Shirin Musa, activista pakistaní: "El matrimonio forzoso no es romántico, es violación"
- Naciones Unidas registra cada año 12 millones de mujeres víctima de matrimonios forzados
- "Es importante que los derechos de las niñas sean defendidos"
Arooj y Aneesa eran dos hermanas paquistaníes que residían en Terrassa, Cataluña. Ambas habían sido víctimas de un matrimonio forzado, concertado con sus propios primos, y las dos querían tramitar el divorcio. Por ello, viajaron a Pakistán engañadas por su familia y una vez llegaron allí fueron asesinadas por un grupo de hombres, entre los que se encontraban sus dos hermanos.
Estos son los conocidos como "crímenes por honor" y cada año alrededor de 1.000 mujeres son víctima de ellos solo en Pakistán, aunque las asociaciones estiman que las cifras son más elevadas. Crímenes que se producen cuando estas no cumplen con la conducta establecida en el país y cuyas causas abarcan desde el adulterio hasta el intento de divorcio.
El Ministerio de Interior ha identificado desde el año 2015 27 casos de matrimonios forzados en España, pero calculan que esta sea tan solo la punta del iceberg, teniendo en cuenta que las Naciones Unidas registran cada año una media de 12 millones de mujeres que son forzadas a casarse con quien no quieren.
Y aunque en nuestro país, como en el resto de países europeos, estos casos se encuentran recogidos por la ley, al igual que la mutilación genital u otras formas de violencia contra las mujeres, todavía existen métodos bajo los que no están amparadas. Un ejemplo de ello es el cautiverio matrimonial del que fueron víctimas Arooj y Aneesa y que se trata de una consecuencia inevitable en la mayoría de los casos de matrimonios concertados.
Formas de violencia contra las mujeres
Shirin Musa es una activista por los derechos de la mujer contra el matrimonio forzado, el cautiverio matrimonial y la poligamia, y fundadora de Femmes for Freedom. Es musulmana, nació en Pakistán y también fue víctima de este tipo de violencia. En su caso, tuvo la suerte de casarse por amor, con el hombre que ella había decidido, a pesar de que su familia tenía otros planes. Pero el problema llegó en el momento en el que, pasado un tiempo, decidió separarse y él se negó a darle el divorcio islámico.
En España, las mujeres musulmanas deben contraer matrimonio dos veces, una por la ley islámica y otra por la española. Por ello, en la mayoría de los casos, los hombres aceptan conceder el divorcio del matrimonio civil, pero no el islámico, por considerar el primero algo carente de valor. Esto supone para las mujeres y para sus familias un estigma social y les impide a ellas desarrollar su vida con normalidad porque pasan a ser consideradas mujeres adúlteras y, por tanto, pueden ser castigadas por la ley como tal.
El problema es que la mayoría de países europeos no tienen recogido el cautiverio matrimonial en las leyes y no asisten a las mujeres que lo sufren. Por lo que aunque el matrimonio forzado no sea legal en territorio español, quienes hayan huido para romper el enlace tendrán que enfrentarse a la vuelta a su país para poder siquiera solicitar la tramitación del divorcio.
“Shirin Musa, activista: "No son problemas exóticos, son problemas del islam"“
Shirin Musa señala la importancia de que los derechos de las niñas sean defendidos y apunta que "no son problemas exóticos, sino que son problemas del islam". Asimismo, hace una petición para que el Gobierno de España tenga en cuenta la violencia ejercida contra las mujeres migrantes y refugiadas, y para que ponga a disposición de las víctimas líneas de atención telefónica donde se les proporcione información y asistencia, como ya ocurre en Reino Unido o en los Países Bajos.
“Shirin Musa: “El matrimonio forzoso no es romántico, es violación, es violencia”“
“El matrimonio forzoso no es romántico, es violación, es violencia”, sentencia la activista, y explica que en muchos casos las familias aprovechan las vacaciones de verano para que las menores vuelvan a sus países de origen y entonces establecer el matrimonio concertado. Por ello, destaca la importancia de asesorar y educar en esta materia para que no se dejen llevar por la idea y sean conscientes de los riesgos que pueden sufrir.
Señala también la importancia de dar un enfoque íntegro a la hora de abordar este problema, garantizando herramientas de prevención y de escape en el caso de que lleguen a producirse los matrimonios. Y destaca el papel que están desarrollando embajadas como la de los Países Bajos en las que facilitan a las víctimas un teléfono de ayuda a través del que les proporcionan, primero, alojamiento, pasaporte y dinero en el caso de que se vean retenidas en su país y forzadas a casarse. Y después, una vez consiguen salir, asistencia para que puedan evita el cautiverio matrimonial y resolver su situación.