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Coronavirus

Emprendimiento rural y pandemia: un doble salto al vacío

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Un hombre observa la yeguada en el municipio de Dosante de Valdeporres, en Burgos
Un hombre observa la yeguada en el municipio de Dosante de Valdeporres, en Burgos

Trabajo y mundo rural son, en muchas ocasiones, términos que podrían invitar al desánimo de todo aquel que haya crecido bajo la premisa de que el futuro se desarrolla en las ciudades. Más aún cuando los datos aseguran que el peso económico y laboral de la denominada España vaciada o despoblada sigue en una alarmante caída libre difícil de revertir.

Si bien es cierto que la crisis sanitaria provocada por el coronavirus ha suturado levemente la profunda herida del éxodo rural, los nuevos empadronamientos en pueblos a lo largo y ancho del país no resuelven la gran duda sobre si el emprendimiento en estos lugares es, en plena pandemia, una actividad con alto riesgo de caer en saco roto.

Nacer con la crisis: ¿hazaña o suicidio?

“Todo tiene algo positivo, las crisis implican cambios y esos cambios pueden traer cosas positivas”, así se expresa Martín (37 años). Este uruguayo puso rumbo a Madrid en 2016 tras 15 años dedicado a la industria farmacéutica en Latinoamérica. Cansado del trabajo corporativo, decidió dar un giro a su vida acompañado de Coral, su pareja, y Agustín, socio y cofundador del proyecto que sigue tomando forma en Puebla de la Sierra, un pequeño municipio de apenas 73 habitantes situado al norte de Madrid.

Las crisis implican cambios y esos cambios pueden traer cosas positivas

Bajo el nombre de 'El Refugio Coworking', su ambiciosa iniciativa pretende reactivar la economía local a través de un espacio común de trabajo y convivencia para profesionales en plena naturaleza. Una idea que también implica la apuesta por el producto de proximidad en una suerte de networking rural, pero que se vio obligada a sufrir modificaciones con el inicio de la crisis sanitaria y el estado de alarma. “Nos adjudicaron por concurso público el arrendamiento del edificio que albergaba el antiguo mesón del pueblo, realizamos un buen número de reformas y la pandemia se llevó por delante la idea inicial de apertura en marzo”, destaca Martín.

Vista frontal de las instalaciones de 'El Refugio Coworking' en Puebla de la Sierra (Madrid)

Vista frontal de las instalaciones de 'El Refugio Coworking' en Puebla de la Sierra (Madrid)

Este contratiempo les llevó a improvisar dando prioridad al restaurante y al bar que se encuentra en el mismo complejo: “Claro que temimos por la viabilidad del proyecto, tuvimos que destinar el capital inicial previsto para el coworking al apartado de restauración. A partir de ahí empezamos a reinvertir las ganancias en las obras del resto del edificio”.

La capacidad de adaptación al nuevo tiempo es, según Martín, una de las claves de la subsistencia del negocio en un momento, “siempre complicado”, subraya, como son los inicios: “Pocos pueden decir que cuando empiezan tienen todo hecho. Con una crisis sanitaria de por medio y teniendo que superar obstáculos en el poco tiempo que pudimos mantenernos abiertos, el balance es muy positivo”, afirma.

Martín, Coral y Agustín han pasado del temor que provoca la incertidumbre inicial a un optimismo que viene dado por los avances en la vacunación y el interés que han mostrado en el proyecto empresas y universidades, nos cuentan. “Queremos replicar el proyecto en otras zonas y estamos en una etapa de llevar esta iniciativa a otros lugares. Estamos convencidos de que este concepto puede reactivar el turismo y ofrecer una buena cantidad de opciones que devuelva a la gente a los pueblos y a formar parte de una comunidad”, incide Martín.

La esperanza de una comarca

A casi 300 kilómetros de Puebla de la Sierra se encuentra Pedrosa, localidad burgalesa de 144 habitantes y capital de la Merindad de Valdeporres. Un área relevante en Las Merindadescomarca salpicada de naturaleza y repleta de reducidos núcleos rurales que, en la mayoría de casos, fiaron hace tiempo su supervivencia a la extraordinaria longevidad de sus vecinos.

Para todos los públicos Senderos de Gran Recorrido - GR 85 Merindades (Burgos) - ver ahora
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Subtitulado por Accesibilidad-TVE.

Cuando llegas caminando por un camino una senda y tal, llegas y...

eres más de la tierra, formas un poquito parte de ella y...

y la gente te entra con más confianza, te cuenta historietas,

yo creo que es una forma ideal de conocer no sólo esta comarca,

sino cualquier otra.

Al norte de la provincia de Burgos, los valles y montañas

que conforman la comarca de Las Merindades,

nos servirán de marco para nuestro viaje por el GR 85,

"La ruta de los sentidos".

Comenzando en Villasana de Mena, recorreremos 160 kilómetros

por un sendero que ofrece un fascinante contraste

entre la exuberancia cantábrica y la sobriedad castellana.

Además de disfrutar de la naturaleza atravesaremos pueblos

con varios siglos de antigüedad, como la villa medieval de Frías.

Y disfrutaremos de un abundante patrimonio románico donde destacan..

la iglesia de San Pantaleón de Losa o la de San Pedro de Tejada.

Hasta terminar nuestro recorrido en la localidad de Puentedey.

Pero para poder descubrir La Ruta de los Sentidos,

hay que empezar a andar.

-Hace muy bien día, ¿eh?

Antes de ponernos en marcha,

echamos un vistazo al mapa para repasarlo una vez más.

-Mira, sale al Mena. -Que sale al Mena.

-Y ahora tenemos que ir a salir por la calle de El Medio hacia

-Vallejo de Mena.

¿Está localizado Vallejo de Mena? -Sí, está aquí Vallejo.

-Y tenemos que llegar hasta Castrobarto.

-Aquí está el ratón. -Esto va a ser lo del puerto de La Magdalena.

-Esto era la montaña, ¿no? -No es ninguna, no.

-Nos vamos pa allá, ¿no? -Venga, a por ello.

Aunque Villasana tiene un atractivo patrimonio

como el convento de Santa Ana y la torre de Los Velasco,

estamos ansiosos por dar los primeros pasos

y no nos entretenemos más.

Comenzamos recorriendo el valle de Mena, de aspecto cantábrico,

para pasar al valle de Losa, mucho más castellano.

Y conocerlo con más detalle a través de pueblos

como Lastras de la Torre o Robredo.

Tras una zona plagada de loberas,

será la iglesia románica de San Pantaleón de Losa

lo que más nos llame la atención antes de completar este tramo.

Los amantes de las conspiraciones milenarias afirman

que la iglesia de San Lorenzo, en Vallejo de Mena,

perteneció a la orden del Temple.

Pero lo cierto es que esta maravilla del románico

no necesita tanta fantasía para ganarse el sobrenombre

de "La catedral del valle".

800 años después de que se labraran estos capiteles,

la mezcla de santos cristianos y arpías y grifos paganos

sigue siendo fascinante.

En el pueblo de Siones, nos volvemos a detener en una joya del románico.

Santa María de Siones.

Como la de Vallejo, data del siglo XII,

y por supuesto también se la asocia con los caballeros templarios

Aunque el valle de Mena sufrió una importante deforestación

por la actividad carbonera y la ganadería, aún conserva

grandes extensiones de hayas y bosques de hoja caduca.

El GR se cruza varias veces con las vías del tren

que unía La Robla y Bilbao.

Con 240 kilómetros, era la línea de vía estrecha más larga de Europa.

Aunque de poco le sirvió, porque, después de un siglo,

en 1990 fue abandonada.

La subida al puerto de La Magdalena se realiza por el sendero

que en la zona llaman "Camino de los árabes".

En realidad es una antigua calzada romana que también fue usada

por los peregrinos hacia Santiago.

Con fines menos espirituales, los contrabandistas y estraperlistas

la usaron siglos después durante la última posguerra.

Una vez arriba podemos disfrutar del valle de Mena a nuestra espalda

que se mantiene siempre verde.

-Ha sido una constante evolución el marcaje de de un GR,

porque, al principio, no teníamos mucha idea

y estábamos todo el día experimentando, ¿no?

Al final, bueno, pues ya hemos cogido experiencia y hacemos sobre todo

el que uno siempre vaya más adelante

para visualmente localizar el punto -Sí.

con motosierra ya lo vamos limpiando, en fin, es un

es una labor un poco ensayo-error.

Entramos en el valle de Losa a través del pueblo de Castrobarto.

De la antigua torre de los Salazar apenas quedan unas ruinas en pie.

-Muchos suben que vienen por ahí a La Magdalena a ver eso, ¿eh?

-No, pero -¡Buh! Cantidad. Sábados y domingos.

De todas las formas, qué trabajo los antiguos, no te creas que

para las piedras "pa" arreglarlas y "pa" todo, ¿eh?

Y eso que no habían estudiado, ¿eh?

-Cuántos metros puede tener esa altura, ¿25?

No llegará. -No los tiene.

Ladridos.

Avanzamos por el Camino Real, que antes fue calzada romana.

En este tramos son más frecuentes los encuentros con turistas

que con habitantes del lugar.

Algunos pueblos, como Vescolides, fueron fundados hace casi 1.000 años

Pero en apenas 50, el éxodo rural los ha dejado desiertos.

La albañilería de Lastras de la Torre se ha hecho famosa

por emplear lastras de piedra unidas sin cemento ni argamasa.

Hace 100 años, los expertos censuraban este tipo de arquitectura

Mientras que hoy, los habitantes de las ciudades pagan un extra

para dar este aspecto rústico a sus casas de campo.

Una vez repuestas las mochilas en Quincoces de Yuso

salimos del pueblo por un pequeño puente romano

y continuamos hacia Castro Robredo.

En lo alto del monte de Castro existe un mirador

desde el que disfrutar de la belleza de este paisaje

típicamente castellano.

Ladridos.

En Robredo se percibe una apacible tranquilidad

a la que es inevitable entregarse.

Hoy sólo cuenta con dos vecinos.

Pero hace años era uno de los centros de cría del caballo losino.

Una raza propia del valle que está a punto de extinguirse.

A la salida de Robredo,

nuestra ruta se cruza con otro sendero de gran recorrido.

No hay pérdida: el camino está perfectamente balizado.

En el valle de Losa era muy frecuente la presencia de lobos.

Los ganaderos levantaron trampas para darles caza.

La lobera de Las Barrerillas es un buen ejemplo.

El sistema es sencillo: dos altos y largos muros de sillarejo

forman un embudo que desemboca en un foso

donde los lobos eran rematados después de caer.

La lobera de Las Barrerillas es la mejor conservada

de las muchas que hay en Losa.

De hecho el valle tiene el dudoso privilegio de contar

con el mayor número de loberas de Europa.

La ermita románica de San Pantaleón de Losa

aparece citada en los libros de texto escolares.

Está construida sobre una imponente peña con forma de proa de barco.

Si las anteriores iglesias románicas guardaban leyendas,

a esta se le vincula con la mayor de todas: la del Santo Grial.

Amparados por esta historia,

investigadores y visitantes proponen

interpretaciones fabulosas sobre sus relieves y capitales.

A pie o en bicicleta cruzamos Las Campas del Jucal

y nos dirigimos hacia el valle de Tobalina.

El GR está trazado sobre el antiguo camino de Los Pescaderos,

que unía Castilla con los puertos vascos.

Dado que Mena y Tobalina quedaban en medio

dieron origen a una tradición de arrieros

que ha desaparecido para siempre.

Desde Quintanilla de Montecabezas caminaremos

por el valle de Tobalina, a la sombra de bosques muy tupidos

para llegar a la villa de Frías,

que conserva intacto su encanto medieval.

Después, cruzando el desfiladero del Molinar,

nos dirigiremos a Trespaderne,

adonde llegaremos acompañando al Ebro desde Cillaperlata.

A la entrada del pueblo de Paralluelos se erigía la iglesia

de San Miguel Arcángel.

Hoy está totalmente en ruinas y no precisamente por el paso del tiempo.

Un descuido durante la quema de rastrojos

provocó el incendio accidental de la iglesia.

Este pueblo, como muchos otros, se despuebla poco a poco,

hasta que en unos años no sea más que un recuerdo

en la vereda del camino.

El mazacote de piedra que nos encontramos a la entrada a Lomana

es una vieja torre defensiva construida en el siglo XV

por la familia Bonifaz.

Llegamos a uno de los puntos más destacados del sendero,

la necrópolis medieval de San Clemente.

De lo que fue un importante centro eremítico

sólo quedan estas 38 tumbas excavadas en la roca.

Las vistas son tan espectaculares que no nos extraña

que eligieran esta peña para dar sepultura.

Según nos vamos acercando a Frías,

lo primero que destaca en la distancia es

la silueta de su castillo.

Entramos en la villa por el grandioso puente que cruza el Ebro.

No sólo impresiona por su tamaño y por su torre central,

sino porque lleva en pie desde el siglo XII.

La mayoría de las casas del casco antiguo conservan

el sabor medieval de toda la villa,

aunque muchas fueron construidas en siglos posteriores.

Paseando por sus calles es inevitable sentirnos transportados..

a los tiempos en que Frías era una de las villas

más importantes de la zona.

A escasos kilómetros de Frías se encuentra Tobera.

Una pequeña localidad situada a ambas márgenes del río Ranera

que pertenece al término de Frías.

Aprovechando su caudal constante,

los vecinos de Frías construyeron nueve molinos de agua

que hicieron de la ciudad un pionero centro preindustrial.

El pequeño pueblo es la boca de entrada del desfiladero del Molinar.

Al internarnos por la garganta, llegamos a las ermitas de Tobera.

Precedidas por un pequeño puente medieval.

Son dos ermitas barrocas construidas en el siglo XIII

y enclavadas en un lugar de ensueño.

En Villanueva de los Montes,

Ignacio Herrán sigue trabajando la madera de boj

con las herramientas de toda la vida.

-Con estas herramientas nunca me he cortado, con la navaja alguna vez.

Algo, pero poco.

Bueno, pues así está en la forma "dao".

Yo, yo yo de cada palo una pieza.

Que no me permita usted yo tenga buen acero esta mañana con lo que trabajar

Ignacio es heredero de una tradición que tuvo en Frías

a los mejores cuchareros del norte.

Cillaperlata no sólo conserva el aspecto típico

de los pueblos de Las Merindades,

sino que sus habitantes mantienen algunas costumbres

y el ritmo cotidiano de épocas menos apresuradas.

De Cillaperlata a Trespaderne,

el GR se convierte en un paseo muy agradable por la ribera del Ebro

Precisamente en la confluencia del Ebro con el río Nela

llegamos a Trespaderne.

Inmediatamente nos damos cuenta de que el urbanismo descontrolado

le ha privado de la personalidad de los pueblos de alrededor.

Nos tropezamos con el antiguo ferrocarril

que cubría el trayecto Santander-Mediterráneo.

Tras el cierre de la línea, la estación se ha reconvertido

en un centro de divulgación muy útil sobre la historia de la villa..

y los alrededores.

Desde Trespaderne, por el cañón de La Horadada,

llegaremos a Tartalés de Cilla y a través de la sierra de La Tesla

a Tartalés de los Montes, puerta de entrada al valle de Valdivielso.

Recorreremos el valle visitando alguno de sus pueblos

como Hoz, Quecedo y Arroyo,

y cruzaremos el Ebro en Puente Arenas para finalizar en El Almiñé.

A través del desfiladero de La Horadada,

llegamos a Tartalés de Cilla, un típico pueblo caminero.

Las casas, en vez de desperdigarse, se suceden una tras otra

a lo largo del camino.

Nos espera un ascenso constante para salvar un desnivel de 300 metros

hasta alcanzar el Alto del Cardal.

Un tramo de bajada y llegamos a Tartalés de los Montes,

muy deteriorado debido a su aislamiento.

Aún así la madera y los tapiales de yeso

característicos de la arquitectura de la zona,

se distinguen perfectamente.

La vida en estas sierras nunca fue fácil.

Durante siglos, Tartalés permaneció unido al valle de Valdivielso

sólo por un peligroso camino arañado en la roca.

Esto mantenía al pueblo prácticamente aislado de la comarca.

Hasta que a mediados del siglo XX construyeron el túnel actual.

Aunque el descenso hasta Hoz de Valdivielso se hace por carretera

el espectacular paisaje compensa el hecho

de tener que pisar sobre asfalto.

Al otro lado del desfiladero salimos al valle de Valdivielso,

a la altura del pueblo de Hoz.

El valle presume de producir unas cerezas deliciosas

pero sobre todo de ser cuna de apellidos ilustres,

como los Ruiz de Valdivielso, los Huidobro,

los Velasco o los Quecedo,

de ahí que se le conozca como "El valle de los hidalgos".

Muchas fachadas lucen escudos y blasones

que tienen 4 y 5 siglos de antigüedad.

Si estamos atentos los podremos ver en los pueblos del valle.

Hoz, Valehermosa, Arroyo o Quecedo.

Y junto a tanto apellido de abolengo por supuesto también iglesias

y rincones muy agradables donde hacer un alto.

-¿Por qué tengo este agua?

Precisamente porque hay mucha agua ahí atrás.

-Eso se llama el monte de San Pedro. -Ahí hay agua

Esta agua baja de allí y más que va a otro pueblo, ¿me entiende?

-A otra población. -Aquí las ovejas subían y hacían

casi prácticamente allana.

O sea, hay un corte de terreno, igual la piedra va "cargá". -Sí.

-Igual tiene 40 metros cortaos así. -Es precioso pa si lo vierais

-Eso en verano es una gozada -Y detrás de estas montañas hay

otras dos, y otras dos más y ahí se terminan, es precioso

-Y luego ya La Tesla y ya otro valle

Tras escuchar los consejos de los vecinos de Arroyo,

nos dirigimos a la ermita de San Pedro de Tejada.

Como cualquier ermita románica, también está decorada

con diversos motivos e imágenes

aunque en este caso no todas muy ortodoxas.

Algunas figuras representan desde partos

a hombres y mujeres levantándose el vestido

para mostrar sus genitales, con todo lujo de detalles.

Cruzamos el Ebro a la altura de Puente Arenas para coger el camino..

que nos llevará hasta Tudanca.

Antes de abandonar el valle, el GR discurre sobre el Camino Real

que atraviesa el pueblo de El Almiñé.

A ambos lados de la calle se levantan

soberbias casas señoriales que forman parte del núcleo del pueblo.

El asfalto deja paso al antiguo camino romano.

La subida se realiza sobre el empedrado original

reparado por los propios vecinos del pueblo en el año 1556.

A medida que aumenta el desnivel, la calzada nos permite apreciar

el esplendor de su obra.

Desde El Almiñé subiremos a la yerma tierra de Los páramos,

desde el recóndito pueblo de Haedo de Butrón descenderemos

para coincidir de nuevo con el Ebro en Tudanca, y junto a él

salvar el espectacular paso de Los Tornos para llegar a Cidad.

Pero aún nos queda atravesar el estrecho cañón de las Palancas

entre Lándraves y Munilla, para concluir este fascinante tramo.

Tras una larga cuesta, al fin llegamos al páramo.

La ermita de Nuestra Señora de la Hoz se erige como único testigo

en medio del desolado paisaje.

La vegetación es escasa en la estepa y el viento aunque invisible

es uno de los elementos distintivos de la zona.

Comenzamos a descender hacia Tudanca,

pero antes encontramos un pequeño pueblo escondido: Haedo de Butrón.

El sendero apenas entra en el pueblo pero merece la pena visitar

la iglesia de Santa María la Mayor.

Según los especialistas, las imágenes esculpidas en la portada

pueden haber sido obra de los mismos artistas

del monasterio de Santo Domingo de Silos.

Una vez que tomamos el camino de Valdehaedo

el descenso es rápido hacia Tudanca y los cañones del Ebro.

El sendero vuelve a ser sobrecogedor

flanqueado por arces, peñas y encinas.

-Mira, José Ángel, alguien se ha dejado la puerta abierta.

-Pues abría que cerrarla para que no se escape el ganado, ¿eh? -Sí. -Venga

Como senderistas, es nuestra responsabilidad mantener el GR

en perfecto estado, por ejemplo cerrando las vallas

para evitar que se escape el ganado.

El Ebro de nuevo es una presencia fundamental en el valle.

En el caso de Tudanca ha sido

una de las principales fuentes de subsistencia para sus habitantes.

El pueblo siempre estuvo aislado por grandes paredes rocosas

que le impidieron desarrollarse económicamente.

Canta el gallo.

Gallinas

Tal vez también gracias a ese aislamiento conserva

un encanto inalterado.

Gallinas.

A algo menos de un kilómetro y medio de la salida de Tudanca

el GR se convierte en un estrecho sendero que asciende entre quebradas

Es el Paso de los Tornos.

La subida tiene algunos repechos un poco más duros,

pero lo compensa el intenso olor de los enebros y las sabinas negras.

Antes de terminar la subida paramos a tomar aliento y disfrutar

del paisaje que nos ofrece el cañón del Ebro.

Estas quebradas son además el lugar de cría de algunas rapaces.

Conviene hablar en voz baja, y no salirse del sendero

para no molestar a estas aves tan delicadas.

A través de un rústico pontón cruzamos el Ebro

y entramos en Cidad, un buen lugar para reponerse del esfuerzo

del puerto de los Tornos.

El siguiente pueblo es San Miguel de Cornezuelo,

en él sí se mantiene en buen estado su iglesia,

con más de 800 años.

Tras pasar las localidades de La Huerta y Lándraves,

el GR llega a la Vega de Las Palancas,

uno de los tramos más estimulantes para el senderista.

El sendero discurre ahora junto al arroyo de Las Palancas.

El desfiladero se va haciendo más y más estrecho

hasta que se convierte en un angosto cañón

de apenas cinco metros de anchura.

Al lugar se le conoce como "Las Palancas"

y cuando el arroyo viene crecido,

es imposible continuar por este punto.

Los dos siguientes pueblos de nuestra ruta son Munilla

y Hoz de Arreba.

Entre ambos salvamos la sierra por el Portillo Esmeril.

No es un puerto muy duro, pero el párroco de Hoz

tenía que realizar este trayecto ida y vuelta todos los domingos

para dar misa en Munilla.

En agradecimiento por su esfuerzo, o con mucha ironía,

hoy se le conoce como "El camino del cura".

La economía de Hoz de Arreba,

como de muchas otras localidades de la zona,

se basaba en la energía de los molinos.

Este mantiene parte de su maquinaria en buen estado,

gracias a que ha sido reconvertido en vivienda particular.

Muy cerca encontramos Las Hoyas del Piscarciano,

un conjunto de simas y grutas de más de 14 kilómetros de longitud

que deben su nombre a un famoso bandolero.

A este complejo de galerías se accede

por tres cavidades distintas

que con el deshielo o la lluvia quedan inundadas.

Cuidado con lanzarse a explorar el interior porque puede ser peligroso.

Desde Hoz de Arreba, en dirección a Soncillo,

entraremos en el valle de Valdebezana.

Ya en la localidad de Quintanabaldo,

el trazado de la línea férrea Santander-Mediterráneo

nos conducirá hasta Puentedey.

Llegando a Soncillo, el paisaje vuelve a cambiar.

Si antes era más castellano, ahora recupera su aspecto cantábrico.

Pisamos sobre grandes extensiones de prados de siega siempre verdes.

Un poco más adelante entramos de lleno en el bosque de Las Pisas.

Es un gran hayedo en el que también conviven robles, avellanos y acebos.

El GR 85 tiene el apodo de "La ruta de los sentidos",

y es en un lugar como este donde comprendemos por qué.

Las hayas forman un tupido muro que cambia de color con las estaciones.

Y el olor de los avellanos resulta penetrante.

Cada vez nos detenemos con más frecuencia,

como si quisiéramos retrasar el final del viaje.

Ahora la excusa es beber en la fuente de Báscones de Bezana.

El trazado de un GR se hace sobre las sendas, vías,

y caminos tradicionales.

Pero a veces demandan nuevas infraestructuras,

como el pequeño puente que salva el arroyo Saúl.

El camino se cruza de nuevo con el ferrocarril Santander-Mediterráneo.

A un son visibles las señales, los túneles y los puentes.

Esta antigua línea que atraviesa Las Merindades de punta a punta

ha terminado siendo una metáfora del progresivo abandono

de los pueblos de la comarca.

Pero también puede ser un ejemplo de recuperación.

En breve, esta línea férrea se convertirá en una vía verde.

-Pues, José Ángel, estamos en Puentedey, bonito el camino, ¿eh?

-Sí, es una forma bonita de conocer la comarca de Las Merindades

sin pisar asfalto.

Bajamos un poquito nuestras botas, relajar los pies

y charlar un ratillo de lo que hemos visto.

-¿Está fría el agua? -Está buena, ¿eh? Está buena.

Nos ha encantado el camino, ¿eh? Yo creo que es muy interesante.

Creo que es la mejor forma de acabar.

-Ya, pues mañana también te integras mucho con la naturaleza.

Se oyen unos sonidos de fondo, los pajaritos que llevamos comentando

estos 6 ó 7 días que llevamos andando.

Es altamente satisfactorio.

Luego llegar a un pueblo como Puentedey con este

remanso de paz, este airecito, esta brisa

y los pies en el agua refrescando ya es el colmo. -Y tener aquí

una cervecita ahora. -Ahora mismo.

Puentedey es el final de La Ruta de los Sentidos,

que nos ha abierto las puertas del norte de Burgos.

Durante el regreso a casa, no podemos evitar

que en la conversación se mezclen los recuerdos de este GR 85

con los preparativos del siguiente viaje.

Subtitulado realizado por Jorge Luis Hernando Méndez.

Senderos de Gran Recorrido - GR 85 Merindades (Burgos) - ver ahora

Inmersos en la búsqueda de planes con los que dinamizar la economía comarcal y animar la llegada de visitantes, el consistorio invirtió cerca de tres millones de euros en la construcción de un parque multiaventura como alternativa a la clásica oferta rural. "El proyecto Valterria tiene mucho trabajo detrás. Es una oportunidad para el empleo en la zona y el desarrollo de los negocios que ya existen, y aunque es cierto que la pandemia ha sembrado cierta inquietud, desde el Ayuntamiento tenemos esperanza y seguimos brindando un apoyo total para que salga adelante", apunta Belisario Peña, alcalde de la localidad.

La casualidad hizo que la apertura de puertas de esta apuesta por el turismo de aventura coincidiera con el comienzo del confinamiento, algo que desde la empresa encargada de la gestión sí supuso un problema que han tenido que sortear como han podido.

"Teníamos varias líneas de acción con actividades para empresas, colegios y la apertura de campamentos, sin embargo tuvimos que centrarnos en las visitas de turistas de a pie que llegaban los fines de semana o pasaban algunos días de verano", destaca el responsable de comunicación de la firma adjudicataria, Iker Fernández. Tanto para él como para el resto de responsables, las partidas inesperadas para garantizar la seguridad en el recinto han sido un pequeño lastre que, esperan, sirvan para impulsar el potencial del parque a medio largo plazo: "Es probable que esta primavera volvamos a encontrarnos con una situación similar, pero trabajamos con la confianza de que la gente que ha venido a conocernos se ha ido satisfecha y con ganas de más, ese es el mensaje y el respaldo de la Merindad de Valdeporres contribuye al optimismo de cara al futuro", sostiene.

Lo importante es no quedarse parados e intentar avanzar más rápido

La nueva normalidad impuesta por el coronavirus no ha marcado la hoja de ruta de este enclave burgalés que, pese a las actuales circunstancias, sigue buscando fórmulas con las que encontrar respuestas a los interrogantes planteados por la despoblación y la COVID-19. "Ahora estamos poniendo mucho esfuerzo en un nuevo proyecto con el que poner a disposición de autónomos y emprendedores espacios de trabajo para que puedan desarrollar su actividad. Lo importante es no quedarse parados e intentar avanzar más rápido", recalca Belisario Peña.

¿Reinventarse o soportar la tormenta?

En un tiempo en el que los negocios rurales han sufrido caídas en su facturación por las restricciones al turismo, buscar alternativas a su habitual actividad parece una opción obligada. Así lo entienden Duncan (53) y Mila (51). Británico él y burgalesa ella, apostaron hace casi 21 años por un alojamiento, entonces, poco frecuente. "Es un hotel rural especializado en cursos presenciales de inmersión lingüística", nos cuenta Mila. Con la lengua inglesa como gran reclamo, el 'Hotel Rural La Engaña', situado en el mismo Pedrosa, ha dejado de colgar el cartel de no rooms en su recepción para reforzar la apuesta online. "Antes yo daba alguna clase a través de Internet y ahora hemos aumentado muchísimo el volumen de esta modalidad", asegura Duncan. 

El británico Duncan Holt frente a su negocio en Pedrosa de Valdeporres

El británico Duncan Holt frente a su negocio en Pedrosa de Valdeporres

Esta suerte de reseteo laboral no ha dejado de lado a los cursos presenciales, "aunque con grupos mucho más pequeños para cumplir con la normativa", inciden. Para esta pareja, el optimismo es una de las claves para escapar de las malas noticias: "Hay que asumir este contratiempo como un reto, ya que la evolución del modelo online nos está permitiendo desarrollar una mejor metodología de enseñanza y estamos convencidos de que continuaremos mejorando el sistema para, en el futuro, seguir ofreciendo este servicio al mismo nivel", destaca Duncan. Natural de Wolverhampton, sabe lo que es adaptarse y pelear por un sueño. "En 1996 llegué a Burgos y tras dar clases en academias y en empresas empecé a tener la idea de cambiar la forma de enseñar y mostrar una opción diferente que fuera como vivir en inglés", cuenta. Su historia, con distinto acento, tiene algunos puntos de encuentro con la de Nazaret (38). Ella también abandonó su trabajo en la ciudad, para apostar por un cambio de rumbo que la llevó a Paredes de la Nava, localidad palentina de menos de 2000 habitantes.

"Soy de la generación del estudia, vete y que te vaya muy bien para no tener que volver", relata. La vida rural no le era desconocida, ya que creció a los pies de la Sierra de la Culebra (Zamora) y el recuerdo de recoger setas con su padre le dio la idea de su actual negocio: 'EntreSetas'. El premio a la 'Excelencia a la Innovación de la Actividad Agraria' que le otorgó el Ministerio de Agricultura en 2019 no ha sido una garantía para esquivar los golpes que dejaba el avance de la pandemia. "En nuestro caso el proyecto de crecimiento se ha visto retrasado. Teníamos un plan de expansión que se ha visto trastocado y pospuesto a dos o tres años vista", insiste.

Nazaret Mateos trabajando dentro de su invernadero de setas.

Nazaret Mateos trabajando dentro del su invernadero de setas.

Frente a este inesperado traspié, Nazaret resalta la relevancia que han cobrado las redes sociales e Internet en un tiempo en el que el tijeretazo a los mercados itinerantes y el cierre de algunos establecimientos a los que proveían de producto han marcado el ritmo de ventas. "Le dimos mucho más peso a lo online y generamos grupos de WhatsApp con clientes que nos conocían, para la distribución directa de la seta fresca a domicilio".

La posibilidad de reciclar una idea para no truncar su recorrido no siempre es sencilla ni posible de realizar. Es el caso de Cristina (53) e Iñaki (58). Tras 24 años veraneando en Quintana de los Prados (Burgos), una aldea de apenas 40 habitantes, decidieron poner en marcha en 2017 la idea que siempre habían tenido en mente: la apertura de un restaurante. Así nació 'El Petirrojo', una ilusión que cogía forma con el esfuerzo y los ahorros de esta pareja que dejó sus profesiones en Bilbao para tomar las riendas del local.

Estamos tirando de nuestros ahorros y todo tiene un fin

“Al principio no le dimos mucha importancia, pero a medida que pasa el tiempo la situación se vuelve dramática”, así recuerda Cristina el confinamiento de la primera ola. “Estuvimos cerrados desde el 13 de marzo al 18 de junio y malgastamos dinero porque cuando volvimos al restaurante hubo que tirar a la basura material y producto”, asevera. Para ellos, la pandemia deja un reguero de dudas sobre la posibilidad de retomar la actividad. “Ahora aguantamos, pero estamos tirando de nuestros ahorros y todo tiene un fin”, enfatiza Iñaki.

La burocracia como gran obstáculo para recibir ayudas

Aunque las administraciones regionales han puesto en marcha líneas de ayuda para tratar de mitigar el impacto de la pandemia, las principales quejas de estos emprendores van dirigidas a la imposibilidad de acceder de manera sencilla a estos subsidicios. "Es una de las principales barreras que encontramos cuando, además, los bancos han cerrado el grifo. Sabemos que hay ayudas, pero no tenemos tan claro como solicitarlas para que lleguen", cuenta Martín de 'El Refugio Coworking'. Para Cristina e Iñaki de 'El Petirrojo' el problema va más allá de la tramitación, "ya te digo que en tiempo y forma no llegaron (las ayudas) en la primera ola y tampoco han llegado en esta tercera", remarcan. 

Castilla y León, por ejemplo, ha habilitado 20 millones de euros en subvenciones con diferentes cuantías según el número de trabajadores del establecimiento, para paliar el impacto económico del coronavirus en la hostelería y el turismo. Cantidades insuficientes, critica el sector, que teme que con los posibles cierres se ponga fin también a la esperanza de ver una España rural repoblada.

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