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Antonio: una vida junto al ferrocarril a sus 86 años

  • En primera persona nos cuenta la historia de un antiguo jefe de estación de tren
  • La suya, como la de tantos otros mayores, es parte de nuestra memoria colectiva

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En primera persona - Antonio: una vida junto al ferrocarril a sus 86 años - 28/03/17

Hace tiempo me invitaron a dar una taller sobre la radio en una residencia de personas mayores y allí conocí a algunas personas con historias de vida interesantes que nos transportan a otra época. Antonio Ponce estaba allí, sentado junto a su andador, y recuerdo cómo nos contó de su vida como ferroviario y de cómo se comunicaba con el morse de estación a estación.

He vuelto para hablar con él y que a sus 86 años nos cuente esa historia de vida junto al ferrocarril. Y allí sigue sentado junto a su andador, un diario y sus gafas en el hall de la entrada de la residencia donde da el solecito. Tiene unos ojos vivarachos y alegres que dejan entrever a ese niño juguetón que lleva dentro.

Antonio, con tan solo 27 años, fue jefe de estación de tren en un pueblecito en Venta de Cárdenas, en pleno Despeñaperros, "en la selva", como cuenta con una sonrisa en los labios. Tenía a cuatro guardagujas a su cargo para ayudarle que se convirtieron en buenos amigos. Antonio daba clases a los hijos en los tiempos libres y las mujeres de los guardagujas fueron las que ayudaron a su mujer a dar a luz a su primera hija. Fueron cuatro años en la estación que Antonio recuerda con cariño. Se acuerda incluso de los nombres de aquellos niños a los que enseñaba matemáticas, lengua, ciencias.

Para la ocasión, Antonio, ha traído recortes de diario como el del 1969 de Pueblo donde aparece su nombre como becario distinguido de la época junto a otras personas. Me cuenta que fue Franco quien les entregó los diplomas y relata un anécdota porque a Franco lo conoció como jefe de estación años antes, cuando iba a cazar al parque natural de Despeñaperros, y Antonio se lo recordó durante el evento. Tuvo una corta conversación con él para asombro del resto de los becados y asistentes.

A este hombre de buen corazón se le rompe la voz cuando habla de su mujer. Estuvieron ocho años de noviazgo y reivindica el respeto que había antes entre la pareja porque "ahora ya no lo hay", comenta. Me pide que lea una carta que le escribió con motivo del Día Internacional del Alzhéimer. Se la leo y se emociona.

Antonio vive en una residencia con otras personas mayores y puede disfrutar de su tiempo. Le gusta leer el diario, pasar ratos con sus hijos cuando le visitan y contar historias. Así le conocen muchos aquí, cómo el "que cuenta historias", me chivan otros mayores. Habla tranquilo, cuidando con mimo cada palabra y se le iluminan los ojos cuando recuerda aquellos años junto a sus guardagujas en la estación de la selva. Ha sido y es un hombre feliz que dedicó su vida al mundo del ferrocarril, que siempre ha dado y ha recibido cariño.

Su historia, como la de tantas otras personas mayores, es parte de nuestra historia viva, nuestra memoria colectiva que debemos recuperar y conservar en primera persona.

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