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Pirineo Aragonés: el reino de piedra

  • Pili y Kenzie comienzan su recorrido por las montañas aragonesas en el Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido
  • Pili y Kenzie viajan a Laspuña, en la comarca del Sobrarbe, una de las zonas que conserva mejor las tradiciones
  • Pili se despide del Pirineo aragonés como espectadora del descenso final de las nabatas

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Pili y Kenzie comienzan su recorrido por las montañas aragonesas en el Parque Nacional de Ordesa y Monte PerdidoQuino, guía de montaña, le enseña a Pili los caminos del cañón de Añisclo, un espectacular desfiladero lleno de vegetación, aguas y cuevas escondidas.

En San Chuan de Plan conoce a Roberto Serrano, un músico y lutier que abandonó su Zaragoza natal para vivir en la montaña. Allí vive junto a su mujer y los dos son miembros de la Orquestina del Fabirol. Le enseña a Pili cómo son los instrumentos típicos que están construyendo y sus extraños nombres: dulzaina, trompa, chiflo, chicotén… Aparte de aprender algo de aragonés, disfruta con la música de Roberto.
 

Al lado de San Chuan de Plan se encuentra el pequeñísimo pueblo de Saravillo, en el que el ganadero Andrés Bielsa vive con su familia. Llevan años fabricando deliciosos quesos, así que Pili quiere aprender a elaborarlo. Después de conocer a las cabras de las que se extrae la leche, pasan a la parte de fabricación. Andrés ayuda a Pili a llevar la leche al cuajo y finalmente rellenar unos moldes para elaborar el queso.


Al día siguiente, Pili y Kenzie viajan a Laspuña, en la comarca del Sobrarbe, una de las zonas que conserva mejor tradiciones como la lengua aragonesa o la gastronomía típica de esta comunidad. Además es un día muy especial, ya que se trata de fin de semana en el que se celebra la fiesta de los nabateros, los madereros aragoneses que bajaban el río a bordo de troncos para transportarlos al Mediterráneo. Pili y Kenzie llegan justo en el momento en el que la gente está situando las barcas en el agua, así que, vestida de nabatera, sube a una barca para intentar captar la sensación de mantener el equilibrio encima de los troncos.

Pili se despide del Pirineo aragonés como espectadora del descenso final de las nabatas. Una fiesta a la que asisten 2.000 personas, una multitud en esa zona. Pili oye la multitud de la gente y siente su emoción cuando cantan el himno nabatero: “¡Cinca traidora!”.