palabra.

(Puerta)

-¿Será posible que todavía se ha trancado más?

Vete, vete, corre, corre.

Por Dios. ¡Cinta!

¿Qué haces aquí? Te pensaba ya en la cama.

Ay, hija, estás arrebolada. No tendrás fiebre, ¿no?

No, madre. He estado colocando los libros en mi alcoba.

¿Y te has puesto así? A ver,

agacharme, levantarme, subir, bajar...

Quizá lo debería haber dejado para mañana, pero...

me ha venido bien. Debería hacer más ejercicio.

¿Dónde está padre?

Se ha quedao de charla con don Felipe.

No te imaginas cómo ha sido la reunión con doña Genoveva.

No me hago a la idea.

Voy a por un té y unos melindres pa antes de dormir, y te lo cuento,

que si te pincha, no sangras.

(EXHALA)

Pase.

Le agradezco que haya subido usted siendo tan tarde,

pero estaba muy preocupada. -¿No hay noticias de Lolita?

-Ninguna.

Pero Ramón me ha prometido que cuando los médicos dijeran algo,

me lo haría saber.

-Don Ramón es un hombre cabal, me fío de él.

-Yo también.

No nos va a dejar toda la noche sin noticias.

Me he hecho una tila, ¿quiere?

-Pues no me vendría mal y me ayudaría a sosegarse,

que la noche viene de vigilia.

-Pues siéntese, que ahora se la traigo.

¿Qué hace ahí de pie, a qué espera?

-Que no me acostumbro a sentarme en casa de los señores.

Que aunque tenga una pensión,

siempre me acuerdo de que antes era criá.

-Usted, en esta casa es una amiga.

De las más queridas, así que...

déjese de tonterías y siéntese sin ceremonias.

-¿Qué le pasaba a la Lolita?

-No lo sé.

Estábamos...

tranquilamente hablando

de la reunión de doña Genoveva, de los preparativos

del casamiento, y...

de repente, hizo un gesto de dolor y se le fue la color.

-¿De repente? -Sí.

Estuvimos con ella por la tarde, ¿no se acuerda?

Le estábamos convenciendo para celebrar la boda en la pensión.

Creo que ahí se sentía bien.

-Sí, yo no le noté nada.

-Pues yo menos.

No sé,

cuando empezó a sentirse mal, se echó las manos a la tripa

y nos dimos cuenta de que pasaba algo.

Por lo visto, sentía fuertes dolores.

-¿Sangraba?

-Pues no lo sé, no lo sé.

Perdí la noción de lo que debía hacer.

Supongo que no fui de gran ayuda.

-Ay. A ver, Carmen.

A veces, los nervios no nos dejan hacer lo que debemos

ni fijarnos en lo más importante.

No se me fustigue usted.

-¿Cómo supo que se la habían llevado?

-Me han contao que vieron subir a don Ramón, Antoñito y Lolita

en el coche de punto, y que se le veía muy preocupao.

Pero de eso hace ya un buen rato.

He querío dar tiempo a que se supiese algo antes de venir.

-Se lo dije, Fabiana,

que todo iba demasiado bien, que tenía que llegar una desgracia.

-Mujer, no se ponga en lo peor.

-Es como si la vida fuese una balanza.

Cuando algo va bien, otra cosa se estropea.

-No le voy a permitir que piense usted en eso.

Carmen,...

las preñadas tienen sustos,

y a lo mejor, lo único que tiene que hacer Lolita es descansar,

que está to el día en la mantequería sin parar de trabajar.

Ya está.

-Si se libra de esta, eso se va a acabar.

-Pa que Lolita no baje a la tienda, la va a tener que atar.

No jure de balde.

-Tiene usted razón.

Esa mujer es una fuerza de la naturaleza.

Hará lo que quiera,... que para eso es de Cabrahígo.

-Lolita tiene mucha suerte

de que uste esté tan pendiente de ella.

Y la virgen la va a ayudar,

ya lo verá,

que nadie se merece tener tanta suerte como esa moza.

-Es usted de la virgen.

(Puerta)

Ahí está Ramón.

-Buenas.

-¿Qué?

-Nada.

La han dejado ingresada

para tenerla en observación toda la noche.

Antoñito se ha quedado con ella.

-¿Y no debería ir yo para estar con ella y pasar la noche allí?

-Carmen, es su esposa.

Si fueras tú la ingresada,

no permitiría que nadie te cuidase en mi lugar.

-Diga que sí, don Ramón,

que no hay nada mejor para el cuidao de un enfermo.

-Espero que esto no trastoque los planes

que habíamos hablado para la boda.

-Ya verá usted como no.

Lolita irá a ese casamiento,

y será la invitada más guapa de todas.

-Dios la oiga, Fabiana.

¿Quieres una infusión?

-No, no tengo ganas, gracias.

-Bueno, por lo menos un vaso de leche caliente.

-Pues don Ramón,

yo ya me marcho, que es muy tarde,

y nada, mañana a primera hora me paso pa saber si hay novedades.

-Buenas noches, Fabiana.

Como siempre, eres de gran ayuda.

-A más ver.

¿Va a querer más leche, Úrsula?

No, gracias, Casilda.

-Te has levantado muy temprano.

¿No me digas que he vuelto a roncar?

-Al contrario, señá Agustina, ha sío una noche de paz.

-Entonces,

ha dado resultado el remedio?

-Pa chasco que sí, mano de santo.

Me he despertado porque echaba de menos el barullo.

¿Y uste, cómo ha pasado la noche?

-Del tirón. Y me he levantado con hambre.

Pues hale, mire,

tómese la leche con un poco de bizcocho

que hice yo anoche, y está,

que se le van a caer las lágrimas de lo bien que sabe.

Las dejo,

no vaya a ser que mi señora se despierte y no me vea.

Con Dios.

Mira, dos mujeres muertas en la calle del Manzano.

-Pues ya van cuatro, el mes pasado encontraron a otras dos.

-Jesús, María y José.

-Buenos días.

-Buenos días, Cesáreo.

¿Sabe uste qué está pasando en la calle del Manzano?

-Que yo sepa, nada.

-Cuatro muertas en un mes. ¿Le parece poco?

-Fueron dos y el mes pasado.

-Pero ya van cuatro, porque ahora han encontrado dos más.

-¿Se han fijado en la fecha? Este periódico es antiguo.

-Pues es verdad.

Bueno, pues dos.

¿Se sabe quién las mató?

-Sí, se sabe, los años.

Una tenía 103 y la otra 102.

Dos hermanas. Una desgracia.

No se preocupe usted,

que le quedan años para llegar a esa edad.

¿Me invitan a bizcocho?

-Pa chasco que sí, Cesáreo.

Siéntese, que le voy a poner leche.

¿Qué tal ha ido la noche?

-Tranquila. Acabo de ver a los fontaneros

que van a arreglar la avería en la pensión.

-A Dios gracias.

-A Dios y a don Ramón,

que parece ser el ángel de la guarda de Acacias.

Si no es por él, no sé de ande iban a sacar el parné

la señá Fabiana y Servando.

-¿Pues no dicen que doña Genoveva va a ayudar a todo el mundo?

-A los ricos,

a los pobres no creo que nos caiga ni un real.

-Nunca nos cae.

Es como si estuviera escrito en algún sitio.

-Hmm, está muy rico.

A todo esto,

no he venido a comer bizcocho, sino a traerles un regalo.

-¿Entradas para el cinematógrafo?

-Para esta noche, un estreno de postín.

Me las ha regalado un amigo que trabaja en el Imperio.

Yo no las puedo aprovechar, que tengo ronda.

-Pues yo esta noche no puedo, que hoy no libro.

-Yo sola no voy a ir. -Quédeselas.

Se las puede dar a alguna otra criada.

-Oigan, ¿y la Lolita?

A ella le chifla el cinematógrafo, dígaselo a ella.

Si ha salido ya del hospital...

-¿Qué hospital?

-Sí, anoche la llevaron don Antoñito y don Ramón.

-¿Qué ha pasao?

-No sé, algo de la salud, no sé qué decirles.

-Voy a escape a enterarme de lo que ha pasado.

-Ya sé que usted hace lo que puede, doña Felicia.

Pero igual que el chocolate de cuando esto se llamaba La Deliciosa,

no lo hay.

Y qué bollería, era una bollería de verdad,

con mantequilla que le traían de Soria.

-La de Soria está bien,

pero mejor la de Cantabria, la de mi tierra.

-Las dos son buenas.

Mi nieto, Víctor, traía

lo mejor de lo mejor.

-Pero los platos que ponían no son los mismos

que yo sirvo a mediodía y en la cena.

Verdaderos banquetes. -Eso es verdad.

Vaya una cosa por la otra.

Y hablando de banquetes,

¿le habrá molestado a usted que don Ramón y doña Carmen

no celebren aquí el de su boda?

-¿A mí? Entiendo sus motivos.

-Pero hacerlo en la pensión...

No sé si Fabiana y Servando estarán a la altura.

-Qué duda cabe que el banquete tendría más categoría

si lo sirviera yo desde mis cocinas,

pero don Ramón, en este caso, está siendo un buen samaritano,

trata de ayudar a Servando y a Fabiana.

-Felicia, que es su boda.

¿Es que hay algo por encima de que todo sea lucido y elegante?

A no ser que nos quieran dar unas migas con sus chorizos y sus huevos.

Que todo podría ser. -Ay, por favor, doña Susana,

no me diga usted eso.

¿Unas migas con chorizo y huevos en una boda?

Quiera Dios que no.

-Si fuera por Servando, nos pondrían una crema de castañas.

Y saldría el menú en El Adelantado.

Como cuando se casó el rey Alfonso.

-A los buenos días. -Buenas.

-Le traigo la prensa.

-Gracias.

¿Alguna novedad?

-No, lo de siempre.

Pero la noticia está aquí, en el barrio.

-¿Qué ha ocurrido?

-Lo de Lolita, que anoche se la llevaron pal hospital.

-Ay, Dios mío.

¿Y qué se sabe?

-Na, que se ha quedao ingresá.

-Pero ¿ha perdido al bebé?

-Que se sepa, no.

Si me entero de algo, les digo.

Me voy, que he dejao el quiosco solo.

-Con Dios.

Doña Susana, espero que no sea nada grave.

Yo en mis embarazos

tuve varios sustos, pero al final todo salió adelante.

-Dios lo quiera.

Perdone, pero se me ha cortado el cuerpo con todo esto.

Voy a buscar a mi amiga Rosina,

a ver si rezamos un poco por la mantequera.

Yo no las puedo acompañar a rezar,

pero me voy adelantando y le voy a poner una vela a doña Lolita.

-Ah, disculpe, apúnteme esto, por favor.

-No se preocupe, con Dios.

-¿Te ha dicho Arantxa

dónde ha encontrado estos molletes de Antequera?

-¿Están ricos? -Superiores.

¿Quieres probarlos?

-Sabes que a mí me gustan las tortas de anís,

que también las ha encontrado esa mujer.

Es una alhaja, encuentra todo lo que nos gusta.

-Para mí que no es vasca,

que es cordobesa del salero que tiene,

que se hace la vasca para disimular.

Pues le sale de maravilla, mi alma.

-Y el jamón es del bueno, bueno.

El cerdo debía tener la pezuña más negra que don Alfredo.

-Que en gloria esté.

-¿Quién, el cerdo o don Alfredo?

Que me da cosa decirlo, pero estamos mejor sin él.

-¿Y lo de Genoveva de devolver el dinero?

A mí me da mala espina.

No entiendo por qué lo hace.

-A mí me da igual, lo importante es que nos devuelva el dinero.

Del por qué ya nos enteraremos. Que venga lo que sea,

que lo recibiremos con el capote y haremos faena que no veas.

-En eso estamos de acuerdo.

Podemos volver a pensar en lo mejor para el futuro de Cinta.

-Por Dios te lo pido, no vuelvas con lo del novio diplomático.

No. -¿Es que no te parece bien?

-Le tiene que parecer bien a ella.

Y ya nos ha dejado claro mil veces

que a ella un cónsul no le despierta ni una miaja de pasión.

-¿Por qué? -Pues porque ha salido a nosotros,

a ti y a mí: jaranera y vividora.

-Me habría gustado ser la suegra del embajador.

En fin...

Ayer, cuando volví a casa la encontré mejor,

con las mejillas de un colorao encendido, que daba gusto verla.

-¿Y de qué era?

De subir y bajar libros a la estantería.

De hacer ejercicio.

Lo mismo le tenemos que contratar un profesor de gimnasia.

-De gimnasia.

Ni cuando toreaba hacía yo gimnasia.

Me iba corriendo por la playa de Garrucha

y volvía, esa era la gimnasia que yo hacía.

Y para hacer fuerza en los brazos,

ayudaba a los pescadores a sacar las redes.

-Pero Cinta no va a hacer eso, mi alma.

¿Qué es lo que no voy a hacer?

Sacar las redes llenas de pescaos.

-Mucha gamba roja y mucho gallo Pedro.

Pues no. No sé de dónde han sacado esa idea, pero no.

Son tortas de anís.

Y molletes y taquitos de jamón.

Eso me vuelve todavía más loca.

-Chiquilla, dinos cómo estás tan fortalecida, que da gusto verte.

El ejercicio, madre, que es fundamental.

Me voy a ir a dar un paseo hasta el parque a paso ligero.

Y también la noticia de Genoveva de que les va a devolver el dinero,

como para no estar contenta.

Ay, mi niña guapa.

Ya me extrañaba que Casilda no hubiera regresado con el pan.

-Habrá ido a casa de los Palacios a preguntar por Lolita.

-Lo que deberíamos de hacer nosotras.

-Más vale no estorbar.

Vamos a rezar por ella y luego pasamos a informarnos.

Felicia fue a poner una vela.

-Ay.

-Perdone por el retraso, señora.

He ido a preguntar si se sabía algo de Lolita.

-No te preocupes. ¿Cómo está?

-Los médicos no han dicho na.

Ni bueno, ni malo.

-Seguro que no es importante, Lolita es fuerte como un roble.

-Bueno, bueno, un embarazo está lleno de peligros.

-Ay, no diga eso, doña Susana.

-Pues no lo digo, pero es verdad. -No adelantemos acontecimientos.

Sube y prepárale el desayuno a Liberto.

¿Has traído la prensa?

-Sí, sí.

-Le ha dado por mirar los resultados del "football".

-Sí. Yo se lo llevo.

-No viniste a la reunión de ayer con Genoveva.

-Ni pienso asistir a ninguna donde esté esa descastada.

Ya me he enterado de que quiere devolver el dinero.

Porque nos hace falta, si no, no lo aceptaba.

-¿La sigues teniendo ojeriza? -Claro que sí.

Después de lo que hemos sufrido Liberto y yo por su culpa...

-Pues yo creo que harías bien en olvidar.

Lo de Liberto y Genoveva ya pasó. Y agua pasada no mueve molino.

-Lo dices tú, que no la hay más rencorosa.

-¿Rencorosa yo? Habrase visto esta mujer.

Esa desgastada intentó robarme a mi marido y no se lo voy a perdonar.

Buenos días. -Buenos días.

Ella es la única que sigue a su lado, algo buscará.

-No quiero hablar más de eso. Vamos a la iglesia,

que a la salida debemos ir a comprar el regalo de bodas de Ramón.

-Y que no se suspenda esa boda, por lo de Lolita digo.

-Rencorosa y agorera. Anda, vamos.

-Qué mujer.

¿Me estás esquivando?

No, doña Úrsula.

¿Qué haces en Acacias?

Te ordené que te marcharas. Hasta te di dinero.

Le devuelvo su dinero.

No quiero el dinero, quiero que obedezcas y desaparezcas.

No me voy, doña. Úrsula.

¿Qué?

No me puedo ir.

¿Te olvidas de cómo te traje aquí,

te olvidas de cómo puedes acabar?

No me voy.

(RÍE)

¿Crees que don Felipe te va a defender

por haberte metido en su cama?

Qué mal informada estás.

Si caminas hasta la estación,

te vas a cruzar al menos con media docena de mujeres

que han pasado por la cama del abogado.

Después de ti habrá otra, y después otra...

Y en unos meses, lo único que recordará de ti

tu sucio color de tu piel.

Diga lo que quiera, pero me voy a quedar con don Felipe.

-Marcia.

¿Algún problema con doña Úrsula? -No pasa nada.

Ya la ha oído, no pasa nada.

Úrsula, ya se lo dije una vez y se lo repito:

deje en paz a Marcia.

Si tiene algo que tratar con ella, hágalo conmigo.

Entre criadas nos entendemos.

No se equivoque, Marcia para usted es una señora.

Tranquila, cariño. Esa mujer no te hará daño.

Estoy aquí para protegerte.

-Pero no puedes estar todo el tiempo.

-Vamos para casa.

Marcia,...

quiero que me cuentes todo sobre tu pasado.

-Felipe, no puedo hablar de eso, me duele mucho.

-Si no lo sacas de dentro, no podrás superarlo.

-Es un tormento. No me hagas repetirlo.

-Sonríe.

Vamos a dar un paseo por el barrio.

Quiero que todo el mundo nos vea del brazo.

Vamos.

Don Antoñito, ¿cómo está Lolita?

He visto que ha abierto la tienda.

-Ya la conoces. Un poco mejor.

Vengo de la botica de encargar las fórmulas magistrales.

En una hora las tendrán listas.

No se preocupe, que yo las recojo y se las acerco.

-Te lo agradezco.

-Por Lolita, lo que haga falta. -Lo sé.

-Antoñito. ¿Cómo está Lolita?

.Bien, ya le han dado el alta.

-Gracias a Dios. ¿El embarazo sigue bien?

-Perfectamente.

No era el embarazo, era una indigestión.

-Si es que cuando Lolita coge los pastelitos de coco...

-Si ves que se va a comer uno, se lo impides,

y si no lo consigues, me avisas. -Lo que mande,

pero creo que habrá aprendío la lección.

Si me disculpan...

-¿Pastelitos de coco? -Sí, Liberto, sí,

por los nervios de embarazo. Se ha zampado un kilo en dos días.

-Mientras no sea un antojo y el bebé nazca

con manchas en forma de pastelito...

-El médico me ha dicho que lo de los antojos es una patraña.

-Toda la patraña que quiera,

pero si Lolita una noche le dice que quiere un tazón de fresas,

más le vale levantarse y buscarlo hasta debajo de las piedras.

No sé, yo no me imagino a Rosina embarazada.

Pero lo de los pastelitos de coco se le da muy bien.

¿Le apetece que le invite a un café?

-En otro momento, quiero ir a ver a mi padre.

Y pedirle a Carmen que sustituya a Lolita en la mantequería.

Lo primero que ha hecho nada más darle el alta ha sido ir a abrirla.

-Todos sabemos cómo es Lolita.

Dejamos la invitación para otro momento.

¿La boda se va a ver afectada? -No, no, en absoluto.

Me sentaría fatal que mi padre cambiara los planes.

-Ya me he enterado que le ha encargado el banquete a Fabiana.

-Sí. Esperemos que salga todo bien.

-Seguro que sí.

Don Ramón lo ha hecho con la mejor de las intenciones, ayudarles.

El mundo sería mucho mejor si hubiera más personas como él.

Debe sentirse orgulloso de su padre, es un gran hombre.

"Te quiero más que a nada en el mundo".

"Te deseo un día maravilloso".

(SUSPIRA)

(TARAREA)

-¿Estás cantando? -¿Eh? No.

-Madre, Emilio estaba cantando.

-Ya le he oído, mejor cantando que penando.

-Y lo hace fatal. -¿Lo hago fatal?

-Sí. -¿Lo hago fatal?

-Sí. -Te vas a enterar.

(RÍEN)

Ven aquí.

-(CAMINO RÍE)

-Reconoce que soy el mejor cantante del mundo o no paro.

-El mejor, el mejor. Cantas como los pájaros.

Como los buitres. -Pero... Ven aquí.

-Parad ya, que parecéis dos chiquillos.

-(PEDORRETA)

-Te veo muy contento hoy, ¿no?

-Lo normal.

-¿Ha pasado algo que no sepamos?

-Que vamos a recuperar el dinero que perdimos en el Banco Americano.

¿Le parece poco?

Vamos a poder pagar a los proveedores.

-Cierto, hijo. -Madre, cuéntele lo de Lolita.

-Al final no ha sido nada grave,

los médicos ya la han mandado a casa.

-¿El embarazo sigue bien?

-Ha sido una indigestión, por pastelitos de coco.

-(RÍE)

Qué barbaridad. Pero me alegro.

Antoñito estará feliz.

Camino, ¿montas tú las mesas? Voy a ver cómo va el menú.

-Anda, yo me ocupo.

-Parece que tu hermano se ha resignado a casarse con Angelines

y no anda penando por las esquinas. -¿Usted cree que es eso?

-¿Qué otra cosa puede ser?

-Que hoy no va a ver ni a Ledesma ni a Angelines.

-Hoy no, hija, pero vuelven mañana.

-Para que vea con qué poco es feliz.

No sabía si la encontraría aquí.

Ay...

Es hora de tener la tienda abierta.

En el altillo me habían dicho... ¿Lo del hospital?

Uy... Están pesaos con lo del hospital.

Si el médico ha dicho que estoy bien y me puedo marchar,

pues es que estoy bien.

Y yo que me alegro, Lolita. ¿Qué fue?

Un empaché de pastelitos.

Me los comía a dos carrillos. Pero ya les he cogido asco.

Qué pena, porque bien ricos están.

No cuando se come un kilo de una sentá.

Le digo yo que se les coge tirria.

Hoy en el barrio se habla mejor que nunca de uste desde que llegó.

¿De mí o de mi dinero?

Aquí nadie se ha preocupado por mí, y eso no va a cambiar.

De momento, de su dinero, pero deles tiempo.

Tiempo es lo que no tengo. Por eso venía.

Me voy.

¿De vacaciones?

Doña Genoveva ha decidido dejar Acacias para siempre.

¿Cómo? Sí.

He devuelto el dinero que robó Alfredo,

y aquí no dejo ya nada atrás.

¿Y adónde se va?

No lo he decidido. Pasaré unos días en un hotel.

Después, seguramente, me haga un viaje por el extranjero.

La herencia de Alfredo es cuantiosa,

no tendré que preocuparme más por el dinero.

Bueno, por lo menos le compensa la infelicidad que le hizo pasar.

No hay dinero en el mundo que compense eso.

En fin, no quería marcharme sin despedirme antes de usted

y sin entregarle esto.

Intenté entregárselo yo, pero lo rechazo, ¿lo recuerda?

Le ruego que lo acepte.

Es solo un detalle para su hijo,

una toquilla para los días de frío.

Ay...

Qué bonita.

Le pido perdón, Genoveva, estaba confusa.

Lo sé.

Usted ha sido una buena amiga, Lolita,

la única que he tenido en el barrio,

y la única a la que extrañaré en la distancia.

Solo me voy a despedir de usted y de Felipe.

¿De Felipe?

Pese a todo, pese a su rechazo,

es la única persona que ha despertado mi corazón

tras la muerte de Samuel.

No he sido feliz aquí,

pero no quiero marcharme con cuentas pendientes.

He devuelto el dinero y quiero abrazar a los que he querido.

Anda, venga p'acá.

Siempre va a tener un hueco en mi corazón.

Lo mismo le digo.

Cuide de su hijo,

que se convierta en un gran hombre, como su abuelo don Ramón.

Ahora me arrepiento de haber estado tan torcías uste y yo.

Sin rencores, Lolita.

Adiós. Adiós.

A las buenas, Isabel.

Quiero hablar con uste, señá Agustina.

-Y yo contigo y con el resto de criadas.

-Arrea. ¿Ha pasao algo?

-Que en unos días se casa una compañera del altillo

y no hemos pensado qué comprarle de regalo.

Es verdá. -Así que,

ya estás buscando a las demás y pidiéndoles que suban,

que hoy mismo lo tenemos que dejar cerrado.

-Ahora mismo voy a por ellas, pero déjeme decirle a lo que venía.

-Dime.

Me han dicho que el sereno le ha regalao

entradas pal cinematógrafo y que no tenía con quién ir.

He venío pa decirle que yo voy con uste,

que me hace mucha ilusión. -Pues has llegado tarde.

¡Ay! Qué leche.

Lo siento, pero ya tengo acompañante.

Se viene conmigo Camino.

-Con las ganas que tenía de ir a un estreno de postín.

-Pues otro día irás.

O compra una entrada y vamos las tres.

-¿No son mu caras? -Qué va,

ir al cinematógrafo es barato. No cuesta más de un real.

¿De vera-s?

-Buenas.

-Mira, aquí está Cesáreo, pregúntale.

-Cesáreo, ¿qué vale el cine?

-Depende de la película y de la sala, pero poco.

Los más baratos una perra chica, los más caros dos reales.

-¿Y al que vamos nosotras?

Ese es especial, es el estreno.

-Entonces,

¿no se pue comprar una entrada?

-No, solo invitados.

Agustina, póngase las mejores galas, que va a ir gente de categoría.

Ya he avisado a Camino.

Dicen que va una prima segunda del rey.

-Eso no me lo pierdo.

-Jolín, pa una vez que me podía juntar con la realeza.

Al próximo estreno, si consigo entradas, te invito.

Agustina, ¿queda algo de café? -Sí, sírvase.

-Pues les dejo. Con Dios.

-Con Dios.

Úrsula, adelántate.

¿Está usted segura, señora? Sí, enseguida voy yo.

Me ha sorprendido su decisión de devolver el dinero.

Creo que usted no invirtió,

si se le debe algo, dígamelo y también se le repondrá.

No, no se me debe nada.

Nada económico,

pero en realidad es mucho lo que le debo.

¿Eso cree?

Felipe,... sin haber descubierto el amor,

no le habría devuelto nada a los vecinos.

Puede que tú no me amaras, pero yo a ti sí.

No esperaba esas palabras.

Soy consciente de que tal vez no mereciera tu amor.

Que seas muy feliz con esa muchacha, con Marcia.

Cuídala, supongo que ha sufrido mucho.

Lo haré.

Adiós.

La Lolita ya está en la mantequería,

todo ha quedao en un susto.

-Habiéndose comido un kilo de pastelitos de coco,

lo raro es que la cosa se haya quedado en tan poco.

-Me ha dicho que no los va a volver a probar,

que les ha cogío tirria.

-A ver si ahora no le da por comerse la tarta de novios de su suegro

de una sentada. -Yo la veo capaz, señora.

Por cierto,

a su pregunta: la boda sigue pa'lante,

no se aplaza.

-Casilda, vamos tarde, el vestido, las joyas, el sombrero...

Se nos echa el tiempo encima.

(Puerta)

A ver si es Susana.

Si es ella, aprovecharé para que me haga un arreglo. Va.

-Voy.

Casilda, necesito ver a tu señora.

Señora, no creo que eso sea buena idea.

Por favor, es importante.

Está bien, pero esperen aquí.

Señora, está en la puerta doña Genoveva y Úrsula.

-No se atreve a venir sola. Dile que no estoy.

-Me ha pedío por favor que la reciba.

-Está bien, dile que pase, le voy a cantar las cuarenta.

-Está bien, pasen.

Buenas tardes, doña Rosina.

-Úrsula, dile a tu señora que no es bienvenida en esta casa.

¿Me invita a sentarme, por favor?

Doña Rosina, por favor,

la situación es bastante violenta para mi señora.

Porque ella quiere.

No me imagino de qué me quiere hablar.

Vengo a pedirle perdón por lo ocurrido con Liberto

y decirle que toda la culpa fue mía.

-No sé qué hacer con el dinero que nos va a devolver Genoveva.

No sé si invertirlo en Seguros la Tizona,

meterlo en el banco a plazo fijo,

o hacer una caja fuerte en casa y guardarlo.

-Esa solución es la peor, desde luego.

Yo le recomiendo invertir,

el dinero parado desaparece poco a poco.

-Y mal invertido desaparece a toda velocidad.

Acuérdese del Banco Americano. -Eso fue una estafa.

La experiencia nos ha demostrado que a quien debe pedir consejo

es a don Ramón. -Sí,

ha demostrado ser el lince que todos sospechábamos.

Pero... ahora, con la boda,

no quiero distraerle con asuntos pecuniarios.

-Seguro que puede esperar un poco.

Nadie ha recibido el dinero de Genoveva.

-¿Cree que va a faltar su palabra?

-No, creo que es sincera en su decisión.

Además, tenemos margen de tiempo saber qué hacer con ese dinero.

-¿Por qué nos lo devuelve?

-No lo sé.

Hace un rato me encontré con ella en la calle, y me sorprendió,

me deseó suerte con Marcia

y me aconsejó que la protegiera. -Como si tuviera corazón.

Pensé que la odiaba.

-Y yo. Estaba convencido que Genoveva se iba a quedar

con el fruto de la estafa de Alfredo Bryce.

-¿Cree que todos hemos estado equivocados con ella?

-No, yo no me fío, la gente no cambia de la noche a la mañana.

O al menos es lo que yo creo.

-Buenas tardes, don Liberto. ¿Desea que le sirva algo?

-Lo que queremos es que te sientes con nosotros.

-No puedo, estoy trabajando.

-Está bien, no quiero que te sientas incómoda.

-Mejor voy a la cocina.

¿Seguro que no quiere nada?

-Seguro, gracias.

-Con permiso.

-Me encanta la sonrisa eterna que tiene.

-Pese a la vida que ha llevado, no ha sido fácil.

¿Sabe, don Liberto?

Estoy pensando en pedir permiso en la iglesia

para casarme con ella el mismo día que don Ramón y Carmen.

-¿Tan rápido avanza su relación?

-No, no. Y no soy yo quien la ralentiza,

es ella. -Parece mentira.

Perdone que le diga, Felipe, pero...

casarse con usted sería la solución a todos los problemas de Marcia.

Debería lanzarse sin dudarlo.

-Solución a los problemas de dinero, de clase social, de respeto...

A esos, desde luego.

Pero hay otros a los que no he podido llegar.

-¿A qué se refiere?

-Hay algo en su interior que no me deja atisbar.

-¿Tal vez un secreto del pasado

que le haría a usted retractarse de sus planes de boda?

-Ahora soy yo quien le pregunta a qué se refiere.

-No sé, un crimen, un matrimonio anterior, un hijo...

-No, eso no sería un obstáculo para mí.

Amo a esa joven como solo amé a Celia.

Así que solo me queda esperar

a que ella desee dar el paso.

Liberto la adora,

de eso no tenga ninguna duda.

En ningún momento trato de tener nada conmigo.

Y sin embargo, les descubrieron en actitudes equívocas.

Usted lo ha dicho, "equívocas",

parecía algo que no era. Pero mi esposo quiso usarlo.

¿Y quiso pasar por un hombre al que engaña a su mujer?

A él eso le daba igual.

Con tal de conseguir argumentos en contra de los vecinos

y evitar que haberles estafado con la quiebra del Banco Americano

tuviera consecuencias, él era capaz de lo que fuera.

¿Solo le interesaba el dinero a ese hombre?

El dinero y el mal de los demás.

Señora,...

ya no podrá hacerle más daño.

No imagina lo mucho que ha sufrido mi señora.

Discúlpame, Úrsula, pero no consigo sentir piedad por ella.

Lo entiendo perfectamente.

Yo ya he hecho lo que he quería, pedirle perdón.

Pues acepte que no le perdone,

aunque no busque venganza de ninguna de las maneras.

Y ahora, si me permite, no tenemos nada más que hablar.

No volverá a saber de mí. Le agradezco que me haya escuchado.

¡Casilda!

Acompaña a Genoveva y a Úrsula a la puerta.

-Sígame, señora.

Emilio.

-Hombre, Nicolás. ¿Qué se te ofrece?

-Iba camino del restaurante con las facturas.

-Tengo buenas noticias para ti.

-No me lo digas. ¿Me vais a pagar?

-No, hoy no, pero la semana que viene te lo pagaremos todo.

Está a punto de entrarnos un dinero que nos debían.

-Mi jefe me ha dicho que no me marchara sin que me dieseis algo.

-Nicolás, que nos conocemos desde hace tiempo, cúbreme una semana más.

Que solo va a ser una semana. -Pero solo una.

-Te lo prometo. La semana que viene cobras y se lo das todo a tu jefe.

-A ver qué me invento. -Confío en ti.

Como agradecimiento,

una noche vienes y te invitamos a cenar, con tu novia.

-No tengo novia.

-Pues con un amigo, con quien quieras.

-Está bien, pero no me falles.

-Prometido.

-Con Dios.

-A más ver.

¿Quién era ese joven?

Un cobrador del almacén.

Era bien parecido.

Oye, me voy a poner celoso.

No digas majaderías. ¿Sabes si tiene novia?

No, no la tiene, me lo acaba de decir.

Es que, al verle se me ha ocurrido una idea.

¿Y si Angelines se enamorara de otro hombre?

¿De él?

Quizá él sea algo rudo.

También necesitaríamos a alguien con más modales para seducirla.

Buscaremos, pero no es mala idea lo que propones.

Sí, señor.

Le encontraremos a Angelines un novio con pinta de galán

y buena planta.

Pues de esos no hay de sobra,

más vale que nos pongamos manos a la obra.

Aquí tienes, un caldo con sustancia.

Que siempre es mejor alimentarse de esto que de pastelitos de coco.

-No me hable.

Solo de pensar en los pasteles de coco, se me revuelven las tripas.

-Te extrañará. ¿A quién se le ocurre comerse un kilo?

-Buenas.

-Buenas.

-¿Qué, cómo estás, cariño?

-Perfecta.

¿No ha dicho el médico que bien?

No me mareéis entre tos.

Bueno... -¿Dónde vas?

-A por la cuchara, se le ha olvidao.

-Pues quieta, yo te la alcanzo.

-Eso. Ya que no descansas en la mantequería, descansa en casa.

-Las de Cabrahígo no somos de descansar.

-Ya.

-Aquí la tienes.

Os dejo solos. Pero Antoñito,

cuida de que se tome todo el caldo.

El médico ha dicho que nada de sólido.

-Lo intentaré, Carmen, lo intentaré.

-Pues eso.

-¿Está rico?

-Sabe a gloria. Pero el mío está mejor.

Amor mío, que he pensao

que después de esto,

le podríamos decir a Carmen y a tu padre

que se queden a vivir con nosotros.

-Pero sabes que ellos quieren irse.

-Ya, pero insistimos.

Yo no quiero que mi hijo crezca lejos de su abuelo.

-Ya, Lolita.

Liberto me ha hablado maravillas de mi padre y me he sentido orgulloso.

Pero si quiere tener una casa con su mujer, poco podemos hacer.

-Yo voy a ver si les convenzo.

-Verás.

Ya me dirán qué hacemos. En algo tendremos que ir pensando.

Agustina, qué guapa se ha puesto para ir al cinematógrafo.

-Eso es que me mira usted con muy buenos ojos. ¿De qué hablaban?

-Les decía, que algo tendremos que regalarle a Carmen para su boda.

-¿Y a don Ramón no?

Con lo bien que se porta con nosotras...

-Sí, pero don Ramón tiene de todo.

-No le vamos a regalar un bastón, que no lo necesita.

-Bien erguido que camina, como a los veinte.

-Pero ya va pa viejo. ¿Uste qué opina, Arantxa?

-Si le regalamos algo pa la casa,

creo que tiene que ser para los dos.

Un cuadro de San Juan de Gaztelugatxe con el mar de fondo

y el sol saliendo.

-Puede ser, querían cambiarse y marcharse a vivir solos.

-Quieren, pero Lolita no quiere.

Así que ya veremos, que Lolita es siempre la más cabezota.

Marcia, ¿tú no dices nada, hija?

-Es que no conozco bien las costumbres.

Tengo "muito" que aprender.

-Sí, sí, de momento, español,

porque eso de "muito" no lo decimos nosotras.

-Prima, pero todas la entendemos, no seas metijosa.

-Buenas tardes, Úrsula.

Mi señora quiere hablar con vosotras.

-¿Doña Genoveva está aquí?

¿Puedo pasar?

Por supuesto que sí, entré.

Una vez estuve aquí, hace mucho tiempo, con mi añorado Samuel.

Les pedimos que me dejaran refugiarme aquí,

pero no me lo permitieron.

Esa misma noche, Samuel murió.

¿Se acuerda usted, Agustina?

Fue la que más se opuso.

Juré que las odiaría para siempre, como al resto de los vecinos.

Pero ni los odios son eternos.

No siento nada por ustedes, me da igual si les va bien o mal.

Por no sentir, ni siquiera siento desprecio.

A ti sí, Marcia,

a ti sí te odio.

Pero voy a tratar de olvidarte.

Me voy de Acacias para siempre

y solo te pido una cosa,

cuida a Felipe como yo misma lo hubiera hecho.

Me has vencido.

Vámonos, señora.

Está enamorada de Felipe. -Y tú también.

No tienes que sentir miedo de lo que ella sienta.

-No le temo a ella, sino a Úrsula.

-Igual no es necesario que se vayan de esta casa después de la boda.

-Todos necesitamos más espacio.

Vosotros por la criatura,

y nosotros porque vamos a iniciar una vida en común.

-Por favor, sal, quiero hablar con Marcia.

-"Usted me dirá".

Nos tendrás que contar a los dos, que no sé qué pretendes.

Poner en marcha tu idea de ayer.

Hacer que Angelines se enamore de otro

para que rompa su compromiso conmigo.

-"Es por lo de quedarnos a vivir en vuestra casa".

¿Tanto te preocupa el embarazo? -No es eso, Carmen,

es por Antoñito.

-¿Por Antoñito?

-He venido por el asunto de Marcia.

-Me imagino. Pero tendrá que ser más concreta.

-No sé si sabe... que ayer subió...

doña Genoveva al altillo.

-Me da miedo que Emilio esté embaucándola de nuevo.

-¿Y tú qué dices, Arantxa?

-Que no me fío de los amores de Cinta,

pero me fío mucho de la intuición de la señora.

-Así tiene camino libre para su relación con Marcia.

-Al menos, Genoveva parece no guardarle rencor.

Aunque temo que pueda cometer alguna represalia

contra ella o contra los vecinos con el dinero del Banco Americano.

-Había pensado que si no les importa,

podríamos ir Angelines y yo a dar un paseo con Antoñito y unos amigos.

-Por mí no hay ningún problema.

-Me parece bien.

¿Puedo pasar?

Veo que no me esperabas.

Por favor, doña Úrsula, tengo mucho trabajo.

No te preocupes,... no voy a entretenerte mucho tiempo.

No me haga nada.

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Acacias 38 - Capítulo 1071

07 ago 2019

El malestar de Lolita resulta ser solamente un simple empacho de pastelitos de coco. Los Palacios se tranquilizan, pero la mantequera quiere que sus suegros se queden a vivir en casa.
Emilio y Cinta deciden luchar por su amor y se ponen en marcha para buscar un pretendiente para Angelines.
Los Domínguez celebran que su situación económica va a cambiar con el dinero que reciben de Genoveva.
Úrsula presiona a Marcia para que se marche, pero Felipe la defiende. Genoveva se despide de Lolita, pide perdón a Rosina y consigue hablar a solas con Marcia. Pide a la criada que cuide de Felipe.

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  1. Mabi

    Que alivio que el malestar de Lolita solo haya sido por lo " zampabollos" que es!!!!!

    10 ago 2019
  2. Gigi

    Es solo a mí o me parece que Cinta es una mentirosa compulsiva...?

    08 ago 2019
  3. Teresa Rueda

    El papel de Ursula refleja la impunidad que existia y para lo que servian las autoridades. Cometió los mas horrendos crimenes y nadie investigó Y al parecer seguira por lo mismo.

    08 ago 2019
  4. Camino

    A marcia le tratan mejor que a Habiba Habiba era española en aquella epoca asi que mas que xenofobia era racismo ¿¿

    08 ago 2019
  5. Lucy

    Concuerdo con Adelina, me amaré a los desertores porque como ya dije anteriormente de Serie exitosa e interesante se volvió novela de los 80..hagan algo escritores nos estan aburriendo

    08 ago 2019
  6. Marcela

    Con respecto a la raza y al color de piel de Marcia, tiempo atrás envié un comentario que NO fue publicado; será que a los encargados de aprobar o no los envíos no les gustó que yo criticara la XENOFOBIA evidente de los españoles, al menos los de la época de esta serie; anteriormente había sucedido con Habiba y ahora con Marcia,. Señores, la verdad NO OFENDE , o no debería hacerlo

    08 ago 2019
  7. Maribel

    A mí me recuerda lo que está pasando, a lo que ya vimos en el pasado con Germán, Manuela y Cayetana, teniendo en medio del "triángulo" a Ursula. Ahora tenemos a Felipe y Marcia (que me encantan) y a Genoveva (que nunca será como Cayetana) y el "cerebro maligno" de Ursula incordiando a todos. Sólo espero que Felipe sea feliz con Marcia y que no se deje embaucar por Genoveva, ni por ningún "caballero" de Acacias a los que parece que no les gusta que Marcia sea negra y sirvienta.

    08 ago 2019
  8. Alicia

    Los personajes de Ursula y Genoveva ya están agotados, ¿vuelve a repetirse la maldad desmedida y sin sentido,? ¿ veremos a una Genoveva despiadada buscando recuperar a Felipe alentada por Ursula? ¿Otra posible historia de amor (Marcia y Felipe) que terminará en tragedia ?. ¿Ha ocurrido un nuevo asesinato..... y quedará impune , nuevamente? ¿Lo ocurrido en Santander y el matrimonio arreglado, a cambio de silencio? ¿era la gran historia que se anunciaba para Felicia y familia? Mmmm....Bastante floja , aburrida y sin emoción . Los Domínguez, que personajes tan desperdiciados..... !!!

    08 ago 2019
  9. Querubina

    No le creo a Genoveva ni a Ursúla con deseos de ayudar a su señora. El cuervo tiene como meta volver a ser dueña del principal. Se le volteará a Genoveva, ya demostró que le tiene rencor y deseos de desquite por malas formas recibidas.

    08 ago 2019
  10. Marilu

    Adeline, el olmo no dá peras, es inútil pedírselas; así como es inútil esperar que los guionistas se dignen virar la dirección de sus " ideas " y continúen con el repugnante personaje de ursula que es el " LEIT MOTIV " DE LA SERIE, estos autores juegan al limite de la paciencia de los seguidores y " tanto va el cántaro a la fuente que.............., Ahora organizan una boda " POR TODO LO ALTO " en un cuchitril de 2x2, a don Ramón lo hacen pasar por demasiado bueno o idiota ( esta última palabra forma parte del diccionario RAE )?.- y en cuanto a los del restaurante, es verdad, hubiera sido la palabra de uno contra la del otro, siendo que NO HUBO mas testigos de la PELEA.-Y para finalizar, me hartaron los Dominguez, con su " jamoncito " los "diplomáticos " y la " GATA FLORA " de Cinta, los salva Arantcha, que sinó !!!!!!!!! ..

    08 ago 2019