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Elena Anaya regresa a la fiesta

       
  • La actriz vuelve a las pantallas dos años después de ganar el Goya
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  • Pensé que iba a haber fiesta cuenta con la participación de TVE
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  • Es una coproducción con Argentina que se estrena el 10 de enero

Por
Tráiler de 'Pensé que iba a haber fiesta'

FICHA TÉCNICA

Año: 2013
Duración: 85 min.
País: España-  Argentina
Directora:  Victoria Galardi
Guion: Victoria Galardi
Reparto: Elena Anaya, Valeria Bertuccelli, Fernán Mirás, Esteban Lamothe, Esteban Bigliardi, Abigail Cohen

Una actriz de tránsito. Así se puede resumir la carrera de Elena Anaya y, también, el personaje de su nueva película: Pensé que iba a ser fiesta. Tras ganar en 2011 el Goya a mejor actriz por La piel que habito, y pasear de la mano de Almodóvar por las pantallas de medio mundo, la actriz palentina ha vivido uno de esos baches inherentes a su profesión.

Un año y pico en el que apenas llegaban proyectos del que ha sabido extraer el lado positivo. “Disfrutas de tu vida y tienes tiempo de estar con los tuyos”, afirma. “Aunque ahora suena fácil decirlo, pero en el día a día no sabes cuánto tiempo vas a parar: es un poco divagar y no saber si van a ser tres semanas, tres meses u once. Poquito a poco te vas a organizando, vuelves a formarte, disfrutar de lo amigos o estar un poquito en casa”.

Ahora regresa con una película de la directora Victoria Galardi (Cerro Bayo, Amorosa Soledad), rodada durante cuatro semanas en Argentina. Pensé que iba a haber fiesta, participada por TVE, es una cinta sobre sentimientos anestesiados en la que Anaya interpreta a una actriz afincada en Argentina que, durante una estancia en casa de una amiga (Valeria Bertuccelli), inicia una relación con el exmarido de esta (Fernán Mirás). Una película que se presentó en el último Festival de Cine de San Sebastián y que se estrena en España este viernes 10 de enero.

La amistad cuestionada

El encuentro con la directora argentina Victoria Galardi fue amor a primera vista. “Es todo como un flechazo: me identifico muchísimo con su mirada, me pareció muy valiente, muy arriesgado y personajes muy interesantes”. Pensé que iba a haber fiesta es una historia en la que no hay culpables pero sí heridos. Y que cuestiona una amistad que se replantea si su solidez era tal. “Es que la vida es así: de pronto pierdes una amistad por algo que ocurre y dices: ¿cómo es posible que esto no se pueda solucionar?”, se pregunta.

La cinta pertenece a un subgénero que podríamos llamar 'películas de piscinas'. Alrededor de la 'pileta' de una familia de clase media alta se desnudan la debilidad de unos lazos supuestamente firmes. “Es ese aburrimiento de esa gente que parece tenerlo todo, gente a la que la vida se lo ha puesto fácil, que sus proyectos funcionan y sus casas son preciosas. Y la piscina estropeada es como una metáfora de ese aburrimiento, de ese malestar oculto e invisible de alguna parte de la sociedad. Es un personaje más”.

Actriz en la ficción

Las referencias al trabajo de actriz que hay en la propia película obligan a cotejar si las líneas de diálogo de su personaje esconden verdades. Por ejemplo: ¿Las bofetadas suelen ser de verdad? “Y tanto. Hay muchas maneras de pegar bofetadas sin que te toquen pero también hay maneras de recibir 20 bofetada en 20 tomas y terminar con la boca mordida por dentro. Me pasó en una película, no voy a decir cuál”.

Otro diálogo: 'La gente se queda con mi cara, no con mi nombre'. “A veces ocurre. Ayer me estaba tomando un pincho de tortilla en un bar y un grupo de obreros  empezaban a decir nombres y me meaba. Hasta que ya sacaron el teléfono y me encontraron por una foto de una película”.

La actriz tiene pendiente de estreno Todos están muertos, de Beatriz Sanchis (“una directora talentosa que hay que seguir muy de cerca”, avisa) donde interpreta a una exestrella de rock agorafóbica recluida en su casa desde hace 14 años. También protagoniza Swung, el debut del británico Colin Kennedy, dando vida a una periodista española que se sumerge en el mundo de los intercambios de pareja. Y, por último, se prepara para el rodaje de Rosa a las órdenes del australiano Ray Lawrence, con una historia ambientada entre Nueva Zelanda y Buenos Aires. El tránsito continúa.

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