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El sastre que hace sublime un sencillo vaquero

  • Fernando García de la Calera investiga con tejidos para renovar el oficio
  • Reinterpreta la sastrería con guiños al campo y al 'working wear'
  • Es el alma de The Concrete Co. y un férreo defensor de la artesanía 

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Fernando García de la Calera trabajando en su taller.

“El material que se utiliza en la construcción de las prendas es tan importante como la técnica utilizada para fabricarlo. Por lo tanto, dedico mi tiempo a investigar nuevas telas, detalles y añejos, para conocer y aprender la historia detrás de ellos”. Con esta declaración de intenciones se presenta Fernando García de la Calera. Un sastre del siglo XXI que trabaja siguiendo los dictados tradicionales del oficio pero con la mente abierta a nuevas experiencias, sensaciones y emociones. Porque la moda provoca todo tipo de sentimientos. Un patrón perfecto, un tejido noble o un detalle especial tienen poderes especiales.

Fernando trabaja el denim en todo tipo de patrones. R. Muñoz

Recibe en su nueva tienda situada en el barrio de Las Letras, un espacio con enormes ventanales atravesados por una luz que ilumina percheros y otros muebles cuajados de prendas, herramientas y enseres con historia que hablan de un arte que se ha revitalizado en los últimos años. Destacan los tejidos y entre todos, el denim. Su gran aliado. 

“El primer vaquero a medida lo hice en denim japonés. Hace ya seis años y desde entonces la demanda ha ido creciendo”, dice. Sus pantalones mezclan códigos de la estética working wear con toques militares, siempre buscando la comodidad pero sobre todo la belleza de cada prenda. “Llevan un acabado perfecto y detalles como el bolsillo doble con pinza hacia adentro o la cincha en la parte de atrás. Es una pieza clásica, hecha a medida, pero a la vez es informal”.

The Concrete Company hace sublime el denim.

La palabra comodidad, aquí, se declina de forma distinta. No se trata tanto de la forma, más bien se refiere al tejido. “Un pantalón es cómodo porque está hecho en denim pero también porque lleva el tiro alto o lleva pinzas, y porque no es necesario plancharlo todos los días, ni llevarlo a la tintorería. Además envejece de forma especial y gana con los años”.

El éxito de este tejido ha abierto la puerta a otras texturas y ya tiene entre manos linos de Mallorca, tejidos británicos que mezclan algodón y lana, sargas de algodón... Ahora empezará a trabajar con lana merino española para estrenarse con las prendas de punto. “Quiero hacer piezas como ese jersey de tu abuelo que lo ves y sientes que lo necesitas. Me gusta descubrir cosas nuevas, en tejidos y en oficios artesanos que están desapareciendo”, dice, y cita puebles de Castilla y León en los que ha encontrado genios que conservan lo aprendido de generación en generación: los calcetines sin costuras de Val de San Lorenzo o las pieles curtidas de Santa María del Páramo, ambos en León. “Es fundamental conectar con la artesanía popular porque de lo contrario estos pequeños talleres cerrarían”.

Bolsillos dobles de tipo milirar, cinchas traseras, costuras perfectas... Es el nuevo denim.

Por suerte hoy son muchos los diseñadores, modistas y sastres que abogan por preservar y poner en el lugar que corresponde a esos artesanos que hay por todo el país. Él, además, busca, compra y repara maquinas antiguas para lograr que el producto final mantenga una fuerte conexión con la nobleza del oficio.

“Disfruto con el aprendizaje y la investigación de los tejidos pero también con el diseño para llevarlo todo a mi campo. También con el trato directo con el cliente, especialmente con ese que tiene gustos afines a los míos”. Es consciente de que no todo el mundo quiere pasar por el proceso de trabajo a medida. Por precio o por tiempo. De ahí que haya desarrollado patrones y tallas para vender directamente. Piezas con un precio muy competitivo, flechazos que puedes llevarte al instante. “Ahora vamos a hacer también una línea de mujer con la misma estética, adaptando los patrones de hombre porque la feminidad no la pone la prenda, la lleva la mujer”, sentencia.

Muestrario de botones para personalizar las prendas. R. Muñoz

No es un recién llegado. Este dandi del siglo XXI, un Beau Brummell con tatuajes, creó The Concrete Co. en 2007. Empezó haciendo camisetas de algodón y monopatines, y se lanzó a diseñar los primeros vaqueros que se confeccionaban en Portugal y Perú. La crisis cambió su estrategia comercial y su visión del negocio, y apostó por formarse en sastrería clásica en talleres especializados, como el de Gabriel Besa. En 2011 retomó su propia marca y comenzó un camino diferente. El mundo de la moda había cambiado y él, también.

El sastre Fernando García de la Calera.

Es consciente de los daños que causa el lavado de las prendas, sobre todo desde que vivió en Mallorca. “Creé una conexión muy fuerte con el mar. Es un paraíso que se está estropeando, por eso es necesario fabricar y consumir de otra manera”. Y esto le ha llevado a trabajar con Jeanologia, galardonada como mejor empresa sostenible de moda en la última edición de los premios IED, y vigila tanto la producción como el stock y los deshechos. “No soy el mismo que cuando tenía 24 años. Ahora apuesto por colecciones muy limitadas y por tejidos únicos. Lo bueno es que de algunos solo salen cinco o seis prendas nada más. Y, claro, son más especiales”.

Es consciente del poder de las redes sociales y del ruido mediático que generan pero cree que hay espacio, y cabida, para todos y todo. “No soy diseñador de moda pero me gusta ser intrusista. Estaría bien hacer un desfile pero no algo convencional, me gustaría exagerarlo un poco, salirme de lo establecido”, revela, y cita a uno de los grandes renovadores de la sastrería masculina, Thom Brown.

Defiende la teoría de que las prendas se estropean con el lavado. “El cuidado depende de los tejidos pero es cierto que no hay que lavar tanto las prendas, sobre todo por la forma de vida que llevamos ahora en las ciudades. Yo tengo pantalones vaqueros desde hace dos o tres años y no los he lavado más de cinco veces”.

The Concrete Company permite personalizar cada prenda que se hace a medida. R. Muñoz

También cree interesante el ofrecer ropa de temporada y adelantarse a las necesidades del cliente que pueden variar de una semana a otra en función de los caprichos climáticos. “Si hace frío saco unos abrigos o chaquetas, que es lo que hacía antes. Me parece más interesante esto que tener que esperar seis meses. Pero claro, me lo puedo permitir porque tengo aquí mismo el taller”.

Es otro concepto de moda. Ajeno a la vulgaridad del usar y tirar. El tiempo, aquí, es oro. “Cuando alguien quiere una pieza a medida la diseñamos juntos y elegimos el tejido. No hay patrón y lo trazamos sobre la tela. En una o dos semanas, depende de la prendas, se hace la primera prueba y se pasa al hilvanado. La prenda está lista en dos semanas. ¡Es como la alta costura!”.

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