El bosque habitado viaja hasta un pueblo encantado, donde el tiempo y el lugar parecen remotos en la memoria de la humanidad y, sin embargo, resultan tan cercanos para la Comunidad del Bosque.
Allí, invitados por la Asociación Ecologista A Morteira de El Bierzo, asistimos a la celebración de un Magosto, o Fiesta de la Castaña… Y allí vivimos historias sorprendentes.
Historias que trataremos de transmitirte a lo largo de dos programas.
El de hoy, con el protagonismo incuestionable de María La de Pereda de Ancares, de noventa y tantos años. El del próximo domingo, con Krzysztof Jurak…
Ambos indígenas de Pereda de Ancares. Ambos habitantes de territorio milenario de castaños… Un pueblo en medio de esos grandes señores, los castaños centenarios, los más montunos de los árboles frutales, convertidos en aldeanos. María, antigua pobladora. Kris, nuevo colono de este territorio conmovido…
Los castaños se aliaron con los campesinos para luchar a su lado contra las hambrunas del invierno… La fame… Derrotada mil veces a castañazos, como dice Jaime Izquierdo. Fue el preciado pan de los pobres y urge defenderlos…
Dice María que era pobre, sí, pero que fue tan feliz como no sabemos serlo ahora. Dice Kris, de Polonia, que de aquí no le mueve nadie. Que Pereda de Ancares es su lugar en el mundo.
Una sensación que también experimentamos la Comunidad del Bosque, un magosto que nos hizo sentir que vamos por el camino adecuado. Con Ignacio Abella, Fernando Fueyo, José y Bernabé Moya, Mar Verdejo Coto, Raúl de Tapia, Óscar Prada, Rosa Villalba, Jaime Izquierdo y la Hermandad de los Árboles conocida como A Morteria. Con Carlos Martínez, Isidro Canóniga, Toño Nespral, Fer Arias, José Ángel Rodríguez y tantas y tantos A Morteiras que fueron nuestros maestros en defensa de los ramificados, especialmente, los castaños centenarios.
Magosto… castañas, fuego, música, danzas, hermandad, leyendas, setas, gochos, dichos, noche de estrellas y Ubuntu mucho ubuntu… Con la música inspiradora de León Benavente y la ayuda inestimable de Toño Nespral en nuestra conversación con María, que nos contarán qué comían, cómo sobrevivían al invierno, cómo se divertían, cómo se relacionaban con el lobo...
Así que cálzate las madreñas, separa con tus pies los erizos del fruto de la castaña, entona una canción ancestral y prepara el fuego para degustar el manjar que salva cuerpos y almas de la fame o hambre de estos tiempos… Porque estás entrando en territorio habitado por mujeres y hombres de los Ancares, pero territorio conmovido… ¡Arriba las ramas!