Tradicionalmente, las universidades europeas han tenido dos fuentes básicas de financiación: el dinero público proveniente del estado y el dinero privado proveniente de los alumnos, es decir, el precio de las matrículas. Pero con una inversión pública menguante y una conflictividad asegurada si a las administraciones se les va la mano con la subida de las tasas, los campus europeos y de todo el mundo se afanan en sacarle dinero a la investigación a través de spin offs, o lo que es lo mismo, empresas creadas por la universidad, o contratos con compañías, ofreciendo distintos servicios, desde enseñanza continua a trajes formativos a medida de las compañías, o buscando donaciones de antiguos alumnos o filántropos, entre las que se incluye el patrocinio de cátedras o de estudios por pate de las empresas.
En los últimos años se ha creado un número desmesurado de facultades, centros y titulaciones, algunas de escasa calidad.
Antes de insuflar más recursos, quizá hubiera que introducir cambios drásticos en la gobernanza.
La falta de planificación estratégica se está haciendo crónica y está siendo letal para la Universidad.
La formación de titulados altamente cualificados para el sistema productivo industrial, educativo e investigador, y la propia Administración, es prioritaria para España, que es tecnológicamente una potencia de tipo medio, salvo en unos pocos sectores, tiene una población moderadamente culta y desarrolla una investigación de calidad aunque poco productiva.
Hablamos de la situación que atraviesa la Universidad y de la necesidad de introducir cambios en su forma de gestión con Jesús Lizcano que es catedrático de Economía de la Universidad Autónoma de Madrid y Presidente de Transparencia Internacional España