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La esperanza europea de los microchips: así es el centro de investigación clave para el futuro de la industria

  • IMEC es un laboratorio neutral que ofrece tecnología a todos los fabricantes de semiconductores
  • La Comisión Europea lo ve como una de las grandes bazas para conseguir el autoabastecimiento de microchip

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La esperanza europea de los microchips: el IMEC

“Mientras la demanda mundial de microchip crece, la producción en Europa disminuye. Tenemos que actuar ya” Con estas palabras, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, dejaba claro que la industria de los semiconductores pasará a ser prioridad comunitaria.

Para conseguir la ansiada independencia de Asia, donde se ubican las principales fábricas, Europa cuenta con un aliado: el IMEC (siglas en inglés del Centro Interuniversitario de Microelectrónica) lleva décadas dedicado a la investigación en nanotecnología y semiconductores de vanguardia. A diferencia de los fabricantes, no compite, sino que investiga con fondos de todas las empresas del sector y pone a su disposición el conocimiento.

Su sede se encuentra en Lovaina, Bélgica, un imponente edificio de 14 plantas que se trata del lugar más neutral dentro de la industria más opaca, la de la tecnología digital. Dentro trabajan 5.000 empleados de 97 países distintos y el galimatías de idiomas lo domina todo. En IMEC buscan soluciones tecnológicas a problemas con orígenes comerciales o incluso políticos.

La escasez ha sido algo global y la urgencia ahora es conseguir una cadena de suministro de microchip más segura en el futuro. Aquí las empresas pueden venir en el período precompetitivo y trabajar juntas para conseguir mejores resultados” asegura Jo De Boeck, jefe de estrategia de IMEC.

Falta de fábricas en Europa

El conocimiento por sí solo no es suficiente. Si Europa pretende conseguir el objetivo de producir el 20% de los semiconductores a nivel mundial, necesita más factorías. Para ello se barajan inversiones cercanas a los 30.000 millones de euros, todavía lejos de los 140.000 que estudia movilizar el gobierno de Estados Unidos.

Buena parte de ese dinero podría ir a la construcción de salas limpias, el corazón de las fábricas de microchip. Son infraestructuras muy escasas y 10.000 veces más limpias que un quirófano, pero su coste es astronómico.

La sala limpia del IMEC está financiada por sus socios y solamente un puñado de ingenieros están autorizados a trabajar allí. Costó 2 billones y medio de euros y tardó 2 años en construirse. Acortar esos plazos será el gran reto de la Unión Europea para conseguir el autoabastecimiento en el menor tiempo posible.

“Tenemos físicos, ingenieros, científicos. Lo que hacemos en esta sala es investigar con ellos. Las funciones del microchip van creciendo, no obstante el tamaño de sus capas disminuye cada vez más. El tamaño llega a ser el del átomo” apunta De Boeck.

Informe Semanal - La crisis de los microchips - ver ahora

Y esas dimensiones requieren de una maquinaria y una precisión al alcance de muy pocos. Se necesitan procesos con más de 100 pasos para extraer un solo microchip y la media son unos 3 meses hasta que están listos para salir al mercado. Cuando las principales fábricas asiáticas pararon por la pandemia, el lento procedimiento para ponerse en marcha de nuevo y los retrasos acumulados desataron el desastre.

A las delicadas técnicas de fabricación hay que sumarle otra variable; el margen de microchip que se desechan después de haber invertido semanas en su producción. Una mota de polvo microscópica puede arruinar todo el proceso.

El futuro de la industria

Los expertos calculan que la escasez mundial de microchip persistirá hasta finales de 2022 y el planeta se prepara para ello. De Boeck recuerda que "los semiconductores influyen en todos los aspectos de la vida", incluido el sanitario.

En los planes de IMEC está aplicar su conocimiento al sector hospitalario y conseguir una tecnología depurada para fabricar microchip verdes y sostenibles. En los de Europa está doblar la actual producción de semiconductores en la próxima década.

Gigantes del sector como INTEL ya anuncian inversiones colosales, cercanas a los 80.000 millones de euros, para ampliar sus fábricas en Europa. La Unión Europea espera que otros sigan su ejemplo y su proyecto más ambicioso es la nueva Ley Europea de Microchip. De momento ya se han saltado una de sus principales reglas de oro: permitir la inversión pública en empresas privadas de microchip. Un primer paso para alcanzar su meta final, lo que Bruselas llama la ‘soberanía tecnológica’.