La costa de las tormentas Tiempo04/02/2012

Es nuestra obsesión. Somos tiempo. Nuestro organismo es un reloj de arena imparable. Parpadeamos, y somos recién nacidos. Volvemos a cerrar los ojos, y al abrirlos nos hemos convertido en abuelos.

La existencia está formada por las arenas del tiempo, y desde antiguo hemos soñado con controlarlo, viajar a través de sus mareas, contenerlo. Hemos inventado dioses del tiempo, relojes para medirlo, horas para sufrirlas. Todas hieren, la última mata. Y sin embargo, el tiempo, como cuarta dimensión, podría no existir según algunos científicos. Quizá en el fondo no adoramos más que una ilusión de nuestra percepción.

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